Sunday, April 27, 2025

Discurso en el posmodernismo

 

No el que dirige el camarada  a la masa en las concentraciones populares o el que pronuncia el decano en la ceremonia de graduación o el que en lenguaje cotidiano  usamos en conversaciones y discusiones, como tampoco  el que aparece en los diccionarios, sino ese que ha adquirido importancia durante el  posmodernismo del siglo XX y que constantemente los teóricos  usan como moneda corriente en sus escritos, algo que  deja al resto de los pobres mortales como nosotros sin  saber exactamente de que están hablando.

 

En una primera aproximación  se podría decir que la teoría del discurso se ocupa de las reglas y estructuras de las expresiones humanas que se dan  en forma de leguaje o  comunicación no verbal y visual  y como estas expresiones se vinculan con el conocimiento humano y con la manera que miramos el mundo. Es, en breve, un sistema de pensamientos, conocimientos, comunicaciones, actitudes, cursos de acción, creencias y practicas que sistemáticamente construyen  los sujetos y  el mundo del cual ellos hablan.  Dicho esto, hay  que tener en cuenta, sin embargo,  que el discurso no puede ser fijado en un significado determinado porque ha tenido  una historia compleja y porque se utiliza en una variedad de diferentes formas  por diferentes teóricos.  

 

Como sabemos  las cosas que decimos y escribimos se basan en un conjunto de conocimientos generalmente aceptados que al repetirlos se refuerzan.  Y también sabemos que  lo que  una sociedad considera verdadero en un momento cambia con el tiempo, dependiendo de las ideas que se intercambian y de cómo se produce ese intercambio. Y es aquí donde ciertas personas o instituciones están en una posición particularmente poderosa para definir lo que es verdad y excluir lo que consideran que no es  parte  de la discusión. Pensemos, por ejemplo, en los consejos de salud mental cuando provienen del psiquiatra en comparación con los de la abuela. Aunque no conozco tan bien al psiquiatra, como a la abuela, su punto de vista, su estatus social, su formación profesional y su genero dan forma, sentido y prioridad  a sus consejos.  Así, entonces, la teoría del discurso se ocupa de cuestiones de poder y de jerarquías institucionales. Tales jerarquías inevitablemente  conducen a la dominación y a la resistencia, por ejemplo, cuando diferentes personas intentan afirmar quien debe hablar con autoridad sobre, digamos, cuestiones de política sanitaria.  Es en este sentido que Foucault, el mas famoso teórico del discurso, vio que la tarea del análisis ya no consiste en tratar los discursos como grupos de signos que se refieren a contenidos o representaciones, sino como practicas que forman sistemáticamente los objetos de los que hablan.   

 

La sociedad en que vivimos obviamente esta  estructurada  por ciertas personas y grupos sociales que crean y formulan ideas sobre el mundo y que, bajo ciertas condiciones, se convierten en verdades incuestionables y normales.  La investigación, entonces, según Foucault,  debe dirigirse a lo que el llamo “regímenes de verdad” y mapeo las reglas que los gobiernan  y como se ordena históricamente el conocimiento en campos tan diversos como la medicina, la psicología, las ciencias sociales y la literatura  con el fin de evaluar y determinar  cuan objetivas son en realidad las verdades que estas disciplinas producen. De lo que se trata en el fondo  es de examinar las estructuras del conocimiento, los mecanismos y estrategias de clasificación o construcción de teorías que crean  nuestro  mundo social. De analizar, no lo que un juicio determinado  significa, sino como opera y que hace. Según este modelo, el discurso literario, por ejemplo,  no designa simplemente una colección de grandes obras de la literatura, ni el tipo de escritura o lenguaje que usa. Mas bien, es cuestión de desvelar la forma particular de pensar y hablar sobre la literatura, que es lo que constituye el objeto literario como logro estético  creado por un autor y expresivo de alguna idea sobre la naturaleza humana o de las condiciones de existencia contemporánea. En contraste el  discurso comercial  ve el objeto literario en términos de mercancía, con una producción cuasi industrial, destinado a satisfacer la demanda de los consumidores que se evalúa en términos de popularidad, cifras de venta, márgenes de beneficio y generación de rumores. Aquí las cuestiones de significado y practicas de interpretación son marginales o completamente ausentes.

 

Esta nueva forma de ver los discurso no es solo una cuestión académica, sino que tiene que ver directamente con nuestra vida diaria porque explícitamente cuestiona como determinados discursos influyen en nuestra mentalidad  y como nos impulsan a gobernarnos a si mismos de cierta manera y de cómo ciertas opiniones especificas que hoy sostenemos  se forman y preservan en discursos hegemónicos, es decir, en puntos de vista dominantes que se mantienen estables gracias a la dinámica del poder político. 

