Sunday, May 31, 2026

El fin del marxismo

 

¿No será que los rumores de su fin son demasiado tempranos? A pesar de que no domina el campo político y teórico como en el siglo pasado, su sombra fácilmente la podemos distinguir por aquí y por allá, capaz de proveer todavía un mapa cognitivo del posmodernismo y el contexto cultural, social y político del capitalismo contemporáneo.

 

El posmodernismo, al desplazar el marxismo junto con la gran narrativa, innegablemente ha planteado importantes cuestiones sobre la historia, los medios de comunicación, el genero, los textos culturales, la subjetividad, la identidad y la raza, entre otros. Sin embargo, ninguna de estas cuestiones pueden abordarse plenamente sin considerar la dinámica de la mercancía y las clases de la sociedad capitalista. Y, como argumenta Matthew Flisfeder, donde mejor podemos ver esta dinámica es en la reacción critica del posmodernismo al modernismo.

 

El modernismo se caracteriza por la novedad y la búsqueda del progreso y la utopía. Es la época de descubrimientos científicos, de nuevas tecnologías de producción, del auge de la industria y la comunicación de masas, de una nueva forma de ver y comprender el universo y, sobre todo, de la novedad y la transgresión. Pero, al mismo tiempo, todas estas maravillas se vieron contrarrestadas por fuerzas contradictorias tales como el auge del poder corporativo, la profundización de la lucha de clases y el desarrollo de la industria moderna.

 

A mediados del siglo XIX con el avance de las nuevas tecnologías de representación, como la fotografía y luego el cine, el arte dejo de centrarse en la representación directa y la verosimilitud y comenzó a enfocarse en el medio de expresión en si mismo como objeto artístico. De ahí la expresión del “arte por el arte”. Liberado de la mera representación y misión ilustrativa el arte se propuso transgredir constante e inevitablemente lo antiguo y normativo, separándose del ámbito cuotidiano, social y político. Es dentro de esta atmosfera donde encontramos el surgimiento de diversos formalismo modernos y practicas y manifiestos artísticos revolucionarios desde el impresionismo de Renoir y Manet hasta el cubismo de Picasso, el futurismo italiano de Marinetti, el expresionismo de Van Gogh y Munch, Duchamp y el dadaísmo, el surrealismo de Dalí y, finalmente, el expresionismo abstracto de Pollock. Es aquí donde con mas claridad la novedad se revela en contra de todo lo que es normativo.

 

¿Pero, que pasa cuando la novedad y la transgresión de la norma se transforman en la norma? ¿Cuando la Avant-Garde se institucionaliza? ¿Cuándo la cultura de consumo dominante es capaz de absolver los signos y símbolos de la subcultura? El imperativo capitalista de la mercantilización total y la institucionalización del arte transforman las propias practicas de subversión del arte moderno en la ideología dominante. El posmodernismo surge cuando la subversión deja de ser subversiva, cuando lo nuevo y transgresivo en el arte y la cultura se normalizan y legitiman. En buenas cuentas, cuando la institucionalización y la mercantilización del arte moderno convergen.

 

Con el auge del capitalismo, según el análisis marxista, potencialmente todo, incluyendo el arte, puede convertirse en una mercancía para su venta, empezando con la mercantilización de la fuerza del trabajo que el capitalista compra y luego usa para obtener una mayor ganancia o plusvalía, la fuente de explotación del sistema que permanece oculta, tanto para el trabajador como para el capitalista. La mercantilización del arte,  por ejemplo, que era privilegio de la nobleza, contribuyo a su democratización al ponerlo al alcance de todos, siempre y cuando puedas pagar por el. Y es el precio lo que justamente muestra la tensión existente entre igualdad y mercancía. Es en este sentido que la democratización de la cultura es solo aparente en el capitalismo.

 

Ahora bien, si la mercantilización universal se equipara mediante el intercambio de dinero... ¿qué pasa con la ética avant-garde del “arte por el arte”, que se considera autentico por su singularidad? La mercantilización del arch, equiparándolo con el dinero, y como ocurre igualmente con otros productos, devalúa la autenticidad del arte. La reproducción masiva del objeto artístico lo hace mas democrático, pero su reproducibilidad degrada parte de su valor, le roba su autenticidad convirtiéndolo en mera cultura de masas. La reproducción de la Mona Lisa en tasas de café, delantales de cocina o tarjetas postales hacen insignificante la experiencia del objeto original que cuelga en el Louvre. Lo irónico es que el arte moderno lucho justamente en contra de esta mercantilización y trato de crear una esfera  separada del mercado y por encima de la cultura de masas para la valoración del arte. El objetivo del artista de vanguardia era, en el fondo, elevar su arte al nivel de lo absoluto. El posmodernismo, en cambio es, en parte, una reacción a este tipo de elitismo y busca disolver la distinción entre alta y baja cultura. El intento es comprometerse con la cultura popular de una forma que antes no existía. Si el arte tiene que ver con la cultura, entonces debe reflejar la cultura mercantilizada vivida en la realidad del capitalismo actual donde mercancía y cultura son inseparables. Las líneas entre arte y mercancía pierden sentido en la lógica cultural del capitalismo tardío, cuyo ejemplo paradigmático es la obra de Andy Warhol “Tarros de sopa Campbell”.

 

Con el posmodernismo, entonces, la autonomía relativa que separaba la esfera cultural de la economía parece haber desaparecido. Según el teórico Fredric Jameson, esto se debe a la influencia estructuradora de los cambios producidos por el modo de producción del capitalismo contemporáneo. La cultura del capitalismo tardío ha posibilitado la mercantilización total del espacio haciendo prácticamente imposible encontrar una cultura, culta o popular, que no se vea afectada por la creciente influencia del capitalismo multinacional.  

