La lluvia
Quería
Llover
Pero
Se
Enredo
En
Una
Nube.
No pudo
Encontrar
La puerta
De
Salida.
Estaba
Cansada
Con
Su mochila
De
Agua
A
La espalda
Que
La mojaba.
Su paraguas
Estaba
Seco.
Nieves.
La lluvia
Quería
Llover
Pero
Se
Enredo
En
Una
Nube.
No pudo
Encontrar
La puerta
De
Salida.
Estaba
Cansada
Con
Su mochila
De
Agua
A
La espalda
Que
La mojaba.
Su paraguas
Estaba
Seco.
Nieves.
En la noche del 9 de noviembre de 1938, las Sturmabteilung nazis asesinaron aproximadamente a un centenar de judíos y dañaron miles de negocios judíos y destruyeron cientos de sinagogas por toda Alemania. La llamada Noche de los Cristales Rotos fue no solo un frenesí de destrucción racista sino también una forma de diversión nazi a costa de los judíos a quienes golpeaban y mataban. El racismo nazi es lo que permitió la destrucción desenfrenada y el asesinato sin limite, algo que de otro modo habría sido inadmisible en la sociedad alemana en donde la ley y la convención social prohibían este tipo de criminalidad. Y, como no es sorprendente en nuestra historia humana, los judíos o los israelitas o el gobierno de Netanyahu, según se prefiera, hoy día matan a miles de niños, mujeres y ancianos palestinos y destruyen sus hogares, negocios y mezquitas en Gaza y Cisjordania. Y en el país de Trump la cosa no es mejor para inmigrantes negros y morenos que desaparecen en la calles de ciudades y aldeas para luego aparecer en los campos de concentración de Texas para ser expulsados ilegalmente... ¿como esto es posible? La razón, tanto para unos como para otros, es siempre la misma. Ellos representan una amenaza existencial a nuestra forma de vida.
¿No será el caso que esta supuesta “amenaza existencial” encubre algo mas? ¿digamos, la autorización para gozar la violencia que trasciende los limites de la moral, la racionalidad y el auto interés?
Muchos historiadores y teóricos han señalado el enlace entre capitalismo y racismo. Ante todo, según dicen, el racismo es una ideología que proclama la jerarquía y diferencia racial que proporciona un soporte y sustento necesario para el funcionamiento del capitalismo al permitir que ciertos miembros de la clase trabajadora se sientan parte de la sociedad capitalista que, aun siendo explotada, ven a otros relegados a un estado de explotación mayor. Una jerarquía racial que aceita los engranajes de la producción capitalista que ayuda a aliviar la insatisfacción que, de otro modo, pondría en duda el sistema. El racismo es lo que otorga a quienes lo practican un sentido de identidad y pertenencia, un estatus simbólico, que la otra raza no tiene.
Pero esta ideología no lo explica todo. La identidad por si sola no basta para asegurar la capitulación. Por eso es necesaria una fantasía racista para complementarla. Según Todd McGowan la fantasía proporciona el goce que la ideología deja de lado. A menos que se tome el inconsciente como punto de partida para comprender el atractivo del racismo, el misterio de su perdurable poder es imposible de descifrar. La fantasía racista al operar primariamente en el inconsciente expande los limites de la ideología y muestra como aquellos que se dicen no ser racistas afirman inconscientemente la fantasía racista.
La cosa va mas o menos así. La fantasía produce goce. Su atractivo reside en su capacidad de proporcionar una estructura, en gran medida inconsciente, que organiza el goce de quienes fantasean. Es el escenario a través del cual los individuos se relacionan con el objeto deseado. Un camino cuya dificultad alienta el goce. Esta es la clave... cada fantasía depende del obstáculo que encuentra en su paso para realizar el deseo. El goce no proviene de la obtención del objeto, sino de la dificultad en obtenerlo. Don Juan es el ejemplo típico. Una vez conquistada la mujer deseada, pierde interés y rápidamente se embarca en una nueva conquista.
