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Sunday, June 14, 2026

El animal y la infraestructura

  

La dialéctica del animal y el humano ha tenido a través del tiempo una aventura bien interesante que revela como históricamente hemos venido construyendo nuestra imagen como algo diferente de la naturaleza, a pesar de que todo lo que existe y todo lo que es posible es, por definición, natural. Y, a pesar de ello, cada vez que alguien mira el horror del matadero piensa... “ Solo son animales”.

 

¿Qué es lo que hace posible que la consciencia humana surja como algo distinto de la animalidad? Porque, sin lugar a dudas, no es algo que siempre haya existido desde el principio de los tiempos. Mas bien, diríamos, deriva de un proceso que hace “obvia” y “natural” una división que posteriormente descubrimos en nosotros mismos y que nos lleva a creer  en la ilusoria oposición entre naturaleza y espíritu trascendente. Algo que nos hace olvidar que, después de todo, nos guste o no, seguimos siendo animales. La cultura, podríamos parafrasear, es la continuación de la naturaleza por otros medios. Como dicen Adorno y Horkheimer toda la ingeniosa maquinaria moderna de la sociedad industrial no es mas que la naturaleza desmembradose a si misma.

 

Si nos desligamos finalmente de toda noción teleológica, ya sea trascendente o inmanente podemos fácilmente concluir que la historia carece de significado y dirección. Esto no significa, sin embargo, que solo sea un revoltijo de acontecimientos sin sentido. La historia es el doble proceso a través del cual dominamos progresivamente las condiciones materiales de nuestra existencia y, al mismo tiempo, nos auto creamos a nosotros mismos. Y es en este encuentro donde radica la dialéctica del humano y el animal. La pregunta clave es... ¿en que momento comenzó el especicismo, digamos, esa ideología de la especie dominante que mide todo desde el punto de vista de una humanidad que mira al animal como algo ontológicamente inferior?

 

La única respuesta razonable, como lo describe Marco Maurizi, es en el momento cuando olvidamos que somos animales, cuando nuestras manos y nuestro cerebro empezaron a fabricar herramientas  que no solo eran útiles, sino también bellas, simétricas y armónicas. La practica de crear algo que no existía en la naturaleza genero la ilusión de cosas que no eran naturales, lo que da origen al surgimiento de la ideología espiritualista. Su primera expresión, según los antropólogos, se remonta a la magia y el animismo. Si bien la magia  no creo la división entre nuestra mente y el mundo exterior, fue, sin duda, la primera manifestación de una división que ya existía. De hecho, el olvido se impuso gradualmente, mediante la educación, la restricción sexual y el trabajo. A diferencia de la fase nomádica caracterizada por una especie de simbiosis entre los humanos y el medio ambiente, por ejemplo, los grupos sedentarios comienzan el proceso de domesticación de animales y plantas  que se convierten en recursos disponibles al servicio del interés humano. Un fenómeno que va acompañado de cambios históricamente importantes en el orden social y simbólico que, sin lugar a dudas, influyen en nuestra relación con la naturaleza al proporcionar la base de lo que llamamos especicismo. Con el dominio material sobre los animales, la identificación con ellos se vuelve menos real y la relación se torna cada vez mas metafórica y ambivalente, como la encontramos con frecuencia   en el acervo religioso y en los símbolos de degradación moral, falta de razón, terquedad o incluso estupidez.

 

Pero, la cosa es que, al mismo tiempo, el aspecto material del especicismo tampoco fue muy agradable para los humanos. La acumulación de excedentes y la división del trabajo, como bien sabemos, incrementaron la explotación, no solo de los animales, sino también de los humanos. Es cuando alguien puede obtener ganancias de ellos, los animales se convierten en cosas y los humanos en esclavos. El yugo de los bueyes, por ejemplo, fue la condición previa para la existencia del Estado mesopotámico al posibilitar la necesaria acumulación de excedentes para alimentar la burocracia estatal. Este es el momento  cuando se establece una jerarquía dentro de la sociedad... los humanos controlan a los humanos, quienes controlan a los animales. La esclavitud de los bueyes posibilito la esclavitud humana que reforzó la distancia entre la cima de la pirámide social y su base.  Según Marx y Engels esto no ocurrió debido a la voluntad malévola de algunos seres humanos, sino que la esclavitud, tanto animal como humana, obedece al mismo tipo de “necesidad histórica” que posibilito la división del trabajo entre la agricultura y la industria a mayor escala y, por ende, al florecimiento del mundo antiguo y, consecuentemente, a la modernidad y el capitalismo. Y es este mismo desarrollo económico el que ahora, por lo menos en principio, hace obsoleto todo tipo de esclavitud y explotación. “Necesidad histórica” simplemente se refiere a una condición social que puede ser superada según el progreso social. Si la esclavitud humana puede considerarse una transición inevitable en la construcción de una sociedad libre e igualitaria, lo mismo podría decirse de la esclavitud animal.

 

¿Como asi? Según la visión de la Teoría Critica, según Maurizi, el animal puede ser definido como antropopoyetico. De acuerdo a este punto de vista el animal es esencial para la formación del humano y el humanos es producto de una determinada relación con el animal, en donde el lado evolucionista y simbólico de la diferencia humano-animal cooperan dialécticamente. Aquí, humano se entiende como una negación del animal. Un “no” que se concibe como una otredad generativa, un proceso de construcción, tanto del humano como del significado de su experiencia humana. Es esta relación humano-animal la que produce el Yo humano mediante la negación constante de su Otro animal. El pretexto de dicha negación simbólica y real del animal es, en ultima instancia, la dominación de la naturaleza.

 

La dominación siempre implica una distinción jerárquica y oposicional entre sus términos. Al ser polos opuestos en una relación mutua ambos elementos no pueden definirse fuera de ella, sino solo a partir de su relación mutua. El polo dominante se define como la negación del dominado y viceversa. Y todas las diferentes formas de dominación que encontramos a través de la historia finalmente convergen y se entrelazan en el modo de producción capitalista que involucran el cuerpo y la mente humana, asi como el animal y la naturaleza. A diferencia de la violencia que es una reacción contingente entre seres autónomos, la dominación implica una relación estructural  material y simbólica.

 

La verdad, sin embargo, es que no es muy claro como sucedió todo esto. No siempre es fácil comprender cuales son las causas y cuales los efectos en el proceso de civilización. No podemos decir que la explotación de la naturaleza, por ejemplo, es la causa directa y exclusiva de la opresión humana, pero, sin duda, es una de sus condiciones de posibilidad. Digamos, una condición necesaria, aunque no suficiente.

 

Lo que si podemos decir, en cambio, es que el mundo mágico y nómade se caracterizo por relaciones horizontales, tanto dentro como fuera de la sociedad y su igualitarismo económico no deja lugar para el dominio de clases y su intercambio orgánico con la naturaleza exterior impide la subordinación de otras especies al servicio de las necesidades humanas. A nivel simbólico el elemento espiritual aun se fusiona y se transfunde en una naturaleza animada y viva donde los limites se difuminan y es posible toda transformación de una sustancia en otra. La simbiosis humana con el animal es total y real. El cazador, por ejemplo, experimenta una especie de identificación mística con el animal. La humanidad, por tanto, no puede dominar al otro sin concebir la alteridad simbólica. Es la génesis simbólica de ese “otro” la que hace posible la cultura neolítica que inaugura mecanismos permanentes de control sobre la naturaleza, allanando el camino hacia la sociedad de clases. Al final de la transición neolítica, encontramos, en todos los niveles, relaciones verticales. Las sociedades de clases primitivas elaboraron mitologías y religiones institucionales tempranas que simbólicamente generaron una división ontológica y jerarquice. La separación entre humanos y animales, junto con su contradicción mutua, refleja ideológicamente la división y polarización que se funda en la dominación real de los procesos naturales y la progresiva división de las relaciones sociales.