 

Y es en este sentido que, a diferencia de la cultura modernista que intenta distanciarse de lo político e ideológico creando una esfera autónoma, el posmodernismo es mas auto reflexivo respecto de sus propios contextos políticos e ideológicos, como indica la autora canadiense Linda Hutcheon. La parodia de todo tipo de representación y con el uso de la ironía, el posmodernismo demuestra que todas las formas de cultura se fundamentan en la ideología y, por lo tanto, no pueden eludir sus contextos políticos, como ya Marx había sugerido. Dentro de este marco,  las representaciones ahora se entienden como producción de la ideología y, del mismo modo, la ideología se considera como un sistema de representación. Es el reconocimiento de que nuestro conocimiento del mundo viene cargado de significaciones sociales e ideológicos y nunca proviene de un lugar neutro u objetivo. El arte posmoderno, según Hutcheon, permite desconstruir las convenciones normativas dentro y entre diferentes formas de representación. A través de la parodia, la ironía, el pastiche y la autorreflexión el posmodernismo es capaz de legitimar y subvertir la cultura al mismo tiempo. 

 

Es en el pastiche, por ejemplo, donde el pasado se presenta como un estereotipo de si mismo, sin reconocer sus orígenes históricos, convirtiéndolo en una mera simulación o simulacro, digamos, una copia del pasado sin referencia al original. Con la perdida de la historia en el posmodernismo se produce una aparente ausencia de cualquier referencia a una realidad subyacente. Con la hiperrealidad de Baudrillard, por ejemplo, al romper la cadena significante, se pierde el acceso a una realidad mas profunda que yace bajo la superficie de la representación y con lo que nos encontramos ahora es con un entorno impregnado de simulaciones que preceden a la realidad, como hoy lo vemos claramente con la explosión de imágenes digitales generadas por la IA. La hiperrealidad nos aleja de la antigua distinción entre realidad e ilusión, de la creencia de que la representaciones es una distorsión de la realidad o de que hay esencias bajo la apariencia superficial. Ahora, la representación es constitutiva de la realidad en el sentido de que no hay significado de la realidad fuera de la representación, incluyendo el sujeto, que ahora pasa a ser un efecto del discurso o representación, como afirman los posestructuralistas.  Esta concepción de lo hiperreal implica obviamente un rechazo al materialismo histórico y el privilegio del modo de producción. En lugar de la producción como principio organizador de la sociedad, la cultura posmoderna se estructura en torno a los medios digitales, la informática, la cibernética y los medios de simulación, a lo que habría que agregar, como factor contribuyente al surgimiento posmodernista, el cinismo político como respuesta a las practicas dictatoriales del régimen soviético y el fracaso de la izquierda en los sucesos de Mayo del 68 que impacto profundamente el discurso teórico que desvía la atención del objetivo emancipatorio del materialismo histórico hacia un mayor enfoque critico de los estereotipos culturales y la política de la identidad.

 

Lo característico de este cinismo político contemporáneo es que estamos plenamente conscientes de los problemas que enfrentamos... la amenaza de una catástrofe ecológica, la profundización de las crisis económicas, la deuda personal y nacional, las políticas de austeridad y la reducción de los servicios públicos y sociales, las guerras por el control de los recursos naturales, la inmigración masiva, el racismo, el sexismo, el fundamentalismo, el asalto a las conquistas democráticas y el surgimiento de lideres políticos autoritarios. Todo esto lo sabemos. No es una cuestión de falsa consciencia, lo que indica que la ideología se vuelve operativa mediante la practica de la negación... lo sabemos muy bien, pero igual seguimos actuando como si nada de esto estuviera pasando.

 

En realidad, una interpretación marxista del posmodernismo permite discernir en él los paralelismos que mantiene con los desarrollos actuales de la sociedad capitalista. Como nota Jameson, la lógica cultural del capitalismo tardío no puede ser analizada sin su relación con el auge del neoliberalismo y el predominio del capital financiero. Es esta relación la que permite entender la lógica subyacente de la ruptura de la cadena significante, el predominio de la imagen en desmedro de la autoridad simbólica y el concepto posmodernista del presente perpetuo. Deleuze y Guattari, igualmente, vinculan la desconstrucción del significado en el capitalismo tardío con el mercado. En este marco es imperativo trascender las barreras que puedan prohibir o limitar el intercambio en aras de obtener mayores ganancias. El capital financiero por ejemplo, siguiendo la lógica política del neoliberalismo, desmantela los mecanismos estatales que limitaban el comercio y el intercambio de bienes financieros. Las finanzas, sin embargo, son justamente los mecanismo de endeudamiento del futuro. Financiar significa que endeudamos nuestro futuro para pagar las cosas del presente. De esta manera, el futuro parece no surgir nunca porque ya ha sido tomado prestado. Al final terminamos trabajando constantemente para devolver lo que hemos pedido prestado de nuestro futuro. Asi, vivimos en un presente perpetuo... ¿podríamos decir que en todos estos análisis todavía es posible ver la sombra de Althusser?

 

Según Mark Fisher el “realismo capitalista” es lo que surge después del posmodernismo, que en sus inicios todavía era concebible una alternativa al capitalismo. Pero hoy, después de mas de tres décadas, no parece existir ninguna alternativa viable, por lo que no es raro que en el cine y la literatura la distopia haya reemplazado a la utopía.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, May 24, 2026

Una mariposa tocando la flauta


Recien

Salida

Del

Ardiente

Horno,

La hermosa

Flauta,

Amasada

Con

Harinas

Mágicas

Doradas

De

Trigos,

Es

Esperada

Por

La mariposa

Que

Tocara

Una

Rapsodia

Tostada.

