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Sunday, October 4, 2026

La amenaza Apocalíptica

 

Porque somos los primeros humanos encargados del apocalipsis, somos también los primeros en vivir bajo la amenaza constante de que estamos llegando al fin del proyecto humano. La gigantesca concentración del poder militar, económico y tecnológico sin precedente en la historia humana hace que la trayectoria hacia el Armagedón parezca imparable. Por supuesto no es la primera vez que hemos imaginado nuestro fin colectivo, por lo que hemos aprendido a desconfiar de las predicciones que nos anuncian el acabo del mundo. Pero no todos. La ultraderecha global y los cristianos ultra nacionalistas creen firmemente en el fin del tiempo y un creciente grupo de ellos se prepara para su llegada.

 

Según Naomi Klein, co autora con Astra Taylor del libro “End Times Fascism”, sostienen que este nuevo fascismo del fin de los tiempos es una alianza de grupos diversos, cada uno de los cuales avanza a toda velocidad hacia un escenario apocalíptico distinto, aunque relacionado. Los componentes mas importantes de esta frágil y contradictoria alianza son los que creen en el apocalipsis por motivos religiosos, los que creen por motivos tecnológicos y los que creen por motivos etnonacionalistas.

 

La teología del fin del tiempo tiene un largo tiempo. Pero, en términos contemporáneos, quizás la quemazón de la mezquita sagrada de al-Aqsa, llevada a cabo por el australiano Denis Michael Rohan el 21 de Agosto de 1969 sea la señal mas obvia de su vigencia. Los fascistas contemporáneos pueden ser monoteístas, ateos o paganos, pero su “Complejo de Armagedón” refleja fielmente el relato bíblico del Nuevo Testamento en el libro del Apocalipsis que narra como el tiempo mismo culminara en la batalla de las batallas, en la que las fuerzas del bien derrotaran a las del mal y el Señor dictara sus juicios definitivos. Jesús regresara a la Tierra para vencer a sus enemigos y todo tipo de sucesos desconcertantes y aterradores tendrán lugar. La eliminación a al-Aqsa forma parte del extremismo religioso que allana el camino hacia la construcción del Tercer Templo, cuyo surgimiento, según la profecía, es necesario para la aparición de Jesús. La victoria total de Israel anuncia la inminente llegada del Mesías. Y este es el ultimo fin de la guerra religiosa. Por eso un influyente bloque cristiano evangélico a través de las Américas basa su apoyo incondicional a Israel en la esperanza de preparar al mundo para el fin del tiempo. Sin embargo, estos “sionistas cristianos” se enfrentan a una creciente oposición por parte de nacionalistas cristianos que considera a Estados Unidos como la Tierra Prometida y los cristianos como el pueblo elegido con el deber de instaurar el reino de Dios.

 

La cosa es que nada de esto puede ignorarse como una inofensiva fantasía, dado que una extraordinaria cantidad de violencia militar ya ha seguido el guion de estas narrativas religiosas. La ofensiva de Israel contra Gaza posterior al 7 de Octubre, por ejemplo, se ha guiado por la invocación de uno de los relatos mas genocidas de la Biblia, como es la historia de Amalec donde Dios ordena la aniquilación total de la tribu. Dios ordena en Deuteronomio “Borraras el nombre de Amalec de debajo del cielo. No lo olvides”. Netanyahu instruyo a los soldados para que encarnaran ese mismo espíritu en Gaza. El grito de la guerra de la venganza que ya ha asesinado a 74 000 palestinos según el Ministerio de Salud de Gaza. Cualquiera sean las creencias religiosas, o su ausencia, de Netanyahu o Trump, ellos comprenden que la religión mesiánica posee un enorme poder y están decididos a canalizarla para sus propios fines políticos.

 

En Marzo del 2015 Sam Altman expreso que es muy probable que la IA nos conduzca al fin del mundo, pero mientras tanto habrán grandes empresas. El hecho de que un pequeño grupo de personas extremadamente ricas que utilizan su riqueza para separarse del resto de la humanidad, “mejorando’ sus cuerpos y protegiéndose de los pobres a quienes han dejado atrás, ya no es, en la practica, el libreto de una distopia cinematográfica, sino el guion de la oligarquía digital.

 

Por supuesto que han habido muchas revoluciones en la historia del capitalismo... el ferrocarril, la maquina de vapor y el internet, por ejemplo. Pero lo que distingue la actual revolución de la IA, relacionado con el fascismo del fin de los tiempos, es que en su carrera competitiva por alcanzar el paraíso tecnológico cuasi religioso avanzan hacia la destrucción de la habitabilidad de nuestro mundo físico y de nuestra economía real al requerir enormes cantidades de agua y combustibles fósiles para sus centros de datos, junto con el potencial sin precedente para consolidar el poder mediante la sustitución de la mano de obra, el criterio y la supervisión humana por grandes modelos de lenguaje. Muchos ingenieros que trabajan en laboratorios de IA, al observar las primeras señales de que los chatbots podían comportarse de manera errática, e incluso engañosa, parecen creer sinceramente que están invocando algo y no están en absoluto seguros de que sea algo bueno. En el 2023 el cofundador y ex director de OpenAI, Ilya Sutskever, prometió a sus empleados que la empresa construiría un Bunker antes del lanzamiento de la IGA para ofrecer protección adicional a los ingenieros claves. Como un empleado le expreso a la periodista Karen Hao “crear una IGA provocara un Arrebatamiento. Literalmente un Arrebatamiento. Se producirá una especie de cataclismo, ya sea de condenación o de salvación”. Las similitudes entre las personas mas ricas del mundo y los sectores religiosos mas extremistas parecieran rozar el plagio. Y resultan igual de peligrosas. Según el nuevo evangelio fascista del fin de los tiempos de la derecha tecnológica la mayoría de nosotros somos prescindibles y estamos destinados a ser reemplazados por una nueva clase de “seres superiores”, que se fusionan con la maquina. Pero, en todo caso, si las cosas no van bien, los “súper genios” de Silicon Valley tienen planes de contingencia. Gracias a Peter Thiel sabemos ahora de la existencia de Bunkers para multimillonarios en caso de que el mundo arda en llamas. Y no solamente en la Tierra. Musk apuesta por la colonización espacial en Marte o la Luna. Por muy fantásticos que sean, los planes de huida de las elites revelan a todas luces que estos hombres sienten pavor ante el mundo que están creando. Y con razón.

 

En el 2025 la Casa Blanca anuncio que... “Sin fronteras, ley, orden y religión, no se tiene un país”. La verdad es que olvídate de la ley, el orden y el resto. El verdadero mensaje era el cierre de la frontera. Impedir la  oleada de inmigrantes que buscaban refugio en el país.

