Sunday, April 19, 2026

El estoico

 

 Marco Aurelio aconseja que antes de comenzar la jornada diaria, uno debiera decirse a si mismo... “hoy día voy a encontrarme con gente entrometida, ingrata, intimidante,  tramposa, envidiosa, explotadora y antisocial”. No muy alentador ¿cierto? Y sin embargo, esta es la realidad que la mayoría  de los pobres mortales  enfrentamos diariamente... ¿qué hacer frente a esto?

 

Marco Aurelio era estoico y el estoicismo, como se dice, prepara a sus adherentes para los tiempos duros al darles una perspectiva y poner las cosas en su contexto. Su filosofía, que usa la inteligencia y el entrenamiento, es una guía practica para enfrentar lo bueno o lo malo que la vida pueda traer. En la tradición occidental esta idea de la filosofía como una forma de vida empieza en Grecia, probablemente con Protágoras, y ha persistido, de una manera u otra, hasta hoy día, como podemos ver en la proliferación de libros populares publicados recientemente... “Ejercicios Espirituales Estoicos” de Elen Buzare, “Estoicismo y el Arte de la Felicidad” de Donald Robertson, la “Búsqueda de la Sabiduría” de John Cooper, “Estoicismo Hoy Día” de Patrick Ussher y Tom McConnel, “El Pequeño Libro de Estoicismo” de Jonas Salzgeber y muchos otros, además de inspirar varios tipos de psicoterapia, desde la logoterapia de Viktor Frankl hasta la terapia emotiva racional de Alberto Ellis. Pero, es en el mundo antiguo, en la filosofía estoica de Grecia y Roma, donde encontramos su mas completo y claro desarrollo.

 

Según Cícero hay un arte medico para el cuerpo y hay también un arte medico para el alma y este arte es la filosofía que cura las enfermedades humanas causadas por las creencias falsas. Esta no es solo una metáfora decorativa, sino una herramienta de descubrimiento y justificación. Una vez que uno ha entendido que la filosofía es como la labor del doctor, uno puede averiguar en forma mas concreta y con mayores detalles como el filosofo debe proceder según la variedad de circunstancias con las que se encuentra. En este periodo hay un amplio acuerdo entre las mayores escuelas Helenistas en que la motivación para filosofar es la urgencia del sufrimiento y la labor de la filosofía la orientación hacia el florecimiento humano. Y los instrumentos para lograrlos son los argumentos éticos, un arte en que el razonamiento exacto, el rigor lógico y las definiciones precisas juegan un importante papel. Un argumento que es simple y enteramente académico es un argumento filosófico defectuoso si es incapaz de comprometer a su audiencia en forma practica. La filosofía necesita, si se quiere practicar en forma terapéutica, pensar acerca de los usos de la imaginación, de la narrativa, de la comunidad, de la amistad y de las formas retoricas y literarias en que los argumentos puedan efectivamente ser comunicados.

 

¿Es esto todavía filosofía, esa actividad intelectual critica, autocritica y reflexiva que comienza en la tradición Griega con Sócrates y Platón y que llega hasta nuestros días? La verdad es que en las manos de los pensadores Helenistas la filosofía ya no es la tranquila y pura contemplación del mundo. Muy por el contrario, se sumerge en el y se hace parte de el... “Convéncete al menos de esto”, le dice un interlocutor a Cícero, “a menos que el alma sea curada, lo que no puede hacerse sin la filosofía, no habrá fin a nuestras aflicciones. Volquémonos entonces a la filosofía para tratamiento.”  ¿Cuáles son, entonces, estos tratamientos filosóficos? ¿Y que formas de enfermedad dicen curar?   

 

La estrategia mas general  de la terapia estoica es la enseñanza de que debemos ser observadores y críticos de la forma en que vemos el mundo. Las cosas que vemos, dicen, se imprimen en nosotros de diversas maneras, sea a través de nuestros hábitos de percepción o a través de nuestra compleja amalgama de creencias, convenciones, historias, enseñanzas, costumbres y la experiencia personal que también esta, en gran medida, conformada por procesos de aculturación. Nuestras formas de ver las cosas son tan habituales  y tan enraizadas en nuestro ser que las consideramos verdaderas y reflejo de cómo estas cosas son. Y como no tenemos otra visión de la realidad actuamos de acuerdo con la que tenemos. Y si la que tenemos es falsa, seguimos actuando de acuerdo a ella, porque creemos que es verdadera. Según los estoicos, estas visiones son necesarias, pero no suficientes. El trabajo de la filosofía es incitar a la auto examinación de nuestras creencias y nuestra cultura para hacernos cargo de nuestro propio pensamiento, considerar otras alternativas  y seleccionar de entre ellas la mejor. En buenas cuentas, crear un espacio para argumentar.

 

Esta no es solo una filosofía libresca, confinada a la academia y las bibliotecas, sino una forma de vida, un arte para aprender a encarar la adversidad y llevar a cabo una buena vida. No es suficiente recitar las doctrinas y argumentos estoicos, sino que se debe ser capaz de traducir esas doctrinas en conductas concretas... ¿como logramos esto? A través de la extirpación de las pasiones. Las emociones, según los estoicos, son juicios erróneos y deben ser erradicadas con la ayuda de una terapia cognitiva para mejorar nuestro ser. Transformamos nuestra vida transformando la disposición habitual de nuestra alma, una tarea que solo uno puede hacer por si mismo. A diferencia de la terapia médica o la predica evangélica, el estoico no se preocupa tanto de la curación de los otros como la de si mismo.  

