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Sunday, March 8, 2026

El goce racista

 

En la noche del 9 de noviembre  de 1938, las Sturmabteilung nazis asesinaron aproximadamente a un centenar de judíos y dañaron miles de negocios judíos y destruyeron cientos de sinagogas por toda Alemania. La llamada Noche de los Cristales Rotos fue no solo  un frenesí de destrucción racista sino también una forma de diversión nazi a costa de los judíos a quienes golpeaban y mataban. El racismo nazi es lo que permitió la destrucción desenfrenada y el asesinato sin limite, algo que de otro modo habría sido inadmisible en la sociedad alemana en donde la ley y la convención social prohibían este tipo de criminalidad. Y, como no es sorprendente en nuestra historia humana, los judíos o los israelitas o el gobierno de Netanyahu, según se prefiera, hoy día matan a miles de niños, mujeres y ancianos palestinos y destruyen sus hogares, negocios y mezquitas en Gaza y Cisjordania. Y en el país de Trump la cosa no es mejor para inmigrantes negros y morenos que desaparecen en la calles de ciudades y aldeas para luego aparecer en los campos de concentración de Texas para ser expulsados ilegalmente... ¿como esto es posible? La razón, tanto para unos como para otros, es siempre la misma. Ellos representan una amenaza existencial a nuestra forma de vida.

 

¿No será  el caso que esta supuesta “amenaza existencial” encubre algo mas? ¿digamos, la autorización para gozar la violencia que trasciende los limites de la moral, la racionalidad y el auto interés?

 

Muchos historiadores y teóricos han señalado el enlace entre capitalismo y racismo. Ante todo, según dicen, el racismo es una ideología que proclama la jerarquía y diferencia racial que proporciona un soporte y sustento necesario para el funcionamiento del capitalismo al permitir que ciertos miembros de la clase trabajadora se sientan parte de la sociedad capitalista que, aun siendo explotada, ven a otros relegados a un estado de explotación mayor. Una jerarquía racial  que aceita los engranajes de la producción capitalista que ayuda a aliviar la insatisfacción que, de otro modo, pondría en duda el sistema. El racismo es lo que otorga a quienes lo practican un sentido de identidad y pertenencia, un estatus simbólico, que la otra raza no tiene.

 

Pero esta ideología no lo explica todo. La identidad por si sola no basta para asegurar la capitulación. Por eso es necesaria una fantasía racista para complementarla. Según Todd McGowan la fantasía proporciona el goce que la ideología deja de lado. A menos que se tome el inconsciente como punto de partida para comprender el atractivo del racismo, el misterio de su perdurable poder es imposible de descifrar. La fantasía racista al operar primariamente en el inconsciente expande los limites de la ideología y muestra como aquellos que se dicen no ser racistas afirman inconscientemente la fantasía racista.

 

La cosa va mas o menos así. La fantasía produce goce. Su atractivo reside en su capacidad de proporcionar una estructura, en gran medida inconsciente, que organiza el goce de quienes fantasean. Es el escenario a través del cual los individuos se relacionan con el objeto deseado. Un camino cuya dificultad alienta el goce. Esta es la clave... cada fantasía  depende del obstáculo que encuentra en su paso para realizar el deseo. El goce no proviene de la obtención del objeto, sino de la dificultad en obtenerlo. Don Juan es el ejemplo típico. Una vez conquistada la mujer deseada, pierde interés y rápidamente se embarca en una nueva conquista.

 

La fantasía por tanto funciona frustrando el deseo en lugar de satisfacerlo inmediatamente. Y es justamente esto lo que hace que la fantasía racista   funcionar tan bien. Al igual que en toda fantasía, la fantasía racista  tiene tres figuras principales... el sujeto, el objeto deseado y el obstáculo para obtener el objeto. Y esto es lo curioso. Aunque el objeto aparece como lo que el sujeto desea, en realidad carece de importancia en la fantasía. El único significado que tiene el objeto de la fantasía racista  es su inalcalzabilidad. Por supuesto, ningún objeto inalcanzable  por si  mismo apunta necesariamente al racismo. Pero lo que caracteriza a la fantasía racista y la distingue de otras formas de fantasía es que el obstáculo para lograr el objeto, lo que impide el acceso al goce sin restricciones, es el otro racial, responsable de todos los fracasos del sujeto y de la sociedad. Es el obstáculo fantaseado que convierte el objeto del deseo, sea riqueza increíble, dominio territorial, estatus social, mejor trabajo, beneficios estatales o pareja sexual, en algo que el racista no puede tener. Este obstáculo, sin embargo, no es solo un obstáculo sino también el lugar de acceso al disfrute, que seria imposible sin el. El disfrute, aunque parezca paradójico, esta ligado a una ausencia. Pero la cosa es que mientras estamos  inmersos en la fantasía no reconocemos que el obstáculo es la fuente del disfrute. Por el contrario, siempre lo experimentamos como una barrera que impide el acceso al goce perfecto. Lo inconsciente en la fantasía no es el disfrute que proporciona sino la ubicación de este disfrute, la conexión entre obstáculo y disfrute que necesariamente permanece inconsciente.

 

La versión paradigmática de la fantasía racista es, por supuesto, la que ofrece Hitler. En “Mein Kamp” describe a un joven judío seduciendo a una chica alemana a la que profana con su sangre con el intento de destruir los cimientos raciales del pueblo que se ha propuesto subyugar. Hitler imagina al joven judío como alguien que accede al objeto privilegiado, la mujer alemana y, por lo tanto, impide a los hombres alemanes acceder a este objeto. El otro racial puede experimentar lo que Hitler llama “alegría satánica”, prohibida para los alemanes. Al apelar a esta fantasía, Hitler logra atraer a la nación alemana a su proyecto al ofrecer a las personas una razón clara de por que no disfrutan como imaginan y una vía para acceder al disfrute sin limites a través de la otra raza.

 

Existen, por supuesto, múltiples versiones de la fantasía racista  en donde  diferentes identidades pueden figurar en las posiciones de la fantasía... Japonés-Coreano, Alemán-Judío, Hutu-Tutsi, Blanco-Negro, Colono-Indígena, Blanco-Latino y, tan relevante en la política contemporánea de Estados Unidos y Europa, Ciudadano-Inmigrante. Muchos inmigrantes son mujeres pobres con pequeños niños que no representan un obstáculo para el disfrute de nadie. Pero, visto desde mas cerca, la misma lógica se hace evidente. Los indocumentados emigran para escapar de una situación desesperada y están dispuestos a hacer grandes sacrificios para asegurar una vida mejor para ellos y sus hijos. Y precisamente esto es lo que preocupa a quienes se oponen a la inmigración que, según la fantasía racista, coloca al inmigrante en la posición de obstáculo para el disfrute. Según esta historia el inmigrante no solo realiza un trabajo que los ciudadanos no aceptarían, sino que lo hacen sin adherir a las normas que rigen el orden social. Aunque ser indocumentado trae solo desventajas, desde la perspectiva racista significa una clara ventaja al beneficiarse del orden social sin estar sujeto a sus leyes.

 

Si vemos el racismo como la oposición entre dos posiciones distintas, dice McGowan, no importa entonces si el racista es blanco y la victima es negra, si es japonés y la victima es coreana o si es Hutu y la victima Tutsi. La estructura prevalece sobre quienes ocupan los puestos dentro de ella. Por eso se puede ver la dinámica racista en acción cuando, incluso, no hay diferencia racial en absoluto, como en el genocidio de Ruanda. La fantasía prolifera por todas partes e incorpora todo tipo de identidades. Nadie es inmune a ella.

