Sunday, May 17, 2026

Trump... el padre anal

 

Trump es increíblemente ignorante, obsceno, cruel, patológicamente narcisista, delirante y deshonesto. Y, aunque esto no es inusual en lideres políticos, es difícil encontrar a alguien que históricamente se le asemeje psicológicamente, si descartamos, por supuesto, a Calígula. Y, a pesar de todo ello, ejerce una tremenda fascinación popular. Es, según la expresión de Zizek, “el padre anal del disfrute” que, operando en contraposición a la ley y la prohibición del padre edipico de Freud, no exige al sujeto que sacrifique el disfrute como precio para integrarse en el orden social. 

 

Obviamente no es posible desconocer que hoy existe una tendencia global hacia el populismo de derecha y el avance al fascismo como consecuencia de la estructura capitalista de la sociedad que inevitablemente frustra la   fantasía consumista que promete. Lo que resulta fascinante es que en lugar de responder con algún tipo de movimiento proletario por la emancipación colectiva vemos, por el contrario que, incluso personas que iban a ser afectadas negativamente por las políticas de Trump, como los inmigrantes  que corren el peligro de ser deportados, lo apoyan. Algo que debiéramos tomar en cuenta para comprender como el interés propio no es la fuerza motriz de las acciones y decisiones políticas de la gente.

 

Hay ciertas características de Trump, como nota Todd McGowan, que son peculiares, como la obscenidad, y por eso la atracción que Trump ejerce es tan contradictoria. Por un lado quienes lo apoyan están a favor de la liberación total, en contra de la corrección política, las leyes sobre la marihuana y de cualquier tipo de restricción a la libertad de expresión. Puedes decir cualquier tipo de obscenidad que quieras y, por otro lado, sin embargo, la gran masa de su apoyo son cristianos fundamentalistas... ¿como entendemos esto? Según McGowan, el punto de encaje de estas dos tendencias contradictorias es la trasgresión. En “La Psicología de las Masas y Análisis del Yo,” Freud expresa la idea de que la identificación con el líder es la identificación con la capacidad del líder para transgredir todas las restricciones que rigen a las personas dentro del contexto social. Las denuncias de que las obscenidades, las violaciones sexuales y las mentiras de Trump han ido “demasiado lejos”, no tienen mayor efecto porque “ir demasiado lejos” es precisamente la clave. Esa es la naturaleza de su atractivo. Es la aceptación absoluta de la ignorancia y del sacrificio de cualquier tipo de conocimiento. Su obscenidad y sus mentiras violan el conocimiento y es ahí donde reside parte de su poder. Por las dudas, solo nota porque ha sido elegido presidente, no una, sino dos veces. Si recordamos bien, Hegel sostuvo que cada acontecimiento histórico mundial tiene que ocurrir dos veces. Y Marx, siguiendo a Hegel, afirmo que la primera vez es tragedia, la segunda, farsa. Hegel recuerda que Napoleón debe ser derrotado dos veces, Cesar debe regresar al poder dos veces. La repetición de algo lo solidifica psicológicamente. En términos lacanianos, la primera vez aparece como algo real y la segunda se integra en el universo simbólico. Y este es la cosa de porque la vuelta de Trump genera tanta controversia. Es la impresión de que el universo simbólico tendrá una configuración totalmente diferente. Ese es, dice McGowan, el argumento básico de Hegel al plantear la idea de que la historia debe repetirse. El primer evento no puede registrarse simbólicamente porque representa una ruptura del sistema simbólico previo. Pero, cuando el nuevo evento se repite, el sistema se reconstituye de una nueva manera... ¿no es eso lo que estamos viendo?

 

Toda estructura es contradictoria y el capitalismo no escapa a ello. Pero esa contradicción no nos esta llevando al comunismo, o al socialismo según ahora se prefiere, sino, al parecer, al comienzo de una época en la que el mundo entero estará dominado por movimientos populistas de derecha. Esta es la posición de facto y el fin del orden global que, de una u otra manera, ha regido las relaciones internacionales desde 1648. Su marco legal y diplomático ha sido reemplazado por el poder de la fuerza belica que le da el derecho a invadir naciones mas pequeñas, matar o secuestrar lideres y bombardear naves en aguas internacionales.     

 

Lo que escasamente vemos hoy, en comparación con el pasado no muy lejano, son las marchas y los grandes movimientos de resistencia. Todo ello parece haberse desvanecido. Y si lo pensamos, no es muy difícil entender que el fascismo tiene cierta ventaja dentro del capitalismo en comparación con los proyectos emancipatorios. Ser universalista es mas difícil  que ser particularista o identitario, porque la identidad logra  movilizar con mayor éxito el disfrute en torno a un enemigo común.

 