 

En este sentido el análisis de los diferentes discursos, al revelar los grilletes ideológicos sistémicos que reflejan las afiliaciones de clase, es un paso a una posible emancipación social. Una cuestión clave en este tipo de análisis,  por ejemplo,  es la de revelar  donde radica el poder... ¿hay ciertos grupos identificables manipulando el discurso, como una clase capitalista, un patriarcado, un grupo religioso especifico o una mayoría étnica?  Si es así... ¿los miembros de tales grupos actúan conscientemente cuando dan forma al discurso a favor de su grupo? ¿o es el discurso su propio agente, como argumentan los posmarxistas? Si este es el caso, entonces el poder no radica exclusivamente en  ciertas personas que lo usan para dominar a otras, sino que también radica en  un entramado de relaciones  y jerarquías que tienen su propia lógica  y que nadie esta manejando conscientemente. La forma en que la gente piensa en un tema político como el crimen, por ejemplo, es un proceso continuo de negociación sobre cual debería ser la visión “correcta” sobre el tema. Esta ocurre a través del discurso, como mostro Foucault, y puede ser manipulada y dominada por actores y grupos de interés muy real. El consenso que surge de estas negociaciones crea demandas para un cierto tipo de sistema legal. Informa nuevas leyes, la  aceptación de cierto tipo de castigo y la creación de lugares donde se lleva a cabo dicho castigo que requieren  de ciertas profesiones como jueces, abogados, policías y guardias de prisiones que, a su vez,  crean relaciones sociales especificas.  El discurso, entonces, “cristaliza” en instituciones e impulsa a las sociedades a crear, producir  y dar forma al mundo físico en que habitamos. Estas instituciones junto con el contexto social juegan un papel determinante en el desarrollo, mantenimiento y circulación de los diferentes discursos que  estructuran las conductas, las  políticas y las economías sociales.

 

Por supuesto el análisis de un solo discurso  no revelara como funcionan todos los procesos sociales, pero la teoría del discurso, como algunos comentaristas indican, destaca algunos de los mecanismos en funcionamiento. Es por esto que, debido a que las teorías del discurso consideran que las representaciones discursivas son tan poderosas para constituir el mundo social, el concepto de discurso a veces ha reemplazado al de ideología que, en ultima instancia, todavía conserva la noción del sujeto individual capaz de resistir las presiones ideológicas y controlar sus acciones.  

 

En su remarcable obra titulada “Disciplina y Castigo” Foucault expresa la idea de que el discurso normaliza y homogeniza los cuerpos y la subjetividad de aquellos que domina. Al fijar el significado del texto y  determinar las categorías de la razón por las cuales los enunciados son aceptados como conocimiento, el discurso crea una realidad epistémica que da paso a una técnica de control, disciplina y exclusión. Lo que no se ajusta a la verdad enunciada del discurso se convierte en una perversión, una realidad y una practica ubicada fuera de lo sociable. La tarea del análisis del discurso es, entonces, dar cuenta del hecho de que habla el discurso en cuestión y demostrar los efectos de poder  que se producen por lo que se dice. El objetivo es desestabilizar los significados aceptados y revelar las formas en que los discursos dominan, excluyen, marginan y oprimen a diversos grupos sociales que deberían tener también la oportunidad de participar en las decisiones de cómo debería ejercerse el poder. Dado que el control del discurso equivale al control de cómo se percibe el mundo su análisis equivale a una ventana al poder, la legitimidad y la autoridad.

 

La utilidad practica de este tipo de análisis es que  al considerar las diversas formas en que los discursos dominan y mantienen el control social,  podemos  llegar a una posición de desidentificacion a través de la cual no solo localizamos y aislamos las formas en que nosotros, como sujetos, hemos sido construidos  y sometidos, pero también trazar nuevos terrenos en los que podemos construir formas diferentes y potencialmente mas liberadoras, como el movimiento feminista ha mostrado al diseñar nuevos roles discursivos  tanto para hombres como para mujeres y que, a pesar de ser fuertemente cuestionados por los discursos dominantes, ha cambiado fundamentalmente el  significado de existir como sujeto de uno u otro genero. 

 

Con lo que nos quedamos  por ultimo es con que los discursos son un “conjunto de practicas que forman sistemáticamente los objetos de los que hablan.”  Y parte de estos objetos, aunque parezca extraño, somos nosotros.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 20, 2025

La colcha del mar


El mar

Se

Cubre

Con

Una colcha

Azul

Bordada

De

Olas

Saladas y crespas

Que

Tapa

Leyendas

De

Sirenas y piratas,

De

Pescadores y barcos

Perdidos

Entremedio

De

Algas

Y

Peces

Timidos. 

 

Nieves.


Sunday, April 13, 2025

El retorno del egoísmo


Bueno, en realidad nunca se ha ido, porque, la verdad, aunque no lo creamos, es lo que justamente ha sostenido el espacio social. Por tanto, cuidado con “la empatía que es la debilidad fundamental de la civilización”, como predica el genio malvado de Elon Musk. Siempre se necesita una nueva guerra, un nuevo mercado de exportación, una nueva fuente de extracción. El filosofo Bernard Mandeville a finales del siglo XVII expresaba que ni las cualidades amistosas ni los afectos bondadosos son naturales al ser humano. Muy por el contrario. La sociedad contemporánea es un conjunto de individuos egoístas necesariamente unidos entre si, no por sus compromisos cívicos compartidos ni por su rectitud moral, sino, paradójicamente, por los tenues lazos de la envidia, la competencia y la explotación. La hipocresía mas grande es la adopción de ideas rigorosas sobre la virtud y el vicio, en tanto que en la vida privada no dudan de beneficiarse de el. La riqueza general de la sociedad, en buenas cuentas, es el resultado cumulativo de vicios individuales que se convierten en beneficio publico. Idea de la que posteriormente se hacen eco Adam Smith, el padre del liberalismo, Ayn Rand y Milton Friedman, para quienes la fuerza natural e inerradicable de la codicia y el egoísmo es lo que mantiene el sistema. Por tanto, si eliminas el mal, eliminas lo que mantiene unida a la sociedad. Y esto, a pesar de Aristóteles, Locke, Kant o Marx, no es novedad.

