Detrás
De
Mis pestañas
Estaban
Mis ojos
Que
Te buscaban
Sin
Poder hallarte
Hasta
Que
Te encontraron
Colgando
De
Una estrella
Leyendo
Un libro
De
Nietzche.
Nieves.
Detrás
De
Mis pestañas
Estaban
Mis ojos
Que
Te buscaban
Sin
Poder hallarte
Hasta
Que
Te encontraron
Colgando
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Una estrella
Leyendo
Un libro
De
Nietzche.
Nieves.
Marco Aurelio aconseja que antes de comenzar la jornada diaria, uno debiera decirse a si mismo... “hoy día voy a encontrarme con gente entrometida, ingrata, intimidante, tramposa, envidiosa, explotadora y antisocial”. No muy alentador ¿cierto? Y sin embargo, esta es la realidad que la mayoría de los pobres mortales enfrentamos diariamente... ¿qué hacer frente a esto?
Marco Aurelio era estoico y el estoicismo, como se dice, prepara a sus adherentes para los tiempos duros al darles una perspectiva y poner las cosas en su contexto. Su filosofía, que usa la inteligencia y el entrenamiento, es una guía practica para enfrentar lo bueno o lo malo que la vida pueda traer. En la tradición occidental esta idea de la filosofía como una forma de vida empieza en Grecia, probablemente con Protágoras, y ha persistido, de una manera u otra, hasta hoy día, como podemos ver en la proliferación de libros populares publicados recientemente... “Ejercicios Espirituales Estoicos” de Elen Buzare, “Estoicismo y el Arte de la Felicidad” de Donald Robertson, la “Búsqueda de la Sabiduría” de John Cooper, “Estoicismo Hoy Día” de Patrick Ussher y Tom McConnel, “El Pequeño Libro de Estoicismo” de Jonas Salzgeber y muchos otros, además de inspirar varios tipos de psicoterapia, desde la logoterapia de Viktor Frankl hasta la terapia emotiva racional de Alberto Ellis. Pero, es en el mundo antiguo, en la filosofía estoica de Grecia y Roma, donde encontramos su mas completo y claro desarrollo.
Según Cícero hay un arte medico para el cuerpo y hay también un arte medico para el alma y este arte es la filosofía que cura las enfermedades humanas causadas por las creencias falsas. Esta no es solo una metáfora decorativa, sino una herramienta de descubrimiento y justificación. Una vez que uno ha entendido que la filosofía es como la labor del doctor, uno puede averiguar en forma mas concreta y con mayores detalles como el filosofo debe proceder según la variedad de circunstancias con las que se encuentra. En este periodo hay un amplio acuerdo entre las mayores escuelas Helenistas en que la motivación para filosofar es la urgencia del sufrimiento y la labor de la filosofía la orientación hacia el florecimiento humano. Y los instrumentos para lograrlos son los argumentos éticos, un arte en que el razonamiento exacto, el rigor lógico y las definiciones precisas juegan un importante papel. Un argumento que es simple y enteramente académico es un argumento filosófico defectuoso si es incapaz de comprometer a su audiencia en forma practica. La filosofía necesita, si se quiere practicar en forma terapéutica, pensar acerca de los usos de la imaginación, de la narrativa, de la comunidad, de la amistad y de las formas retoricas y literarias en que los argumentos puedan efectivamente ser comunicados.
¿Es esto todavía filosofía, esa actividad intelectual critica, autocritica y reflexiva que comienza en la tradición Griega con Sócrates y Platón y que llega hasta nuestros días? La verdad es que en las manos de los pensadores Helenistas la filosofía ya no es la tranquila y pura contemplación del mundo. Muy por el contrario, se sumerge en el y se hace parte de el... “Convéncete al menos de esto”, le dice un interlocutor a Cícero, “a menos que el alma sea curada, lo que no puede hacerse sin la filosofía, no habrá fin a nuestras aflicciones. Volquémonos entonces a la filosofía para tratamiento.” ¿Cuáles son, entonces, estos tratamientos filosóficos? ¿Y que formas de enfermedad dicen curar?