 

La reducción de las relaciones vitales a “cosas”, a objetos a disposición, a materia manipulable, incluye nuestra relación con los animales que somos. La reificación del yo es un proceso que subyace a toda la historia de la civilización, impulsando y consolidando su potencial destructivo hacia la naturaleza y que, según Adorno y Horkheimer, la violencia ejercida sobre el animal es la piedra angular de la autor reificación. Marco Maurizi, siguiendo este mismo pensamiento, agrega que la afirmación del Si mismo esta determinada por la negación del otro y este proceso filogenético debe interpretarse como el triunfo y el fracaso de la cultura. Mientras la humanidad civilizada logra completa erradicación de su origen natural, celebramos nuestra victoria sobre la naturaleza. Pero, al mismo tiempo, al reprimir y olvidar la memoria de lo que, a pesar de todo, somos, perdemos fatalmente  la posibilidad de construir algo distinto. No se trata de negar que la afirmación del Si mismo y su poder creador no sea una forma de progreso. De lo que se trata es la denuncia de la ideología implícita del progreso, la idea de que las relaciones jerárquicas entre los seres humanos y los demás animales se justifica filosóficamente en nombre de una metafísica que orienta el tiempo histórico linealmente “hacia lo mejor”.  El punto es examinar dicho proceso en sus premisas y consecuencias para comprobar si la civilización avanza efectivamente de forma inexorable hacia lo mejor. Y cuando lo hacemos encontramos que los mecanismos ocultos que operan en el proceso de civilización refutan la ideología oficial. Lo que encontramos es que “ninguna historia universal conduce de la barbarie al humanismo, pero si existe una que conduce de la honda a la bomba de megatones”. 

 

Dado esto...¿será posible una relación diferente con el ambiente y los animales? Los partidarios de “La Libración Animal” y de “Los Derechos de los Animales” lo han tratado por años y prácticamente nada efectivo ha pasado. El problema con ello es que su lucha  invierte el orden de prioridad entre lo ideal y lo material. Al darles prioridad a las ideas, a los principios morales o jurídicos, dejan intacta la estructura económica que es, justamente, la que da origen al problema de la jerarquización de la sociedad.

 

 ¿Como, entonces, seria posible transformar una sociedad humana cuya racionalidad todavía es irracional? Todas las alternativas al capitalismo  del siglo pasado y presente fracasaron miserablemente. Sin embargo, la presión para cambiar el sistema, el impulso de hacer algo no ha desaparecido totalmente. Pero, desgraciadamente, con lo que nos quedamos al final, es solo con una presión que carece de una alternativa clara y real que nos lleve a otro mundo.

 

Si la famosa tesis marxista, como nota Zizek,  era... “los filósofos solo han interpretado el mundo. Es hora de cambiarlo”, ahora, quizás,  debiéramos decir... “es hora de pensar de nuevo”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, June 22, 2025

Madre Naturaleza

 

La sabiduría tradicional siempre ha contenido el mensaje que llama a confiar en la Madre Naturaleza porque es la base de nuestro ser y existencia y cualquier ruptura en esta relación no trae nada bueno. Las ideologías románticas, al parecer, aun gobiernan en gran parte nuestras ideas. En “El Jardín”, por ejemplo, una historia del escritor y  poeta afgano Mozhgan Majoob, el ejercito construye un muro alrededor de un hermoso jardín para aislar su belleza. Pero Darya, la heroína, tiene un hermoso sueño que nos cuenta del fracaso de esta barrera. Si los animales y las aves se unen, junto con el agua, las plantas y los arboles, pueden detener el crecimiento de los muros del ejercito. Los pájaros pueden volar por encima y mas allá, como hice yo en mi sueño, llevando semillas, mientras las serpientes y los animales excavan debajo y la debilitan, dejando espacio para que el agua fluya a través de ella y destruya los muros. Las hormigas pueden comer todo lo que los ejércitos intentan construir y las abejas zumban llevando el polen de cada hermosa flor para que crezca dentro y fuera, para enterrar todos los muros que la gente codiciosa intenta construir. Cuando la naturaleza se reúne, ningún poder humano es lo suficientemente fuerte como para derrotar su unidad.

 

 ¿No es esta la idea de que la naturaleza es un todo armonioso y hegemónico, idea que impregna muchas posturas ecológicas? Si recordamos Evo Morales, dirigiéndose a sus hermanas y hermanos decía  que “hoy, nuestra madre tierra esta enferma... Todo comenzó con la revolución industrial de 1750, que dio origen al sistema capitalista. En dos siglos y medio, los llamados países desarrollados han consumido gran parte de los combustibles fósiles generados a lo largo de cinco millones de siglos... Bajo el capitalismo, la Madre Tierra no existe, solo es materia prima. El capitalismo es la fuente de las asimetrías y los desequilibrios del mundo”. Esta es la narrativa de la Caída, como dice Zizek, que tuvo lugar en un momento histórico preciso. Una Caída que, según Evo Morales, nos hizo perder nuestras raíces en la Madre Tierra. Es como si el calentamiento global violara la sacralidad del Planeta y por ello la humanidad es culpable.  

 

Según Mackenzie Wark, autor de “Molecular Red”, el núcleo de la crisis ecológica es un fenómeno ya señalado por Marx... la llamada “brecha metabólica” es causada por la expansión de la productividad capitalista. El trabajo machaca y manipula rocas y suelos, plantas y animales, extrayendo los flujos moleculares de los que se crea y rehace nuestra vida compartida. Pero esos flujos moleculares no regresan de donde vinieron. Cuando esta brecha se transforma en una amenaza para la reproducción misma de la vida en la Tierra, llegamos al momento en que la humanidad se convierte literalmente en un factor geológico que inaugura la nueva era  del Antropoceno. Irónicamente Wark describe esta fisura metabólica como “Frente de Liberación del Carbono”, la búsqueda de la vida pasada que tomo la forma de carbono fosilizado para desenterrarlo y quemarlo para liberar su energía. Lo paradójico del Antropoceno es que la humanidad toma consciencia de su autolimitación como especie precisamente cuando se volvió tan fuerte que influyo en el equilibrio de toda la vida terrestre. Fue capaz de soñar con ser Sujeto solo hasta el momento en que su influencia en la naturaleza deja de ser marginal. Lo que hoy experimentamos es el hecho de que no podemos ejercer pleno control sobre nuestra biosfera, aunque si podemos desestabilizar y perturbar su equilibrio.

 

Lo que esta historia nos revela es que nunca nos encontramos con la naturaleza en si. Ella siempre se presenta a través de una interacción antagónica con el trabajo humano colectivo y la brecha que separa el trabajo humano de la naturaleza, que se resiste a nuestro esfuerzo, es irreducible. La naturaleza no es un “en si”  abstracto, sino principalmente la contrafuerza que resiste nuestros proyectos. Los ideólogos del capitalismo tecno utópico, por ejemplo, para no ir mas lejos, han prometido crecimiento e innovación infinitos, pero en la practica han demostrado ser incapaces de salvarnos del desastre que han provocado.    

