El vacío y la inexistencia del yo son, podríamos decir, los conceptos mas arcanos, extravagantes y fundamentales de la filosofía budista que expresan el hecho de que ni el mundo dentro de ti ni el mundo fuera de ti son lo que parecen ser.
El escritor Robert Wright cuenta que en una sesión de meditación tuvo una experiencia bastante inusual. No me esforzaba, dice, por centrarme en ningún tipo de cosa en particular. Mi campo de consciencia parecía totalmente abierto, mi atención se desplazaba con facilidad de una parte a otra, posándose levemente en cada nuevo punto, mientras mantenía una percepción del conjunto. En un momento dado sentí un hormigueo en el pie. Casi al mismo tiempo, oí el canto de un pájaro en el exterior. Y esto es lo curioso... sentí que el hormigueo en el pie no formaba parte de mi mas que el canto del pájaro. Me pregunto... ¿sentí que el canto del pájaro era realmente parte de mi? ¿O sentí que el hormigueo del pie no formaba parte de mi? Dicho de otra manera... ¿me sentía uno con el mundo o estaba mas cerca de sentir que no era nada?
La respuesta obvia es que el hormigueo se origina dentro de la piel. Es parte de ti... ¿cierto? Si, pero ¿es la piel realmente un limite tan importante como habitualmente asumimos? ¿realmente tiene sentido pensar que todo lo que esta dentro de mi es yo y todo lo que esta fuera es lo otro? ¿no será que lo que uno llama “me” y lo que llama “mío” es difícil de trazar? Nuestra familia es parte de nosotros y cuando uno de ellos muere, una parte de nuestro propio ser desaparece. El punto es que una gran cantidad de información llega a mi cerebro y este decide que información considerará parte de mi “yo” y cual no y que información se sitúa en un punto intermedio. Pero, visto desde una perspectiva diferente, también podríamos decir que mi cerebro, o el tuyo, podrían haber estado configurados de otra manera, de modo que van a interpretar la información de forma distinta de lo que es el “yo” y lo “otro”. Por ejemplo, hay un pequeñísimo numero de personas con una afección conocida como sinestesia táctil especular que comparten literalmente las sensaciones de quienes las rodean. Si ven que alguien es tocado, sienten ese contacto y las exploraciones cerebrales muestran una actividad neuronal muy similar a las que experimentan si fueran ellas mismas tocadas. Es posible, entonces, imaginar un proceso de selección natural capaz de crear seres orgánicos que harían de la cenestesia táctil especular la norma, en lugar de una aberración, lo que significaría que el “yo” seria algo bien diferente. La cosa es que aquello con lo que nos identificamos, ya se trate de cosas dentro o fuera de nosotros, es en gran medida el resultado de la dirección que la evolución humana ha seguido. La concepción del “yo” y sus limites, por tanto, es, en este sentido, arbitraria. Y es por eso que la experiencia que Wright relata indica que la progresión lógica de la experiencia durante la ausencia del yo fusiona el interior y el exterior.
Pero, como observa Wright, si hay aquí una especie de lógica, también hay una especie de paradoja. Al fin y al cabo, cuanto menos sentido tiene hablar de un “tu”, dentro de tu piel, menos sentido parece tener hablar de “tu” continuidad con el mundo exterior. Es por eso que, según el Budismo, no tiene sentido, en ultima instancia, hablar de un “tu” dentro de tu piel, porque la idea de “tu” continuidad con el mundo exterior carece de sentido. La mala noticia, entonces, es que tu no existes. La buena noticia es que tu eres todo. Si tu eres nada, si desapareces, entonces puedes ser todo. Pero no puedes ser todo a menos que seas nada. Según el cliché místico “puedes sentir profundamente que todo es una sola cosa. Y, de algún modo, extrañamente, eso esta dentro de ti”.
¿No será que la afirmación “soy nada significa que soy todo” es pretenciosa, algo así como una pura jerga incomprensible que quiere pasar por sabiduría? La verdad, si que eremos mantener cierta claridad, es que nada mas nada suma nada... ¿cierto?
Cierto... pero si miramos con mayor detención el argumento, quizás podríamos llegar a una conclusión diferente. La idea budista del vacío tiene una estrecha relación con la idea de “co-surgimiento”. Las cosas que parecen existir independientemente de otras dependen, de hecho, para su existencia, de otras cosas. Los arboles necesitan de luz solar, agua, nutrientes y muchos otros elementos con los que entran en contacto y así con todo lo que existe, ya sean los arroyuelos, la lluvia o los animales. Nada posee una existencia inherente. Nada contiene en si mismo todos los ingredientes para una existencia autosuficiente. De ahí la idea del vacío... todas las cosas están vacías de una existencia inherente e independiente. No hay, por tanto, mucha diferencia entre decir que las cosas están tan interconectadas que carecen de identidad individual y decir que las cosas están tan interconectadas que son una sola cosa. Y es justamente esta revelación del vacío la que desvela la ilusión de la esencia.
