Sunday, December 27, 2020

La plaza de las tormentas

 

 

Se juntan,

En

La plaza

De

Las tormentas,

Las lluvias

Con

Sus melenas

Largas

Y

Transparentes.

El trueno

De

Sonidos

Iracundos

Y

Rebeldes

Y

La luz

Ultravioleta

Del

Rayo,

Para discutir

Cambios

De climas.

 

Nieves.


Sunday, December 20, 2020

Los dioses no quieren irse


A pesar de la noticia de la “muerte de Dios”, que a gritos proclamaba el loco en el mercado, los grupos evangelistas, entre otros, han venido experimentando una impresionante resurgencia  en las Américas, particularmente  en Brasil y Estados Unidos, en donde  han logrado configurar una fuerza política capaz de influir en la elección de  presidentes y representantes políticos, que no es poca cosa. Según el Instituto de investigación de Religión Publica de Estados Unidos los evangélicos son los grupos mas prejuiciosos del país. En el índice de racismo obtienen el 78% y postulan una cosmovisión que pone a los cristianos por encima de las otras religiones, a los hombres por encima de las mujeres y a los blancos por encima de toda otra etnicidad. Las otras denominaciones  no están demasiado lejos de este modelo.  

 

¿Por qué mantenemos a los dioses en lugar de abandonarlos?

 

Los estudios bioculturales de la religión  sugieren que la tendencia de los humanos a  presuponer “agentes sobrenaturales” cuando se enfrentan con hechos sorprendentes es lo que  contribuyo, en gran medida, a la cohesión, mejoramiento de la cooperación y la competitividad de los primeros grupos humanos. 

 

Las investigaciones en campos tan diversos como las ciencias cognitivas, la biología evolutiva, la arqueología, la psicología experimental y la antropología cultural han venido mostrando que las concepciones de agentes sobrenaturales surgen y se trasmiten fácilmente en las mentes humanas como resultado de características seleccionadas naturalmente en la era del paleolítico. Desde los últimos 70 000 años hemos sido portadores de dioses como resultado de la integración  de mecanismos cognitivos heredados que nos predisponen a sobre detectar formas similares a las humanas en el entorno natural. Cuando la sobrevivencia dependía de la rápida percepción de depredadores o de presas estos mecanismos fueron  una enorme  ventaja en la lucha por la existencia. Esta hipersensibilidad a formas o fuerzas intencionales similares a las humanas  ayudaron a la rápida detección de enemigos y amenazas.  

 

Según el antropólogo Stewart Guthrie el antropomorfismo es la falsa interpretación  de un fenómeno ambiguo al que se le da una forma o fuerza similar a la humana. El antropomorfismo religioso, la atribución de cualidades humanas a los dioses, surge primariamente  debido a la atribución de cualidades humanas al mundo. La incertidumbre perceptual y la necesidad de encontrar agentes relevantes en el ambiente son los progenitores de todas las religiones, no importa  la diversidad de creencias y practicas que puedan tener. Las recientes investigaciones de las ciencias cognitivas han apoyado estas hipótesis agregando un mayor conocimiento a la complejidad y poder de los sistemas inferenciales que conducen a la detección de dioses. 

 

Nuestros ancestros constantemente se encontraban en situaciones en donde no había tiempo para reflexionar. La rapidez era una cuestión de vida o muerte, de comer o ser comido.  Uno de los sistemas cognitivos mas conocido y probado que doto al ser humano con una importante ventaja en el paleolítico fue el “dispositivo hipersensible de detección de agencia”. En la época de la caza y recolección esta hipersensibilidad para detectar peligros claramente fue un mecanismo que proveyó una ventaja selectiva. 

Este dispositivo es el que proyecta la “agencia” a fenómenos ambiguos tales como sombras, formas, movimientos, ruidos inesperados, sueños, enfermedades, anomalías climáticas o cualquier cosa difícil de explicar. Automáticamente lleva a inferir  que  un agente oculto en ellos, sea el espíritu desencarnado de un animal o  un antepasado, es el responsable de sus acciones. Una vez que el humano imagina que ha detectado un agente, inmediatamente teoriza que este tiene estados mentales y emocionales similares a los humanos.

 

Las recientes investigaciones transculturales  sugieren que estas diversas tendencias cognitivas predisponen la mente humana hacia las creencias religiosas que siguen un orden particular... primero la mentalización, luego el dualismo de la mente y el cuerpo, seguido finalmente por la teleología.

  

La promiscuidad antropocéntrica sirvió bastante bien a nuestros antepasados en la preservación y evolución de la especie. Las investigaciones bioculturales indican que el  compromiso cooperativo dentro de las coaliciones sociales en el paleolítico mejoraron inmensamente gracias a la intensificación de estas creencias compartidas y al compromiso ritual con dioses potencialmente punitivos. El lado obscuro de la cohesión social del grupo, sin embargo, ha sido hasta hoy el antagonismo con los que poseen una identidad diferente

 

¿Tiene todo esto algo que ver con las crisis ecológicas, económicas y sanitarias que hoy  estamos viviendo? La detección de agentes súper naturales ciertamente ayudo a las civilizaciones humanas a emerger y mantenerse unidas, pero ahora  pareciera que es el momento de cuestionar estos valores si queremos adaptarnos a las condiciones que el Antropoceno nos presenta.  Si un gran numero de la población creyente tiende a pensar  que los huracanes y las sequias son actos de Dios o que no necesitamos mascaras ni vacunas para protegernos de la pandemia porque la fe en El Todo Poderoso nos inmunizara, ellos pondrán menos atención y tenderán a descalificar los reportes de las investigaciones científicas.