 

El racismo separa la modernidad de las sociedades pre modernas, que ciertamente no están tampoco exentas de discriminación. La diferencia, sin embargo, es que ellas discriminan por creencias y practicas religiosas o entre los miembros de la sociedad y los extranjeros. La modernidad, en cambio, a pesar de que representa una ruptura radical con las identidades tradicionales, discrimina principalmente a través de la invención del racismo. En la Edad Media europea, por ejemplo, la pertenencia a la sociedad se basaba en la identidad cristiana. La fantasía de la salvación era la fantasía dominante y el hereje o no creyente representaba el obstáculo o barrera para el disfrute pleno de la dicha eterna. Quienes no profesaban el cristianismo no pertenecían y se enfrentaban a la discriminación o, incluso, a la muerte. La fantasía cristiana alcanza su cenit brutal con la Inquisición. Con el surgimiento de la modernidad la religión deja de funcionar como el principal aglutinante social, siendo reemplazada por la raza que se transforma en su proyecto central dejando de lado la igualdad universal que era su ideal... ¿Por qué la modernidad traiciona este proyecto?

 

La idea de la igualdad universal desarraiga la base por la cual las personas se distinguen. Deja a los individuos sin las jerarquías tradicionales que sostienen la autoridad y los obliga a reconocer que en el fondo no tienen nada en lo que puedan confiar. La igualdad conduce a una libertad radical que es inherentemente traumatizante porque deja sin ningún apoyo psíquico o estructura que nos diga quienes somos y que debemos hacer. El racismo permite que la jerarquía persista al restaurar un sentido de autoridad en una época en que lo desarraiga. Reintroduce una jerarquía en la que quienes pertenecen saben que pertenecen porque saben que otros no.

 

Deshacerse de la mancha del racismo significa insistir en una humanidad única, una humanidad universal definida  por su alienación de toda identidad particular. El avance de la idea darwiniana de un único ancestro para toda la humanidad socaba la posibilidad de concebir diferentes razas como no relacionadas. La mayoría de los biólogos ya no se interesan por una jerarquía racial. El proyecto del genoma humano revela una homogeneidad fundamental entre lo que antes se consideraban razas diferentes. A pesar de esta evidencia ciertos biólogos insisten en utilizar la raza como base de sus investigaciones. Pero, en todo caso, cualquiera que sea la postura que se adopte, la biología nunca aportara una solución a la enorme inversión social en el racismo. El rechazo a la jerarquía racial justificada biológicamente ha tenido poco efecto en la magnitud del racismo en el mundo. Y esto es porque el racismo esta arraigado en el inconsciente, específicamente en la fantasía que continua adhiriéndose a la importancia de la diferencia racial. La desigualdad económica, por ejemplo, es inherente al sistema capitalista y es aquí donde la fantasía racista ofrece una explicación clara de por que no logro experimentar el disfrute que la mercancía  capitalista promete. La culpa no esta es el capitalismo, sino en el otro racial, quien me quita el trabajo gracias a la discriminación positiva, obtiene ayudas del gobierno gracias a mis impuestos o simplemente me roba a mis posibles parejas sexuales. Una vez que sucumbo a la tentación de la fantasía racista, tengo una figura para culpar.       

 

La lucha contra el racismo no puede basarse únicamente en una apelación al conocimiento. La aceptación publica del racismo ciertamente  ha disminuido. El poder inconsciente de la fantasía racista, sin embargo, no lo ha hecho.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, March 1, 2026

Esfera publica... ¿o no?

 

Hasta no hace mucho acostumbrábamos a ir al Café de nuestro barrio en donde conocimos a un montón de gente de aquí y de allá con los que conversábamos de esto y aquello. Un espacios público que, junto con otros, lentamente empiezan a desaparecer, lo que es una lastima. Si mal no recordamos fue el filosofo alemán Jurgen Habermas el que primero ve a las cafeterías, junto con los salones y sociedades literarias del siglo XVIII, como el lugar en donde originalmente se empieza a formar la esfera publica. Sitios políticos en donde impera una lógica igualitaria. Si bien viola esta promesa al excluir a muchas personas y darle mayor peso a las opiniones de ciertas voces privilegiadas, la esfera publica promete acceso universal  e igual peso a todas las ideas que en ella se expresan.

El ideal de la esfera publica, continua Habermas, tiene un efecto igualitario a pesar de no estar a la altura del estándar que se impone a si mismo. Al entrar en estos espacios se conserva la propia identidad privada, a la vez que se dirige hacia lo publico. Las personas privadas forman un publico al promover sus propias opiniones en un espacio donde, idealmente, todas las opiniones tienen el mismo peso. Y sin embargo, hay que reconocer que es un ámbito que hoy empieza a desaparecer en gran medida con el dominio del mercado capitalista.  

 

En “La Transformación Estructural de la Esfera Publica” Habermas dice que cuando las leyes del mercado, que son las que rigen la esfera del intercambio de mercancías y del trabajo social, impregnan la esfera reservada para la vida publica, el debate racional y critico tiende a ser reemplazado por el consumo. La lógica de la mercancía dispersa la esfera publica en actos individuales aislados que dejan de unir a las personas en un mundo basados en ideales igualitarios. La cultura burguesa es la que  

genero la esfera publica como espacio de disputa y debate y, paradójicamente, luego la destruye a medida que el alcance  de la mercantilización se extiende por todas partes dejándonos solo con las conversaciones vacías de las redes sociales.

 

Afirmar el derecho de lo publico sobre el de la comunidad exclusiva es fundamental para la creación de cualquier proyecto democrático. La sociedad capitalista constantemente pone en peligro este proyecto creando vastas extensiones de propiedad privada que amenazan con avasallar lo publico, confinándolo solo a parques, bibliotecas, carreteras, calles y reservas naturales. El espacio privado predomina por todas partes y el espacio publica que da cabida al debate y al intercambio político se restringe cada vez mas y mas al ser reemplazado por foros de participación política  privados. El problema de restringir el espacio publico es que empobrece la relación del individuo con el colectivo. La sombra de la privacidad aparece así como el estado normal de las cosas, en tanto que la apertura de lo publico se presenta como una excepción. La comunidad privada empieza a predominar sobre la comunidad publica. Lo que aquí  no estaría mal recodar es que la privacidad nos engaña al aislarnos de nuestra dependencia de lo ajeno. Considerarse un ser publico es confrontar lo que uno no es como parte integral de lo que uno es. Es ahí cuando uno descubre que la singularidad de la subjetividad depende de la base colectiva que la diversidad del ámbito publico proporciona.   

 