¿No será que la razón por la que la gente lucha mas por su servidumbre que por su emancipación es la negatividad inherente a la subjetividad? Si contemplamos la escena humana vemos que es bien difícil evitar la  autodestrucción. Y cuando la evitamos siempre caemos en otra. Piensa solo en las personas exitosas que parecen haber evitado la autodestrucción, pero que, de una u otra manera, caen en otros problemas... insomnio, relaciones autodestructivas, alcohol, adicción a las drogas, etc. Es aquí donde Freud provee una de sus ideas mas importantes... el instinto de muerte ¿Como analizar la situación contemporánea sin tener en cuenta esta autodestrucción? Hay algo inmensamente satisfactorio en eso y Trump lo usa a su favor. Constantemente hay cosas, por ejemplo, que todos identificamos como autodestructivas y, sin embargo, eso se convierte en la fuente de su atractivo. Sin la base de la clase trabajadora, por ejemplo, Trump nunca habría sido elegido. La pregunta entonces es... ¿lo apoyan por ignorancia o, por el contrario, porque saben que es malo?  Muchos pensadores y analistas políticos examinan todo esto desde la perspectiva del interés propio. Desde un punto de vista racional esto parece ser correcto. El problema es que estos análisis pasan por alto la verdadera cuestión de por que hacemos lo que hacemos. Es asi, por ejemplo, como, mediante la negación, implementamos todo tipo de mecanismos para no ver lo que estamos haciendo. Se puede votar Trump y decir... “No, estoy realmente actuando por interés propio” o “Trump finalmente esta limitando el poder de los expertos y de la academia”. Claramente no se vota por Trump porque es autodestructivo. Nadie dice eso, obviamente, porque la clave del instinto de muerte es su carácter inconsciente. Conscientemente se necesita algún tipo de fantasía que nos diga que lo que realmente estamos haciendo es perseguir algún interés o algún objetivo. Según comenta Zizek se puede apoyar al líder fascista con una actitud de obediencia total y, a la vez, sentirse completamente radical. Una postura diseñada para maximizar el disfrute ligado a la transgresión obscena que Trump legitima. El radicalismo del populismo de derecha, en contraste con el populismo de izquierda, irónicamente se caracteriza por la capitulación ante la norma social. En ultima instancia no viola nada, sino que se sigue obedeciendo los imperativos capitalistas, se sigue siendo un buen racista y se sigue siendo un nacionalista fanático. Lo que obviamente implica una doble actitud. Por un lado, se tiene esta obediencia total, asi que se puede pensar... “Ah, pertenezco, me adapto, soy parte”. Y es agradable pertenecer. No es que conscientemente “se adapte”, sino que es agradable la sensación de que uno “encaja”. Uno se siente bien, y al mismo tiempo, por otro lado, se tiene la sensación de transgredir. Dos experiencias por el precio de una. Y esta es la diferencia, o desventaja electoral, del populismo de izquierda. La izquierda transgrede lo que  ayudaría a “encajar”. No se es capitalista, no se es racista, no se es ultranacionalista. El derechista, en cambio, obtiene indirectamente su disfrute inmediato al identificarse en oposición con la persona que odia. Y eso es lo que ofrece Trump. La fantasía capitalista promete la satisfacción total, el disfrute sin carencia, sin apuntar a la raíz de la carencia. La vieja fantasía en la que se basa Trump es la de que todos lo pueden tener, pero si no lo tengo es por culpa de los inmigrante, los expertos, las vacunas, los comunistas o lo que sea.  

 

¿Porque debiera importarnos lo que Trump cree o hace, si después de todo no es nuestro presidente? Simple, porque sus decisiones afectan a todo el mundo y su goce excesivo abre la ruta a la distopia.

 

¿Es posible pensar todavía en un proyecto político coherente en la izquierda o, por el contrario, toda esperanza ya se ha desvanecido? La verdad es que la izquierda enfrenta en este momento todo tipo de desventajas debido al dominio mundial de la extrema derecha. Sin embargo, a lo que debe ser fiel es a ciertas ideas, como dice McGowan. Con el fracaso del proyecto identitario izquierdista que proclamaba que la universalidad aplasta lo particular, se abre la ruta nuevamente a que la universalidad deje de tener mala fama. El universalismo, lo que en algún momento llamábamos internacionalismo proletario, nos permite reconocer que la estructura capitalista por si misma imposibilita la igualdad y actúa como barrea para su consecución. Las luchas de las feministas, los homosexuales, los campesinos, los obreros industriales o los mineros de todas partes libran la misma batalla y, a pesar de que sus identidades son diferentes, ellas participan de lo universal a través de sus luchas que revelan lo que constitutivamente esta ausente. Las consecuencias son catastróficas si rechazamos la universalidad, especialmente si consideramos el cambio climático que es algo que no podemos enfrentar con iniciativas particulares porque es un fenómeno global que afecta a todos, no importa quien sea, donde se vive o cuan rico o pobre se es. Lo que compartimos universalmente es la catástrofe ambiental y la ausencia de una vía de escape, que es la forma mas evidente que hoy adopta la igualdad.

 

La teoría no puede decirnos que hacer, pero puede darnos algunas ideas genérales sobre lo que no debemos hacer. Y una de ellas es repetir nuevamente la política de lo particular.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, May 10, 2026

Pajaros de vientos amarillos

 

Las hojas,

Pajaros

De

Vientos

Amarillos

De

Otoños

Se

Transforman

En

Quitasoles

Verdes

De

Veranos.

 

Nieves.

Sunday, May 3, 2026

El imperativo hedonista

 

De la sociedad disciplinaria de la que hablaba Foucault llegamos a la sociedad  de control de Deleuze... ¿pero, que tal si agregamos una  nueva dimensión, digamos, “la sociedad del disfrute”, esa que  encontramos en el capitalismo tardío?