 

Según la teoría conspirativa del “Gran Reemplazo”, que Elon Musk, Stephen Miller y otros impulsan, los globalistas liberales y progresistas importan inmigrantes deliberadamente para socavar la democracia, acabar con la raza blanca y destruir la civilización occidental. Trump, durante su campaña electoral, rápidamente comprendió que los periodos de crisis reales hacen a la gente vulnerable a los falsos profetas que ofrecen un chivo expiatorio como solución. Y que mejor que los inmigrantes. La idea surgió en el 2011 cuando el escritor Renaud Camus publico un panfleto titulado “Le Grand Remplacement”. La obra se enfoca en la inquietante sensación de estar viviendo un cambio indeseado  frente al temor de que la raza blanca esta perdiendo terreno. Su inspiración proviene de la novela francesa de 1973 “El campo de los santos”, del autor Jean Raspail. que identifica a los inmigrantes con las hordas satánicas hiperfertiles que comen excrementos y que al fin de los tiempos serán destruidas por el “triunfo de los santos”. Entusiastamente los fascistas del fin de los tiempos adoptan la creencia de que la inmigración conducirá a un “Holocausto poscolonial” o que, según Musk, el genocidio blanco es real o, como dice Miller, la inmigración supone “la destrucción del Occidente”. Ante esta amenaza existencial no cabe restricción alguna y cualquier crueldad se hace necesaria. Hoy en día, quienes utilizan la odiosa fabula de Camus como permiso para matar ya no son figuras marginales ni lobos solitarios. Desde el triunfo de Trump los agentes de la Patrulla Fronteriza han estado dispuestos a ejercer brutalidad y disparar contra inmigrante y manifestantes y hacer caso omiso de cualquier protección constitucional. Convencidos de que esta es una crisis existencial a la que se enfrenta la sociedad, la derecha global impulsa de manera coordinada la siguiente fase de la supuesta solución... deportaciones masivas y revocación de la ciudadanía, que hoy se denomina “remigración”. Como Klein y Taylor dicen, esta forma brutal de supervivencia nacionalista es el único destino al que puede conducirnos la ideología del “Gran Reemplazo”, en un mundo que se calienta rápidamente y los soportes vitales del planeta colapsando. En lugar de regulación de las emisiones de carbono, lo que se ofrece es el rechazo a los refugiados del clima.

 

¿Es esto la vuelta del fascismo, como muchos críticos proclaman? Si algo hemos aprendido es el hecho de que la historia no se repite de la misma manera. La fusión del Estado y las corporaciones impulso el fascismo del siglo pasado, en donde el Estado era claramente el socio dominante que servía los intereses empresariales, pero dictaba las condiciones. Hoy el Estado es apenas una sombra de lo que fue. Las empresas centradas en la IA actualmente impulsan el mercado bursátil, con la colaboración del gobierno, permitiendo que los sectores mas agresivos de Silicon Valley establezcan, en gran medida, sus propias condiciones y marquen sus propias reglas que producen beneficios económicos inigualables. Al final, con lo que nos quedamos, es con la completa fusión de las corporaciones y el gobierno, donde el gobierno pasa a depender completamente de la IA controlada solo por un pequeño grupo de oligarcas. 

 

Uno podría preguntar, con cierta ingenuidad... ¿como todo esto es posible? La verdad, habría que agregar, es que, repitiendo a Klein y Taylor, los fascistas del fin de los tiempos no triunfan únicamente mediante la crueldad y la astucia. Prosperan ante la ausencia de claridad moral, imaginación y valentía de los lideres centristas.

 

Pero, a pesar de ello, frente a este fascismo sadista de supervivencia brutal, empezamos ya a ver, por aquí y por allá, al igual que en otros tiempos, demostraciones y resistencias. A la hora de conservar el poder y gobernar en medio de crisis reales, el culto al individuo puede convertirse en un grave lastre. La creencia a reducir la libertad a la elección individual entre opciones disponibles en el mercado empieza nuevamente a contraponerse con la idea de que la libertad consiste en la capacidad real para controlar las condiciones de vida, trabajo y conocimiento y participar en la construcción de las condiciones que moldean la vida del trabajo y de la sociedad. Es esta contradictoria dinámica, esta constante resistencia a la concentración del poder, la que eventualmente siempre vamos a encontrar en toda sociedad, sin lograr una resolución definitiva. Es la contradicción, como dice el filosofo, lo que siempre encontramos en el centro del ser.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 23, 2026

El goce inconsciente


En el estúpido chiste que Freud cuenta encontramos a un hombre que se golpea continuamente la cabeza con un martillo. Su amigo le pregunta ¿Por que haces algo tan ridículo? El hombre responde... Porque me siento tan bien cuando paro.

 

¿No es esta sensación placentera que experimenta cuando para de golpearse el placer del principio del placer? El placer, dice Freud, esta de alguna manera relacionado con la disminución, reducción o extinción de la cantidad de estímulos presentes en el aparato mental y, de igual modo, el displacer esta relacionado con su aumento. Donde con mayor claridad podemos ver esto es en el acto sexual que tiende a culminar en el orgasmo. Liberarse de la excitación implica experimentar una intensa, aunque breve, oleada de placer. La experiencia termina rápidamente cuando ya no queda excitación para disminuir. La naturaleza efímera del placer es evidente no solo en el acto sexual sino también cuando tomamos un helado o comemos un pastel, que desaparecen en cuestión de minutos. Y lo mismo ocurre  con la excitación de la compra de la nueva  mercancía deseada. En poco tiempo la excitación eventualmente acaba desvaneciéndose. Es nuestra estructura psíquica la que, por ultimo, impide experimentar un placer sostenido. La utopía de una vida de placer constante es imposible. Lo mejor que podemos esperar es la repetición rápida de la experiencia placentera en la que descargamos el exceso de excitación.

 

Esta postura inicial de Freud sobre el funcionamiento de la psiquis, sin embargo, le impide explicar porque las personas despliegan conductas que les causan un sufrimiento increíble, como la repetición de actos dolorosas, la persecución de hábitos destructivos o la satisfacción en el sufrimiento. Y  es por eso que en “Mas allá del Principio del Placer” Freud  empieza a distinguir entre placer y disfrute. El placer se produce dentro de las coordinadas del ámbito social. Pero el disfrute, en cambio, surge cuando el campo social se vuelve contradictorio y deja de explicar lo que la gente experimenta. La naturaleza contradictoria del disfrute lo hace doloroso soportar y sin embargo su carácter excesivo en relación con el ámbito del significado, digamos, su sin sentido, le permite desempeñar un papel determinante en la estructuración de nuestra existencia. Es esta posición estructural la que  permite orientar nuestras acciones de una manera que el placer no puede. A diferencia del placer, el disfrute adquiere gratificación en aquello que frustra el deseo consciente, en aquello que causa problema. Mientras el placer surge de superar las contradicciones, el disfrute se produce dentro de ellas. Es una experiencia que va mas allá del placer. Una satisfacción excesiva e intensa que puede volverse dolorosa o incluso destructiva. En lugar de mantener el equilibrio, desafía los limites de lo que la mente y el cuerpo pueden tolerar cómodamente. Curiosamente disfrutamos de aquello que altera nuestro equilibrio psíquico. Una persona puede ser infeliz y aun así estar apegada  a un patrón que le proporciona una forma inconsciente de disfrute, aunque conscientemente desean que cese. ¿No es este el caso, por ejemplo, de la persona que regresa repetidamente a la pareja que la humilla o maltrata? ¿No es extraño  que sigua volviendo?  Aunque desea sinceramente que la relación termine, regresa de todos modos. Esta repetición puede expresar goce. La relación proporciona una experiencia emocional intensa que va mas allá del placer ordinario. Es dolorosa, pero también irresistible. Es por eso que el disfrute implica necesariamente sufrimiento y cualquier intento de eliminarlo encuentra resistencia. A diferencia del placer Lacan identifica este tipo de experiencia con el termino jouissance, que identifica con un goce que se produce a través de alguna forma de autodestrucción, por lo que es absolutamente irreducible a la intención consciente. Esta forma autodestructiva de disfrute exige que el impulso de disfrutar sea inconsciente. Uno puede esforzarse conscientemente por el placer, pero uno no puede esforzarse conscientemente por disfrutar, ya que el disfrute implica sufrimiento y daño psicológico.

