Sunday, March 22, 2026

La guerra


La guerra de Irán es una guerra de elección.  Pero, de todas maneras, todas las guerras son guerras de elección... ¿cierto? Seria mejor preguntar... ¿fue una buena elección? Mas aun... ¿fue una elección necesaria? La verdad es que esta es una guerra de agresión en donde la diplomacia se utilizo como excusa para bombardear y destruir la nación. Una guerra de agresión criminal. Pero ¿quién queda para hacer cumplir las leyes internacionales? Si se puede cometer un genocidio con impunidad como lo ha hecho el socio de guerra de Estados Unidos, cualquier atrocidad es concebible.

 

Al parecer la idea fue que la guerra seria rápida, que la campaña lograría una victoria estratégica decisiva, capaz de reordenar el Oriente Medio y restaurar la maltrecha capacidad de disuasión de Israel.

 

Como nota el periodista y autor Ramzy Baraud, durante décadas, círculos influyentes dentro del aparato estratégico de Israel no han buscado necesariamente la estabilidad sino mas bien la destrucción creativa. La lógica es bien simple... desmantelar potencias regionales hostiles y permitir que escenarios políticos fragmentados las reemplacen.

 

Esta idea no surgió de la noche a la mañana sino que se articulo con mayor claridad en un documento político de 1996 titulado “Una ruptura limpia. Una buena estrategia para asegura el reinado”, preparado para el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por un grupo de estrategas neoconservadores estadounidenses, entre ellos Richard Perle. El documento argumentaba que Israel debía abandonar la diplomacia de la paz por territorio y, en su lugar, adoptar una estrategia que debilitara o eliminara a los regímenes hostiles de la región, en particular Irak y Siria. No solo la victoria militar, sino una reestructuración geopolítica del Oriente Medio a favor de Israel.

 

Las décadas siguientes parecieran validar la teoría, al menos desde la perspectiva de Israel. La invasión estadounidense del 2003 a Irak ha sido considerada como una catástrofe para la Casa Blanca. Cientos de miles de personas murieron, billones de dólares se gastaron y Estados Unidos se vio involucrado en una de las ocupaciones mas desestabilizadoras de la historia contemporánea. Y, sin embargo, la guerra derroto al gobierno de Saddam Hussein, desmantelo el Partido Baaz y destruyo el ejercito árabe mas poderoso de la región. Y para Israel las consecuencias estratégicas fueron altamente significativas, porque históricamente Irak era uno de los estados árabes capaces de enfrentarse militarmente. Al dejar de existir como potencia regional cohesionada Bagdad se transformo en un sistema político frágil que solo lucha para mantener la maltrecha cohesión nacional. Y lo mismo con Siria y Libia. En toda la región, los que fueron formidables estados nacionalistas árabes se han fragmentado en sistemas debilitados o divididos internamente. De acuerdo con la perspectiva de Israel, la teoría de la fragmentación regional estaba dando excelentes frutos, como se vio en el hecho de que varios gobiernos del Golfo comenzaron a reconsiderar su prolongada negativa a normalizar relaciones con Israel. El resultado fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en Septiembre del  2020, que formalizaron la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y Barein, seguidos luego por Marruecos y Sudan. Por un momento, pareció  que la transformación  geopolítica vislumbrada décadas antes se había materializado. El problema es que Gaza cambio las reglas del juego.

 

El genocidio no produjo la victoria estratégica que se había anticipado. La guerra expuso profundas vulnerabilidades en la posición política y militar de Israel. La resistencia palestina demostró que una fuerza militar abrumadora no podía traducirse en un control político decisivo. Las consecuencias se extendieron mucho mas allá de Gaza y profundizo las divisiones entre los gobiernos alineados con Washington y aquellos opuestos a las políticas israelíes e impulso una ola sin precedentes de solidaridad global con los palestinos, dejando la imagen internacional de Israel gravemente afectada. El discurso político que presenta a Israel como un enclave democrático rodeado de fuerzas hostiles se ha ido erosionando progresivamente. Con mas frecuencia Israel ahora es descrito por organizaciones internacionales como un estado que practica la opresión sistemática y en el caso de Gaza, la violencia genocida. El costo estratégico es inmenso. El poder militar no solo depende de las armas, sino también de la legitimidad. Y la legitimidad una vez perdida es bien difícil de recuperar.

 

Es en este contexto en donde la guerra contra Irán se erigió como la acción mas trascendente de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reconfigurar el equilibrio de poder en el Oriente Medio. Pero el fracaso podría traer consecuencias bien profundas. Netanyahu, que ahora enfrenta una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional en 2024 por crímenes de guerra en Gaza, ha vinculado su supervivencia política a la promesa de una victoria estratégica. Pero Israel no puede librar una guerra por si solo. Nunca pudo, por lo que siempre ha necesitado involucrar a Estados Unidos.