 

Según Epictetus la única cosa sobre la cual tenemos control son nuestros juicios que dependen de nuestra facultad de elección. Esto, como pudiera creerse, no es tan malo porque los juicios son lo único que nos permite asegurar la independencia racional, si no queremos vivir como esclavos mentales. Ahora, si las emociones son producto de  juicios erróneos, formas de creencia como aseguran los estoicos, entonces están bajo nuestro control y es posible evitarlas o eliminarlas, especialmente cuando transforman nuestra vida en un infierno. Si sufrimos de envidia, por ejemplo, es porque creemos  que el otro tiene cosas mas valiosas que las nuestras, lo que nos lleva a competir con el. Si la furia se apodera de nosotros es porque creemos en el valor de lo que el otro ha dañado. Si el dolor y la pena nos afligen es porque creemos en el valor de lo que hemos perdido. Las pasiones no son mas que el reconocimiento de nuestra dependencia en otros y en eventos que escapan a nuestro control. Esta es, dicen los estoicos, la fuente de nuestra vulnerabilidad. Por tanto, si eliminamos las pasiones que nos atan a cosas externas que nos hacen sufrir podremos superar la vulnerabilidad  y obtener finalmente la paz mental. Según Chrisyppus las pasiones son juicios o creencias falsas. Apatía es la libertad de toda emoción.

 

La cosa, entonces,  es esta... si cambiamos nuestras creencias podemos  eliminar nuestras emociones. Pero ¿es posible hacer esto? Y mas aun ¿es deseable? Una cosa es  liberarnos de la envidia, el narcicismo o el odio al otro y otra muy diferente es el liberarnos del dolor y la tormenta emocional que causa la muerte de quienes amamos... ¿son también estas ultimas emociones erróneas y, por tanto, extirpables? Según Chrisyppus un juicio nunca es un frio acto intelectual. Por el contrario, es nuestro intimo reconocimiento de que tal y tal es el caso. Aceptar una proposición es admitir en nuestro ser su significación, es aceptar que su adopción inevitablemente nos cambiara. De acuerdo a esta concepción no hay ninguna razón para pensar que los juicios y las pasiones son distintos. Estas ultimas son en si mismas el reconocimiento de la tremenda importancia de algo que esta mas allá de nuestro control, de un algo excesivo que transgrede los limites que la razón prescribe en nuestras relaciones con el mundo externo. Este conflicto entre la razón y algo que la excede no es un conflicto entre dos diferentes partes, sino una oscilación del alma entre reconocimiento y negación, una sola razón dando vueltas en dos direcciones. Es la lucha de la razón consigo misma en relación con lo que es valioso y bueno en el universo. Lo que esto indica es que los estoicos no abandonan la forma en que experimentamos las pasiones. En lo que ellos insisten es que, en cada caso, lo que sentimos por algo es un acto de asentimiento.

 

Las pasiones entonces, según los estoicos, descansan en algún tipo de evaluación de cosas externas que pueden clasificarse  como buenas o malas y como presentes o futuras. De acuerdo con esto tenemos cuatro tipos básicos de emoción... Deleite basado en juicios que indican que lo que ahora tenemos es bueno. Apetitos basados en juicios de que algo futuro es valuable. Aflicción que acompaña a los juicios que dicen que lo que hay ahora es malo y Miedo ligado a juicios que indican que algo malo contiene el futuro. Para Seneca en lugar de tener pasiones moderadas, como recomienda Aristóteles, es mejor no tenerlas. Lo que debemos hacer es exterminarlas de raíz para liberarnos de su dominio. En verdad, dice, la naturaleza misma lo demanda. Necesitamos recuperar nuestra libertad. Liberarnos de los miedo, de las esperanzas, de los odios, las iras y aflicciones que controlan nuestras vidas. Liberarnos de los falsos juicios que alimentan las pasiones.

 

 Pero, uno podría decir... ¿no es la ira el motivo correcto para defendernos de las injusticias y violaciones a nuestra vida? ¿no es la compasión la que nos lleva a ayudar al desvalido  y el amor a proteger a la familia? ¿Sin ellas, qué incentivo tendríamos para actuar? Es cierto, dice Seneca, que el buen hombre no tendrá ira si ve a su padre sacrificado y a su madre violada. Pero, el los vengara y los cuidara. Cumplirá su deber imperturbablemente y sin miedo, porque el hacerlo es apropiado. Una operación semejante a la ley... segura, constante, confiable, desapasionada y, por ello, capaz de autodeterminación racional.

 

Independientemente del valor que podamos darle a las cosas externas, lo cierto es que la ligazón entre pasiones y creencias es un argumento bien poderoso.

 

A diferencia de las otras escuelas Helénicas los estoicos ven sus enseñanzas como una actividad dirigida al cambio social, hacia la creación de una sociedad justa y humana  que no es posible lograr sin una terapia filosófica. La enfermedad de las pasiones, dicen, es la base para su diagnostico del desorden político.