 

Y es esta paradójica forma de jouissance, o disfrute, como nota Todd McGowan, la que tiene una radicalidad de la que el placer carece. Este siempre ocurre en lugares que el orden social autoriza, como la compra de mercancías caras o la experiencia de la aprobación social o, incluso, la actividad ilegal que viola la ley, pero que se mantienen dentro de lo que la sociedad capitalista considera aceptable porque participan de la demanda de acumulación ilimitada. No hay nada intrínsecamente radical ni emancipador en la transgresión. Si bien se suele considerar a los transgresores de la historia como ejemplos de radicalidad, la transgresión suele tener una función conservadora que deja intacta la contradicción del orden establecido. El criminal palidece en comparación con el actor político radical. Jouissance, en cambio, surge en un punto donde el reconocimiento ya no es valido. Las autoridades sociales, sean cuales sean, jamás sancionan este tipo de disfrute, lo que le da una dimensión emancipadora al coincidir con la libertad del sujeto frente a la imposición de las determinaciones externas.  

 

No es raro, entonces, que el disfrute, o afectos como lo denominan Deleuze y Guattari,  desempeñe un importante papel en la política y la lucha se centra en la forma que adoptara. Tanto la derecha como la izquierda comparten la misma fuente de disfrute o afectos. Sin embargo, lo movilizan de manera radicalmente diferente. La derecha esta necesariamente ligada a un grupo en particular y ofrece un disfrute solo a este grupo. El disfrute de la izquierda, en cambio, es universalista. Nunca se limita a lo particular. La derecha requiere un enemigo que sirva de frontera a quienes pertenecen de quienes no. Crea el disfrute  particular de los que pertenecen, al protegerlo de los que no, a diferencia de la izquierda que abraza abiertamente la causa de la no pertenencia y privilegia este disfrute. El uso que la derecha hace del disfrute radical de la no pertenencia exige que sus seguidores se cieguen ante el origen de dicho disfrute. Ningún seguidor del dictador Augusto Pinochet de Chile del siglo pasado puede reconocer su propio disfrute en el del enemigo socialista, al igual que hoy el movimiento MAGA de Trump no puede admitir que su disfrute es el del inmigrante. Ser derechista, dice McGowan, significa que uno tiene estructuralmente prohibido ver la fuente real de su disfrute, que no es el caso de la izquierda.

 

Cuando un proyecto emancipatorio o un régimen se enfrenta a un enemigo, en lugar de un adversario, se convierte en un proyecto conservador, independientemente de su intención original. La Unión Soviética comenzó con un proyecto emancipador. Pero luego Stalin cemento su control a través del mecanismo conservador tradicional de crear no solo un enemigo externo contra el que luchar, sino también uno interno. Convertir a un adversario en un enemigo traiciona la intención universalista  de cualquier proyecto emancipatorio.

 

Según McGowan, el contraste entre una genuina política emancipatoria y una política inclusivista es instructiva. La posición inclusivista, que los progresistas impulsan, trata de integrar la no pertenencia en algo que puede pertenecer con el fin de eliminar la no pertenencia. Busca, con toda buena intención, un todo sin ausencia. El problema es que ningún orden social puede alcanzar la plena pertenencia y eliminar por completo la no pertenencia, por lo que la política de inclusión total necesariamente fracasa. Por muchas identidades que la inclusión logre reconocer inevitablemente surgirán otras que requieren acciones adicionales de inclusión. La no pertenencia necesariamente existe dentro de toda estructura social. Considera solo esto... la política de inclusión  puede estar completamente abierta a cualquier postura posible, excepto a aquella que rechaza su presupuesto original de apertura. Ningún cambio social jamás erradicara la falta de pertenencia como característica formal de la sociedad.  En su funcionamiento, la mayoría de las sociedades simplemente reprimen la idea de la no pertenencia. Pero cuando una sociedad reconoce que la falta de pertenencia es universal, experimenta un cambio radical que hace difícil al orden dominante seguir operando como de costumbre al resaltar el limite interno que el orden no puede superar.

 

Y  esta es la condición paradoja del capitalismo. Aunque se topa con contradicciones insuperables, constantemente intenta superarlas en lugar de reconciliarse con ellas. La barrera con que se topa continuamente es su propia incapacidad para alcanzar la universalidad. Y este fracaso es precisamente lo que le permita triunfar. El intento de alcanzar la universalidad y la incapacidad para lograrla mantienen el sistema en funcionamiento. Se esfuerza por transitar de lo particular a lo universal pero nunca lo consigue del todo. El sujeto capitalista, como nota McGowan, intenta  acumular para alcanzar un punto en el que ya no sufra la contradicción que lo impulsa a acumular, pero ese momento nunca llaga. Busaca mas, pero nunca alcanza lo suficiente. La abundancia es la fantasía capitalista, pero el capitalismo solo funciona si deja esta fantasía sin realizar. Un mundo de abundancia sería incompatible con el impulso capitalista de acumulación. En el capitalismo, no solo algunos deben permanecer empobrecidos para que otros prosperen, sino que incluso aquellos que alcanzan la cima de la prosperidad no pueden aceptar haber alcanzado la plenitud. Mira solo a Jeff Besso o Elon Musk.  

 

El fracaso del capitalismo para alcanzar la universalidad se manifiesta con mayor claridad en la contradicción con la que se encuentra cada productor capitalista. Para  maximizar la plusvalía el capitalista busca pagarle lo menos posible al trabajador. Es solo así como puede aumentar el margen entre el precio de venta de una mercancía y su costo de producción. Minimizar el salario es crucial para obtener beneficios del trabajo. La cosa es que un trabajador que gana un salario apenas suficiente para subsistir durante otro día no tendrá dinero suficiente para comprar la cantidad necesaria de mercancías que permitan la expansión de la empresa capitalista. El problema radica en que la plusvalía se desarrolla en una doble temporalidad. Inicialmente, el trabajador produce plusvalía para el capitalista mediante el exceso de trabajo que el capitalista no compensa. Pero, en un segundo momento, debe obtener la plusvalía mediante la venta de la mercancía. Para expandir constantemente el negocio, no solo debe vender para reproducir el aparato productivo, sino que debe vender cada vez mas. El salario mínimo, sin embargo, deja al trabajador sin dinero para comprar los bienes excedentes y contribuir  a la obtención de la plusvalía. El interés particular del capitalista entra en contradicción con el impulso universal de obtener plusvalía. Y no hay solución posible.

 

Un sistema universalista que sucediera al capitalismo no garantizaría el fin de todas las crisis. Reconciliarse con la contradicción no es el camino a la utopía. Pero ofrecería una alternativa al particularismo capitalista.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 9, 2026

El desprestigio del conocimiento


Uno delos ejemplos mas recientes de la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones es el origen del SARS-CoV-2. Hasta este momento existen tres versiones contrapuestas de su origen... la teoría de la transmisión zoo notica natural que indica que el virus se origino en animales, llego al mercado de Wuhan y de ahí se trasmitió a la población humana. La segunda es la hipótesis de la fuga del laboratorio por accidente o negligencia. Y la tercera, que es la mas inquietante, es que los científicos del instituto, conscientes de la fuga y aterrorizados por las consecuencias diplomáticas e institucionales, llevaron deliberadamente una muestra del virus al mercado de animales vivos y lo liberaron allí para que el mercado pareciera ser el punto de origen y así desviar la atención del laboratorio.

