Sunday, May 17, 2026

Trump... el padre anal

 

Trump es increíblemente ignorante, obsceno, cruel, patológicamente narcisista, delirante y deshonesto. Y, aunque esto no es inusual en lideres políticos, es difícil encontrar a alguien que históricamente se le asemeje psicológicamente, si descartamos, por supuesto, a Calígula. Y, a pesar de todo ello, ejerce una tremenda fascinación popular. Es, según la expresión de Zizek, “el padre anal del disfrute” que, operando en contraposición a la ley y la prohibición del padre edipico de Freud, no exige al sujeto que sacrifique el disfrute como precio para integrarse en el orden social. 

 

Obviamente no es posible desconocer que hoy existe una tendencia global hacia el populismo de derecha y el avance al fascismo como consecuencia de la estructura capitalista de la sociedad que inevitablemente frustra la   fantasía consumista que promete. Lo que resulta fascinante es que en lugar de responder con algún tipo de movimiento proletario por la emancipación colectiva vemos, por el contrario que, incluso personas que iban a ser afectadas negativamente por las políticas de Trump, como los inmigrantes  que corren el peligro de ser deportados, lo apoyan. Algo que debiéramos tomar en cuenta para comprender como el interés propio no es la fuerza motriz de las acciones y decisiones políticas de la gente.

 

Hay ciertas características de Trump, como nota Todd McGowan, que son peculiares, como la obscenidad, y por eso la atracción que Trump ejerce es tan contradictoria. Por un lado quienes lo apoyan están a favor de la liberación total, en contra de la corrección política, las leyes sobre la marihuana y de cualquier tipo de restricción a la libertad de expresión. Puedes decir cualquier tipo de obscenidad que quieras y, por otro lado, sin embargo, la gran masa de su apoyo son cristianos fundamentalistas... ¿como entendemos esto? Según McGowan, el punto de encaje de estas dos tendencias contradictorias es la trasgresión. En “La Psicología de las Masas y Análisis del Yo,” Freud expresa la idea de que la identificación con el líder es la identificación con la capacidad del líder para transgredir todas las restricciones que rigen a las personas dentro del contexto social. Las denuncias de que las obscenidades, las violaciones sexuales y las mentiras de Trump han ido “demasiado lejos”, no tienen mayor efecto porque “ir demasiado lejos” es precisamente la clave. Esa es la naturaleza de su atractivo. Es la aceptación absoluta de la ignorancia y del sacrificio de cualquier tipo de conocimiento. Su obscenidad y sus mentiras violan el conocimiento y es ahí donde reside parte de su poder. Por las dudas, solo nota porque ha sido elegido presidente, no una, sino dos veces. Si recordamos bien, Hegel sostuvo que cada acontecimiento histórico mundial tiene que ocurrir dos veces. Y Marx, siguiendo a Hegel, afirmo que la primera vez es tragedia, la segunda, farsa. Hegel recuerda que Napoleón debe ser derrotado dos veces, Cesar debe regresar al poder dos veces. La repetición de algo lo solidifica psicológicamente. En términos lacanianos, la primera vez aparece como algo real y la segunda se integra en el universo simbólico. Y este es la cosa de porque la vuelta de Trump genera tanta controversia. Es la impresión de que el universo simbólico tendrá una configuración totalmente diferente. Ese es, dice McGowan, el argumento básico de Hegel al plantear la idea de que la historia debe repetirse. El primer evento no puede registrarse simbólicamente porque representa una ruptura del sistema simbólico previo. Pero, cuando el nuevo evento se repite, el sistema se reconstituye de una nueva manera... ¿no es eso lo que estamos viendo?

 

Toda estructura es contradictoria y el capitalismo no escapa a ello. Pero esa contradicción no nos esta llevando al comunismo, o al socialismo según ahora se prefiere, sino, al parecer, al comienzo de una época en la que el mundo entero estará dominado por movimientos populistas de derecha. Esta es la posición de facto y el fin del orden global que, de una u otra manera, ha regido las relaciones internacionales desde 1648. Su marco legal y diplomático ha sido reemplazado por el poder de la fuerza belica que le da el derecho a invadir naciones mas pequeñas, matar o secuestrar lideres y bombardear naves en aguas internacionales.     

 

Lo que escasamente vemos hoy, en comparación con el pasado no muy lejano, son las marchas y los grandes movimientos de resistencia. Todo ello parece haberse desvanecido. Y si lo pensamos, no es muy difícil entender que el fascismo tiene cierta ventaja dentro del capitalismo en comparación con los proyectos emancipatorios. Ser universalista es mas difícil  que ser particularista o identitario, porque la identidad logra  movilizar con mayor éxito el disfrute en torno a un enemigo común.