 

Las nociones como “ruptura”, “fisuras” o ciclos perturbados parecieran indicar la existencia de algo opuesto, de un estado “normal” donde el ciclo se cierra y el equilibrio se vuelve a restablecer si superamos el Antropoceno y así  reinstalamos nuevamente  a la especie humana en el equilibrio natural de la Tierra... ¿cierto? No realmente porque, como dice Wark, nunca ha existido tal equilibrio, la naturaleza en si misma siempre ha estado desequilibrada. La cosmovisión de una ecología auto correctiva, auto equilibrada y auto curativa no esta en las cartas. Ya no podemos sostener la fantasía de que somos sujetos que persiguen su propio interés en el contexto de un ciclo holístico y organicista que podría perturbar, pero con el que, al final de la historia, puede permanecer en equilibrio y armonía simplemente cancelando ciertos excesos. La realidad es que la naturaleza ya esta en si misma perturbada, descoordinada y contiene una gran cantidad de destrucción... ¿no es irónico que el petróleo y la energía de la cual la civilización contemporánea depende es producto de un desastre natural previo de dimensiones inimaginables? Incluso si vamos mas lejos podríamos decir que el “big bang” es producto de una catástrofe o error cósmico. Según la física cuántica el universo es un vacío, pero con carga positiva. Cosas particulares aparecen cuando se altera el equilibrio del vacío. Es decir, cuando la “armonía” se interrumpe.  

 

La lección que tenemos que aprender de la crisis ecológica, dice Zizek, es que debemos renunciar a todas las ideas sentimentales acerca del universo. La humanidad no tiene, ni nunca tuvo, un fundamento ni un equilibrio natural al que regresar. Nuestra existencia es completamente contingente y escapa a nuestro control. El reconocimiento  de esta situación, por drástica que sea, permite afrontar el cambio global  de una manera mas abierta y flexible. En lugar de darnos vuelta en el sin sentido de la existencia o caer en la melancolía o no pensar en ello por mucho tiempo porque es demasiado deprimente, lo que nos queda es continuar con el activismo ecológico simplemente porque necesitamos hacer algo urgente frente a la crisis... ¿pero, que hacer? ¿simplemente ignorar la crisis como si fuera un fenómeno marginal porque finalmente la naturaleza se cuidara a si misma? ¿confiar que la ciencia y la tecnología nos salvaran? ¿dejar la solución al mercado e imponer impuestos a los contaminadores? o ¿enfatizar la responsabilidad personal como reciclar, consumir menos, etc. en lugar de cambiar el sistema? Honestamente, hasta ahora, ninguna de ellas nos ha sacado del atolladero en que estamos y solo muestran la incapacidad o indiferencia de los políticos de llevar a cabo la tarea con eficacia. Probablemente ya hemos superado el punto en el que podríamos haber hecho algo. Desde la perspectiva de muchos expertos en políticas, científicos del clima y funcionarios de seguridad nacional, la preocupación no es si el calentamiento global existe o como podemos prevenirlo, sino como nos adaptamos a la vida en el mundo cálido y volátil que hemos creado. Según el Banco Mundial, un calentamiento de 2,7 grados Fahrenheit parece inevitable, incluso si dejáramos de emitir dióxido de carbono a nivel mundial ahora mismo. Y la evidencia creciente indica que los cambios provocados por el calentamiento global afectaran no solo el clima y la biodiversidad del mundo, sino también su propia estructura geológica, no durante siglos, sino durante milenios. El intento de recuperar el equilibrio natural de la Tierra, el de volver a una vida tradicional mas modesta mediante la cual renunciamos a la arrogancia humana y volvemos a ser hijos de nuestra Madre Naturaleza esta ya fuera de lugar... ¿como vivir entonces frente a la posibilidad del colapso de la civilización global? ¿como tomamos decisiones significativas ante la inminencia de nuestro fin? ¿o estas preguntas ya no tienen respuestas lógicas o empíricas?

 

La psique humana naturalmente se revela en contra de la idea de su fin. Si por un momento, por ejemplo, nos detuviéramos a mirar el mundo nuestras acciones darían testimonio de nuestro estúpido deseo de seguir como hasta ahora quemando petróleo, envenenando los mares, exterminando y devorando otras especies, ignorando el humo planetario a favor de la nueva fantasía digital.   

 

Si volvemos a Zizek, el cree que nuestras dificultades presentes exigen medidas extremas en nombre del bien común para combatir las despiadadas fuerzas del mercado que están profundizando la crisis ecológica. En su manifiesto ecológico llama a imponer normas mundiales de consumo energético per cápita y emisiones de dióxido de carbono.  Castigo implacable a quienes violen las medidas de protección impuestas, incluyendo severas limitaciones a las libertades liberales y el control tecnológico de los posibles infractores. El despliegue de decisiones colectivas a gran escala destinadas a contrarrestar la lógica espontanea del desarrollo capitalista para detener el tren de la historia que se precipita al abismo de una catástrofe global. Y todo esto combinado con la confianza en el pueblo que van a apoyar estas medidas severas y participar en su aplicación.

 

Ingenuamente todavía  pensamos, los que sufrimos las consecuencias del cambio climático, que si detenemos ciertas acciones la ecología se recuperara y volverá a una homeostasis favorable a nuestra vida o algo parecido. Pero... ¿y si no es así? ¿y si solo existe una naturaleza siempre inestable y cada vez mas destructiva? ¿entonces que?

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, May 11, 2025

Extinción... pero no la humana

 

La mayoría piensa que la extinción le ocurre a las otras especies, no a la nuestra. Y desde el momento en que hay bien poca ventaja en contemplar nuestro fin es justo preguntarse por que perder el tiempo en tales escenarios infructuosos en lugar de seguir con las cosas de la vida. Además, el proceso de extinción probablemente no va a impactar  nuestras propias vidas o la de nuestros hijos. Y, en todo caso, el progreso científico nos mantendrá a todos en marcha, pase lo que pase ... ¿cierto?

 

Tal vez. Pero, considera esto... el ciclo de creación y extinción de las especies es fundamental para la selección natural y el registro fósil indica  que el animal humano también cederá con el tiempo a este imperativo evolutivo.  99.9% de todas las especies que han vivido están hoy extintas. Menos del 5% de estas extinciones ocurrieron en masa. Lo mas típico es una lenta desaparición debido a la disminución de los recursos naturales y la caída de la fecundidad.  Actualmente las tasas de especiación, según el antropólogo E. Ellis, se están desplomando en toda la biosfera, sobre todo en los grandes vertebrados  como los mamíferos que antes se caracterizaban por la capacidad de formar nuevas especies.  Y lo peor es que lejos de confirmar dominio el modelo  antropogénico de depredación que practicamos  pone en peligro a otros metazoos que  enfatiza la vulnerabilidad de la raza humana.  Desde el momento en que la competencia por recursos naturales se ha incrementado ha habido una disminución progresiva en la supervivencia de las especies. Se estima que el Homo erectus sobrevivió mas de un millón años, el Homo antecesor por 600 000 años, Homo ergaster durante 450 000  años, Homo neanderthalis durante 300 000 años y Homo sapiens, hasta ahora, entre 150 000 a 200 000 años... ¿cuánto mas tiempo nos queda?  El argumento probabilístico de Carter-Leslie del “día del juicio final”, basado en cálculos matemáticos,  predice un 95% de probabilidades de extinción humana dentro de los próximos 10 milenios si tomamos en cuenta la capacidad de evolución de la especie que disminuye con el tiempo debido a la creciente ineficiencia reproductiva o a la fragilidad genómica.  