 

En toda la región, las escenas son trágicamente familiares... ciudades desbastadas, fosas comunes, familias en duelo, hospitales y escuelas bombardeadas, niñas y niños destrozados por las bombas, obligados a sufrir  una vez mas los crímenes en contra de la humanidad, que ya se han hecho tan comunes. Y, sin embargo, tal vez, y solo tal vez, puede que ahora sea diferente. Estados Unidos ya no ostenta el dominio indiscutido del que gozaba antaño. China se ha convertido en un importante actor económico y estratégico. Rusia continua proyectando su influencia y las potencias regionales han ganado confianza para resistir los dictados de Washington y, por ahora, tímidamente, se niegan a participar en esta aventura belica, a pesar de las amenazas de Trump. Y el propio Oriente Medio también esta cambiando.

 

A esa altura de la guerra las cosas no se están dando según las expectativas. Netanyahu buscaba dominar el Oriente Medio. Washington buscaba reafirmar su posición como superpotencia mundial indiscutible. Pero, lo que se suponía que seria una campana rápida se asemeja cada vez mas a un conflicto prolongado. Los mercados energéticos están indicando una dinámica cambiante. En lugar de asegurar un mayor control sobre los flujos energéticos mundiales, la guerra ha interrumpido los suministros y fortalecido la influencia de Irán sobre rutas marítimas claves. 

 

¿Qué podemos esperar de todo esto, entonces? Según las especulaciones de algunos analista y comentadores internacionales una larga insurgencia basada en una guerra asimétrica, podría agotar económica y militarmente a Estados Unidos y a la economía mundial. Este es el modelo de Afganistán, pero diez veces mayor y diez veces mas transcendental. Rusia no tiene ningún interés que Irán caiga, porque Irán es una barrera crucial, un socio energético fundamental y un aliado en la resistencia al dominio de estadounidense, por eso es que se sospecha de que le suministra a Irán sistemas avanzados de defensa aérea, inteligencia y asesores.  El principal interés de China, por otro lado, es la energía y la relación económica a través de la iniciativa de la franja y la Ruta. Si Irán colapsa China pierde un nodo critico en toda su estrategia euroasiática y podría responder con la reducción de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense acelerando el desarrollo de un sistema de comercio de petróleo sin el dólar.

 

Una proyección muchísima mas grave, de la que nadie quiere hablar, es la del peligro de una escalada total que implicaría riesgo nuclear y el fin de la humanidad o, a lo menos, gran parte de ella. Si un gobierno esta a punto de terminar históricamente, no es imposible que tome decisiones desesperadas. Y es aquí donde el calculo se vuelve real... ¿guerra atómica mundial y la aniquilación total de la civilización, tal como la conocemos hoy? Una proyección mucho menos probable, pero no imposible.

 

El mejor escenario, podríamos decir, seria que en cualquier momento Trump se aburra de la aventura y sienta en sus huesos que la guerra se acabo y proclame victoria total como nunca antes había ocurrido en la historia humana.  Porque de lo contrario, si descartamos los escenarios terroríficos, los próximos meses y, tal vez años serán extraordinariamente turbulentos y nos afectaran personalmente a todos. Los precios de la energía seguirán subiendo, el comercio mundial se vera afectado, los mercados financieros serán volátiles y el orden geopolítico que ha existido desde 1945 se vera fundamentalmente desafiado, si es que ya ha terminado, como el Primer Ministro de Canadá ya expreso en Davos.

 

Por el momento, ninguno de los objetivos de Israel o Estados Unidos parecen estar al alcance. Por el contrario. La guerra podría  acelerar las mismas transformaciones que pretendían evitar. Con lo que podemos terminar es con un papel estratégico estadounidense en declive, una postura disuasoria israelí debilitada y un Oriente Medio cada vez mas moldeado por actores regionales, en lugar de potencias externas.

 

¿Puede el régimen iraniano perder esta guerra? Si.

¿Puede el pueblo estado unidense ganar? No. Y nunca pudo. Solo  empeora la situación. 

 

En momentos de crisis mundial, de daño y sufrimiento  infinito que la guerra esta causando, uno podría esperar sabiduría. Con lo que nos encontramos, en cambio, es con liderazgos consumidos por el narcicismo y el espectáculo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, March 15, 2026

La nube


La lluvia

Quería

Llover

Pero

Se

Enredo

En

Una

Nube.

No pudo

Encontrar

La puerta

De

Salida.

Estaba

Cansada

Con

Su mochila

De

Agua

A

La espalda

Que

La mojaba.

Su paraguas

Estaba

Seco. 

 

Nieves.

Sunday, March 8, 2026

El goce racista

 

En la noche del 9 de noviembre  de 1938, las Sturmabteilung nazis asesinaron aproximadamente a un centenar de judíos y dañaron miles de negocios judíos y destruyeron cientos de sinagogas por toda Alemania. La llamada Noche de los Cristales Rotos fue no solo  un frenesí de destrucción racista sino también una forma de diversión nazi a costa de los judíos a quienes golpeaban y mataban. El racismo nazi es lo que permitió la destrucción desenfrenada y el asesinato sin limite, algo que de otro modo habría sido inadmisible en la sociedad alemana en donde la ley y la convención social prohibían este tipo de criminalidad. Y, como no es sorprendente en nuestra historia humana, los judíos o los israelitas o el gobierno de Netanyahu, según se prefiera, hoy día matan a miles de niños, mujeres y ancianos palestinos y destruyen sus hogares, negocios y mezquitas en Gaza y Cisjordania. Y en el país de Trump la cosa no es mejor para inmigrantes negros y morenos que desaparecen en la calles de ciudades y aldeas para luego aparecer en los campos de concentración de Texas para ser expulsados ilegalmente... ¿como esto es posible? La razón, tanto para unos como para otros, es siempre la misma. Ellos representan una amenaza existencial a nuestra forma de vida.