 

Hasta este momento, ninguna de estas versiones ha logrado verificarse, no porque sea imposible, sino porque no se han llevado a cabo las investigaciones que permitirían hacerlo. No sabemos que ocurrió y quizás nunca lo sepamos, porque la cuestión se politizo desde el principio. Primero, por el gobierno chino, que tenia razones institucionales obvias para preferir la versión del mercado de animales vivos y luego, por la política estado unidense, en la que la hipótesis de la fuga del laboratorio se convirtió, absurdamente, en una postura partidista en lugar de científica.   

 

La caja negra  muestra otra versión del mismo problema. Esta es la tendencia en la ciencia y la cultura tecnológica contemporánea a aceptar, cada vez mas, las cosas simplemente porque funcionan. Sistemas de IA que producen predicciones precisas mediante procesos inexplicables. Procesos de descubrimiento de fármacos que identifican compuestos eficaces mediante el reconocimiento de patrones, proceso que, estrictamente hablando, resultan opacos para los investigadores que lo utilizan. En buenas cuentas, modelos que funcionan sin ser comprendidos.

 

Si recordamos, el método científico, en su forma clásica, exige, no solo que una afirmación sea observable y reproducible, sino también que su mecanismo sea explicable. No solo que el fármaco funcione, sino por que funciona. Esta es la única manera de saber cuando no funcionara. Que efectos tendrá al combinarse con otros compuestos y que sucede en poblaciones no representadas en los datos de entrenamiento. La caja negra produce resultados sin explicaciones y la presión comercial, competitiva e institucional para aceptar resultados sin explicaciones es ahora cada vez mas fuerte.  Todo lo cual indica, sin lugar a dudas, que la autoridad de la que depende la ciencia se ha empezado a agotar silenciosamente.

 

El centro que controlaba las relaciones sociales desde una posición trascendente  ha cedido el paso a una variedad de expertos que forman parte de una red de relaciones de poder desde las que ejercen su influencia. Con la desaparición de la monarquía el fundamento de la autoridad en la sociedad experimenta una revolución en la que el poder se multiplica por todo el tejido social. El conocimiento, no el dominio, se convierte en la fuente de autoridad social. Al comienzo de la ilustración el conocimiento fue una fuerza liberadora y revolucionaria. Por eso no es extraño que  Galileo, al insistir en buscar el verdadero conocimiento científico sin considerar a donde conduciría, representara un peligro para la autoridad de la Iglesia Católica cuyo poder se basaba en el significante maestro, Dios, mas que en el poder del conocimiento. Inequívocamente la posición de Galileo implicaba la lucha en contra del poder de la autoridad, no tan diferente a la de Marx que igualmente desafía al capitalismo con conocimiento y pericia, al empujar la practica mas allá de la mera teoría. Compuso los tres volúmenes del Capital y todo el resto de sus escritos con el fin de proporcionar conocimiento sobre las relaciones capitalistas de producción para que los militantes de izquierda pudieran utilizarlo con el fin de cambiar dichas relaciones.

 

El problema es que como trasmisor de conocimiento sobre el funcionamiento del sistema capitalista Marx no puede eludir su condición de experto. Y, como nota Todd McGowan, dentro del proceso que el capitalismo desata, el experto funciona como una figura de autoridad. En este sentido, la transmutación del marxismo en estalinismo, aunque no inevitable, se deriva del cambio en la estructura de autoridad que desencadena el capitalismo. Stalin es la máxima expresión del conocimiento experto, controlando férreamente la sociedad soviética para desarrollar su productividad a su máximo potencial. Stalin es la contrapartida burocrática de Henry Ford, el experto del libre mercado. Cuando esto ocurre el conocimiento se convierte en fuente de autoridad social y pierde su conexión con el proyecto ilustrado de emancipación universal. Cuando los expertos se convierten en la voz de la autoridad y cómplices del poder el panorama político experimenta un cambio drástico cuyas ramificaciones se han hecho cada vez mas visibles en las ultimas décadas. Según McGowan, las transformaciones de la autoridad que comenzó en el siglo XVII se concreto en el siglo XX y el resultado ha sido una inversión de las alineaciones políticas tradicionales. Esta revolución social despoja a las fuerzas del cambio social de su arma predilecta, el conocimiento, porque el uso de esta arma tiene el efecto de volver a los ciudadanos en contra del cambio social, a pesar de que dicho cambio sea claramente en su propio beneficio. El conocimiento experto. inaccesible para el sujeto común, tiene todas las respuestas y, por lo tanto, se ha convertido en el centro indiscutible de autoridad. El conocimiento sobre el daño que causan ciertas actividades, por ejemplo, comienza a desempeñar ahora el papel que antes tenia la prohibición.

 

En la era actual, la figura del amo ya no se presenta como una autoridad onerosa que debe ser descartada, sino como un consejero que ofrece alternativas. Las prohibiciones en forma de reglas o sugerencias de comportamiento, provienen del experto. Los médicos abogan por normas en contra de fumar en lugares públicos o por controles mas estrictos sobre el consumo de alimentos poco saludables. Los científicos ambientales proponen regulaciones que restringen como y que vehículos se conduzcan y la autoridades parentales intentan limitar la forma en que los padres pueden criar a sus hijos. En cada caso la autoridad reside en el conocimiento, no en la ley. La carga libidinal en la política, que implicaba desafiar al amo, ahora esa carga libidinal gratificante  se ha asociado con el desafío a los expertos que representan a los nuevos agentes de autoridad.

 

El populismo conservador contemporáneo, la política mas extrema de la derecha, debe su auge al desarrollo de una nueva forma de autoridad, cuya figura paradigmática es Donald Trump. El atractivo de este tipo de lideres reside en la relación que ellos establecen con el disfrute. Mientras que el amo tradicional lo prohíbe el líder populista libera a los súbditos de las restricciones impuestas por los expertos. Si bien es cierto que los populistas conservadores abogan por un retoro a los valores tradicionales como la restricción del aborto, la oposición a la homosexualidad o el confinamiento de la mujer a su rol meramente maternal, entre otros, la retorica populista sitúa estos valores tradicionales en la posición de liberación. El líder populista propone liberar a los ciudadanos de la autoridad restrictiva de los expertos para que puedan abrazar libremente los valores tradicionales que la nueva autoridad  amenaza con aniquilar. Y estos valores paradójicamente, a pesar de su función como fuentes de prohibición, se transforman en su opuesto, en una fuente de aparente liberación. El mensaje a los seguidores es que ahora son libres de fumar, de violar las restricciones ambientales, de perseguir a los inmigrantes, de negar las vacunas, etc.

 

Pero este nuevo tipo de líder, como dice McGowan, no se limita a desatar la transgresión sin limites. Ellos también ofrecen la excusa de un retorno a la obediencia genuina. Sus adherentes  pueden sentirse como plenamente obedientes, a diferencia del resto de la sociedad, mientras disfrutan de la satisfacción que acompaña la transgresión. Una curiosa posición que ofrece una manera de maximizar el disfrute del sujeto, a pesar de su estructura completamente engañosa. Sus partidarios disfrutan simultáneamente obedeciendo y trasgrediendo la ley.