La estrategia mas general de la terapia estoica es la enseñanza de que debemos ser observadores y críticos de la forma en que vemos el mundo. Las cosas que vemos, dicen, se imprimen en nosotros de diversas maneras, sea a través de nuestros hábitos de percepción o a través de nuestra compleja amalgama de creencias, convenciones, historias, enseñanzas, costumbres y la experiencia personal que también esta, en gran medida, conformada por procesos de aculturación. Nuestras formas de ver las cosas son tan habituales y tan enraizadas en nuestro ser que las consideramos verdaderas y reflejo de cómo estas cosas son. Y como no tenemos otra visión de la realidad actuamos de acuerdo con la que tenemos. Y si la que tenemos es falsa, seguimos actuando de acuerdo a ella, porque creemos que es verdadera. Según los estoicos, estas visiones son necesarias, pero no suficientes. El trabajo de la filosofía es incitar a la auto examinación de nuestras creencias y nuestra cultura para hacernos cargo de nuestro propio pensamiento, considerar otras alternativas y seleccionar de entre ellas la mejor. En buenas cuentas, crear un espacio para argumentar.
Esta no es solo una filosofía libresca, confinada a la academia y las bibliotecas, sino una forma de vida, un arte para aprender a encarar la adversidad y llevar a cabo una buena vida. No es suficiente recitar las doctrinas y argumentos estoicos, sino que se debe ser capaz de traducir esas doctrinas en conductas concretas... ¿como logramos esto? A través de la extirpación de las pasiones. Las emociones, según los estoicos, son juicios erróneos y deben ser erradicadas con la ayuda de una terapia cognitiva para mejorar nuestro ser. Transformamos nuestra vida transformando la disposición habitual de nuestra alma, una tarea que solo uno puede hacer por si mismo. A diferencia de la terapia médica o la predica evangélica, el estoico no se preocupa tanto de la curación de los otros como la de si mismo.
Según Epictetus la única cosa sobre la cual tenemos control son nuestros juicios que dependen de nuestra facultad de elección. Esto, como pudiera creerse, no es tan malo porque los juicios son lo único que nos permite asegurar la independencia racional, si no queremos vivir como esclavos mentales. Ahora, si las emociones son producto de juicios erróneos, formas de creencia como aseguran los estoicos, entonces están bajo nuestro control y es posible evitarlas o eliminarlas, especialmente cuando transforman nuestra vida en un infierno. Si sufrimos de envidia, por ejemplo, es porque creemos que el otro tiene cosas mas valiosas que las nuestras, lo que nos lleva a competir con el. Si la furia se apodera de nosotros es porque creemos en el valor de lo que el otro ha dañado. Si el dolor y la pena nos afligen es porque creemos en el valor de lo que hemos perdido. Las pasiones no son mas que el reconocimiento de nuestra dependencia en otros y en eventos que escapan a nuestro control. Esta es, dicen los estoicos, la fuente de nuestra vulnerabilidad. Por tanto, si eliminamos las pasiones que nos atan a cosas externas que nos hacen sufrir podremos superar la vulnerabilidad y obtener finalmente la paz mental. Según Chrisyppus las pasiones son juicios o creencias falsas. Apatía es la libertad de toda emoción.
La cosa, entonces, es esta... si cambiamos nuestras creencias podemos eliminar nuestras emociones. Pero ¿es posible hacer esto? Y mas aun ¿es deseable? Una cosa es liberarnos de la envidia, el narcicismo o el odio al otro y otra muy diferente es el liberarnos del dolor y la tormenta emocional que causa la muerte de quienes amamos... ¿son también estas ultimas emociones erróneas y, por tanto, extirpables? Según Chrisyppus un juicio nunca es un frio acto intelectual. Por el contrario, es nuestro intimo reconocimiento de que tal y tal es el caso. Aceptar una proposición es admitir en nuestro ser su significación, es aceptar que su adopción inevitablemente nos cambiara. De acuerdo a esta concepción no hay ninguna razón para pensar que los juicios y las pasiones son distintos. Estas ultimas son en si mismas el reconocimiento de la tremenda importancia de algo que esta mas allá de nuestro control, de un algo excesivo que transgrede los limites que la razón prescribe en nuestras relaciones con el mundo externo. Este conflicto entre la razón y algo que la excede no es un conflicto entre dos diferentes partes, sino una oscilación del alma entre reconocimiento y negación, una sola razón dando vueltas en dos direcciones. Es la lucha de la razón consigo misma en relación con lo que es valioso y bueno en el universo. Lo que esto indica es que los estoicos no abandonan la forma en que experimentamos las pasiones. En lo que ellos insisten es que, en cada caso, lo que sentimos por algo es un acto de asentimiento.