 

En una entrevista de la revista “New Scientist” el renombrado naturalista y biólogo E.O.Wilson expreso que el pensamiento religioso nos está tirando hacia abajo y que, en aras del progreso, lo mejor seria disminuirlo o eliminarlo.

 

La religión, ciertamente, ha ayudado a mantener unidas a las sociedades, ha proporcionado un sentido de la vida a las personas y ha fomentado la producción de grandes obras artísticas.  Pero, al mismo tiempo refuerza los prejuicios que conducen constantemente a interpretaciones erróneas de los fenómenos naturales y fomenta el antagonismo hacia los grupos externos. En los últimos años los estudiosos del cambio climático, por ejemplo, han venido dirigiendo su atención cada vez mas a la relación entre religiosidad, afiliación religiosa e ideas religiosas especificas y las actitudes y comportamientos hacia los informes sobre los desafíos y peligros ecológicos. Según las  investigaciones de Morteux y Barnet, publicadas en  “Global Enviromental Change”, cuando a los habitantes de las islas Tuvalu se les pregunto porque no habían emigrado debido al aumento del nivel de las aguas, consistentemente respondían que de acuerdo a la historia bíblica de Noé  Dios no iba  a permitir mas inundaciones en el futuro. En un reporte del 2013 acerca del papel de las religiones  en la Amazonia brasileña, publicado en “Journal of Rural Studies”, Otsuki concluye que una de las consecuencias  de la popularidad  de la Iglesia Pentecostal de la Asamblea de Dios en las zonas rurales fue el mensaje Cristiano de disfrutar de la prosperidad terrestre convirtiendo la foresta en municipalidades y participando en la promoción  de la acumulación capitalista.

 

La evidencia experimental sugiere que la gente menos religiosa  y mas analítica tiende a ser mas crítica  frente los prejuicios religiosos. En una encuesta que examina la relación entre el apego al lugar, las creencias ideológicas y las actitudes al cambio climático, Devine-Wright y sus colegas encontraron que los con mas apego global son mayormente mujeres, jóvenes y sin creencias religiosas. Hope y Jones en un estudio comparado de cristianos, musulmanes y seculares publicado en el 2014 en “Technology in Society”  encontraron que la falta de urgencia en la percepción de la crisis ecológica entre cristianos y musulmanes  se debía a las creencias en la vida después de la muerte y la intervención divina. Los participantes seculares que carecían de estas creencias, en cambio, mostraron un mayor foco en la responsabilidad humana y en la necesidad de acción. Igualmente las resistencia durante la actual pandemia a usar mascaras y a las medidas sanitarias recomendadas por los servicios de salud  provienen mayoritariamente de los grupos evangélicos, especialmente en EU y Brasil.

 

Si un gran numero de personas interpreta los fenómenos naturales como la desaparición de forestas, el aumento de la temperatura o el deshielo polar como actos divinos  inevitablemente pondrán menos atención a los informes científicos acerca del cambio climático... ¿para que angustiarnos por esto si Dios, de todas maneras, va a crear una nueva tierra? ¿para que preocuparnos acerca de la desigualdad económica y la explotación de los países en desarrollo si Cristo retornara a la Tierra en el día del Juicio Final y los pecadores y herejes serán despachados al infierno?

 

Esta política basada en la fe exhibe el espíritu vengativo del Antiguo Testamento, la interpretación literal de la Biblia y el anti secularismo pluralista. Ciertamente se podría decir que no todos los creyentes creen en estas fantasías. Muchos de ellos están profundamente preocupados por el cambio climático y el consumo capitalista y su concepción de Dios no promueve la superstición ni la segregación. Las investigaciones sicológicas transculturales, sin embargo, indican que no importa lo que la elite intelectual y la clase sacerdotal puedan decir, la vasta mayoría de los creyentes regulares naturalmente sigue los prejuicios dirigidos hacia la detección de espíritus,  santos y fuerzas intencionales.  

 

Las creencias en dioses y agentes incorporales súper naturales proveyeron una ventaja en la sobrevivencia de nuestros ancestros junto con la mantención de complejas sociedades iniciándose en el Neolítico y siguiendo en las sociedades posteriores. Hoy día, junto con el capitalismo corporativo, ellas están contribuyendo a la degradación del ambiente global del que todos dependemos. Kant, al igual que los humanistas renacentista, decía que la religión, a menudo, le impide al ser humano alcanzar su máximo potencial al mantenerlo en la inmadurez y en la dependencia sacerdotal, en los autodenominados guías espirituales y en los políticos de todo tipo que instrumentalizan estas creencias. E.O.Wilson en su libro “El Sentido de la Existencia Humana” argumenta que la vida humana puede ser mas simple de lo que pensamos. No hay predestinación, no hay misterio insondables de la vida. Los demonios y los dioses no compiten por nuestra lealtad. En cambio, nosotros nos hacemos a nosotros mismos, independientes, solos y frágiles. Una especie biológica adaptada para vivir en un mundo biológico. Lo que cuenta para la supervivencia  a largo plazo es la auto comprensión inteligente, basada en una mayor independencia de pensamiento que la que hoy toleramos, incluso en las sociedades democráticas mas avanzadas.