 

 La gran pantalla del espectáculo, decía Baudrillard, por fin revela lo que siempre ha sido. Patentemente demuestra lo que realmente nos importa, que es solo un montón de intercambios superficiales de señales propia  de una masa de simios aulladores, aburridos y sedientos de seducción. El significado profundo de la historia que filósofos y teólogos buscaban en patrones racionales o en la ley cósmica se evapora y solo nos quedamos con el zumbido de la fibra óptica. Sabemos que los algoritmos nos están volviendo tontos, dividiendo y difundiendo desinformación. Y, sin embargo, a pesar de saberlo, lo seguimos haciendo... ¿no será que la masa quiere ser tonta? ¿quiere ser parte de un grupo que es diferente a otro?  ¿que sus prejuicios sean confirmados una y otra vez?

 

Exactamente... pero, espera un poco... yo no soy la masa. Soy un ser humano ¿cierto? Cierto... y sin embargo, el “ser humano” es un termino con mucha carga. No solo un cuerpo o un ser biológico, no solo un homo sapiens, sino también un homo inteligente, libre, homo economicus, homo faber, homo politicus, etc. Siempre se añade algo a lo “humano” y luego se usa como explicación de la sociedad. Y ahora llegamos a un nuevo paso teórico al decir que el individuo no marca ninguna diferencia en la sociedad y, realmente, nunca lo ha hecho. La sociedad  esta constituida por eventos de comunicación que ni siquiera son eventos específicamente humanos. Son trasmisiones de radio, televisión y eventos de información digital. En la visión de McLuhan “el principal desarrollo de estos medios electrónicos es la perdida de la identidad privada.” Esto no significa que no existamos, sino que no existimos como sujetos individuales capaces de llevar a cabo el presente y futuro de la sociedad. Actuamos como una masa, la masa de los medios de comunicación y esta masa no es un sujeto sino un objeto. No hace mucho creíamos que la masa era el proletariado, el sujeto de la historia. Ahora, disipada la fantasía, podemos pensar con mayor claridad que la masa por definición tristemente se resiste a cambiar la historia y en lugar de ser una fuerza de movilización es una fuerza de inercia. Una píldora bien difícil de tragar, especialmente para un marxista. Pero, solo considera esto. En el plebiscito de Septiembre del 2022, por ejemplo, la masa rechazo la Nueva Constitución propuesta por la Convención Constitucional de Chile, la mas progresista del mundo, el sueño de una sociedad justa, y decidió mantener la aberración Constitucional cocinada por un nefasto dictador que nunca había existido en la historia del país. Y para no ir muy lejos recientemente la masa coloco en el poder, en contra de sus propios intereses, al Trumpismo Espectacular. E incluso si uno vota por el tipo que uno quiere que gane, si gana, no es mucho lo que pueda hacer porque los poderes están en otros lugares. El sistema sigue moviéndose como antes, por detrás de nuestra espalda. Cambiar la historia, al parecer, es un peso demasiado grande para la masa. Uno podría decir, a riesgo de ser llamado nihilista, que no hay recetas, llamados a la acción, futuros potenciales, ni grandes posibilidades. En el mejor de los casos solo cambia la utilería en el escenario, aunque esto sea difícil de digerir. La historia ciertamente escapa a mi control... y al tuyo.    

 

Pero, espera un poco. Si pensamos otra vez, resulta que por aquí o por allá, de vez en cuando, algo pasa, algo nuevo surge y transformaciones ocurren a todo nivel... ¿como así?  Los conceptos marxistas tradicionales indicaban que históricamente había un limite mas allá del cual la maquina capitalista se rompería debido a sus propias contradicciones y el énfasis se baso en la búsqueda de este limite, en las condiciones revolucionarias que harían posible la apariencia de un nuevo tipo de formación social mas de acuerdo con las necesidades humanas. Esta concepción escatológica de la historia hoy día ha sido abandonada por completo y una política marxista diferente aparece con un nuevo tipo de extraños  conceptos políticos tales como líneas de fuga, minorías, flujos, diferencia, devenires, ensamblajes, cuerpos sin órganos, economía libidinal, etc. En “Capitalismo y Esquizofrenia”, por ejemplo, Deleuze y Guattari analizan las formaciones sociales principalmente como sistemas físicos definidos en términos de sus procesos, o mas precisamente, en términos de una teoría generalizada de flujos de materia, de trafico, de población, de mercancías, de capital y trabajo, de conocimientos, de deseos, etc., a través de los cuales los individuos y colectivos sociales pueden ser transformados. El sujeto aquí desaparece y lo que prevalece en estos procesos, para simplificar al extremo, son los flujos pre-subjetivos que contienen puntos críticos o limites extremos a través de los cuales el actual estado de cosas da paso a nuevas condiciones. No hay sociedad que no se reproduzca a si misma en un nivel, mientras simultáneamente es transformada en otra cosa en otro nivel. La identidad da paso a la diferencia. Si consideramos que el mundo esta compuesto por ensamblajes y que estos están constituidos por líneas o conexiones rígidas que los mantienen unidos, estas mismas líneas también pueden extenderse fuera del ensamblaje y escapar a la estructura de la que son parte para conectarse o dar origen a otro ensamblaje. Estas llamadas líneas de fuga son, entonces, la precondición necesaria para la génesis de nuevos arreglos sociales. Lo que distingue al capitalismo de los modos previos de organización, por ejemplo, es que en lugar de operar mediante un proceso de codificación y sobre codificación, lo hace a través de un constante  proceso de decodificación y recodificación. El Estado recodifica con el empleo de dictaduras y aparatos de represión cuando el trabajador ya no desea su propia subyugación, cuando ya no se alinea con la circulación del capital, mientras decodifica el flujo de poblaciones y el mismo capital. La decodificación generalizada de los flujos no se limita a un campo particular  sino que se universaliza al salir constantemente de si misma y decodificar los procesos con los que se encuentra  transformando  las costumbres, valores y creencias tradicionales de los pueblos.    