 

Esto no es muy diferente de lo que hoy dice el filosofo alemán Sloterdijk al declarar que la emancipación social depende del rechazo de las nociones tradicionales de subjetividad. Transformar las estructuras políticas y económicas es necesario, pero no suficiente para evitar la catástrofe política. El tejido sicológico existencial de la sociedad también tiene que  renovarse. La reforma comienza no solo con la base o la súper estructura, sino también con el trabajo de las estructuras internas. Y Michel Foucault, en sus últimos escritos, ve en los pensadores Helénicos la fuente de la idea de la filosofía como un conjunto de técnicas del yo, de practicas complejas de auto formación que tienen el potencial de liberarnos mentalmente de la tiranía del discurso imperante.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 12, 2026

El hoyo del calcetín mental

 

Se

Me

Fugo

El mundo

Por

Un hoyo

De

Mi calcetín

Mental.

Lo

Encontré

Tiritando

De

Angustias

Debajo

De

Mi cama.

 

Nieves.

Sunday, April 5, 2026

Ateísmo?... Si, por favor

 

¿De donde viene esa idea de que detrás del telón hay alguien  que creo y controla el universo? ¿De que vivimos en un mundo planificado que contiene una intención y propósito? Por milenios esta creencia ha dominado la mente humana...  pero no a todas. Algunas han adoptado una  actitud mas escéptica, algo así como una especie de ateísmo místico... no el rechazo humanista de la religión, sino el rechazo religioso de Dios.

 

De hecho es en la idea del propósito como categoría ontológica ultima donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente. La intencionalidad como fuente y medida insuperable de todo lo que sucede es la esencia de la idea monoteísta.

 

Según cuenta Brook Ziporyn, autor de “Experiments in mystical atheism”, la historia va mas o menos asi... Sin mayor exageración se podría decir que la conducta intencional es el origen de todo lo que sucede. Una creencia animista casi universal que concibe todo lo que ocurre como la acción de espíritus. Es la idea de que los eventos, cualquiera que estos sean, requieren un agente, un hacedor, al igual que nuestra propia capacidad de acción... deseo levantar mi mano, por ejemplo, y mi mano se levanta. La mente hace que las cosas sucedan ¿y para que levanto mi mano? Para alcanzar mi propósito. La causalidad ultima de todos los acontecimientos se busca, finalmente, en lo personal, en las intenciones con  propósitos ejercidos por seres conscientes... ¿Qué premisas permitieron que esta idea se arraigara como una explicación seria del mundo?

 

A pesar del hecho de que alguna forma de dios supremo, dios principal, dios gobernante o dios creador es una invención bastante común en el mundo antiguo, la verdadera invención de la idea clave del monoteísmo se encuentra en Platón, que permitió repensar los primeros versículos del Génesis de una manera que desde entonces ha ejercido una poderosa influencia.

 

Como generalmente se dice, la filosofía comenzó en Grecia cuando Tales de Miletus sugirió que el agua era el Arche de todos los demás elementos, lo que verdaderamente sustentaba y explicaba a todos. Anaximandro, discípulo de Tales, propuso el apeiron, lo ilimitado o infinito, como el origen de todo y que esta relacionado con el caos primordial, carente  de definición, medida, limite y orden. El apeiron sugiere la ausencia de cualquier posibilidad de exclusión de algo por algo, la falta absoluta de limites o reglas internas definidas que no admiten identidades fijas o definidas, ya sea  en su conjunto o en sus partes internas.

 

Sin embargo, esta interpretación rápidamente fue usurpada por Anaxágoras dándole un significado nuevo y contrario, que marca el inicio de la tradición teísta que roba y domestica la infinitud y el caos inagotable del hábitat natural. Según este pensador griego ninguno de los elementos materiales finitos puede ser el Arche. Ni el apeiron, el infinito puro de Anaximandro, ni el paradójico y fluido fuego del Logos de Heráclito, ni el amor y odio de Empédocles, ni la proporción armónica de Pitágoras pueden ser el Arche. Solo el Nous, la inteligencia, la consciencia o mente es el primer principio. En su significado mas simple y directo, es la mente en su modo activo y con propósito, como cuando se intenta lograr algo o resolver y guiar las acciones del cuerpo. coordinando los fines con los medios. En breve, es la mente al mando, mente como voluntad, mente como organizadora y diseñadora. Y por eso Sócrates la ve inmediatamente como un principio explicativo. En el Phaedo de Platón, a la víspera de su muerte, cuenta que tenia un libro de Anaxágoras en el cual leyó que la mente era la que dispone y causa todo, idea que le pareció admirable porque, si es la mente que dispone todo, lo dispone para bien colocando cada particular en el mejor lugar.  Este es el momento en que Platón, en esta obra, literalmente dramatiza la invención de la idea central del monoteísmo. Es aquí donde vemos las verdaderas implicaciones de la nueva concepción platónica de “Dios”. Lo que resalta en los pasajes del texto es la fusión de cinco conceptos... El Bien, la conciencia, la causa ultima, el propósito y la unidad. La premisa clave es una cierta experiencia de voluntad consciente que se identifica con ese aspecto de uno mismo que sabe de antemano lo que quiere e intenta lograrlo unificando todos los esfuerzos. El propósito se privilegia considerándolo como lo que realmente hace que las cosas sucedan.

 

Este es el modelo fundamental, según Ziporyn, en torno al cual giran la dialéctica del Parménides, la teoría de las Formas en la Republica y los otros diálogos intermedios y que continuará rondando mas allá, como ciertamente lo vemos en las tradiciones platónicas, en el anti trascendentalismo de Aristóteles y su reorientación neoplatónica, en las teologías negativas abrahmánicas y también, aunque parezca extraño, en el humanismo secular. Este modelo platónico es el núcleo, digamos la esencia misma, del monoteísmo, incluso si el Dios omnipotente aun no se ha formado plenamente.