 

En lugar de exigir a los individuos que renuncien a su disfrute privado, pareciera que hoy el único deber consiste en disfrutar lo máximo posible. La invitación la encontramos por todas partes, no solo en la propaganda comercial sino que también en la psicología popular en donde ha encontrado una directa y explicita articulación, como atestigua el escritor Dennis Prager al afirmar que nuestro deber hacia el orden social consiste en disfrutar y ser felices. Tendemos a pensar, dice, que nos debemos a nosotros mismos ser lo mas felices posible. Y esto es cierto. Pero la felicidad es mucho mas que una preocupación personal. Es también una obligación moral. Cuando no disfrutamos,  perjudicamos el disfrute de la sociedad en su conjunto. Tenemos esta obligación con nuestra esposa o esposo, nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo y nuestros amigos, en realidad, con todos los que entran en nuestras vidas... ¿no es el caso que hoy estamos bien lejos de la proclamación de Freud que, escribiendo en medio de la sociedad de la prohibición, veía que lo mejor a lo que podemos aspirar es transformar “la miseria neurótica en la infelicidad común” ?  

 

 Esta curiosa noción del “deber de ser felices” transforma radicalmente el concepto mismo del deber que históricamente ha implicado limitar, en lugar de maximizar, la propia felicidad. Tradicionalmente la prohibición siempre ha funcionado como la clave de la organización social, exigiendo que los sujetos sacrifiquen el disfrute en aras del trabajo, la comunidad y el progreso. La importancia del papel estructurador de la prohibición en la sociedad, como nota el teórico McGowan, se hace evidente en las discusiones de Claude Levi-Strauss sobre el incesto, las especulaciones de Freud sobre la horda primigenia y los orígenes de la sociedad y la concepción lacaniana del orden simbólico.

 

Según Levi-Strauss la presencia de la prohibición, especialmente la prohibición del incesto, ha estado presente en todo orden social. Un orden que se funda en un sacrificio compartido, algo a lo que deben renunciar quienes quieren participar en la vida comunal. Una prohibición que nos abre al mundo social, liberándonos del estrecho foco de nuestro interés inicial. Es la renuncia del disfrute de un miembro de la familia por otro miembro de la sociedad en general, cuyo disfrute inevitablemente palidece en comparación con el primero. La prohibición del incesto, el objeto primario, es la prohibición del goce. Freud, en “Tótem y Tabú”, igualmente ilustra lo mismo, pero con un tono mítico  diferente. Imagina que en el origen de la organización social el goce no esta fácilmente disponible para toda la horda, sino confinado al mas fuerte, el Padre primigenio, que acapara todas las mujeres para si mismo y disfruta sin restricciones. Los hijos, celosos de su goce, asesinan al Padre primigenio  inaugurando asi el primer acto social seguido, paradójicamente, por la prohibición del incesto o goce. Inmediatamente después del asesinato los hijos reconocen que si han de vivir juntos en relativa paz deben aceptar la renuncia colectiva al disfrute. Sin esta renuncia nadie puede tener seguridad porque no hay nada que medie, excepto la “Ley del Padre”, en una lucha a vida y muerte por el disfrute. El goce que encarnaba el Padre primigenio se convierte en un mero recuerdo, objeto de fantasía para quienes han renunciado a el. Si el disfrute es inaccesible ahora, al menos alguna vez lo fue para alguien.

 

Es importante insistir, sin embargo, que esta prehistoria que Freud reconstruye es mítica. Como dice Lacan, nadie ha visto jamás el mas mínimo rastro del padre de la horda primitiva. Antes del surgimiento del orden social y del sistema de significado que este constituye no existe significado y, por lo tanto, ningún goce que mantenga el significado en suspensión. No goce ni ausencia de goce. Cuando miramos hacia atrás no vemos la “humanidad en estado natural” sin la mediación  de los presupuestos fundamentales del propio orden al que uno pertenece. Es la introducción del orden simbólico la que produce un cambio radical en nuestra relación con el goce. Por eso Lacan reformula la cita de Dostoievski. En lugar de decir que “sin Dios todo esta permitido”, afirma, por el contrario, que “sin Dios todo esta permitido”. Sin Dios, sin una ley que exija renuncia, no puede haber goce alguno. Por eso, la introducción de la Ley es un acto obsceno, uno que produce la posibilidad del goce que prohíbe. El goce requiere la barrera que la Ley proporciona. La entrada en la sociedad requiere la renuncia al goce, pero este goce no existe antes de su renuncia. Dicho de otra manera, al renunciar a el creamos retroactivamente, mediante nuestro presupuesto, un goce o completitud que nunca tuvimos. El incesto no es mas que otro nombre para el placer. En este sentido, el deseo es bien curioso porque traza un camino sin salida. Si nos acercamos demasiado al objeto del deseo, repentinamente este pierde su atractivo. En el fondo, el único fin del deseo es mas deseo. Deseamos porque no encontramos satisfactorio el sacrificio de nuestro disfrute. Pero el deseo, lamentablemente, no hace nada para superar esa insatisfacción. De hecho, el deseo es insatisfacción sostenida. Y esa insatisfacción sostenida es el estado normal del sujeto en la sociedad de prohibición. Pero, como esta sensación no es agradable, la imaginación proporciona un alivia, sin poner en peligro la estructura social.

 

El capitalismo, en sus manifestaciones mas recientes, según McGowan, ha desempeñado un papel crucial en la minimización de la prohibición en el orden social. La mercantilización de la vida cotidiana tiene el efecto de socavar las figuras de autoridad y, al mismo tiempo, enfatizar la importancia del disfrute inmediato, como  prometen los anuncios comerciales con los que nos topamos continuamente. Para satisfacer la demanda que requiere el modo de producción monopolista es necesario reemplazar la ética protestante del trabajo, que prohíbe explícitamente el disfrute, por una que lo impone. Pero, en realidad, no es hasta el surgimiento del capitalismo global, con la caída del muro de Berlín, la ultima barrera al flujo de capitales en 1989, cuando el mandato a disfrutar se arraiga plenamente en la ideología capitalista. En lugar de vivir en una sociedad que prohíbe el disfrute, cada vez vivimos mas en una que lo impone. La economía del crédito que predomina en nuestra época es la forma mas evidente y rápida para que el sujeto capitalista busque su satisfacción. Sin la economía del crédito la sociedad del disfrute seria impensable. Pero, el mandato de disfrute en realidad va mas allá de la economía y abarca todos los aspectos de la cultura contemporánea.