Según el historiador Yuval Harari algo profundo esta sucediendo en nuestra sociedad, algo que impulsa a los pensadores mas lucidos a buscar refugio lejos del ruido colectivo que llamamos civilización contemporánea. Por cierto esta no es la primera vez que presenciamos este fenómeno. Después de la caída del imperio romano, recuerda Harari, a medida que las estructuras sociales se derrumbaban y la barbarie parecía dominar las calles, muchos de los grandes pensadores se retiraron a monasterios y bibliotecas remotas. No para huir de la responsabilidad, sino para preservar la llama del conocimiento en tiempos de obscuridad intelectual. El filosofo estoico Seneca, por ejemplo, escribió sus obras mas profundas precisamente cuando se distancio de la política de Roma y Agustín hallo sus verdades mas elevadas cuando abandono la vida mundana y se dedico a la contemplación. Lo que hoy presenciamos es algo parecido, pero amplificado por la tecnología. Esta es una era en donde la información se ha vuelto parloteo constante y la reflexión profunda es reemplazada por reacciones instantáneas. Las redes sociales han creado un entorno donde el pensamiento superficial se recompensa con un “me gusta”, en tanto que las ideas complejas y los matices se ignoran o atacan. Es por esto que no es raro que las mentes mas despiertas empiecen a hacer lo que siempre han hecho en tiempos de crisis... aislarse para preservar su cordura y su capacidad de pensar con claridad. Pero, como dice Harari, hay una diferencia fundamental entre el aislamiento de los intelectuales del pasado  y los de hoy. Anteriormente este aislamiento era temporal y una pausa necesaria  antes de regresar  con una nueva perspectiva para contribuir socialmente. Hoy, en cambio, muchos de nuestros pensadores mas brillantes se están retirando permanentemente, no porque hayan elegido un camino de contemplación espiritual, sino porque se han dado cuenta de que nuestra sociedad se ha vuelto fundamentalmente hostil al pensamiento profundo y la sabiduría genuina. El Internet que se suponía un medio destinado a democratizar el conocimiento y elevar el nivel del discurso publico ha terminado haciendo lo contrario. Cualquier opinión, independientemente de su base fáctica o profundidad analítica, tiene el mismo peso que décadas de estudio y experiencia. Un simple tuit de una decena de palabras tiene mas impacto en la opinión publica que años de investigación académica. Los verdaderos expertos y pensadores ven que sus voces no solo son ignoradas, sino que a menudo son atacadas por turbas virtuales que confunden conocimiento con arrogancia y experiencia con elitismo. Como ya sabemos el algoritmo de las plataformas digitales, diseñadas para maximizar la interacción, favorece sistemáticamente el contenido que provoca reacciones emocionales inmediatas sobre el contenido que invita a la reflexión. Las declaraciones controvertidas y las simplificaciones burdas generan mas clics que el análisis cuidadoso. El resultado es que el espacio publico digital se convierte en un entorno donde la sabiduría no solo desaparece sino que se desalienta. Ante esta realidad intelectuales, artistas y científicos han tomado la decisión racional de retirarse. Participar en este circo digital, según Harari, no solo desperdicia su tiempo y energía sino que también compromete su integridad intelectual... ¿como mantener la profundidad de pensamiento necesaria para una visión genuina cuando se esta constantemente reaccionando a la actualidad, respondiendo a criticas desinformadas o intentando explicar ideas complejas en formatos diseñados para el puro entretenimiento?

 

Lo inquietante en todo esto, dice Harari, es que este retraimiento no es solo un problema individual. Es un fenómeno colectivo que esta privando a la sociedad de sus mentes mas valiosas precisamente cuando mas se necesitan. Justamente en tiempos de cambios tecnológicos acelerados, crisis ambientales y profundos cambios sociales, empezamos a perder a quienes mejor podrían ayudarnos a afrontar estos desafíos. Esos que podrían ofrecer perspectivas históricas, análisis sistemáticos y soluciones creativas.

 

La cosa es que todo esto es una paradoja rayana en lo trágico. Solo nota esto... cuando mas complejos se vuelven los problemas, se premian las respuestas sencillas. Cuando mas sofisticación necesitamos se celebra la simplicidad y cuando mas sabiduría requerimos, mas hostilidad encuentran quienes la poseen. Es como si estuviéramos creando las condiciones para nuestra propia ignorancia colectiva, algo así  como una especie de selección natural inversa en donde la curiosidad, la capacidad de reflexión profunda y la búsqueda de la verdad  que nos hicieron exitosos como especie están siendo sistemáticamente desalentados en favor de rasgos que promueven el consumo inmediato y la gratificación instantánea. Basta con mirar como en las ultimas décadas las universidades, que han sido los santuarios del libre pensamiento y la investigación rigurosa, se han convertido cada vez mas en fabricas de conformidad ideológica y formación profesional. La necesidad de financiación las obliga a adaptar la investigación a los intereses de corporaciones o gobiernos, lo que obliga a muchos de los investigadores mas talentosos a abandonar el mundo académico, no porque hayan perdido interés en el conocimiento, sino porque se han dado cuenta que las instituciones que se supone deben fomentar ese interés se han convertido en un obstáculo para su búsqueda. Cuando los sabios se retiran se llevan no solo sus descubrimientos y perspectivas, sino, mas importante, su capacidad de enseñar e inspirar a otros, porque la sabiduría, a diferencia de la información, no se puede transmitir simplemente mediante textos y videos. Lo que perdemos no es solo conocimiento sino la capacidad de generar conocimiento futuro. Su salida de la esfera publica deja un vacío que rápidamente se llena con voces menos calificadas que degradan la calidad del discurso publico, creando así un circulo vicioso donde la sabiduría se vuelve aun mas alienada e irrelevante.

 

¿Y no será esto lo que lo que ciertos grupos de poder desean? Una población informada y reflexiva es mas difícil de manipular que una multitud ignorante. Un ciudadano armado con un pensamiento critico es mas propenso a cuestionar las narrativas convenientes y menos controlable que quienes reaccionan instintivamente a las noticias  sensacionalistas. El aislamiento de los sabios, dice Harari, no es solo un fenómeno cultural emergente sino una característica del sistema que estamos construyendo...  es privilegiar el consumo sobre la contemplación, la reacción sobre la reflexión y la conformidad sobre la creatividad.

 

Así como vamos pareciera que la sabiduría de nuestra especie ha empezado a refugiarse en las sombras de la historia.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 3, 2025

El prestigio de los monstruos

 

Los monstruos fantásticos están por todas partes y en todos los tiempos. Híbridos grotescos, recombinación de animal y humano, mezcla de diferentes especies animales y metamorfosis humanas  que dan origen a formas espeluznantes, diabólicas y llenas de maldad hacia los humanos. Objetos malignamente peligrosos que despiertan el miedo primordial de ser comido. Presencias o apariciones horrorosas que hacen trizas todos los estándares del orden, la harmonía y la moral.  

 

Lo extraño es que estos seres bizarros, productos de la pura imaginación humana, que adquieren vida propia en  la mitología, el folklor, los rituales, al igual que en el arte, la literatura, el cine y la cultura popular han ejercido, a pesar de nuestra intensa repulsión y miedo, una tremenda fascinación desde las cuevas de Altamira hasta las fantasías celuloides de Hollywood.

 

Los monstruos en Europa son tan viejos como la misma humanidad. Durante el Paleolítico, cerca de 30 000 años atrás, formas monstruosas decoraron las paredes de las cuevas pre históricas de Francia y España, justo en el momento en que el Homo Sapiens reemplazaba al Neanderthal. Muchas de estas figuras tienen el cuerpo humano como base al que se le agregan apéndices de otros animales... humano con cabeza de serpiente, un ciervo con cabeza humana, un cuadrúpedo con un largo cuello que termina con la cabeza de un caballo, todas creaciones que señalan el nacimiento de un animal imaginativo. En las primeras civilizaciones del tiempo de los faraones los monstruos eran mas que incidentales. Dragones, hombres monos, serpientes marinas  y esfinges proliferaban salvajemente en la antigüedad clásica, símbolos primordiales que activamente  jugaron un papel, aunque negativo, en la formación del mundo. Su contrapartida es el héroe que surge simultáneamente con el nacimiento de los monstruos como la polaridad inseparable de un sistema unificado de valores e ideas. 

 

En el mundo clásico del Mediterráneo los monstruos y los humanos se mezclaban en forma bastante ambigua. El terrible Minotauro de Creta, una creatura maldita mezcla de hombre y toro, exigía el sacrificio de doncellas vírgenes para saciar su lujuria. Generalmente todos estos monstruos tenían dimensiones gigantescas  dotados con un poder físico sobrehumano.