 

Nieves.


Sunday, May 17, 2026

Trump... el padre anal

 

Trump es increíblemente ignorante, obsceno, cruel, patológicamente narcisista, delirante y deshonesto. Y, aunque esto no es inusual en lideres políticos, es difícil encontrar a alguien que históricamente se le asemeje psicológicamente, si descartamos, por supuesto, a Calígula. Y, a pesar de todo ello, ejerce una tremenda fascinación popular. Es, según la expresión de Zizek, “el padre anal del disfrute” que, operando en contraposición a la ley y la prohibición del padre edipico de Freud, no exige al sujeto que sacrifique el disfrute como precio para integrarse en el orden social. 

 

Obviamente no es posible desconocer que hoy existe una tendencia global hacia el populismo de derecha y el avance al fascismo como consecuencia de la estructura capitalista de la sociedad que inevitablemente frustra la   fantasía consumista que promete. Lo que resulta fascinante es que en lugar de responder con algún tipo de movimiento proletario por la emancipación colectiva vemos, por el contrario que, incluso personas que iban a ser afectadas negativamente por las políticas de Trump, como los inmigrantes  que corren el peligro de ser deportados, lo apoyan. Algo que debiéramos tomar en cuenta para comprender como el interés propio no es la fuerza motriz de las acciones y decisiones políticas de la gente.

 

Hay ciertas características de Trump, como nota Todd McGowan, que son peculiares, como la obscenidad, y por eso la atracción que Trump ejerce es tan contradictoria. Por un lado quienes lo apoyan están a favor de la liberación total, en contra de la corrección política, las leyes sobre la marihuana y de cualquier tipo de restricción a la libertad de expresión. Puedes decir cualquier tipo de obscenidad que quieras y, por otro lado, sin embargo, la gran masa de su apoyo son cristianos fundamentalistas... ¿como entendemos esto? Según McGowan, el punto de encaje de estas dos tendencias contradictorias es la trasgresión. En “La Psicología de las Masas y Análisis del Yo,” Freud expresa la idea de que la identificación con el líder es la identificación con la capacidad del líder para transgredir todas las restricciones que rigen a las personas dentro del contexto social. Las denuncias de que las obscenidades, las violaciones sexuales y las mentiras de Trump han ido “demasiado lejos”, no tienen mayor efecto porque “ir demasiado lejos” es precisamente la clave. Esa es la naturaleza de su atractivo. Es la aceptación absoluta de la ignorancia y del sacrificio de cualquier tipo de conocimiento. Su obscenidad y sus mentiras violan el conocimiento y es ahí donde reside parte de su poder. Por las dudas, solo nota porque ha sido elegido presidente, no una, sino dos veces. Si recordamos bien, Hegel sostuvo que cada acontecimiento histórico mundial tiene que ocurrir dos veces. Y Marx, siguiendo a Hegel, afirmo que la primera vez es tragedia, la segunda, farsa. Hegel recuerda que Napoleón debe ser derrotado dos veces, Cesar debe regresar al poder dos veces. La repetición de algo lo solidifica psicológicamente. En términos lacanianos, la primera vez aparece como algo real y la segunda se integra en el universo simbólico. Y este es la cosa de porque la vuelta de Trump genera tanta controversia. Es la impresión de que el universo simbólico tendrá una configuración totalmente diferente. Ese es, dice McGowan, el argumento básico de Hegel al plantear la idea de que la historia debe repetirse. El primer evento no puede registrarse simbólicamente porque representa una ruptura del sistema simbólico previo. Pero, cuando el nuevo evento se repite, el sistema se reconstituye de una nueva manera... ¿no es eso lo que estamos viendo?

 

Toda estructura es contradictoria y el capitalismo no escapa a ello. Pero esa contradicción no nos esta llevando al comunismo, o al socialismo según ahora se prefiere, sino, al parecer, al comienzo de una época en la que el mundo entero estará dominado por movimientos populistas de derecha. Esta es la posición de facto y el fin del orden global que, de una u otra manera, ha regido las relaciones internacionales desde 1648. Su marco legal y diplomático ha sido reemplazado por el poder de la fuerza belica que le da el derecho a invadir naciones mas pequeñas, matar o secuestrar lideres y bombardear naves en aguas internacionales.     

 

Lo que escasamente vemos hoy, en comparación con el pasado no muy lejano, son las marchas y los grandes movimientos de resistencia. Todo ello parece haberse desvanecido. Y si lo pensamos, no es muy difícil entender que el fascismo tiene cierta ventaja dentro del capitalismo en comparación con los proyectos emancipatorios. Ser universalista es mas difícil  que ser particularista o identitario, porque la identidad logra  movilizar con mayor éxito el disfrute en torno a un enemigo común.

