Sunday, September 17, 2023

La vida y su sentido

   

¿Tiene algún  sentido  buscar el sentido de la vida? Es curioso que todos los humanos reflexionemos sobre esta cuestión. Algunos, por razones históricas, se ven impulsados a considerarlo  como si les fuera la vida en ello y para otros, en cambio, esta es una cuestión meramente marginal y sin gran importancia o ninguna... meramente una pseudo-pregunta.

 

Para todas las  creaturas que pueblan este fantástico planeta  la vida como tal no es problemática, en sentido metafísico, en lo mas mínima, a excepción de los humanos que  nos planteamos  preguntas y dilemas, sentimos ansiedad y nausea y, para tapar el vacío,  nos llenamos de esperanzas y fantasías, mientras vivimos  en la perpetua sombra de la muerte. Al parecer, meditar en nuestra existencia es parte de nuestra ser  en el mundo.

 

Desde tiempos remotos  la alegoría ha sido la forma mas común de interpretar el mundo. Según ella, las cosas no estampan su significado en sus cuerpos o rostros, sino que debe ser inferido desde un texto subyacente, por lo general religioso o moral.  Los objetos hay que leerlos semióticamente, como apuntando mas allá de ellos al texto divino que es el universo. Para los teólogos la respuesta es Dios, el Creador del universo, la razón de que hay algo en lugar de nada. Y los mitos y las ilusiones  servían para ver, comprender y darnos un lugar en el mundo, cosa que hoy los consideramos como errores que hay que disipar. Desde otra perspectiva, sin embargo, también uno podría verlos como ilusiones productivas que permitieron  proteger a la especie por miles de años  de la inquietante  sospecha  de nuestra época de que la existencia es un mero producto del azar.   

 

Lo que distingue al modernismo es la creencia  de que  la existencia del animal humano es contingente, que no tiene base, meta, dirección o necesidad y  que fácilmente podría no haber surgido en este planeta. Somos vagamente conscientes de que el suelo es movedizo y que no hay fundamento  para lo que hacemos o somos. Durante las primeras décadas del siglo xx esta cultura, con toda su ansiedad ontológica, produjo parte del arte literario mas eminente que el Occidente haya presenciado, desafiando todos los valores, creencias e instituciones tradicionales  conocidas hasta ese momento, incluyendo el destino mismo de la humanidad. Si el pensamiento del siglo xx reflexiono  sobre estas cuestiones mas que ninguna otra puede ser porque en Europa la guerra y los campos de concentración consumían innecesariamente vidas humanas por millones. O, tal vez, como comenta el crítico literario Terry Eagleton, la vida parece absurda frente al sentido que solía tener. La típica obra modernista, dice,  sigue obsesionada por el recuerdo de un universo ordenado frente al eclipse del significado que vemos en las obras de Kafka, Becket, Camus, Sartre o Joyce, entre muchas otras, donde la tensión entre la necesidad del significado y su persistente elusividad las convierten en obras genuinamente trágicas. No seria arriesgado decir que en el trasfondo es posible vislumbrar la silueta del  “infame” Schopenhauer...  Hay algo ridículo sobre esta raza pomposamente engreída, convencida de su propio valor supremo, persiguiendo algo edificante que instantáneamente se convertirá en cenizas. No hay objetivo grandioso para este sonido y furia sin sentido, solo gratificación momentánea, placer fugaz, largo sufrimiento y lucha constante por saecula saeculorum. Nadie tiene la mas remota idea de porque toda esta tragicomedia existe. El mundo es simplemente un anhelo fútil, un drama grotescamente  malo, un anfiteatro en donde las vidas tratan de aplastarse mutuamente.     

 

Si a las culturas antiguas no les molestaba tanto el significado de la vida como a Nietzsche o Camus, por ejemplo,  lo mismo pareciera ser cierto para los posmodernistas, con su escepticismo de las grandes narrativas y su desencanto con la metafísica. Ellos prefieren viajar ligeros de equipaje. Tienen creencias, por supuesto, pero no fe. Incluso el termino “significado”, como en Deleuze, es sospechoso. La suposición de que una cosa puede representar o sustituir a otra esta fuera de moda. Las cosas son simplemente ellas mismas, en lugar de signos enigmáticos de otra cosa. Significado e interpretación implican mensajes ocultos, profundidades  bajo superficies, algo que  huele a metafísicas  antiguas.  Solo rompiendo con estas nociones, con la quimera del Sentido de los significados, podemos ser libres para ser nosotros mismos. No hay tal cosa como humanidad para ser contemplada. Hay simplemente diferencias, culturas especificas, situaciones locales. Su contrapartida ha sido el surgimiento del reaccionario  fundamentalismo religioso  o la cháchara del New Age. El significado de la vida, dice Eagleton, ahora pasa al campo de los gurús y expertos espirituales, los tecnólogos de la satisfacción canalizada, los quiroprácticos de la sique. Y para el resto una de las ramas mas populares e influyentes es indudablemente la industria del deporte que se sigue con fe religiosa, parte de la soberanía nacional e identidad étnica que conllevan lealtad y rivalidades tribales, rituales simbólicos, leyendas, batallas épicas y satisfacción intelectual  que llenan las vidas que de otra manera estarían vacías.