 

A pesar de que la extinción de nuestra especie merece una seria contemplación, existe una fuerte resistencia, especialmente en la clase económica y política de los países ricos, a cualquier reevaluación critica de nuestra cosmovisión antropocéntrica. Admitir que la especie humana se ha vuelto una victima de su propio éxito es como darle vuelta la espalda a la consciencia que nos ha dado tantas  satisfacciones y logros que no queremos perder. El optimismo tecnológico dice que con el ingenio y la invención humana podemos tener un largo y populoso futuro. El pasado nos indica que hemos sido capaces de salir de todos los problemas que se nos han presentado. Hemos sobrevivido a los mamut, la malaria, las guerras y las bombas atómicas, entre muchos otras calamidades. Y nada de esto nos ha extinguido todavía.

 

Este argumento  hace recordar el optimismo del chiste del hombre que se cae de un edificio de 100 pisos. En su caída ha pasado ya 90 pisos y se dice a si mismo... “Hasta ahora todo va bien”. Por supuesto que hemos superado todas las amenazas de extinción...  hasta ahora. El argumento de Cartier-Leslie, sin embargo, obliga a contemplar la posibilidad de que los humanos y el universo mismo son mas fortuitos de lo que acostumbramos a pensar.    

 

Con  frecuencia se ha dicho que los humanos poseemos la capacidad de apreciar nuestra  propia mortalidad, una trágica agonía existencial que ha dado origen a las grandes religiones. En nuestra época tendríamos que agregar la penosa carga de la desaparición, no solo del individuo, sino  la de nuestra propia especie. Si bien es cierto que el termino de todas las especies siempre es el mismo,  la jornada puede ser diferente. Si no podemos influir el fin de la especie... ¿podemos influir el viaje? ¿darle un nuevo significado a la civilización? Dicho de otra manera... ¿seremos capaces de ir del pensamiento ego-céntrico al pensamiento eco-céntrico?

 

El pensamiento ego-céntrico, pre 2 000, se ha caracterizado por la persecución desenfrenada de los valores individualistas del libre mercado, indispensables, según se dice, para la vida humana, la libertad y la felicidad. En contraste, el pensamiento social, que se asoma en el 2001, proclama que el progreso humano sostenible requiere cooperación y compromiso a nivel local, que, por replicación, puede efectuar cambios globales. Pero, por sobre todo, lo que requerimos es un eco-pensamiento capaz de reconocer que los humanos somos solo una pequeña parte de la biosfera y, por tanto, la misma importancia debe aplicarse a las prioridades no humanas como la biodiversidad, la renovación de los recursos, la moderación del consumo y el control de la polución.

 

Al final de todo nuestra especie es solo una de las muchas que hacen su entrada y salida en las etapas  evolutivas. Que neguemos la salida de nuestra especie del escenario es de esperar, pero el hecho permanece. La muerte, que es una descripción biológica de la selección evolutiva, es fundamental para la vida tal como la conocemos. Igualmente, la muerte a nivel de la especie es tan básica para la biología como es la muerte del organismos o las células individuales. 

 

Para poner esto en perspectiva podríamos empezar por el principio. La tierra se formo en nuestro sistema solar aproximadamente 4.6 billones de años atrás. La vida rudimentaria se piensa que apareció por primera vez 3.700 billones de años atrás. A partir de ahí la evolución tomo las riendas que, eventualmente, resulto en la aparición de los humanos que evolucionaron a partir de un genero de simios que hicieron su aparición  unos 2.5 millones de años de los que derivo  el homo sapiens,  aproximadamente unos 300  o 200 mil  años atrás. Hasta hace un tiempo, entre 20 y 10 mil años, según la historia, los humanos vivían en pequeños grupos de cazadores y recolectores. A partir de ese momento, varios de esos grupos se establecieron en unidades mas grandes como pueblos, ciudades e imperios, plantando y cosechando cultivos alimentarios, domesticando animales y dividiendo el trabajo como una forma de vida mas eficiente. Este es el momento en que nace la civilización.  

 

A los historiadores les gusta usar la figura estándar de un calendario de 12 meses para tener una imagen de lo que ha ocurrido en este planeta... La vida apareció por primera vez el 1 de Enero. Los dinosaurios se extinguieron el 25 de Diciembre. Los humanos hacen su entrada por primera vez a las 23:00 horas del 31 de Diciembre. Y la civilización moderna comenzó 2 minutos antes de la medianoche del 31 de Diciembre.

 

Lo remarcable es que en estos dos minutos el Homo sapiens ha sido capaz de crear el lenguaje escrito y la tecnología digital, dividir el átomo, enviar gente a la Luna, inventar tratamientos y curas para un buen numero de enfermedades. Navegamos en las profundidades de los océanos, desembarcamos en la Luna, con telescopios espaciales observamos la luz segundos después de la formación del universo y aprendimos a cambiar la estructura de ADN y los genes, incluido el nuestro. Y no solo esto. En esto momentos estamos en la cúspide del desarrollo de la inteligencia artificial y en condiciones de explorar las partículas y las fuerzas que componen el tiempo, el espacio, la gravedad y las leyes que permite nuestra propia existencia. Todo esto en dos minuto. No del todo mal... cierto?

 

El problema es que en estos mismos 2 minutos, también creamos religiones monoteístas, escribimos textos sagrados y le entregamos el poder a sacerdotes,  pontífices y profetas para institucionalizar  mitos sectarios y a los señores de la guerra, reyes, dictadores y presidentes, contando entre ellos a los mas malvados e ignorantes de entre nosotros. Robamos y diezmamos poblaciones indígenas, iniciamos guerras constantemente, detonamos bombas atómicas y torturamos y  matamos a miles de millones de seres. Contaminamos el agua y el aire y el calor de nuestras industrias, junto a nuestro estilo de vida y al ansia de ganancias de unos pocos destruimos los ecosistemas. Somos la primera especie con el poder de extinguir a todas las especies, o por lo menos a la mayoría, incluyendo la nuestra. Y ahora mismo estamos embarcados en ello. Y todo esto, en dos minutos. El Homo sapiens convertido en Homo extintor, el Destructor, el Aniquilador. Y, aunque el planeta sobrevira durante otros cuatro años de esos calendarios virtuales, el Homo extintor no formara parte de el.    

