Sunday, April 19, 2026

El estoico

 

 Marco Aurelio aconseja que antes de comenzar la jornada diaria, uno debiera decirse a si mismo... “hoy día voy a encontrarme con gente entrometida, ingrata, intimidante,  tramposa, envidiosa, explotadora y antisocial”. No muy alentador ¿cierto? Y sin embargo, esta es la realidad que la mayoría  de los pobres mortales  enfrentamos diariamente... ¿qué hacer frente a esto?

 

Marco Aurelio era estoico y el estoicismo, como se dice, prepara a sus adherentes para los tiempos duros al darles una perspectiva y poner las cosas en su contexto. Su filosofía, que usa la inteligencia y el entrenamiento, es una guía practica para enfrentar lo bueno o lo malo que la vida pueda traer. En la tradición occidental esta idea de la filosofía como una forma de vida empieza en Grecia, probablemente con Protágoras, y ha persistido, de una manera u otra, hasta hoy día, como podemos ver en la proliferación de libros populares publicados recientemente... “Ejercicios Espirituales Estoicos” de Elen Buzare, “Estoicismo y el Arte de la Felicidad” de Donald Robertson, la “Búsqueda de la Sabiduría” de John Cooper, “Estoicismo Hoy Día” de Patrick Ussher y Tom McConnel, “El Pequeño Libro de Estoicismo” de Jonas Salzgeber y muchos otros, además de inspirar varios tipos de psicoterapia, desde la logoterapia de Viktor Frankl hasta la terapia emotiva racional de Alberto Ellis. Pero, es en el mundo antiguo, en la filosofía estoica de Grecia y Roma, donde encontramos su mas completo y claro desarrollo.

 

Según Cícero hay un arte medico para el cuerpo y hay también un arte medico para el alma y este arte es la filosofía que cura las enfermedades humanas causadas por las creencias falsas. Esta no es solo una metáfora decorativa, sino una herramienta de descubrimiento y justificación. Una vez que uno ha entendido que la filosofía es como la labor del doctor, uno puede averiguar en forma mas concreta y con mayores detalles como el filosofo debe proceder según la variedad de circunstancias con las que se encuentra. En este periodo hay un amplio acuerdo entre las mayores escuelas Helenistas en que la motivación para filosofar es la urgencia del sufrimiento y la labor de la filosofía la orientación hacia el florecimiento humano. Y los instrumentos para lograrlos son los argumentos éticos, un arte en que el razonamiento exacto, el rigor lógico y las definiciones precisas juegan un importante papel. Un argumento que es simple y enteramente académico es un argumento filosófico defectuoso si es incapaz de comprometer a su audiencia en forma practica. La filosofía necesita, si se quiere practicar en forma terapéutica, pensar acerca de los usos de la imaginación, de la narrativa, de la comunidad, de la amistad y de las formas retoricas y literarias en que los argumentos puedan efectivamente ser comunicados.

 

¿Es esto todavía filosofía, esa actividad intelectual critica, autocritica y reflexiva que comienza en la tradición Griega con Sócrates y Platón y que llega hasta nuestros días? La verdad es que en las manos de los pensadores Helenistas la filosofía ya no es la tranquila y pura contemplación del mundo. Muy por el contrario, se sumerge en el y se hace parte de el... “Convéncete al menos de esto”, le dice un interlocutor a Cícero, “a menos que el alma sea curada, lo que no puede hacerse sin la filosofía, no habrá fin a nuestras aflicciones. Volquémonos entonces a la filosofía para tratamiento.”  ¿Cuáles son, entonces, estos tratamientos filosóficos? ¿Y que formas de enfermedad dicen curar?   

 

La estrategia mas general  de la terapia estoica es la enseñanza de que debemos ser observadores y críticos de la forma en que vemos el mundo. Las cosas que vemos, dicen, se imprimen en nosotros de diversas maneras, sea a través de nuestros hábitos de percepción o a través de nuestra compleja amalgama de creencias, convenciones, historias, enseñanzas, costumbres y la experiencia personal que también esta, en gran medida, conformada por procesos de aculturación. Nuestras formas de ver las cosas son tan habituales  y tan enraizadas en nuestro ser que las consideramos verdaderas y reflejo de cómo estas cosas son. Y como no tenemos otra visión de la realidad actuamos de acuerdo con la que tenemos. Y si la que tenemos es falsa, seguimos actuando de acuerdo a ella, porque creemos que es verdadera. Según los estoicos, estas visiones son necesarias, pero no suficientes. El trabajo de la filosofía es incitar a la auto examinación de nuestras creencias y nuestra cultura para hacernos cargo de nuestro propio pensamiento, considerar otras alternativas  y seleccionar de entre ellas la mejor. En buenas cuentas, crear un espacio para argumentar.

 

Esta no es solo una filosofía libresca, confinada a la academia y las bibliotecas, sino una forma de vida, un arte para aprender a encarar la adversidad y llevar a cabo una buena vida. No es suficiente recitar las doctrinas y argumentos estoicos, sino que se debe ser capaz de traducir esas doctrinas en conductas concretas... ¿como logramos esto? A través de la extirpación de las pasiones. Las emociones, según los estoicos, son juicios erróneos y deben ser erradicadas con la ayuda de una terapia cognitiva para mejorar nuestro ser. Transformamos nuestra vida transformando la disposición habitual de nuestra alma, una tarea que solo uno puede hacer por si mismo. A diferencia de la terapia médica o la predica evangélica, el estoico no se preocupa tanto de la curación de los otros como la de si mismo.  