Las pasiones entonces, según los estoicos, descansan en algún tipo de evaluación de cosas externas que pueden clasificarse como buenas o malas y como presentes o futuras. De acuerdo con esto tenemos cuatro tipos básicos de emoción... Deleite basado en juicios que indican que lo que ahora tenemos es bueno. Apetitos basados en juicios de que algo futuro es valuable. Aflicción que acompaña a los juicios que dicen que lo que hay ahora es malo y Miedo ligado a juicios que indican que algo malo contiene el futuro. Para Seneca en lugar de tener pasiones moderadas, como recomienda Aristóteles, es mejor no tenerlas. Lo que debemos hacer es exterminarlas de raíz para liberarnos de su dominio. En verdad, dice, la naturaleza misma lo demanda. Necesitamos recuperar nuestra libertad. Liberarnos de los miedo, de las esperanzas, de los odios, las iras y aflicciones que controlan nuestras vidas. Liberarnos de los falsos juicios que alimentan las pasiones.
Pero, uno podría decir... ¿no es la ira el motivo correcto para defendernos de las injusticias y violaciones a nuestra vida? ¿no es la compasión la que nos lleva a ayudar al desvalido y el amor a proteger a la familia? ¿Sin ellas, qué incentivo tendríamos para actuar? Es cierto, dice Seneca, que el buen hombre no tendrá ira si ve a su padre sacrificado y a su madre violada. Pero, el los vengara y los cuidara. Cumplirá su deber imperturbablemente y sin miedo, porque el hacerlo es apropiado. Una operación semejante a la ley... segura, constante, confiable, desapasionada y, por ello, capaz de autodeterminación racional.
Independientemente del valor que podamos darle a las cosas externas, lo cierto es que la ligazón entre pasiones y creencias es un argumento bien poderoso.
A diferencia de las otras escuelas Helénicas los estoicos ven sus enseñanzas como una actividad dirigida al cambio social, hacia la creación de una sociedad justa y humana que no es posible lograr sin una terapia filosófica. La enfermedad de las pasiones, dicen, es la base para su diagnostico del desorden político.
Esto no es muy diferente de lo que hoy dice el filosofo alemán Sloterdijk al declarar que la emancipación social depende del rechazo de las nociones tradicionales de subjetividad. Transformar las estructuras políticas y económicas es necesario, pero no suficiente para evitar la catástrofe política. El tejido sicológico existencial de la sociedad también tiene que renovarse. La reforma comienza no solo con la base o la súper estructura, sino también con el trabajo de las estructuras internas. Y Michel Foucault, en sus últimos escritos, ve en los pensadores Helénicos la fuente de la idea de la filosofía como un conjunto de técnicas del yo, de practicas complejas de auto formación que tienen el potencial de liberarnos mentalmente de la tiranía del discurso imperante.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Se
Me
Fugo
El mundo
Por
Un hoyo
De
Mi calcetín
Mental.
Lo
Encontré
Tiritando
De
Angustias
Debajo
De
Mi cama.
Nieves.
¿De donde viene esa idea de que detrás del telón hay alguien que creo y controla el universo? ¿De que vivimos en un mundo planificado que contiene una intención y propósito? Por milenios esta creencia ha dominado la mente humana... pero no a todas. Algunas han adoptado una actitud mas escéptica, algo así como una especie de ateísmo místico... no el rechazo humanista de la religión, sino el rechazo religioso de Dios.
De hecho es en la idea del propósito como categoría ontológica ultima donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente. La intencionalidad como fuente y medida insuperable de todo lo que sucede es la esencia de la idea monoteísta.
Según cuenta Brook Ziporyn, autor de “Experiments in mystical atheism”, la historia va mas o menos asi... Sin mayor exageración se podría decir que la conducta intencional es el origen de todo lo que sucede. Una creencia animista casi universal que concibe todo lo que ocurre como la acción de espíritus. Es la idea de que los eventos, cualquiera que estos sean, requieren un agente, un hacedor, al igual que nuestra propia capacidad de acción... deseo levantar mi mano, por ejemplo, y mi mano se levanta. La mente hace que las cosas sucedan ¿y para que levanto mi mano? Para alcanzar mi propósito. La causalidad ultima de todos los acontecimientos se busca, finalmente, en lo personal, en las intenciones con propósitos ejercidos por seres conscientes... ¿Qué premisas permitieron que esta idea se arraigara como una explicación seria del mundo?
A pesar del hecho de que alguna forma de dios supremo, dios principal, dios gobernante o dios creador es una invención bastante común en el mundo antiguo, la verdadera invención de la idea clave del monoteísmo se encuentra en Platón, que permitió repensar los primeros versículos del Génesis de una manera que desde entonces ha ejercido una poderosa influencia.
