Sunday, December 14, 2014

¿Quién cree en el cambio climatico?

  
  La crisis financiera ha vuelto a  contraponer  el desarrollo económico y el sostenimiento ambiental  como  objetivos contradictorios. Lo que los ministros de economía repiten permanentemente es el de asegurarnos que cualquier medida que se tome, ya sea para disminuir la emisión de gases o la protección del ambiente, no debe interferir con el desafío económico que hoy enfrentamos. Y en apoyo de sus posiciones encuentran una ayuda ideológica inesperada en el escepticismo ambientalista.

Este es un escepticismo que  duda de la importancia que se le ha dado a los peligros que los problemas ambientales le  plantean a las próximas generaciones y esta duda  genera  un nuevo tipo de movimiento anti-ambiental, diferente al que encontramos en las corrientes políticas derechistas, al basar su posición en un análisis supuestamente independiente  de prejuicios ideológicos. Pero, como Peter Jacques hace notar… ¿Es esta duda, en realidad, una duda  acerca de los datos  científicos o es una duda acerca de las decisiones políticas? Si es esto ultimo habría que decir que su importancia se encuentra, no en el desafío epistemológico que puede presentar, de la cuestión de si la argumentación científica es suficientemente  sólida o no, sino en la  receptividad que hoy encuentra en ciertas elites mundiales que poseen mucho más influencia  que  la que tiene la simple  representación científica  de las condiciones ambientales.

   Desde 1990  la literatura escéptica ha producido mas de cincuenta libros que han provocado un enorme interés en los sectores anti ambientalistas. Su proyecto no es suspender el juicio hasta que haya una mayor evidencia para hablar de las consecuencias catastróficas de la acción humana, como podría creerse, sino que proclaman la fe en los beneficios  de  la capacidad industrial  y la agro química y rechazan los problemas ambientales que  amenazan el sostenimiento de la sociedad humana moderna, porque la investigación ecológica  ha sido politizada y ya no se puede confiar en ella.

Para escépticos como Ronald Bailey los ecologistas milenarios cansados de esperar la furia de Dios o el fuego termonuclear ahora esperan la “crisis ecológica global” que amenaza  a la humanidad y a toda la vida terrestre. Estos abusadores apocalípticos, dice, asustan a la gente con escenarios devastadores e imágenes de hordas humanas hambrientas, plagas genéticamente modificadas y la extinción de los recursos naturales. La “ciencia chatarra”, según Steven Milloy, ha sido usada para avanzar la agenda de la izquierda política que, a la larga, disminuirá el progreso económico, el bienestar general y la eficacia del libre mercado. Peter Huber argumenta que los humanos no tenemos obligación moral hacia la naturaleza no humana, porque la humanidad tiene la habilidad de dominarla  y controlarla en la forma en que la doctrina judeo cristiana nos dice hacerlo. Mientras mas efectivamente dominemos la naturaleza en mejores condiciones estará  nuestra especie. La modernidad ha traído a la humanidad  el progreso y afluencia  comparada con la miseria de las etapas que la precedieron. Los estudios ambientales modernos son antitéticos a la noción de progreso y si han tenido influencia es solo porque son manipulados por una elite ecologista que tiene el favor de la prensa y la cultura popular.

Los análisis sociológicos indican que la interpretación escéptica se basa en un conjunto de valores ideológicos relativamente limitados provenientes del movimiento conservador contra ambientalista. Diferencias éticas subyacentes o no completamente exploradas determinan como alguien interpreta  datos y formula orientaciones programáticas. Este es el caso, tanto para los científicos ambientalistas como para los escépticos como Bjørn Lomborg's  (“The Skeptical Environmentalist”) y sus seguidores. Una ética antropocéntrica explica  los juicios de Lomberg, por ejemplo, en tanto que los argumentos de los ambientalistas pueden explicarse a partir de una posición ecocentrica. Lomborg y la mayoría de los economistas sostienen que porque solo los humanos tienen sentido moral controlar el ambiente  con el propósito de incrementar el bienestar de nuestra especie es moralmente justo.  Es esta posición moral la que separa a Lomborg y los ambientalistas. Es este profundo antropocentrismo el que sostiene la creencia de que la humanidad es independiente de la naturaleza no humana  y esta exenta de influencias, constreñimientos y principios ecológicos. Esta ética es, mayormente,  la que explica la gran hostilidad de los grupos anti ambientalista, porque la defensa de la naturaleza crea obstáculos al desarrollo humano.  Necesitamos energía, cada vez mas, y sabemos como obtenerla mucho mejor que las plantas. No necesitamos la vegetación de la selva para producir medicinas. Mas frecuentemente, las necesitamos para protegernos de las fuerzas ciegas que, por azahar, emergen de ella. Ni tampoco necesitamos otras formas de vida para mantener el balance de gases saludables en la atmósfera o la temperatura climática. La humanidad puede sobrevivir bastante bien en un planeta cubierto de concreto y computadoras.