 

¿No será que la razón por la que la gente lucha mas por su servidumbre que por su emancipación es la negatividad inherente a la subjetividad? Si contemplamos la escena humana vemos que es bien difícil evitar la  autodestrucción. Y cuando la evitamos siempre caemos en otra. Piensa solo en las personas exitosas que parecen haber evitado la autodestrucción, pero que, de una u otra manera, caen en otros problemas... insomnio, relaciones autodestructivas, alcohol, adicción a las drogas, etc. Es aquí donde Freud provee una de sus ideas mas importantes... el instinto de muerte ¿Como analizar la situación contemporánea sin tener en cuenta esta autodestrucción? Hay algo inmensamente satisfactorio en eso y Trump lo usa a su favor. Constantemente hay cosas, por ejemplo, que todos identificamos como autodestructivas y, sin embargo, eso se convierte en la fuente de su atractivo. Sin la base de la clase trabajadora, por ejemplo, Trump nunca habría sido elegido. La pregunta entonces es... ¿lo apoyan por ignorancia o, por el contrario, porque saben que es malo?  Muchos pensadores y analistas políticos examinan todo esto desde la perspectiva del interés propio. Desde un punto de vista racional esto parece ser correcto. El problema es que estos análisis pasan por alto la verdadera cuestión de por que hacemos lo que hacemos. Es asi, por ejemplo, como, mediante la negación, implementamos todo tipo de mecanismos para no ver lo que estamos haciendo. Se puede votar Trump y decir... “No, estoy realmente actuando por interés propio” o “Trump finalmente esta limitando el poder de los expertos y de la academia”. Claramente no se vota por Trump porque es autodestructivo. Nadie dice eso, obviamente, porque la clave del instinto de muerte es su carácter inconsciente. Conscientemente se necesita algún tipo de fantasía que nos diga que lo que realmente estamos haciendo es perseguir algún interés o algún objetivo. Según comenta Zizek se puede apoyar al líder fascista con una actitud de obediencia total y, a la vez, sentirse completamente radical. Una postura diseñada para maximizar el disfrute ligado a la transgresión obscena que Trump legitima. El radicalismo del populismo de derecha, en contraste con el populismo de izquierda, irónicamente se caracteriza por la capitulación ante la norma social. En ultima instancia no viola nada, sino que se sigue obedeciendo los imperativos capitalistas, se sigue siendo un buen racista y se sigue siendo un nacionalista fanático. Lo que obviamente implica una doble actitud. Por un lado, se tiene esta obediencia total, asi que se puede pensar... “Ah, pertenezco, me adapto, soy parte”. Y es agradable pertenecer. No es que conscientemente “se adapte”, sino que es agradable la sensación de que uno “encaja”. Uno se siente bien, y al mismo tiempo, por otro lado, se tiene la sensación de transgredir. Dos experiencias por el precio de una. Y esta es la diferencia, o desventaja electoral, del populismo de izquierda. La izquierda transgrede lo que  ayudaría a “encajar”. No se es capitalista, no se es racista, no se es ultranacionalista. El derechista, en cambio, obtiene indirectamente su disfrute inmediato al identificarse en oposición con la persona que odia. Y eso es lo que ofrece Trump. La fantasía capitalista promete la satisfacción total, el disfrute sin carencia, sin apuntar a la raíz de la carencia. La vieja fantasía en la que se basa Trump es la de que todos lo pueden tener, pero si no lo tengo es por culpa de los inmigrante, los expertos, las vacunas, los comunistas o lo que sea.  

 

¿Porque debiera importarnos lo que Trump cree o hace, si después de todo no es nuestro presidente? Simple, porque sus decisiones afectan a todo el mundo y su goce excesivo abre la ruta a la distopia.

 

¿Es posible pensar todavía en un proyecto político coherente en la izquierda o, por el contrario, toda esperanza ya se ha desvanecido? La verdad es que la izquierda enfrenta en este momento todo tipo de desventajas debido al dominio mundial de la extrema derecha. Sin embargo, a lo que debe ser fiel es a ciertas ideas, como dice McGowan. Con el fracaso del proyecto identitario izquierdista que proclamaba que la universalidad aplasta lo particular, se abre la ruta nuevamente a que la universalidad deje de tener mala fama. El universalismo, lo que en algún momento llamábamos internacionalismo proletario, nos permite reconocer que la estructura capitalista por si misma imposibilita la igualdad y actúa como barrea para su consecución. Las luchas de las feministas, los homosexuales, los campesinos, los obreros industriales o los mineros de todas partes libran la misma batalla y, a pesar de que sus identidades son diferentes, ellas participan de lo universal a través de sus luchas que revelan lo que constitutivamente esta ausente. Las consecuencias son catastróficas si rechazamos la universalidad, especialmente si consideramos el cambio climático que es algo que no podemos enfrentar con iniciativas particulares porque es un fenómeno global que afecta a todos, no importa quien sea, donde se vive o cuan rico o pobre se es. Lo que compartimos universalmente es la catástrofe ambiental y la ausencia de una vía de escape, que es la forma mas evidente que hoy adopta la igualdad.

 

La teoría no puede decirnos que hacer, pero puede darnos algunas ideas genérales sobre lo que no debemos hacer. Y una de ellas es repetir nuevamente la política de lo particular.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


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