La fantasía por tanto funciona frustrando el deseo en lugar de satisfacerlo inmediatamente. Y es justamente esto lo que hace que la fantasía racista funcionar tan bien. Al igual que en toda fantasía, la fantasía racista tiene tres figuras principales... el sujeto, el objeto deseado y el obstáculo para obtener el objeto. Y esto es lo curioso. Aunque el objeto aparece como lo que el sujeto desea, en realidad carece de importancia en la fantasía. El único significado que tiene el objeto de la fantasía racista es su inalcalzabilidad. Por supuesto, ningún objeto inalcanzable por si mismo apunta necesariamente al racismo. Pero lo que caracteriza a la fantasía racista y la distingue de otras formas de fantasía es que el obstáculo para lograr el objeto, lo que impide el acceso al goce sin restricciones, es el otro racial, responsable de todos los fracasos del sujeto y de la sociedad. Es el obstáculo fantaseado que convierte el objeto del deseo, sea riqueza increíble, dominio territorial, estatus social, mejor trabajo, beneficios estatales o pareja sexual, en algo que el racista no puede tener. Este obstáculo, sin embargo, no es solo un obstáculo sino también el lugar de acceso al disfrute, que seria imposible sin el. El disfrute, aunque parezca paradójico, esta ligado a una ausencia. Pero la cosa es que mientras estamos inmersos en la fantasía no reconocemos que el obstáculo es la fuente del disfrute. Por el contrario, siempre lo experimentamos como una barrera que impide el acceso al goce perfecto. Lo inconsciente en la fantasía no es el disfrute que proporciona sino la ubicación de este disfrute, la conexión entre obstáculo y disfrute que necesariamente permanece inconsciente.
La versión paradigmática de la fantasía racista es, por supuesto, la que ofrece Hitler. En “Mein Kamp” describe a un joven judío seduciendo a una chica alemana a la que profana con su sangre con el intento de destruir los cimientos raciales del pueblo que se ha propuesto subyugar. Hitler imagina al joven judío como alguien que accede al objeto privilegiado, la mujer alemana y, por lo tanto, impide a los hombres alemanes acceder a este objeto. El otro racial puede experimentar lo que Hitler llama “alegría satánica”, prohibida para los alemanes. Al apelar a esta fantasía, Hitler logra atraer a la nación alemana a su proyecto al ofrecer a las personas una razón clara de por que no disfrutan como imaginan y una vía para acceder al disfrute sin limites a través de la otra raza.
Existen, por supuesto, múltiples versiones de la fantasía racista en donde diferentes identidades pueden figurar en las posiciones de la fantasía... Japonés-Coreano, Alemán-Judío, Hutu-Tutsi, Blanco-Negro, Colono-Indígena, Blanco-Latino y, tan relevante en la política contemporánea de Estados Unidos y Europa, Ciudadano-Inmigrante. Muchos inmigrantes son mujeres pobres con pequeños niños que no representan un obstáculo para el disfrute de nadie. Pero, visto desde mas cerca, la misma lógica se hace evidente. Los indocumentados emigran para escapar de una situación desesperada y están dispuestos a hacer grandes sacrificios para asegurar una vida mejor para ellos y sus hijos. Y precisamente esto es lo que preocupa a quienes se oponen a la inmigración que, según la fantasía racista, coloca al inmigrante en la posición de obstáculo para el disfrute. Según esta historia el inmigrante no solo realiza un trabajo que los ciudadanos no aceptarían, sino que lo hacen sin adherir a las normas que rigen el orden social. Aunque ser indocumentado trae solo desventajas, desde la perspectiva racista significa una clara ventaja al beneficiarse del orden social sin estar sujeto a sus leyes.
Si vemos el racismo como la oposición entre dos posiciones distintas, dice McGowan, no importa entonces si el racista es blanco y la victima es negra, si es japonés y la victima es coreana o si es Hutu y la victima Tutsi. La estructura prevalece sobre quienes ocupan los puestos dentro de ella. Por eso se puede ver la dinámica racista en acción cuando, incluso, no hay diferencia racial en absoluto, como en el genocidio de Ruanda. La fantasía prolifera por todas partes e incorpora todo tipo de identidades. Nadie es inmune a ella.