 

Según Epictetus la única cosa sobre la cual tenemos control son nuestros juicios que dependen de nuestra facultad de elección. Esto, como pudiera creerse, no es tan malo porque los juicios son lo único que nos permite asegurar la independencia racional, si no queremos vivir como esclavos mentales. Ahora, si las emociones son producto de  juicios erróneos, formas de creencia como aseguran los estoicos, entonces están bajo nuestro control y es posible evitarlas o eliminarlas, especialmente cuando transforman nuestra vida en un infierno. Si sufrimos de envidia, por ejemplo, es porque creemos  que el otro tiene cosas mas valiosas que las nuestras, lo que nos lleva a competir con el. Si la furia se apodera de nosotros es porque creemos en el valor de lo que el otro ha dañado. Si el dolor y la pena nos afligen es porque creemos en el valor de lo que hemos perdido. Las pasiones no son mas que el reconocimiento de nuestra dependencia en otros y en eventos que escapan a nuestro control. Esta es, dicen los estoicos, la fuente de nuestra vulnerabilidad. Por tanto, si eliminamos las pasiones que nos atan a cosas externas que nos hacen sufrir podremos superar la vulnerabilidad  y obtener finalmente la paz mental. Según Chrisyppus las pasiones son juicios o creencias falsas. Apatía es la libertad de toda emoción.

 

La cosa, entonces,  es esta... si cambiamos nuestras creencias podemos  eliminar nuestras emociones. Pero ¿es posible hacer esto? Y mas aun ¿es deseable? Una cosa es  liberarnos de la envidia, el narcicismo o el odio al otro y otra muy diferente es el liberarnos del dolor y la tormenta emocional que causa la muerte de quienes amamos... ¿son también estas ultimas emociones erróneas y, por tanto, extirpables? Según Chrisyppus un juicio nunca es un frio acto intelectual. Por el contrario, es nuestro intimo reconocimiento de que tal y tal es el caso. Aceptar una proposición es admitir en nuestro ser su significación, es aceptar que su adopción inevitablemente nos cambiara. De acuerdo a esta concepción no hay ninguna razón para pensar que los juicios y las pasiones son distintos. Estas ultimas son en si mismas el reconocimiento de la tremenda importancia de algo que esta mas allá de nuestro control, de un algo excesivo que transgrede los limites que la razón prescribe en nuestras relaciones con el mundo externo. Este conflicto entre la razón y algo que la excede no es un conflicto entre dos diferentes partes, sino una oscilación del alma entre reconocimiento y negación, una sola razón dando vueltas en dos direcciones. Es la lucha de la razón consigo misma en relación con lo que es valioso y bueno en el universo. Lo que esto indica es que los estoicos no abandonan la forma en que experimentamos las pasiones. En lo que ellos insisten es que, en cada caso, lo que sentimos por algo es un acto de asentimiento.

 

Las pasiones entonces, según los estoicos, descansan en algún tipo de evaluación de cosas externas que pueden clasificarse  como buenas o malas y como presentes o futuras. De acuerdo con esto tenemos cuatro tipos básicos de emoción... Deleite basado en juicios que indican que lo que ahora tenemos es bueno. Apetitos basados en juicios de que algo futuro es valuable. Aflicción que acompaña a los juicios que dicen que lo que hay ahora es malo y Miedo ligado a juicios que indican que algo malo contiene el futuro. Para Seneca en lugar de tener pasiones moderadas, como recomienda Aristóteles, es mejor no tenerlas. Lo que debemos hacer es exterminarlas de raíz para liberarnos de su dominio. En verdad, dice, la naturaleza misma lo demanda. Necesitamos recuperar nuestra libertad. Liberarnos de los miedo, de las esperanzas, de los odios, las iras y aflicciones que controlan nuestras vidas. Liberarnos de los falsos juicios que alimentan las pasiones.

 

 Pero, uno podría decir... ¿no es la ira el motivo correcto para defendernos de las injusticias y violaciones a nuestra vida? ¿no es la compasión la que nos lleva a ayudar al desvalido  y el amor a proteger a la familia? ¿Sin ellas, qué incentivo tendríamos para actuar? Es cierto, dice Seneca, que el buen hombre no tendrá ira si ve a su padre sacrificado y a su madre violada. Pero, el los vengara y los cuidara. Cumplirá su deber imperturbablemente y sin miedo, porque el hacerlo es apropiado. Una operación semejante a la ley... segura, constante, confiable, desapasionada y, por ello, capaz de autodeterminación racional.

 

Independientemente del valor que podamos darle a las cosas externas, lo cierto es que la ligazón entre pasiones y creencias es un argumento bien poderoso.

 

A diferencia de las otras escuelas Helénicas los estoicos ven sus enseñanzas como una actividad dirigida al cambio social, hacia la creación de una sociedad justa y humana  que no es posible lograr sin una terapia filosófica. La enfermedad de las pasiones, dicen, es la base para su diagnostico del desorden político.

 

Esto no es muy diferente de lo que hoy dice el filosofo alemán Sloterdijk al declarar que la emancipación social depende del rechazo de las nociones tradicionales de subjetividad. Transformar las estructuras políticas y económicas es necesario, pero no suficiente para evitar la catástrofe política. El tejido sicológico existencial de la sociedad también tiene que  renovarse. La reforma comienza no solo con la base o la súper estructura, sino también con el trabajo de las estructuras internas. Y Michel Foucault, en sus últimos escritos, ve en los pensadores Helénicos la fuente de la idea de la filosofía como un conjunto de técnicas del yo, de practicas complejas de auto formación que tienen el potencial de liberarnos mentalmente de la tiranía del discurso imperante.  

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


No comments:

Post a Comment