 

Cuando la autoridad simbólica exige explícitamente que disfrutemos, podemos estar seguros de que hemos entrado en un mundo diferente. El declive de la autoridad paterna del padre edipico ha comenzado a dar paso a un nuevo orden en donde ha surgido un nuevo padre, uno que Zizek llama el “padre anal del goce”.

 

Y, sin embargo, la diferencia no es tan diferente. Si bien el orden social exige disfrute en lugar de sacrificio, esto no permite en absoluto que los sujetos dentro de dicho orden realmente disfruten mas que antes. La transformación, en cierto sentido, no existe. Es simplemente una transformación en la forma que no ocasiona ningún cambio sustancial en la relación entre la sociedad y el disfrute. A pesar de la recomendación del disfrute, el disfrute no ha florecido. De hecho sigue siendo tan esquivo como siempre. Y, peor aun, el imperativo a disfrutar lo hace aun mas difícil de lograr. Quien intenta obedecer el mandato de disfrutar no puede evitar sentir que de todas maneras no puede disfrutar plenamente. Y esta sensación es la que lleva a los individuos a moverse de un producto a otro, de un sitio web a otro, de un canal a otro, de una celebridad a otra o de un líder político a otro. Y, de todas maneras, cada novedad decepciona al sujeto contemporáneo, revelando perpetuamente la imposibilidad de cumplir con el imperativo a disfrutar que se manifiesta en la apatía generalizada, la agresividad, la depresión  o el cinismo.

 

  ¿Por que el disfrute pleno siempre se nos escapa, a pesar de su imperativo?  Según dice McGowan, porque el disfrute de la sociedad del goce siempre permanece imaginario. Es la imagen la que permite a los sujetos imaginar que cumplen con el mandato a disfrutar sin perturbar el funcionamiento de la estructura social. Hoy la imagen reemplaza a la palabra como medio predominante de transporte mental. Es el cambio del orden simbólico al imaginario, como podemos observarlo en la omnipresencia del cine, la televisión y el video y su impacto en las formas artísticas mas antiguas. El libro, que es la forma simbólica por excelencia, ya no ocupa el lugar privilegiado que siempre tuvo. Al valorar la imagen por encima de la palabra caemos victimas de la apariencia de revelación total que la imagen ofrece, en tanto que la palabra suscita sospecha. Pero el problema es que la imagen, en lugar de darnos un disfrute subversivo en lo Real, solo nos da un disfrute imaginario, que, convenientemente, resulta en una sociedad de súbditos cada vez mas dóciles.

 

Todas las imágenes que nos rodean invitan a un disfrute pleno... ¿cierto? Y, sin embargo, esta huida de nuestra  falta de disfrute, es, en verdad, una mera ilusión. La imagen no escapa a la carencia, ni proporciona la plenitud o goce completo que promete. Al igual que todas las cosas, esta acosada por la incompletitud que su forma pretende negar. Una vía de escape que fortalece, en lugar de amenazar el orden social. Una transgresión imaginaria  que solo encubre una mayor intolerancia hacia la transgresión real. Alternativas que antes parecían estar a la vuelta de la esquina se han vuelto ahora inimaginables. El universo del capitalismo global, según se cree, esta aquí para quedarse y es mejor no arriesgar nuestra posición dentro de el.

 

Marx y Engels observaron que la vida bajo el capitalismo tendía a ofrecer a los sujetos una sensación de libertad propia combinada con un aumento de la falta de libertad real. En la imaginación, decían, los individuos parecen mas libres bajo el dominio burgués que antes. Pero, en realidad son menos libres, porque están en mayor medida gobernados por fuerzas materiales... ¿No  es esta noción de libertad a la que ellos se refieren bien similar a la actual noción  del disfrute del capitalismo tardío?

 

  Abandonar la figura simbólica del padre es en buenas cuentas, según Lacan, abandonar la imagen de un disfrute supremo que es la barrera que debemos sortear. Es aceptar que no hay disfrute real y que solo experimentamos  fragmentos o pedazos, nunca una felicidad completa o definitiva. Solo podemos obtener felicidad indirectamente como beneficio secundario de nuestra actividad.  Ser sujeto es ser inevitablemente incompleto, no porque se ha perdido algo, sino porque la incompletitud es originaria. El goce parcial implica, por tanto, la aceptación de que uno no puede escapar de la carencia originario que nos constituye. La ventaja del goce parcial reside justamente  en su verdadera conexión con lo Real.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 26, 2026

Los ojos


Detrás

De

Mis pestañas

Estaban

Mis ojos

Que

Te buscaban

Sin

Poder hallarte

Hasta

Que

Te encontraron

Colgando

De

Una estrella

Leyendo

Un libro

De

Nietzche.

 

Nieves.


Sunday, April 19, 2026

El estoico

 

 Marco Aurelio aconseja que antes de comenzar la jornada diaria, uno debiera decirse a si mismo... “hoy día voy a encontrarme con gente entrometida, ingrata, intimidante,  tramposa, envidiosa, explotadora y antisocial”. No muy alentador ¿cierto? Y sin embargo, esta es la realidad que la mayoría  de los pobres mortales  enfrentamos diariamente... ¿qué hacer frente a esto?