 

¿No será  el caso que esta supuesta “amenaza existencial” encubre algo mas? ¿digamos, la autorización para gozar la violencia que trasciende los limites de la moral, la racionalidad y el auto interés?

 

Muchos historiadores y teóricos han señalado el enlace entre capitalismo y racismo. Ante todo, según dicen, el racismo es una ideología que proclama la jerarquía y diferencia racial que proporciona un soporte y sustento necesario para el funcionamiento del capitalismo al permitir que ciertos miembros de la clase trabajadora se sientan parte de la sociedad capitalista que, aun siendo explotada, ven a otros relegados a un estado de explotación mayor. Una jerarquía racial  que aceita los engranajes de la producción capitalista que ayuda a aliviar la insatisfacción que, de otro modo, pondría en duda el sistema. El racismo es lo que otorga a quienes lo practican un sentido de identidad y pertenencia, un estatus simbólico, que la otra raza no tiene.

 

Pero esta ideología no lo explica todo. La identidad por si sola no basta para asegurar la capitulación. Por eso es necesaria una fantasía racista para complementarla. Según Todd McGowan la fantasía proporciona el goce que la ideología deja de lado. A menos que se tome el inconsciente como punto de partida para comprender el atractivo del racismo, el misterio de su perdurable poder es imposible de descifrar. La fantasía racista al operar primariamente en el inconsciente expande los limites de la ideología y muestra como aquellos que se dicen no ser racistas afirman inconscientemente la fantasía racista.

 

La cosa va mas o menos así. La fantasía produce goce. Su atractivo reside en su capacidad de proporcionar una estructura, en gran medida inconsciente, que organiza el goce de quienes fantasean. Es el escenario a través del cual los individuos se relacionan con el objeto deseado. Un camino cuya dificultad alienta el goce. Esta es la clave... cada fantasía  depende del obstáculo que encuentra en su paso para realizar el deseo. El goce no proviene de la obtención del objeto, sino de la dificultad en obtenerlo. Don Juan es el ejemplo típico. Una vez conquistada la mujer deseada, pierde interés y rápidamente se embarca en una nueva conquista.

 

La fantasía por tanto funciona frustrando el deseo en lugar de satisfacerlo inmediatamente. Y es justamente esto lo que hace que la fantasía racista   funcionar tan bien. Al igual que en toda fantasía, la fantasía racista  tiene tres figuras principales... el sujeto, el objeto deseado y el obstáculo para obtener el objeto. Y esto es lo curioso. Aunque el objeto aparece como lo que el sujeto desea, en realidad carece de importancia en la fantasía. El único significado que tiene el objeto de la fantasía racista  es su inalcalzabilidad. Por supuesto, ningún objeto inalcanzable  por si  mismo apunta necesariamente al racismo. Pero lo que caracteriza a la fantasía racista y la distingue de otras formas de fantasía es que el obstáculo para lograr el objeto, lo que impide el acceso al goce sin restricciones, es el otro racial, responsable de todos los fracasos del sujeto y de la sociedad. Es el obstáculo fantaseado que convierte el objeto del deseo, sea riqueza increíble, dominio territorial, estatus social, mejor trabajo, beneficios estatales o pareja sexual, en algo que el racista no puede tener. Este obstáculo, sin embargo, no es solo un obstáculo sino también el lugar de acceso al disfrute, que seria imposible sin el. El disfrute, aunque parezca paradójico, esta ligado a una ausencia. Pero la cosa es que mientras estamos  inmersos en la fantasía no reconocemos que el obstáculo es la fuente del disfrute. Por el contrario, siempre lo experimentamos como una barrera que impide el acceso al goce perfecto. Lo inconsciente en la fantasía no es el disfrute que proporciona sino la ubicación de este disfrute, la conexión entre obstáculo y disfrute que necesariamente permanece inconsciente.

 

La versión paradigmática de la fantasía racista es, por supuesto, la que ofrece Hitler. En “Mein Kamp” describe a un joven judío seduciendo a una chica alemana a la que profana con su sangre con el intento de destruir los cimientos raciales del pueblo que se ha propuesto subyugar. Hitler imagina al joven judío como alguien que accede al objeto privilegiado, la mujer alemana y, por lo tanto, impide a los hombres alemanes acceder a este objeto. El otro racial puede experimentar lo que Hitler llama “alegría satánica”, prohibida para los alemanes. Al apelar a esta fantasía, Hitler logra atraer a la nación alemana a su proyecto al ofrecer a las personas una razón clara de por que no disfrutan como imaginan y una vía para acceder al disfrute sin limites a través de la otra raza.