 

La fantasía del animal humano de ser una especie inmortal, el ser excepcional en un paraíso eterno, es una mera ilusión, no debido al pecado original,  ese escenario del fin del mundo que perpetua nuestra sueño creacionista de estar en el centro del universo,  sino, mas bien,  porque tal cosa es incompatible con la evolución.  Según la predicción de Cartier-Leslie, diez mil años no es mucho tiempo. Con nuestra ayuda la podemos acortar mucho mas.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, December 8, 2024

Un mundo que se desmorona

 

Vivimos en los tiempos en que la humanidad, de acuerdo a todos los signos, entra en la etapa de su auto destrucción. Dirigidos por una oligarquía sedienta de poder y riqueza personal, por una clase que ha saqueado la tierra y asolado el planeta durante siglos, la respuesta, a pesar de ello, es que el mundo necesita ser salvado. Digamos, el mundo humano. Ya sea en el cine, la novela y la imaginación colectiva los horrores del pasado y el presente parecieran generar un deseo mas intenso de derrotar el pesimismo y pensar en una nueva y mas brillante humanidad. La inminente destrucción de la civilización, según algunos, cambia todo y la ilusión de que la presente caída nos llevará a un mundo mejor tiene en verdad una larga historia que empieza en la teología, sigue en el liberalismo y continua en el pos humanismo. El mensaje implícito es  que la especie humana tiene el derecho absoluto a la vida y raramente nos preguntamos como llegamos a esta conclusión, a pesar de nuestro terrible impacto en el planeta. Considerando que somos una peste para la vida terrestre... ¿vale la pena salvar a la humanidad?  ¿o, por el contrario, hay algo valioso que pueda justificar la continuación de nuestra especie en el futuro?

 

Según algunos este algo, que esta mas allá de los otros animales, es la habilidad humana de experimentar, crear y relacionarnos con la belleza, el saber y la búsqueda de la buena vida que tienen un valor en si mismas. Un mundo sin ellas se empobrecería. Por tanto, la razón, que es la que nos permite crear el arte, la ciencia y abrirnos el camino hacia la verdad es lo que puede justificar la continuación de nuestra existencia. Es la que nos permite reflexionar sobre que tipo de vida merece la pena vivir y luego intentar vivirla. Este es nuestro fin y lo que nos distingue del resto de la creación. Y para que nuestras vidas tengan pleno sentido tenemos que creer que la humanidad continuara.

 

Por supuesto, todo esto presupone un punto de vista meramente humano... ¿cierto? Desde el punto de vista del animal y el planeta, si pudiéramos imaginarlo, la cosa es bien distinta. La pregunta obvia que deberíamos plantearnos, entonces,  es la de si la búsqueda de la buena vida es suficiente para justificar el sufrimiento y desbastación que causamos.

 

Considera solo esto. Estados Unidos con una población de 330 millones sacrifica anualmente 130 millones de cerdos, 8 mil millones de pollos y 32 millones de vacas que viven en condiciones infernales en las granjas industriales. Cada estadounidense consume, en promedio, un tercio de un cerdo, veinticuatro pollos y una vaca por año. Suponiendo que un estado unidense vive aproximadamente alrededor de setenta y cinco años, sesenta y cinco de los cuales se dedica al consumo de carne, esto equivale a casi 22 cerdos, 1 560 pollos y 65 vacas. El consumo mundial de carne alcanzo 272 millones 249 mil toneladas este año. Y a medida que China e India se vuelvan mas prosperas el consumo continuara aumentando y con el, el sufrimiento animal, la desbastación ecológica y la crisis climática.

 

Y esto ni siquiera  incluye el sufrimiento que infligimos a otros cien millones de animales que se utilizan anualmente en experimentos científicos, los que sufren a causa de la deforestación y la eliminación de plásticos que invaden y destruyen la vida de los océanos. La conclusión inevitable, nos guste o no, es la de que la existencia humana produce un extraordinario sufrimiento y destrucción natural y su extinción, aunque trágica para nosotros, no seria una mala noticia. Si no somos capaces de encontrar una manera mas moralmente sensible para vivir en el mundo, el mundo  estaría mejor sin nosotros.

 

Pero, por otro lado, si esto justificara la extinción humana... ¿qué importa, por ultimo, si los eco sistemas existan o no, si ya no estaríamos aquí?  ¿son estos, digamos, buenos en si mismos, buenos solo para nosotros o algo mas? A diferencia de la obra de arte que es mayormente un objeto inorgánico con un valor que esta solo  en relación con los seres humanos, los eco sistemas, como dice el teórico y escritor Todd May, son una maravilla de redes de seres vivos que evolucionan con el tiempo y que podemos apreciar, pero que no necesitan de nuestra aprecio para ser tal maravilla. Ellas son un bien en si mismas, independientes de nuestra existencia. Y a pesar de que somos parte inseparable de esas redes, nuestra historia es la de intentar subyugarlas y, a menudo, destruirlas, desde la selva tropical brasilera hasta los arrecifes de la costa australiana... ¿podría ser esta otra razón para no continuar nuestra existencia como especie y preservar un bien natural cuyo valor reside en si mismo? El mero hecho de plantear la pregunta es, para decir lo menos, alarmante. Podemos entender el sacrificio personal, pero no el sacrificio de toda la espacie humana, de todas las vidas que actualmente están comprometidas con el mundo y entre si. La mayoría de los seres humanos, además, somos solo mínimamente responsables del daño causado a otros seres vivos y ecosistemas. La crisis climática y los desastres ambientales son en gran medida producto de los europeos y sus descendientes. Los países en desarrollo han hecho bien poco o nada para contribuir a la crisis climática... ¿por qué, entonces, deberían merecer la extinción? Ciertamente que no... y, sin embargo, aunque la raíz de los problemas ambientales se encuentra en un grupo relativamente pequeño de la población humana, en ultima instancia, la gran cantidad y el consiguiente consumo plantean una amenaza a la existencia y florecimiento de otros seres vivos y ecosistemas. Individualmente la mayoría de los humanos contribuyen bien poco a las dificultades del planeta, pero colectivamente representamos una amenaza enorme. No son solo los privilegiados los que participan en la deforestación o incluso los que apoyan políticas que la fomentan. Y no solo los privilegiados se benefician de la experimentación científica con otros animales con fines que no son realmente necesarios para nosotros. Y hay evidencias de que a medida de que aumenta la riqueza, también lo hace el consumo de carne de granjas industriales. Hoy día hay una creciente proporción de la humanidad que participa en actividades y practicas que tienen consecuencias atroces para otros seres vivos con los que compartimos este planeta.      

 

La verdad de las cosas es que al final de todo la decisión probablemente no va a ser nuestra, si descontamos la aniquilación nuclear que hoy vuelve a estar en el tapete. Tarde o temprano, si consideramos la historia natural, todas las especies se extinguen y nosotros no somos una excepción. Y si esto es así... ¿como nuestra extinción va a ocurrir? Hay diferentes escenarios, algunos mas realistas que otros. La crisis climática es el mas cercano que, con seguridad, eliminara la existencia humana, junto con varias otras especies. Pero dejaría espacio para que muchas de las especies existentes evolucionen o se recuperen y, al mismo tiempo, pondría fin a la amenaza de una degradación ambiental llevada acabo por nuestra especie. Otra es la amenaza de una pandemia mundial que afectaría especialmente a los humanos causada por un virus que nos seria imposible de contener.