 

Marco Aurelio era estoico y el estoicismo, como se dice, prepara a sus adherentes para los tiempos duros al darles una perspectiva y poner las cosas en su contexto. Su filosofía, que usa la inteligencia y el entrenamiento, es una guía practica para enfrentar lo bueno o lo malo que la vida pueda traer. En la tradición occidental esta idea de la filosofía como una forma de vida empieza en Grecia, probablemente con Protágoras, y ha persistido, de una manera u otra, hasta hoy día, como podemos ver en la proliferación de libros populares publicados recientemente... “Ejercicios Espirituales Estoicos” de Elen Buzare, “Estoicismo y el Arte de la Felicidad” de Donald Robertson, la “Búsqueda de la Sabiduría” de John Cooper, “Estoicismo Hoy Día” de Patrick Ussher y Tom McConnel, “El Pequeño Libro de Estoicismo” de Jonas Salzgeber y muchos otros, además de inspirar varios tipos de psicoterapia, desde la logoterapia de Viktor Frankl hasta la terapia emotiva racional de Alberto Ellis. Pero, es en el mundo antiguo, en la filosofía estoica de Grecia y Roma, donde encontramos su mas completo y claro desarrollo.

 

Según Cícero hay un arte medico para el cuerpo y hay también un arte medico para el alma y este arte es la filosofía que cura las enfermedades humanas causadas por las creencias falsas. Esta no es solo una metáfora decorativa, sino una herramienta de descubrimiento y justificación. Una vez que uno ha entendido que la filosofía es como la labor del doctor, uno puede averiguar en forma mas concreta y con mayores detalles como el filosofo debe proceder según la variedad de circunstancias con las que se encuentra. En este periodo hay un amplio acuerdo entre las mayores escuelas Helenistas en que la motivación para filosofar es la urgencia del sufrimiento y la labor de la filosofía la orientación hacia el florecimiento humano. Y los instrumentos para lograrlos son los argumentos éticos, un arte en que el razonamiento exacto, el rigor lógico y las definiciones precisas juegan un importante papel. Un argumento que es simple y enteramente académico es un argumento filosófico defectuoso si es incapaz de comprometer a su audiencia en forma practica. La filosofía necesita, si se quiere practicar en forma terapéutica, pensar acerca de los usos de la imaginación, de la narrativa, de la comunidad, de la amistad y de las formas retoricas y literarias en que los argumentos puedan efectivamente ser comunicados.

 

¿Es esto todavía filosofía, esa actividad intelectual critica, autocritica y reflexiva que comienza en la tradición Griega con Sócrates y Platón y que llega hasta nuestros días? La verdad es que en las manos de los pensadores Helenistas la filosofía ya no es la tranquila y pura contemplación del mundo. Muy por el contrario, se sumerge en el y se hace parte de el... “Convéncete al menos de esto”, le dice un interlocutor a Cícero, “a menos que el alma sea curada, lo que no puede hacerse sin la filosofía, no habrá fin a nuestras aflicciones. Volquémonos entonces a la filosofía para tratamiento.”  ¿Cuáles son, entonces, estos tratamientos filosóficos? ¿Y que formas de enfermedad dicen curar?   

 

La estrategia mas general  de la terapia estoica es la enseñanza de que debemos ser observadores y críticos de la forma en que vemos el mundo. Las cosas que vemos, dicen, se imprimen en nosotros de diversas maneras, sea a través de nuestros hábitos de percepción o a través de nuestra compleja amalgama de creencias, convenciones, historias, enseñanzas, costumbres y la experiencia personal que también esta, en gran medida, conformada por procesos de aculturación. Nuestras formas de ver las cosas son tan habituales  y tan enraizadas en nuestro ser que las consideramos verdaderas y reflejo de cómo estas cosas son. Y como no tenemos otra visión de la realidad actuamos de acuerdo con la que tenemos. Y si la que tenemos es falsa, seguimos actuando de acuerdo a ella, porque creemos que es verdadera. Según los estoicos, estas visiones son necesarias, pero no suficientes. El trabajo de la filosofía es incitar a la auto examinación de nuestras creencias y nuestra cultura para hacernos cargo de nuestro propio pensamiento, considerar otras alternativas  y seleccionar de entre ellas la mejor. En buenas cuentas, crear un espacio para argumentar.

 

Esta no es solo una filosofía libresca, confinada a la academia y las bibliotecas, sino una forma de vida, un arte para aprender a encarar la adversidad y llevar a cabo una buena vida. No es suficiente recitar las doctrinas y argumentos estoicos, sino que se debe ser capaz de traducir esas doctrinas en conductas concretas... ¿como logramos esto? A través de la extirpación de las pasiones. Las emociones, según los estoicos, son juicios erróneos y deben ser erradicadas con la ayuda de una terapia cognitiva para mejorar nuestro ser. Transformamos nuestra vida transformando la disposición habitual de nuestra alma, una tarea que solo uno puede hacer por si mismo. A diferencia de la terapia médica o la predica evangélica, el estoico no se preocupa tanto de la curación de los otros como la de si mismo.  