El racismo separa la modernidad de las sociedades pre modernas, que ciertamente no están tampoco exentas de discriminación. La diferencia, sin embargo, es que ellas discriminan por creencias y practicas religiosas o entre los miembros de la sociedad y los extranjeros. La modernidad, en cambio, a pesar de que representa una ruptura radical con las identidades tradicionales, discrimina principalmente a través de la invención del racismo. En la Edad Media europea, por ejemplo, la pertenencia a la sociedad se basaba en la identidad cristiana. La fantasía de la salvación era la fantasía dominante y el hereje o no creyente representaba el obstáculo o barrera para el disfrute pleno de la dicha eterna. Quienes no profesaban el cristianismo no pertenecían y se enfrentaban a la discriminación o, incluso, a la muerte. La fantasía cristiana alcanza su cenit brutal con la Inquisición. Con el surgimiento de la modernidad la religión deja de funcionar como el principal aglutinante social, siendo reemplazada por la raza que se transforma en su proyecto central dejando de lado la igualdad universal que era su ideal... ¿Por qué la modernidad traiciona este proyecto?
La idea de la igualdad universal desarraiga la base por la cual las personas se distinguen. Deja a los individuos sin las jerarquías tradicionales que sostienen la autoridad y los obliga a reconocer que en el fondo no tienen nada en lo que puedan confiar. La igualdad conduce a una libertad radical que es inherentemente traumatizante porque deja sin ningún apoyo psíquico o estructura que nos diga quienes somos y que debemos hacer. El racismo permite que la jerarquía persista al restaurar un sentido de autoridad en una época en que lo desarraiga. Reintroduce una jerarquía en la que quienes pertenecen saben que pertenecen porque saben que otros no.
Deshacerse de la mancha del racismo significa insistir en una humanidad única, una humanidad universal definida por su alienación de toda identidad particular. El avance de la idea darwiniana de un único ancestro para toda la humanidad socaba la posibilidad de concebir diferentes razas como no relacionadas. La mayoría de los biólogos ya no se interesan por una jerarquía racial. El proyecto del genoma humano revela una homogeneidad fundamental entre lo que antes se consideraban razas diferentes. A pesar de esta evidencia ciertos biólogos insisten en utilizar la raza como base de sus investigaciones. Pero, en todo caso, cualquiera que sea la postura que se adopte, la biología nunca aportara una solución a la enorme inversión social en el racismo. El rechazo a la jerarquía racial justificada biológicamente ha tenido poco efecto en la magnitud del racismo en el mundo. Y esto es porque el racismo esta arraigado en el inconsciente, específicamente en la fantasía que continua adhiriéndose a la importancia de la diferencia racial. La desigualdad económica, por ejemplo, es inherente al sistema capitalista y es aquí donde la fantasía racista ofrece una explicación clara de por que no logro experimentar el disfrute que la mercancía capitalista promete. La culpa no esta es el capitalismo, sino en el otro racial, quien me quita el trabajo gracias a la discriminación positiva, obtiene ayudas del gobierno gracias a mis impuestos o simplemente me roba a mis posibles parejas sexuales. Una vez que sucumbo a la tentación de la fantasía racista, tengo una figura para culpar.
La lucha contra el racismo no puede basarse únicamente en una apelación al conocimiento. La aceptación publica del racismo ciertamente ha disminuido. El poder inconsciente de la fantasía racista, sin embargo, no lo ha hecho.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Sembre
Una margarita
Amarilla
En
El ombligo
Del
Buda.
El mio
No
Tiene
Tierra.
Nieves.