 

Con el advenimiento del Cristianismo los teólogos trataron de reconciliar los monstruos de la imaginación con la moral divina. Según estos pensadores, obligados a acomodar el mal dentro del esquema divino, algo bien difícil de lograr, los monstruos fueron vistos como emisarios del Diablo enviados para combatir a Dios. Entre el Ciclope Polyphemus, del poema de Homero, y Grendel, en el poema Beowulf  de los comienzos del cristianismo, hay obviamente, después de mil años, un cambio de foco. Todavía los monstruos son figuras malévolas que se alimentan de carne humana, signo universal de la monstruosidad, pero con una diferencia. En ambas narrativas el héroe vence al monstruo. Ulises ciega  al Ciclope  y Grendel es muerto por Beowulf. Nada nuevo aquí. Lo que separa a un monstruo del otro, sin embargo, es que el primero es engendrado y protegido por Poseidón, Dios del mar, en tanto que el segundo proviene del infierno y es un enemigo de Dios, parte del condenado clan de Caín.

 

En siglo XIX, época de los descubrimientos científicos, los monstruos aparecen nuevamente en la literatura Gótica con el Frankenstein  de Mary Shelley y el Drácula de Bram Stoker. Hasta recientemente la creencia en monstruos continuo en Europa y  América. Hoy día los monstruos de Hollywood no necesitan introducción... King Kong, Godzilla y Alíen, por ejemplo, entre muchos otros. Y los pueblos aborígenas, al igual que en la tradición europea, también poseen sus propios monstruos... uno de los mas aterrorizantes en la población indígena de Canadá es Windigo, la verdadera encarnación del horror que acecha en la foresta hambriento de carne y sangre humana.

 

Y así los monstruos aparecen en los rincones obscuros  del mundo y en el abismo del tiempo... ¿Qué nos dicen todas estas figuras de horror acerca de nuestra mente? ¿y que tienen todas ellas en común?

 

Uno de los primeros atributos físicos que sobresale es la dimensión gigantesca que poseen. Según los psicólogos esta deformación espacial es la herencia del tiempo en que éramos pequeñísimos comparados con otros, especialmente nuestros padres que parecían tocar el cielo. Las emociones de pavor y admiración frente al monstruo, dice el siquiatra Percy Cohen, son residuos del tiempo en que experimentábamos sentimientos ambivalentes de miedo y reverencia frente a la abrumadora y omnipotente dimensión de los gigantes que nos rodeaban. Junto a la inmensidad física encontramos  también el énfasis en la colosal boca como órgano de destrucción y depredación que rasga y tritura el cuerpo humano para ser devorado, motivo que se encuentra en el folklor y la tradición de todo el mundo. El sicoanálisis distingue la agresividad oral como primera etapa en el desarrollo sicosexual que va acompañada de fantasías canibalisticas. El deseo de rasgar, triturar y tragar, dice Freud, es el foco primario del  impulso agresivo que continua por el resto de nuestra vida. El hombre-lobo, el dragón que escupe fuego y todos los otros monstruos diabólicos que se alimentan de los humanos, nota el escritor David Gilmore, son el símbolo primordial y multivalente de la psique humana que combina toda la serie de conflictos que comprende el inconsciente. Digamos, un remanente mental de nuestra propia etapa primordial.

 

Pero...  ¿no seria posible también que este terror de ser comido provenga, no de nuestra experiencia individual, sino de la memoria colectiva de nuestra propia infancia como especie, de la espeluznante experiencia del encuentro con animales depredadores? Como los fósiles indican, estos animales de rapiña tenían dimensiones gigantescos, enemigos formidables que nadie quisiera tener.

 

En todo caso, cualquiera sea su simbolismo, el monstruo, en ultima instancia, es una metáfora de la regresión en el tiempo a etapas previas. El retorno al cerebelo reptiliano primitivo, a la etapa instintiva del animal humano. La vuelta a la infancia de la vida, a los procesos de pensamiento primario  previos al desarrollo sicológico humano. Y, como nota Gilmore, también regresivos en un sentido mítico religioso, anteriores a los dioses y diosas. Lo que esto sugiere es la idea de que cada ser humano, en todos los tiempos y en todas partes, lleva dentro de si mismo el pasado primitivo de la especie como un conjunto de fantasías imperecederas.

 

Tal vez, uno de los aspectos mas intrigantes es el hecho de que en cualquier cultura los monstruos son una extraña combinación de piezas que re ensamblan la realidad... humanos con características animales, mezclas de tejidos vivos y muertos, amalgama de partes discordantes de una variedad de organismos, como en las quimeras griegas, o la combinación de reinos ontológicos como la hidra y el manticore, una bestia mítica con el cuerpo de león, el rostro de un hombre y el aguijón  de un escorpión... ¿no es esto un desafío a los fundamentos mismos de nuestro mundo?  Pareciera, como dicen algunos, que la mente necesita monstruos para despertarla a  posibilidades desconocida. Que la deformación perceptual involucrada en la creación de monstruos tiene un propósito mental positivo, aparte de la obvia función terapéutica de externalizar nuestros instintos y miedos. En este sentido los monstruos parecieran funcionan como los sueños... algo necesario para el normal funcionamiento mental. Al igual que los sueños el cuerpo del monstruo combina la realidad cuotidiana con poderosas represiones provenientes de experiencias pasadas inconscientes. Y al igual que los sueños los monstruos son vistos fugazmente para luego volver a la obscuridad.

 

¿No hay algo paradójica en estas imágenes que al mismo tiempo de ser aterrorizantes  son cognitivamente útiles, no solo como válvulas para el escape de las emociones reprimidas, sino también como estimulo para la imaginación? Según los antropólogos Turner y Douglas los monstruos son nuestros guías, nuestra entrada al mundo misterioso que yace fuera y dentro de nosotros. Como lo desconocido en si mismo, ellos  aterrorizan y, a la vez, contribuyen al desarrollo y crecimiento de la imaginación. Como tales son indispensables para tratar con los desafíos de la vida. Para el sicólogo de la infancia Jean Piaget esta operación mental sin restricciones de crear monstruos provee un espacio de juego imaginario en el que la gente joven puede experimentar con imágenes e ideas revolucionarias o, como dice Erik Erikson, un medio para infundir la realidad con un nuevo potencial imaginativo. Y Bruno Bettelheim cree que esta forma de creación y juego mental  le permite al niño darle a sus ansiedades una forma tangible de la que luego pueda distanciarse y derrotar. Este proceso proyectivo continua en la adultez, no solo en los sueños y las fantasías, sino también en los ritos comunales. En breve, el monstruo trae los miedos primitivos a la luz del día al darles formas visibles y mortales a las creaturas de la imaginación.

 

La mezcla de animal y humano, como en el hombre lobo, el vampiro, el minotauro o las arpías, entre tantos otros, señala la profunda ambivalencia del terror y la fascinación con la bestia interna, del impulso a negarla y reconocerla. No importa cuan espirituales y celestiales pensemos que somos, el hecho evidente es que somos miembros del reino animal  y como tales herederos de sus instintos violentos. Como cualquier otro animal retenemos el lado atavistico del cerebelo. Para lidiar con la dualidad de nuestros impulsos asesinos y al mismo tiempo compasionados, dice Gilmore, creamos dioses con el lado bueno que llevamos dentro de nosotros y monstruos con el lado malo. El problema es que nunca logramos purificarlos y siempre terminamos contaminando uno con el otro.     

 

Al final, con lo que nos quedamos, es con la idea de que los monstruos son completamente humanos. Su malicia y destructividad  no son características animales, sino humanas. Como ninguna otra metáfora el monstruo muestra la totalidad de la psique en toda su grotesquidad, contradicción, caprichosidad  y dinamismo. Es la  fusión de los opuestos, la subversión de las reglas, el derrocamiento de las barreras cognitivas, las distinciones morales y las categorías ontológicas. Un símbolo universal poderoso que despierta una eterna fascinación compulsiva.