 

Tal vez, con un mínimo de esfuerzo, podemos también imaginar el escenario de la novela del autor ingles Pd James y luego la película “Children of Men” que pintan un mundo de infertilidad. El recuento de espermatozoides de los hombres ha caído a cero y con el ha surgido la posibilidad de la extinción humana. Un escenario no tan descabellado si consideramos que las toxinas ambientales están reduciendo el recuento de espermatozoides. Hagai Levine, un epidemiólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén y sus colegas publicaron un análisis en el 2017 y una actualización en 2022 que evaluó un total combinado de mas de 200 estudios que usaron una cámara de conteo. Estos dos documentos encontraron una disminución del 50 por ciento en la concentración de espermatozoides, mas notablemente en los países occidentales, desde la década de 1970, aunque el descenso también es posible observarlo en Sudamérica, Asia y Africa. Según opinión de otros investigadores la fertilidad esta disminuyendo, pero aun no sabemos exactamente cual sea la causa.

 

Otros escenarios serian los de un mundo en el que los recursos disminuyen y los humanos entran en continuos conflictos violentos por las necesidades básicas hasta que no quede nadie con quien luchar. Algo que veríamos como resolución final de la crisis climática.

 

Por ultimo están los escenarios cósmicos totalmente realistas de una destrucción planetaria a través de la expansión gradual del sol. Algo que eventualmente va a suceder y con el nuestra extinción, si es que duráramos tanto tiempo. Y si no, siempre existe la posibilidad de que un asteroide gigantesco, como el que elimino a los dinosaurios, haga lo mismo con nosotros.

 

Si hubiera alguna reserva con todos estos escenarios distópicas, podrimos entonces  imaginar otra alternativa. No pareciera haber razón, dice Todd May, para creer que, aparte del cataclismo nuclear, seremos eliminados por completo. En lugar de nuestra extinción, podríamos terminar, por ejemplo, con una marginación humana. Habrá seres humanos, pero en pequeños grupos alejados entre si, dispersos por todos lados y tal vez con pocas probabilidades de comunicarse.

 

Pero, dado suficiente tiempo, se encontraran, formaran comunidades mas grandes y revisitaran una historia humana similar. Para sostener comunidades mas grandes se necesita agricultura, lo que genera comunidades aun mas grandes que requieren mas alimentos, lo que conduce a la industrialización, luego a los viajes aéreos, terminando nuevamente con un consumo excesivo. En ese momento, estaríamos en camino a otra crisis climática.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, November 12, 2023

El colapsismo ecológico

 

La contrapartida del colapsismo ecológico es el mito de la esperanza. A esta altura de los tiempos, como ya sabemos, el desafío del cambio climático es tan inmenso y diverso que ha dado origen a escenarios futuros de todo tipo. Desde el derrumbe total de la civilización y el fin de la especie humana a los inicios de una transición a nuevos arreglos sociales y políticos, diferentes del capitalismo, dirigidos esta vez por la justicia social y la armonía con la naturaleza. Y entre el colapso y la esperanza, la incertidumbre... ¿que nos ocurrirá, pobres mortales, en el próximo futuro?

 

En el esquema hegeliano toda la pluralidad y complejidad de cada momento es parte de un proceso de ascensión hacia una unidad superior. Si invertimos a Hegel con lo que nos quedamos es con un proceso de descensión crepuscular. Estos son los datos... en 1992 la Unión de Científicos Preocupados, que agrupaba a 1 575 científicos del mundo, emitió una advertencia a la humanidad... “la actual trayectoria de desarrollo promete una vasta miseria humana y un planeta irremediablemente mutilado”. En el 2009 la revista científica “Nature” identifico nueve procesos biofísicos en el sistema terrestre que establece los limites que, si se cruzan, pueden guiar a alteraciones ambientales  finales para la mayoría de las especies, incluyendo la nuestra. Ellos incluyen el cambio climático, la acidificación de los océanos, el agotamiento del ozono estratosférico, el uso mundial del agua dulce, la perdida de la biodiversidad, la interferencia con el nitrógeno y los ciclos del fosforo, cambios en el uso del suelo, polución química y la carga de aerosol atmosférico. De hecho, hoy día ya hemos dejado la zona de seguridad de tres de estos procesos... la perdida de la biodiversidad, la interferencia humana con los ciclos del nitrógeno y el cambio climático y ya estamos bien cerca de los limites de otros tres... el agua dulce, cambios en el uso de la tierra y la acidificación de los océanos. Por eso no seria exagerado decir que nuestro tiempo es el tiempo en donde todo se acaba. Un tiempo que anuncia el fin del progreso y del futuro como  promesa, desarrollo y crecimiento. Somos testigos de como se terminan  el agua, el aire limpio, los recursos, los bosques y los ecosistemas con toda su diversidad. Esta no es solo una regresión, sino un proceso de agotamiento y extinción en el que todo puede acabarse definitivamente como ya le esta   ocurriendo a miles de seres humanos. Confrontados con el agotamiento del tiempo vivible, con el naufragio antropológico y la irreversibilidad de nuestra extinción, podríamos decir que ya hemos dejado atrás a la posmodernidad para confrontar el tiempo de la insostenibilidad, la ultima etapa antes de la caída del telón final.  

 

Todo este cuadro distópicamente nefasto, en verdad, no es gratuito, considerando que la actividad humana ya ha  trastornado los patrones de regularidad material que siempre habían cimentado la relación humana con el resto de la biosfera y que, hasta el momento, no tenemos grandes indicios prácticos de que podamos volver a recuperarlos. El colapso en curso seguirá fragmentando la naturaleza y la cultura sin que las soluciones tecno verdes puedan evitarlo. Lo que hoy sufrimos es el impacto  retardado de emisiones del pasado. Incluso, en el mejor de los casos, si todas nuestras emisiones fueran abolidas completamente la Tierra seguiría calentándose hasta el año 2070, aumentando la temperatura en 0.3 grados, que se sumarian al 1.2 ya acumulados en los últimos 150 años.

 

Por otro lado, si recordamos un poco de historia, lo cierto es que “no ha habido época que no haya creído encontrarse en un abismo inminente”. Por eso, no es extraño que la otra cara del colapsismo sea el optimismo utópico, la idea de mirar directamente a la catástrofe potencial sin caer en la desesperación. Según el ecologista español Emilio Santiago las conclusiones que extrae el colapsismo son borrosas e innecesariamente derrotistas al abandonar eso que hizo al socialismo históricamente tan grande como fue su instinto de rebelión. El colapsismo, además  de su arista trágica, dice, también puede ofrecer, por ejemplo, una oportunidad potencialmente liberadora para las pequeñas comunidades locales al margen de las estructuras del Estado, lo que daría a luz un mundo sustancialmente diferente y cien por ciento renovable. Y también, por supuesto, mas pequeño.

