La guerra de Irán es una guerra de elección. Pero, de todas maneras, todas las guerras son guerras de elección... ¿cierto? Seria mejor preguntar... ¿fue una buena elección? Mas aun... ¿fue una elección necesaria? La verdad es que esta es una guerra de agresión en donde la diplomacia se utilizo como excusa para bombardear y destruir la nación. Una guerra de agresión criminal. Pero ¿quién queda para hacer cumplir las leyes internacionales? Si se puede cometer un genocidio con impunidad como lo ha hecho el socio de guerra de Estados Unidos, cualquier atrocidad es concebible.
Al parecer la idea fue que la guerra seria rápida, que la campaña lograría una victoria estratégica decisiva, capaz de reordenar el Oriente Medio y restaurar la maltrecha capacidad de disuasión de Israel.
Como nota el periodista y autor Ramzy Baraud, durante décadas, círculos influyentes dentro del aparato estratégico de Israel no han buscado necesariamente la estabilidad sino mas bien la destrucción creativa. La lógica es bien simple... desmantelar potencias regionales hostiles y permitir que escenarios políticos fragmentados las reemplacen.
Esta idea no surgió de la noche a la mañana sino que se articulo con mayor claridad en un documento político de 1996 titulado “Una ruptura limpia. Una buena estrategia para asegura el reinado”, preparado para el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por un grupo de estrategas neoconservadores estadounidenses, entre ellos Richard Perle. El documento argumentaba que Israel debía abandonar la diplomacia de la paz por territorio y, en su lugar, adoptar una estrategia que debilitara o eliminara a los regímenes hostiles de la región, en particular Irak y Siria. No solo la victoria militar, sino una reestructuración geopolítica del Oriente Medio a favor de Israel.
Las décadas siguientes parecieran validar la teoría, al menos desde la perspectiva de Israel. La invasión estadounidense del 2003 a Irak ha sido considerada como una catástrofe para la Casa Blanca. Cientos de miles de personas murieron, billones de dólares se gastaron y Estados Unidos se vio involucrado en una de las ocupaciones mas desestabilizadoras de la historia contemporánea. Y, sin embargo, la guerra derroto al gobierno de Saddam Hussein, desmantelo el Partido Baaz y destruyo el ejercito árabe mas poderoso de la región. Y para Israel las consecuencias estratégicas fueron altamente significativas, porque históricamente Irak era uno de los estados árabes capaces de enfrentarse militarmente. Al dejar de existir como potencia regional cohesionada Bagdad se transformo en un sistema político frágil que solo lucha para mantener la maltrecha cohesión nacional. Y lo mismo con Siria y Libia. En toda la región, los que fueron formidables estados nacionalistas árabes se han fragmentado en sistemas debilitados o divididos internamente. De acuerdo con la perspectiva de Israel, la teoría de la fragmentación regional estaba dando excelentes frutos, como se vio en el hecho de que varios gobiernos del Golfo comenzaron a reconsiderar su prolongada negativa a normalizar relaciones con Israel. El resultado fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en Septiembre del 2020, que formalizaron la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y Barein, seguidos luego por Marruecos y Sudan. Por un momento, pareció que la transformación geopolítica vislumbrada décadas antes se había materializado. El problema es que Gaza cambio las reglas del juego.
El genocidio no produjo la victoria estratégica que se había anticipado. La guerra expuso profundas vulnerabilidades en la posición política y militar de Israel. La resistencia palestina demostró que una fuerza militar abrumadora no podía traducirse en un control político decisivo. Las consecuencias se extendieron mucho mas allá de Gaza y profundizo las divisiones entre los gobiernos alineados con Washington y aquellos opuestos a las políticas israelíes e impulso una ola sin precedentes de solidaridad global con los palestinos, dejando la imagen internacional de Israel gravemente afectada. El discurso político que presenta a Israel como un enclave democrático rodeado de fuerzas hostiles se ha ido erosionando progresivamente. Con mas frecuencia Israel ahora es descrito por organizaciones internacionales como un estado que practica la opresión sistemática y en el caso de Gaza, la violencia genocida. El costo estratégico es inmenso. El poder militar no solo depende de las armas, sino también de la legitimidad. Y la legitimidad una vez perdida es bien difícil de recuperar.