 

No hay una frontera fija entre los monstruos y los humanos, no hay una clara división entre ellos y nosotros, entre bestialidad y civilización. Cuando miramos en la profundidad del pasado, el pasado nos mira de vuelta.

 

Nieves y Miro Fuenzalida


Sunday, March 2, 2025

El toque inesperado

 

La larga y oscura sombra de la desgracia tarde o temprano nos cubre. Todos encaramos la perdida y el sufrimiento inevitable de una u otra manera. Y cuando llega el momento... ¿como lo soportamos? ¿como lo integramos en nuestra vida? ¿como podemos seguir viviendo? La incertidumbre de lo que pueda pasar es algo que no podemos evitar y a primera vista, a pesar de lo obvio, la fuente de mayor vulnerabilidad es la perdida de la vida. Lo ignoremos o no, sigue siendo la piedra angular de nuestra vida. La idea de no estar aquí es, en mayor o menor medida, la que genera la angustia. Y esto simplemente porque, en ultima instancia, no somos creaturas del momento sino seres para quienes el futuro importa ya que los compromisos mas importantes de nuestra existencia son proyectos que orientan y le dan sentido a nuestras acciones. La muerte corta nuestra relación con quienes llenan nuestra vida y aniquila los proyectos que la definen. Y es la consciencia de esta vulnerabilidad la que nunca nos abandona... ¿como, entonces, copamos con el acecho de esta larga y siniestra sombra?      

 

Los sabios de la antigüedad han ofrecido guías que supuestamente nos hacen invulnerables al dolor y la tragedia de la vida.

 

En la visión budista, por ejemplo, todo cambia, se disuelve y se convierte en otra cosa. No hay permanencia, solo su apariencia y lo único que existe es el constante  flujo cósmico. Las cosas que nos rodean, como la mesa y la silla en la que ahora me siento, pueden  a primera vista aparecer como una realidad permanente. Pero una mirada mas cuidadosa revela algo bien diferente. La mesa y la silla no siempre existieron. Antes de ellas había madera y antes de eso había tierra y nutrientes. Además no siempre estarán aquí. Con el tiempo se romperán y se convertirán en otra cosa. Lo que llamamos mesa y silla es solo un momento en un proceso mas grande de cambio. Y esta es la verdad de todas las cosas. Y lo inquietante es que lo que vale para ellas también vale para nosotros. No siempre hemos estado aquí y no siempre estaremos. Somos como la onda en el mar. Mientras la ola se levanta, parezco tener una existencia independiente. Sin embargo, soy solo un movimiento del mar y mi muerte no es nada mas que un choque de agua contra el agua del mar. Mi verdad es que soy del mar y como ola parezco independiente de el solo por un momento. En ultima  instancia lo que existe es solo el devenir, lo que el budismo llama Uno o el Vacío, del cual somos parte. Cuando fallamos en ver el Vacío, creemos ser seres independientes, algo que existe fuera del flujo que es el Uno y nos apegamos a cosas que en realidad son solo momentos pasajeros y es su desaparición lo que nos lleva al sufrimiento y desesperación. Si sufrimos es porque anhelamos. Si acabamos con el anhelo y apego a las cosas acabaremos con el sufrimiento. Quien mantiene la doctrina de la vacuidad no se siente atraído por las cosas de este mundo porque ellas no tienen base e, incluso, la muerte no le molesta ya que es solo parte del proceso del Ser, del Uno o del Vacío. El Nirvana define el momento en que logramos la invulnerabilidad al sufrimiento y la vía para lograrlo es la meditación. Y, al igual que el budismo, el Taoismo proclama que todas las criaturas surgen de misteriosos procesos del universo para luego volver a ellos. Todo lo que hay son manifestaciones temporales que salen y retornan a lo que les dan origen y este proceso es el Dao, o El Camino, que de alguna manera da origen a todo lo que existe. En una versión mas contemporánea podemos pensar en el Dao en términos del medio ambiente. Nazco y tengo mi existencia en esta Tierra. Finalmente moriré y regresare a la Tierra. De una u otra forma desapareceré y me convertiré en parte del proceso de cambio que caracteriza nuestro planeta. Y este es el Dao y su comprensión nos permite aceptar el universo como el proceso que es. Le decimos que si a todo sin perseguir las ilusiones de permanencia que las trampas ideológicas nos llevan a creer. Cuando desconectamos nuestros engranajes emocionales de los engranajes del mundo pasamos finalmente del sufrimiento a un lugar de imperturbabilidad.

 

Cuando Anaxágoras se entero de la muerte de su hijo reacciono diciendo que “siempre supe que mi hijo era un mortal”. Una imagen que resume lo que creemos que es el Estoicismo. Aunque esta creencia es coherente con el estoicismo, la resignación frente a un cosmos indiferente, o incluso cruel, es errónea. Para los estoicos el universo es completamente racional. Nada sucede que no pueda suceder. La reacción de Anaxágoras, lejos de ser un ejemplo de resignación, fue un modelo de aceptación e incluso de afirmación de un universo racional. Una idea que para nosotros es, en el mejor de los casos, ajena. No hay nada racional en donde reina el mal, ya sea natural o humano. Hay por todos lados tragedias, accidentes, injusticias, guerras, explotaciones y crueldades sin sentido. Creer en un universo racional a esta altura de la historia se nos aparece como un acto de ignorancia en lugar de una sabiduría filosófica. El estoicismo, sin embargo, aborda este problema desde otro ángulo. En lugar de enfocarse en el mal, se dirige al problema de la vida... ¿como podemos vivir en un mundo de dolor y sufrimiento? Si el universo es racional, entonces no nos pondrá ante tareas que no podamos superar para vivir una buena vida. Y si es así... ¿como podemos vivirla?  O mejor aun... ¿qué podemos controlar? Hay una infinidad de cosas que no podemos controlar. Pero lo que si podemos controlar es nuestra relación con el mundo. Y la buena vida consiste solo en las cosas en las que tenemos dominio y aceptar lo que sucede mas allá de nuestra voluntad. Como dice Epictetus... “no busques que las cosas que suceden sucedan como deseas. Desea mas bien que las cosas que suceden sean como son y tendrás un tranquilo fluir de vida”. Y según Marcos... “todos morimos y somos olvidados. Así es como funciona el universo. Su racionalidad debería alejarnos de la resistencia a la muerte”. La tranquilidad estoica, entonces, es un logro que consiste en abandonar el deseo de que las cosas sean de cierta manera y aceptarlas tal como son. Y esta es la apuesta filosófica de los estoicos.

 

Pero la vida, por ultimo, a pesar de los estoicos, es la búsqueda del placer... ¿cierto? Si pensamos en Epicuro ciertamente así es. No hay nadie que de alguna manera no busque el placer, aunque, según Epicuro, no cualquiera. Solo ese que nos trae serenidad, libre de preocupaciones e inquietudes innecesarias. Podríamos decir ese que nos trae la alegría de vivir en este momento particular y que requiere muy poco para ser experimentado. Es el disfrute del acto mismo de vivir. Todo placer es bueno, pero no significa que todos los placeres deben perseguirse, especialmente aquellos que terminan en frustración. Solo busquemos los que valen la pena de perseguir, solo aquellos deseos que son necesarios y surgen del grito de la carne... “no tener hambre, no tener sed, no tener frio. Porque si alguien tiene estas cosas y confía en tenerlas en el futuro, podría contender incluso con Zeus por la felicidad”. Pero... ¿qué pasa con la muerte? ¿no es ella la que pone fin a nuestros placeres? La muerte no debería ser una preocupación. “Acostumbra a creer que la muerte no es nada para nosotros. Somos criaturas de sensaciones y cuando morimos perdemos toda sensación. Por tanto no tenemos nada que temer en la muerte. No habrá nadie ahí que sienta placer o dolor. Cuando existimos la muerte aun no esta presente y cuando la muerte esta presente, no existimos”. Por tanto no hay nada que temer. La muerte no puede ser una perdida para la persona que muere, ya que esa persona ya no esta allí.