 

A diferencia de este modelo, no seria arriesgado afirmar que el infinito, a diferencia del propósito, es el principio explicativo y marcador inicial del ateísmo, como lo vemos inicialmente en el apeiron de Anaximandro, el atomismo de Demócrito y los epicúreos en los que el infinito es sinónimo de falta de forma o características determinadas y definidas. Un universo sin Dios, en ausencia de cualquier razón o propósito que lo justifique. Cuando el creyente ve la belleza de una flor ve la mente que quiso crearla, amarla y cuidarla. Es la manifestación de un propósito, de una inteligencia que realiza algún tipo de función. Cuando el ateo observa la flor, ve mas bien una concreción concentrada del azar, de la falta de propósito, de la no intencionalidad y ausencia de forma del infinito. Aquí uno podría decir que, como escuchamos a menudo, Dios también es infinito. Pero, la cosa es que la misma idea de Dios entra en conflicto con la idea de finitud. Dios es mente como causa e inteligencia, como elección y propósito que están necesariamente supeditados a la finitud. La esencia del propósito o preferencia es la exclusión de lo no preferido. Dios, inteligencia como causa es, desde el principio, la exaltación de la finitud. Dios, en buenas cuentas, es la conspiración en contra de la infinitud, de esa que abarca toda transformación y estado posible, la que produce la variedad infinita de entidades finitas no planificadas, pero que no se restringe a ninguna forma finita particular.

 

Lo novedoso y decisivo de la idea monoteísta no es solo que los eventos sean causados por mentes, como en el animismo, sino que el animismo se ha llevado al extremo al basarse en una forma especifica de unidad. Todas las cosas no solo son causadas por la mente, sino que todas son causadas por una sola mente. Lo que implica que, en ultima instancia, todas las cosas son parte de un sistema único de propósitos. En el hecho, lo que ha ocurrido aquí es que el propósito se transforma en la categoría ontológica suprema donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente.

 

¿Pero, entonces, cual es el problema que nuestras acciones o, incluso, la vida misma tengan un propósito? ¿No es esto lo que le da sentido a nuestra existencia? ¿Y no es obvio que los valores mismos se definen por su relación con un propósito?  

 

Lo paradójico es que los propósitos de control conscientes pueden, e incluso deben, interpretarse como un medio, pero el objetivo ultimo, el punto de referencia o ideal regulador que informa todos los propósitos es la ausencia de propósito, lo incontrolado e inconsciente como el verdadero lugar, o al menos la verdadera fuente del ser y valor... ¿como asi?

 

Con la idea del Dios monoteísta, el propósito se convierte en la fuente, fin y significado de todas las cosas. La categoría mas alta, en contraste con la falta de propósito que se minimiza y desprecia. El problema con esto es que una vez que aceptamos la idea de un propósito pre existente nos condenamos a un eterno retroceso de insatisfacción. Si el propósito de A es B ¿cuál es el propósito de B? ¿Es C? y, en ese caso ¿ cual es el propósito de C?  Un vez que empezamos a preguntarnos no podemos detenernos ¿cierto?... ¿cuál es el propósito del Universo? Y, mas aun ¿cuál es el propósito de Dios? Al parecer es el deseo de evitar el retroceso infinito. Según se dice Dios es “su propio propósito”. De lo contrario toda la cadena de propósitos perdería sentido. Lo que en verdad es bastante irónico. Todo el problema solo surge precisamente porque se ha priorizado absolutamente el propósito. El propósito crea la enfermedad y la deificación del propósito se ofrece como cura.

 

¿Hay alguna salida a esta forma de arreglar las cosas? Una seria privilegiar algunas experiencias propias que se consideran intrínsecamente valiosas, fines en si mismas que, al parecer, se presentan como una ruptura con la estructura de subordinación de los medios a los fines. En la versión atea secular de las culturas humanista, el propósito ya no se sitúa al comienzo de la existencia, sino al final de toda acción y es el criterio de todo valor. Cuando Dios desaparece de la escena, la obsesión con el propósito continua, ya sea en la forma de hedonismo sensual o en su forma mas refinada como en los logros culturales, tecnológicos o artísticos. En ambos casos la estructura es la misma... X existe para “el bien de” Y. La subordinación es la clave y el propósito consciente termina por dominarlo todo.

 

Aquí uno fácilmente  podría decir... por supuesto, de eso justamente se trata. Sin embargo, si no le tememos al supuesto nihilismo que niega la primacía ontológica o existencial del propósito y nos atrevemos a cuestionar la estructura misma del significado, del propósito, de la razón de ser de las cosas o el valor de los valores, se nos aparece un cuadro bien diferente. Si miramos bien las cosas, nos encontramos con que la falta de propósito posibilita los propósitos. Tener un propósito es preferir un resultado sobre otro y, en lo posible, eliminar los resultados no deseados. La falta de propósito, en contraste, no excluye el propósito. Al contrario, lo incluye, lo permite e, incluso, según la perspectiva taoísta, lo genera. Pero no se trata de uno solo sino de muchos, quizás infinitos, que permanecen integrados en una ausencia de propósito mayor, pero sin ser contradichos o socavados por ella. El cosmos monoteísta, en ultima instancia, excluye por completo la ausencia de propósito, la no dualidad y lo no personal. Es el intento de excluir todo aquello que no se ajusta a el. En cambio, la falta de propósito, en sentido ontológico o existencial, por definición, no excluye nada. Es mas bien la aceptación de resultados imprevistos, incontrolados e indeterminados. La falta de propósito es una apertura. Es lo que escapa al control de cualquier propósito individual, lo que desbarata cualquier intento de control monolítico, lo que abre cualquier propósito  a otros propósitos alternativos.

