Uno delos ejemplos mas recientes de la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones es el origen del SARS-CoV-2. Hasta este momento existen tres versiones contrapuestas de su origen... la teoría de la transmisión zoo notica natural que indica que el virus se origino en animales, llego al mercado de Wuhan y de ahí se trasmitió a la población humana. La segunda es la hipótesis de la fuga del laboratorio por accidente o negligencia. Y la tercera, que es la mas inquietante, es que los científicos del instituto, conscientes de la fuga y aterrorizados por las consecuencias diplomáticas e institucionales, llevaron deliberadamente una muestra del virus al mercado de animales vivos y lo liberaron allí para que el mercado pareciera ser el punto de origen y así desviar la atención del laboratorio.
Hasta este momento, ninguna de estas versiones ha logrado verificarse, no porque sea imposible, sino porque no se han llevado a cabo las investigaciones que permitirían hacerlo. No sabemos que ocurrió y quizás nunca lo sepamos, porque la cuestión se politizo desde el principio. Primero, por el gobierno chino, que tenia razones institucionales obvias para preferir la versión del mercado de animales vivos y luego, por la política estado unidense, en la que la hipótesis de la fuga del laboratorio se convirtió, absurdamente, en una postura partidista en lugar de científica.
La caja negra muestra otra versión del mismo problema. Esta es la tendencia en la ciencia y la cultura tecnológica contemporánea a aceptar, cada vez mas, las cosas simplemente porque funcionan. Sistemas de IA que producen predicciones precisas mediante procesos inexplicables. Procesos de descubrimiento de fármacos que identifican compuestos eficaces mediante el reconocimiento de patrones, proceso que, estrictamente hablando, resultan opacos para los investigadores que lo utilizan. En buenas cuentas, modelos que funcionan sin ser comprendidos.
Si recordamos, el método científico, en su forma clásica, exige, no solo que una afirmación sea observable y reproducible, sino también que su mecanismo sea explicable. No solo que el fármaco funcione, sino por que funciona. Esta es la única manera de saber cuando no funcionara. Que efectos tendrá al combinarse con otros compuestos y que sucede en poblaciones no representadas en los datos de entrenamiento. La caja negra produce resultados sin explicaciones y la presión comercial, competitiva e institucional para aceptar resultados sin explicaciones es ahora cada vez mas fuerte. Todo lo cual indica, sin lugar a dudas, que la autoridad de la que depende la ciencia se ha empezado a agotar silenciosamente.
El centro que controlaba las relaciones sociales desde una posición trascendente ha cedido el paso a una variedad de expertos que forman parte de una red de relaciones de poder desde las que ejercen su influencia. Con la desaparición de la monarquía el fundamento de la autoridad en la sociedad experimenta una revolución en la que el poder se multiplica por todo el tejido social. El conocimiento, no el dominio, se convierte en la fuente de autoridad social. Al comienzo de la ilustración el conocimiento fue una fuerza liberadora y revolucionaria. Por eso no es extraño que Galileo, al insistir en buscar el verdadero conocimiento científico sin considerar a donde conduciría, representara un peligro para la autoridad de la Iglesia Católica cuyo poder se basaba en el significante maestro, Dios, mas que en el poder del conocimiento. Inequívocamente la posición de Galileo implicaba la lucha en contra del poder de la autoridad, no tan diferente a la de Marx que igualmente desafía al capitalismo con conocimiento y pericia, al empujar la practica mas allá de la mera teoría. Compuso los tres volúmenes del Capital y todo el resto de sus escritos con el fin de proporcionar conocimiento sobre las relaciones capitalistas de producción para que los militantes de izquierda pudieran utilizarlo con el fin de cambiar dichas relaciones.
El problema es que como trasmisor de conocimiento sobre el funcionamiento del sistema capitalista Marx no puede eludir su condición de experto. Y, como nota Todd McGowan, dentro del proceso que el capitalismo desata, el experto funciona como una figura de autoridad. En este sentido, la transmutación del marxismo en estalinismo, aunque no inevitable, se deriva del cambio en la estructura de autoridad que desencadena el capitalismo. Stalin es la máxima expresión del conocimiento experto, controlando férreamente la sociedad soviética para desarrollar su productividad a su máximo potencial. Stalin es la contrapartida burocrática de Henry Ford, el experto del libre mercado. Cuando esto ocurre el conocimiento se convierte en fuente de autoridad social y pierde su conexión con el proyecto ilustrado de emancipación universal. Cuando los expertos se convierten en la voz de la autoridad y cómplices del poder el panorama político experimenta un cambio drástico cuyas ramificaciones se han hecho cada vez mas visibles en las ultimas décadas. Según McGowan, las transformaciones de la autoridad que comenzó en el siglo XVII se concreto en el siglo XX y el resultado ha sido una inversión de las alineaciones políticas tradicionales. Esta revolución social despoja a las fuerzas del cambio social de su arma predilecta, el conocimiento, porque el uso de esta arma tiene el efecto de volver a los ciudadanos en contra del cambio social, a pesar de que dicho cambio sea claramente en su propio beneficio. El conocimiento experto. inaccesible para el sujeto común, tiene todas las respuestas y, por lo tanto, se ha convertido en el centro indiscutible de autoridad. El conocimiento sobre el daño que causan ciertas actividades, por ejemplo, comienza a desempeñar ahora el papel que antes tenia la prohibición.