 

Hay algo tremendamente atractivo en todas estas visiones filosóficas, especialmente en el epicureísmo... ¿quién no va a querer tener una vida llena de serenidad y felicidad, invulnerable al terror de la muerte? Y, sin embargo, las cosas son bien diferentes cuando llega el momento. Como dice el filosofo Todd May, el invulnerabilismo es en ultima instancia demasiado desvinculado emocionalmente del mundo como para que cualquiera de ellos sea una visión filosófica que pueda guiar nuestras vidas. Personalmente es preferible una existencia menos serena en lugar de adoptar una vida invulnerable. Si miramos el mundo vemos que esta lleno de injusticias y ninguna de estas doctrinas ofrecen una guía de cómo enfrentarlas. El mensaje pareciera ser... “No te preocupes acerca del mundo, preocúpate solo acerca de ti mismo”. E incluso aquí es problemático, especialmente en relación a la muerte. Y mas importante, de la muerte de quien es parte y sentido de nuestras vidas... ¿Por qué, entonces, tendríamos que negar la pena y la tristeza que nos deja? Podemos recuperarnos, pero en el fondo no hay sustituibilidad aquí. Llegar a ser invulnerable es un proyecto. Y de hecho puede ser de ayuda en Asuntos Pequeños, cuestiones que no tienen grandes consecuencias. Pero no todos los asuntos son pequeños. Hay Asuntos Grandes frente a los cuales es difícil, sino imposible, mantener nuestra tranquilidad y, tal vez, ni siquiera queremos hacerlo. La vulnerabilidad es nuestro estado natural. Eventualmente vamos a tener que sufrir fracasos, perdidas, enfermedades, depresiones y ansiedades. Frente a todo esto... ¿querríamos ser personas que no se lamentan por perdidas importantes? Sufrir en el caso de Asuntos Grandes es una expresión no solo de quienes somos, sino de lo que queremos ser. Es el precio que pagamos por importarnos la vida y el bienestar de quienes amamos. Algo bien diferente de la serena compasión budista que mantiene un desapego emocional. Y la aceptación estoica tiene sus limites. Es una tregua con el mundo que el mundo a veces rompe. La contingencia de las cosas y la tristeza que la acompaña es parte ineludible de nuestra vida. Si hay algo que permite continuar en esos momentos es que, con suerte, hay alguien con quien compartir la experiencia.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, February 16, 2025

La catástrofe del amor


Simone de Beauvoir, en el Segundo Sexo, describe como, después de tener relaciones sexuales, el hombre siente que el cuerpo de la mujer esta plano y flácido y la mujer siente, en paralelo, que el cuerpo del hombre es generalmente poco atractivo, por no decir ligeramente ridículo. Algo que con cierta frecuencia la farsa teatral usa para hacernos reír... ¿pero, es eso a lo que por ultimo queda reducida la relación sexual?

 

En el momento en que todos hablaban de relaciones sexuales, Jacques Lacan respondió diciendo que realmente no existe tal cosa. En el sexo, cada individuo esta en gran medida solo. Naturalmente, el cuerpo del otro tiene que ser mediado, pero al final, el placer siempre será tu placer. El sexo separa, no une. El abrazo sexual es una representación imaginaria. Lo que es real es el placer que te aleja del otro. Lo real es narcisismo, lo que une es imaginario. Por tanto no hay relación sexual. Pero agrega... si no hay relación sexual en la sexualidad, el amor es lo que llena la ausencia de relación sexual.

 

No hay que confundir esto, sin embargo, con quienes proclaman que el amor es solo un disfraz de las relaciones sexuales, un lienzo imaginario pintado sobre la realidad del sexo. El amor, si precisamos las cosas, es solo el camuflaje del deseo, algo que la imaginación construye para dar un barniz al deseo sexual. Este es realmente lo único que existe. Por tanto olvídate de todo eso y simplemente hazlo. Para Lacan, por el contrario, el amor es el intento de acercarse al ser del otro. En el amor el individuo va mas allá de si mismo, mas allá del narcicismo. En el sexo, uno esta en relación consigo mismo a través de la mediación del otro. El otro le ayuda a descubrir la realidad del placer. En el amor la mediación del otro es suficiente en si misma. Tal es la naturaleza del encuentro amoroso. Uno va a tomar al otro, a hacerlo existir uno, tal como es. El amor no puede ser, y de hecho no es, un mero manto para el deseo sexual o una estrategia química sofisticada para asegurar la supervivencia de la especie que, por ultimo, no vale la pena que exista, como decía Schopenhauer. 

 

A primera vista, entonces, pareciera ser que el amor es lo que la imaginación emplea para llenar el vacío creado por el sexo. El sexo por esplendido que sea, y ciertamente lo es, termina en un cierto vacío. De ahí que requiera de una constante repetición. Hay que empezar una y otra vez. Pero luego el amor descubre de que algo existe en ese vacío, de que los amantes están unidos por algo mas aparte de esa relación que no existe. El deseo, primero, se centra en el otro, de una manera un tanto fetichista, en objetos particulares del cuerpo de la pareja. El amor, en cambio, se centra en el ser mismo del otro, en el otro tal como ha irrumpido en nuestra vida. Una irrupción que completamente trastoca nuestra existencia. Y por eso no es extraño que Zizek diga que el amor es una catástrofe, una enfermedad loca que arruina la vida, pero que en algún sentido descubre el verdadero ser que hace que la vida valga la pena de ser vivida. Es la clásica imagen de Eros disparando la flecha de Cupido que, cuando uno menos lo espera, cuando uno va tranquilamente viviendo la vida día a día, el disparo del amor llega  justo en medio del corazón. La idea aquí es que uno no encuentra el amor sino que el amor nos encuentra de súbito, cuando uno no siente su necesidad. Y es por eso que aparece como un  desastre porque de pronto rompe y trastoca completamente el equilibrio de nuestra vida. Cuando uno esta enamorado las cosas que solían dar alegría ahora dejan de tener el mismo atractivo porque la atención esta constantemente dirigida hacia esa otra persona. Es algo así como pasar de estar bien a no estar bien, a menos que uno este con esa persona. Es lo que comúnmente llamamos infatuación o amor ciego, que todavía no entra necesariamente en el ámbito del amor. La diferencia es que la infatuación es relativamente segura, no tienes que actuar sobre ella, algo que permite mantener el amor alejado, como cuando, por ejemplo, alguien se enamora de una celebridad o de una persona que mantiene a distancia. Aquí uno puede disfrutar la idea del amor sin tener necesariamente que actuar sobre el y correr la posibilidad de ser rechazado. El amor, en cambio, es lo que interrumpe la unidad y seguridad de la infatuación al revolucionar fundamentalmente la manera en que uno  estructura la vida interior. Llevábamos, por ejemplo, una vida en la que las coordinadas que nos guiaban nos aparecían claramente, sabíamos lo que teníamos que hacer, sabíamos que era lo correcto y que no lo era y sabíamos como gobernarnos. Y de pronto esta revolución interna coloca todo de patas arriba y empezamos a vivir entre ese nebuloso estado en el que ya no somos y aun no sabemos que vamos a ser.