 

Cambios fundamentales, por tanto, ocurren todo el tiempo, a veces gradualmente e incluso imperceptiblemente, como vemos con la erosión de los mitos religiosos, de las tradiciones vernaculares, de las diferencias sexuales o raciales y su implicación en las instituciones políticas, por ejemplo, y otras veces cambios sociales revolucionarios ocurren a través de la erupción de eventos cuya fuerza rompe con el pasado y abren un nuevo campo económico, social, político o legal que puede ser mejor o peor.  Si bien es cierto que el deseo encuentra fugas o grietas que escapan a la maquinaria capitalista, estas fugas, hasta ahora, no se sostienen. La verdad es que bajo la red capitalista, la transformación misma es cooptada por una forma de repetición en la que, en el fondo, nada cambia.  

 

En contraste con el estructuralismo marxista al estilo de Althusser, que intenta dar una explicación científica rigurosa de la historia, ahora se nos presenta una historia universal que es la historia de las contingencias y no la de la necesidad. Los conceptos de modo de producción de bienes y servicios esenciales que explicaban la sociedad en cada época según el marxismo clásico, son ahora reemplazados por los conceptos de ensamblajes, de maquinas abstractas de deseos y poder que pasan a definir la naturaleza de una sociedad dada que operan por detrás del escenario. Aquí no hay un concepto de persona, sino uno de ensamblaje que puede ser aplicado igualmente a una identidad social o personal. Ahora bien... si esto es así, si el sujeto es realmente el efecto de aparatos de captura o dispositivos sociales, modelado por la fibra óptica o seducido por el espectáculo uno podría preguntar ¿qué papel jugamos, entonces, en los procesos y cambios sociales? ¿que control tenemos sobre nuestra propia vida?

 

Una manera bastante común de verlo es a través de un concepto de libertad que contenga el sentido de la propia identidad, de quien uno es, en base a la cual uno pueda discriminar entre deseos auténticos o esenciales y aquellos que son inauténticos e inesenciales. El problema con este concepto es que ve al sujeto como algo ya dado, dentro de una estructura de intereses, metas y deseos. Pasa por alto la idea  de que solo un concepto verdaderamente critico de libertad se logra cuando  uno es capaz de distanciarse de las estructuras de valor con las que creció y adquirió de otros, cuando conscientemente uno cuestiona no solo los propios deseos, metas y objetivos, sino también ciertas formas de auto comprensión que es justamente  lo que  sostiene esos deseos y metas. No es solo una cuestión de actuar sin interferencia y de acuerdo con los propios valores fundamentales, sino también la capacidad critica de evaluar y revisar esos valores, transgredir los limites de lo que uno actualmente es capaz de ser o hacer. Un devenir en el que los deseos, preferencias y goles puedan ser irrevocablemente transformados.

 

Este es  un potencial que la vida acarrea y que puede irrumpir en momentos críticos o manifestarse a través de esas grietas imperceptibles que afectan el concepto que un grupo o una persona tienen de si misma y que las distancian de sus convicciones anteriores. Una línea de fuga que escapa de la subyugación mental. Pero, al mismo tiempo, un asunto riesgoso. No siempre es claro si dejar atrás los valores existentes es bueno o no y no hay manera de saber de antemano a donde  esos procesos de mutación y cambio pueden llevar a un individuo o a un ensamblaje colectivo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, April 6, 2025

Gimnasio de la Lirica

 

Las palabras

De

Mis versos

Se

Descuelgan

De

Mi cuaderno

Como

Saltisbanquis

Del

Circo

Vital.

Quieren

Bailar

Tangos

Apasionados

Con

Los lápices

Y

Tomar

Un café

Con

Sus amigas

Las comas

Y

Sus amigos

Los puntos suspensivos

En

El gimnasio

De

La lirica

de

la imaginación. 

 

Nieves.

Sunday, March 30, 2025

Mata el deseo

 

 ¿Quieres dejar de sufrir? Simple... mata el deseo.