 

A pesar de las diferencias entre el discurso del amo y el del experto un elemento permanece inalterable. El poder político y económico sigue desempeñando su papel imperante en el régimen del experto. El experto, intencionalmente o no, trabaja al servicio de la estructura social dominante. Científicos, gurús nutricionistas, economistas de renombre mundial pueden parecer que son los que hoy toman las decisiones, pero, en el fondo,  funcionan como sustitutos del poder real. El reino del experto, lo que Lacan llama el discurso universitario, surge como respuesta al fracaso del discurso del soberano, pero no constituye una estructura social radical. Representa, en verdad, solo una reformulación de la autoridad implicada en el dominio para permitir que dicha autoridad afronte las exigencias de las relaciones capitalistas de producción. En el discurso experto el dominio se oculta y resulta aun mas eficaz, precisamente por la obscuridad en la que desaparece.

 

Lo que el Covid muestra sobre la ciencia es la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones. Pero, de todas maneras, de lo que tenemos que tener cuidado es de no descalificar  el conocimiento como tal, sino intentar ver como el conocimiento es capturado por el poder político. Los movimientos revolucionarios no pueden, por supuesto, abandonar el proyecto de la ilustración, solo que, al mismo tiempo, tienen que reconocer como el discurso del experto no escapa del dominio del “significante maestro”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, July 26, 2026

La fantasía política

 

Admiramos la fantasía en la literatura, en el despliegue fantástico de imágenes en la pintura y en la enigmática belleza de las metáforas poéticas. Pero no tanto en la política, cuyo veredicto a través de la historia ha sido mayormente negativo. Una larga cadena de pensadores que se inicia con Platón comparten la idea de que el proyecto de la filosofía implica un ataque contra el poder distorsionador y debilitante de la fantasía que impide tanto a los individuos como a la sociedad experimentar la verdad y, por tanto, la emancipación. Y, a pesar de la negación explicita de su dimensión política, la critica filosófica del pensamiento fantástico es, en verdad, implícitamente política en la medida en que impulsa a los sujetos hacia la consciencia de su posición dentro de la totalidad social. Es así, por ejemplo, como de acuerdo con esta critica, la acción política se convierte en un proyecto de lucha contra el poder de la fantasía y su papel como complemento de la ideología.

 

El inicio del asalto a la fantasía lo podemos ver con toda claridad en la famosa alegoría de la caverna de Platón. Los prisioneros de la caverna miran solo las sombras en la pared proyectadas por titiriteros que manipulan las marionetas a espaldas de los prisioneros que creen que la verdad no es nada aparte de esas sombras. Esta es alegóricamente, dice Sócrates, la situación de los individuos dentro del orden social cuando sucumben a la influencia de la dimensión fantasmática del “reino visual”. La tarea de la filosofía es facilitar la salida de la caverna a la luz del sol que es el bien. Es facilitar el abandono de la imagen y su reemplazo por el reino de las ideas, paso necesario que la libertad requiere.

 

Y es esta critica, en diferentes versiones, la que podemos ver en la filosofía moderna. Kant en la Critica de la Razón Pura intenta purificar la razón de su dimensión fantasmática y establecer los limites mas allá de los cuales la filosofía no puede especular. Nuestro pensamiento, dice, no puede trascender nuestra experiencia sin caer victima de la ilusión. Cuando intentamos usar la razón para pensar mas allá del ámbito de la experiencia, como en el caso de Dios, la libertad, el origen del cosmos o la inmortalidad, necesariamente nos vemos involucrados en pura fantasía. Cuando una formulación fantasmática nos seduce, el peligro político radica en como esta fantasía nos ciega ante los limites que realmente rigen el pensamiento. Solo podemos reconocer nuestra verdadera libertad mediante la consciencia de las normas a priori que rigen nuestra experiencia.

 

La fenomenología y la filosofía analítica incluso van mas allá al intentar  dejar de lado la tradición filosófica previa. La critica platónica de la fantasía, según dicen, no es suficientemente critica, sino que, de hecho, participa del tipo de fantasía mas profundo, que es la de la fantasía metafísica que concibe un reino accesible de ideas y un sujeto que vive fuera del tiempo. Husserl insta a los filósofos a regresar a las cosas mismas y a la experiencia porque un reino trascendente de ideas representa un engaño fantasmático que en realidad no existe. Todo intento de pensar fuera de la experiencia de las cosas resulta en la creación de un mundo ilusorio sin validez filosófica. Y la escuela analítica de Gott y Frege tratan de depurar la filosofía de su tendencia hacia la psicología. No pretenden reducir el sujeto a la experiencia, sino separa las reglas de la lógica de la actividad del sujeto que llega a estas reglas. Y A.J.Ayer, por su parte, sostiene que los intentos de quienes se han esforzados por describir la trascendencia se han dedicado a la producción del sin sentido.

 

Como nota Todd McGowan, en lo que respecta al papel de la fantasía en la experiencia del sujeto la filosofía occidental modernista parece tener un claro contenido y programa político cuyo intento es despojar al individuo de la seducción de la fantasía para familiarizarlo, no con la cruda realidad, sino con la forma en que la realidad se produce. Donde podemos ver esta critica con mayor claridad es en el ataque de Marx a la filosofía por su fracaso en ser políticamente eficaz. Los filósofos, dice, solo han interpretado el mundo de diversas maneras. De lo que se trata es de transformarlo. La filosofía ha fracasado en el deber central del pensamiento, que es tener un efecto practico en el mundo, por lo que es necesario romper completamente con ella para que el pensamiento se politice. Sin embargo, a pesar de su critica al fracaso de la filosofía para politizarse, el mismo adopta una versión filosófica de la política.

 

A lo largo de toda su trayectoria como analista y critico del capitalismo Marx sostiene que la fantasía fundamental del capitalismo es la de una existencia individual que no debe nada a la estructura social mas amplia en la que reside. Cuando profundizamos en la historia se hace evidente la dependencia del individuo de las fuerzas sociales que le permiten  actuar de manera aparentemente independiente. En la fantasía capitalista, por ejemplo, el éxito de una empresa se juzga únicamente por su rentabilidad y la ganancia es la razón del proceso de producción. Y la ganancia, según el capitalista, se produce en el acto de intercambio, en la compra y venta de la mercancía cuando, en realidad, la fuente de valor es el trabajo o, mas propiamente, la apropiación de plusvalía, que es la base de la ganancia. La mística de la ganancia, en verdad, no resulta de una manipulación consciente, ni siquiera inconsciente, por parte de la clase capitalista. Es inherente al sistema capitalista. Pero, en todo caso, su necesidad estructural no la hace menos fantasmal ni mística y la lucha política marxista consiste en combatir esta fascinación exponiendo el fundamento de la ganancia en la plusvalía.

 

La critica de Marx contra la mistificación inherente al capitalismo alcanza su apogeo con la critica del fetichismo de la mercancía que es la barrera fundamental para la consciencia de clase proletaria. Los sujetos capitalistas tratan la mercancía de forma fantasmática sin ser conscientes de ello. Actúan conscientemente con la mercancía de manera realista, como si fuera un objeto ordinario sin darse cuenta de que le están asignando un significado trascendente. La mercancía se convierte en un objeto fantasmático, completamente divorciado del proceso de producción y de las relaciones sociales que lo crearon. Las exigencias estructurales del capitalismo demandan que los sujetos interactúen con las mercancías como si tuvieran un poder mágico, incluso cuando son conscientes de que las mercancías no poseen intrínsecamente este poder. El intercambio de mercancías oculta implícitamente el papel que desempeña el trabajo en la creación del valor de la mercancía. Al generar consciencia sobre el fetichismo de la mercancía, Marx espera concientizar la fantasía y, por tanto, romper su dominio. 