 

La falta de propósito, por ultimo, es la matriz fecunda de la que surgen los propósitos y la falta de propósito que escapa al control de cualquier propósito. En lugar de buscar respuestas definitivas, el místico ateo busca una manera de no tener tales respuestas. Es el cierre, lo definitivo, la naturaleza univalente del mundo a lo que se objeta y Dios es el que impone este cierre. El “Gran Otro” no existe, como decía Lacan, y este es el verdadero ateísmo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.



Sunday, March 22, 2026

La guerra


La guerra de Irán es una guerra de elección.  Pero, de todas maneras, todas las guerras son guerras de elección... ¿cierto? Seria mejor preguntar... ¿fue una buena elección? Mas aun... ¿fue una elección necesaria? La verdad es que esta es una guerra de agresión en donde la diplomacia se utilizo como excusa para bombardear y destruir la nación. Una guerra de agresión criminal. Pero ¿quién queda para hacer cumplir las leyes internacionales? Si se puede cometer un genocidio con impunidad como lo ha hecho el socio de guerra de Estados Unidos, cualquier atrocidad es concebible.

 

Al parecer la idea fue que la guerra seria rápida, que la campaña lograría una victoria estratégica decisiva, capaz de reordenar el Oriente Medio y restaurar la maltrecha capacidad de disuasión de Israel.

 

Como nota el periodista y autor Ramzy Baraud, durante décadas, círculos influyentes dentro del aparato estratégico de Israel no han buscado necesariamente la estabilidad sino mas bien la destrucción creativa. La lógica es bien simple... desmantelar potencias regionales hostiles y permitir que escenarios políticos fragmentados las reemplacen.

 

Esta idea no surgió de la noche a la mañana sino que se articulo con mayor claridad en un documento político de 1996 titulado “Una ruptura limpia. Una buena estrategia para asegura el reinado”, preparado para el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por un grupo de estrategas neoconservadores estadounidenses, entre ellos Richard Perle. El documento argumentaba que Israel debía abandonar la diplomacia de la paz por territorio y, en su lugar, adoptar una estrategia que debilitara o eliminara a los regímenes hostiles de la región, en particular Irak y Siria. No solo la victoria militar, sino una reestructuración geopolítica del Oriente Medio a favor de Israel.

 

Las décadas siguientes parecieran validar la teoría, al menos desde la perspectiva de Israel. La invasión estadounidense del 2003 a Irak ha sido considerada como una catástrofe para la Casa Blanca. Cientos de miles de personas murieron, billones de dólares se gastaron y Estados Unidos se vio involucrado en una de las ocupaciones mas desestabilizadoras de la historia contemporánea. Y, sin embargo, la guerra derroto al gobierno de Saddam Hussein, desmantelo el Partido Baaz y destruyo el ejercito árabe mas poderoso de la región. Y para Israel las consecuencias estratégicas fueron altamente significativas, porque históricamente Irak era uno de los estados árabes capaces de enfrentarse militarmente. Al dejar de existir como potencia regional cohesionada Bagdad se transformo en un sistema político frágil que solo lucha para mantener la maltrecha cohesión nacional. Y lo mismo con Siria y Libia. En toda la región, los que fueron formidables estados nacionalistas árabes se han fragmentado en sistemas debilitados o divididos internamente. De acuerdo con la perspectiva de Israel, la teoría de la fragmentación regional estaba dando excelentes frutos, como se vio en el hecho de que varios gobiernos del Golfo comenzaron a reconsiderar su prolongada negativa a normalizar relaciones con Israel. El resultado fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en Septiembre del  2020, que formalizaron la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y Barein, seguidos luego por Marruecos y Sudan. Por un momento, pareció  que la transformación  geopolítica vislumbrada décadas antes se había materializado. El problema es que Gaza cambio las reglas del juego.

 

El genocidio no produjo la victoria estratégica que se había anticipado. La guerra expuso profundas vulnerabilidades en la posición política y militar de Israel. La resistencia palestina demostró que una fuerza militar abrumadora no podía traducirse en un control político decisivo. Las consecuencias se extendieron mucho mas allá de Gaza y profundizo las divisiones entre los gobiernos alineados con Washington y aquellos opuestos a las políticas israelíes e impulso una ola sin precedentes de solidaridad global con los palestinos, dejando la imagen internacional de Israel gravemente afectada. El discurso político que presenta a Israel como un enclave democrático rodeado de fuerzas hostiles se ha ido erosionando progresivamente. Con mas frecuencia Israel ahora es descrito por organizaciones internacionales como un estado que practica la opresión sistemática y en el caso de Gaza, la violencia genocida. El costo estratégico es inmenso. El poder militar no solo depende de las armas, sino también de la legitimidad. Y la legitimidad una vez perdida es bien difícil de recuperar.