 

Según Epictetus la única cosa sobre la cual tenemos control son nuestros juicios que dependen de nuestra facultad de elección. Esto, como pudiera creerse, no es tan malo porque los juicios son lo único que nos permite asegurar la independencia racional, si no queremos vivir como esclavos mentales. Ahora, si las emociones son producto de  juicios erróneos, formas de creencia como aseguran los estoicos, entonces están bajo nuestro control y es posible evitarlas o eliminarlas, especialmente cuando transforman nuestra vida en un infierno. Si sufrimos de envidia, por ejemplo, es porque creemos  que el otro tiene cosas mas valiosas que las nuestras, lo que nos lleva a competir con el. Si la furia se apodera de nosotros es porque creemos en el valor de lo que el otro ha dañado. Si el dolor y la pena nos afligen es porque creemos en el valor de lo que hemos perdido. Las pasiones no son mas que el reconocimiento de nuestra dependencia en otros y en eventos que escapan a nuestro control. Esta es, dicen los estoicos, la fuente de nuestra vulnerabilidad. Por tanto, si eliminamos las pasiones que nos atan a cosas externas que nos hacen sufrir podremos superar la vulnerabilidad  y obtener finalmente la paz mental. Según Chrisyppus las pasiones son juicios o creencias falsas. Apatía es la libertad de toda emoción.

 

La cosa, entonces,  es esta... si cambiamos nuestras creencias podemos  eliminar nuestras emociones. Pero ¿es posible hacer esto? Y mas aun ¿es deseable? Una cosa es  liberarnos de la envidia, el narcicismo o el odio al otro y otra muy diferente es el liberarnos del dolor y la tormenta emocional que causa la muerte de quienes amamos... ¿son también estas ultimas emociones erróneas y, por tanto, extirpables? Según Chrisyppus un juicio nunca es un frio acto intelectual. Por el contrario, es nuestro intimo reconocimiento de que tal y tal es el caso. Aceptar una proposición es admitir en nuestro ser su significación, es aceptar que su adopción inevitablemente nos cambiara. De acuerdo a esta concepción no hay ninguna razón para pensar que los juicios y las pasiones son distintos. Estas ultimas son en si mismas el reconocimiento de la tremenda importancia de algo que esta mas allá de nuestro control, de un algo excesivo que transgrede los limites que la razón prescribe en nuestras relaciones con el mundo externo. Este conflicto entre la razón y algo que la excede no es un conflicto entre dos diferentes partes, sino una oscilación del alma entre reconocimiento y negación, una sola razón dando vueltas en dos direcciones. Es la lucha de la razón consigo misma en relación con lo que es valioso y bueno en el universo. Lo que esto indica es que los estoicos no abandonan la forma en que experimentamos las pasiones. En lo que ellos insisten es que, en cada caso, lo que sentimos por algo es un acto de asentimiento.

 

Las pasiones entonces, según los estoicos, descansan en algún tipo de evaluación de cosas externas que pueden clasificarse  como buenas o malas y como presentes o futuras. De acuerdo con esto tenemos cuatro tipos básicos de emoción... Deleite basado en juicios que indican que lo que ahora tenemos es bueno. Apetitos basados en juicios de que algo futuro es valuable. Aflicción que acompaña a los juicios que dicen que lo que hay ahora es malo y Miedo ligado a juicios que indican que algo malo contiene el futuro. Para Seneca en lugar de tener pasiones moderadas, como recomienda Aristóteles, es mejor no tenerlas. Lo que debemos hacer es exterminarlas de raíz para liberarnos de su dominio. En verdad, dice, la naturaleza misma lo demanda. Necesitamos recuperar nuestra libertad. Liberarnos de los miedo, de las esperanzas, de los odios, las iras y aflicciones que controlan nuestras vidas. Liberarnos de los falsos juicios que alimentan las pasiones.

 

 Pero, uno podría decir... ¿no es la ira el motivo correcto para defendernos de las injusticias y violaciones a nuestra vida? ¿no es la compasión la que nos lleva a ayudar al desvalido  y el amor a proteger a la familia? ¿Sin ellas, qué incentivo tendríamos para actuar? Es cierto, dice Seneca, que el buen hombre no tendrá ira si ve a su padre sacrificado y a su madre violada. Pero, el los vengara y los cuidara. Cumplirá su deber imperturbablemente y sin miedo, porque el hacerlo es apropiado. Una operación semejante a la ley... segura, constante, confiable, desapasionada y, por ello, capaz de autodeterminación racional.

 

Independientemente del valor que podamos darle a las cosas externas, lo cierto es que la ligazón entre pasiones y creencias es un argumento bien poderoso.

 

A diferencia de las otras escuelas Helénicas los estoicos ven sus enseñanzas como una actividad dirigida al cambio social, hacia la creación de una sociedad justa y humana  que no es posible lograr sin una terapia filosófica. La enfermedad de las pasiones, dicen, es la base para su diagnostico del desorden político.

 

Esto no es muy diferente de lo que hoy dice el filosofo alemán Sloterdijk al declarar que la emancipación social depende del rechazo de las nociones tradicionales de subjetividad. Transformar las estructuras políticas y económicas es necesario, pero no suficiente para evitar la catástrofe política. El tejido sicológico existencial de la sociedad también tiene que  renovarse. La reforma comienza no solo con la base o la súper estructura, sino también con el trabajo de las estructuras internas. Y Michel Foucault, en sus últimos escritos, ve en los pensadores Helénicos la fuente de la idea de la filosofía como un conjunto de técnicas del yo, de practicas complejas de auto formación que tienen el potencial de liberarnos mentalmente de la tiranía del discurso imperante.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 12, 2026

El hoyo del calcetín mental

 

Se

Me

Fugo

El mundo

Por

Un hoyo

De

Mi calcetín

Mental.

Lo

Encontré

Tiritando

De

Angustias

Debajo

De

Mi cama.

