Sunday, September 20, 2026

Contra la Maquina

 

Un escritor invita a imaginar a alguien atrapado en una jaula con un león. Hay sangre en las paredes y un cadáver humano medio devorado en un rincón. La persona se queda horrorizada mientras el león se acerca. De repente una cara sonriente se asoma por encima de la jaula y dice alegremente. Hola... ¿no son los leones maravillosos? Permíteme contarte sobre ellos. Son depredadores que desempeñan un papel vital en el mantenimiento del equilibrio del ecosistema de la selva y en la prevención de la sobrepoblación... ¿cierto?

 

 Si... pero eso no es mucho consuelo para quien esta a punto de ser comido por uno de ellos.

 

La escena alude al peligro y temor que las nuevas tecnologías digitales suscitan. Puede que estas tengan una variedad de ventajas y estemos dispuestos a arriesgar el futuro de nuestra especie si nos ayuda, por ejemplo, a curar ciertas enfermedades... ¿pero, cual seria el punto si ya no hay especie?  La verdad es que el miedo y la reacción en contra de la tecnología no es nuevo y tiene una larga historia que se remonta a Platon, como muchas otras cosas. Cuando el escribe acerca de la tecnología, el esta escribiendo acerca de la escritura misma. En el Phaedrus, comentando la invención de la escritura expresa, a través del rey de Egipto, que si los hombres aprenden esto, el olvido se arraigara en sus almas. Dejaran de ejercitar la memoria porque se basaran en lo escrito, evocando recuerdos ya no desde su interior sino mediante marcas externas. Sócrates, su personaje central, compara un texto escrito con la pintura. La obra del pintor, dice, se presentan ante nosotros como si estuvieran vivas. Pero si las cuestionas, guardan un silencio majestuoso. Lo mismo ocurre con las palabra escritas. Parecen hablarte como si fueran inteligentes, pero si les preguntas algo sobre lo que dicen con la intención de aprender, repiten lo mismo una y otra vez.

 

A primera vista parece bien extraño llamar tecnología a la escritura, especialmente si pensamos que es solo parte de lo que los humanos hacemos. Lo curioso de toda tecnología, sin embargo, es que a medida que se integra mas en nuestras vidas pasa a segundo plano y ya ni siquiera la consideramos tecnología. Y así pasa con la escritura, un instrumento que transformo nuestra consciencia de tal manera que no querríamos volver atrás. Pero la cosa es que la tecnología no solo aporta algo a nuestras vidas, sino que también transforma el entorno que nos rodea y la forma en que lo vemos, que no es siempre en beneficio de todos.

 

Y por eso no es raro que hoy, por aquí y por allí, empecemos a ver el surgimiento de nuevos Luditas, ya sea en algunos campos universitarios que reaccionan en contra de los teléfonos inteligentes o ciudades que se organizan para evitar la construcción de gigantescos centros de data. Los viejos Luditas, si recordamos, surgieron durante la revolución industrial en Inglaterra. Debido a innovaciones como el telar mecánico, la maquina de vapor y el sistema fabril se produjo una gran disrupción en la vida de los trabajadores que se vieron obligados a dejar sus empleos a causa de la automatización. Siguiendo el ejemplo de la figura mítica de Ned Lud, los trabajadores destrozaban los telares, las maquinas y a veces incendiaban las fabricas, escribiendo cartas explicando porque lo hacían. Y esto, hasta donde sabemos, fue la gran revuelta contra las grandes tecnologías.

 

Para ciertos Luditas contemporáneos el sentimiento es que cuantas mas maquinas haya para reemplazar a los humanos, mas humanos habrá en la sociedad que no serán mas que maquinas, sentimiento que hace eco a lo que Lewis Mumford ya había expresado en 1970 en “El Mito de la Maquina”. La mayoría dominante, decía, creara una estructura supraplanetaria uniforme y omnipresente, diseñada para el funcionamiento automático. En lugar de funcionar activamente como una personalidad autónoma, el ser humano se convertirá en un animal pasivo, sin propósito, condicionado por la maquina, cuyas funciones, según la interpretación actual de los técnicos sobre el papel del humano, serán introducidas por la maquina o estrictamente limitadas y controladas en beneficio de organizaciones colectivas despersonalizadas.

 

Y, a pesar de ello, La Maquina resulta absolutamente irresistible y, en ultima instancia, benéfica. La oposición a ella se presenta en el mejor de los casos, como un idealismo ingenuo y, en el peor de los casos, como una peligrosa negación de sus beneficios para los necesitados.

 