Hasta no hace mucho acostumbrábamos a ir al Café de nuestro barrio en donde conocimos a un montón de gente de aquí y de allá con los que conversábamos de esto y aquello. Un espacios público que, junto con otros, lentamente empiezan a desaparecer, lo que es una lastima. Si mal no recordamos fue el filosofo alemán Jurgen Habermas el que primero ve a las cafeterías, junto con los salones y sociedades literarias del siglo XVIII, como el lugar en donde originalmente se empieza a formar la esfera publica. Sitios políticos en donde impera una lógica igualitaria. Si bien viola esta promesa al excluir a muchas personas y darle mayor peso a las opiniones de ciertas voces privilegiadas, la esfera publica promete acceso universal e igual peso a todas las ideas que en ella se expresan.
El ideal de la esfera publica, continua Habermas, tiene un efecto igualitario a pesar de no estar a la altura del estándar que se impone a si mismo. Al entrar en estos espacios se conserva la propia identidad privada, a la vez que se dirige hacia lo publico. Las personas privadas forman un publico al promover sus propias opiniones en un espacio donde, idealmente, todas las opiniones tienen el mismo peso. Y sin embargo, hay que reconocer que es un ámbito que hoy empieza a desaparecer en gran medida con el dominio del mercado capitalista.
En “La Transformación Estructural de la Esfera Publica” Habermas dice que cuando las leyes del mercado, que son las que rigen la esfera del intercambio de mercancías y del trabajo social, impregnan la esfera reservada para la vida publica, el debate racional y critico tiende a ser reemplazado por el consumo. La lógica de la mercancía dispersa la esfera publica en actos individuales aislados que dejan de unir a las personas en un mundo basados en ideales igualitarios. La cultura burguesa es la que
genero la esfera publica como espacio de disputa y debate y, paradójicamente, luego la destruye a medida que el alcance de la mercantilización se extiende por todas partes dejándonos solo con las conversaciones vacías de las redes sociales.
Afirmar el derecho de lo publico sobre el de la comunidad exclusiva es fundamental para la creación de cualquier proyecto democrático. La sociedad capitalista constantemente pone en peligro este proyecto creando vastas extensiones de propiedad privada que amenazan con avasallar lo publico, confinándolo solo a parques, bibliotecas, carreteras, calles y reservas naturales. El espacio privado predomina por todas partes y el espacio publica que da cabida al debate y al intercambio político se restringe cada vez mas y mas al ser reemplazado por foros de participación política privados. El problema de restringir el espacio publico es que empobrece la relación del individuo con el colectivo. La sombra de la privacidad aparece así como el estado normal de las cosas, en tanto que la apertura de lo publico se presenta como una excepción. La comunidad privada empieza a predominar sobre la comunidad publica. Lo que aquí no estaría mal recodar es que la privacidad nos engaña al aislarnos de nuestra dependencia de lo ajeno. Considerarse un ser publico es confrontar lo que uno no es como parte integral de lo que uno es. Es ahí cuando uno descubre que la singularidad de la subjetividad depende de la base colectiva que la diversidad del ámbito publico proporciona.
Según el historiador Yuval Harari algo profundo esta sucediendo en nuestra sociedad, algo que impulsa a los pensadores mas lucidos a buscar refugio lejos del ruido colectivo que llamamos civilización contemporánea. Por cierto esta no es la primera vez que presenciamos este fenómeno. Después de la caída del imperio romano, recuerda Harari, a medida que las estructuras sociales se derrumbaban y la barbarie parecía dominar las calles, muchos de los grandes pensadores se retiraron a monasterios y bibliotecas remotas. No para huir de la responsabilidad, sino para preservar la llama del conocimiento en tiempos de obscuridad intelectual. El filosofo estoico Seneca, por ejemplo, escribió sus obras mas profundas precisamente cuando se distancio de la política de Roma y Agustín hallo sus verdades mas elevadas cuando abandono la vida mundana y se dedico a la contemplación. Lo que hoy presenciamos es algo parecido, pero amplificado por la tecnología. Esta es una era en donde la información se ha vuelto parloteo constante y la reflexión profunda es reemplazada por reacciones instantáneas. Las redes sociales han creado un entorno donde el pensamiento superficial se recompensa con un “me gusta”, en tanto que las ideas complejas y los matices se ignoran o atacan. Es por esto que no es raro que las mentes mas despiertas empiecen a hacer lo que siempre han hecho