 

¿No será que la razón por la que la gente lucha mas por su servidumbre que por su emancipación es la negatividad inherente a la subjetividad? Si contemplamos la escena humana vemos que es bien difícil evitar la  autodestrucción. Y cuando la evitamos siempre caemos en otra. Piensa solo en las personas exitosas que parecen haber evitado la autodestrucción, pero que, de una u otra manera, caen en otros problemas... insomnio, relaciones autodestructivas, alcohol, adicción a las drogas, etc. Es aquí donde Freud provee una de sus ideas mas importantes... el instinto de muerte ¿Como analizar la situación contemporánea sin tener en cuenta esta autodestrucción? Hay algo inmensamente satisfactorio en eso y Trump lo usa a su favor. Constantemente hay cosas, por ejemplo, que todos identificamos como autodestructivas y, sin embargo, eso se convierte en la fuente de su atractivo. Sin la base de la clase trabajadora, por ejemplo, Trump nunca habría sido elegido. La pregunta entonces es... ¿lo apoyan por ignorancia o, por el contrario, porque saben que es malo?  Muchos pensadores y analistas políticos examinan todo esto desde la perspectiva del interés propio. Desde un punto de vista racional esto parece ser correcto. El problema es que estos análisis pasan por alto la verdadera cuestión de por que hacemos lo que hacemos. Es asi, por ejemplo, como, mediante la negación, implementamos todo tipo de mecanismos para no ver lo que estamos haciendo. Se puede votar Trump y decir... “No, estoy realmente actuando por interés propio” o “Trump finalmente esta limitando el poder de los expertos y de la academia”. Claramente no se vota por Trump porque es autodestructivo. Nadie dice eso, obviamente, porque la clave del instinto de muerte es su carácter inconsciente. Conscientemente se necesita algún tipo de fantasía que nos diga que lo que realmente estamos haciendo es perseguir algún interés o algún objetivo. Según comenta Zizek se puede apoyar al líder fascista con una actitud de obediencia total y, a la vez, sentirse completamente radical. Una postura diseñada para maximizar el disfrute ligado a la transgresión obscena que Trump legitima. El radicalismo del populismo de derecha, en contraste con el populismo de izquierda, irónicamente se caracteriza por la capitulación ante la norma social. En ultima instancia no viola nada, sino que se sigue obedeciendo los imperativos capitalistas, se sigue siendo un buen racista y se sigue siendo un nacionalista fanático. Lo que obviamente implica una doble actitud. Por un lado, se tiene esta obediencia total, asi que se puede pensar... “Ah, pertenezco, me adapto, soy parte”. Y es agradable pertenecer. No es que conscientemente “se adapte”, sino que es agradable la sensación de que uno “encaja”. Uno se siente bien, y al mismo tiempo, por otro lado, se tiene la sensación de transgredir. Dos experiencias por el precio de una. Y esta es la diferencia, o desventaja electoral, del populismo de izquierda. La izquierda transgrede lo que  ayudaría a “encajar”. No se es capitalista, no se es racista, no se es ultranacionalista. El derechista, en cambio, obtiene indirectamente su disfrute inmediato al identificarse en oposición con la persona que odia. Y eso es lo que ofrece Trump. La fantasía capitalista promete la satisfacción total, el disfrute sin carencia, sin apuntar a la raíz de la carencia. La vieja fantasía en la que se basa Trump es la de que todos lo pueden tener, pero si no lo tengo es por culpa de los inmigrante, los expertos, las vacunas, los comunistas o lo que sea.  

 

¿Porque debiera importarnos lo que Trump cree o hace, si después de todo no es nuestro presidente? Simple, porque sus decisiones afectan a todo el mundo y su goce excesivo abre la ruta a la distopia.

 

¿Es posible pensar todavía en un proyecto político coherente en la izquierda o, por el contrario, toda esperanza ya se ha desvanecido? La verdad es que la izquierda enfrenta en este momento todo tipo de desventajas debido al dominio mundial de la extrema derecha. Sin embargo, a lo que debe ser fiel es a ciertas ideas, como dice McGowan. Con el fracaso del proyecto identitario izquierdista que proclamaba que la universalidad aplasta lo particular, se abre la ruta nuevamente a que la universalidad deje de tener mala fama. El universalismo, lo que en algún momento llamábamos internacionalismo proletario, nos permite reconocer que la estructura capitalista por si misma imposibilita la igualdad y actúa como barrea para su consecución. Las luchas de las feministas, los homosexuales, los campesinos, los obreros industriales o los mineros de todas partes libran la misma batalla y, a pesar de que sus identidades son diferentes, ellas participan de lo universal a través de sus luchas que revelan lo que constitutivamente esta ausente. Las consecuencias son catastróficas si rechazamos la universalidad, especialmente si consideramos el cambio climático que es algo que no podemos enfrentar con iniciativas particulares porque es un fenómeno global que afecta a todos, no importa quien sea, donde se vive o cuan rico o pobre se es. Lo que compartimos universalmente es la catástrofe ambiental y la ausencia de una vía de escape, que es la forma mas evidente que hoy adopta la igualdad.

 

La teoría no puede decirnos que hacer, pero puede darnos algunas ideas genérales sobre lo que no debemos hacer. Y una de ellas es repetir nuevamente la política de lo particular.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, May 10, 2026

Pajaros de vientos amarillos

 

Las hojas,

Pajaros

De

Vientos

Amarillos

De

Otoños

Se

Transforman

En

Quitasoles

Verdes

De

Veranos.

 

Nieves.

Sunday, May 3, 2026

El imperativo hedonista

 

De la sociedad disciplinaria de la que hablaba Foucault llegamos a la sociedad  de control de Deleuze... ¿pero, que tal si agregamos una  nueva dimensión, digamos, “la sociedad del disfrute”, esa que  encontramos en el capitalismo tardío?