 

Nieves.

Sunday, April 5, 2026

Ateísmo?... Si, por favor

 

¿De donde viene esa idea de que detrás del telón hay alguien  que creo y controla el universo? ¿De que vivimos en un mundo planificado que contiene una intención y propósito? Por milenios esta creencia ha dominado la mente humana...  pero no a todas. Algunas han adoptado una  actitud mas escéptica, algo así como una especie de ateísmo místico... no el rechazo humanista de la religión, sino el rechazo religioso de Dios.

 

De hecho es en la idea del propósito como categoría ontológica ultima donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente. La intencionalidad como fuente y medida insuperable de todo lo que sucede es la esencia de la idea monoteísta.

 

Según cuenta Brook Ziporyn, autor de “Experiments in mystical atheism”, la historia va mas o menos asi... Sin mayor exageración se podría decir que la conducta intencional es el origen de todo lo que sucede. Una creencia animista casi universal que concibe todo lo que ocurre como la acción de espíritus. Es la idea de que los eventos, cualquiera que estos sean, requieren un agente, un hacedor, al igual que nuestra propia capacidad de acción... deseo levantar mi mano, por ejemplo, y mi mano se levanta. La mente hace que las cosas sucedan ¿y para que levanto mi mano? Para alcanzar mi propósito. La causalidad ultima de todos los acontecimientos se busca, finalmente, en lo personal, en las intenciones con  propósitos ejercidos por seres conscientes... ¿Qué premisas permitieron que esta idea se arraigara como una explicación seria del mundo?

 

A pesar del hecho de que alguna forma de dios supremo, dios principal, dios gobernante o dios creador es una invención bastante común en el mundo antiguo, la verdadera invención de la idea clave del monoteísmo se encuentra en Platón, que permitió repensar los primeros versículos del Génesis de una manera que desde entonces ha ejercido una poderosa influencia.

 

Como generalmente se dice, la filosofía comenzó en Grecia cuando Tales de Miletus sugirió que el agua era el Arche de todos los demás elementos, lo que verdaderamente sustentaba y explicaba a todos. Anaximandro, discípulo de Tales, propuso el apeiron, lo ilimitado o infinito, como el origen de todo y que esta relacionado con el caos primordial, carente  de definición, medida, limite y orden. El apeiron sugiere la ausencia de cualquier posibilidad de exclusión de algo por algo, la falta absoluta de limites o reglas internas definidas que no admiten identidades fijas o definidas, ya sea  en su conjunto o en sus partes internas.

 

Sin embargo, esta interpretación rápidamente fue usurpada por Anaxágoras dándole un significado nuevo y contrario, que marca el inicio de la tradición teísta que roba y domestica la infinitud y el caos inagotable del hábitat natural. Según este pensador griego ninguno de los elementos materiales finitos puede ser el Arche. Ni el apeiron, el infinito puro de Anaximandro, ni el paradójico y fluido fuego del Logos de Heráclito, ni el amor y odio de Empédocles, ni la proporción armónica de Pitágoras pueden ser el Arche. Solo el Nous, la inteligencia, la consciencia o mente es el primer principio. En su significado mas simple y directo, es la mente en su modo activo y con propósito, como cuando se intenta lograr algo o resolver y guiar las acciones del cuerpo. coordinando los fines con los medios. En breve, es la mente al mando, mente como voluntad, mente como organizadora y diseñadora. Y por eso Sócrates la ve inmediatamente como un principio explicativo. En el Phaedo de Platón, a la víspera de su muerte, cuenta que tenia un libro de Anaxágoras en el cual leyó que la mente era la que dispone y causa todo, idea que le pareció admirable porque, si es la mente que dispone todo, lo dispone para bien colocando cada particular en el mejor lugar.  Este es el momento en que Platón, en esta obra, literalmente dramatiza la invención de la idea central del monoteísmo. Es aquí donde vemos las verdaderas implicaciones de la nueva concepción platónica de “Dios”. Lo que resalta en los pasajes del texto es la fusión de cinco conceptos... El Bien, la conciencia, la causa ultima, el propósito y la unidad. La premisa clave es una cierta experiencia de voluntad consciente que se identifica con ese aspecto de uno mismo que sabe de antemano lo que quiere e intenta lograrlo unificando todos los esfuerzos. El propósito se privilegia considerándolo como lo que realmente hace que las cosas sucedan.

 

Este es el modelo fundamental, según Ziporyn, en torno al cual giran la dialéctica del Parménides, la teoría de las Formas en la Republica y los otros diálogos intermedios y que continuará rondando mas allá, como ciertamente lo vemos en las tradiciones platónicas, en el anti trascendentalismo de Aristóteles y su reorientación neoplatónica, en las teologías negativas abrahmánicas y también, aunque parezca extraño, en el humanismo secular. Este modelo platónico es el núcleo, digamos la esencia misma, del monoteísmo, incluso si el Dios omnipotente aun no se ha formado plenamente.