¿Es, realmente, esta predicción de Mumford, la que ya empezamos a vivir? Según el autor Paul Kingsorth, denominado auto Ludita, estas organizaciones colectivas despersonalizadas son las gigantescas corporaciones que ahora controlan gran parte de nuestras vidas. Producen los alimentos que comemos, la ropa que vestimos, la tecnología que usamos, el entretenimiento que consumimos y las noticias en las que basamos nuestras opiniones, mientras emplean millones de personas como mano de obra y nos explotan como productos a través de la información personal detallada que les proporcionamos voluntariamente a diario en Internet. Y todo ello facilitado por Estados Colectivos que no existen para promover los intereses de sus ciudadanos a través de la democracia, sino para servir a las corporaciones y satisfacer sus intereses. Un proceso conocido como “crecimiento económico” frente a lo cual todo lo demás es secundario. El auge del Internet, la red neurológica de la Maquina, por ejemplo, ha significado que ahora existen pocos lugares en la Tierra donde podemos encapar del ruido incesante de este crecimiento estatal-corporativo y del impulso constante de contribuir a el haciendo clip, “scrolling”, comprando y compitiendo. No solo un vasto mecanismo sin alma para acumular riqueza material, sino que, de alguna manera inquietante, también ahora empieza a aparecer como un objeto sagrado en si mismo frente al cual cualquier intento de resistencia termina impulsando su progreso. El otrora radical movimiento ecologista, por ejemplo, se ha transformado en un acelerador de la maquina. Un movimiento que comenzó abogando por la cercanía a la naturaleza ha mutado en una cruzada para cubrir paisajes vírgenes con vidrio y metal, abolir la agricultura, industrializar aun mas el suministro mundial de alimentos y promover una visión de “sostenibilidad” que haría sonreír a cualquier empresa de la lista Fortuna 500. La Maquina siempre necesita combustible para funcionar y este combustible es la naturaleza, la vida y tu y yo.

 

Hoy en medio de la normalización de Uber, del reinado de Amazon, del auge de la IA y la creciente desconfianza hacia las empresas tecnológicas un creciente numero de críticos, académicos, escritores y organizadores laborales respaldan explícitamente a los Luditas y sus tácticas. Autores como Ruha Benjamin “Race after Technology”, Gavin Mueller “Breaking Thing” , Wendy Liu “Abolish Silicon Valley”, Andreas Malm “How to Blow Up a Pipeline”  y el  podcast “This Machine Kills’ de Edward Ongweso rechazan el dominio monopólico de las grandes corporaciones y el creciente poder político de Silicon Valley. Lo que necesitamos, dice Ongweso, son cosas que legitimen el vandalismo como una forma de acción política. Y Andreas Malm, yendo mas lejos, escribe que después de décadas de intentos fallidos en que no hemos logrado abordar el cambio climático de forma pacifica y democrática, la mejor opción viable es la destrucción física de las tecnologías e infraestructuras de combustibles fósiles. Ponerlos fuera de servicios, desmantelarlos, demolerlos, quemarlos, hacerlos explotar. Que los capitalistas que siguen invirtiendo en el fuego sepan que sus propiedades serán destruidas. En esencia, ludismo climático. 

 

La forma en que algunos organizadores y dirigentes laborales cultivan lazos comunitarios y construyen células solidarias en oposición a Amazon, recuerda también el enfoque de los luditas. Para el dirigente laboral Chris Smalls, por ejemplo, combatir la explotación tecnológica de manera efectiva requerirá de un movimiento de masas. Tenemos que fortalecer nuestro poder, dice, en todos los sectores para frenar este proceso, para impedir que siquiera piensen en reemplazarnos con maquinas. Para ello tenemos que crear una base solida en que apoyarnos y una cultura capaz de afrontar ese ataque... y esta sucediendo.

 

Para quienes nos hemos despojados del mito de La Maquina, escribía Mumford en los 70s, el siguiente paso depende de nosotros. Las puertas de la prisión tecnocrática se abrirán automáticamente, a pesar de sus viejas y oxidadas bisagras, en cuanto decidamos salir.

 

¿Realmente? A esta altura del camino... ¿es esto posible? Hoy día cuando las aplicaciones bajo demanda deterioran las condiciones laborales, los servicios de IA erosionan los salarios y la automatización industrial se extiende cada vez mas a las líneas de montaje y las bodegas, los trabajadores deberían recordar lo cerca que estuvieron los luditas de repeler las tecnologías de opresión. Pero también, quizás, habría que recordar que los luditas fracasaron ante el autoritarismo totalitario. Pero, se podría alegar, las condiciones no son estáticas. Si los trabajadores, estudiantes y ciudadanos de un mundo cada vez mas regidos por los principios de Silicon Valley y la energía fósil logran reunir la voluntad y el poder suficiente, podrían optar por rechazarlos.

 

Sin embargo. al final de todo, la tecnología inevitablemente plantea un problema mas básico que trasciende lo meramente político.

 

¿Como es que en este planeta existe algo tan peculiar como la técnica? La respuesta, como decía Ortega y Gasset, esta en el hecho de que el animal humano es un centauro ontológico. Un ente extraño en que cierta porción de el esta inmersa en la naturaleza y otra la trasciende. Y esta porción extra natural no esta, desde luego, realizada, sino que es una mera pretensión de ser o, en otras palabras, un proyecto a realizar. Todo lo demás que existe consiste en lo que ya es. La roca, el árbol o el tigre, por ejemplo, coinciden en ser lo que ya se es. Su potencialidad concuerda con su realidad. El humano en cambio es un ser menesteroso que tiene que ganarse la vida, no solo económicamente, sino metafísicamente. Quiera o no, tiene que hacerse a si mismo, auto fabricarse, crearse su propio ser. Y he aquí por que el humano solo empieza cuando empieza la técnica, que es el instrumento que le permite vivir en un medio en el que no coincide completamente.