 

En lugar de exigir a los individuos que renuncien a su disfrute privado, pareciera que hoy el único deber consiste en disfrutar lo máximo posible. La invitación la encontramos por todas partes, no solo en la propaganda comercial sino que también en la psicología popular en donde ha encontrado una directa y explicita articulación, como atestigua el escritor Dennis Prager al afirmar que nuestro deber hacia el orden social consiste en disfrutar y ser felices. Tendemos a pensar, dice, que nos debemos a nosotros mismos ser lo mas felices posible. Y esto es cierto. Pero la felicidad es mucho mas que una preocupación personal. Es también una obligación moral. Cuando no disfrutamos,  perjudicamos el disfrute de la sociedad en su conjunto. Tenemos esta obligación con nuestra esposa o esposo, nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo y nuestros amigos, en realidad, con todos los que entran en nuestras vidas... ¿no es el caso que hoy estamos bien lejos de la proclamación de Freud que, escribiendo en medio de la sociedad de la prohibición, veía que lo mejor a lo que podemos aspirar es transformar “la miseria neurótica en la infelicidad común” ?  

 

 Esta curiosa noción del “deber de ser felices” transforma radicalmente el concepto mismo del deber que históricamente ha implicado limitar, en lugar de maximizar, la propia felicidad. Tradicionalmente la prohibición siempre ha funcionado como la clave de la organización social, exigiendo que los sujetos sacrifiquen el disfrute en aras del trabajo, la comunidad y el progreso. La importancia del papel estructurador de la prohibición en la sociedad, como nota el teórico McGowan, se hace evidente en las discusiones de Claude Levi-Strauss sobre el incesto, las especulaciones de Freud sobre la horda primigenia y los orígenes de la sociedad y la concepción lacaniana del orden simbólico.

 

Según Levi-Strauss la presencia de la prohibición, especialmente la prohibición del incesto, ha estado presente en todo orden social. Un orden que se funda en un sacrificio compartido, algo a lo que deben renunciar quienes quieren participar en la vida comunal. Una prohibición que nos abre al mundo social, liberándonos del estrecho foco de nuestro interés inicial. Es la renuncia del disfrute de un miembro de la familia por otro miembro de la sociedad en general, cuyo disfrute inevitablemente palidece en comparación con el primero. La prohibición del incesto, el objeto primario, es la prohibición del goce. Freud, en “Tótem y Tabú”, igualmente ilustra lo mismo, pero con un tono mítico  diferente. Imagina que en el origen de la organización social el goce no esta fácilmente disponible para toda la horda, sino confinado al mas fuerte, el Padre primigenio, que acapara todas las mujeres para si mismo y disfruta sin restricciones. Los hijos, celosos de su goce, asesinan al Padre primigenio  inaugurando asi el primer acto social seguido, paradójicamente, por la prohibición del incesto o goce. Inmediatamente después del asesinato los hijos reconocen que si han de vivir juntos en relativa paz deben aceptar la renuncia colectiva al disfrute. Sin esta renuncia nadie puede tener seguridad porque no hay nada que medie, excepto la “Ley del Padre”, en una lucha a vida y muerte por el disfrute. El goce que encarnaba el Padre primigenio se convierte en un mero recuerdo, objeto de fantasía para quienes han renunciado a el. Si el disfrute es inaccesible ahora, al menos alguna vez lo fue para alguien.

 

Es importante insistir, sin embargo, que esta prehistoria que Freud reconstruye es mítica. Como dice Lacan, nadie ha visto jamás el mas mínimo rastro del padre de la horda primitiva. Antes del surgimiento del orden social y del sistema de significado que este constituye no existe significado y, por lo tanto, ningún goce que mantenga el significado en suspensión. No goce ni ausencia de goce. Cuando miramos hacia atrás no vemos la “humanidad en estado natural” sin la mediación  de los presupuestos fundamentales del propio orden al que uno pertenece. Es la introducción del orden simbólico la que produce un cambio radical en nuestra relación con el goce. Por eso Lacan reformula la cita de Dostoievski. En lugar de decir que “sin Dios todo esta permitido”, afirma, por el contrario, que “sin Dios todo esta permitido”. Sin Dios, sin una ley que exija renuncia, no puede haber goce alguno. Por eso, la introducción de la Ley es un acto obsceno, uno que produce la posibilidad del goce que prohíbe. El goce requiere la barrera que la Ley proporciona. La entrada en la sociedad requiere la renuncia al goce, pero este goce no existe antes de su renuncia. Dicho de otra manera, al renunciar a el creamos retroactivamente, mediante nuestro presupuesto, un goce o completitud que nunca tuvimos. El incesto no es mas que otro nombre para el placer. En este sentido, el deseo es bien curioso porque traza un camino sin salida. Si nos acercamos demasiado al objeto del deseo, repentinamente este pierde su atractivo. En el fondo, el único fin del deseo es mas deseo. Deseamos porque no encontramos satisfactorio el sacrificio de nuestro disfrute. Pero el deseo, lamentablemente, no hace nada para superar esa insatisfacción. De hecho, el deseo es insatisfacción sostenida. Y esa insatisfacción sostenida es el estado normal del sujeto en la sociedad de prohibición. Pero, como esta sensación no es agradable, la imaginación proporciona un alivia, sin poner en peligro la estructura social.