 

 Es en este sentido en el que el amor es un desastre, pero un bello desastre que abre la puerta hacia un mundo diferente. Un mundo que se vive desde el punto de vista de dos y no de uno. Como dice Badiou, un mundo que se vive, se desarrolla y se siente desde el punto de vista de la diferencia y no de la identidad. Un proyecto que incluye no solo el sexo, pero mil cosas mas. Digamos, la construcción de un mundo desde un punto de vista descentrado y distinto al de mi mero impulso de sobrevivir o reafirmar mi propia identidad. Dos figuras, dos posturas interpretativas diferentes que inicialmente separa y disloca. El amor siempre implica Dos, escena que interrumpe lo Mismo a favor de lo Otro. Y esta es una riesgosa y nueva manera de experimentar y ver la vida. En la concepción romántica del amor, el amor se enciende, consuma y consume simultáneamente en el encuentro, en ese momento mágico que se siente como si estuviéramos fuera del mundo tal como realmente es. Algo así  como un milagro o intensidad existencial que nos saca de nuestro lugar. Cuando las cosas suceden de esta manera, sin embargo, no estamos presenciando la “escena de Dos”, sino la “escena de Uno”. Una interpretación artísticamente hermosa, pero que existencialmente es bien deficiente. Un mito artístico poderoso, ciertamente, pero no una genuina filosofía del amor. No podemos reducir este solo al encuentro y relación introspectiva de dos personas porque el amor es  una construcción a través del tiempo. Después de todo el amor ocurre en el mundo. Lo notable no es el éxtasis del comienzo, por muy maravilloso que sea, sino su tenacidad. Renunciar ante el primer obstáculo, el primer desacuerdo serio, la primera pelea es solo distorsionar el amor. La experiencia amorosa verdadera es la que triunfa duraderamente, a veces dolorosa y trágicamente, sobre los obstáculos erigidos por el tiempo. De lo que surgió como una mera casualidad se extrae algo que perdura y persiste. En breve, un compromiso, una fidelidad, algo que el filosofo francés André Gorz, editor de “Les Temps Modernes”, resume maravillosamente en la carta a su esposa Dorine... “Pronto tendrás ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, pesas solo cuarenta y cinco kilos y, sin embargo, estas bella, graciosa y deseable como siempre. Ya llevamos cincuenta y ocho años viviendo juntos y te amo mas que nunca. En el hueco de mi pecho puedo sentir de nuevo ese vacío devastador que solo puede ser llenado por el calor de tu cuerpo contra el mío”. Frente a esto las historias románticas guardan silencio.

 

Pero, después de todo... ¿no será que esta experiencia radical que la tradición histórica reconoce esta amenazada o, incluso, muerta, en un mundo en donde prevalece el individualismo egoísta narcisista y los valores del mercado? Esto es lo que justamente el filosofo coreano Byung-Chul Han teme. Hoy día, dice, el amor se esta convirtiendo en sexualidad y, por la misma razón, se lo esta sometiendo a un mandamiento de actuación. El sexo significa logro y rendimiento. Y la sensualidad representa un capital que se debe incrementar. El cuerpo, con su valor de exhibición, se ha convertido en una mercancía. Y cuando el Otro se percibe como un objeto sexual, la “distancia primordial” se erosiona. El Otro como objeto sexual ya no es un “Tu”. Es imposible tener una relación con el y la habilidad de experimentar al Otro en términos de su alteridad se pierde. El amor, en estas circunstancias, se convierte entonces solo en una formula para el disfrute y la generación de sentimientos placenteros. Ya no representa una trama, una narración o un drama, sino solo una emoción y una excitación intrascendente, incompatible con el alejamiento y la demora del Otro.

 

El filosofo humanista y sacerdote católico Marsilio Ficino, durante el Renacimiento italiano expreso que el amor es la “enfermedad erótica mas grave de todas”, un cambio que “quita al hombre lo que es suyo y lo transforma en la naturaleza de otro”. Bueno, don Marsilio, en realidad  hoy no tenemos que preocuparnos mucho de eso. Gracias a los sitios de citas Meetic se puede conseguir “El amor sin azar” o, mejor aun, “El amor perfecto sin sufrir”. Nada de éxtasis, solo “Enamórate sin enamorarte”. Y los consejeros y entrenadores del amor ofrecen test de compatibilidad para evitar todo tipo de peligros. La elección de la pareja cuidadosamente buscada en el Internet con una foto, detalles de sus gustos, fecha de nacimiento y signo del horóscopo, toda una mezcla que ofrece una opción sin riesgo.

 

La herida y transformación que constituyen la negatividad del amor, hoy, a través de su creciente positivización y domesticación, esta desapareciendo por completo y en su lugar solo se busca la confirmación de si mismo en el Otro.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, December 22, 2024

El loto y la ciencia

 

En el Manifiesto Comunista Marx expreso que... “Todo lo que es solido se disuelve en el aire...” imagen que evoca  una era capitalista en donde las costumbres, practicas, tradiciones e instituciones en las que la gente había confiado dejan de existir o permanecen solo como parodias monetizadas de si mismas. Esta disolución que Marx vio en su época, sin embargo, va mucho mas allá de lo meramente social y alcanza el centro mismo de la materia de la que todo depende.

 

El pensamiento budista, ese que los intelectuales occidentales nunca han considerado seriamente, hace ya mas de dos milenios, mucho antes que la física quántica, afirmaba que el vacío es la naturaleza ultima de todas las cosas. Todos los fenómenos del mundo y todo lo que vemos a nuestro alrededor carece de existencia permanente, intrínseca o autónoma. Un vacío que no debemos confundir con  la nada  que es solo un concepto definido en relación a la existencia. No tiene en si misma la mas mínima realidad. Si algo aparece es porque el potencial para manifestarse ya estaba eternamente  presente. Y si ya estaba presente el problema de la creación deja de ser tal al eliminar la idea de origen.

 

En el corazón del budismo yace la idea de la interdependencia, similar al concepto de inseparabilidad en física quántica, que cuestiona el sentido común que nos hace pensar que las cosas tienen un significado real, una independencia objetiva y una identidad intrínseca. Una mirada analítica mas cercana, sin embargo, nos indica que esta manera de ver los fenómenos es una construcción mental. Las cosas no existen por si mismas sino en relación con otras. Un evento solo puede ocurrir porque depende de otros eventos o, como ellos dicen, debido a una codeterminación o causalidad mutua. El mundo es un vasto flujo de eventos vinculados entre si en donde cada uno de ellos se refleja en los otros. Toda la realidad, podríamos decir, esta presente en cada una de sus partes. Hoy día no es raro, por ejemplo, que respiremos núcleos atómicos del incendio de 1666 que desbasto la ciudad de Londres o algunas de las moléculas del ultimo suspiro de Sócrates. Cuando un organismo vivo muere y se desintegra sus átomos se liberan de nuevo al medio ambiente y se integran en otros organismos. Nuestros cuerpos contienen alrededor de mil millones de átomos que alguna vez pudieron pertenecer a los dinosaurios que poblaron el planeta 248 millones de años atrás o a los bosque que una vez existieron en la Isla de Pascuas. Comprender la interdependencia es comprender el vacío, que no significa que las cosas no puedan funcionar, sino que que carecen de una realidad absoluta. La ultima naturaleza de los fenómenos, como dice el Dalai Lama, es la unión de apariencia y vacío.

 

Si esta manera de considerar el vacío como la ultima realidad fundamental nos parece extraña, no lo es tanto para la física cuántica. Desde la Grecia antigua el concepto de átomo ha sido una de las piedras angulares de la ciencia. Si una catástrofe hiciera desaparecer el conocimiento científico, el único concepto que debiéramos preservar, dice el científico Richard Feynman, es el de que “todas las cosas están hechas de átomos, pequeñas partículas en perpetuo movimiento”, idea que se remonta al siglo VI a.C. cuando Leucipo y Demócrito introdujeron la noción de que toda la materia esta compuesta de partículas eternas e indivisibles, idea que, después de un largo paréntesis debido a su reemplazo aristotélico con la teoría de los cuatro elementos... tierra, aire, fuego y agua... vuelve a  resurgir en 1869 cuando el químico ruso Dmitri Mendeleyev organizo los elementos según su peso atómico en lo que hoy llamamos tabla periódica basada en la convicción de que cada elemento químico consta de solo un tipo especifico de átomos. Y muy luego, la historia le dio la razón.