 

¿Seria posible eliminar la fe religiosa? Probablemente no.  La anunciada “muerte de Dios” ha tenido bien poco efecto en la trayectoria sacerdotal. Los silogismos tienen mucho menos fuerza que los lazos emocionales. Lo que al parecer puede ocurrir es que los compromisos imaginativos con los dioses lentamente empiecen a disolverse a medida que las nuevas generaciones encuentren, poco a poco, que no es necesario el uso de estas estrategias adaptativas. Abandonar a los dioses puede predisponernos  a la construcción de hipótesis mas plausibles y estrategias axiológicas mas factibles.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, December 13, 2020

El trovador de arcoiris


De lluvia
en lluvia
el trovador
de
arcoiris
va contando
su  historia
La guarda
en
sus manos
mojadas
de
noche.

Nieves.

Sunday, December 6, 2020

El arte y el tarro de sopa

 

En un tiempo la belleza y la imitación de la realidad eran el objeto del arte. Mirar una pintura era como mirar el mundo a través de una ventana. Ese tiempo se acabo. Ahora,  partir de las ultimas décadas del siglo XIX, cualquier cosa puede pasar por arte... un pedazo de periódico pegado a una pintura, un cuadrado negro, Jesucristo colgando de un gancho, un urinal puesto en una galería de arte, los cachos de un toro en un marco, mostachos en Mona Lisa, una canva blanca, el cuerpo descuartizado de una vaca en una exhibición artística y así por el estilo. Al dejar de ser imitación todo fue factible. El arte, en el mejor de los casos, dejo de ser un concepto cerrado  y al volverse  pluralistico su definición se ha tornado bien problemática, por no decir imposible, según muchos críticos ¿Significa que el arte carece de propiedades comunes y que, de alguna manera, ya no podemos hablar de su universalidad? ¿Si la reproducción de un tarro de sopa Campbell puede ser arte se sigue que todo es arte? En buenas cuentas  ¿hemos llegado al fin del arte?

 

Hegel predijo hace ya un tiempo que el arte tal como se conocía en su época llegaría a su fin. A pesar del compromiso de los románticos en su elogio del arte en los últimos 200 años la idea de que este ha llegado a su fin ha sido un tema recurrente, sin contar que Platón hace ya mas de dos siglos ni siquiera  le dejo lugar a los poetas en su ciudad ideal y coloco al arte  en el peldaño mas bajo de la existencia junto con las sombras, los sueños y las ilusiones que solo son meras apariencias.

 

Si miramos la historia del arte  generalmente  se la ha pensado como la progresión linear de diferentes estilos o movimientos. Del Romanticismo al Realismo, del Impresionismo al pos-Impresionismo, etc. Esta línea temporal implícitamente contiene ciertas ideas acerca de lo que el arte es, de lo que fue y hacia donde se dirige. Una  de las ideas que invariablemente aparece es la de mimesis, la imitación y representación de la naturaleza o de nuestra vida interior como ultimo gol. La imitación del cuerpo humano, por ejemplo, que comienza en la Grecia clásica adquiere cada vez  mayor verosimilitud con la ayuda de una seria de  descubrimientos como la perspectiva, el chiaroscuro y la  fisonomía, alcanzando todo su esplendor en el Renacimiento. Esta progresión de la representación de la realidad, que domino gran parte la narrativa de la historia del arte, empieza a perder influencia durante el siglo XIX con el nacimiento de la fotografía y el cine que obligaron al artista a abandonar la imitación de la naturaleza para empezar a explorar nuevas formas. El cubismo en los comienzos  del siglo XX, por ejemplo, cuestiono los procesos de representación visual y Marcel Duchamp exhibe un urinal que pasa como obra de arte dando origen a una sucesión de diferentes movimientos e “ismos”, todos con su propia noción de lo que el arte debería ser. Con lo que nos quedamos al final, dice el filosofo Arthur Danto, es con un arte transformado en un puro pensamiento acerca de si mismo, un objeto de su propia consciencia teorética. La gran narrativa de la progresión lineal, de un movimiento respondiendo a otro, ha terminado. El arte ha alcanzado un estado pos-histórico. Todo lo que queda es pura teoría. Después del 2000 no hay movimientos o “ismos”. Cuando el arte se hace consciente de su propia historia, como en nuestra época, es inevitable que se vuelva finalmente hacia la filosofía. Y cuando lo hace, el arte ha llegado a su fin. Algo que los artistas y la industria asociada con ellos no ven con mucha simpatía.

 

Lo que sorprende en la obra de Warhol no es su contenido, sino su forma. Mucho mas chocante que sus representaciones de botellas de Coca Cola y tarros de sopa Campbell fue su escultura de una caja de jabón Brillo. La caja del artista era indistinguible de  la actual caja de jabón Brillo. Si uno coloca una al lado de la otra no es posible ver ninguna  diferencia... ¿qué es lo que hace, entonces, que una sea una obra de arte y la otra un objeto ordinario? Lo que hace la diferencia, dice el filosofo George Dickie, es una cierta teoría del arte. Es ella la que coloca la obra dentro del mundo artístico. Las cajas de jabón Brillo de Warhol son arte porque la obra tiene una audiencia que la comprende gracias a una cierta teoría que dice lo que el arte puede ser. El mundo del arte, compuesto por críticos, coleccionistas, comerciantes, salas de exhibición, museos, etc. juegan un papel importante  en la elección de que teorías se adaptan o cuales son rechazadas.