 

El capitalismo, en sus manifestaciones mas recientes, según McGowan, ha desempeñado un papel crucial en la minimización de la prohibición en el orden social. La mercantilización de la vida cotidiana tiene el efecto de socavar las figuras de autoridad y, al mismo tiempo, enfatizar la importancia del disfrute inmediato, como  prometen los anuncios comerciales con los que nos topamos continuamente. Para satisfacer la demanda que requiere el modo de producción monopolista es necesario reemplazar la ética protestante del trabajo, que prohíbe explícitamente el disfrute, por una que lo impone. Pero, en realidad, no es hasta el surgimiento del capitalismo global, con la caída del muro de Berlín, la ultima barrera al flujo de capitales en 1989, cuando el mandato a disfrutar se arraiga plenamente en la ideología capitalista. En lugar de vivir en una sociedad que prohíbe el disfrute, cada vez vivimos mas en una que lo impone. La economía del crédito que predomina en nuestra época es la forma mas evidente y rápida para que el sujeto capitalista busque su satisfacción. Sin la economía del crédito la sociedad del disfrute seria impensable. Pero, el mandato de disfrute en realidad va mas allá de la economía y abarca todos los aspectos de la cultura contemporánea.

 

Cuando la autoridad simbólica exige explícitamente que disfrutemos, podemos estar seguros de que hemos entrado en un mundo diferente. El declive de la autoridad paterna del padre edipico ha comenzado a dar paso a un nuevo orden en donde ha surgido un nuevo padre, uno que Zizek llama el “padre anal del goce”.

 

Y, sin embargo, la diferencia no es tan diferente. Si bien el orden social exige disfrute en lugar de sacrificio, esto no permite en absoluto que los sujetos dentro de dicho orden realmente disfruten mas que antes. La transformación, en cierto sentido, no existe. Es simplemente una transformación en la forma que no ocasiona ningún cambio sustancial en la relación entre la sociedad y el disfrute. A pesar de la recomendación del disfrute, el disfrute no ha florecido. De hecho sigue siendo tan esquivo como siempre. Y, peor aun, el imperativo a disfrutar lo hace aun mas difícil de lograr. Quien intenta obedecer el mandato de disfrutar no puede evitar sentir que de todas maneras no puede disfrutar plenamente. Y esta sensación es la que lleva a los individuos a moverse de un producto a otro, de un sitio web a otro, de un canal a otro, de una celebridad a otra o de un líder político a otro. Y, de todas maneras, cada novedad decepciona al sujeto contemporáneo, revelando perpetuamente la imposibilidad de cumplir con el imperativo a disfrutar que se manifiesta en la apatía generalizada, la agresividad, la depresión  o el cinismo.

 

  ¿Por que el disfrute pleno siempre se nos escapa, a pesar de su imperativo?  Según dice McGowan, porque el disfrute de la sociedad del goce siempre permanece imaginario. Es la imagen la que permite a los sujetos imaginar que cumplen con el mandato a disfrutar sin perturbar el funcionamiento de la estructura social. Hoy la imagen reemplaza a la palabra como medio predominante de transporte mental. Es el cambio del orden simbólico al imaginario, como podemos observarlo en la omnipresencia del cine, la televisión y el video y su impacto en las formas artísticas mas antiguas. El libro, que es la forma simbólica por excelencia, ya no ocupa el lugar privilegiado que siempre tuvo. Al valorar la imagen por encima de la palabra caemos victimas de la apariencia de revelación total que la imagen ofrece, en tanto que la palabra suscita sospecha. Pero el problema es que la imagen, en lugar de darnos un disfrute subversivo en lo Real, solo nos da un disfrute imaginario, que, convenientemente, resulta en una sociedad de súbditos cada vez mas dóciles.

 

Todas las imágenes que nos rodean invitan a un disfrute pleno... ¿cierto? Y, sin embargo, esta huida de nuestra  falta de disfrute, es, en verdad, una mera ilusión. La imagen no escapa a la carencia, ni proporciona la plenitud o goce completo que promete. Al igual que todas las cosas, esta acosada por la incompletitud que su forma pretende negar. Una vía de escape que fortalece, en lugar de amenazar el orden social. Una transgresión imaginaria  que solo encubre una mayor intolerancia hacia la transgresión real. Alternativas que antes parecían estar a la vuelta de la esquina se han vuelto ahora inimaginables. El universo del capitalismo global, según se cree, esta aquí para quedarse y es mejor no arriesgar nuestra posición dentro de el.

 

Marx y Engels observaron que la vida bajo el capitalismo tendía a ofrecer a los sujetos una sensación de libertad propia combinada con un aumento de la falta de libertad real. En la imaginación, decían, los individuos parecen mas libres bajo el dominio burgués que antes. Pero, en realidad son menos libres, porque están en mayor medida gobernados por fuerzas materiales... ¿No  es esta noción de libertad a la que ellos se refieren bien similar a la actual noción  del disfrute del capitalismo tardío?

 

  Abandonar la figura simbólica del padre es en buenas cuentas, según Lacan, abandonar la imagen de un disfrute supremo que es la barrera que debemos sortear. Es aceptar que no hay disfrute real y que solo experimentamos  fragmentos o pedazos, nunca una felicidad completa o definitiva. Solo podemos obtener felicidad indirectamente como beneficio secundario de nuestra actividad.  Ser sujeto es ser inevitablemente incompleto, no porque se ha perdido algo, sino porque la incompletitud es originaria. El goce parcial implica, por tanto, la aceptación de que uno no puede escapar de la carencia originario que nos constituye. La ventaja del goce parcial reside justamente  en su verdadera conexión con lo Real.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 26, 2026

Los ojos


Detrás

De

Mis pestañas

Estaban

Mis ojos

Que

Te buscaban

Sin

Poder hallarte

Hasta

Que

Te encontraron

Colgando

De

Una estrella

Leyendo

Un libro

De

Nietzche.

 

Nieves.


