Saturday, August 3, 2013

Comer o ser comido.


Elías Caneti, hace algunos años  atrás, dijo que cada uno de nosotros era..."un rey en medio de un campo de cadáveres”...Si solamente pensaramos por un momento en el numero de criaturas que cada uno de nosotros ha consumido en el lapso de una vida para asegurar nuestra existencia, el significado de la frase de E. Caneti inmediatamente adquiere una importancia cuyas dimensiones nunca antes habíamos considerado.

El acto de consumir el mundo se caracteriza por una tensión de amor y pérdida, de vida y muerte. Es por eso que el ejercicio del poder sobre la Naturaleza nos llena de exitamiento y pasión y, también, de  repulsión y disgusto...

Las normas y las regulaciones, las compensaciones y las dispensaciones que una cultura establece para..."consumir la Naturaleza”...producen y reflejan su visión del mundo. Se ha dicho que ..."la historia del hombre es solo inteligible en el contexto de la historia del alimento" ...Y nunca esto ha sido mas evidente que en la cultura del vacuno, con sus rituales y practicas que han sido y continúan siendo inmensamente omnipresentes, afectando y moldeando cuestiones de diferenciación de clase, de identidad nacional, de política colonial e imperialista, de teorías raciales y discriminación femenina y masculina ...Hasta el día de hoy, el complejo industrial de la carne continua influyendo la psicología, el estilo de vida y los valores a través del mundo, transformándolo en una fuerza cultural formidable en los asuntos humanos. Es por esta razón que su cuestionamiento es valido y el caso en favor del vegetarianismo no es banal, sino que,  por el contrario, tiene importantes ramificaciones políticas y revolucionarias.

El hecho obvio es que..."después de todo tenemos que comer”… Y sin embargo, esta, que es una necesidad fundamental sin cuya satisfacción la vida no es posible, le es negada a un inmenso numero de seres humanos. De acuerdo con UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, el 10 % de la población mundial no tiene suficiente para comer. 550 millones de seres humanos sufren la falta crónica de alimentos. Otro 10 % vive al borde del hambre. De 40 a 60 millones de personas mueren de hambre y mal nutrición al año  y cientos de millones viven en condiciones miserables. Esta realidad es trágica… y no porque no haya suficiente alimento en el mundo, a lo menos en estos momentos sino, por factores políticos que afectan su producción y distribución.

Hoy  día existen más de un billón de vacas que pastan en un cuarto de la superficie del planeta. Tierra arable que podría ser puesta al servicio de una variada producción agrícola. Para comprender la gravedad del problema consideremos los siguientes hechos. Para producir una libra de carne se requieren 16 libras de grano. 16 libras de cereal contienen 20 veces más calorías, 8 veces más proteínas, una gran cantidad de fibras y ausencia de grasa que una libra de carne. La mayor parte de las cualidades nutritivas del cereal se pierden cuando el ganado lo ingiere y procesa. Solo el 11 % reproduce carne. El 89 % se pierde en el proceso de conversión. Solamente en Estados Unidos, la cantidad de grano y cereal que se pierde por año , en este proceso de conversión, equivale a una taza por día, cada día, para cada ser humano que habita este planeta (USDA, Economic Research Services, Beltsville, Maryland).

En América Latina hay 9 vacas por cada 10 personas. En Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay las cabezas de ganado exceden la población humana. En Estados Unidos hay 100 millones de vacas, lo que equivale a una vaca por cada 2.5 norteamericanos. Y en Australia, el número excede en 40 % al de la población humana.

200 millones de individuos participan en la industria de la carne, lo que la convierte en un gran negocio. Y gran negocio es, cuyo control radica en corporaciones internacionales en manos, mayormente, de intereses norteamericanos y europeos. La nueva forma de la explotación neo-colonial, cuyo interés es el de la mantención  y extensión de la cultura carnívora- y que hoy  día  alcanza a los países asiáticos- tiene consecuencias enormes y de largo alcance. El intento de crear un solo mercado mundial para la carne contiene poderosas repercusiones políticas para las naciones en desarrollo, especialmente en Latinoamérica, en donde los pobres, que constituyen su mayoría, se transforman nuevamente en sus victimas. Mas y mas tierras cultivables se convierten en áreas de pastoreo con el consecuente desplazamiento masivo de campesinos de la tierra que tradicionalmente les sirviera de sustento.

La cuestión del privilegio y el poder, de la expropiación y la explotación en el mundo moderno se reduce, finalmente, al recuento calórico de cada ser humano en este planeta. Más de tres cuartos de la dieta asiática se compone de granos. Un adulto consume entre 300 a 400 libras de granos al año. Un norteamericano medio, por contraste, consume sobre una tonelada (2000 libras) cada año, 80 por ciento de ella, en forma de carne. Actualmente 2 de cada 3 personas en el mundo consumen, primariamente, una dieta vegetariana. Con un tercio de la producción granera dirigida a la industria de la carne y con un aumento del 20 % de la población mundial no es irreal que en las próximas décadas nos veamos enfrentados a la posibilidad de una  crisis masiva de alimentos.

 Uno de los aspectos más fundamentales en la producción de carne es la necesidad de tierras, cuya consecuencia es la continua y progresiva deforestación y desertificación del planeta. En Estados Unidos hay 260 millones de acres perdidos en beneficio del complejo industrial de la carne. Un 25 % de la foresta de América Central. Solamente en Costa Rica la deforestación alcanza al 80 %. En México, 37 millones de acres sacrificados para la producción vacuna. Por cada hamburguesa consumida, el precio ecológico es la deforestación de 6 yardas cuadradas. La continuación, a largo plazo, de este rápido y continuo proceso de deforestación es la erosión, la perdida y la destrucción total de miles de otras especies (J.Rifkin,”Beyond Beef”).

Laboriosamente la Naturaleza había venido tejiendo la rica variedad biológica. De mascada a mascada la hamburguesa la devora. Y de mascada a mascada, en pocos minutos, destruimos lo que había tomado millones de años  en adquirir su ser. En este proceso 40 especies se extinguen al día (J.L.Lawrence“The case for vegetarianism”).

La vida en el planeta es posible porque cierta cantidad de calor es atrapada por los gases en las capas de ozono, permitiendo a la tierra el desarrollo de la materia orgánica y, con ello, la vida. Pero, cuando los gases animales son reflejados de vuelta a la superficie terráquea, empezamos a experimentar el efecto del aumento de la temperatura global que, de continuar, sus resultados serán profundos y devastadores. Y su causa, en parte, es la deforestación y los productos digestivos de desecho del ganado mundial que emiten una inmensa cantidad de metano que alcanza entre 9 y 35 por ciento del total emitido en la atmósfera. Aunque esto parezca poco es, sin embargo, significante. Una pequeña cantidad de metano refleja un gran incremento en la radiación infrarroja que retorna a la superficie planetaria.

El mundo y todo lo que contiene existe  para mi satisfacción y placer. Esta es la premisa implícita de nuestro antropocentrismo. Y hoy, gracias  al desarrollo tecnológico, su culminación pareciera ser el egocentrismo inflado a proporciones cósmicas.

El moverse más allá de la cultura de la carne no es solo una cuestión de gusto culinario. Es, también, un acto político liberador. Es el deseo de reconstituirnos de manera diferente, de originar una nueva sensibilidad capaz de reconocer nuestros lazos vitales. Un puro acto que crea nuevas coordinadas.


Nieves y Miro  Fuenzalida
 Ottawa, Febrero 24, 2000.

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