 

Existen, por supuesto, múltiples versiones de la fantasía racista  en donde  diferentes identidades pueden figurar en las posiciones de la fantasía... Japonés-Coreano, Alemán-Judío, Hutu-Tutsi, Blanco-Negro, Colono-Indígena, Blanco-Latino y, tan relevante en la política contemporánea de Estados Unidos y Europa, Ciudadano-Inmigrante. Muchos inmigrantes son mujeres pobres con pequeños niños que no representan un obstáculo para el disfrute de nadie. Pero, visto desde mas cerca, la misma lógica se hace evidente. Los indocumentados emigran para escapar de una situación desesperada y están dispuestos a hacer grandes sacrificios para asegurar una vida mejor para ellos y sus hijos. Y precisamente esto es lo que preocupa a quienes se oponen a la inmigración que, según la fantasía racista, coloca al inmigrante en la posición de obstáculo para el disfrute. Según esta historia el inmigrante no solo realiza un trabajo que los ciudadanos no aceptarían, sino que lo hacen sin adherir a las normas que rigen el orden social. Aunque ser indocumentado trae solo desventajas, desde la perspectiva racista significa una clara ventaja al beneficiarse del orden social sin estar sujeto a sus leyes.

 

Si vemos el racismo como la oposición entre dos posiciones distintas, dice McGowan, no importa entonces si el racista es blanco y la victima es negra, si es japonés y la victima es coreana o si es Hutu y la victima Tutsi. La estructura prevalece sobre quienes ocupan los puestos dentro de ella. Por eso se puede ver la dinámica racista en acción cuando, incluso, no hay diferencia racial en absoluto, como en el genocidio de Ruanda. La fantasía prolifera por todas partes e incorpora todo tipo de identidades. Nadie es inmune a ella.

 

El racismo separa la modernidad de las sociedades pre modernas, que ciertamente no están tampoco exentas de discriminación. La diferencia, sin embargo, es que ellas discriminan por creencias y practicas religiosas o entre los miembros de la sociedad y los extranjeros. La modernidad, en cambio, a pesar de que representa una ruptura radical con las identidades tradicionales, discrimina principalmente a través de la invención del racismo. En la Edad Media europea, por ejemplo, la pertenencia a la sociedad se basaba en la identidad cristiana. La fantasía de la salvación era la fantasía dominante y el hereje o no creyente representaba el obstáculo o barrera para el disfrute pleno de la dicha eterna. Quienes no profesaban el cristianismo no pertenecían y se enfrentaban a la discriminación o, incluso, a la muerte. La fantasía cristiana alcanza su cenit brutal con la Inquisición. Con el surgimiento de la modernidad la religión deja de funcionar como el principal aglutinante social, siendo reemplazada por la raza que se transforma en su proyecto central dejando de lado la igualdad universal que era su ideal... ¿Por qué la modernidad traiciona este proyecto?

 

La idea de la igualdad universal desarraiga la base por la cual las personas se distinguen. Deja a los individuos sin las jerarquías tradicionales que sostienen la autoridad y los obliga a reconocer que en el fondo no tienen nada en lo que puedan confiar. La igualdad conduce a una libertad radical que es inherentemente traumatizante porque deja sin ningún apoyo psíquico o estructura que nos diga quienes somos y que debemos hacer. El racismo permite que la jerarquía persista al restaurar un sentido de autoridad en una época en que lo desarraiga. Reintroduce una jerarquía en la que quienes pertenecen saben que pertenecen porque saben que otros no.

 

Deshacerse de la mancha del racismo significa insistir en una humanidad única, una humanidad universal definida  por su alienación de toda identidad particular. El avance de la idea darwiniana de un único ancestro para toda la humanidad socaba la posibilidad de concebir diferentes razas como no relacionadas. La mayoría de los biólogos ya no se interesan por una jerarquía racial. El proyecto del genoma humano revela una homogeneidad fundamental entre lo que antes se consideraban razas diferentes. A pesar de esta evidencia ciertos biólogos insisten en utilizar la raza como base de sus investigaciones. Pero, en todo caso, cualquiera que sea la postura que se adopte, la biología nunca aportara una solución a la enorme inversión social en el racismo. El rechazo a la jerarquía racial justificada biológicamente ha tenido poco efecto en la magnitud del racismo en el mundo. Y esto es porque el racismo esta arraigado en el inconsciente, específicamente en la fantasía que continua adhiriéndose a la importancia de la diferencia racial. La desigualdad económica, por ejemplo, es inherente al sistema capitalista y es aquí donde la fantasía racista ofrece una explicación clara de por que no logro experimentar el disfrute que la mercancía  capitalista promete. La culpa no esta es el capitalismo, sino en el otro racial, quien me quita el trabajo gracias a la discriminación positiva, obtiene ayudas del gobierno gracias a mis impuestos o simplemente me roba a mis posibles parejas sexuales. Una vez que sucumbo a la tentación de la fantasía racista, tengo una figura para culpar.       

 

La lucha contra el racismo no puede basarse únicamente en una apelación al conocimiento. La aceptación publica del racismo ciertamente  ha disminuido. El poder inconsciente de la fantasía racista, sin embargo, no lo ha hecho.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, March 1, 2026

El ombligo del buda


Sembre

Una margarita

Amarilla

En

El ombligo

Del

Buda.

El mio

No

Tiene

Tierra. 