 

Y esta idea, la de que la materia consiste de átomos contiguos, esta en acuerdo con la física moderna y, por extraño que parezca, con la idea del vacío del budismo. Ahora sabemos que los átomos son, casi completamente, puro vacío. El núcleo representa el 99.9 por ciento de la energía de un átomo, pero su masa ocupa solo una milésima de una billonésima parte de su volumen. Ocupa el mismo espacio que un grano de arroz en un estadio de futbol. El resto esta ocupado por una nube de electrones. Si la materia nos parece continua es porque nuestros ojos no pueden ver el nivel atómico. Todo lo que nos rodea, la mesa, la silla y las paredes, por ejemplo, está compuesto casi completamente por el vacío. La única razón de que no podemos atravesar las paredes es porque los átomos están unidos por la fuerza electro magnética. 

 

Esta teoría atómica no refuta la idea budista del vacío como ultima realidad aunque, por ahora,  la teoría estándar sostiene que los quarts son las ultimas partículas indivisibles a nivel atómico porque explican exitosamente las propiedades de los cientos de partículas conocidas. Si así fuera, si realmente fueran las ultimas partículas indivisibles, tendríamos nuevamente una visión cosificada de las partículas, lo que no es del todo claro porque ellas solo viven una minúscula fracción de segundos, no aparecen en la materia que nos rodea y nacen durante las colisiones entre partículas en aceleradores. Y, para peor, no sabemos si realmente existen o son solo entidades teoréticas. Nunca hemos visto uno y de acuerdo a los experimentos no existen independientemente. Sin embargo, a pesar de ello, algunos físicos piensan que ciertas partículas serian eternas si se las dejara a su suerte, si no fueran bombardeadas por otras partículas. De los cientos de partículas conocidas solo unas pocas serian inmortales, como el electrón, el fotón y el neutrino, mientras permanezcan encerradas dentro del núcleo. Si no fuera así nuestros cuerpos se desintegrarían en un cuarto de hora. Cierto. Pero esto no significa que no cambien. Cuando un fotón solar inter actúa con la materia, digamos cuando un rayo de sol alumbra esta mesa, pierde parte de su energía que se convierte en calor. Su naturaleza ha cambiado e, incluso, hasta puede perder toda su energía y desaparecer. Aquí topamos con el limite de la inmortalidad. Todo, incluyendo las partículas, es contingente y, tarde o tempano, todo desaparece de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica que establece que el universo tiende, con el tiempo, a la desintegración o desorden.

 

No diferente de la idea budista de impermanencia sutil. Sin cambio las cosas quedarían atrapadas en su forma actual y nada podría pasar. La causa de su destrucción para el budismo radica en su nacimiento mismo lo que descarta cualquier posibilidad de una ultima piedra fundamental o de una primera causa que posea una permanencia absoluta, sea Dios, una partícula elemental o, incluso, “las supercuerdas”, de las que hoy se habla, que prácticamente no tienen posibilidades de ser comprobadas experimentalmente. En su lugar lo que tenemos es una causalidad mutua  o co-emergencia, como dice el budismo,  similar al concepto de inseparabilidad en física cuántica. El mundo, en verdad, es un vasto flujo de eventos vinculados y condicionados entre si y la creencia de que las cosas preceden a sus relaciones es una mera ilusión. La forma de ser de los fenómenos es simplemente en relación de unos con otros, nunca en si mismos y es esta interdependencia la que actualmente permite que la realidad aparezca.    

 

La ciencia también  ha venido rebelando esta interdependencia, tanto a nivel macro cósmico como sub atómico. En 1998 Nicolás Gisin y sus colegas produjeron un par de fotones. Uno fue enviado a través de un cable de fibra óptica hacia el norte y el otro hacia el sur a seis millas de distancia. Una vez al final del cable eligieron  al azar una ruta corta o una larga la mitad de las veces y, curiosamente, ambos partículas  eligieron siempre la misma ruta... ¿como una “sabe”  instantáneamente lo que la otra esta haciendo, sin trasmisión de información, según el reloj atómico? Este es un problema si pensamos que la realidad esta fragmentada y localizada en cada fotón. El problema desaparece si admitimos que una y otra son parte de una realidad inseparable y no necesitan enviar ninguna señal porque constantemente permanecen en contacto. Otro fascinante experimento de física que muestra la interdependencia a nivel cósmico es el péndulo de Foucault. El físico francés Leon Foucault en 1851 colgó un péndulo del techo del Panteón de Paris. Una vez en movimiento el péndulo siempre cambiaba gradualmente de posición a medida que pasaba el tiempo. Si se colocaba de norte a sur, después de unas horas, oscilaba de este a oeste y en veinte cuatro horas daba un giro completo. Según Foucault, esto muestra que el movimiento es ilusorio. El péndulo siempre oscila en la misma dirección. Es la Tierra la que gira. La respuesta, sin embargo, fue incompleta. El movimiento absoluto no existe. Un movimiento solo puede ser descrito en comparación con un punto de referencia fijo. Si encontramos una estrella inmóvil entonces el péndulo orientado en su dirección siempre oscilara hacia ella. Si se mueve, entonces se alejara lentamente de la oscilación del péndulo. Comparada con el Sol, la galaxia Andrómeda, situada a 2 millones de años luz, se mueve mas lentamente, lo que indica que a mayor distancia el desplazamiento tiende a cero. Solo las galaxias mas distantes, situadas al borde del universo, a miles de millones de años luz, no se alejan desde el plano inicial de oscilación del péndulo. La conclusión es extraordinaria. El comportamiento del péndulo y lo que ocurre en la Tierra, no se basa en su entorno local, sino en las condiciones de las galaxias mas distantes o, en verdad, en todo el universo, lo que prueba la existencia de una cadena causal sin comienzo ni fin, que la teoría del Big Bang parece confirmar. El universo, según la teoría, nació del vacío cuántico o campo Higgs que no es un vacío tranquilo y pacifico, sino uno lleno de campos de energía, de fluctuaciones cuánticas, que pueden describirse como ondas de diferente índole. Un vacío lleno de partículas virtuales que al azar saltan a la existencia por una fracción de tiempo al tomar energía del vacío que devuelven inmediatamente al desaparecer, sin violar la ley de la conservación de energía. Si algo siempre sale del vacío es porque el vacío es inherentemente inestable lo que lleva a la hipótesis de un universo cíclico... un Big Crunch, lo opuesto al Big Bang, o, si no hay suficiente materia, una expansión continua hasta el fin de los tiempos quedando nuevamente en lugar del universo un inmenso vacío cuántico del que surja otro universo.

 

El punto de todo este largo relato es que la perspectiva cósmica enfatiza nuestra interdependencia. Los problemas ambientales que están destruyendo nuestra “casa”, junto con la pobreza, la guerra y la hambruna que  trascienden las barreras de raza, cultura o religión podríamos resolverlos si nos damos cuenta que nosotros somos interdependientes y que nuestra felicidad esta inextricablemente ligada a la de los demás. Obvio... ¿cierto? El asunto es que, por obvio que esto sea, la raza humana desde hace largo tiempo esta embarcada en la persecución de su propia autodestrucción.

 

Nieves y Miro  Fuenzalida.