 

La interrogante implícita es, obviamente, porque estas llamadas teorías cambian a través del tiempo ¿Qué dirían, por ejemplo, los pintores neoclásicos de la obra de Warhol? ¿Cómo los artistas del Renacimiento o del medio evo reaccionarían frente a ella? Mas aun ¿estas obras representan algún tipo de progreso?

 

Según Danto hemos entrado a la edad del pluralismo en donde una dirección es tan buena como otra. Muy bien puede ser que este periodo pos histórico del arte traiga obras carentes de la importancia o del significado que pudiéramos esperar. Sin embargo, a pesar de ello, los caracteres artísticos van a continuar viviendo felizmente, libres de las grandes narrativas, haciendo lo que ellos siempre han hecho.

 

¿Y que es esto que siempre han hecho? Cualquier respuesta que se pueda dar va a ser bien controversial y la prueba es que hay cientos de libros y artículos  sobre el tema y, para decir lo menos, a través de las centurias el termino arte ha cambiado varias veces problematizando su definición hasta el punto que algunos sostienen que el termino es indefinible.

 

El arte es esencialmente histórico y, según se dice, comienza con la era de la imitación, seguido con la era de la ideología, seguida, en nuestra época, con la era pos-histórica en donde la obra no tiene que tener una forma especial. La imitación al estilo del Giotto o Cimabue, aunque no ha sido invalidada por la fotografía o el cine, ya no puede ser parte de la definición del arte. Otras culturas, al igual que el Modernismo y el arte contemporáneo, están llenos de ejemplos que no son imitación y, como si esto no fuera suficiente, no sabemos que arte traerá el futuro. 

 

¿Qué hace, entonces, que un objeto entre a formar parte del mundo del arte, a pesar de todos estos cambios? Según el filosofo Arthur Danto, que se suma a la controversia artística, una obra es arte si tiene un objeto sobre el cual se proyecta alguna actitud o punto de vista, digamos un estilo, a través de elipsis retoricas que invitan al espectador a llenar lo que falta de acuerdo a su contexto histórico.

 

A diferencia del anti esencialismo posmodernista  que ve el arte como un  concepto abierto, Danto sigue la tradición esencialista. Es cierto, dice, que la lógica de la historia del arte lo hace aparecer como un concepto abierto. El arte griego fue mimético y el Romanesco difícilmente califica como tal. El arte abstracto muestra que la imitación no forma parte de la esencia del arte y tampoco la abstracción. En buenas cuentas no sabemos realmente que pertenece y no pertenece al arte.  El problema, sin embargo, es que, a pesar de esto, los filósofos, entre otros, concluyen demasiado pronto que el arte es un concepto abierto porque no pueden encontrar un conjunto de propiedades visuales comunes. Cuando se dice que no tiene propiedades comunes, es porque se buscan solo propiedades visibles. Pero, en realidad, dice Danto, son las propiedades invisibles las que hacen que algo sea arte.

 

Con el advenimiento del fin del arte, cualquier objeto cuotidiano califica como candidato artístico y la diferencia entre el reino utópico de la creación artística y el mundo diario se vuelve borrosa. Según Danto, Warhol creo la “Caja Brillo” con la intención de que fuera arte. Luego, fue arte. El acto de reconocer la intención artística en un objeto significa que el observador del arte acepta que hay algo mas allá del objeto material para interpretar y que la interpretación de las señales no visuales de la obra artística demanda  una teoría del arte como pre requisito para que esta sea aceptada dentro del mundo artístico pos-histórico.

 

Esta teoría no debe pensarse como un conjunto de conceptos artísticos trascendentes, sino como una cuestión de contexto histórico. Así por ejemplo la inserción de trabajos de arte como el Urinal de Duchamp o el Tarro de Sopa Campbell de Warhol, que no hubieran podido ser percibidos como Arte en el pasado, indica que un cambio histórico ha ocurrido en el poder creativo con el que el arte se produce. En esta era del arte pos-histórico el arte se asocia  ahora con la libertad completa en la elección de estilos artísticos.

 

¿Qué es, entonces, lo que permite decir que las pinturas de Altamira, las Mascaras Africanas, los Moai de la isla de pascua, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, Desnudo Descendiendo la Escalera de Duchamp, la Pintura de Reloj de Salvador Dalí, El Beso de Lichtenstein o los Abrigos de Pieles Manchados con Pintura de David Hammons son arte? Si no hay nada que ligara todas estas obras... ¿cómo sabríamos que ellos son o no son arte?