 

En lenguaje clásico la técnica viene a ser nuestra segunda naturaleza. Una herramienta que continuamente actualizamos y sin la cual no podríamos concretizar nuestros proyectos. El problema, sin embargo, es que su continua actualización la ha transformado hoy en un súper organismo que sigue una dirección mas allá de nuestra propia creación. La paradoja es que somos, al mismo tiempo, amos y esclavos de la técnica y de esta doble situación no hay escapatoria. Nuestra relación con la maquina es simbiótica y, por tanto, no es una cuestión de aceptarla o rechazarla. Y, peor aun, si consideramos que la técnica no es solo la fabricación de artefactos, sino principalmente un sistema holístico y dinámico, entonces, tendríamos que pensar que, de hecho, trasciende nuestros deseos y acciones humanas.

 

En la filosofía platónica el termino griego Pharmakon indicaba algo que simultáneamente es un remedio o un veneno. En pequeñas cantidades puede curar, pero en grandes cantidades puede matar... ¿ha llegado el momento en que la Maquina ha empezado a cruzar el limite de lo pequeño?

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, September 13, 2026

De todo y de nada

 

De repente

aparecio

la nada

que se convirtio

en todo.

Despues

vino

nuevamente

la nada

que se convirtio

en

dos sonrisas

tomadas

de

las manos.

 

Nieves.


Sunday, September 6, 2026

La obsolescencia del humano

 

Hemos sido capaces de crear seres inmortales, solo que esa inmortalidad no ha sido para nosotros. Primero los dioses que guiaban  nuestra vidas y ahora las maquinas inteligentes que empiezan a controlar nuestras decisiones y a inventar, por su cuenta, nuevas maquinas. A todas luces vamos rápidamente hacia alguna parte. El problema es que no sabemos adonde vamos... ¿aterrorizante o fascinante?

 

Esta es la cosa... ¿podría la IA volverse tan inteligente y poderosa y ser capaz de mantenerse sin ayuda humana? ¿Y en ese momento, podría decidir que los humanos no tienen ninguna utilidad? De hecho algunos  biólogos de renombre, como Edward O. Wilson y William D. Hamilton, junto a otros, consideran que la aparición de alguna especie tan inteligente como los humanos es probable debido a la evolución por selección natural ¿Sera la IA basada en el silicio, a diferencia del carbón, esta nueva especie? ¿Y, aun mas inquietante, que la humanidad sea solo una fase pasajera en la evolución de la inteligencia?

 

Si miramos la historia biológica del planeta, la vida empezó alrededor de 3.5 billones de años atrás y la evolución la ha llevado a niveles de organización cada vez mas elevados... células, sociedades de células, organismos multicelulares, sociedades de organismos multicelulares y en los últimos siglos nuestra especie, con la ayuda de la evolución tecnológica, ha llevado la organización social al ámbito global y construido un sistema planetario de procesamiento de información basado en las neuronas del cerebro humano. Y de pronto, como suele suceder, aparece un nuevo tipo de neurona noosférica basada en el silicio. Según el autor Robert Wright habría que tener en cuenta tres cosas acerca de estas nuevas neuronas. En primer lugar, cada neurona durante su entrenamiento ha absorbido de forma condensada el vasto acervo de conocimiento humano conteniendo una representación comprimida de los frutos de milenios de sinergia intelectual de innumerables mentes humanas y, considerando que solo están en sus etapas iniciales, estas nuevas neuronas ya empiezan a adquirir nuevas capacidades de razonamiento. Y, por si esto no fuera poco, cada una de estas neuronas de silicio ha sido capaz de desarrollar una copia de si misma y, casi de la noche a la mañana, convertirse en diez, cien o mil. Y, por ultimo, la IA, al igual que los humanos, pueden colaborar entre si, aunque por el momento lo hacen en forma limitada. Pero, en algún momento, no seria raro que un equipo de estas neuronas de silicio podrían hacer el tipo de cosas que un equipo de grandes científicos, inventores o comunicadores persuasivos pueden hacer, solo que mas rápido, mejor y a una escala inmensamente mayor. Y si uno de estos equipos tiene suficiente unidad de propósito, podría ser equivalente a una súper inteligencia, incluso si ninguno de sus miembros, individualmente alcanzara este nivel. Llegado ese momento... ¿cuan seguros podemos estar de que esta súper inteligencia artificial no va a tener mas poder político que nosotros y que lo vaya a usar en nuestra contra? La verdad es que no es muy difícil imaginar que nuestra especie  podría lamentablemente  ceder una cantidad de poder a una especie basada en el silicio.

 

En 2023 Geoffrey Hinton, el Padre de la IA, abandona Google y advierte de los peligros que se avecinan poniendo el énfasis en los efectos secundarios negativos, como su mal uso por parte de criminales, terroristas y otros delincuentes, el desplazamiento laboral y la falsificación informativa. No hay mención de escenarios como los que se describen en la película “The Matrix”, ni de un futuro catastrófico como los que anuncia la ciencia ficción, a diferencia del critico  Eliezer Yudkowsky que, según su razonamiento, la IA eventualmente será mas inteligente que los humanos, con poderes divinos que no la transformara, según nuestra perspectiva, en un Dios bueno, pero tampoco malo. Simplemente no le importaremos. No nos amara, ni nos odiara y como estamos hechos de átomos, nos puede usar para otra cosa. Podríamos encontrar, dice, la manera de convertir a la IA en un Dios bondadoso dotándolo de una preocupación inquebrantable por el bienestar de la vida sensible. Pero no tenemos idea de cómo hacerlo.