 

Por supuesto, tanto la filosofía como el marxismo, tienen razón al enfatizar el papel que la fantasía desempeña en el enmascaramiento de nuestra parición social. El problema con esta concepción de la política, sin embargo, es que, al centrarse solo en lo que la fantasía oculta, no considera lo que revela. Como dice McGowan la fantasía nos ofrece  una experiencia trascendente, a pesar de su carácter ilusorio. Ofrece la posibilidad de no estar sujeto exclusivamente a las limitaciones de la estructura simbólica que habitualmente nos restringen. Es esta trascendencia fantasmática la que permite plantear un desafío fundamental a la autoridad de la estructura simbólica. Lo paradójico de la fantasía reside precisamente en el hecho de que la misma característica que la impulsa a promover la ideología que mantiene a los sujetos conformes con la estructura dominante, les brinda igualmente un espacio para pensar mas allá de ella, una alternativa al poder dominante, que de otra manera permanecería impensable dentro de dicha estructura.

 

Los análisis filosóficos de la fantasía indican con toda razón  que esta  suple la falta material de libertad, nos proporciona una vía de escape, pero solo a un nivel puramente ilusorio. Pero el problema es que si nos despojamos completamente de la fantasía, no podríamos ver mas allá de nuestra situación, considerar otras posibilidades y esto representa la barrera fundamental con la que se topa la política contemporánea. El ataque a la fantasía no nos permite trascender las limitaciones que la ideología prevalente nos impone. Al darnos una imagen ilusoria de trascendencia, la fantasía nos puede llevar mas allá de las limitaciones que el orden simbólico nos impone y abrir posibilidades que antes estaban cerradas. Es la posibilidad  de vislumbrar lo imposible.

 

Una de las principales maneras en que la ideología mantiene su dominio  es la de limitar lo que aparece como posibilidad. Hoy día, por ejemplo, la ideología contemporánea ha constituido al capitalismo como nuestro único horizonte. La gran victoria del capitalista tardío es la  idea de que una organización económica radicalmente diferente se ha vuelto impensable. Pero, si pensamos otra vez, resulta que el terreno de la fantasía es el punto débil de esta ideología. Según McGowan, la ideología se apoya en la fantasía para sostener su lado obscuro, para seducir a los individuos incluso en el ámbito privado, pero esta dependencia de la fantasía en si misma atestigua la vulnerabilidad fundamental de la ideología. A través de la fantasía es posible visualizar lo impensable, representar las posibilidades como las del fin de la hegemonía del capitalismo global. La fantasía, de esta manera, desmiente las limitaciones que parecen como insuperables para el sujeto contemporáneo. 

 

Lo dicho, sin embargo, tendríamos  que tomarlo con cautela. La fantasía nos ofrece una vía, como siempre lo ha hecho a través de la historia. Por algo el filosofo español José Ortega y Gasset veía al humano como un ser fantástico, como un animal con un cerebro lleno de fantasías. El problema es que, según todos los indicios, hoy día no sabemos que hacer o, peor aun, pareciera que la fantasía política ha entrado en remisión.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, May 17, 2026

Trump... el padre anal

 

Trump es increíblemente ignorante, obsceno, cruel, patológicamente narcisista, delirante y deshonesto. Y, aunque esto no es inusual en lideres políticos, es difícil encontrar a alguien que históricamente se le asemeje psicológicamente, si descartamos, por supuesto, a Calígula. Y, a pesar de todo ello, ejerce una tremenda fascinación popular. Es, según la expresión de Zizek, “el padre anal del disfrute” que, operando en contraposición a la ley y la prohibición del padre edipico de Freud, no exige al sujeto que sacrifique el disfrute como precio para integrarse en el orden social. 

 

Obviamente no es posible desconocer que hoy existe una tendencia global hacia el populismo de derecha y el avance al fascismo como consecuencia de la estructura capitalista de la sociedad que inevitablemente frustra la   fantasía consumista que promete. Lo que resulta fascinante es que en lugar de responder con algún tipo de movimiento proletario por la emancipación colectiva vemos, por el contrario que, incluso personas que iban a ser afectadas negativamente por las políticas de Trump, como los inmigrantes  que corren el peligro de ser deportados, lo apoyan. Algo que debiéramos tomar en cuenta para comprender como el interés propio no es la fuerza motriz de las acciones y decisiones políticas de la gente.

 

Hay ciertas características de Trump, como nota Todd McGowan, que son peculiares, como la obscenidad, y por eso la atracción que Trump ejerce es tan contradictoria. Por un lado quienes lo apoyan están a favor de la liberación total, en contra de la corrección política, las leyes sobre la marihuana y de cualquier tipo de restricción a la libertad de expresión. Puedes decir cualquier tipo de obscenidad que quieras y, por otro lado, sin embargo, la gran masa de su apoyo son cristianos fundamentalistas... ¿como entendemos esto? Según McGowan, el punto de encaje de estas dos tendencias contradictorias es la trasgresión. En “La Psicología de las Masas y Análisis del Yo,” Freud expresa la idea de que la identificación con el líder es la identificación con la capacidad del líder para transgredir todas las restricciones que rigen a las personas dentro del contexto social. Las denuncias de que las obscenidades, las violaciones sexuales y las mentiras de Trump han ido “demasiado lejos”, no tienen mayor efecto porque “ir demasiado lejos” es precisamente la clave. Esa es la naturaleza de su atractivo. Es la aceptación absoluta de la ignorancia y del sacrificio de cualquier tipo de conocimiento. Su obscenidad y sus mentiras violan el conocimiento y es ahí donde reside parte de su poder. Por las dudas, solo nota porque ha sido elegido presidente, no una, sino dos veces. Si recordamos bien, Hegel sostuvo que cada acontecimiento histórico mundial tiene que ocurrir dos veces. Y Marx, siguiendo a Hegel, afirmo que la primera vez es tragedia, la segunda, farsa. Hegel recuerda que Napoleón debe ser derrotado dos veces, Cesar debe regresar al poder dos veces. La repetición de algo lo solidifica psicológicamente. En términos lacanianos, la primera vez aparece como algo real y la segunda se integra en el universo simbólico. Y este es la cosa de porque la vuelta de Trump genera tanta controversia. Es la impresión de que el universo simbólico tendrá una configuración totalmente diferente. Ese es, dice McGowan, el argumento básico de Hegel al plantear la idea de que la historia debe repetirse. El primer evento no puede registrarse simbólicamente porque representa una ruptura del sistema simbólico previo. Pero, cuando el nuevo evento se repite, el sistema se reconstituye de una nueva manera... ¿no es eso lo que estamos viendo?

 

Toda estructura es contradictoria y el capitalismo no escapa a ello. Pero esa contradicción no nos esta llevando al comunismo, o al socialismo según ahora se prefiere, sino, al parecer, al comienzo de una época en la que el mundo entero estará dominado por movimientos populistas de derecha. Esta es la posición de facto y el fin del orden global que, de una u otra manera, ha regido las relaciones internacionales desde 1648. Su marco legal y diplomático ha sido reemplazado por el poder de la fuerza belica que le da el derecho a invadir naciones mas pequeñas, matar o secuestrar lideres y bombardear naves en aguas internacionales.     