Sunday, April 19, 2026

El estoico

 

 Marco Aurelio aconseja que antes de comenzar la jornada diaria, uno debiera decirse a si mismo... “hoy día voy a encontrarme con gente entrometida, ingrata, intimidante,  tramposa, envidiosa, explotadora y antisocial”. No muy alentador ¿cierto? Y sin embargo, esta es la realidad que la mayoría  de los pobres mortales  enfrentamos diariamente... ¿qué hacer frente a esto?

 

Marco Aurelio era estoico y el estoicismo, como se dice, prepara a sus adherentes para los tiempos duros al darles una perspectiva y poner las cosas en su contexto. Su filosofía, que usa la inteligencia y el entrenamiento, es una guía practica para enfrentar lo bueno o lo malo que la vida pueda traer. En la tradición occidental esta idea de la filosofía como una forma de vida empieza en Grecia, probablemente con Protágoras, y ha persistido, de una manera u otra, hasta hoy día, como podemos ver en la proliferación de libros populares publicados recientemente... “Ejercicios Espirituales Estoicos” de Elen Buzare, “Estoicismo y el Arte de la Felicidad” de Donald Robertson, la “Búsqueda de la Sabiduría” de John Cooper, “Estoicismo Hoy Día” de Patrick Ussher y Tom McConnel, “El Pequeño Libro de Estoicismo” de Jonas Salzgeber y muchos otros, además de inspirar varios tipos de psicoterapia, desde la logoterapia de Viktor Frankl hasta la terapia emotiva racional de Alberto Ellis. Pero, es en el mundo antiguo, en la filosofía estoica de Grecia y Roma, donde encontramos su mas completo y claro desarrollo.

 

Según Cícero hay un arte medico para el cuerpo y hay también un arte medico para el alma y este arte es la filosofía que cura las enfermedades humanas causadas por las creencias falsas. Esta no es solo una metáfora decorativa, sino una herramienta de descubrimiento y justificación. Una vez que uno ha entendido que la filosofía es como la labor del doctor, uno puede averiguar en forma mas concreta y con mayores detalles como el filosofo debe proceder según la variedad de circunstancias con las que se encuentra. En este periodo hay un amplio acuerdo entre las mayores escuelas Helenistas en que la motivación para filosofar es la urgencia del sufrimiento y la labor de la filosofía la orientación hacia el florecimiento humano. Y los instrumentos para lograrlos son los argumentos éticos, un arte en que el razonamiento exacto, el rigor lógico y las definiciones precisas juegan un importante papel. Un argumento que es simple y enteramente académico es un argumento filosófico defectuoso si es incapaz de comprometer a su audiencia en forma practica. La filosofía necesita, si se quiere practicar en forma terapéutica, pensar acerca de los usos de la imaginación, de la narrativa, de la comunidad, de la amistad y de las formas retoricas y literarias en que los argumentos puedan efectivamente ser comunicados.

 

¿Es esto todavía filosofía, esa actividad intelectual critica, autocritica y reflexiva que comienza en la tradición Griega con Sócrates y Platón y que llega hasta nuestros días? La verdad es que en las manos de los pensadores Helenistas la filosofía ya no es la tranquila y pura contemplación del mundo. Muy por el contrario, se sumerge en el y se hace parte de el... “Convéncete al menos de esto”, le dice un interlocutor a Cícero, “a menos que el alma sea curada, lo que no puede hacerse sin la filosofía, no habrá fin a nuestras aflicciones. Volquémonos entonces a la filosofía para tratamiento.”  ¿Cuáles son, entonces, estos tratamientos filosóficos? ¿Y que formas de enfermedad dicen curar?   

 

La estrategia mas general  de la terapia estoica es la enseñanza de que debemos ser observadores y críticos de la forma en que vemos el mundo. Las cosas que vemos, dicen, se imprimen en nosotros de diversas maneras, sea a través de nuestros hábitos de percepción o a través de nuestra compleja amalgama de creencias, convenciones, historias, enseñanzas, costumbres y la experiencia personal que también esta, en gran medida, conformada por procesos de aculturación. Nuestras formas de ver las cosas son tan habituales  y tan enraizadas en nuestro ser que las consideramos verdaderas y reflejo de cómo estas cosas son. Y como no tenemos otra visión de la realidad actuamos de acuerdo con la que tenemos. Y si la que tenemos es falsa, seguimos actuando de acuerdo a ella, porque creemos que es verdadera. Según los estoicos, estas visiones son necesarias, pero no suficientes. El trabajo de la filosofía es incitar a la auto examinación de nuestras creencias y nuestra cultura para hacernos cargo de nuestro propio pensamiento, considerar otras alternativas  y seleccionar de entre ellas la mejor. En buenas cuentas, crear un espacio para argumentar.

 

Esta no es solo una filosofía libresca, confinada a la academia y las bibliotecas, sino una forma de vida, un arte para aprender a encarar la adversidad y llevar a cabo una buena vida. No es suficiente recitar las doctrinas y argumentos estoicos, sino que se debe ser capaz de traducir esas doctrinas en conductas concretas... ¿como logramos esto? A través de la extirpación de las pasiones. Las emociones, según los estoicos, son juicios erróneos y deben ser erradicadas con la ayuda de una terapia cognitiva para mejorar nuestro ser. Transformamos nuestra vida transformando la disposición habitual de nuestra alma, una tarea que solo uno puede hacer por si mismo. A diferencia de la terapia médica o la predica evangélica, el estoico no se preocupa tanto de la curación de los otros como la de si mismo.  