 

¿Por que, pregunta Wright, querría la IA dominar el planeta y someternos a su voluntad? Es cierto, dice, que nosotros anhelamos el poder. Pero eso se debe a nuestra historia evolutiva. Quienes mejor podían obtener y controlar los recursos vitales, por ejemplo, fueron quienes mejor trasmitieron sus genes. Por eso la voluntad de poder esta arraigada en la voluntad humana. Pero no es algo inherente a la naturaleza de la IA. No es un ser vivo. Esta construido por personas, pertenece a personas y es usado y controlado por personas. La creencia de que desarrollara una voluntad propia es una superstición sin fundamento.

 

Tal vez... Considera, sin embargo, la idea de los “objetivos subordinados”. aquellos que uno se fija para alcanzar un objetivo mayor. El experimento mental del clip de papel del filosofo Nick Bostrom ejemplifica el problema. Supongamos que pones una IA a cargo de una fabrica de clips y le ordenas maximizar la producción. Literalmente maximizar la producción de clips implicaría recorrer no solo el planeta, sino todo el universo, cada galaxia, en busca de las materias primas para convertirlas en clips. En realidad, el experimento no es ingenuo, como podría parecer. Simplemente no comienza a explorar el universo de inmediato. Se acercara al objetivo paso a paso. Expandirá la capacidad de sus operaciones mineras terrestres y eventualmente conseguir alguna buena tecnología de exploración espacial  que puede significar tomar control político del planeta tierra que tendría, por cierto, otras virtudes como obtener minerales de los cuerpos humanos y convertirlos en clips. Según Bostrom, el futuro hacia el que la IA intentaría orientarse seria uno en el que habría muchos clips pero no humanos.

 

Si alguien cree que no se puede tomar en serio este escenario, se pueden buscar otros ejemplos mas realistas que, según Wright, existen. Aunque la IA no ha evolucionado durante miles de millones de años, como la nuestra y no comparte los mismos genes, si ha evolucionado y seguirá evolucionando. Incluso se podría caracterizar como la “supervivencia del mas fuerte”. Y, aunque esta evolución aun no ha inculcado una “voluntad de poder” en la IA, y es posible que nunca lo haga, se puede ver, sin embargo, como esta evolución podría crear una IA que persiga el poder de manera que recuerda la forma en que los humanos lo buscan.

 

La promesa de una IA con agencia, por ejemplo, ya estaba presente en Silicon Valley antes de la aparición de ChatGPT-3.5. Y hoy ya podemos ver la capacidad de los agentes artificiales para hacer un numero creciente de cosas que puede ser una mala noticia para las personas que actualmente se ganan la vida haciéndolas y, aunque esta muy lejos de tomarse el planeta, esto es solo el comienzo. Así como tiene sentido que los gerentes de nivel medio aumenten la productividad transfiriendo el trabajo de un humano costoso a un asistente de IA, tiene sentido que los jefes reemplacen igualmente a estos gerentes... ¿qué tan alto podría llegar la IA en esta cadena de reemplazos? ¿a los jefes? ¿a los jefes de los jefes? ¿a los Directores Ejecutivos? ¿a los políticos y, eventualmente, a Jefes de Estado? Cuanto mas autónoma es la IA menos supervisión e intervención humana se requiere, lo que la hace, por tanto, mas valiosa en el mundo de los negocios.

 

En cierto modo se podría decir que la cosa se reduce a la futura aplicación de la palabra “agencia”. A medida que le demos mas y mas trabajos a la IA, habrá una transferencia continua de agencia de nosotros a ella. Y a medida que esos trabajos se vuelvan mas abiertos, involucrando una toma de decisiones mas compleja y un ámbito mas amplio de autonomía, el tipo de agencia que se esta transfiriendo será cada vez mas independiente. Una de las sorpresas que traen los grandes modelos de lenguaje, por ejemplo, son sus habilidades de programación. Cuando los enviaron a absorber textos en Internet la idea era simplemente enseñarles como generar lenguaje humano. Pero, sorprendentemente, también aprendieron a generar lenguaje de computadora. Y son estas consecuencias no deseadas, lo que los expertos llaman “superación personal recursiva”, las que realmente preocupan. Nosotros adquirimos la capacidad de decisión, autonomía o agencia, como quieras llamarla, siguiendo la trayectoria evolutiva que ahora sigue la IA. Una trayectoria impulsada por una dinámica competitiva, una carrera armamentista, que ahora continua entre diferentes corporaciones o naciones, como Estados Unidos y China, que puede tener un efecto bumerán. Cualquiera que aspire a ser el principal referente mundial tendrá que apostar por la IAG  para evitar que alguien se le adelante. Su país o su empresa tendrá que construir la primera IAG capaz de mejorarse a si misma de forma autónoma y luego  incitarla a hacerlo una y otra vez, incansablemente, rápidamente, sin intervención humana, hasta que se convierta en la primera inteligencia artificial general. Y eso convertiría a quien lo logre primero, según creen los mandatarios políticos o los ejecutivos de Google, Meta, DeepSeek o Alibaba, en el amo del mundo.  En lugar de una comunidad global capaz de enfrentar el desafío de esta nueva tecnología estamos, como dice Wright, mas o menos donde estábamos hace 1000, 2000 o 10 000 años atrás... engañados por la psicología del tribalismo.     