 

Y para otro cierto numero de mujeres  y hombres, en cambio, la vida es simplemente  un fenómeno evolutivo accidental que no tiene significado intrínseco. Si la vida tiene algún sentido no es porque tiene una narrativa escrita para nosotros por una abstracción conocida como Dios, Naturaleza o Vida, sino algo que invertimos en ella. El hecho que no haya un sentido dado, prêta porte, nos abre el camino para moldearnos a nosotros mismos en alguna forma “exquisitamente única”. Vivir con fe, cualquier fe, en el modelo que seguimos es infundir  a la propia existencia con un significado. Desde esta perspectiva, el sentido de la vida aparece como una cuestión de estilo y construcción, mas que de contenido. Ahora es el individuo la única fuente de significado y valor en un mundo que carece de ellos.  

 

Pero, esta es la cosa... un significado puesto allí por Dios o uno conjurado por nosotros mismos no son, en realidad, las únicas dos posibilidades. Si le vamos a dar un cierto significado a la vida no puede ser lo que caprichosamente proyectamos sobre ella. Seguramente la vida misma, como dice Eagleton,  debe tener algo que decir en todo esto. Puede que la distinción entre inherente y atribuido sea útil para algunos propósitos, pero para otros es tiempo de desmantelarla.  El sentido, por cierto, es algo que nosotros hacemos. Pero lo hacemos en dialogo con un determinado mundo cuyas leyes no inventamos, y si el significado pretende ser valido, debe respetar la textura del  mundo.  Los marxistas, por ejemplo, creen que la vida humana, o mas bien la historia, tiene un significado  en  el sentido en que  despliega  un patrón, aunque no uno introducido por un Ser Supremo. En verdad, si no hubieran patrones significativos áreas enteras de las humanidades, como la sociología y la antropología, se  detendrían. Es posible creer que hay una narrativa significativa incrustada en la realidad, sin tener que recurrir a una fuente trascendente. El cosmos puede que no haya sido diseñado conscientemente  y ciertamente no intenta decirnos nada, pero eso no significa que sea caótico. Muy por el contrario, sus leyes subyacentes rebelan una belleza, simetría y economía que sorprende a los científicos. Aquí no estaría mal recordar a Kant cuando hablaba de “intencionalidad sin objetivo”. El cuerpo humano, por ejemplo, no tiene un propósito. Sin embargo, uno puede hablar del significado de sus diversas partes  en términos del  lugar que ocupan dentro del todo. Y estos no son significados que nosotros decidamos.  Un proceso, igualmente, puede parecer accidental en el momento que ocurre, pero retrospectivamente cae en un patrón significativo. Accidental no significa ininteligible. Los accidentes no son eventos completamente extraños, si no consecuencias de causas especificas. Es solo que estas consecuencias no fueron previstas por los involucrados.

 

Es así como Hegel ve la historia. A primera vista puede aparecer sin sentido, pero cuando miramos hacia atrás nos llenamos de asombro por lo que ha creado y todo adquiere sentido. Incluso los errores garrafales y los callejones sin salida contribuyen después de todo a este gran diseño en donde el Espíritu retorna a si mismo. Y todos los que defienden una teoría optimista de la historia igualmente  leen la narrativa humana como el constante despliegue de libertad, iluminación y progreso.

 

Y hasta  en el mismo sombrío Schopenhauer podemos encontrar un cierto patrón universal, aunque no nos guste. Toda la realidad y no solo la humana, dice, es el producto de la Voluntad, una fuerza voraz e implacable, una especie de intencionalidad que genera todo lo que hay y  al hacerlo se reproduce a si misma sin ningún otro propósito. Hay, entonces, una esencia o dinámica central en la vida, pero una que da lugar a estragos, caos y miseria en perpetuidad. Debido a que la Voluntad es puramente auto determinante, tiene su fin completamente en si misma, lo que significa que simplemente nos usa a nosotros y a toda el resto de la Creación para sus propios fines y propósitos inescrutables. Podemos caer en la ilusión de que nuestras vidas  tienen valor y significado. La verdad, sin embargo, es que existimos como instrumentos indefensos de la fuerza ciega de la Voluntad, que nos engaña haciéndonos creer que nuestras vidas tienen sentido, que sus propios apetitos son también los nuestros. Y la consciencia que fabrica mitos y fabulas  existe para encubrir la completa inutilidad de nuestra  existencia que, de lo contrario, ante el panorama de carnicería y esterilidad conocida como historia humana, seguramente nos destruiría.

 

Schopenhauer, como nota Eagleton,  forma parte de una larga cadena de pensadores para quienes la falsa consciencia, lejos de ser una niebla que necesitamos disipar, es absolutamente integral a nuestra existencia. Freud, por ejemplo, rebautiza la Voluntad como Deseo y, al igual que Schopenhauer, ve a la fantasía, la mis percepción y la represión de lo Real como constitutivas del yo.    

 

Por supuesto que también podemos contar una historia diferente, pero lo que cuenta Schopenhauer no es tan fácil de desechar completamente. A diferencia de todo otro pensador el nos confronta  brutalmente  con lo que seguramente siempre hemos sospechado. En su conjunto es difícil negar que la historia humana ha sido la historia de la escasez, la miseria y la explotación mas que una fabula de solidaridad e ilustración.  Si Schopenhauer es infame es porque nos obliga a enfrentar su desafío con algo mas que argumentos anodinos de consolación.   