Es este profundo antropocentrismo el que funciona como ultimo fundamento para juzgar la legitimidad del conocimiento. Dentro del marco escéptico cualquier conocimiento que afirme la inter dependencia con la naturaleza y vea a la especie humana como un ser ecológico, no es valido.  El principio organizador de la ecología se considerado falso desde la partida. Hablar de  ciudadanía ecológica,  racionalmente no tiene sentido. Únicamente las necesidades y deseos de la humanidad  representan la clave de nuestra evaluación del estado del mundo. Esto no significa, dice Lomborg, que las plantas y animales no tengan derechos, pero el foco debe estar siempre en la evaluación humana. No tenemos otra opción. Somos los humanos los que elegimos que parte de la vida terrestre cuenta y que parte no.

Este rechazo a reconocer derechos a la naturaleza no humana no surge de la dificultad en designarlos, sino en las profundas  implicaciones cívicas y éticas que el reconocimiento de pertenecer a una comunidad de  vida terrestre mas basta, acarrearía. Son los valores antropocéntricos lo que le  permite al escéptico ambientalista ver al capitalismo moderno como una experiencia de éxito fantástica que se refleja en la mayoría de los indicadores que muestran que las condiciones humanas han mejorado inmensamente, comparadas con las etapas previas. Por supuesto, ellos reconocen que hay problemas en los cuales necesitamos trabajar, pero el mejoramiento continuara en tanto la economía crezca.

Si el escepticismo ambientalista es parte de un movimiento político… ¿cual es su propósito? ¿Por qué ignorar o negar la gravedad de la perdida de la diversidad biológica o el calentamiento global? ¿En beneficio de que o de quien? La respuesta estándar es la ganancia a corto plazo o la aprobación de leyes favorables a la industria. Sin embargo, lo que esta en juego…  es mucho mas que esto. Inevitablemente la lucha por la mantención y renovación de los recursos naturales es una amenaza al paradigma social dominante, a los valores comunes, a las creencias  y a la sabiduría compartida acerca del ambiente físico y social. Es la amenaza a la legitimidad de la política mundial heredera del iluminismo liberal mercantilista. Estos valores comunes son importantes, porque aunque no haya adherencia total a ellos, de todas maneras guían  e institucionalizan la acción individual y social (empresa privada, crecimiento económico,  libre mercado, rechazo a la planificación económica, disminución de las obligaciones del Estado en el bienestar social y fe en un futuro de abundancia gracias a la tecnología). Los economistas creen que no hay problemas con la expansión indefinida de la economía. En verdad, la expansión indefinida es el gol de la economía, por lo que no es de sorprender que vean con escepticismo las predicciones de la ciencia física. La historia, afirman, ha mostrado una y otra vez que la tecnología es una parte  tan importante del capital que puede resolver toda la variedad de problemas que los límites naturales le plantean al desarrollo del crecimiento continuo.

 Esta es una de las razones de que la autentica lucha ecológica, de una u otra manera, tiene que incluir las instituciones modernas del sistema estatal y el capitalismo mundial. Un paradigma alternativo que vea a la humanidad  como un miembro de la comunidad terrestre, un miembro de la naturaleza en sentido global  con derechos y obligaciones,  desafía el marco moderno de la economía capitalista contemporánea que reproduce  un sistema ecológicamente mal adaptado.

El  escepticismo ecológico, segun Lomborg  proporciona un discurso que concibe las relaciones entre la naturaleza y la especie humana en términos mecánicos y administrativos con vista a la explotación económica. Si la contradicción entre los intereses industriales y el sostenimiento ecológico continua llamando la atención y, aunque fragmentariamente, operando como un  discurso contra hegemónico, entonces, el escepticismo ambientalista surge para resistir el movimiento ecológico. Este escepticismo no es solo el intento de mantener la ganancia económica, sino la reacción en contra de una inminente revolución cognitiva y cultural que puede cambiar la forma en que el poder material se concentra y acumula. Representa, ademas de la defensa comercial,  la defensa de la estructura misma del orden mundial  que permite la sobrevivencia de la industria tal como la conocemos. El escepticismo ambientalista reclama haber refutado el mito del movimiento ecologico y la ciencia ambiental. Su  proyecto, afirman, se genera exclusivamente a partir de un sentido de objetividad y neutralidad axiológica. El problema con este reclamo es que el análisis de la literatura muestra que este se formula desde una ideología conservadora apoyado por un movimiento corporativo (la industria petrolera, principalmente) contra ecologico. Su intento es subvertir  la interrogación reflexiva y la resistencia contra hegemónica que ella contiene. No necesitan ganar el debate acerca del estado del mundo para mantener el poder y dominio. Solo necesitan establecer suficientes dudas acerca de los informes científicos para motivar dudas en la comunidad en general. ¿Y no es esto lo que en el fondo de nosotros mismos queremos escuchar… el dulce canto que nos devuelva la seguridad y el poder contenidos en la ilusión de la modernidad? ¿Poder  seguir disfrutando de la buena vida sin consecuencias? ¿Perdernos en la contemplación extasiada de nuestro narcisismo?

  Hoy estamos entrando a una etapa histórica global en donde estos problemas tendrán que ser resueltos, de una manera u otra, dentro de esta centuria. El escepticismo ambientalista quiere posponer este cambio y el mensaje ha sido  gratamente recibido por las elites mundiales que son parte del orden dominante del mundo…“Las cosas con el tiempo  mejoran cada vez más y más”.