 

Es en este contexto en donde la guerra contra Irán se erigió como la acción mas trascendente de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reconfigurar el equilibrio de poder en el Oriente Medio. Pero el fracaso podría traer consecuencias bien profundas. Netanyahu, que ahora enfrenta una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional en 2024 por crímenes de guerra en Gaza, ha vinculado su supervivencia política a la promesa de una victoria estratégica. Pero Israel no puede librar una guerra por si solo. Nunca pudo, por lo que siempre ha necesitado involucrar a Estados Unidos.

 

En toda la región, las escenas son trágicamente familiares... ciudades desbastadas, fosas comunes, familias en duelo, hospitales y escuelas bombardeadas, niñas y niños destrozados por las bombas, obligados a sufrir  una vez mas los crímenes en contra de la humanidad, que ya se han hecho tan comunes. Y, sin embargo, tal vez, y solo tal vez, puede que ahora sea diferente. Estados Unidos ya no ostenta el dominio indiscutido del que gozaba antaño. China se ha convertido en un importante actor económico y estratégico. Rusia continua proyectando su influencia y las potencias regionales han ganado confianza para resistir los dictados de Washington y, por ahora, tímidamente, se niegan a participar en esta aventura belica, a pesar de las amenazas de Trump. Y el propio Oriente Medio también esta cambiando.

 

A esa altura de la guerra las cosas no se están dando según las expectativas. Netanyahu buscaba dominar el Oriente Medio. Washington buscaba reafirmar su posición como superpotencia mundial indiscutible. Pero, lo que se suponía que seria una campana rápida se asemeja cada vez mas a un conflicto prolongado. Los mercados energéticos están indicando una dinámica cambiante. En lugar de asegurar un mayor control sobre los flujos energéticos mundiales, la guerra ha interrumpido los suministros y fortalecido la influencia de Irán sobre rutas marítimas claves. 

 

¿Qué podemos esperar de todo esto, entonces? Según las especulaciones de algunos analista y comentadores internacionales una larga insurgencia basada en una guerra asimétrica, podría agotar económica y militarmente a Estados Unidos y a la economía mundial. Este es el modelo de Afganistán, pero diez veces mayor y diez veces mas transcendental. Rusia no tiene ningún interés que Irán caiga, porque Irán es una barrera crucial, un socio energético fundamental y un aliado en la resistencia al dominio de estadounidense, por eso es que se sospecha de que le suministra a Irán sistemas avanzados de defensa aérea, inteligencia y asesores.  El principal interés de China, por otro lado, es la energía y la relación económica a través de la iniciativa de la franja y la Ruta. Si Irán colapsa China pierde un nodo critico en toda su estrategia euroasiática y podría responder con la reducción de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense acelerando el desarrollo de un sistema de comercio de petróleo sin el dólar.

 

Una proyección muchísima mas grave, de la que nadie quiere hablar, es la del peligro de una escalada total que implicaría riesgo nuclear y el fin de la humanidad o, a lo menos, gran parte de ella. Si un gobierno esta a punto de terminar históricamente, no es imposible que tome decisiones desesperadas. Y es aquí donde el calculo se vuelve real... ¿guerra atómica mundial y la aniquilación total de la civilización, tal como la conocemos hoy? Una proyección mucho menos probable, pero no imposible.

 

El mejor escenario, podríamos decir, seria que en cualquier momento Trump se aburra de la aventura y sienta en sus huesos que la guerra se acabo y proclame victoria total como nunca antes había ocurrido en la historia humana.  Porque de lo contrario, si descartamos los escenarios terroríficos, los próximos meses y, tal vez años serán extraordinariamente turbulentos y nos afectaran personalmente a todos. Los precios de la energía seguirán subiendo, el comercio mundial se vera afectado, los mercados financieros serán volátiles y el orden geopolítico que ha existido desde 1945 se vera fundamentalmente desafiado, si es que ya ha terminado, como el Primer Ministro de Canadá ya expreso en Davos.

 

Por el momento, ninguno de los objetivos de Israel o Estados Unidos parecen estar al alcance. Por el contrario. La guerra podría  acelerar las mismas transformaciones que pretendían evitar. Con lo que podemos terminar es con un papel estratégico estadounidense en declive, una postura disuasoria israelí debilitada y un Oriente Medio cada vez mas moldeado por actores regionales, en lugar de potencias externas.

 

¿Puede el régimen iraniano perder esta guerra? Si.

¿Puede el pueblo estado unidense ganar? No. Y nunca pudo. Solo  empeora la situación. 

 

En momentos de crisis mundial, de daño y sufrimiento  infinito que la guerra esta causando, uno podría esperar sabiduría. Con lo que nos encontramos, en cambio, es con liderazgos consumidos por el narcicismo y el espectáculo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, March 15, 2026

La nube


La lluvia

Quería

Llover

Pero

Se

Enredo

En

Una

Nube.

No pudo

Encontrar

La puerta

De

Salida.

Estaba

Cansada

Con

Su mochila

De

Agua

A

La espalda

Que

La mojaba.

Su paraguas

Estaba

Seco. 

 

Nieves.