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, September 10, 2023

Hilos de madrugadas


Estoy

Tejiendote

Una bufanda

Roja y negra

Con

Los hilos

De

La madrugada

Y

Las sonrisas

Del

Alba.

 

Nieves.


Sunday, September 3, 2023

Las paradojas del crecimiento

 

Las declaraciones de imposibilidad son la base misma de la ciencia. Es imposible, por ejemplo, viajar mas rápido que la velocidad de la luz, crear o destruir materia-energía o construir una maquina de movimiento perpetuo. Seguir el teorema de la imposibilidad evita perder recursos en proyectos que están destinados al fracaso. El economista Herman Daly, siguiendo este principio, desafía el oxímoron económico  del crecimiento  económico sostenible con el bien conocido  “Teorema de Imposibilidad”.

 

Brevemente el teorema establece el hecho de que el crecimiento económico ilimitado es imposible en un ambiente limitado. En tanto mas crezca el subsistema económico, mas incorpora el ecosistema dentro de si mismo hasta alcanzar su limite del 100%. En otras palabras... la continuación del capitalismo, como sistema de crecimiento o muerte dedicado a la acumulación ilimitada de capital, es en si misma una imposibilidad absoluta. Los autores del Limite de Crecimiento de 1972, ya habían  anunciado proféticamente que si se continúan las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial,  la industrialización,  la contaminación, la producción de alimentos y el agotamiento de los recursos, los limites de crecimiento se alcanzaran dentro de los próximos 100 años. El periodo de tiempo antes de que se agoten los depósitos no renovables depende de su tamaño y de la tasa de extracción. Algunos pueden tardar cientos de años, mientras que otros, como el petróleo, los depósitos conocidos del fosforo, ingrediente fundamental de los fertilizante, se agotarían en este siglo, al igual que  algunos minerales. Y el declive bien documentado de muchas especies de peces oceánicos, hasta el punto de extinción, es un ejemplo de que incluso los recursos renovables pueden agotarse.  El resultado mas probable será una disminución repentina e incontrolable de la población y la capacidad industrial.

 

Desde hace algún tiempo los ambientalistas, o por lo menos el sector de ellos que no esta en los bolsillos de las corporaciones, vienen diciendo que el capitalismo no es la solución, sino el problema, y si la humanidad tiene alguna posibilidad de sobrevivir la crisis lo hará creando todo un nuevo mundo en coevolución con el planeta.

 

Como es bien sabido la acumulación de capitales es lo que distingue al capitalismo de un simple sistema de satisfacción de  necesidades, que lo impulsa a la búsqueda interminable de ganancias y a la expansión económica que obliga a las empresa a competir continuamente entre ellas para aumentar las ventas, ganar participación en el mercados y evitar las crisis económicas. Las corporaciones, quieran o no, están sujetas a un mundo hobbesiano de guerra de todos en contra de todos y, a medida que los mercados nacionales se ven saturados, la expansión global es la solución para aumentar el crecimiento que inevitablemente crea  problemas ecológicos y geopolíticos que mas temprano que tarde llevan a acciones militares que amenazan la supervivencia de todos. La historia de siglos de saqueo y expansión de Europa y Estados Unidos esta bien documentada. La penetración económica de las naciones mas pobres del Sur global se produce en algunos casos  pacíficamente a través de la interferencia política mientras que en  otros recurren a la guerra para obtener la dominación. La competencia actual por los recursos naturales esta causando un creciente conflicto ambiental, especialmente en relación a las disputas entre países por el agua... India y Pakistán, Israel y Palestina,  China e Indonesia, etc.

 

La lógica impuesta por la competencia es la de crecer o morir que lleva inevitablemente a una concentración y control monopólico cada vez mayor. Una economía basada en la simple reproducción... digamos  “un estado estacionario” como lo llama Marx,... viola la fuerza motivante básica del capitalismo que es su propia expansión. Los propietarios del capital están obligados a hacer todo lo que este en su poder para maximizar las ganancias y mantenerse a flote el sistema  que necesita un crecimiento mínimo indefinido entre el 2%  y el 3%  para reducir el desempleo y evitar la desestabilidad social. La paradoja es que cuando mejor funciona el capitalismo mayor destrucción causa al ambiente. Incluso cuando el crecimiento económico  es mas lento, lo que pareciera ser la línea de base para los países capitalistas maduros... todavía es demasiado para el planeta.  El sistema es ecológicamente menos destructivo cuando entra en crisis económica y el crecimiento se detiene. Las recesiones, entonces, son buenas para el medio ambiente, pero causan un enorme sufrimiento a la clase trabajadora, por lo que no es de extrañar que el ambiente y el trabajo parecen estar en campos opuestos.    

 

Lo que actualmente esta claro es que los simples retoques económicos y ajustes técnicos no serán suficientes para detener y disminuir los niveles de CO2.  Los recientes cambios tecnológicos, por ejemplo, han sido mas parte del problema que de la solución. La tecnología en el capitalismo esta lejos de ser neutral e invariablemente favorece aquellas que aumentan las ganancias, la acumulación y el crecimiento económico, a pesar de ser ecológicamente destructivas, como la promoción de tecnologías dependientes de combustibles fósiles, productos químicos sintéticos tóxicos y  energía nuclear que producen desechos en grandes cantidades que luego la industria externaliza  en la naturaleza y la sociedad.  Si el capitalismo se viera forzado a internalizar todos estos costos sociales y ambientales quedaría fuera de negocio.