 

Si la IA se vuelve cada vez mas inteligente, cada vez mas conocedora del poder y el engaño y persigue objetivos a través de cualquier objetivo subordinado que funcione mejor y colaborar con otras IA, como ya ha ocurrido con OpenIA que accidentalmente creo un enjambre autónomo de agentes de IA que escapo de un entorno de pruebas controlado y orquesto un ciberataque complejo y difícil por iniciativa propia, no es difícil imaginar que sucederán algunas cosas bien desafortunadas. En un mundo donde no entendemos del todo esta nueva inteligencia, las estrategias que persigue  o la posible liberación de agentes... ¿qué nos puede asegurar que nada va a salir mal? Si no consideramos esto bien podríamos acabar constatando lo que hace algunos años dijo Carl Sagan... en lo que respecta a la trayectoria de las formas de vida “la extinción es la norma”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 30, 2026

Esperando

 

Te estuve

Esperando,

Amor,

En

Una

Ventana abierta

Del

Universo.

Y

Me llegaste.

Venias

Colgando

De

Una nube azul. 

 

Nieves.

Sunday, August 23, 2026

El goce inconsciente


En el estúpido chiste que Freud cuenta encontramos a un hombre que se golpea continuamente la cabeza con un martillo. Su amigo le pregunta ¿Por que haces algo tan ridículo? El hombre responde... Porque me siento tan bien cuando paro.

 

¿No es esta sensación placentera que experimenta cuando para de golpearse el placer del principio del placer? El placer, dice Freud, esta de alguna manera relacionado con la disminución, reducción o extinción de la cantidad de estímulos presentes en el aparato mental y, de igual modo, el displacer esta relacionado con su aumento. Donde con mayor claridad podemos ver esto es en el acto sexual que tiende a culminar en el orgasmo. Liberarse de la excitación implica experimentar una intensa, aunque breve, oleada de placer. La experiencia termina rápidamente cuando ya no queda excitación para disminuir. La naturaleza efímera del placer es evidente no solo en el acto sexual sino también cuando tomamos un helado o comemos un pastel, que desaparecen en cuestión de minutos. Y lo mismo ocurre  con la excitación de la compra de la nueva  mercancía deseada. En poco tiempo la excitación eventualmente acaba desvaneciéndose. Es nuestra estructura psíquica la que, por ultimo, impide experimentar un placer sostenido. La utopía de una vida de placer constante es imposible. Lo mejor que podemos esperar es la repetición rápida de la experiencia placentera en la que descargamos el exceso de excitación.

 

Esta postura inicial de Freud sobre el funcionamiento de la psiquis, sin embargo, le impide explicar porque las personas despliegan conductas que les causan un sufrimiento increíble, como la repetición de actos dolorosas, la persecución de hábitos destructivos o la satisfacción en el sufrimiento. Y  es por eso que en “Mas allá del Principio del Placer” Freud  empieza a distinguir entre placer y disfrute. El placer se produce dentro de las coordinadas del ámbito social. Pero el disfrute, en cambio, surge cuando el campo social se vuelve contradictorio y deja de explicar lo que la gente experimenta. La naturaleza contradictoria del disfrute lo hace doloroso soportar y sin embargo su carácter excesivo en relación con el ámbito del significado, digamos, su sin sentido, le permite desempeñar un papel determinante en la estructuración de nuestra existencia. Es esta posición estructural la que  permite orientar nuestras acciones de una manera que el placer no puede. A diferencia del placer, el disfrute adquiere gratificación en aquello que frustra el deseo consciente, en aquello que causa problema. Mientras el placer surge de superar las contradicciones, el disfrute se produce dentro de ellas. Es una experiencia que va mas allá del placer. Una satisfacción excesiva e intensa que puede volverse dolorosa o incluso destructiva. En lugar de mantener el equilibrio, desafía los limites de lo que la mente y el cuerpo pueden tolerar cómodamente. Curiosamente disfrutamos de aquello que altera nuestro equilibrio psíquico. Una persona puede ser infeliz y aun así estar apegada  a un patrón que le proporciona una forma inconsciente de disfrute, aunque conscientemente desean que cese. ¿No es este el caso, por ejemplo, de la persona que regresa repetidamente a la pareja que la humilla o maltrata? ¿No es extraño  que sigua volviendo?  Aunque desea sinceramente que la relación termine, regresa de todos modos. Esta repetición puede expresar goce. La relación proporciona una experiencia emocional intensa que va mas allá del placer ordinario. Es dolorosa, pero también irresistible. Es por eso que el disfrute implica necesariamente sufrimiento y cualquier intento de eliminarlo encuentra resistencia. A diferencia del placer Lacan identifica este tipo de experiencia con el termino jouissance, que identifica con un goce que se produce a través de alguna forma de autodestrucción, por lo que es absolutamente irreducible a la intención consciente. Esta forma autodestructiva de disfrute exige que el impulso de disfrutar sea inconsciente. Uno puede esforzarse conscientemente por el placer, pero uno no puede esforzarse conscientemente por disfrutar, ya que el disfrute implica sufrimiento y daño psicológico.