Como generalmente se dice, la filosofía comenzó en Grecia cuando Tales de Miletus sugirió que el agua era el Arche de todos los demás elementos, lo que verdaderamente sustentaba y explicaba a todos. Anaximandro, discípulo de Tales, propuso el apeiron, lo ilimitado o infinito, como el origen de todo y que esta relacionado con el caos primordial, carente de definición, medida, limite y orden. El apeiron sugiere la ausencia de cualquier posibilidad de exclusión de algo por algo, la falta absoluta de limites o reglas internas definidas que no admiten identidades fijas o definidas, ya sea en su conjunto o en sus partes internas.
Sin embargo, esta interpretación rápidamente fue usurpada por Anaxágoras dándole un significado nuevo y contrario, que marca el inicio de la tradición teísta que roba y domestica la infinitud y el caos inagotable del hábitat natural. Según este pensador griego ninguno de los elementos materiales finitos puede ser el Arche. Ni el apeiron, el infinito puro de Anaximandro, ni el paradójico y fluido fuego del Logos de Heráclito, ni el amor y odio de Empédocles, ni la proporción armónica de Pitágoras pueden ser el Arche. Solo el Nous, la inteligencia, la consciencia o mente es el primer principio. En su significado mas simple y directo, es la mente en su modo activo y con propósito, como cuando se intenta lograr algo o resolver y guiar las acciones del cuerpo. coordinando los fines con los medios. En breve, es la mente al mando, mente como voluntad, mente como organizadora y diseñadora. Y por eso Sócrates la ve inmediatamente como un principio explicativo. En el Phaedo de Platón, a la víspera de su muerte, cuenta que tenia un libro de Anaxágoras en el cual leyó que la mente era la que dispone y causa todo, idea que le pareció admirable porque, si es la mente que dispone todo, lo dispone para bien colocando cada particular en el mejor lugar. Este es el momento en que Platón, en esta obra, literalmente dramatiza la invención de la idea central del monoteísmo. Es aquí donde vemos las verdaderas implicaciones de la nueva concepción platónica de “Dios”. Lo que resalta en los pasajes del texto es la fusión de cinco conceptos... El Bien, la conciencia, la causa ultima, el propósito y la unidad. La premisa clave es una cierta experiencia de voluntad consciente que se identifica con ese aspecto de uno mismo que sabe de antemano lo que quiere e intenta lograrlo unificando todos los esfuerzos. El propósito se privilegia considerándolo como lo que realmente hace que las cosas sucedan.
Este es el modelo fundamental, según Ziporyn, en torno al cual giran la dialéctica del Parménides, la teoría de las Formas en la Republica y los otros diálogos intermedios y que continuará rondando mas allá, como ciertamente lo vemos en las tradiciones platónicas, en el anti trascendentalismo de Aristóteles y su reorientación neoplatónica, en las teologías negativas abrahmánicas y también, aunque parezca extraño, en el humanismo secular. Este modelo platónico es el núcleo, digamos la esencia misma, del monoteísmo, incluso si el Dios omnipotente aun no se ha formado plenamente.
A diferencia de este modelo, no seria arriesgado afirmar que el infinito, a diferencia del propósito, es el principio explicativo y marcador inicial del ateísmo, como lo vemos inicialmente en el apeiron de Anaximandro, el atomismo de Demócrito y los epicúreos en los que el infinito es sinónimo de falta de forma o características determinadas y definidas. Un universo sin Dios, en ausencia de cualquier razón o propósito que lo justifique. Cuando el creyente ve la belleza de una flor ve la mente que quiso crearla, amarla y cuidarla. Es la manifestación de un propósito, de una inteligencia que realiza algún tipo de función. Cuando el ateo observa la flor, ve mas bien una concreción concentrada del azar, de la falta de propósito, de la no intencionalidad y ausencia de forma del infinito. Aquí uno podría decir que, como escuchamos a menudo, Dios también es infinito. Pero, la cosa es que la misma idea de Dios entra en conflicto con la idea de finitud. Dios es mente como causa e inteligencia, como elección y propósito que están necesariamente supeditados a la finitud. La esencia del propósito o preferencia es la exclusión de lo no preferido. Dios, inteligencia como causa es, desde el principio, la exaltación de la finitud. Dios, en buenas cuentas, es la conspiración en contra de la infinitud, de esa que abarca toda transformación y estado posible, la que produce la variedad infinita de entidades finitas no planificadas, pero que no se restringe a ninguna forma finita particular.