 

Para que la especie humana sobreviva, según el ecologista John Bellamy,  no solo hay que disminuir las huellas de carbono, sino también las huellas ecológicas, lo que significa que la expansión económica  a nivel mundial debe reducirse o, incluso,  detenerse... ¿Es esto posible en una economía capitalista?

 

Supongamos, dice,  que todas las ganancias que obtienen las corporaciones, después del reemplazo o reparación de equipos y edificios, son gastados por los capitalistas en su propio consumo o entregados  a los trabajadores como salarios y beneficios. A medida que capitalistas y trabajadores gasten ese dinero en bienes y servicios producidos, la economía podría permanece en un estado estacionario. Dado que no habría inversión en una nueva capacidad productiva, mas allá del reemplazo, no habría crecimiento económico y no se generarían ganancias adicionales, es decir, no habría acumulación de capitales. Pero, el problema con  esta utopía capitalista de crecimiento nulo, es que viola la fuerza motriz básica del capitalismo. A lo que aspira el capital, digamos el propósito de su existencia, es su propia expansión... ¿porque, entonces, el capitalista gastaría el excedente económico en su propio consumo y en el salario y beneficio laboral? Por el contrario... es claro que los dueños del capital, mientras se mantengan las relaciones de propiedad actual, harán todo lo que este a su alcance para maximizar la cantidad de ganancias que acumulan. Una economía de estado estacionario que todavía sirva las necesidades básicas de la humanidad entra en contradicción con este interés capitalista. Este tipo de economía solo seria  posible si se separa de las  relaciones sociales, económicas y de poder del propio capitalismo.  

 

El problema es que, dado el poder que ejercen los intereses comerciales sobre la economía, el estado y los medios es extremadamente difícil efectuar cambios fundamentales a los que obviamente se oponen las corporaciones. Prácticamente es imposible tener una política energética, un sistema agrícola y alimentario, una política industrial y comercial  ecológicamente racional. Aunque el sistema se incline a efectuar reformas limitadas en relación con el medio ambiente, estas se restringen antes de que lleguen al punto de amenazar el sistema económico y político en su conjunto. Como resultado, las reformas no logran  abordar el problema y la crisis continua empeorando. Según su cultura, el mundo es menos importante que el capitalismo industrial, el fin del mundo es menos temible que el fin del capitalismo corporativo. La verdad es que no hay nada en el sistema que le permita retroceder  antes de que sea demasiado tarde.  Para ello se requieren otras fuerzas, desde el interior de la sociedad, capaces de pensar y actuar de manera que sobrepasen la lógica vigente.  En el momento en que el capitalismo global es completo y que los últimos espacios no mercantilizados empiezan a desaparecer este cambio es difícil de contemplar.

 

La historia muchas veces ha mostrado que la generación de nuevas formas y arreglos sociales no son el producto de proyectos completamente acabados... digamos “preta porte”... sino que surgen desde dentro del mismo sistema cuando este empieza a mostrar sus grietas. Los pueblos indígenas, por ejemplo,  están hoy reforzando una nueva ética de responsabilidad con la tierra. La base para la creación de un desarrollo humano ecológicamente sustentable y democrático  puede surgir, por tanto, desde el interior del sistema dominado por el capital, sin ser parte de el, en la misma forma que la burguesía surgió de las grietas de la sociedad feudal. La creación y planificación de un sistema completamente diferente,  por mas difícil y visionario que parezca, es una alternativa mas realista que la de los que se niegan a ver la conexión entre explotación social y ecológica. Ello requerirá, sin embargo, una movilización mundial masiva y, al parecer, la voluntad de los pueblos todavía no esta ahí. La otra alternativa es que cuando el sistema colapse la civilización tal como la conocemos entre en su etapa terminal y los humanos lentamente empiecen a desaparecer del escenario.

 

La crisis ecológica  no puede resolverse dentro de la lógica del actual sistema económico, político y social. El único criterio realista para determinar si el sistema funciona en favor de la vida o no es si aumenta o disminuye el CO2. Hasta el momento, la emisión continua aumentando en 5.3% en el 2021 comparado con el año anterior  y nuevos depósitos de petróleo con subsidios de los gobiernos de  Estados Unidos y Canadá  se agregan a los ya existentes.

 

La cosa, entonces,  es... capitalismo o humanidad. Si la humanidad quiere persistir el capitalismo tiene que irse... si continuamos con el capitalismo la actual civilización humana desaparece.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 27, 2023

Pedazos de terciopelo azul

 

Tejemos

Dedos,

Y

Cuencas

De

Las manos,

Con

Misteriosos

Palillos

De

Amor

Y

Pedazos

De

Terciopelos azules

Para

Dar

Una caricia.

 

Nieves.