Sunday, March 8, 2026

El goce racista

 

En la noche del 9 de noviembre  de 1938, las Sturmabteilung nazis asesinaron aproximadamente a un centenar de judíos y dañaron miles de negocios judíos y destruyeron cientos de sinagogas por toda Alemania. La llamada Noche de los Cristales Rotos fue no solo  un frenesí de destrucción racista sino también una forma de diversión nazi a costa de los judíos a quienes golpeaban y mataban. El racismo nazi es lo que permitió la destrucción desenfrenada y el asesinato sin limite, algo que de otro modo habría sido inadmisible en la sociedad alemana en donde la ley y la convención social prohibían este tipo de criminalidad. Y, como no es sorprendente en nuestra historia humana, los judíos o los israelitas o el gobierno de Netanyahu, según se prefiera, hoy día matan a miles de niños, mujeres y ancianos palestinos y destruyen sus hogares, negocios y mezquitas en Gaza y Cisjordania. Y en el país de Trump la cosa no es mejor para inmigrantes negros y morenos que desaparecen en la calles de ciudades y aldeas para luego aparecer en los campos de concentración de Texas para ser expulsados ilegalmente... ¿como esto es posible? La razón, tanto para unos como para otros, es siempre la misma. Ellos representan una amenaza existencial a nuestra forma de vida.

 

¿No será  el caso que esta supuesta “amenaza existencial” encubre algo mas? ¿digamos, la autorización para gozar la violencia que trasciende los limites de la moral, la racionalidad y el auto interés?

 

Muchos historiadores y teóricos han señalado el enlace entre capitalismo y racismo. Ante todo, según dicen, el racismo es una ideología que proclama la jerarquía y diferencia racial que proporciona un soporte y sustento necesario para el funcionamiento del capitalismo al permitir que ciertos miembros de la clase trabajadora se sientan parte de la sociedad capitalista que, aun siendo explotada, ven a otros relegados a un estado de explotación mayor. Una jerarquía racial  que aceita los engranajes de la producción capitalista que ayuda a aliviar la insatisfacción que, de otro modo, pondría en duda el sistema. El racismo es lo que otorga a quienes lo practican un sentido de identidad y pertenencia, un estatus simbólico, que la otra raza no tiene.

 

Pero esta ideología no lo explica todo. La identidad por si sola no basta para asegurar la capitulación. Por eso es necesaria una fantasía racista para complementarla. Según Todd McGowan la fantasía proporciona el goce que la ideología deja de lado. A menos que se tome el inconsciente como punto de partida para comprender el atractivo del racismo, el misterio de su perdurable poder es imposible de descifrar. La fantasía racista al operar primariamente en el inconsciente expande los limites de la ideología y muestra como aquellos que se dicen no ser racistas afirman inconscientemente la fantasía racista.

 

La cosa va mas o menos así. La fantasía produce goce. Su atractivo reside en su capacidad de proporcionar una estructura, en gran medida inconsciente, que organiza el goce de quienes fantasean. Es el escenario a través del cual los individuos se relacionan con el objeto deseado. Un camino cuya dificultad alienta el goce. Esta es la clave... cada fantasía  depende del obstáculo que encuentra en su paso para realizar el deseo. El goce no proviene de la obtención del objeto, sino de la dificultad en obtenerlo. Don Juan es el ejemplo típico. Una vez conquistada la mujer deseada, pierde interés y rápidamente se embarca en una nueva conquista.

 

La fantasía por tanto funciona frustrando el deseo en lugar de satisfacerlo inmediatamente. Y es justamente esto lo que hace que la fantasía racista   funcionar tan bien. Al igual que en toda fantasía, la fantasía racista  tiene tres figuras principales... el sujeto, el objeto deseado y el obstáculo para obtener el objeto. Y esto es lo curioso. Aunque el objeto aparece como lo que el sujeto desea, en realidad carece de importancia en la fantasía. El único significado que tiene el objeto de la fantasía racista  es su inalcalzabilidad. Por supuesto, ningún objeto inalcanzable  por si  mismo apunta necesariamente al racismo. Pero lo que caracteriza a la fantasía racista y la distingue de otras formas de fantasía es que el obstáculo para lograr el objeto, lo que impide el acceso al goce sin restricciones, es el otro racial, responsable de todos los fracasos del sujeto y de la sociedad. Es el obstáculo fantaseado que convierte el objeto del deseo, sea riqueza increíble, dominio territorial, estatus social, mejor trabajo, beneficios estatales o pareja sexual, en algo que el racista no puede tener. Este obstáculo, sin embargo, no es solo un obstáculo sino también el lugar de acceso al disfrute, que seria imposible sin el. El disfrute, aunque parezca paradójico, esta ligado a una ausencia. Pero la cosa es que mientras estamos  inmersos en la fantasía no reconocemos que el obstáculo es la fuente del disfrute. Por el contrario, siempre lo experimentamos como una barrera que impide el acceso al goce perfecto. Lo inconsciente en la fantasía no es el disfrute que proporciona sino la ubicación de este disfrute, la conexión entre obstáculo y disfrute que necesariamente permanece inconsciente.

 

La versión paradigmática de la fantasía racista es, por supuesto, la que ofrece Hitler. En “Mein Kamp” describe a un joven judío seduciendo a una chica alemana a la que profana con su sangre con el intento de destruir los cimientos raciales del pueblo que se ha propuesto subyugar. Hitler imagina al joven judío como alguien que accede al objeto privilegiado, la mujer alemana y, por lo tanto, impide a los hombres alemanes acceder a este objeto. El otro racial puede experimentar lo que Hitler llama “alegría satánica”, prohibida para los alemanes. Al apelar a esta fantasía, Hitler logra atraer a la nación alemana a su proyecto al ofrecer a las personas una razón clara de por que no disfrutan como imaginan y una vía para acceder al disfrute sin limites a través de la otra raza.