  

Según el Buda, la vida es sufrimiento. Bueno... mas o menos. No es que el Buda haya dicho exactamente  que la vida es sufrimiento. Parte de la vida esta llena de grandes cosas, de personas que amamos y de actividades que disfrutamos. Lo que realmente dijo, tomando en cuenta lo anterior, es que la vida también contiene “dukkha”, una gran palabra que aparece en el poema de la Primera Noble Verdad, comúnmente  traducida como sufrimiento y que seria, tal vez, mas apropiado traducirla como insatisfacción... Pues bien... “Esta es la noble verdad de dukkha. El nacimiento es dukkha, el envejecimiento es dukkha, es dukkha la enfermedad. Es dukkha la muerte, es dukkha la unión con lo desagradable, es dukkha la separación de lo que es agradable, es dukkha no conseguir lo que uno quiere, en breve, el apego es dukkha”... Un montón de dukkha... ¿cierto? Y de ninguna de ellas podemos escapar. Son cuestiones realmente inevitables y la cosa es que, además, no siempre vamos a conseguir lo que queremos, ya sean mas cosas, mejor trabajo, éxito, mas dinero, etc. Siempre estamos deseando lo que no tenemos y cuando no lo conseguimos, sufrimos. De ahí que la ultima parte del documento, la que se refiere al apego, sea la mas interesante. Tendemos a aferrarnos a las cosas, a desearlas, a querer que persistan aquellas que disfrutamos o a reaccionar en contra de las que sentimos aversión. Un interminable proceso de anhelo, gratificación y frustración. La razón, entonces, de que la vida sea sufrimiento o aparezca insatisfactoria es porque  no siempre, o nunca, logramos realmente lo que deseamos. Y es este anhelo o “sed” de las cosas lo que alimenta el sufrimiento. La Tercera Noble Verdad es la Verdad de la Cesación del Sufrimiento que radica en la retirada del deseo, en el desapego y renuncia del anhelo. La posibilidad de extinguir el deseo es la pasibilidad de abolir el sufrimiento. En buenas cuentas, mata el deseo.

 

Pero... ¿es esto realmente posible? Para Lacan, el obscuro sicoanalista francés, la cosa es algo diferente. Si recordamos, el deseo según Freud gira en torno a la perdida. Si quieres algo es porque lo haz perdido. Y la perdida original es la separación de la madre, el objeto primario, con la que el niño desea reunirse nuevamente. Lacan toma la respuesta de Freud y, como siempre, la radicaliza. El deseo, dice, no gira en torno a la perdida, en torno a un objeto, sino en torno a la falta, es decir, en torno a  algo que es causa del deseo. Piensa por ejemplo en un coleccionista. Tan pronto adquiere lo que busca, lo agrega a la colección y pasa a buscar el próximo objeto y cuando completa la colección, la guarda o la vende, porque ya no le da mucha alegría. Es aquí donde podemos distinguir la diferencia entre perdida y falta, entre deseo e impulso. La perdida gira en torno al objeto del deseo. Quiero esto porque no puedo tenerlo. Pero tan pronto lo tengo pierdo mi deseo. La adquisición del objeto simplemente conduce a otra adquisición. En otras palabras, esta gira en torno, no a la perdida del objeto, como en Freud, sino a la falta como factor constitutivo del deseo en si mismo. En términos sicoanalíticos, es la transición del deseo al impulso. De hecho, no es este objeto en particular lo que realmente se busca, sino el objeto imposible, que es la verdadera causa del impulso y lo que últimamente sostiene el deseo...  ¿difícil de entender? Piensa solo en cual es la forma mas fácil de perder el interés en algo o alguien. En la idealización del amor, por ejemplo, el sujeto pone a la amada en un pedestal tan alto que es imposible alcanzar, a diferencia, por ejemplo, de Don Juan Tenorio, inmortalizado en la obra literaria de José Zorrilla o Sam Malone, su versión popular en el programa televisivo “Cheers”, que tienen múltiples parejas todos los días y cada vez que tienen una pareja agregan su nombre a una lista escrita en una libreta de tapas negra. Aquí vemos nuevamente la transición del deseo al impulso. En la idealización del amor el objeto funciona al nivel del deseo...  la amo, porque no puedo tenerla. Don Juan en cambio, o Sam, duermen con cualquiera y el verdadero objeto de su afecto no es la pareja romántica, sino la lista para la cual están trabajando. Al igual que un coleccionista de estampillas, ellos coleccionan amor. Nuevamente aquí vemos la transición del deseo al impulso. El deseo gira entorno a una perdida. El impulso, en cambio, transcribe la perdida en una búsqueda constitutiva, en un fin en si mismo. La búsqueda elevada a objeto del deseo. La perdida o ausencia del objeto, no como algo que hay que superar, sino como algo que hay que mantener o poner en escena constantemente, y es esta repetición la que  produce  disfrute. En uno de los capítulos de “Frasier”, la serie televisiva  de los 90’s, Frasier no puede vencer a su padre en el juego de ajedrez y pierde una y otra vez, lo que intensifica su interés en el juego, que luego se transforma en una verdadera obsesión acompañada de un cierto “disfrute excedente”, a pesar del malestar que le causa la derrota. Es aquí donde podemos notar la diferencia entre una meta y un objetivo. La meta es el resultado o la intención de la conducta, la razón de porque hago lo que hago, en tanto que el objetivo es el secreto subyacente, la verdad de por que lo hago. La meta es vencer a su padre para ganar el juego. Pero el objetivo secreto es no ganarlo para seguir disfrutando el juego.  Finalmente, cuando derrota al padre, el interés desaparece. La forma mas fácil de perder el deseo es precisamente lograrlo. Tan pronto como lo tienes ya no es deseable. Si la ausencia o separación del objeto es lo que constituye el deseo y su logro es lo que lo elimina, entonces, para sostener el deseo hay que aumentar y prolongar la brecha. Y es esta brecha, lo que Lacan llama “Object Petit a”, el objeto inalcanzable, la causa del deseo que lo pone en movimiento, no para lograr el objeto, sino para girar en torno a el. Un vacío que repite la demanda y permanece en las sombras fuera del escenario, funcionando como la condición transcendental invisible de posibilidad para el desfile visible de los objetos deseados. Si el deseo persiste incluso cuando las necesidades han sido satisfechas, es porque no es causada por el anhelo de poseer el objeto, sino por la “menesterosidad ontológica” del sujeto.  