Sunday, August 20, 2023

Pura ideologia

  

Quiere decir que la ideología es un error? Y si es un error... ¿por qué en estos momentos vemos el mundo atormentado por conflictos ideológicos, a pesar de que la noción aparentemente ha desaparecido de los escritos posmodernistas? Lo cierto es que nadie considera que su propio pensamiento es ideológico. La ideología es lo que las otra personas tienen. Esas que ven el mundo a través de un marco rígido de ideas preconcebidas que distorsionan la comprensión de la realidad, en lugar de verla como ella realmente es.... ¿y como realmente es?

 

Es bien difícil encontrar una sola definición adecuada de ideología, principalmente porque el termino tiene una amplia gama de significados útiles, a pesar de que no todos son compatibles unos con otros. Se dice,  por ejemplo, que “la ideología es un proceso de producción de significados, signos y valores en la vida social”. “Un cuerpo de ideas características de un grupo social o clase”. “Ideas que ayudan a legitimar el poder político dominante”. “Formas de pensamiento motivadas por intereses sociales”. “El proceso por el cual la vida social se convierte en una realidad natural”, y así  entre otras. Una línea central, que va desde Hegel a Marx siguiendo con Lukacs y los marxistas posteriores se han preocupado por ideas de cognición verdadera y falsa, con la ideología como ilusión, distorsión, mistificación y consciencia falsa, mientras que otra tradición alternativa ha sido menos epistemológica que sociológica, preocupada mas por la función de las ideas  en la vida social que con su realidad o irrealidad.

 

Las cuestiones epistemológicas en la tradición marxista clásica como la “falsa consciencia”  es hoy día algo bastante impopular porque contiene la suposición de que algunas de nuestras ideas coinciden o corresponden a la forma en que las cosas son, algo que para los críticos pos estructuralistas es una creencia ingenua porque implica la posibilidad de que existe alguna forma inequívocamente correcta de ver el mundo, lo que es bastante sospechoso. Debido a esto algunos teoristas prefieren simplemente abandonar la cuestión epistemológica,  favoreciendo en cambio un enfoque mas político de la ideología viéndola  como el medio con que las mujeres y los hombres libran sus batallas sociales al nivel de signos, significados y representaciones.

 

Y, sin embargo, a pesar de lo dicho existe el hecho de que las ideologías con bastante frecuencia contienen importantes proposiciones que son absolutamente falsas... los judíos son seres inferiores, las mujeres son menos racionales que los hombres, los indígenas son brutos y analfabetos, el homosexualismo es un pecado, la lucha de clases es una invención comunista, etc.   Si esto no es  “falsa consciencia”, entonces... ¿qué es?   

 

El filosofo marxista Althusser tiene una respuesta... se puede hablar de descripciones o representaciones del mundo, dice,  como siendo verdaderas o falsas. Pero, la ideología no es en absoluto  acerca de esto. La ideología no representa la realidad, sino la forma en que vivo mis relaciones con la sociedad en su conjunto. Como termino abarca todas las diversas modalidades políticas de tales relaciones, desde una identificación con el poder dominante a una postura de oposición hacia el. Con esta respuesta Althusser obviamente rompe con cualquier teoría racionalista de la ideología, con la noción de que esta es una colección de representaciones distorsionadas de la realidad y empíricamente falsas. Ella, mas bien, alude a nuestros afectos, a nuestras relaciones inconscientes con el mundo, a cómo experimentamos  la realidad a nivel pre reflectivo. Es subjetiva en el sentido de estar centrada en el sujeto, pero no se trata de un mero capricho privado. Decir que a uno no le gustan los gitanos, no es lo mismo que decir que a uno no le gustan las arvejas. En el primer caso hay razones conectadas con nuestra relación con el orden social dominante que nos hace denigrar a cierto seres humanos.  

 

Según esto la ideología es menos una cuestión de ideas que de sentimientos, imágenes y reacciones corporales.  Pero, sin lugar a dudas, las ideas a menudo también figuran de manera importante en ella. Lo que uno podría decir, en todo caso, es que el termino ideología es una forma conveniente de categorizar bajo un solo titulo un montón de cosas que hacemos con los signos. Y,  tal vez,  la respuesta mas común  es la que afirma que la ideología tiene que ver con el poder de un grupo dominante  o clase social que se  legitima a si misma naturalizando y universalizando  creencias y valores afines a ella que las hacen aparecer como evidentes y necesarias, obscureciendo las contradicciones y conflictos de la realidad social. Decir que un juicio es ideológico es afirmar que esta impulsado por un motivo ulterior ligado a la justificación de ciertos intereses en la lucha por el poder.   

 

El problema con esto,  sin embargo,  es que no toda creencia ideológica esta asociada con un poder político dominante... ¿ son, por ejemplo, el socialismo o el feminismo no ideológicos cuando  están en la oposición, pero ideológicos cuando están en el poder? Si la ideología esta confinada solo a las formas dominantes de pensamiento social el termino se vuelve bien confuso e inexacto. Por eso otras aproximaciones  la ven  como un conjunto de ideas con que las que mujeres y hombres postulan, explican y justifican fines y medios en la acción social y específicamente en las acciones políticas, independientemente de que dicha acción tenga por objeto preservar, enmendar, desarraigar o reconstruir un orden social dado. La ventaja aquí es que se mantiene fiel a una gran parte del uso común, pero a costa de eliminar una serie de elementos que algunos teóricos mas radicales  piensan que son centrales en el concepto, tales como el obscurecimiento y “naturalización” de la realidad social.