 

A diferencia de este modelo, no seria arriesgado afirmar que el infinito, a diferencia del propósito, es el principio explicativo y marcador inicial del ateísmo, como lo vemos inicialmente en el apeiron de Anaximandro, el atomismo de Demócrito y los epicúreos en los que el infinito es sinónimo de falta de forma o características determinadas y definidas. Un universo sin Dios, en ausencia de cualquier razón o propósito que lo justifique. Cuando el creyente ve la belleza de una flor ve la mente que quiso crearla, amarla y cuidarla. Es la manifestación de un propósito, de una inteligencia que realiza algún tipo de función. Cuando el ateo observa la flor, ve mas bien una concreción concentrada del azar, de la falta de propósito, de la no intencionalidad y ausencia de forma del infinito. Aquí uno podría decir que, como escuchamos a menudo, Dios también es infinito. Pero, la cosa es que la misma idea de Dios entra en conflicto con la idea de finitud. Dios es mente como causa e inteligencia, como elección y propósito que están necesariamente supeditados a la finitud. La esencia del propósito o preferencia es la exclusión de lo no preferido. Dios, inteligencia como causa es, desde el principio, la exaltación de la finitud. Dios, en buenas cuentas, es la conspiración en contra de la infinitud, de esa que abarca toda transformación y estado posible, la que produce la variedad infinita de entidades finitas no planificadas, pero que no se restringe a ninguna forma finita particular.

 

Lo novedoso y decisivo de la idea monoteísta no es solo que los eventos sean causados por mentes, como en el animismo, sino que el animismo se ha llevado al extremo al basarse en una forma especifica de unidad. Todas las cosas no solo son causadas por la mente, sino que todas son causadas por una sola mente. Lo que implica que, en ultima instancia, todas las cosas son parte de un sistema único de propósitos. En el hecho, lo que ha ocurrido aquí es que el propósito se transforma en la categoría ontológica suprema donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente.

 

¿Pero, entonces, cual es el problema que nuestras acciones o, incluso, la vida misma tengan un propósito? ¿No es esto lo que le da sentido a nuestra existencia? ¿Y no es obvio que los valores mismos se definen por su relación con un propósito?  

 

Lo paradójico es que los propósitos de control conscientes pueden, e incluso deben, interpretarse como un medio, pero el objetivo ultimo, el punto de referencia o ideal regulador que informa todos los propósitos es la ausencia de propósito, lo incontrolado e inconsciente como el verdadero lugar, o al menos la verdadera fuente del ser y valor... ¿como asi?

 

Con la idea del Dios monoteísta, el propósito se convierte en la fuente, fin y significado de todas las cosas. La categoría mas alta, en contraste con la falta de propósito que se minimiza y desprecia. El problema con esto es que una vez que aceptamos la idea de un propósito pre existente nos condenamos a un eterno retroceso de insatisfacción. Si el propósito de A es B ¿cuál es el propósito de B? ¿Es C? y, en ese caso ¿ cual es el propósito de C?  Un vez que empezamos a preguntarnos no podemos detenernos ¿cierto?... ¿cuál es el propósito del Universo? Y, mas aun ¿cuál es el propósito de Dios? Al parecer es el deseo de evitar el retroceso infinito. Según se dice Dios es “su propio propósito”. De lo contrario toda la cadena de propósitos perdería sentido. Lo que en verdad es bastante irónico. Todo el problema solo surge precisamente porque se ha priorizado absolutamente el propósito. El propósito crea la enfermedad y la deificación del propósito se ofrece como cura.

 

¿Hay alguna salida a esta forma de arreglar las cosas? Una seria privilegiar algunas experiencias propias que se consideran intrínsecamente valiosas, fines en si mismas que, al parecer, se presentan como una ruptura con la estructura de subordinación de los medios a los fines. En la versión atea secular de las culturas humanista, el propósito ya no se sitúa al comienzo de la existencia, sino al final de toda acción y es el criterio de todo valor. Cuando Dios desaparece de la escena, la obsesión con el propósito continua, ya sea en la forma de hedonismo sensual o en su forma mas refinada como en los logros culturales, tecnológicos o artísticos. En ambos casos la estructura es la misma... X existe para “el bien de” Y. La subordinación es la clave y el propósito consciente termina por dominarlo todo.

 

Aquí uno fácilmente  podría decir... por supuesto, de eso justamente se trata. Sin embargo, si no le tememos al supuesto nihilismo que niega la primacía ontológica o existencial del propósito y nos atrevemos a cuestionar la estructura misma del significado, del propósito, de la razón de ser de las cosas o el valor de los valores, se nos aparece un cuadro bien diferente. Si miramos bien las cosas, nos encontramos con que la falta de propósito posibilita los propósitos. Tener un propósito es preferir un resultado sobre otro y, en lo posible, eliminar los resultados no deseados. La falta de propósito, en contraste, no excluye el propósito. Al contrario, lo incluye, lo permite e, incluso, según la perspectiva taoísta, lo genera. Pero no se trata de uno solo sino de muchos, quizás infinitos, que permanecen integrados en una ausencia de propósito mayor, pero sin ser contradichos o socavados por ella. El cosmos monoteísta, en ultima instancia, excluye por completo la ausencia de propósito, la no dualidad y lo no personal. Es el intento de excluir todo aquello que no se ajusta a el. En cambio, la falta de propósito, en sentido ontológico o existencial, por definición, no excluye nada. Es mas bien la aceptación de resultados imprevistos, incontrolados e indeterminados. La falta de propósito es una apertura. Es lo que escapa al control de cualquier propósito individual, lo que desbarata cualquier intento de control monolítico, lo que abre cualquier propósito  a otros propósitos alternativos.

 

La falta de propósito, por ultimo, es la matriz fecunda de la que surgen los propósitos y la falta de propósito que escapa al control de cualquier propósito. En lugar de buscar respuestas definitivas, el místico ateo busca una manera de no tener tales respuestas. Es el cierre, lo definitivo, la naturaleza univalente del mundo a lo que se objeta y Dios es el que impone este cierre. El “Gran Otro” no existe, como decía Lacan, y este es el verdadero ateísmo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.