en tiempos de crisis... aislarse para preservar su cordura y su capacidad de pensar con claridad. Pero, como dice Harari, hay una diferencia fundamental entre el aislamiento de los intelectuales del pasado y los de hoy. Anteriormente este aislamiento era temporal y una pausa necesaria antes de regresar con una nueva perspectiva para contribuir socialmente. Hoy, en cambio, muchos de nuestros pensadores mas brillantes se están retirando permanentemente, no porque hayan elegido un camino de contemplación espiritual, sino porque se han dado cuenta de que nuestra sociedad se ha vuelto fundamentalmente hostil al pensamiento profundo y la sabiduría genuina. El Internet que se suponía un medio destinado a democratizar el conocimiento y elevar el nivel del discurso publico ha terminado haciendo lo contrario. Cualquier opinión, independientemente de su base fáctica o profundidad analítica, tiene el mismo peso que décadas de estudio y experiencia. Un simple tuit de una decena de palabras tiene mas impacto en la opinión publica que años de investigación académica. Los verdaderos expertos y pensadores ven que sus voces no solo son ignoradas, sino que a menudo son atacadas por turbas virtuales que confunden conocimiento con arrogancia y experiencia con elitismo. Como ya sabemos el algoritmo de las plataformas digitales, diseñadas para maximizar la interacción, favorece sistemáticamente el contenido que provoca reacciones emocionales inmediatas sobre el contenido que invita a la reflexión. Las declaraciones controvertidas y las simplificaciones burdas generan mas clics que el análisis cuidadoso. El resultado es que el espacio publico digital se convierte en un entorno donde la sabiduría no solo desaparece sino que se desalienta. Ante esta realidad intelectuales, artistas y científicos han tomado la decisión racional de retirarse. Participar en este circo digital, según Harari, no solo desperdicia su tiempo y energía sino que también compromete su integridad intelectual... ¿como mantener la profundidad de pensamiento necesaria para una visión genuina cuando se esta constantemente reaccionando a la actualidad, respondiendo a criticas desinformadas o intentando explicar ideas complejas en formatos diseñados para el puro entretenimiento?
Lo inquietante en todo esto, dice Harari, es que este retraimiento no es solo un problema individual. Es un fenómeno colectivo que esta privando a la sociedad de sus mentes mas valiosas precisamente cuando mas se necesitan. Justamente en tiempos de cambios tecnológicos acelerados, crisis ambientales y profundos cambios sociales, empezamos a perder a quienes mejor podrían ayudarnos a afrontar estos desafíos. Esos que podrían ofrecer perspectivas históricas, análisis sistemáticos y soluciones creativas.
La cosa es que todo esto es una paradoja rayana en lo trágico. Solo nota esto... cuando mas complejos se vuelven los problemas, se premian las respuestas sencillas. Cuando mas sofisticación necesitamos se celebra la simplicidad y cuando mas sabiduría requerimos, mas hostilidad encuentran quienes la poseen. Es como si estuviéramos creando las condiciones para nuestra propia ignorancia colectiva, algo así como una especie de selección natural inversa en donde la curiosidad, la capacidad de reflexión profunda y la búsqueda de la verdad que nos hicieron exitosos como especie están siendo sistemáticamente desalentados en favor de rasgos que promueven el consumo inmediato y la gratificación instantánea. Basta con mirar como en las ultimas décadas las universidades, que han sido los santuarios del libre pensamiento y la investigación rigurosa, se han convertido cada vez mas en fabricas de conformidad ideológica y formación profesional. La necesidad de financiación las obliga a adaptar la investigación a los intereses de corporaciones o gobiernos, lo que obliga a muchos de los investigadores mas talentosos a abandonar el mundo académico, no porque hayan perdido interés en el conocimiento, sino porque se han dado cuenta que las instituciones que se supone deben fomentar ese interés se han convertido en un obstáculo para su búsqueda. Cuando los sabios se retiran se llevan no solo sus descubrimientos y perspectivas, sino, mas importante, su capacidad de enseñar e inspirar a otros, porque la sabiduría, a diferencia de la información, no se puede transmitir simplemente mediante textos y videos. Lo que perdemos no es solo conocimiento sino la capacidad de generar conocimiento futuro. Su salida de la esfera publica deja un vacío que rápidamente se llena con voces menos calificadas que degradan la calidad del discurso publico, creando así un circulo vicioso donde la sabiduría se vuelve aun mas alienada e irrelevante.