 

Nieves.


Esfera publica... ¿o no?

 

Hasta no hace mucho acostumbrábamos a ir al Café de nuestro barrio en donde conocimos a un montón de gente de aquí y de allá con los que conversábamos de esto y aquello. Un espacios público que, junto con otros, lentamente empiezan a desaparecer, lo que es una lastima. Si mal no recordamos fue el filosofo alemán Jurgen Habermas el que primero ve a las cafeterías, junto con los salones y sociedades literarias del siglo XVIII, como el lugar en donde originalmente se empieza a formar la esfera publica. Sitios políticos en donde impera una lógica igualitaria. Si bien viola esta promesa al excluir a muchas personas y darle mayor peso a las opiniones de ciertas voces privilegiadas, la esfera publica promete acceso universal  e igual peso a todas las ideas que en ella se expresan.

El ideal de la esfera publica, continua Habermas, tiene un efecto igualitario a pesar de no estar a la altura del estándar que se impone a si mismo. Al entrar en estos espacios se conserva la propia identidad privada, a la vez que se dirige hacia lo publico. Las personas privadas forman un publico al promover sus propias opiniones en un espacio donde, idealmente, todas las opiniones tienen el mismo peso. Y sin embargo, hay que reconocer que es un ámbito que hoy empieza a desaparecer en gran medida con el dominio del mercado capitalista.  

 

En “La Transformación Estructural de la Esfera Publica” Habermas dice que cuando las leyes del mercado, que son las que rigen la esfera del intercambio de mercancías y del trabajo social, impregnan la esfera reservada para la vida publica, el debate racional y critico tiende a ser reemplazado por el consumo. La lógica de la mercancía dispersa la esfera publica en actos individuales aislados que dejan de unir a las personas en un mundo basados en ideales igualitarios. La cultura burguesa es la que  

genero la esfera publica como espacio de disputa y debate y, paradójicamente, luego la destruye a medida que el alcance  de la mercantilización se extiende por todas partes dejándonos solo con las conversaciones vacías de las redes sociales.

 

Afirmar el derecho de lo publico sobre el de la comunidad exclusiva es fundamental para la creación de cualquier proyecto democrático. La sociedad capitalista constantemente pone en peligro este proyecto creando vastas extensiones de propiedad privada que amenazan con avasallar lo publico, confinándolo solo a parques, bibliotecas, carreteras, calles y reservas naturales. El espacio privado predomina por todas partes y el espacio publica que da cabida al debate y al intercambio político se restringe cada vez mas y mas al ser reemplazado por foros de participación política  privados. El problema de restringir el espacio publico es que empobrece la relación del individuo con el colectivo. La sombra de la privacidad aparece así como el estado normal de las cosas, en tanto que la apertura de lo publico se presenta como una excepción. La comunidad privada empieza a predominar sobre la comunidad publica. Lo que aquí  no estaría mal recodar es que la privacidad nos engaña al aislarnos de nuestra dependencia de lo ajeno. Considerarse un ser publico es confrontar lo que uno no es como parte integral de lo que uno es. Es ahí cuando uno descubre que la singularidad de la subjetividad depende de la base colectiva que la diversidad del ámbito publico proporciona.   

 

Según el historiador Yuval Harari algo profundo esta sucediendo en nuestra sociedad, algo que impulsa a los pensadores mas lucidos a buscar refugio lejos del ruido colectivo que llamamos civilización contemporánea. Por cierto esta no es la primera vez que presenciamos este fenómeno. Después de la caída del imperio romano, recuerda Harari, a medida que las estructuras sociales se derrumbaban y la barbarie parecía dominar las calles, muchos de los grandes pensadores se retiraron a monasterios y bibliotecas remotas. No para huir de la responsabilidad, sino para preservar la llama del conocimiento en tiempos de obscuridad intelectual. El filosofo estoico Seneca, por ejemplo, escribió sus obras mas profundas precisamente cuando se distancio de la política de Roma y Agustín hallo sus verdades mas elevadas cuando abandono la vida mundana y se dedico a la contemplación. Lo que hoy presenciamos es algo parecido, pero amplificado por la tecnología. Esta es una era en donde la información se ha vuelto parloteo constante y la reflexión profunda es reemplazada por reacciones instantáneas. Las redes sociales han creado un entorno donde el pensamiento superficial se recompensa con un “me gusta”, en tanto que las ideas complejas y los matices se ignoran o atacan. Es por esto que no es raro que las mentes mas despiertas empiecen a hacer lo que siempre han hecho en tiempos de crisis... aislarse para preservar su cordura y su capacidad de pensar con claridad. Pero, como dice Harari, hay una diferencia fundamental entre el aislamiento de los intelectuales del pasado  y los de hoy. Anteriormente este aislamiento era temporal y una pausa necesaria  antes de regresar  con una nueva perspectiva para contribuir socialmente. Hoy, en cambio, muchos de nuestros pensadores mas brillantes se están retirando permanentemente, no porque hayan elegido un camino de contemplación espiritual, sino porque se han dado cuenta de que nuestra sociedad se ha vuelto fundamentalmente hostil al pensamiento profundo y la sabiduría genuina. El Internet que se suponía un medio destinado a democratizar el conocimiento y elevar el nivel del discurso publico ha terminado haciendo lo contrario. Cualquier opinión, independientemente de su base fáctica o profundidad analítica, tiene el mismo peso que décadas de estudio y experiencia. Un simple tuit de una decena de palabras tiene mas impacto en la opinión publica que años de investigación académica. Los verdaderos expertos y pensadores ven que sus voces no solo son ignoradas, sino que a menudo son atacadas por turbas virtuales que confunden conocimiento con arrogancia y experiencia con elitismo. Como ya sabemos el algoritmo de las plataformas digitales, diseñadas para maximizar la interacción, favorece sistemáticamente el contenido que provoca reacciones emocionales inmediatas sobre el contenido que invita a la reflexión. Las declaraciones controvertidas y las simplificaciones burdas generan mas clics que el análisis cuidadoso. El resultado es que el espacio publico digital se convierte en un entorno donde la sabiduría no solo desaparece sino que se desalienta. Ante esta realidad intelectuales, artistas y científicos han tomado la decisión racional de retirarse. Participar en este circo digital, según Harari, no solo desperdicia su tiempo y energía sino que también compromete su integridad intelectual... ¿como mantener la profundidad de pensamiento necesaria para una visión genuina cuando se esta constantemente reaccionando a la actualidad, respondiendo a criticas desinformadas o intentando explicar ideas complejas en formatos diseñados para el puro entretenimiento?