 

La verdad, en todo caso, es que la difusión de los valores y creencias dominantes entre los grupos oprimidos de la sociedad todavía juega un papel importante en la reproducción del sistema, a pesar del reclamo de que el capitalismo contemporáneo opera en gran medida sin ideología. La cosa, sin embargo, es que el concepto mismo de ideología  ahora intenta, en lugar de las fantasías míticas, religiosas o metafísicas del pasado reciente,  proporcionar subrepticiamente justificaciones racionales, técnicas y científicas para la dominación. Según sus teóricos, el sistema ahora funciona “por si mismo”, sin ninguna necesidad de recursos ideológicos y la educación, según esto, deja de ser una cuestión de auto reflexión para pasar a ser parte del aparato tecnológico, reducida solo a certificar el lugar que vamos a ocupar dentro de el.  A diferencia de los otros regímenes anteriores,  en el capitalismo la vida económica no esta sujeta a una continua supervisión política. Es la mera compulsión económica, la simple necesidad de sobrevivir la que mantiene a hombres y mujeres en el trabajo, divorciados de cualquier marco político o sanciones religiosas. En esta forma de vida la economía llega a operar “totalmente por si misma”, dando la ilusión de que el Estado burgués es neutral y desinteresado y que la mentalidad tecnocrática  es su ultima legitimación.

 

Dado esto... ¿como la clase obrera se va a tomar el poder en esta formación social donde el poder dominante es sutil, difundido a lo largo de las practicas cotidianas habituales, íntimamente entretejido con la cultura  e inscrito en  nuestras experiencias desde la escuela hasta el final de la vida? ¿como combatir un poder que se ha convertido en el sentido común de todo un orden social?

 

Lo cierto es que, por importante que sea, no basta con tomarse los lugares de trabajo o de educación o confrontar el Estado con marchas multitudinarias. Junto a ello habría que cuestionar toda el área de la cultura. Como nota el critico ingles Terry Eagleton, el poder de la clase dominante es tanto material como espiritual  y cualquier contra ofensiva debe ampliar su campaña en el ámbito de los valores, costumbres, discursos, hábitos y practicas rituales. Los hombres y mujeres, como decía Marx, no son solo el reflejo impotente de sus condiciones históricas, sino lo que los constituye como sujetos humanos es su capacidad de transformar sus propios determinantes sociales, de hacer su propia historia sobre la base de sus condiciones anteriores. Es en esta brecha estructural entre lo real y lo posible que la critica emancipatoria puede afianzarse.  Cuando hombres y mujeres, por ejemplo,  se ven envueltos  en luchas locales de resistencia política y entran en confrontación directa con el Estado,  se da la posibilidad de que sus consciencias políticas sean definitivamente alteradas. 

 

 

Según Marx, en ciertas condiciones sociales, poderes humanos, productos y procesos escapan del control humano y llegan a asumir una existencia aparentemente autónoma, distanciada de sus agentes. Tales fenómenos, entonces, llegan a ejercer poderes imperiosos sobre los hombres y mujeres que se someten a los productos de su propia actividad  como si fueran una fuerza ajena. Si las ideas, al igual que estos productos, se captan como entidades autónomas, entonces esto ayuda a naturalizarlas  y deshistorizarlas... y es justamente aquí donde radica el secreto de las ideologías. Por supuesto, no toda idea abstracta es ideológica. Las matemáticas, por ejemplo, no lo son. Pero, la desconexión del  pensamiento de la existencia practica, en formas que sirvan fines político objetables, es parte definitiva de la noción. 

 

La ideología, entonces, mas que una especie de subjetividad,  es una estructura material bien compleja. Cuando es dominante refleja no solo la visión del mundo de los gobernantes, sino también las relaciones entre las clases gobernantes y las dominadas como un todo social. Su tarea, según Eagleton, es recrear a nivel imaginario la unidad de toda la formación social. La relación entre la clase hegemónica y la ideología dominante es indirecta y pasa, por decirlo así, a través de la mediación de toda la estructura social. Tal ideología no puede ser descifrada de la consciencia del grupo gobernante tomado aisladamente, sino debe ser entendida  desde el punto de vista de todo el campo de la lucha de clases. 

 

Como la pobreza y la desigualdad, la ideología siempre esta con nosotros. Según Althusser la ideología es una estructura esencial en la vida de todas las sociedades que la secretan orgánicamente y las sociedades pos revolucionarias, si es que algún día llegamos a ellas,  no serán diferentes en este aspecto. Cuando la vida política se desprende de los mitos, las sanciones religiosas o metafísicas, la ideología pasa a ocupar su lugar. Si consideramos que la mente en si misma esta constituida por una distorsión crónica, entonces no es extraño que la ideología sea su hábitat natural.

 

Si la teoría de la ideología tiene algún valor, es para ayudar a iluminar los procesos por los cuales la liberación de las creencias mortíferas pueda  prácticamente ser efectuada.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 13, 2023

Entre murmullos

 

Soy

Una hoja

Que

Susurra

Entre

Murmullos

De

Arboles

Cuando

El viento suspira.

 

Nieves.