¿Y no será esto lo que lo que ciertos grupos de poder desean? Una población informada y reflexiva es mas difícil de manipular que una multitud ignorante. Un ciudadano armado con un pensamiento critico es mas propenso a cuestionar las narrativas convenientes y menos controlable que quienes reaccionan instintivamente a las noticias sensacionalistas. El aislamiento de los sabios, dice Harari, no es solo un fenómeno cultural emergente sino una característica del sistema que estamos construyendo... es privilegiar el consumo sobre la contemplación, la reacción sobre la reflexión y la conformidad sobre la creatividad.
Así como vamos pareciera que la sabiduría de nuestra especie ha empezado a refugiarse en las sombras de la historia.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Por supuesto que la promesa siempre ha existido en todo sistema social, pero la novedad es que desde el momento en que el sistema capitalista emerge la promesa pasa a ser parte esencial de su funcionamiento económico... invertimos dinero con la promesa de ganancias futuras, trabajamos con la promesa de un salario mas alto, compramos un artefacto electrónico con la promesa de un acceso mas fácil a lo que queremos, etc. Según McGowan, el futuro encarna un tipo de satisfacción que el presente no puede ofrecer y que depende de la inversión en el sistema capitalista. Se acumula mas capital para algún día tener suficiente, se acelera el proceso de distribución para aumentar las ganancias futuras y uno compra para descubrir un placer potencialmente satisfactorio. Cualquier sensación de satisfacción con la condición actual tendría un efecto paralizante en cada de una de estas áreas económicas.
Y este, según McGowan, es el mismo problema que afecta la esperanza revolucionaria al participar de la lógica que intenta refutar. Y la consecuencia de seguir tal lógica es que nunca llegamos a ser tan revolucionarios como creemos ser. Desde Charles Fourier hasta Antonio Negri la idea de un futuro mejor ha impulsado a la izquierda en su critica del capitalismo. Jacques Derrida, por ejemplo, enfatiza la promesa emancipatoria que sustenta toda su política deconstructiva. Si la promesa promete esto o aquello, dice, ya sea que se cumpla o no, o que sea incumplible, necesariamente existe y, por lo tanto, cierta historicidad por venir.
Es precisamente esta inversión en la promesa lo que debe abandonarse, junto con la insatisfacción inherente a ella.
¿Pero, no es el caso que romper con la promesa de un futuro mejor es teoréticamente insostenible si queremos mantener una postura critica? ¿como se podría ser critico sin tal promesa? Mas aun... ¿cuál podría ser el posible fundamento de la critica?
No hay una satisfacción mas profunda, ni mas autentica, que supere los antagonismos de la sociedad ni las fallas de la subjetividad, dice McGowan, a pesar de la promesa revolucionaria. No necesitamos creer en un futuro repleto de satisfacciones mas profundas para rechazar el capitalismo. La alternativa al capitalismo esta dentro del mismo capitalismo. La vara de medir para la critica no es la promesa de un futuro mejor, sino la estructura subyacente del capitalismo. La identificación o reconocimiento de esta estructura proporciona la clave para el surgimiento de una alternativa. El dominio capitalista depende de que no reconozcamos la naturaleza de su poder. Si nos concentramos, no solo en los horrores y defectos del capitalismo, sino en la satisfacción que lo acompaña podríamos entender la influencia que tiene en los que viven dentro de su estructura. Y el punto de partida de esta influencia o poder es la relación del capitalismo con el deseo. Es a nivel psíquico en donde descubrimos como realmente funciona el capitalismo.