 

Lo inquietante en todo esto, dice Harari, es que este retraimiento no es solo un problema individual. Es un fenómeno colectivo que esta privando a la sociedad de sus mentes mas valiosas precisamente cuando mas se necesitan. Justamente en tiempos de cambios tecnológicos acelerados, crisis ambientales y profundos cambios sociales, empezamos a perder a quienes mejor podrían ayudarnos a afrontar estos desafíos. Esos que podrían ofrecer perspectivas históricas, análisis sistemáticos y soluciones creativas.

 

La cosa es que todo esto es una paradoja rayana en lo trágico. Solo nota esto... cuando mas complejos se vuelven los problemas, se premian las respuestas sencillas. Cuando mas sofisticación necesitamos se celebra la simplicidad y cuando mas sabiduría requerimos, mas hostilidad encuentran quienes la poseen. Es como si estuviéramos creando las condiciones para nuestra propia ignorancia colectiva, algo así  como una especie de selección natural inversa en donde la curiosidad, la capacidad de reflexión profunda y la búsqueda de la verdad  que nos hicieron exitosos como especie están siendo sistemáticamente desalentados en favor de rasgos que promueven el consumo inmediato y la gratificación instantánea. Basta con mirar como en las ultimas décadas las universidades, que han sido los santuarios del libre pensamiento y la investigación rigurosa, se han convertido cada vez mas en fabricas de conformidad ideológica y formación profesional. La necesidad de financiación las obliga a adaptar la investigación a los intereses de corporaciones o gobiernos, lo que obliga a muchos de los investigadores mas talentosos a abandonar el mundo académico, no porque hayan perdido interés en el conocimiento, sino porque se han dado cuenta que las instituciones que se supone deben fomentar ese interés se han convertido en un obstáculo para su búsqueda. Cuando los sabios se retiran se llevan no solo sus descubrimientos y perspectivas, sino, mas importante, su capacidad de enseñar e inspirar a otros, porque la sabiduría, a diferencia de la información, no se puede transmitir simplemente mediante textos y videos. Lo que perdemos no es solo conocimiento sino la capacidad de generar conocimiento futuro. Su salida de la esfera publica deja un vacío que rápidamente se llena con voces menos calificadas que degradan la calidad del discurso publico, creando así un circulo vicioso donde la sabiduría se vuelve aun mas alienada e irrelevante.

 

¿Y no será esto lo que lo que ciertos grupos de poder desean? Una población informada y reflexiva es mas difícil de manipular que una multitud ignorante. Un ciudadano armado con un pensamiento critico es mas propenso a cuestionar las narrativas convenientes y menos controlable que quienes reaccionan instintivamente a las noticias  sensacionalistas. El aislamiento de los sabios, dice Harari, no es solo un fenómeno cultural emergente sino una característica del sistema que estamos construyendo...  es privilegiar el consumo sobre la contemplación, la reacción sobre la reflexión y la conformidad sobre la creatividad.

 

Así como vamos pareciera que la sabiduría de nuestra especie ha empezado a refugiarse en las sombras de la historia.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, February 15, 2026

Las hojas


El viento

Me

Llevo

El Otoño.

Tengo

Frio.

Me

Dejo

Sin

Hojas. 

 

Nieves.


Sunday, February 1, 2026

La Promesa

 

Por supuesto que la promesa siempre ha existido en todo sistema social, pero la novedad es que desde el momento en que el sistema capitalista   emerge la promesa pasa a ser parte esencial de su funcionamiento  económico... invertimos dinero con la promesa de ganancias futuras, trabajamos con la promesa de un salario mas alto, compramos un artefacto electrónico con la promesa de un acceso mas fácil a lo que queremos, etc. Según McGowan, el futuro encarna un tipo de satisfacción que el presente no puede ofrecer y que depende de la inversión en el sistema capitalista. Se acumula mas capital para algún día tener suficiente, se acelera el proceso de distribución para aumentar las ganancias futuras y uno compra para descubrir un placer potencialmente satisfactorio. Cualquier sensación de satisfacción con la condición actual tendría un efecto paralizante en cada de una de estas áreas económicas.