 

Según Epictetus la única cosa sobre la cual tenemos control son nuestros juicios que dependen de nuestra facultad de elección. Esto, como pudiera creerse, no es tan malo porque los juicios son lo único que nos permite asegurar la independencia racional, si no queremos vivir como esclavos mentales. Ahora, si las emociones son producto de  juicios erróneos, formas de creencia como aseguran los estoicos, entonces están bajo nuestro control y es posible evitarlas o eliminarlas, especialmente cuando transforman nuestra vida en un infierno. Si sufrimos de envidia, por ejemplo, es porque creemos  que el otro tiene cosas mas valiosas que las nuestras, lo que nos lleva a competir con el. Si la furia se apodera de nosotros es porque creemos en el valor de lo que el otro ha dañado. Si el dolor y la pena nos afligen es porque creemos en el valor de lo que hemos perdido. Las pasiones no son mas que el reconocimiento de nuestra dependencia en otros y en eventos que escapan a nuestro control. Esta es, dicen los estoicos, la fuente de nuestra vulnerabilidad. Por tanto, si eliminamos las pasiones que nos atan a cosas externas que nos hacen sufrir podremos superar la vulnerabilidad  y obtener finalmente la paz mental. Según Chrisyppus las pasiones son juicios o creencias falsas. Apatía es la libertad de toda emoción.

 

La cosa, entonces,  es esta... si cambiamos nuestras creencias podemos  eliminar nuestras emociones. Pero ¿es posible hacer esto? Y mas aun ¿es deseable? Una cosa es  liberarnos de la envidia, el narcicismo o el odio al otro y otra muy diferente es el liberarnos del dolor y la tormenta emocional que causa la muerte de quienes amamos... ¿son también estas ultimas emociones erróneas y, por tanto, extirpables? Según Chrisyppus un juicio nunca es un frio acto intelectual. Por el contrario, es nuestro intimo reconocimiento de que tal y tal es el caso. Aceptar una proposición es admitir en nuestro ser su significación, es aceptar que su adopción inevitablemente nos cambiara. De acuerdo a esta concepción no hay ninguna razón para pensar que los juicios y las pasiones son distintos. Estas ultimas son en si mismas el reconocimiento de la tremenda importancia de algo que esta mas allá de nuestro control, de un algo excesivo que transgrede los limites que la razón prescribe en nuestras relaciones con el mundo externo. Este conflicto entre la razón y algo que la excede no es un conflicto entre dos diferentes partes, sino una oscilación del alma entre reconocimiento y negación, una sola razón dando vueltas en dos direcciones. Es la lucha de la razón consigo misma en relación con lo que es valioso y bueno en el universo. Lo que esto indica es que los estoicos no abandonan la forma en que experimentamos las pasiones. En lo que ellos insisten es que, en cada caso, lo que sentimos por algo es un acto de asentimiento.

 

Las pasiones entonces, según los estoicos, descansan en algún tipo de evaluación de cosas externas que pueden clasificarse  como buenas o malas y como presentes o futuras. De acuerdo con esto tenemos cuatro tipos básicos de emoción... Deleite basado en juicios que indican que lo que ahora tenemos es bueno. Apetitos basados en juicios de que algo futuro es valuable. Aflicción que acompaña a los juicios que dicen que lo que hay ahora es malo y Miedo ligado a juicios que indican que algo malo contiene el futuro. Para Seneca en lugar de tener pasiones moderadas, como recomienda Aristóteles, es mejor no tenerlas. Lo que debemos hacer es exterminarlas de raíz para liberarnos de su dominio. En verdad, dice, la naturaleza misma lo demanda. Necesitamos recuperar nuestra libertad. Liberarnos de los miedo, de las esperanzas, de los odios, las iras y aflicciones que controlan nuestras vidas. Liberarnos de los falsos juicios que alimentan las pasiones.

 

 Pero, uno podría decir... ¿no es la ira el motivo correcto para defendernos de las injusticias y violaciones a nuestra vida? ¿no es la compasión la que nos lleva a ayudar al desvalido  y el amor a proteger a la familia? ¿Sin ellas, qué incentivo tendríamos para actuar? Es cierto, dice Seneca, que el buen hombre no tendrá ira si ve a su padre sacrificado y a su madre violada. Pero, el los vengara y los cuidara. Cumplirá su deber imperturbablemente y sin miedo, porque el hacerlo es apropiado. Una operación semejante a la ley... segura, constante, confiable, desapasionada y, por ello, capaz de autodeterminación racional.

 

Independientemente del valor que podamos darle a las cosas externas, lo cierto es que la ligazón entre pasiones y creencias es un argumento bien poderoso.

 

A diferencia de las otras escuelas Helénicas los estoicos ven sus enseñanzas como una actividad dirigida al cambio social, hacia la creación de una sociedad justa y humana  que no es posible lograr sin una terapia filosófica. La enfermedad de las pasiones, dicen, es la base para su diagnostico del desorden político.

 

Esto no es muy diferente de lo que hoy dice el filosofo alemán Sloterdijk al declarar que la emancipación social depende del rechazo de las nociones tradicionales de subjetividad. Transformar las estructuras políticas y económicas es necesario, pero no suficiente para evitar la catástrofe política. El tejido sicológico existencial de la sociedad también tiene que  renovarse. La reforma comienza no solo con la base o la súper estructura, sino también con el trabajo de las estructuras internas. Y Michel Foucault, en sus últimos escritos, ve en los pensadores Helénicos la fuente de la idea de la filosofía como un conjunto de técnicas del yo, de practicas complejas de auto formación que tienen el potencial de liberarnos mentalmente de la tiranía del discurso imperante.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.