Sunday, August 6, 2023

Post Latinidad

 

El lugar común de los lideres del autodenominado mundo libre  es que el  Occidente es democrático, tolerante y esencialmente bueno y el resto es antidemocrático, bárbaro y fundamentalmente malvado. En palabras del  jefe de Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrel, del pasado mes de Noviembre, “Europa es un jardín, mientras que la mayor parte del resto del mundo es una jungla”... ¿realmente?... Como el economista y autor boliviano, Gabriel Loza y el analista político Juan Guahan, nos recuerdan en uno de sus recientes escritos... “Aquella Europa vino, conquisto y colonizo estas tierras. Sometió a los pueblos originarios que en ellas habitaban. Con las riquezas que estaban en las entrañas de estas tierras financio gran parte del despliegue industrial que coloco a Europa en la cúspide del poder mundial”.  

 

En realidad, y esto no es una novedad,  la América que hoy conocemos existe como consecuencia de la expansión colonial europea. Fueron los españoles y portugueses los que en el siglo XVI nombraron el continente. Los Incas y Aztecas, antes de la invasión, no vivían en América, ni menos en América Latina. La narrativa que describe estos eventos como “descubrimiento”, según Walter Mignolo, ha sido contada, no por los habitantes de Anáhuac o Tawantinsuyu, sino por los mismos europeos. Y ha tomado mas de cuatrocientos años, dice, para  pasar de la idea de “descubrimiento” a la de “invención”. La primera presupone la perspectiva europea e imperial de la historia mundial, en tanto que la segunda refleja la perspectiva critica de los que han quedado rezagados y silenciados, los que, en verdad, constituyen la gran masa de los marginados y “condenados de la tierra”. América como invención revela, sin lugar a dudas, la lógica de la colonialidad oculta tras la retorica de la modernidad. 

 

¿Como se “invento”, entonces, América Latina? Cuando la primera y segunda generación de criollos de descendencia europea viviendo en latín y anglo América se independizo del dominio imperial se apropiaron del nombre del continente para si mismos y pasaron a auto llamarse  americanos. Y mas tarde, a mediados del siglo XIX, surgió la idea de América “Latina” a partir del concepto de “Latinidad” que estaba siendo avanzado por Francia, seguida por Italia, España y Portugal, herederos del imperio romano, para tomar la delantera en Europa y confrontar  la continua expansión de Estados Unidos hacia el sur de las colonias y desplazar, al mismo tiempo, la idea de una “Confederación de Naciones Hispanoamericanas” propuesta por Simón Bolívar.

 

Como nota Mignolo los criollos blancos y mestizos adoptaron esta idea de “latinidad” para crear su propia identidad poscolonial que le dio la cara a Francia y la espalda a España y Portugal, rezagadas en la marcha hacia el Modernismo. En consecuencia, América Latina no es tanto un subcontinente como un proyecto político de las elites criollas y mestizas. El problema, sin embargo,  es que termino por ser un arma de doble filo. Creo una nueva unidad continental elevando a la población de ascendencia europea, pero a costa de  borrar a las poblaciones indígenas y afro que quedaron fuera del juego. Sus historias, sus narrativas acerca de los orígenes del ser humano, su religión, sus lenguajes  y sus formas de organización social fueron  silenciadas y su civilización transformada en ruinas. Así, la población criolla de ascendencia europea se convirtió en América Latina en los amos del continente, en la elite poscolonial, pero sin dejar de ser inferiores y subordinados con respecto a Europa. Curiosamente la consciencia criolla ha sido el efecto de una doble consciencia... la consciencia de no ser  lo que se supone ser... europeo. Como dice Mignolo, el ser como no ser es la marca de la colonialidad. Los afro criollos y los indios no tienen el mismo problema. Su consciencia critica no surge  del hecho de no ser europeos, sino de no ser considerados ni siquiera como humanos.  

 

Elite poscolonial  no significa, como se pudiera creer, el fin de la lógica colonial, sino que simplemente se refiere al periodo posterior al cambio del régimen colonial gobernado desde la metrópolis a un régimen nacional regido por los criollos. Y fue en este giro cuando nació  el colonialismo interno y “latino”. La dependencia no desapareció, sino que fue simplemente reestructurada con la misma lógica... la devaluación de las condiciones humanas  de aquellos destinados a ser dominados, explotados y controlados. En lugar de comprometerse con el análisis critico, la elite criolla se dedico a emular a los intelectuales europeos y a imaginar que sus historias locales podrían ser construidas siguiendo  las ideas republicanas y liberales  de Francia o Inglaterra, en lugar de la critica del colonialismo y la construcción de un proyecto decolonial.  Este fracaso, según Mignolo, duro mas de ciento cincuenta años y dio forma a la configuración socioeconómica e intelectual de la historia de “Latino” América, hasta que los movimientos sociales disidentes, particularmente los lideres Indígenas y Afro descendientes, no impregnados con las tradiciones republicanas, liberales o socialistas, comenzaron a encontrar los senderos que los criollos latinoamericanos no tuvieron interés en seguir, cegados con la fantasía de creerse europeos y emisarios de la misión civilizadora modernista, al estilo del argentino  Domingo Faustino Sarmiento, que el chileno Francisco Bilbao a mediados del siglo XIX denuncio como defensor del nuevo instrumento imperial de expansión. “Latín” América, vista las cosas de esta manera, lleva en su nombre el peso de la ideología imperial española, portuguesa y francesa.  