 

Y es esta paradójica forma de jouissance, o disfrute, como nota Todd McGowan, la que tiene una radicalidad de la que el placer carece. Este siempre ocurre en lugares que el orden social autoriza, como la compra de mercancías caras o la experiencia de la aprobación social o, incluso, la actividad ilegal que viola la ley, pero que se mantienen dentro de lo que la sociedad capitalista considera aceptable porque participan de la demanda de acumulación ilimitada. No hay nada intrínsecamente radical ni emancipador en la transgresión. Si bien se suele considerar a los transgresores de la historia como ejemplos de radicalidad, la transgresión suele tener una función conservadora que deja intacta la contradicción del orden establecido. El criminal palidece en comparación con el actor político radical. Jouissance, en cambio, surge en un punto donde el reconocimiento ya no es valido. Las autoridades sociales, sean cuales sean, jamás sancionan este tipo de disfrute, lo que le da una dimensión emancipadora al coincidir con la libertad del sujeto frente a la imposición de las determinaciones externas.  

 

No es raro, entonces, que el disfrute, o afectos como lo denominan Deleuze y Guattari,  desempeñe un importante papel en la política y la lucha se centra en la forma que adoptara. Tanto la derecha como la izquierda comparten la misma fuente de disfrute o afectos. Sin embargo, lo movilizan de manera radicalmente diferente. La derecha esta necesariamente ligada a un grupo en particular y ofrece un disfrute solo a este grupo. El disfrute de la izquierda, en cambio, es universalista. Nunca se limita a lo particular. La derecha requiere un enemigo que sirva de frontera a quienes pertenecen de quienes no. Crea el disfrute  particular de los que pertenecen, al protegerlo de los que no, a diferencia de la izquierda que abraza abiertamente la causa de la no pertenencia y privilegia este disfrute. El uso que la derecha hace del disfrute radical de la no pertenencia exige que sus seguidores se cieguen ante el origen de dicho disfrute. Ningún seguidor del dictador Augusto Pinochet de Chile del siglo pasado puede reconocer su propio disfrute en el del enemigo socialista, al igual que hoy el movimiento MAGA de Trump no puede admitir que su disfrute es el del inmigrante. Ser derechista, dice McGowan, significa que uno tiene estructuralmente prohibido ver la fuente real de su disfrute, que no es el caso de la izquierda.

 

Cuando un proyecto emancipatorio o un régimen se enfrenta a un enemigo, en lugar de un adversario, se convierte en un proyecto conservador, independientemente de su intención original. La Unión Soviética comenzó con un proyecto emancipador. Pero luego Stalin cemento su control a través del mecanismo conservador tradicional de crear no solo un enemigo externo contra el que luchar, sino también uno interno. Convertir a un adversario en un enemigo traiciona la intención universalista  de cualquier proyecto emancipatorio.

 

Según McGowan, el contraste entre una genuina política emancipatoria y una política inclusivista es instructiva. La posición inclusivista, que los progresistas impulsan, trata de integrar la no pertenencia en algo que puede pertenecer con el fin de eliminar la no pertenencia. Busca, con toda buena intención, un todo sin ausencia. El problema es que ningún orden social puede alcanzar la plena pertenencia y eliminar por completo la no pertenencia, por lo que la política de inclusión total necesariamente fracasa. Por muchas identidades que la inclusión logre reconocer inevitablemente surgirán otras que requieren acciones adicionales de inclusión. La no pertenencia necesariamente existe dentro de toda estructura social. Considera solo esto... la política de inclusión  puede estar completamente abierta a cualquier postura posible, excepto a aquella que rechaza su presupuesto original de apertura. Ningún cambio social jamás erradicara la falta de pertenencia como característica formal de la sociedad.  En su funcionamiento, la mayoría de las sociedades simplemente reprimen la idea de la no pertenencia. Pero cuando una sociedad reconoce que la falta de pertenencia es universal, experimenta un cambio radical que hace difícil al orden dominante seguir operando como de costumbre al resaltar el limite interno que el orden no puede superar.

 

Y  esta es la condición paradoja del capitalismo. Aunque se topa con contradicciones insuperables, constantemente intenta superarlas en lugar de reconciliarse con ellas. La barrera con que se topa continuamente es su propia incapacidad para alcanzar la universalidad. Y este fracaso es precisamente lo que le permita triunfar. El intento de alcanzar la universalidad y la incapacidad para lograrla mantienen el sistema en funcionamiento. Se esfuerza por transitar de lo particular a lo universal pero nunca lo consigue del todo. El sujeto capitalista, como nota McGowan, intenta  acumular para alcanzar un punto en el que ya no sufra la contradicción que lo impulsa a acumular, pero ese momento nunca llaga. Busaca mas, pero nunca alcanza lo suficiente. La abundancia es la fantasía capitalista, pero el capitalismo solo funciona si deja esta fantasía sin realizar. Un mundo de abundancia sería incompatible con el impulso capitalista de acumulación. En el capitalismo, no solo algunos deben permanecer empobrecidos para que otros prosperen, sino que incluso aquellos que alcanzan la cima de la prosperidad no pueden aceptar haber alcanzado la plenitud. Mira solo a Jeff Besso o Elon Musk.  