En la era actual, la figura del amo ya no se presenta como una autoridad onerosa que debe ser descartada, sino como un consejero que ofrece alternativas. Las prohibiciones en forma de reglas o sugerencias de comportamiento, provienen del experto. Los médicos abogan por normas en contra de fumar en lugares públicos o por controles mas estrictos sobre el consumo de alimentos poco saludables. Los científicos ambientales proponen regulaciones que restringen como y que vehículos se conduzcan y la autoridades parentales intentan limitar la forma en que los padres pueden criar a sus hijos. En cada caso la autoridad reside en el conocimiento, no en la ley. La carga libidinal en la política, que implicaba desafiar al amo, ahora esa carga libidinal gratificante se ha asociado con el desafío a los expertos que representan a los nuevos agentes de autoridad.
El populismo conservador contemporáneo, la política mas extrema de la derecha, debe su auge al desarrollo de una nueva forma de autoridad, cuya figura paradigmática es Donald Trump. El atractivo de este tipo de lideres reside en la relación que ellos establecen con el disfrute. Mientras que el amo tradicional lo prohíbe el líder populista libera a los súbditos de las restricciones impuestas por los expertos. Si bien es cierto que los populistas conservadores abogan por un retoro a los valores tradicionales como la restricción del aborto, la oposición a la homosexualidad o el confinamiento de la mujer a su rol meramente maternal, entre otros, la retorica populista sitúa estos valores tradicionales en la posición de liberación. El líder populista propone liberar a los ciudadanos de la autoridad restrictiva de los expertos para que puedan abrazar libremente los valores tradicionales que la nueva autoridad amenaza con aniquilar. Y estos valores paradójicamente, a pesar de su función como fuentes de prohibición, se transforman en su opuesto, en una fuente de aparente liberación. El mensaje a los seguidores es que ahora son libres de fumar, de violar las restricciones ambientales, de perseguir a los inmigrantes, de negar las vacunas, etc.
Pero este nuevo tipo de líder, como dice McGowan, no se limita a desatar la transgresión sin limites. Ellos también ofrecen la excusa de un retorno a la obediencia genuina. Sus adherentes pueden sentirse como plenamente obedientes, a diferencia del resto de la sociedad, mientras disfrutan de la satisfacción que acompaña la transgresión. Una curiosa posición que ofrece una manera de maximizar el disfrute del sujeto, a pesar de su estructura completamente engañosa. Sus partidarios disfrutan simultáneamente obedeciendo y trasgrediendo la ley.
A pesar de las diferencias entre el discurso del amo y el del experto un elemento permanece inalterable. El poder político y económico sigue desempeñando su papel imperante en el régimen del experto. El experto, intencionalmente o no, trabaja al servicio de la estructura social dominante. Científicos, gurús nutricionistas, economistas de renombre mundial pueden parecer que son los que hoy toman las decisiones, pero, en el fondo, funcionan como sustitutos del poder real. El reino del experto, lo que Lacan llama el discurso universitario, surge como respuesta al fracaso del discurso del soberano, pero no constituye una estructura social radical. Representa, en verdad, solo una reformulación de la autoridad implicada en el dominio para permitir que dicha autoridad afronte las exigencias de las relaciones capitalistas de producción. En el discurso experto el dominio se oculta y resulta aun mas eficaz, precisamente por la obscuridad en la que desaparece.
Lo que el Covid muestra sobre la ciencia es la corrupción de la ciencia por la política desde dentro de sus propias instituciones. Pero, de todas maneras, de lo que tenemos que tener cuidado es de no descalificar el conocimiento como tal, sino intentar ver como el conocimiento es capturado por el poder político. Los movimientos revolucionarios no pueden, por supuesto, abandonar el proyecto de la ilustración, solo que, al mismo tiempo, tienen que reconocer como el discurso del experto no escapa del dominio del “significante maestro”.
Nieves y Miro Fuenzalida.