 

El problema con la epistemología colapsista, continua E. Santiago,  es que es mecanicista, determinista y reduccionista. Independientemente de la veracidad de los datos científicos, la traslación de los enfoques biofísicos a lo social es una fuente probable de malos análisis sociológicos y pésimas intervenciones transformadoras. “Con las ciencias naturales y las ciencias sociales pasa lo mismo que con los tiburones y los submarinos. Por fuera se parecen bastantes, pero por dentro no tienen nada que ver”. La anticipación predictiva es casi una condición de legitimidad del saber científico-natural. Pero, una actitud proclive a la predicción es casi un tabú en las ciencias sociales, que suele explicar los hechos de modo retrospectivo. La mejor ciencia disponible no puede concretar acontecimientos tan precisos como las que las narrativas colapsistas manejan. La historia de las ideas sociológicas es, en gran medida, la de un numero pequeño de polémicas que se repiten con diferentes terminologías. Un buen ejemplo es la polémica entre algunos marxistas acerca del colapso capitalista. El primer tercio del siglo XX estuvo precedido por el pronostico pretendidamente científico de que el capitalismo estaba destinado a derrumbarse, tarde o temprano, bajo el peso de sus propias contradicciones. Y esta idea latente detrás de la filosofía de la historia marxista economicista es igual a la que impulsa la filosofía de la historia del ecologismo... la creencia de que los acontecimientos sociales y el curso de la historia responden al desenvolvimiento de realidades “duras” que conducen la dirección caprichosa  e inconsistente de lo social como un lecho de roca conduce al rio. En ambos casos esta la idea en una totalidad exterior a la política que fundamentaría los procesos políticos. Social en el caso del marxismo, pre social o natural en el ecologismo colapsista que los dota de una dirección preestablecida. La diferencia es que en el ecologismo colapsista no vamos hacia lo mejor, como en el marxismo, sino hacia la ruina y el retorno a las sociedades arcaicas.

 

El materialismo en el que se basan estas aproximaciones no es el problema. Por el contrario, este ha demostrado una potencia explicativa notable que permite darle inteligibilidad a la maraña social e histórica. Pero esta metodología funciona mejor sobre lo ya sucedido que sobre lo que va a suceder. Y este es el problema con el impulso oracular del colapsismo. En el campo de lo social reina y siempre reinara lo contrario. Los factores culturales y políticos introducen un enorme campo de variabilidad e indeterminación. Donde menos lo esperábamos surge lo imprevisto, echando por tierra los pronósticos deterministas. La diferencia del colapsismo ecológico con el socialismo del siglo pasado es que el anuncio del colapso del capitalismo, a pesar de ser altamente problemático, era el preludio del surgimiento de un orden superior que  funciono como mito movilizador para influir en el curso de los acontecimientos. El colapsismo ecológico, por el contrario, anuncia la certeza de lo peor, sin ofrecer incentivos para la rebelión.

 

La cuestión esencial, remarca E. Santiago junto con los eco socialistas,  es que la crisis ecológica puede ser la consecuencia de seguir manteniendo un sistema expansivo y depredador como el capitalismo. El ecologismo necesita poner el acento en la importancia de la dimensión activa e interpretativa de los procesos y en la voluntad política organizada, para esquivar las cosmovisiones deterministas, mecanicistas o reduccionistas. Un ecologismo que no se conforme con sufrir la historia, sino uno que este dispuesto a hacerla y protagonizarla. Una labor fundamentalmente colectiva que esta por hacer.  

 

Santiago cree que, en su justa dosis, como la dosis que separa el veneno del medicamento, el colapsismo puede impulsar acciones políticas necesarias. Las de las minorías mas radicales, mas impacientes, mas consecuentes. Para quebrar la obediencia masiva a los intereses creados de la elite económica y política que nos gobierna hay que ir un poco sobrecargado de pasión. Aunque en este caso sea de una pasión tan triste como la angustia. No necesitamos héroes, súper hombres, súper mujeres o profetas. Necesitamos promedios, masas, pueblo, multitudes que con todas sus imperfecciones impulsen una des carbonización efectiva. En gran medida, tenemos las soluciones. Pero, no mucho tiempo. El problema es que las multitudes aparecen y luego desaparecen y las guerras, trágicamente, ocupan su lugar.

 

Nuestra incompetencia colectiva para revertir, no solo las guerras, sino también el desastre climático en curso tiene poco que ver con errores conceptuales o falta de información, de la que tenemos bastante, y mucho con no saber enfrentar políticamente las enormes inercias estructurales o el poder de grupos privilegiados. El arte de la política, dice Santiago, no consiste en decir la verdad. Lo que no significa que consista en decir mentiras. Necesitamos la mejor ciencia y el máximo respeto a la verdad. Pero esto solo permite conocer el mundo, no transformarlo. Transformarlo es un juego de afectos, pasiones, identidades compartidas, mitos comunes, de alianzas, de intereses y de pericia en el ejercicio del poder. La rebeldía es un estado de animo que no se alimenta de ideología  ni de conceptos. Es algo que arde en la certeza de sentir que la vida es el máximo don que no se puede desperdiciar. La necesidad histórica del momento es la de dar a luz una forma de producir, consumir, habitar e imaginar un mundo que deje atrás la depredación de la biosfera y adopte los principios de la cooperación y la simbiosis.   

        

El derrumbe del mito del progreso, sin embargo, nos recuerda que no tenemos garantía de éxito. Los malos fines están tan poco asegurados como los finales felices. No olvidemos que las civilizaciones fracasan y las especies se extinguen. La cosa es que, en estos momentos, la ventana de oportunidad para acometer las transformaciones necesarias no permanecerá indefinidamente abierta. Los plazos son bien ajustados. Según el sexto informe del IPCC, con el ritmo actual de emisiones, que es de 40Gt anuales, estamos en vías de alcanzar 1.5 grados de temperatura.  Y para el 2040, tendremos 2 grados de aumento. Es decir, a mediados del siglo habremos cruzado la línea de no retorno que nos llevaría a un periodo de decadencia  gradual de la sociedad industrial, en donde la emergencia sanitaria, la violencia armada y la inseguridad alimentaria alcanzarían una dimensión completamente inédita.  

 

En un tiempo no muy lejano Romain Rolland distinguió entre el “pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad”. En el fondo, no existe ley o lógica histórica que nos salve, ni siquiera una predisposición biológica para protegernos. Tal vez, una forma particular de miedo, arraigada en el pesimismo de nuestro intelecto, nos impulse a cambiar de rumbo. O tal vez no.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, October 1, 2023

Extinción... pero no la humana

 

La mayoría piensa que la extinción le ocurre a las otras especies, no a la nuestra. Y desde el momento en que hay bien poca ventaja en contemplar nuestro fin es justo preguntarse porque perder el tiempo en tales escenarios infructuosos en lugar de seguir con las cosas de la vida. Además, el proceso de extinción probablemente no va a impactar  nuestras propias vidas o la de nuestros hijos. Y, en todo caso, el progreso científico nos mantendrá a todos en marcha, pase lo que pase ... ¿cierto?

 

Tal vez. Pero, considera esto... el ciclo de creación y extinción de las especies es fundamental para la selección natural y el registro fósil indica  que el animal humano también cederá con el tiempo a este imperativo evolutivo.  99.9% de todas las especies que han vivido están hoy extintas. Menos del 5% de estas extinciones ocurrieron en masa. Lo mas típico es una lenta desaparición debido a la disminución de los recursos naturales y la caída de la fecundidad.  Actualmente las tasas de especiación, según el antropólogo E. Ellis, se están desplomando en toda la biosfera, sobre todo en los grandes vertebrados  como los mamíferos que antes se caracterizaban por la capacidad de formar nuevas especies.  Y lo peor es que lejos de confirmar dominio el modelo  antropogénico de depredación que practicamos  pone en peligro a otros metazoos que  enfatiza la vulnerabilidad de la raza humana.  Desde el momento en que la competencia por recursos naturales se ha incrementado ha habido una disminución progresiva en la supervivencia de las especies. Se estima que el Homo erectus sobrevivió mas de un millón años, el Homo antecesor por 600 000 años, Homo ergaster durante 450 000  años, Homo neanderthalis durante 300 000 años y Homo sapiens, hasta ahora, entre 150 000 a 200 000 años... ¿cuánto mas tiempo nos queda?  El argumento probabilístico de Carter-Leslie del “día del juicio final”, basado en cálculos matemáticos,  predice un 95% de probabilidades de extinción humana dentro de los próximos 10 milenios si tomamos en cuenta la capacidad de evolución de la especie que disminuye con el tiempo debido a la creciente ineficiencia reproductiva o a la fragilidad genómica.  