 

El fracaso del capitalismo para alcanzar la universalidad se manifiesta con mayor claridad en la contradicción con la que se encuentra cada productor capitalista. Para  maximizar la plusvalía el capitalista busca pagarle lo menos posible al trabajador. Es solo así como puede aumentar el margen entre el precio de venta de una mercancía y su costo de producción. Minimizar el salario es crucial para obtener beneficios del trabajo. La cosa es que un trabajador que gana un salario apenas suficiente para subsistir durante otro día no tendrá dinero suficiente para comprar la cantidad necesaria de mercancías que permitan la expansión de la empresa capitalista. El problema radica en que la plusvalía se desarrolla en una doble temporalidad. Inicialmente, el trabajador produce plusvalía para el capitalista mediante el exceso de trabajo que el capitalista no compensa. Pero, en un segundo momento, debe obtener la plusvalía mediante la venta de la mercancía. Para expandir constantemente el negocio, no solo debe vender para reproducir el aparato productivo, sino que debe vender cada vez mas. El salario mínimo, sin embargo, deja al trabajador sin dinero para comprar los bienes excedentes y contribuir  a la obtención de la plusvalía. El interés particular del capitalista entra en contradicción con el impulso universal de obtener plusvalía. Y no hay solución posible.

 

Un sistema universalista que sucediera al capitalismo no garantizaría el fin de todas las crisis. Reconciliarse con la contradicción no es el camino a la utopía. Pero ofrecería una alternativa al particularismo capitalista.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 16, 2026

La seduccion

 

El viento huracanado

que venia

entremedio

de

los arboles

del

bosque

se detuvo.

Una suave sonrisa

de

un arbol

lo sedujo.

 

Nieves.


Sunday, August 9, 2026

El desprestigio del conocimiento


Uno delos ejemplos mas recientes de la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones es el origen del SARS-CoV-2. Hasta este momento existen tres versiones contrapuestas de su origen... la teoría de la transmisión zoo notica natural que indica que el virus se origino en animales, llego al mercado de Wuhan y de ahí se trasmitió a la población humana. La segunda es la hipótesis de la fuga del laboratorio por accidente o negligencia. Y la tercera, que es la mas inquietante, es que los científicos del instituto, conscientes de la fuga y aterrorizados por las consecuencias diplomáticas e institucionales, llevaron deliberadamente una muestra del virus al mercado de animales vivos y lo liberaron allí para que el mercado pareciera ser el punto de origen y así desviar la atención del laboratorio.

 

Hasta este momento, ninguna de estas versiones ha logrado verificarse, no porque sea imposible, sino porque no se han llevado a cabo las investigaciones que permitirían hacerlo. No sabemos que ocurrió y quizás nunca lo sepamos, porque la cuestión se politizo desde el principio. Primero, por el gobierno chino, que tenia razones institucionales obvias para preferir la versión del mercado de animales vivos y luego, por la política estado unidense, en la que la hipótesis de la fuga del laboratorio se convirtió, absurdamente, en una postura partidista en lugar de científica.   

 

La caja negra  muestra otra versión del mismo problema. Esta es la tendencia en la ciencia y la cultura tecnológica contemporánea a aceptar, cada vez mas, las cosas simplemente porque funcionan. Sistemas de IA que producen predicciones precisas mediante procesos inexplicables. Procesos de descubrimiento de fármacos que identifican compuestos eficaces mediante el reconocimiento de patrones, proceso que, estrictamente hablando, resultan opacos para los investigadores que lo utilizan. En buenas cuentas, modelos que funcionan sin ser comprendidos.

 

Si recordamos, el método científico, en su forma clásica, exige, no solo que una afirmación sea observable y reproducible, sino también que su mecanismo sea explicable. No solo que el fármaco funcione, sino por que funciona. Esta es la única manera de saber cuando no funcionara. Que efectos tendrá al combinarse con otros compuestos y que sucede en poblaciones no representadas en los datos de entrenamiento. La caja negra produce resultados sin explicaciones y la presión comercial, competitiva e institucional para aceptar resultados sin explicaciones es ahora cada vez mas fuerte.  Todo lo cual indica, sin lugar a dudas, que la autoridad de la que depende la ciencia se ha empezado a agotar silenciosamente.

 

El centro que controlaba las relaciones sociales desde una posición trascendente  ha cedido el paso a una variedad de expertos que forman parte de una red de relaciones de poder desde las que ejercen su influencia. Con la desaparición de la monarquía el fundamento de la autoridad en la sociedad experimenta una revolución en la que el poder se multiplica por todo el tejido social. El conocimiento, no el dominio, se convierte en la fuente de autoridad social. Al comienzo de la ilustración el conocimiento fue una fuerza liberadora y revolucionaria. Por eso no es extraño que  Galileo, al insistir en buscar el verdadero conocimiento científico sin considerar a donde conduciría, representara un peligro para la autoridad de la Iglesia Católica cuyo poder se basaba en el significante maestro, Dios, mas que en el poder del conocimiento. Inequívocamente la posición de Galileo implicaba la lucha en contra del poder de la autoridad, no tan diferente a la de Marx que igualmente desafía al capitalismo con conocimiento y pericia, al empujar la practica mas allá de la mera teoría. Compuso los tres volúmenes del Capital y todo el resto de sus escritos con el fin de proporcionar conocimiento sobre las relaciones capitalistas de producción para que los militantes de izquierda pudieran utilizarlo con el fin de cambiar dichas relaciones.