Desde la perspectiva capitalista es indiferente que cultura lo germino y que cultura lo nutre. Lo verdad es que trasciende toda cultura y ofrece recompensas psíquicas radicalmente diferentes a las que ofrecen las culturas particulares. Su esencia es la acumulación. El sujeto capitalista es un sujeto que nunca tiene suficiente y busca continuamente mas y mas. U proyecto de acumulación incesante que se construye irónicamente en base a la obtención de un objeto final que va a proporcionar la satisfacción máxima y el fin de la acumulación. Es en este sentido que la imagen del fin del capitalismo esta implícita en su estructura. Pero si este fin no llega y el sistema perdura es porque este objeto de satisfacción total que el sujeto quiere, en ultima instancia, no existe. El fin ultimo de la acumulación, no importa a que aspecto del sistema se refiera, es inalcanzable. El productor debe producir mas para ganar mas dinero, el distribuidor debe distribuir mas para maximizar las ganancias y el consumidor debe consumir mas para encontrar el objeto verdaderamente satisfactorio. En cada caso la falta de acumulación suficiente esta inscrita en el sistema y, paradójicamente, es la fuente de la satisfacción que este le ofrece al sujeto. Con toda la variedad que encontramos en el universo capitalista, la única constante es el mandato de acumular que opera en la psique de cada sujeto capitalista. Cualquier lucha en contra del sistema capitalista debe comenzar con la inversión psíquica en la promesa de acumulación que este requiere. El vinculo entre el capitalismo y la psique proporciona la clave para comprender su atractivo.
La cosa va mas o menos así. El capitalismo exige la acumulación y promete una satisfacción que no puede proporcionar. Este fracaso tiene su origen en la estructura de la psique del sujeto y en la forma en que este encuentra satisfacción. La psique, aunque parezca extraño, se satisface inconscientemente al no lograr su deseo y el capitalismo le permite al sujeto perpetuar esta fracaso, creyendo al mismo tiempo que persigue su éxito. Un sistema que permite visualizar la posibilidad de una satisfacción que estructuralmente es inalcanzable, y a la vez permite que la verdadera fuente traumática de nuestra satisfacción permanezca inconsciente. El sujeto desea el objeto, pero la verdadera fuente del deseo no es el objeto, sino la ausencia del objeto. Esta doble situación crea un sistema con un poder de permanencia desmesurado, un sistema que pareciera estar escrito en nuestra estructura genética.
Pero, a pesar de todas las apariencias, el capitalismo no es el resultado de la naturaleza humana. Los apologistas que insisten en este punto lo hacen para mantener la idea de que tal sistema es inevitable. Asociar el capitalismo con la naturaleza humana es un gesto ideológico, pero la impresión de que el capitalismo encaja con nuestra forma de desear no es completamente ideológica. Es cierto que el atractivo psíquico del capitalismo esta relacionado con la naturaleza de la subjetividad humana, pero esta subjetividad en si misma es antinatural, una función no de procesos naturales, sino de una disyunción con el mundo natural. Si bien el desarrollo del capitalismo no fue necesario, es posible, sin embargo, comprender su auge y permanencia en términos de una psicología humana dispuesta a involucrarse en este sistema.
Si somos capitalista no es por ser animales, dice McGowan, sino porque estamos fundamentalmente alejados de nuestra animalidad. La mercancía no satisface una necesidad natural, sino un deseo distorsionado por el significante, la palabra, que es el medio que define las interacciones humanas. En lugar de sentir hambre y comer la manzana mas cercana, el humano buscara una satisfacción que trasciende la manzana a través de la manzana. Una manzana nunca es suficiente. En el mundo de la significación, la no coincidencia de la manzana consigo misma se vuelve evidente y la manzana empírica deja de resultar satisfactoria. Como objeto de necesidad, la manzana es solo una manzana y puede satisfacer la necesidad. Pero después de la introducción del significante, la auto división de la manzana le permite significar algo mas allá de si misma... lo que es jugoso y delicioso, lo que aleja al medico, lo que connota el pecado original, el logo de una compañía digital, etc. Un suplemento que se adhiere en la forma de significante, un exceso irreductible al objeto. Y este exceso unido a la manzana le produce una satisfacción al sujeto que una manzana por si sola nunca puede lograr.