 

Según Danto el arte es acerca de algo que materialmente manifiesta un significado temporal. Es la encarnación de una idea o significado y, tal vez, esto sea  todo lo que se requiere para una teoría filosófica acerca de lo que el arte es. Cualquier estilo, dice, puede ser usado y los significados inherentes en cada estilo histórico son únicos e inconmensurables  a través de los diferentes periodos históricos. Cualquiera sea el caso, el arte es mas que una forma o diseño. Uno tiene que saber algo, por ejemplo, acerca de rayos y relámpagos para captar el poder de Zeus cuando el los sostiene en sus manos. Uno tiene que saber algo acerca del sacrificio para ver como Cristo puede ser retratado como un cordero. Y uno tiene que saber algo acerca de la idea de los derechos del animal para captar el significado de los abrigos de pieles manchados con pintura para entender la obra de David Hammoms. Cada abrigo arruinado es un cuadro de crueldad y moda. El Tarro de Sopa Campbell de Warhol tiene sentido solo en el Pop Art de 1961, pero no en la edad del Rococó. En la ilusión artística el lugar común se transforma en algo asombroso.

 

El objetivo de la interpretación artística, entonces, no es un esfuerzo manipulativo, como pudiera pensarse, sino que es el intento de “captar la metáfora que siempre esta ahí”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


 

 


Sunday, November 29, 2020

Retazo

                                                Un Rebaño

De

Insomnios

Pasto

Toda

La noche

En

Mi almohada azul.

Me comieron

El dormir.

 

Nieves


Sunday, November 22, 2020

El escéptico

 

¿“Ver para creer”? o ¿“Creer para ver”? Por supuesto ver... si no le creo a mis ojos ¿a quien le voy a creer? Con frecuencia, como el mundo me aparece es como actualmente es. Si miro a través de la ventana y veo nevar, por ejemplo, es porque realmente esta nevando. Y si hay alguna duda puedo salir y sentir su suave frialdad en mi mano... ¿cierto? Si... pero ¿qué tal si solo estas soñando que ves la nieves a través de la ventana? Raro, pero posible. Una victima de la decepción. En el sueño miras el mundo en forma normal, pero el mundo delante de tus ojos es una pura apariencia o visión dentro de tu sueño sin que te des cuenta de que es solo un sueño. Dentro de el todo aparece  auténticamente real. No hay formas internas para discernir entre el sueño y las percepciones.

  

 Hace ya cientos de años atrás el filosofo chino Chuang Zhou introdujo la hipótesis del sueño... ¿soy un ser humano que esta soñando que es una mariposa o soy una mariposa que esta soñando que es un ser humano? Esta idea de que la realidad es una ilusión tiene una larga historia que al parecer comienza con el budismo y llega hasta  nuestros días en la cultura popular con las películas “The Truman Show”, “Inception”, “Existenz” y “The Matrix”. Esto es lo que en filosofía se denomina “hipótesis escéptica radical” y que, en su formulación mas acabada, la encontramos en las “Meditaciones” de Rene Descartes con su hipótesis del sueño y el demonio maligno.

 

 El  experimento mental  de el “cerebro en un frasco” de Hilary Putnam es la versión contemporánea del demonio maligno. Imagina que una noche, mientras duermes, eres anestesiado por un científico maligno y tu cerebro es removido y puesto en un frasco lleno de nutrientes químicos antes de ser conectado con alambres a una maquina  que lo estimula para que sigas sintiéndote como siempre te has sentido y observando el mundo como lo has venido observando todos los días. Tu cerebro en este caso no notaria ninguna diferencia. Todo seguiría  ocurriendo de manera usual sin que tuvieras ninguna conciencia de que eres solo un cerebro en un frasco. La historia platónica de la caverna es la metáfora clásica dentro de la historia de la filosofía que se ha venido repitiendo de diferentes formas hasta hoy. Apariencia y realidad, ignorancia y conocimiento son los contrastes filosóficos que Platón dramáticamente retrata  con los pobres humanos que creen que  las sombras reflejadas en la muralla son la autentica y ultima realidad.

  

El escéptico, en verdad, no esta diciendo que esto es lo que realmente te ha ocurrido. Lo que argumenta es simplemente  que tu no puedes saber con todo rigor si en este momento tu eres un cerebro en un frasco. Tus sentidos, al seguir funcionando igual que antes, no son capaces de indicarte la diferencia, lo que indica que ellos no son confiables. Cualquiera que los use como criterio de verdad puede ser cuestionado escépticamente en forma general con la mera posibilidad de que las apariencias puedan ser engañosas.

 

 ¿Podemos aceptar coherentemente  el escepticismo radical que afirma que no sabemos mucho acerca del mundo con absoluta seguridad? Esto no es solo un enigma para filósofos, sino que también una cuestión que tiene consecuencias practicas bien importantes si consideramos, por ejemplo, que no sabemos con seguridad  si nuestros amigos son nuestros amigos, si los políticos son honestos, si Dios existe o si los recuerdos del pasado realmente ocurrieron.

 

 En realidad  no tenemos buenas razones epistémicas para creer en ninguna de estas cosas y es imposible descartar completamente la hipótesis escéptica radical. Nuestras experiencias subjetivas puede que no nos revelen el mundo físico tal como es. En el mejor de los casos, al igual que las fotografías, pueden o no ser exactas, lo que implica que cada experiencia potencialmente puede ser errónea. Incluso si la experiencia es exacta no nos permite conocer el mundo directamente. Una brecha  siempre existe entre la experiencia subjetiva y el mundo externo. Lo que en realidad observamos es una imagen en nuestra mente y a partir de ella inferimos indirectamente que estas imágenes internas corresponden a la realidad externa. No vemos directamente, por ejemplo,  la ardilla en el árbol. La vemos a través de una apariencia  subjetiva que surge dentro de nosotros y a partir de ella llegamos a la creencia de la presencia de la ardilla en el árbol. Como las fotografías estas pueden ser o no ser exactas, lo que indica que potencialmente la experiencia puede ser errónea. La cuestión entonces es esta... ¿pueden las experiencias internas o ideas, lo que hoy llamamos datos sensoriales, ser ilusorias? Incluso, si hay un mundo externo ¿son estas una buena guía para suponer que el mundo es como creemos que es? Si no tenemos buenas respuestas el mundo puede ser bien diferente de lo que pensamos que es. Nuestras creencias empíricas, en ultima instancia, pueden ser perpetuamente falibles.