 

Lo que escasamente vemos hoy, en comparación con el pasado no muy lejano, son las marchas y los grandes movimientos de resistencia. Todo ello parece haberse desvanecido. Y si lo pensamos, no es muy difícil entender que el fascismo tiene cierta ventaja dentro del capitalismo en comparación con los proyectos emancipatorios. Ser universalista es mas difícil  que ser particularista o identitario, porque la identidad logra  movilizar con mayor éxito el disfrute en torno a un enemigo común.

 

¿No será que la razón por la que la gente lucha mas por su servidumbre que por su emancipación es la negatividad inherente a la subjetividad? Si contemplamos la escena humana vemos que es bien difícil evitar la  autodestrucción. Y cuando la evitamos siempre caemos en otra. Piensa solo en las personas exitosas que parecen haber evitado la autodestrucción, pero que, de una u otra manera, caen en otros problemas... insomnio, relaciones autodestructivas, alcohol, adicción a las drogas, etc. Es aquí donde Freud provee una de sus ideas mas importantes... el instinto de muerte ¿Como analizar la situación contemporánea sin tener en cuenta esta autodestrucción? Hay algo inmensamente satisfactorio en eso y Trump lo usa a su favor. Constantemente hay cosas, por ejemplo, que todos identificamos como autodestructivas y, sin embargo, eso se convierte en la fuente de su atractivo. Sin la base de la clase trabajadora, por ejemplo, Trump nunca habría sido elegido. La pregunta entonces es... ¿lo apoyan por ignorancia o, por el contrario, porque saben que es malo?  Muchos pensadores y analistas políticos examinan todo esto desde la perspectiva del interés propio. Desde un punto de vista racional esto parece ser correcto. El problema es que estos análisis pasan por alto la verdadera cuestión de por que hacemos lo que hacemos. Es asi, por ejemplo, como, mediante la negación, implementamos todo tipo de mecanismos para no ver lo que estamos haciendo. Se puede votar Trump y decir... “No, estoy realmente actuando por interés propio” o “Trump finalmente esta limitando el poder de los expertos y de la academia”. Claramente no se vota por Trump porque es autodestructivo. Nadie dice eso, obviamente, porque la clave del instinto de muerte es su carácter inconsciente. Conscientemente se necesita algún tipo de fantasía que nos diga que lo que realmente estamos haciendo es perseguir algún interés o algún objetivo. Según comenta Zizek se puede apoyar al líder fascista con una actitud de obediencia total y, a la vez, sentirse completamente radical. Una postura diseñada para maximizar el disfrute ligado a la transgresión obscena que Trump legitima. El radicalismo del populismo de derecha, en contraste con el populismo de izquierda, irónicamente se caracteriza por la capitulación ante la norma social. En ultima instancia no viola nada, sino que se sigue obedeciendo los imperativos capitalistas, se sigue siendo un buen racista y se sigue siendo un nacionalista fanático. Lo que obviamente implica una doble actitud. Por un lado, se tiene esta obediencia total, asi que se puede pensar... “Ah, pertenezco, me adapto, soy parte”. Y es agradable pertenecer. No es que conscientemente “se adapte”, sino que es agradable la sensación de que uno “encaja”. Uno se siente bien, y al mismo tiempo, por otro lado, se tiene la sensación de transgredir. Dos experiencias por el precio de una. Y esta es la diferencia, o desventaja electoral, del populismo de izquierda. La izquierda transgrede lo que  ayudaría a “encajar”. No se es capitalista, no se es racista, no se es ultranacionalista. El derechista, en cambio, obtiene indirectamente su disfrute inmediato al identificarse en oposición con la persona que odia. Y eso es lo que ofrece Trump. La fantasía capitalista promete la satisfacción total, el disfrute sin carencia, sin apuntar a la raíz de la carencia. La vieja fantasía en la que se basa Trump es la de que todos lo pueden tener, pero si no lo tengo es por culpa de los inmigrante, los expertos, las vacunas, los comunistas o lo que sea.  

 

¿Porque debiera importarnos lo que Trump cree o hace, si después de todo no es nuestro presidente? Simple, porque sus decisiones afectan a todo el mundo y su goce excesivo abre la ruta a la distopia.

 

¿Es posible pensar todavía en un proyecto político coherente en la izquierda o, por el contrario, toda esperanza ya se ha desvanecido? La verdad es que la izquierda enfrenta en este momento todo tipo de desventajas debido al dominio mundial de la extrema derecha. Sin embargo, a lo que debe ser fiel es a ciertas ideas, como dice McGowan. Con el fracaso del proyecto identitario izquierdista que proclamaba que la universalidad aplasta lo particular, se abre la ruta nuevamente a que la universalidad deje de tener mala fama. El universalismo, lo que en algún momento llamábamos internacionalismo proletario, nos permite reconocer que la estructura capitalista por si misma imposibilita la igualdad y actúa como barrea para su consecución. Las luchas de las feministas, los homosexuales, los campesinos, los obreros industriales o los mineros de todas partes libran la misma batalla y, a pesar de que sus identidades son diferentes, ellas participan de lo universal a través de sus luchas que revelan lo que constitutivamente esta ausente. Las consecuencias son catastróficas si rechazamos la universalidad, especialmente si consideramos el cambio climático que es algo que no podemos enfrentar con iniciativas particulares porque es un fenómeno global que afecta a todos, no importa quien sea, donde se vive o cuan rico o pobre se es. Lo que compartimos universalmente es la catástrofe ambiental y la ausencia de una vía de escape, que es la forma mas evidente que hoy adopta la igualdad.

 

La teoría no puede decirnos que hacer, pero puede darnos algunas ideas genérales sobre lo que no debemos hacer. Y una de ellas es repetir nuevamente la política de lo particular.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, March 22, 2026

La guerra


La guerra de Irán es una guerra de elección.  Pero, de todas maneras, todas las guerras son guerras de elección... ¿cierto? Seria mejor preguntar... ¿fue una buena elección? Mas aun... ¿fue una elección necesaria? La verdad es que esta es una guerra de agresión en donde la diplomacia se utilizo como excusa para bombardear y destruir la nación. Una guerra de agresión criminal. Pero ¿quién queda para hacer cumplir las leyes internacionales? Si se puede cometer un genocidio con impunidad como lo ha hecho el socio de guerra de Estados Unidos, cualquier atrocidad es concebible.

 

Al parecer la idea fue que la guerra seria rápida, que la campaña lograría una victoria estratégica decisiva, capaz de reordenar el Oriente Medio y restaurar la maltrecha capacidad de disuasión de Israel.

 

Como nota el periodista y autor Ramzy Baraud, durante décadas, círculos influyentes dentro del aparato estratégico de Israel no han buscado necesariamente la estabilidad sino mas bien la destrucción creativa. La lógica es bien simple... desmantelar potencias regionales hostiles y permitir que escenarios políticos fragmentados las reemplacen.

 

Esta idea no surgió de la noche a la mañana sino que se articulo con mayor claridad en un documento político de 1996 titulado “Una ruptura limpia. Una buena estrategia para asegura el reinado”, preparado para el entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por un grupo de estrategas neoconservadores estadounidenses, entre ellos Richard Perle. El documento argumentaba que Israel debía abandonar la diplomacia de la paz por territorio y, en su lugar, adoptar una estrategia que debilitara o eliminara a los regímenes hostiles de la región, en particular Irak y Siria. No solo la victoria militar, sino una reestructuración geopolítica del Oriente Medio a favor de Israel.