El mundo se nos aparece como un conjunto inmediato de elementos dispuestos para que los percibamos como queramos en donde el significante permanece en la sombra. Pero es este, aunque no lo percibamos, el que distorsiona lo que percibimos y modifica los elementos con los que interactuamos. Cada objeto adquiere el matiz que le otorga el sistema de significación. El objeto de necesidad se convierte en objeto de deseo. Pero, desde el momento en que el sujeto se enfrenta a objetos divididos, nunca puede obtener un objeto que le permita realizar su deseo. Aunque el capitalismo no puede dar tal objeto, lo que hace es transformar la imagen del objeto. Como mercancías, los objetos se presentan como un todo. El capitalismo no elimina la división del mundo que se refleja en la significación, la distancia que separa el significante del significado, pero la presenta como un obstáculo contingente, no necesario, para ocultar su estructura inherentemente traumática.
Producimos o consumimos mercancías adicionales para realizar nuestro deseo definitivamente, pero el problema es que nunca logramos esta realización, de la misma manera que usamos otros signicante para definir un significante, otras palabras para definir la palabra, sin resolución final. Aunque es evidente que una palabra siempre lleva a otra, no lo es tanto en el caso de la mercancía. Y, sin embargo, al igual que la palabra, una mercancía siempre lleva a otra, sin una satisfacción final... ¿por que?
Según Lacan, la perdida originaria del objeto, digamos, de completitud, como ilustra el mito religioso de la de la expulsión del Paraíso, es lo que orienta el deseo del sujeto, aunque realmente nunca tuvo tal objeto. En el capitalismo la perdida del objeto adquiere un estatus sustancial y accesible en la forma de la mercancía. De acuerdo con esto nuestra menesterosidad es un hecho empírico, en lugar de uno ontológico. Pero no para Freud. En “Mas allá del principio del placer” comienza a concebir al sujeto a través de su perdida constitutiva. El sujeto encuentra satisfacción, dice, en repetir la perdida y su satisfacción es inseparable del fracaso. Extraño... ¿cierto? Porque, por supuesto, nadie se propone fracasar conscientemente. La consciencia se orienta en torno a proyectos que aspiramos alcanzar y si fracasamos es solo una cuestión contingentes que tratamos de remediar intentándolo de nuevo. Sin embargo, inconscientemente, dependemos del fracaso para nuestra propia satisfacción. Es la ausencia del objeto y solo su ausencia lo que lo hace satisfactorio. Una vez que lo obtenemos empieza a perder su atracción y empezamos a desear otro objeto. La ausencia nos anima y nos impulsa a actuar de una manera que la presencia no puede. Sin esta ausencia seriamos incapaces de actuar y careceríamos del impulso, incluso, para suicidarnos.
La inversión en la promesa de obtener con éxito el objeto ausente, de lograr la completitud y ultima satisfacción con la mercancía adecuada, es esencial para la perpetuación del capitalismo. Si el antiguo producto proporcionara esta satisfacción, el capitalismo simplemente dejaría de funcionar. Su adherencia a la fantasía del éxito, a expensas de la necesidad del fracaso, es esencial para su funcionamiento. La ilusión de la promesa debe permanecer irrealizable. Si la vieja mercancía no nos satisface, la promesa de la nueva por venir mantiene viva la fantasía.
Cuando reconocemos que ningún objeto proporcionara la satisfacción máxima, dice McGowan, es cuando podremos desligarnos psíquicamente del sistema capitalista y rechazar el papel que jugamos en su incesante reproducción. Este rechazo, por supuesto, no derriba el capitalismo, pero es la condición necesaria para una política revolucionaria.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Las gaviotas
Grises
Se
Trasforman
En
Olas
Que
Ahuyentan
A
Barcos fantasmas
Que
Solo
Pescan
Peces
Que
Sonríen.
Nieves.