 

 Según el dogmatismo algunas o la mayoría de nuestras creencias acerca del mundo tienen contenido objetivo porque ellas representan exactamente sus propiedades. Para Hume, sin embargo, la imperfección del entendimiento humano es tal  que somos incapaces de justificar nuestras creencias a través de las inferencias inductivas, el mundo externo o, incluso, nuestra si mismidad.

  

Esta imperfección adquiere posteriormente  un nuevo significado en Kant. La mente, dice, en lugar de reflejar pasivamente una realidad independiente, activamente procesa y organiza la experiencia en la construcción del conocimiento. Es la intuición y los conceptos del entendimiento los que estructuran los datos sensoriales. Y es esta idea la que pasa al pensamiento contemporáneo, especialmente en la fenomenología y el pos modernismo. A pesar de sus diferencias todas ellas comparten la idea de que no hay objetos, eventos, leyes o seres que no se correlacionen con un punto de vista o, mejor aun, con un acceso subjetivo. No hay realidad en si misma, existiendo absolutamente, independiente de categorías, de la época, de la cultura o del lenguaje. En otras palabras, solo tenemos acceso a la correlación  que existe entre objetividad y subjetividad, entre pensamiento y ser y nunca a ninguno de ellos considerado aparte del otro, porque el pensamiento no puede salir de si mismo para comparar el mundo tal como es con el mundo que se nos aparecen en la experiencia o el pensamiento. No puede distinguir lo que es función de nuestra relación con el mundo y lo que pertenece solo al mundo porque hacerlo seria auto contradictorio. Podemos decir que somos capaces de pensar lo que es independiente del pensamiento, pero por el mero hecho de pensarlo lo transformamos en correlato. Desde el momento  en que pensamos una propiedad que pertenece al mundo en si mismo, estamos pensando el mundo y su propiedad y al pensarlo lo transformamos en un ser para nosotros. No hay conocimiento de algo que este mas allá de nuestra relación con el mundo. Por muy independiente que  pensemos que una realidad sea sigue siendo una realidad para nosotros que la concebimos como una forma de representación en sentido kantiano, o como un acto de la subjetividad, como dicen los fenomenólogos, o como una forma de lenguaje específico, según los filósofos analíticos. En otras palabras el conocimiento, nuestro acceso a la realidad, siempre esta mediatizado por nuestros órganos sensoriales, nuestros conceptos teóricos o por los aparatos técnicos de observación, lo que  hace imposible volver a los tiempos del dogmatismo metafísico. El conocimiento del ser en si sin residuo humano es bastante dudoso a esta altura de la historia y esta duda solo puede ser resuelta con un mejor argumento, si es que algún día lo encontramos.

 

 ¿Significa que deberíamos suspender nuestras creencias, no tener opinión de ninguna cosa sustantiva porque no estamos seguros de lo que realmente hay ahí o si lo que hay ahí realmente existe? Esto es justamente lo que el Pirronismo helénico recomendaba. No te preocupes, decían, si no puedes encontrar como el mundo realmente es porque,  de todas maneras, nunca lograras  ese conocimiento.

 

 ¿Quiere decir, entonces, que todo da lo mismo? ¿qué no deberíamos preocuparnos por la exactitud, la verdad y los hechos? Aquí uno podría preguntarse... ¿no será que todo esto es una buena excusa para evitar cualquier responsabilidad?... “no te puedo llevar al doctor porque no se si tu o cualquier otra cosa realmente existe”.

 

 La verdad de las cosas  es que en el contexto de la vida diaria no le damos mucha atención a si la realidad es o no es. En la actitud practica en donde negociamos nuestro encuentro con la gente y el mundo de los objetos las cuestiones epistémicas no tienen mucho peso.  Otra cosa es cuando adoptamos una actitud teorética, cuando nos colocamos, por decirlo así, fuera de nuestra mente y nos miramos desde “arriba”. Es desde este retiro reflexivo, carente de toda convicción, desde donde la ideología y la visión del mundo predominante empiezan a aparecer bien precarias. El conocimiento de la realidad ya no se nos aparece tan  simple como pensábamos.

  

Según un dicho de la tradición Zen “antes del alumbramiento acarreamos agua y cortamos leña. Después del alumbramiento acarreamos agua y cortamos leña”... ¿quiere decir que nada ha cambiado? Aparentemente pareciera que nada ha cambiado y, sin embargo, nada sigue siendo igual. El cambio se produce en el interior del individuo y solo este sabe de su transformación. Las acciones exteriores pueden ser las mismas de antes... seguimos acarreando agua y cortando leña y la vida continua. Pero ahora hay en ellas una riqueza interna y una mejor comprensión de uno, del mundo y del entrelazamiento de las cosas. La sensibilidad escéptica  puede proveer algo similar. Podemos continuar sabiendo lo que sabíamos, pero no de la misma manera.     

