Sunday, June 14, 2026

El animal y la infraestructura

  

La dialéctica del animal y el humano ha tenido a través del tiempo una aventura bien interesante que revela como históricamente hemos venido construyendo nuestra imagen como algo diferente de la naturaleza, a pesar de que todo lo que existe y todo lo que es posible es, por definición, natural. Y, a pesar de ello, cada vez que alguien mira el horror del matadero piensa... “ Solo son animales”.

 

¿Qué es lo que hace posible que la consciencia humana surja como algo distinto de la animalidad? Porque, sin lugar a dudas, no es algo que siempre haya existido desde el principio de los tiempos. Mas bien, diríamos, deriva de un proceso que hace “obvia” y “natural” una división que posteriormente descubrimos en nosotros mismos y que nos lleva a creer  en la ilusoria oposición entre naturaleza y espíritu trascendente. Algo que nos hace olvidar que, después de todo, nos guste o no, seguimos siendo animales. La cultura, podríamos parafrasear, es la continuación de la naturaleza por otros medios. Como dicen Adorno y Horkheimer toda la ingeniosa maquinaria moderna de la sociedad industrial no es mas que la naturaleza desmembradose a si misma.

 

Si nos desligamos finalmente de toda noción teleológica, ya sea trascendente o inmanente podemos fácilmente concluir que la historia carece de significado y dirección. Esto no significa, sin embargo, que solo sea un revoltijo de acontecimientos sin sentido. La historia es el doble proceso a través del cual dominamos progresivamente las condiciones materiales de nuestra existencia y, al mismo tiempo, nos auto creamos a nosotros mismos. Y es en este encuentro donde radica la dialéctica del humano y el animal. La pregunta clave es... ¿en que momento comenzó el especicismo, digamos, esa ideología de la especie dominante que mide todo desde el punto de vista de una humanidad que mira al animal como algo ontológicamente inferior?

 

La única respuesta razonable, como lo describe Marco Maurizi, es en el momento cuando olvidamos que somos animales, cuando nuestras manos y nuestro cerebro empezaron a fabricar herramientas  que no solo eran útiles, sino también bellas, simétricas y armónicas. La practica de crear algo que no existía en la naturaleza genero la ilusión de cosas que no eran naturales, lo que da origen al surgimiento de la ideología espiritualista. Su primera expresión, según los antropólogos, se remonta a la magia y el animismo. Si bien la magia  no creo la división entre nuestra mente y el mundo exterior, fue, sin duda, la primera manifestación de una división que ya existía. De hecho, el olvido se impuso gradualmente, mediante la educación, la restricción sexual y el trabajo. A diferencia de la fase nomádica caracterizada por una especie de simbiosis entre los humanos y el medio ambiente, por ejemplo, los grupos sedentarios comienzan el proceso de domesticación de animales y plantas  que se convierten en recursos disponibles al servicio del interés humano. Un fenómeno que va acompañado de cambios históricamente importantes en el orden social y simbólico que, sin lugar a dudas, influyen en nuestra relación con la naturaleza al proporcionar la base de lo que llamamos especicismo. Con el dominio material sobre los animales, la identificación con ellos se vuelve menos real y la relación se torna cada vez mas metafórica y ambivalente, como la encontramos con frecuencia   en el acervo religioso y en los símbolos de degradación moral, falta de razón, terquedad o incluso estupidez.

 

Pero, la cosa es que, al mismo tiempo, el aspecto material del especicismo tampoco fue muy agradable para los humanos. La acumulación de excedentes y la división del trabajo, como bien sabemos, incrementaron la explotación, no solo de los animales, sino también de los humanos. Es cuando alguien puede obtener ganancias de ellos, los animales se convierten en cosas y los humanos en esclavos. El yugo de los bueyes, por ejemplo, fue la condición previa para la existencia del Estado mesopotámico al posibilitar la necesaria acumulación de excedentes para alimentar la burocracia estatal. Este es el momento  cuando se establece una jerarquía dentro de la sociedad... los humanos controlan a los humanos, quienes controlan a los animales. La esclavitud de los bueyes posibilito la esclavitud humana que reforzó la distancia entre la cima de la pirámide social y su base.  Según Marx y Engels esto no ocurrió debido a la voluntad malévola de algunos seres humanos, sino que la esclavitud, tanto animal como humana, obedece al mismo tipo de “necesidad histórica” que posibilito la división del trabajo entre la agricultura y la industria a mayor escala y, por ende, al florecimiento del mundo antiguo y, consecuentemente, a la modernidad y el capitalismo. Y es este mismo desarrollo económico el que ahora, por lo menos en principio, hace obsoleto todo tipo de esclavitud y explotación. “Necesidad histórica” simplemente se refiere a una condición social que puede ser superada según el progreso social. Si la esclavitud humana puede considerarse una transición inevitable en la construcción de una sociedad libre e igualitaria, lo mismo podría decirse de la esclavitud animal.

 

¿Como asi? Según la visión de la Teoría Critica, según Maurizi, el animal puede ser definido como antropopoyetico. De acuerdo a este punto de vista el animal es esencial para la formación del humano y el humanos es producto de una determinada relación con el animal, en donde el lado evolucionista y simbólico de la diferencia humano-animal cooperan dialécticamente. Aquí, humano se entiende como una negación del animal. Un “no” que se concibe como una otredad generativa, un proceso de construcción, tanto del humano como del significado de su experiencia humana. Es esta relación humano-animal la que produce el Yo humano mediante la negación constante de su Otro animal. El pretexto de dicha negación simbólica y real del animal es, en ultima instancia, la dominación de la naturaleza.