Es en este contexto en donde la guerra contra Irán se erigió como la acción mas trascendente de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reconfigurar el equilibrio de poder en el Oriente Medio. Pero el fracaso podría traer consecuencias bien profundas. Netanyahu, que ahora enfrenta una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional en 2024 por crímenes de guerra en Gaza, ha vinculado su supervivencia política a la promesa de una victoria estratégica. Pero Israel no puede librar una guerra por si solo. Nunca pudo, por lo que siempre ha necesitado involucrar a Estados Unidos.
En toda la región, las escenas son trágicamente familiares... ciudades desbastadas, fosas comunes, familias en duelo, hospitales y escuelas bombardeadas, niñas y niños destrozados por las bombas, obligados a sufrir una vez mas los crímenes en contra de la humanidad, que ya se han hecho tan comunes. Y, sin embargo, tal vez, y solo tal vez, puede que ahora sea diferente. Estados Unidos ya no ostenta el dominio indiscutido del que gozaba antaño. China se ha convertido en un importante actor económico y estratégico. Rusia continua proyectando su influencia y las potencias regionales han ganado confianza para resistir los dictados de Washington y, por ahora, tímidamente, se niegan a participar en esta aventura belica, a pesar de las amenazas de Trump. Y el propio Oriente Medio también esta cambiando.
A esa altura de la guerra las cosas no se están dando según las expectativas. Netanyahu buscaba dominar el Oriente Medio. Washington buscaba reafirmar su posición como superpotencia mundial indiscutible. Pero, lo que se suponía que seria una campana rápida se asemeja cada vez mas a un conflicto prolongado. Los mercados energéticos están indicando una dinámica cambiante. En lugar de asegurar un mayor control sobre los flujos energéticos mundiales, la guerra ha interrumpido los suministros y fortalecido la influencia de Irán sobre rutas marítimas claves.
¿Qué podemos esperar de todo esto, entonces? Según las especulaciones de algunos analista y comentadores internacionales una larga insurgencia basada en una guerra asimétrica, podría agotar económica y militarmente a Estados Unidos y a la economía mundial. Este es el modelo de Afganistán, pero diez veces mayor y diez veces mas transcendental. Rusia no tiene ningún interés que Irán caiga, porque Irán es una barrera crucial, un socio energético fundamental y un aliado en la resistencia al dominio de estadounidense, por eso es que se sospecha de que le suministra a Irán sistemas avanzados de defensa aérea, inteligencia y asesores. El principal interés de China, por otro lado, es la energía y la relación económica a través de la iniciativa de la franja y la Ruta. Si Irán colapsa China pierde un nodo critico en toda su estrategia euroasiática y podría responder con la reducción de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense acelerando el desarrollo de un sistema de comercio de petróleo sin el dólar.
Una proyección muchísima mas grave, de la que nadie quiere hablar, es la del peligro de una escalada total que implicaría riesgo nuclear y el fin de la humanidad o, a lo menos, gran parte de ella. Si un gobierno esta a punto de terminar históricamente, no es imposible que tome decisiones desesperadas. Y es aquí donde el calculo se vuelve real... ¿guerra atómica mundial y la aniquilación total de la civilización, tal como la conocemos hoy? Una proyección mucho menos probable, pero no imposible.
El mejor escenario, podríamos decir, seria que en cualquier momento Trump se aburra de la aventura y sienta en sus huesos que la guerra se acabo y proclame victoria total como nunca antes había ocurrido en la historia humana. Porque de lo contrario, si descartamos los escenarios terroríficos, los próximos meses y, tal vez años serán extraordinariamente turbulentos y nos afectaran personalmente a todos. Los precios de la energía seguirán subiendo, el comercio mundial se vera afectado, los mercados financieros serán volátiles y el orden geopolítico que ha existido desde 1945 se vera fundamentalmente desafiado, si es que ya ha terminado, como el Primer Ministro de Canadá ya expreso en Davos.
Por el momento, ninguno de los objetivos de Israel o Estados Unidos parecen estar al alcance. Por el contrario. La guerra podría acelerar las mismas transformaciones que pretendían evitar. Con lo que podemos terminar es con un papel estratégico estadounidense en declive, una postura disuasoria israelí debilitada y un Oriente Medio cada vez mas moldeado por actores regionales, en lugar de potencias externas.
¿Puede el régimen iraniano perder esta guerra? Si.
¿Puede el pueblo estado unidense ganar? No. Y nunca pudo. Solo empeora la situación.
En momentos de crisis mundial, de daño y sufrimiento infinito que la guerra esta causando, uno podría esperar sabiduría. Con lo que nos encontramos, en cambio, es con liderazgos consumidos por el narcicismo y el espectáculo.
Nieves y Miro Fuenzalida.
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