 

 El escepticismo es una de las mas autenticas expresiones de la reflexión humana. Sin el perderíamos un aspecto  importante del pensar. Es, en verdad, el inicio del pensar filosófico y la rebelión social. Hoy nos provee un escape de la cultura contemporánea que contenta y controla la mente del consumidor con la producción masiva de música y  diversión visual que gratifica permanentemente sus sentidos. Metafóricamente el ciudadano contemporáneo vive en la caverna platónica, atrapado en el pensamiento convencional, las normas sociales, la publicidad corporativa y las imágenes de la pantalla que ocultan realidades bien desagradables. El escepticismo peligrosamente pone la duda en el centro de nuestras creencias mas confortables. Nos separa de nosotros mismos y nos obliga a buscar el camino de vuelta. Es el gusano en la manzana.

 

 Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, November 15, 2020

Los cachorros surrealistas

 

Los viejos

somos

cachorros surrealistas

que

ya pintamos

la vida

con

fragancias

de

Primavera.

 

Nieves.

Sunday, November 8, 2020

El humano y la ostra

 

Según el  filosofo escoces David Hume la vida de un hombre no tiene mayor importancia en el universo que la vida de una ostra.

 

Su pensamiento sigue la misma línea que inauguro el griego Xenófanes cuando dijo que si el ganado, los caballos o los leones tuvieran manos y pudieran dibujar como los hombres lo pueden hacer, los caballos dibujarían la forma de los dioses como caballos, el ganado como ganado y los leones, como leones. Dibujarían  el cuerpo de dios a imitación de sus propios cuerpos. El que los griegos dibujaran a dios a semejanza de los humanos revela su antropocentrismo, la idea de que ocupamos el lugar central y primario en el orden de las cosas o, mejor aun según el legado bíblico, el lugar intermedio entre la animalidad y la divinidad. Es esta cercanía a Dios lo que le da la licencia para ejercer su dominio sobre el animal y la naturaleza.

 

Cuestionar la representación de Dios, como lo hace Xenófanes, es desafiar nuestro estatus privilegiado de amos de la naturaleza. Es obligarnos a reevaluar el sentido de nuestro ser y el de los animales. Pensadores como Xenófanes y Hume ilustran la tendencia critica del pensamiento a reconocer los limites de nuestras concepciones y la necesidad de reemplazarlas por otras.

 

Las concepciones antropocéntricas empiezan a tener un papel  bien significante  en la historia del occidente desde las épocas mas tempranas. Frente a la apertura del pensamiento Homérico y pre-Socrático, los estoicos y Aristóteles adoptaron la posición  opuesta que se trasformo en el pensamiento dominante en la historia de la filosofía. Ninguno de los pensadores pre-Socráticos hizo una distinción rigurosa entre las facultades del alma tales como la comprensión y la percepción. Todos ellos reconocían las diferencias entre humano y animal y no veían a la razón humana como la distinción esencial  entre ambos. En su lugar enfatizaban lo que hay de común entre ellos.

 

Todo esto cambia fundamentalmente cuando, según el lugar común filosófico, la razón se transformo en la característica distintiva del humano a diferencia de las bestias. Aristóteles niega que los animales sean capaces de racionalidad o de creencias y en uno de sus últimos textos afirma sin rodeos que ellos existen enteramente para el bien de los seres humanos. Según los Estoicos el ser humano es superior a todas las cosas y seres no racionales y elevan la línea divisoria entre animal y humano al estatus de principio cósmico. Por primera vez la racionalidad humana es considerada la base para afirmar categóricamente la superioridad moral de los seres humanos sobre los animales y el resto de lo que hay. La idea cristiana de que el ser humano es “el amo absoluto de la naturaleza” proviene, no tanto de las enseñanzas Hebreas, sino de Aristóteles y los Estoicos. En 1901 el jesuita Joseph Rickaby argumenta en “Moral Philosophy” que los animales no pueden tener derechos y los humanos no tienen mayores deberes de caridad hacia ellos de los que le tienen a las piedras. Que hoy día los cristianos mantengan esta creencia depende de si adhieren a una interpretación canónica del mensaje bíblico o si lo consideran un fenómeno viviente sujeto a cambios. Descartes siguiendo esta tradición filosófica que le asigna al animal un estatus ontológico y moral inferior afirma  que los animales pueden ser usados como recursos naturales sin ningún escrúpulo moral porque fundamentalmente son incapaces de creencias y deseos. Estas ideas, junto con las de los estoicos, han sido las mas influyentes en la historia de la filosofía occidental.

 

Hoy día los valores liberales son la forma moderna de la doctrina estoica según la cual solo los seres racionales poseen un valor moral completo. Los animales en nuestra sociedad son invariablemente sacrificados en beneficio del interés, el apetito y la felicidad humana, excepto en los casos en que su existencia y posesión provee un sobrante emocional.

 

La critica del liberalismo que llevan a cabo los defensores de los derechos del animal se enfoca en la incapacidad de los ideales modernistas para hacer justicia al estado moral de los animales. Según Peter Singer y Tom Reagan lo que necesitamos es repensar el estado moral de los animales.