Lo novedoso y decisivo de la idea monoteísta no es solo que los eventos sean causados por mentes, como en el animismo, sino que el animismo se ha llevado al extremo al basarse en una forma especifica de unidad. Todas las cosas no solo son causadas por la mente, sino que todas son causadas por una sola mente. Lo que implica que, en ultima instancia, todas las cosas son parte de un sistema único de propósitos. En el hecho, lo que ha ocurrido aquí es que el propósito se transforma en la categoría ontológica suprema donde la idea de Dios vive y respira, incluso cuando la palabra “Dios” esta ausente.
¿Pero, entonces, cual es el problema que nuestras acciones o, incluso, la vida misma tengan un propósito? ¿No es esto lo que le da sentido a nuestra existencia? ¿Y no es obvio que los valores mismos se definen por su relación con un propósito?
Lo paradójico es que los propósitos de control conscientes pueden, e incluso deben, interpretarse como un medio, pero el objetivo ultimo, el punto de referencia o ideal regulador que informa todos los propósitos es la ausencia de propósito, lo incontrolado e inconsciente como el verdadero lugar, o al menos la verdadera fuente del ser y valor... ¿como asi?
Con la idea del Dios monoteísta, el propósito se convierte en la fuente, fin y significado de todas las cosas. La categoría mas alta, en contraste con la falta de propósito que se minimiza y desprecia. El problema con esto es que una vez que aceptamos la idea de un propósito pre existente nos condenamos a un eterno retroceso de insatisfacción. Si el propósito de A es B ¿cuál es el propósito de B? ¿Es C? y, en ese caso ¿ cual es el propósito de C? Un vez que empezamos a preguntarnos no podemos detenernos ¿cierto?... ¿cuál es el propósito del Universo? Y, mas aun ¿cuál es el propósito de Dios? Al parecer es el deseo de evitar el retroceso infinito. Según se dice Dios es “su propio propósito”. De lo contrario toda la cadena de propósitos perdería sentido. Lo que en verdad es bastante irónico. Todo el problema solo surge precisamente porque se ha priorizado absolutamente el propósito. El propósito crea la enfermedad y la deificación del propósito se ofrece como cura.
¿Hay alguna salida a esta forma de arreglar las cosas? Una seria privilegiar algunas experiencias propias que se consideran intrínsecamente valiosas, fines en si mismas que, al parecer, se presentan como una ruptura con la estructura de subordinación de los medios a los fines. En la versión atea secular de las culturas humanista, el propósito ya no se sitúa al comienzo de la existencia, sino al final de toda acción y es el criterio de todo valor. Cuando Dios desaparece de la escena, la obsesión con el propósito continua, ya sea en la forma de hedonismo sensual o en su forma mas refinada como en los logros culturales, tecnológicos o artísticos. En ambos casos la estructura es la misma... X existe para “el bien de” Y. La subordinación es la clave y el propósito consciente termina por dominarlo todo.
Aquí uno fácilmente podría decir... por supuesto, de eso justamente se trata. Sin embargo, si no le tememos al supuesto nihilismo que niega la primacía ontológica o existencial del propósito y nos atrevemos a cuestionar la estructura misma del significado, del propósito, de la razón de ser de las cosas o el valor de los valores, se nos aparece un cuadro bien diferente. Si miramos bien las cosas, nos encontramos con que la falta de propósito posibilita los propósitos. Tener un propósito es preferir un resultado sobre otro y, en lo posible, eliminar los resultados no deseados. La falta de propósito, en contraste, no excluye el propósito. Al contrario, lo incluye, lo permite e, incluso, según la perspectiva taoísta, lo genera. Pero no se trata de uno solo sino de muchos, quizás infinitos, que permanecen integrados en una ausencia de propósito mayor, pero sin ser contradichos o socavados por ella. El cosmos monoteísta, en ultima instancia, excluye por completo la ausencia de propósito, la no dualidad y lo no personal. Es el intento de excluir todo aquello que no se ajusta a el. En cambio, la falta de propósito, en sentido ontológico o existencial, por definición, no excluye nada. Es mas bien la aceptación de resultados imprevistos, incontrolados e indeterminados. La falta de propósito es una apertura. Es lo que escapa al control de cualquier propósito individual, lo que desbarata cualquier intento de control monolítico, lo que abre cualquier propósito a otros propósitos alternativos.
La falta de propósito, por ultimo, es la matriz fecunda de la que surgen los propósitos y la falta de propósito que escapa al control de cualquier propósito. En lugar de buscar respuestas definitivas, el místico ateo busca una manera de no tener tales respuestas. Es el cierre, lo definitivo, la naturaleza univalente del mundo a lo que se objeta y Dios es el que impone este cierre. El “Gran Otro” no existe, como decía Lacan, y este es el verdadero ateísmo.
Nieves y Miro Fuenzalida.