 

Clásicamente el deseo ha sido definido en términos negativos. Es la carencia o falta de algo lo que origina el deseo. En la antigüedad Sócrates, en el ‘Simposium”, afirmaba que el amor solo existe en relación a un objeto ausente. Y esta creencia, expresada en una difícil terminología, continúa en Lacan. Pero Kant, en la Critica de la Razón Practica publicada en 1788, se desvía de esta tradición y curiosamente define el deseo como una facultad que, por medio de sus representaciones, es la causa de la actualidad de los objetos. En su forma inferior, dice, los productos del deseo son fantasías y supersticiones, pero en su forma superior los productos del deseo son actos de libertad irreducibles a la causalidad mecanicista. Deleuze sigue este modelo del deseo y lo modifica fundamentalmente. Si el deseo es productivo o causal, entonces su producto es en si mismo real y no solo ilusorio o mental, como en Kant. Todo el campo sociopolítico, por tanto, debe ser visto como el producto históricamente determinado del deseo. Y, siguiendo a Nietzsche, Freud y Lacan, conceptualiza el deseo en términos de deseos inconscientes.

 

Cada uno de nosotros, dice Nietzsche, contiene una vasta confusión de impulsos contradictorios que están en constante lucha entre si, tratando de imponerse sobre los otros. Casi automáticamente tomamos el impulso predominante y lo convertimos en el ego completo, alejando los mas débiles. Cuando hablamos del yo, simplemente estamos indicando que impulso, en el momento, es soberano. Cuando queremos algo hay un impulso que manda y otros que obedecen. Y todos ellos, en gran medida,  siguen siendo desconocidos para el intelecto consciente. Por mucho que tratemos de conocernos a nosotros mismo, siempre  termínanos con una imagen incompleta de los impulsos que constituyen nuestro ser. Por tanto, no hay una Razón “pura”, dice Deleuze, sino una multitud de  percepciones e inclinaciones, una pluralidad  de procesos heterogéneos de racionalidad. Siguiendo a Nietzsche, afirma igualmente que el deseo no es otra cosa que el estado de los impulsos y pulsaciones, pero agrega  que estos nunca son meramente individuales, sino siempre están reunidos por formaciones sociales que los organizan de diferentes maneras. La “economía política” de Marx y la “economía libidinal” de Freud, que operan bajo fuerzas e impulsos  inconscientes, ya sea “la consciencia de clase” o “los deseos inconsciente”, no son dos economía paralelas como se cree, sino una y la misma economía. Es decir, tanto los afectos como los impulsos, incluso los inconscientes, forman parte de lo que Marx llama infraestructura. Con esta extraordinaria afirmación Deleuze y Guattari intentan responder al problema que planteo Spinoza... ¿por qué la gente lucha por su servidumbre con tanta obstinación como si fuera su salvación? Como agentes racionales obviamente  actuamos en beneficio de nuestros intereses. Pero, nuestros impulsos y afectos, a diferencia de nuestros intereses, no son nuestros, sino que, como en la actual formación capitalista, por ejemplo, son efectos de la manipulación  de la publicidad y el marketing. La diferencia entre interés y deseo es paralela a la diferencia entre lo racional y lo irracional. Una vez que los intereses se han definido dentro de los confines de una sociedad lo racional es la forma en que las personas persiguen esos intereses e intentan hacerlos realidad. Pero por debajo de eso se encuentran las inversiones del deseo, “un enorme flujo libidinal inconsciente que constituye el delirio de esta sociedad”, que no debe confundirse con las inversiones de los intereses. La razón social  es siempre una región excavada de lo irracional y de ningún modo esta protegida de lo irracional, sino atravesada por el y definida por un cierto tipo de relación entre factores irracionales. Todo acerca del capitalismo, por ejemplo, es racional, excepto el capital. Un mercado de valores es un mecanismo perfectamente racional, se puede entender, aprender como funciona y como utilizarlo y, sin embargo, es completamente delirante.

 

Cuando la energía de los impulsos que funciona por debajo de los intereses no logra ser domesticada por la maquina consumerista, la podemos encontrar como una fuerza marginal asociada con los excluidos. Y es este lado del deseo, concebido como flujo que escapa a los aparatos comerciales de captura al que el sistema tanto le teme porque pone en peligro su existencia misma.

 

Kant solía decir que nunca podemos ir mas allá de nuestras representaciones del mundo. Nietzsche supone, a pesar del Buda, que nunca podemos ir mas allá de la realidad de los impulsos.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, March 23, 2025

Las manos del libro


Encontre

Una margarita

En

Las manos

De

Un

Libro

Que

Me

Trajo

Tu sonrisa

Perfumada

De

Un ayer. 

 

Nieves.


Sunday, March 16, 2025

La Ultima Fantasía

 

Estoy bien, solo mirando sombras en la muralla.  Digamos, como en la muralla de la caverna platónica.