 

Para Singer el estatus moral de los seres sintientes no esta en la razón o el conocimiento, sino en la capacidad para experimentar placer o dolor. Nuestra inclinación a darle preferencia al humano sobre cualquier otro animal es simplemente un vestigio de nuestro especismo dogmático, de nuestra preferencia basada en el mero hecho de pertenecer a nuestra propia especie, sin tener en cuenta la capacidad del ser para la sensibilidad.  Montañas, ecosistemas, arboles, ostras  o arrecifes de coral carecen de estatus moral porque son incapaces de experimentar uno o lo otro.

 

 Regan, por su parte, coloca el énfasis en el complejo aparato cognitivo de la percepción, la memoria, los deseos, las creencias, la autoconciencia y el sentido del futuro. Cualquier ser que tenga estas capacidades posee un valor inherente y merece consideración moral. Dentro de esta categoría incluye los mamíferos y algunos otros animales con la capacidad de actuar intencionalmente. Todos ellos poseen un valor inherente en la misma forma en que un ser humano con discapacidad mental grave posee valor inherente. Esto, sin embargo, no significa que necesariamente deban ser tratados en la misma forma. Al igual que en el utilitarismo de Singer, en el caso de salvar a un animal o a un ser humano, incuestionablemente nadie va a suponer que el animal tiene que ser tratado igual que el humano... debido  a que estos últimos son capaces de sentir placer o dolor en un grado mucho mayor que los animales, el interés humano tiene prioridad. Moralmente es aceptable, en ultima instancia, sacrificar cada animal disponible por el bien del ser humano, sin considerar la devastación ambiental que pueda sobrevenir.

 

Cuando los humanos hacen cálculos utilitarios en nombre de los animales la probabilidad del antropocentrismo es bien alta. Es posible, por ejemplo, dar razones que puedan minimizar el sufrimiento de los animales y al mismo tiempo reconocer que es “natural” comer carne, pero solo de ganado de corral que le proporciona una vida cómoda hasta el momento en que  se matan sin dolor para devorarlos.   

 

 ¿No indica esto que la preocupación por los animales es incompatible con la ética, al menos según los términos de nuestra herencia? Después de todo, el utilitarismo esta sujeto al mismo proverbial prejuicio antropocéntrico.  

 

¿En que medida las capacidades cognitivas son relevantes para consideraciones de valor moral? La etología contemporánea, en contra de la tradición estoica-cartesiana dominante, rechaza la creencia de que solo los humanos poseen racionalidad y lenguaje y niegan  la sugerencia de que la conducta animal es determinada solo por instintos o principios bio-mecanicistas. Las investigaciones en etología cognitiva tienden a demostrar la hipótesis de que muchos animales superiores  poseen el aparato completo de intencionalidad, incluyendo la autoconciencia, la comprensión conceptual y la capacidad de estados tales como creencias y deseos que sirven de base para la inclusión del animal en el ámbito moral.

 

Todas estas investigaciones, sin embargo, confían demasiado en la analogía con la experiencia humana. Lo que en realidad se necesita  es una radicalización de nuestro entendimiento de los animales para superar la tendencia a atribuirles habilidades cognitivas demasiado sofisticadas. Los animales tienen en verdad una vida propia que es desconocida para nosotros y su significancia probablemente no pueda ser capturada adecuadamente por el “lenguaje de intencionalidad e identidad psicofísica a lo largo del tiempo”. La diferencia entre nuestro encuentro perceptual con el mundo y el de los animales es tan grande que, en ultima instancia, “no podemos saber como es ser, digamos, un murciélago”.

 

En la historia de la filosofía occidental las capacidades siempre han jugado un papel primario en la reflexión del estatus moral del animal. La cosa, sin embargo, es que desde un punto de vista filosófico no tenemos porque adoptar una teoría moral en nuestra consideración a los animales y “seria mucho mejor simplemente prescindir por completo de ellas”. La inhabilidad  de los simios, o de cualquier otro animal, para dominar la sintaxis humana o poseer autoconciencia es completamente irrelevante en nuestra valoración del animal. Por el mero hecho de que poblamos el planeta junto con ellos necesitamos una cosmología que pueda acomodar y motivar un sentido de responsabilidad hacia las vidas no humanas. Un enfoque que parta de una perspectiva biocéntrica  que reconozca que los seres humanos son parte de una comunidad de vida compartida con otros seres, parte de una red interdependiente en donde los humanos no son inherentemente superiores a otros seres vivientes. 

 

¿Deberíamos tomar en serio a Hume cuando coloca el valor de un ser humano a la par con el de una ostra? Desde el punto de vista de la moral tradicional el valor relativo de un humano y un animal, el juicio es ridículo. La ostra al no poseer sistema nervioso central no es capaz de sentir dolor, por lo que es absurdo concederles un estatus moral y mucho menos uno semejante al humano... ¿cierto?

 

No realmente... en el fondo toda valorización, incluida la de la naturaleza, es obra del ser humano y, en consecuencia, toda ética normativa es, en cierto sentido, humanista y antropocéntrica.

 

Desde el punto de vista del universo el protón no es superior o inferior al neutrón. Ambos son parte del tejido material. Igualmente, desde esta perspectiva, un humano no es superior o inferior a la ostra. Ambos son parte del tejido vital... a menos que el universo tenga alguna predilección por el ser humano, cosa que a todas luces pareciera no ser el caso.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.