 

Existen, por supuesto, múltiples versiones de la fantasía racista  en donde  diferentes identidades pueden figurar en las posiciones de la fantasía... Japonés-Coreano, Alemán-Judío, Hutu-Tutsi, Blanco-Negro, Colono-Indígena, Blanco-Latino y, tan relevante en la política contemporánea de Estados Unidos y Europa, Ciudadano-Inmigrante. Muchos inmigrantes son mujeres pobres con pequeños niños que no representan un obstáculo para el disfrute de nadie. Pero, visto desde mas cerca, la misma lógica se hace evidente. Los indocumentados emigran para escapar de una situación desesperada y están dispuestos a hacer grandes sacrificios para asegurar una vida mejor para ellos y sus hijos. Y precisamente esto es lo que preocupa a quienes se oponen a la inmigración que, según la fantasía racista, coloca al inmigrante en la posición de obstáculo para el disfrute. Según esta historia el inmigrante no solo realiza un trabajo que los ciudadanos no aceptarían, sino que lo hacen sin adherir a las normas que rigen el orden social. Aunque ser indocumentado trae solo desventajas, desde la perspectiva racista significa una clara ventaja al beneficiarse del orden social sin estar sujeto a sus leyes.

 

Si vemos el racismo como la oposición entre dos posiciones distintas, dice McGowan, no importa entonces si el racista es blanco y la victima es negra, si es japonés y la victima es coreana o si es Hutu y la victima Tutsi. La estructura prevalece sobre quienes ocupan los puestos dentro de ella. Por eso se puede ver la dinámica racista en acción cuando, incluso, no hay diferencia racial en absoluto, como en el genocidio de Ruanda. La fantasía prolifera por todas partes e incorpora todo tipo de identidades. Nadie es inmune a ella.

 

El racismo separa la modernidad de las sociedades pre modernas, que ciertamente no están tampoco exentas de discriminación. La diferencia, sin embargo, es que ellas discriminan por creencias y practicas religiosas o entre los miembros de la sociedad y los extranjeros. La modernidad, en cambio, a pesar de que representa una ruptura radical con las identidades tradicionales, discrimina principalmente a través de la invención del racismo. En la Edad Media europea, por ejemplo, la pertenencia a la sociedad se basaba en la identidad cristiana. La fantasía de la salvación era la fantasía dominante y el hereje o no creyente representaba el obstáculo o barrera para el disfrute pleno de la dicha eterna. Quienes no profesaban el cristianismo no pertenecían y se enfrentaban a la discriminación o, incluso, a la muerte. La fantasía cristiana alcanza su cenit brutal con la Inquisición. Con el surgimiento de la modernidad la religión deja de funcionar como el principal aglutinante social, siendo reemplazada por la raza que se transforma en su proyecto central dejando de lado la igualdad universal que era su ideal... ¿Por qué la modernidad traiciona este proyecto?

 

La idea de la igualdad universal desarraiga la base por la cual las personas se distinguen. Deja a los individuos sin las jerarquías tradicionales que sostienen la autoridad y los obliga a reconocer que en el fondo no tienen nada en lo que puedan confiar. La igualdad conduce a una libertad radical que es inherentemente traumatizante porque deja sin ningún apoyo psíquico o estructura que nos diga quienes somos y que debemos hacer. El racismo permite que la jerarquía persista al restaurar un sentido de autoridad en una época en que lo desarraiga. Reintroduce una jerarquía en la que quienes pertenecen saben que pertenecen porque saben que otros no.

 

Deshacerse de la mancha del racismo significa insistir en una humanidad única, una humanidad universal definida  por su alienación de toda identidad particular. El avance de la idea darwiniana de un único ancestro para toda la humanidad socaba la posibilidad de concebir diferentes razas como no relacionadas. La mayoría de los biólogos ya no se interesan por una jerarquía racial. El proyecto del genoma humano revela una homogeneidad fundamental entre lo que antes se consideraban razas diferentes. A pesar de esta evidencia ciertos biólogos insisten en utilizar la raza como base de sus investigaciones. Pero, en todo caso, cualquiera que sea la postura que se adopte, la biología nunca aportara una solución a la enorme inversión social en el racismo. El rechazo a la jerarquía racial justificada biológicamente ha tenido poco efecto en la magnitud del racismo en el mundo. Y esto es porque el racismo esta arraigado en el inconsciente, específicamente en la fantasía que continua adhiriéndose a la importancia de la diferencia racial. La desigualdad económica, por ejemplo, es inherente al sistema capitalista y es aquí donde la fantasía racista ofrece una explicación clara de por que no logro experimentar el disfrute que la mercancía  capitalista promete. La culpa no esta es el capitalismo, sino en el otro racial, quien me quita el trabajo gracias a la discriminación positiva, obtiene ayudas del gobierno gracias a mis impuestos o simplemente me roba a mis posibles parejas sexuales. Una vez que sucumbo a la tentación de la fantasía racista, tengo una figura para culpar.       

 

La lucha contra el racismo no puede basarse únicamente en una apelación al conocimiento. La aceptación publica del racismo ciertamente  ha disminuido. El poder inconsciente de la fantasía racista, sin embargo, no lo ha hecho.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.