 

La dominación siempre implica una distinción jerárquica y oposicional entre sus términos. Al ser polos opuestos en una relación mutua ambos elementos no pueden definirse fuera de ella, sino solo a partir de su relación mutua. El polo dominante se define como la negación del dominado y viceversa. Y todas las diferentes formas de dominación que encontramos a través de la historia finalmente convergen y se entrelazan en el modo de producción capitalista que involucran el cuerpo y la mente humana, asi como el animal y la naturaleza. A diferencia de la violencia que es una reacción contingente entre seres autónomos, la dominación implica una relación estructural  material y simbólica.

 

La verdad, sin embargo, es que no es muy claro como sucedió todo esto. No siempre es fácil comprender cuales son las causas y cuales los efectos en el proceso de civilización. No podemos decir que la explotación de la naturaleza, por ejemplo, es la causa directa y exclusiva de la opresión humana, pero, sin duda, es una de sus condiciones de posibilidad. Digamos, una condición necesaria, aunque no suficiente.

 

Lo que si podemos decir, en cambio, es que el mundo mágico y nómade se caracterizo por relaciones horizontales, tanto dentro como fuera de la sociedad y su igualitarismo económico no deja lugar para el dominio de clases y su intercambio orgánico con la naturaleza exterior impide la subordinación de otras especies al servicio de las necesidades humanas. A nivel simbólico el elemento espiritual aun se fusiona y se transfunde en una naturaleza animada y viva donde los limites se difuminan y es posible toda transformación de una sustancia en otra. La simbiosis humana con el animal es total y real. El cazador, por ejemplo, experimenta una especie de identificación mística con el animal. La humanidad, por tanto, no puede dominar al otro sin concebir la alteridad simbólica. Es la génesis simbólica de ese “otro” la que hace posible la cultura neolítica que inaugura mecanismos permanentes de control sobre la naturaleza, allanando el camino hacia la sociedad de clases. Al final de la transición neolítica, encontramos, en todos los niveles, relaciones verticales. Las sociedades de clases primitivas elaboraron mitologías y religiones institucionales tempranas que simbólicamente generaron una división ontológica y jerarquice. La separación entre humanos y animales, junto con su contradicción mutua, refleja ideológicamente la división y polarización que se funda en la dominación real de los procesos naturales y la progresiva división de las relaciones sociales.

 

La reducción de las relaciones vitales a “cosas”, a objetos a disposición, a materia manipulable, incluye nuestra relación con los animales que somos. La reificación del yo es un proceso que subyace a toda la historia de la civilización, impulsando y consolidando su potencial destructivo hacia la naturaleza y que, según Adorno y Horkheimer, la violencia ejercida sobre el animal es la piedra angular de la autor reificación. Marco Maurizi, siguiendo este mismo pensamiento, agrega que la afirmación del Si mismo esta determinada por la negación del otro y este proceso filogenético debe interpretarse como el triunfo y el fracaso de la cultura. Mientras la humanidad civilizada logra completa erradicación de su origen natural, celebramos nuestra victoria sobre la naturaleza. Pero, al mismo tiempo, al reprimir y olvidar la memoria de lo que, a pesar de todo, somos, perdemos fatalmente  la posibilidad de construir algo distinto. No se trata de negar que la afirmación del Si mismo y su poder creador no sea una forma de progreso. De lo que se trata es la denuncia de la ideología implícita del progreso, la idea de que las relaciones jerárquicas entre los seres humanos y los demás animales se justifica filosóficamente en nombre de una metafísica que orienta el tiempo histórico linealmente “hacia lo mejor”.  El punto es examinar dicho proceso en sus premisas y consecuencias para comprobar si la civilización avanza efectivamente de forma inexorable hacia lo mejor. Y cuando lo hacemos encontramos que los mecanismos ocultos que operan en el proceso de civilización refutan la ideología oficial. Lo que encontramos es que “ninguna historia universal conduce de la barbarie al humanismo, pero si existe una que conduce de la honda a la bomba de megatones”. 

 

Dado esto...¿será posible una relación diferente con el ambiente y los animales? Los partidarios de “La Libración Animal” y de “Los Derechos de los Animales” lo han tratado por años y prácticamente nada efectivo ha pasado. El problema con ello es que su lucha  invierte el orden de prioridad entre lo ideal y lo material. Al darles prioridad a las ideas, a los principios morales o jurídicos, dejan intacta la estructura económica que es, justamente, la que da origen al problema de la jerarquización de la sociedad.

 

 ¿Como, entonces, seria posible transformar una sociedad humana cuya racionalidad todavía es irracional? Todas las alternativas al capitalismo  del siglo pasado y presente fracasaron miserablemente. Sin embargo, la presión para cambiar el sistema, el impulso de hacer algo no ha desaparecido totalmente. Pero, desgraciadamente, con lo que nos quedamos al final, es solo con una presión que carece de una alternativa clara y real que nos lleve a otro mundo.

 

Si la famosa tesis marxista, como nota Zizek,  era... “los filósofos solo han interpretado el mundo. Es hora de cambiarlo”, ahora, quizás,  debiéramos decir... “es hora de pensar de nuevo”.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

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