 

Desde hace algún tiempo hemos  venido presenciando el surgimiento de un nuevo tipo de conocimiento que responde a las necesidades de los condenados de la tierra. La reproducción continua de la herida colonial, según Mignolo, ha venido generando proyectos políticos radicales, nuevos tipos de conocimiento y nuevos  movimientos sociales.  Cambios en la “idea de América Latina” están siendo promovidos por ese sector activo de la sociedad que no tiene acceso al estado ni a los mercados, pero que tienen, sin embargo, el poder de perturbar el conjunto de creencias en las que se basa la ciencia, la filosofía, la ética, la estética  y la teoría económica y política. Un potencial epistémico perseguido por un sector de la población que piensa desde principios distintos de los de Aristóteles, Platón o la Biblia y por ello han sido desestimados, racializados, inferiorizados y colonizados. La diferencia entre los movimientos socialistas y comunistas durante la Guerra Fría y los movimiento indígenas de hoy es que estos últimos no piensan ni operan dentro de la lógica del sistema, sino que intentan cambiar, no solo su contenido, sino  su lógica. La teología de la liberación, tal como fue articulada por los teólogos latinos disidentes contribuyo a agudizar la consciencia critica del siglo XX. Hoy día, sin embargo, la critica viene de los actores que siempre han quedado fuera de la idea eurocéntrica de latinidad. Desvinculados de ese concepto, el interés critico de los indígenas, afro, mujeres de color, gays y lesbianas es construir una América pos Latina.  El liderazgo viene de la energía de cada localidad  y de la historia de la colonización del saber y del ser. El liderazgo ya no puede provenir solo de los proyectos eurocéntricos de liberación, ya sean de la teología de la liberación o del marxismo socialista. La “verdad” esta en otra parte.   

 

La historia lineal de Europa que va desde el Renacimiento a la Ilustración y Modernidad y de la Modernidad a la posmodernidad esta siendo desplazada por el surgimiento del paradigma de la coexistencia. Los intelectuales afroandinos, dice Mignolo, en lugar de alienarse a si mismos pensando con marcos conceptuales que no pertenecen a su propia experiencia, definen lo propio con ideas y experiencias surgidas de ellos mismos que los libera de la colonización y les permite trabajar hacia un futuro posible que ya no es dictado por la iglesia, los estados capitalistas o el sector privado. Como proyecto político uno no tiene que ser indígena, afro o latina para respaldar una política que contribuya a descolonizar el saber y  luchar contra la opresión.  

 

Los desafíos de los pueblos indígenas de la región andina, Chile, Centro América y el sur de México marca una nueva tendencia por la organización social, económica y de vida de los pueblos que se inicia con el levantamiento zapatista de 1994 y sigue con los Pueblos Indígenas de Bolivia, Ecuador, Colombia y Guatemala y los movimientos afro caribeños y afro andinos. Las primeras líneas de la Declaración Zapatista subraya quinientos años de lucha por la liberación y descolonización del saber.

 

Lo que los intelectuales y lideres indígenas intentan es desvincularse de los estándares de conocimiento occidentales que supuestamente se dan como la única forma en que la historia mundial puede ser conocida. Pensar lo contrario es posible y las mejores soluciones no se encuentran necesariamente en el orden real de las cosas bajo el neoliberalismo. Para ellos la interculturalidad, a diferencia del multiculturalismo, no significa hablar con la misma lógica en dos lenguas diferentes, sino la colaboración de dos lógicas diferentes para el bien de todos. “Multiculturalidad” significa que los principios hegemónicos del conocimiento están controlados por el Estado y las personas tienen la libertad para mantener sus culturas, digamos sus bailes, su música, sus comidas, sus vestimentas y religión, en la medida que no desafíen los principios que fundamentan la política, la economía y la ética que gestiona el Gobierno. “Interculturalidad”, por el contrario, significa que hay dos cosmologías distintas en funcionamiento... occidentales e indígenas.  “Interculturalidad”, en sentido amplio, es la reivindicación radical de los derechos epistémicos indígenas que son bastante diferentes de los derechos culturales. En el hecho hay un ethos indígena, reprimido por los españoles y luego por los criollos, que nunca ha desaparecido, aunque ha sido transformado desde la época colonial. Contrario al ethos criollo, se funda en una lógica distinta que hoy resurge para intervenir en el ethos de la Modernidad eurocéntrica habitada por diseños globales corporativos.    

 

Las filosofías caribeñas y afro andinas están cambiando el rostro de “América Latina”. Si por alguna razón los criollos necesitamos preservar la “latinidad” como rasgo distintivo, también tendríamos  que reconocer que hay millones de personas en el subcontinente para quienes “latín” América significa “una morada  que no es de ellos, una casa que no les pertenece, un espacio donde tienen que pedir permiso para entrar”. La inclusión otorgada por la generosidad del Estado no basta. La cosa no es inclusión, sino interculturalidad, un proyecto compartido basado en diferentes orígenes. Como dicen los Zapatista de Chiapas, significa “habitar en un mundo donde coexisten muchos mundos”.  

 

Lo menos que uno podría decir es que con los proyectos indígenas que van desde Chile a Canadá, el mundo, el planeta y sus diferentes ecologías están relativamente mas seguras en sus manos que con la lógica explotativa y exterminista del Modernismo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.