 

Por si no recuerdas bien, en la alegoría platónico los prisioneros de la cueva están encadenados por el cuello, las manos y las piernas desde su nacimiento y no tienen concepción de otra forma de vida. Las sombras de figuras que pasan ante la luz del fuego que esta detrás de los prisioneros se reflejan en la pared como si fueran un espectáculo de marionetas. Los prisioneros no saben que son prisioneros y no sospechan que existe otra realidad. Un día, sin embargo, uno de los prisioneros se libera de sus cadenas y sale al mundo exterior y, a la luz del sol ve la verdad y contempla las cosas como realmente son. Y, en lugar de permanecer egoístamente en el mundo exterior, regresa, como el Bodhisattva, para contárselo a los demás, quienes responden a su bondad con burlas y resistencia, creyendo que se ha vuelto loco.

 

El mito, según la intención de Platón, es una invitación a abrirnos a un nivel superior de realidad... las Formas o Ideas. Todo lo que realmente experimentamos en el nivel de la realidad disponible a través de nuestros cinco sentidos son malas imitaciones de un nivel superior de la realidad. Podemos experimentar hermosas puestas de sol, acciones justas y una buena taza de café, pero todas estas cosas son meras imitaciones de las Formas que son perfectas. Si construyo una mesa, por ejemplo, lo hago en base a un modelo mental que tengo en mi cabeza... ¿cierto? Pero, lo que construyo es solo una copia, siempre imperfecta, de ese modelo ideal. Y eso es lo que siempre vemos. No el original, sino su copia. No la Realidad, sino su imagen.

 

Quien sale de la caverna es el filosofo que descubre la verdad, las formas ideales o la esencia de las cosas en su forma pura. En lenguaje contemporáneo es la creencia de que la ideología es una especie de ilusión de la que tenemos que despertar para ver el mundo tal como es. En si mismo. En la película “The Matrix”, la versión tecnológica del mito platónico, Neo sale de la Matriz al igual que el prisionero de la caverna y, en lugar de descubrir un reino bendito de Formas puras y resplandecientes de belleza, encuentra una realidad fea y traumática, un mundo desgastado por la guerra en donde la vida se vive en una constante amenaza  de muerte. Un desierto sombrío que su compañero Cypher, después de algún tiempo, prefiere abandonar para retornar a la confortable ilusión de la Matriz.  

 

La creencia realista que comúnmente nos guía es la de que hay una distinción binaria entre la realidad, por un lado, y la fantasía por el otro. Si leemos libros de fantasías, por ejemplo, es porque queremos escapar, a lo menos por un rato, del mundo real que es tan difícil de manejar. Para Lacan la cosa es al revés. Accedemos a la realidad  justamente a través de la fantasía. La realidad orgánica material en si misma es inaccesible. Es caótica, horrible, brutal. Es carne y huesos, polvo y carbón. Pero si le imponemos un marco de fantasía, entonces tenemos una razón para existir, una razón para vivir. 

 

De ahí que, de acuerdo con el cuestionamiento posmoderno, la ilusión fundamental no es el hecho de que despertamos a la verdadera realidad, sino al hecho de que salimos de una fantasía para caer en otra. La fantasía no es un escape de la realidad sino precisamente una forma de acceder o enmarcar la realidad. La verdad reside en la estructura coordinadora del marco fantasmático que esencialmente completa como uno ve la realidad. La fantasía, dice Zizek, “es lo que subyace a los textos ideológicos públicos como su apoyo no reconocido, al mismo tiempo que sirve como pantalla contra la intrusión de lo real”. En la tradición de la ilustración, la ideología representa la noción borrosa o falsa de la realidad causada por diversos intereses “patológicos”, como el miedo a la muerte, a las fuerzas naturales o a los intereses de poder. Para el análisis discursivo, que va un paso mas allá, la noción misma de un acceso a la realidad no sesgado por ningún dispositivo discursivo o conjunción con el poder es ideológica. El nivel cero de la ideología consiste en percibir erróneamente una formación discursiva como un hecho extra discursivo. En buenas cuentas, no hay un contenido neutro. Cada descripción es ya un momento de algún esquema argumentativo. Una de las estrategias fundamentales de la ideología es la referencia a la auto evidencia... “Mira, tu puedes ver por ti mismo como las cosas son” o “Dejemos que los hechos hablen por si mismos”. El problema es que los hechos nunca hablan por si mismos, sino que siempre se les hace hablar mediante una red de dispositivos discursivos. Cuando el racista en la pequeña ciudad de Springfield  del estado de Ohio dice, por ejemplo... “hay muchos haitianos en nuestras  calles” ¿como, desde que lugar, “ve” esto? es decir ¿como se estructura su espacio simbólico de modo que pueda percibir el hecho de que un haitiano pasee por una calle de nuestra ciudad como un excedente o amenaza inquietante? Cada percepción siempre implica un universo simbólico. La ecología, por ejemplo, nunca es “ecología como tal”, sino que siempre es parte de una serie especifica de equivalencias. Puede ser conservadora y abogar por el retorno a comunidades rurales y formas de vida tradicionales. Estatista, en donde  solo las regulaciones pueden salvarnos de la catástrofe inminente. Socialista, en donde la causa ultima de los problemas ecológicos reside en la explotación capitalista de los recursos naturales orientada por el lucro. Para las feministas, la explotación de la naturaleza se desprende de la actitud masculina de dominación y, los anarquistas por su parte, sugieren que la humanidad puede sobrevivir solo si se reorganiza en pequeñas comunidades autosuficientes que vivan en equilibrio con la naturaleza. Y, así por el estilo. Lo que experimentamos como realidad, dice Lacan, no es la “cosa en si”, sino que siempre, eso que llamamos realidad,  esta simbolizada, constituida, estructurada por mecanismos simbólicos y el problema reside en el hecho de que la ficción  simbólica siempre fracasa, nunca logra cubrir  completamente lo real. La realidad, como la verdad, por definición nunca es “total”. En la versión de la Escuela de Frankfurt, tampoco se trata simplemente de ver las cosas como “son en realidad”, o de quitarse los anteojos distorsionadores de la ideología, sino que el punto principal es ver como la realidad no puede reproducirse sin esta llamada mistificación ideológica. La mascara de la fantasía no encubre simplemente el estado real de las cosas, sino que la distorsión esta inscrita en su esencia misma. Lacan igualmente se distancia del gesto liberador de decir finalmente que “el emperador esta desnudo”. La cuestión es que, en verdad, el emperador esta desnudo solo debajo de su vestimenta. Algo como cuando en el conocido chiste alguien señala a una mujer y profiere un grito de horror... “Mírala, que vergüenza, debajo de sus vestidos esta totalmente desnuda”.    