 

Y este, según McGowan, es el mismo problema que afecta la esperanza revolucionaria al participar de la lógica que intenta refutar. Y la consecuencia de seguir tal lógica es que nunca llegamos a ser tan revolucionarios como creemos ser. Desde Charles Fourier hasta Antonio Negri la idea de un futuro mejor ha impulsado a la izquierda en su critica del capitalismo. Jacques Derrida, por ejemplo, enfatiza la promesa emancipatoria que sustenta toda su política deconstructiva. Si la promesa promete esto o aquello, dice, ya sea que se cumpla o no, o que sea incumplible, necesariamente existe y, por lo tanto, cierta historicidad por venir.

 

 Es precisamente esta inversión en la promesa lo que debe abandonarse, junto con la insatisfacción inherente a ella.

 

¿Pero, no es el caso que romper con la promesa de un futuro mejor es teoréticamente insostenible si queremos mantener una postura critica? ¿como se podría ser critico sin tal promesa? Mas aun... ¿cuál podría ser el posible fundamento de la critica?

 

No hay una satisfacción mas profunda, ni mas autentica, que supere los antagonismos de la sociedad ni las fallas de la subjetividad, dice McGowan, a pesar de la promesa revolucionaria. No necesitamos creer en un futuro repleto de satisfacciones mas profundas para rechazar el capitalismo. La alternativa al capitalismo esta dentro del mismo capitalismo. La vara de medir para la critica no es la promesa de un futuro mejor, sino la estructura subyacente del capitalismo. La identificación o reconocimiento de esta estructura proporciona la clave para el surgimiento de una alternativa. El dominio capitalista depende de que no reconozcamos la naturaleza de su poder. Si nos concentramos, no solo en los horrores y defectos del capitalismo, sino en la satisfacción que lo acompaña podríamos entender la influencia que tiene en los que viven dentro de su estructura. Y el punto de partida de esta influencia o poder es la relación del capitalismo con el deseo. Es a nivel psíquico en donde descubrimos como realmente funciona el capitalismo.

 

Desde la perspectiva capitalista es indiferente que cultura lo germino y que cultura lo nutre. Lo verdad es que trasciende toda cultura y ofrece recompensas psíquicas radicalmente diferentes a las que ofrecen las culturas particulares. Su esencia es la acumulación. El sujeto capitalista es un sujeto que nunca tiene suficiente y busca continuamente mas y mas. U proyecto de acumulación incesante que se construye irónicamente en base a la obtención de un objeto final que va a proporcionar la satisfacción máxima y el fin de la acumulación. Es en este sentido que la imagen del fin del capitalismo esta implícita en su estructura. Pero si este fin no llega y el sistema perdura es porque este objeto de satisfacción total que el sujeto quiere, en ultima instancia, no existe. El fin ultimo de la acumulación, no importa a que aspecto del sistema se refiera, es inalcanzable. El productor debe producir mas para ganar mas dinero, el distribuidor debe distribuir mas para maximizar las ganancias y el consumidor debe consumir mas para encontrar el objeto verdaderamente satisfactorio. En cada caso la falta de acumulación suficiente esta inscrita en el sistema  y, paradójicamente, es la fuente de la satisfacción que este  le ofrece al sujeto. Con toda la variedad que encontramos en el universo capitalista, la única constante es el mandato de acumular que opera en la psique de cada sujeto capitalista. Cualquier lucha en contra del sistema capitalista debe comenzar con la inversión psíquica en la promesa de acumulación que este requiere. El vinculo entre el capitalismo y la psique proporciona la clave para comprender su atractivo.

 

La cosa va mas o menos así. El capitalismo exige la acumulación y promete una satisfacción que no puede proporcionar. Este fracaso tiene su origen en la estructura de la psique del sujeto  y en la forma en que este encuentra satisfacción. La psique, aunque parezca extraño, se satisface inconscientemente  al no lograr su deseo y el capitalismo le permite al sujeto perpetuar esta fracaso, creyendo al mismo tiempo que persigue su éxito. Un sistema que permite visualizar la posibilidad de una satisfacción que estructuralmente es inalcanzable, y a la vez permite que la verdadera fuente traumática de nuestra satisfacción permanezca inconsciente. El sujeto desea el objeto, pero la verdadera fuente del deseo no es el objeto, sino la ausencia del objeto. Esta doble situación crea un sistema con un poder de permanencia desmesurado, un sistema que pareciera estar escrito en nuestra estructura genética.