 

El problema es que como trasmisor de conocimiento sobre el funcionamiento del sistema capitalista Marx no puede eludir su condición de experto. Y, como nota Todd McGowan, dentro del proceso que el capitalismo desata, el experto funciona como una figura de autoridad. En este sentido, la transmutación del marxismo en estalinismo, aunque no inevitable, se deriva del cambio en la estructura de autoridad que desencadena el capitalismo. Stalin es la máxima expresión del conocimiento experto, controlando férreamente la sociedad soviética para desarrollar su productividad a su máximo potencial. Stalin es la contrapartida burocrática de Henry Ford, el experto del libre mercado. Cuando esto ocurre el conocimiento se convierte en fuente de autoridad social y pierde su conexión con el proyecto ilustrado de emancipación universal. Cuando los expertos se convierten en la voz de la autoridad y cómplices del poder el panorama político experimenta un cambio drástico cuyas ramificaciones se han hecho cada vez mas visibles en las ultimas décadas. Según McGowan, las transformaciones de la autoridad que comenzó en el siglo XVII se concreto en el siglo XX y el resultado ha sido una inversión de las alineaciones políticas tradicionales. Esta revolución social despoja a las fuerzas del cambio social de su arma predilecta, el conocimiento, porque el uso de esta arma tiene el efecto de volver a los ciudadanos en contra del cambio social, a pesar de que dicho cambio sea claramente en su propio beneficio. El conocimiento experto. inaccesible para el sujeto común, tiene todas las respuestas y, por lo tanto, se ha convertido en el centro indiscutible de autoridad. El conocimiento sobre el daño que causan ciertas actividades, por ejemplo, comienza a desempeñar ahora el papel que antes tenia la prohibición.

 

En la era actual, la figura del amo ya no se presenta como una autoridad onerosa que debe ser descartada, sino como un consejero que ofrece alternativas. Las prohibiciones en forma de reglas o sugerencias de comportamiento, provienen del experto. Los médicos abogan por normas en contra de fumar en lugares públicos o por controles mas estrictos sobre el consumo de alimentos poco saludables. Los científicos ambientales proponen regulaciones que restringen como y que vehículos se conduzcan y la autoridades parentales intentan limitar la forma en que los padres pueden criar a sus hijos. En cada caso la autoridad reside en el conocimiento, no en la ley. La carga libidinal en la política, que implicaba desafiar al amo, ahora esa carga libidinal gratificante  se ha asociado con el desafío a los expertos que representan a los nuevos agentes de autoridad.

 

El populismo conservador contemporáneo, la política mas extrema de la derecha, debe su auge al desarrollo de una nueva forma de autoridad, cuya figura paradigmática es Donald Trump. El atractivo de este tipo de lideres reside en la relación que ellos establecen con el disfrute. Mientras que el amo tradicional lo prohíbe el líder populista libera a los súbditos de las restricciones impuestas por los expertos. Si bien es cierto que los populistas conservadores abogan por un retoro a los valores tradicionales como la restricción del aborto, la oposición a la homosexualidad o el confinamiento de la mujer a su rol meramente maternal, entre otros, la retorica populista sitúa estos valores tradicionales en la posición de liberación. El líder populista propone liberar a los ciudadanos de la autoridad restrictiva de los expertos para que puedan abrazar libremente los valores tradicionales que la nueva autoridad  amenaza con aniquilar. Y estos valores paradójicamente, a pesar de su función como fuentes de prohibición, se transforman en su opuesto, en una fuente de aparente liberación. El mensaje a los seguidores es que ahora son libres de fumar, de violar las restricciones ambientales, de perseguir a los inmigrantes, de negar las vacunas, etc.

 

Pero este nuevo tipo de líder, como dice McGowan, no se limita a desatar la transgresión sin limites. Ellos también ofrecen la excusa de un retorno a la obediencia genuina. Sus adherentes  pueden sentirse como plenamente obedientes, a diferencia del resto de la sociedad, mientras disfrutan de la satisfacción que acompaña la transgresión. Una curiosa posición que ofrece una manera de maximizar el disfrute del sujeto, a pesar de su estructura completamente engañosa. Sus partidarios disfrutan simultáneamente obedeciendo y trasgrediendo la ley.

 

A pesar de las diferencias entre el discurso del amo y el del experto un elemento permanece inalterable. El poder político y económico sigue desempeñando su papel imperante en el régimen del experto. El experto, intencionalmente o no, trabaja al servicio de la estructura social dominante. Científicos, gurús nutricionistas, economistas de renombre mundial pueden parecer que son los que hoy toman las decisiones, pero, en el fondo,  funcionan como sustitutos del poder real. El reino del experto, lo que Lacan llama el discurso universitario, surge como respuesta al fracaso del discurso del soberano, pero no constituye una estructura social radical. Representa, en verdad, solo una reformulación de la autoridad implicada en el dominio para permitir que dicha autoridad afronte las exigencias de las relaciones capitalistas de producción. En el discurso experto el dominio se oculta y resulta aun mas eficaz, precisamente por la obscuridad en la que desaparece.

 

Lo que el Covid muestra sobre la ciencia es la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones. Pero, de todas maneras, de lo que tenemos que tener cuidado es de no descalificar  el conocimiento como tal, sino intentar ver como el conocimiento es capturado por el poder político. Los movimientos revolucionarios no pueden, por supuesto, abandonar el proyecto de la ilustración, solo que, al mismo tiempo, tienen que reconocer como el discurso del experto no escapa del dominio del “significante maestro”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.