 

Para volver a Zizek, en el momento en que vemos el ser “ como es en realidad” el ser se disuelve en la nada o, mas exactamente, cambia y pasa a ser otra clase de realidad, razón por la cual hay que eludir las metáforas simples de desenmascaramiento, de correr los velos que se supone ocultan la desnuda realidad.      

 

¿Es, entonces, inherentemente imposible aislar una realidad cuya consistencia no se mantenga mediante mecanismos fantasmáticos, una realidad que no se desintegre en el momento en que le quitamos su componente ideológico? ¿No hay realmente salida de la prisión del lenguaje? ¿Condenados a vivir en las sombras de la caverna? O dicho de otra manera... ¿Que es lo que nos hace distinguir entre lo real y lo irreal, entre cerebros, maquinas, cuerpos humanos, disco duro y señales eléctricas, por un lado y simulaciones, imágenes, entidades digitales, sueños y apariencias, por otro? La existencia de la caverna presenta un mundo cuya ultima naturaleza esta compuesta de dos cosas incompatibles... ¿Pero, que pasa si postulamos un mundo compuesto  últimamente de una sola sustancia? ¿Un mundo que fusione la Esencia y la Apariencia? ¿El Original y la Imagen?¿El Fenómeno y el Noúmeno? En buenas cuentas... ¿Las Sombras de la Caverna y la Realidad Luminosa?

 

Cada filosofía, desde Aristóteles adelante se ha caracterizado por el intento de invertir el Platonismo. El ultimo es el de Deleuze. La Idea, dice, fue la respuesta de Platón para distinguir lo verdadero de lo falso, el criterio que distingue lo puro de lo impuro. Platón no crea la Idea para oponerla al mundo de las imágenes, sino para seleccionar las imágenes o copias  verdaderas de las falsas, vale decir, de los simulacros. Pero, con ello, inventa un tipo de trascendencia que se sitúa dentro del campo mismo de la inmanencia. Las cosas, a diferencia de las ideas, son siempre algo distinto de lo que son y en el mejor de los casos, son solo poseedoras de segunda mano de la Idea. Y este es el don envenenado del platonismo que ha continuado marcando a la filosofía hasta hoy. Deleuze intenta restaurar la inmanencia y rechazar el retorno de cualquier tipo de  trascendencia. En esta nueva visión de las cosas, las Ideas  son inmanentes y diferenciales a la experiencia. Los disfraces, las variaciones, los trajes  y las mascaras no son algo añadido secundariamente al original sino que son sus constituyentes internos. En breve, el Ser es univoco... la creencia de que todos los seres expresan su ser con una sola voz, un solo Océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los seres. Un sentido univoco, cuyo sentido, paradójicamente, es la diferencia, que no es sustancia ni sujeto, capaz de disolver y destruir individuos que constituye temporalmente. La percepción del color verde, por ejemplo, se actualiza cuando ciertos elementos virtuales, como el amarillo y el azul, entran en una relación diferencial para producir una singularidad. El amarillo y el azul permanecen oscuros o no actualizados en la percepción  y solo pueden ser aprehendidos por el pensamiento, en una Idea, que no indica ningún tipo de realidad metafísica mas allá de los sentidos. Las cosas ya no imitan a las Ideas. Son las Ideas las que imitan a las cosas.    

 

Así, entonces, en la ontología deleuziana las cosas ya no “simulan” nada, sino que “actualizan” Ideas inmanentes, virtuales y reales a la experiencia. Una ontología en la que no hay nada mas allá o fuera o superior al Ser. Y cada  momento, cada evento, cada individuo y cada pensamiento es singular porque el Ser es diferencia, la producción constante de lo heterogéneo. Por esta razón, una dialéctica puramente inmanente plantea preguntas como  ¿quién? ¿desde dónde? ¿cuando? ¿como? ¿cuánto? ¿en que casos? en lugar de ¿qué es...?  que es la pregunta socrática  de la esencia, la cosa en si, que, como mostro Kant, no tiene solución.

 

La ultima fantasía es la de desenmascarar algo o alguien, la ilusión de presumir un rostro detrás de la mascara, un modelo originario detrás de la copia, un mundo verdadero mas allá del mundo aparente. La cosa es que detrás de la mascara no hay nada, fuera de la diferencia.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.