 

Pero, a pesar de todas las apariencias, el capitalismo no es el resultado de la naturaleza humana. Los apologistas que insisten en este punto lo hacen para mantener la idea de que tal sistema es inevitable. Asociar el capitalismo con la naturaleza humana es un gesto ideológico, pero la impresión de que el capitalismo encaja con nuestra forma de desear no es completamente ideológica. Es cierto que el atractivo psíquico del capitalismo esta relacionado con la naturaleza de la subjetividad humana, pero esta subjetividad en si misma es antinatural, una función no de procesos naturales, sino de una disyunción con el mundo natural. Si bien el desarrollo del capitalismo no fue necesario, es posible, sin embargo, comprender su auge y permanencia en términos de una psicología humana dispuesta a involucrarse en este sistema.

 

Si somos capitalista no es por ser animales, dice McGowan, sino porque estamos fundamentalmente alejados de nuestra animalidad. La mercancía no satisface una necesidad natural, sino un deseo distorsionado por el significante, la palabra, que es el medio que define las interacciones humanas. En lugar de sentir hambre y comer la manzana mas cercana, el humano buscara una satisfacción que trasciende la manzana a través de la manzana. Una manzana nunca es suficiente. En el mundo de la significación, la no coincidencia de la manzana consigo misma se vuelve evidente y la manzana empírica deja de resultar satisfactoria. Como objeto de necesidad, la manzana es solo una manzana y puede satisfacer la necesidad. Pero después de la introducción del significante, la auto división de la manzana le permite significar algo mas allá de si misma... lo que es jugoso y delicioso, lo que aleja al medico, lo que connota el pecado original, el logo de una compañía digital, etc. Un suplemento que se adhiere en la forma de significante, un exceso irreductible al objeto. Y este exceso unido a la manzana le produce una satisfacción al sujeto que una manzana por si sola nunca puede lograr.

 

El mundo se nos aparece como un conjunto inmediato de elementos dispuestos para que los percibamos como queramos en donde el significante permanece en la sombra. Pero es este, aunque no lo percibamos, el que distorsiona lo que percibimos y modifica los elementos con los que interactuamos. Cada objeto adquiere el matiz que le otorga el sistema de significación. El objeto de necesidad se convierte en objeto de deseo. Pero, desde el momento en que el sujeto se enfrenta a objetos divididos, nunca puede obtener un objeto que le permita realizar su deseo. Aunque el capitalismo no puede dar tal objeto, lo que hace es transformar la imagen del objeto. Como mercancías, los objetos se presentan como un todo. El capitalismo no elimina la división del mundo que se refleja en la significación, la distancia que separa el significante del significado, pero la presenta como un obstáculo contingente, no necesario, para ocultar su estructura inherentemente traumática.

 

Producimos o consumimos mercancías adicionales para realizar nuestro deseo definitivamente, pero el problema es que nunca logramos esta realización, de la misma manera que usamos otros signicante para definir un significante, otras palabras para definir la palabra, sin resolución final. Aunque es evidente que una palabra siempre lleva a otra, no lo es tanto en el caso de la mercancía. Y, sin embargo, al igual que la palabra, una mercancía siempre lleva a otra, sin una satisfacción final... ¿por que?

 

Según Lacan, la perdida originaria del objeto, digamos, de completitud, como ilustra el mito religioso de la  de la expulsión del Paraíso, es lo que orienta el deseo del sujeto, aunque realmente nunca tuvo tal objeto. En el capitalismo la perdida del objeto adquiere un estatus sustancial y accesible en la forma de la mercancía. De acuerdo con esto nuestra menesterosidad es un hecho empírico, en lugar de uno ontológico. Pero no para Freud. En “Mas allá del principio del placer” comienza a concebir al sujeto  a través de su perdida constitutiva. El sujeto encuentra satisfacción, dice, en repetir la perdida y su satisfacción es inseparable del fracaso. Extraño... ¿cierto? Porque, por supuesto, nadie se propone fracasar conscientemente. La consciencia se orienta en torno a proyectos que aspiramos alcanzar y si fracasamos es solo una cuestión contingentes que tratamos de remediar intentándolo de nuevo. Sin embargo, inconscientemente, dependemos del fracaso para nuestra propia satisfacción. Es la ausencia del objeto y solo su ausencia lo que lo hace satisfactorio. Una vez que lo obtenemos empieza a  perder su atracción y empezamos a desear otro objeto.  La ausencia nos anima y nos impulsa a actuar de una manera que la presencia no puede. Sin esta ausencia seriamos incapaces de actuar y careceríamos del impulso, incluso, para suicidarnos.

 

La inversión en la promesa  de obtener con éxito el objeto ausente, de lograr la completitud y ultima satisfacción con la mercancía adecuada, es esencial para la perpetuación del capitalismo. Si el antiguo producto proporcionara esta satisfacción, el capitalismo simplemente dejaría de funcionar. Su adherencia a la fantasía del éxito, a expensas de la necesidad del fracaso, es esencial para su funcionamiento. La ilusión de la promesa debe permanecer irrealizable. Si la vieja mercancía no nos satisface, la promesa de la nueva por venir mantiene viva la fantasía.  

Cuando reconocemos que ningún objeto  proporcionara la satisfacción máxima, dice McGowan, es cuando podremos desligarnos psíquicamente del sistema capitalista y rechazar el papel que jugamos en su incesante reproducción. Este rechazo, por supuesto, no derriba el capitalismo, pero es la condición necesaria para una política revolucionaria.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.