Lo que no es muy controversial hoy, como nota Wright, es que cuando percibimos el mundo exterior en realidad no estamos percibiendo el mundo exterior sino, mas bien, lo estamos, de alguna manera, “construyendo”. No tenemos, según una larga tradición filosófica, contacto directo con el mundo. Las cosas que vemos, olemos y oímos se encuentran a cierta distancia de nuestros cuerpos y lo que el cerebro hace es extraer inferencias sobre ellos a partir de datos indirectos... moléculas que llegan flotando desde la panadería, ondas sonoras que emanan de un avión, etc. La panadería o el avión por supuesto existen. El punto es que estrictamente hablando la percepción es un proceso de construcción constante de modelos del mundo. No hay tal cosa como una percepción inmaculada. La maquina de la mente siempre le esta asignando sentimientos a las cosas y los sentimientos dotan a las cosas de esencias
con el fin de maximizar la supervivencia. Por eso no es extraño que distintas personas vean cosas diferentes en las pruebas de Rorschach. Nuestra mente intenta darle sentido a las cosas y por eso las insertamos en una historia que influye en como nos sentimos respecto a ellas y como moldean la esencia que en ellas percibimos. La llamada esencia “femenina”, o la supuesta “inferioridad racial” son un claro ejemplo de cómo la creencia en la esencia puede conducir a la discriminación social.
Según un pasaje del Samadhiraja Sutra “las cosas carecen de esencia, pero poseen cualidades que pueden percibirse”. El sonido del avión existe porque posee cualidades, pero no hay una esencia detrás de estas cualidades. Esta es una cuestión de interpretación. La esencia no existe independientemente de la percepción humana y todo lo que tiene significado en el mundo es algo que nuestro yo le impone.
¿Significa entonces que, si el yo lo impone, el yo, después de todo, existe? Bueno, esta es la cosa... Si el yo realmente existe... ¿donde exactamente, en un ser humano, encontraríamos algo que justifique la etiqueta de “yo”? En el texto budista “Discurso del No-Yo” encontramos la distinción entre el cuerpo físico, las sensaciones, las percepciones, las formaciones mentales y la consciencia, que constituyen los cinco agregados. Si vinculamos el yo con la idea de control podemos notar que el yo no tiene control en ninguno de ellos. Si el cuerpo fuera el yo entonces no conduciría a un sufrimiento que no podemos cambiar mágicamente diciendo que se vaya. Y así con los otros cuatro agregados. Si los sentimientos fueran el yo entonces ellos tampoco conducirían al sufrimiento y uno podría cambiarlos diciendo que mi sentimiento no sea así. Y lo mismo con las percepciones, las formaciones mentales y la consciencia. El amor, por ejemplo, no se elige por mandato. Simplemente nos captura sorpresivamente. Y al momento en que perdemos el foco en algo determinado la mente empieza a divagar sin control.
El control, por supuesto, no es la única propiedad que se suele asociar con el yo. Cuando pienso en mi yo, pienso en algo que persiste a través del tiempo. Hoy no soy el mismo que era cuando niño, pero en cierto sentido soy el mismo, lo que me permite decir que alguna esencia o constante ha perdurado en medio del flujo... ¿o no?
No realmente porque si la sensación, los sentimientos o los pensamientos no son permanentes sino que, por el contrario, impermanente como ya vimos, entonces la ausencia de las dos propiedades asociadas con el yo, control y persistencia, implica que el yo no existe.
Al final del discurso el Buda insta a examinar cada uno de los agregados y al descubrir que ninguno de ellos es mi yo uno experimenta la liberación de las pasiones. Pero, nuevamente... ¿quien o que es este uno que se libera? Si el yo no existe ¿como uno puede decir que esto no soy yo?
Tal vez hay algo mas en una persona que cinco agregados. O tal vez uno de ellos, la consciencia, sea especial y es este agregado en particular el que se libera, desprendiéndose de su vinculo con los otros cuatro. Y, tal vez, eso sea lo que “yo” soy, una forma purificada o vaciada de la consciencia. Si aceptamos esta interpretación, la liberación consistiría, entonces, en cambiar la relación entre mi consciencia y aquello que normalmente considero sus contenidos, como los sentimientos, pensamientos o los hábitos. Una vez que comprendo que estas cosas son “no-yo”, la relación de mi consciencia con ellas se asemeja mas a la contemplación que a la implicación y mi consciencia queda liberada. Y el “yo“ que permanece es la consciencia liberada. Con lo que aquí nos encontramos es con dos tipos de consciencia... la que esta profundamente entretejida con los contenidos de los otros cuatro agregados y la mas contemplativa que rompe con la identificación de sus contenidos.
La idea es que si establecemos una relación diferente con los pensamientos, impulsos y percepciones podríamos, en principio, desvincularnos de algunos de ellos y así ser capaces de redefinir los limite del yo y alcanzar cierto grado de liberación. Y este seria el programa.
Nieves y Miro Fuenzalida
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