 

A pesar de que la extinción de nuestra especie merece una seria contemplación, existe una fuerte resistencia, especialmente en la clase económica y política de los países ricos, a cualquier reevaluación critica de nuestra cosmovisión antropocéntrica. Admitir que la especie humana se ha vuelto una victima de su propio éxito es como darle vuelta la espalda a la consciencia que nos ha dado tantas  satisfacciones y logros que no queremos perder. El optimismo tecnológico dice que con el ingenio y la invención humana podemos tener un largo y populoso futuro. El pasado nos indica que hemos sido capaces de salir de todos los problemas que se nos han presentado. Hemos sobrevivido a los mamut, la malaria, las guerras y las bombas atómicas, entre muchos otras calamidades. Y nada de esto nos ha extinguido todavía.

 

Este argumento  hace recordar el optimismo del chiste del hombre que se cae de un edificio de 100 pisos. En su caída ha pasado ya 90 pisos y se dice a si mismo... “Hasta ahora todo va bien”. Por supuesto que hemos superado todas las amenazas de extinción...  hasta ahora. El argumento de Cartier-Leslie, sin embargo, obliga a contemplar la posibilidad de que los humanos y el universo mismo son mas fortuitos de lo que acostumbramos a pensar.    

 

Con  frecuencia se ha dicho que los humanos poseemos la capacidad de apreciar nuestra  propia mortalidad, una trágica agonía existencial que ha dado origen a las grandes religiones. En nuestra época tendríamos que agregar la penosa carga de la desaparición, no solo del individuo, sino  la de nuestra propia especie. Si bien es cierto que el termino de todas las especies siempre es el mismo,  la jornada puede ser diferente. Si no podemos influir el fin de la especie... ¿podemos influir el viaje? ¿darle un nuevo significado a la civilización? Dicho de otra manera... ¿seremos capaces de ir del pensamiento ego-céntrico al pensamiento eco-céntrico?

 

El pensamiento ego-céntrico, pre 2 000, se ha caracterizado por la persecución desenfrenada de los valores individualistas del libre mercado, indispensables, según se dice, para la vida humana, la libertad y la felicidad. En contraste, el pensamiento social, que se asoma en el 2001, proclama que el progreso humano sostenible requiere cooperación y compromiso a nivel local, que, por replicación, puede efectuar cambios globales. Pero, por sobre todo, lo que requerimos es un eco-pensamiento capaz de reconocer que los humanos somos solo una pequeña parte de la biosfera y, por tanto, la misma importancia debe aplicarse a las prioridades no humanas como la biodiversidad, la renovación de los recursos, la moderación del consumo y el control de la polución.

 

Al final de todo nuestra especie es solo una de las muchas que hacen su entrada y salida en las etapas  evolutivas. Que neguemos la salida de nuestra especie del escenario es de esperar, pero el hecho permanece. La muerte, que es una descripción biológica de la selección evolutiva, es fundamental para la vida tal como la conocemos. Igualmente, la muerte a nivel de la especie es tan básica para la biología como es la muerte del organismos o las células individuales. 

 

Para poner esto en perspectiva podríamos empezar por el principio. La tierra se formo en nuestro sistema solar aproximadamente 4.6 billones de años atrás. La vida rudimentaria se piensa que apareció por primera vez 3.700 billones de años atrás. A partir de ahí la evolución tomo las riendas que, eventualmente, resulto en la aparición de los humanos que evolucionaron a partir de un genero de simios que hicieron su aparición  unos 2.5 millones de años de los que derivo  el homo sapiens,  aproximadamente unos 300  o 200 mil  años atrás. Hasta hace un tiempo, entre 20 y 10 mil años, según la historia, los humanos vivían en pequeños grupos de cazadores y recolectores. A partir de ese momento, varios de esos grupos se establecieron en unidades mas grandes como pueblos, ciudades e imperios, plantando y cosechando cultivos alimentarios, domesticando animales y dividiendo el trabajo como una forma de vida mas eficiente. Este es el momento en que nace la civilización.  

 

A los historiadores les gusta usar la figura estándar de un calendario de 12 meses para tener una imagen de lo que ha ocurrido en este planeta... La vida apareció por primera vez el 1 de Enero. Los dinosaurios se extinguieron el 25 de Diciembre. Los humanos hacen su entrada por primera vez a las 23:00 horas del 31 de Diciembre. Y la civilización moderna comenzó 2 minutos antes de la medianoche del 31 de Diciembre.

 

Lo remarcable es que en estos dos minutos el Homo sapiens ha sido capaz de crear el lenguaje escrito y la tecnología digital, dividir el átomo, enviar gente a la Luna, inventar tratamientos y curas para un buen numero de enfermedades. Navegamos en las profundidades de los océanos, desembarcamos en la Luna, con telescopios espaciales observamos la luz segundos después de la formación del universo y aprendimos a cambiar la estructura de ADN y los genes, incluido el nuestro. Y no solo esto. En esto momentos estamos en la cúspide del desarrollo de la inteligencia artificial y en condiciones de explorar las partículas y las fuerzas que componen el tiempo, el espacio, la gravedad y las leyes que permite nuestra propia existencia. Todo esto en dos minuto. No del todo mal... cierto?

 

El problema es que en estos mismos 2 minutos, también creamos religiones monoteístas, escribimos textos sagrados y le entregamos el poder a sacerdotes,  pontífices y profetas para institucionalizar  mitos sectarios y a los señores de la guerra, reyes, dictadores y presidentes, contando entre ellos a los mas malvados e ignorantes de entre nosotros. Robamos y diezmamos poblaciones indígenas, iniciamos guerras constantemente, detonamos bombas atómicas y torturamos y  matamos a miles de millones de seres. Contaminamos el agua y el aire y el calor de nuestras industrias, junto a nuestro estilo de vida y al ansia de ganancias de unos pocos destruimos los ecosistemas. Somos la primera especie con el poder de extinguir a todas las especies, o por lo menos a la mayoría, incluyendo la nuestra. Y ahora mismo estamos embarcados en ello. Y todo esto, en dos minutos. El Homo sapiens convertido en Homo extintor, el Destructor, el Aniquilador. Y, aunque el planeta sobrevira durante otros cuatro años de esos calendarios virtuales, el Homo extintor no formara parte de el.    

 

La fantasía del animal humano de ser una especie inmortal, el ser excepcional en un paraíso eterno, es una mera ilusión, no debido al pecado original,  ese escenario del fin del mundo que perpetua nuestra sueño creacionista de estar en el centro del universo,  sino, mas bien,  porque tal cosa es incompatible con la evolución.  Según la predicción de Cartier-Leslie, diez mil años no es mucho tiempo. Con nuestra ayuda la podemos acortar mucho mas.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.