 

Las décadas siguientes parecieran validar la teoría, al menos desde la perspectiva de Israel. La invasión estadounidense del 2003 a Irak ha sido considerada como una catástrofe para la Casa Blanca. Cientos de miles de personas murieron, billones de dólares se gastaron y Estados Unidos se vio involucrado en una de las ocupaciones mas desestabilizadoras de la historia contemporánea. Y, sin embargo, la guerra derroto al gobierno de Saddam Hussein, desmantelo el Partido Baaz y destruyo el ejercito árabe mas poderoso de la región. Y para Israel las consecuencias estratégicas fueron altamente significativas, porque históricamente Irak era uno de los estados árabes capaces de enfrentarse militarmente. Al dejar de existir como potencia regional cohesionada Bagdad se transformo en un sistema político frágil que solo lucha para mantener la maltrecha cohesión nacional. Y lo mismo con Siria y Libia. En toda la región, los que fueron formidables estados nacionalistas árabes se han fragmentado en sistemas debilitados o divididos internamente. De acuerdo con la perspectiva de Israel, la teoría de la fragmentación regional estaba dando excelentes frutos, como se vio en el hecho de que varios gobiernos del Golfo comenzaron a reconsiderar su prolongada negativa a normalizar relaciones con Israel. El resultado fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en Septiembre del  2020, que formalizaron la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Arabes Unidos y Barein, seguidos luego por Marruecos y Sudan. Por un momento, pareció  que la transformación  geopolítica vislumbrada décadas antes se había materializado. El problema es que Gaza cambio las reglas del juego.

 

El genocidio no produjo la victoria estratégica que se había anticipado. La guerra expuso profundas vulnerabilidades en la posición política y militar de Israel. La resistencia palestina demostró que una fuerza militar abrumadora no podía traducirse en un control político decisivo. Las consecuencias se extendieron mucho mas allá de Gaza y profundizo las divisiones entre los gobiernos alineados con Washington y aquellos opuestos a las políticas israelíes e impulso una ola sin precedentes de solidaridad global con los palestinos, dejando la imagen internacional de Israel gravemente afectada. El discurso político que presenta a Israel como un enclave democrático rodeado de fuerzas hostiles se ha ido erosionando progresivamente. Con mas frecuencia Israel ahora es descrito por organizaciones internacionales como un estado que practica la opresión sistemática y en el caso de Gaza, la violencia genocida. El costo estratégico es inmenso. El poder militar no solo depende de las armas, sino también de la legitimidad. Y la legitimidad una vez perdida es bien difícil de recuperar.

 

Es en este contexto en donde la guerra contra Irán se erigió como la acción mas trascendente de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reconfigurar el equilibrio de poder en el Oriente Medio. Pero el fracaso podría traer consecuencias bien profundas. Netanyahu, que ahora enfrenta una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional en 2024 por crímenes de guerra en Gaza, ha vinculado su supervivencia política a la promesa de una victoria estratégica. Pero Israel no puede librar una guerra por si solo. Nunca pudo, por lo que siempre ha necesitado involucrar a Estados Unidos.

 

En toda la región, las escenas son trágicamente familiares... ciudades desbastadas, fosas comunes, familias en duelo, hospitales y escuelas bombardeadas, niñas y niños destrozados por las bombas, obligados a sufrir  una vez mas los crímenes en contra de la humanidad, que ya se han hecho tan comunes. Y, sin embargo, tal vez, y solo tal vez, puede que ahora sea diferente. Estados Unidos ya no ostenta el dominio indiscutido del que gozaba antaño. China se ha convertido en un importante actor económico y estratégico. Rusia continua proyectando su influencia y las potencias regionales han ganado confianza para resistir los dictados de Washington y, por ahora, tímidamente, se niegan a participar en esta aventura belica, a pesar de las amenazas de Trump. Y el propio Oriente Medio también esta cambiando.

 

A esa altura de la guerra las cosas no se están dando según las expectativas. Netanyahu buscaba dominar el Oriente Medio. Washington buscaba reafirmar su posición como superpotencia mundial indiscutible. Pero, lo que se suponía que seria una campana rápida se asemeja cada vez mas a un conflicto prolongado. Los mercados energéticos están indicando una dinámica cambiante. En lugar de asegurar un mayor control sobre los flujos energéticos mundiales, la guerra ha interrumpido los suministros y fortalecido la influencia de Irán sobre rutas marítimas claves. 

 

¿Qué podemos esperar de todo esto, entonces? Según las especulaciones de algunos analista y comentadores internacionales una larga insurgencia basada en una guerra asimétrica, podría agotar económica y militarmente a Estados Unidos y a la economía mundial. Este es el modelo de Afganistán, pero diez veces mayor y diez veces mas transcendental. Rusia no tiene ningún interés que Irán caiga, porque Irán es una barrera crucial, un socio energético fundamental y un aliado en la resistencia al dominio de estadounidense, por eso es que se sospecha de que le suministra a Irán sistemas avanzados de defensa aérea, inteligencia y asesores.  El principal interés de China, por otro lado, es la energía y la relación económica a través de la iniciativa de la franja y la Ruta. Si Irán colapsa China pierde un nodo critico en toda su estrategia euroasiática y podría responder con la reducción de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense acelerando el desarrollo de un sistema de comercio de petróleo sin el dólar.

 

Una proyección muchísima mas grave, de la que nadie quiere hablar, es la del peligro de una escalada total que implicaría riesgo nuclear y el fin de la humanidad o, a lo menos, gran parte de ella. Si un gobierno esta a punto de terminar históricamente, no es imposible que tome decisiones desesperadas. Y es aquí donde el calculo se vuelve real... ¿guerra atómica mundial y la aniquilación total de la civilización, tal como la conocemos hoy? Una proyección mucho menos probable, pero no imposible.

 

El mejor escenario, podríamos decir, seria que en cualquier momento Trump se aburra de la aventura y sienta en sus huesos que la guerra se acabo y proclame victoria total como nunca antes había ocurrido en la historia humana.  Porque de lo contrario, si descartamos los escenarios terroríficos, los próximos meses y, tal vez años serán extraordinariamente turbulentos y nos afectaran personalmente a todos. Los precios de la energía seguirán subiendo, el comercio mundial se vera afectado, los mercados financieros serán volátiles y el orden geopolítico que ha existido desde 1945 se vera fundamentalmente desafiado, si es que ya ha terminado, como el Primer Ministro de Canadá ya expreso en Davos.

 

Por el momento, ninguno de los objetivos de Israel o Estados Unidos parecen estar al alcance. Por el contrario. La guerra podría  acelerar las mismas transformaciones que pretendían evitar. Con lo que podemos terminar es con un papel estratégico estadounidense en declive, una postura disuasoria israelí debilitada y un Oriente Medio cada vez mas moldeado por actores regionales, en lugar de potencias externas.

 

¿Puede el régimen iraniano perder esta guerra? Si.

¿Puede el pueblo estado unidense ganar? No. Y nunca pudo. Solo  empeora la situación. 

 

En momentos de crisis mundial, de daño y sufrimiento  infinito que la guerra esta causando, uno podría esperar sabiduría. Con lo que nos encontramos, en cambio, es con liderazgos consumidos por el narcicismo y el espectáculo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.