Nieves y Miro  Fuenzalida.






  







Thursday, December 11, 2014

Alma nomadica


Dejarse envolver en este Lunes...
y todos los Lunes... y todos los días
... por ese silencio de las notas musicales
que explotan en tu alma de nómada... que
se enredan como una bufanda de cachemira
suavemente tibia... y hacerlas tuyas... y no sentir
el odio que va bebiendo las otras almas sedentariamente
secas... repitiendo copias de copias... una y otra vez... y construir
las fantasías de una nueva narrativa... en mi, animal humano... con
fuerzas de energías claras y "distintas"... y ser como los viejísimos

dioses del Olimpo... pero de "carne y hueso"... capaz de crear una imaginación social que se gesta en la ronda de un tú y un yo... entretejida de tus... no solo de yos... escuchemos este Lunes... y todos los Lunes... y todos los días... el "himno de la alegría”!!!

Nieves

Monday, December 8, 2014

La historia que somos.


Tú muestras una foto de cuando eras pequeño y con cierto orgullo dices “ese soy yo”… ¿Realmente?  ¿Y cómo sabes que el  pequeño y tu son la misma persona?
 Por supuesto que somos la misma persona. No faltaba más.
 Bueno, si así lo crees  ¿Qué es, entonces, lo que hace que la figura de la foto  sea el mismo adulto que hoy la mira? ¿Que es lo que persiste en el y tu a través del tiempo?

Una de nuestras  respuestas más comunes con la que siempre nos topamos es la creencia de que cada uno es un sujeto individual único y diferente de los otros gracias a la posesión de una identidad propia que se mantiene en el tiempo a pesar de todos los cambios que experimentamos. La evidencia que las instituciones sociales usan para determinar la identidad,  por ejemplo, son las huellas digitales. Pero, si pierdo mis manos  ¿pierdo mi identidad? La investigación y desarrollo tecnológico nos provee con una nueva evidencia… el ADN. Ahora el neuro- biólogo nos muestra una formula genómica y dice… “esto eres tu”. Y es aquí donde me encuentro a mi mismo objetivamente. Observando mi propia  objetividad. El problema, teóricamente hablando, es… ¿Quién es ese que observa objetivamente eso que  yo soy?

Esta es la pregunta por el sentido de  la si mismidad. Clásicamente se ha mantenido que la existencia del sujeto  depende de su habilidad racional  para autodeterminarse y distinguirse de los otros. Nos gusta pensar que lo que nos define es nuestra si mismidad dotada de  cualidades intrínsecas que nos hace ser lo que somos.  Es el núcleo intangible que origina nuestras acciones, nuestra libertad, nuestra singularidad  y nuestra  independencia. Nuestra identidad esencial. El conocimiento del mundo, dice Descartes, tiene que esperar hasta  que  nuestro  ego se asegure filosóficamente. Según  Rousseau, si solo fuéramos capaces de liberar nuestra verdadera naturaleza recuperaríamos nuestra individualidad y estaríamos libres del sufrimiento que hoy tenemos que soportar. Para toda esta tradición occidental dentro de nosotros mismos, en la profundidad de nuestra subjetividad, se encuentra la unidad  de nuestro ser (Yo, Razón, Espíritu, Alma, Persona) Allí esta nuestra vocación y autenticidad que las presiones sociales sofocan. Vivir auténticamente es vivir de acuerdo a este núcleo esencial que yo soy.

¿Pero,  esta herencia Iluminista,  no es, después de todo, una ilusión?  Nos auto convencemos que la conciencia siempre esta en control y que  la si mismidad  es  nuestra libertad, nuestra verdad  y nuestra posesión mas preciosa, virgen de influencias culturales. Y, sin embargo, en la realidad social en la que vivimos  esta ilusión funciona como un conjunto de prácticas, disciplinas  y rutinas  que nos aprisionan y determinan. Fijémonos solo en la tremenda influencia determinante que tienen la escuela, la iglesia, el Estado, los medios de difusión, la oficina  o  el ejército en la formación de lo que somos. Pensamos que  la unidad de nuestro ser se encuentra dentro de nosotros y lo que allí descubrimos, en cambio, es  una interioridad fracturada presa de impulsos irracionales que constantemente amenazan el orden social. Junto a la conciencia siempre encontramos al inconsciente. Junto a la razón, la irracionalidad amenazando con consumirla. Junto al amor, el odio. La  verdad es que la unidad del sujeto es una ilusión que precariamente  encubre su división interior.   

 ¿Cómo, entonces, podríamos sentirnos  absolutamente seguro de nuestra  identidad cuando esta  marcada por la descentralización, desintegración y dispersión? ¿Como, a pesar de ello, nos  arreglamos para  componer un sentido de la existencia  a través del tiempo que  continuamente  percibimos como propio? ¿Cómo hacemos esto?

Según Kristeva, gracias a nuestra habilidad para construir y contar historias que encapsulan el sentido de nuestra  vida. La habilidad de contar la propia vida es lo que distancia  a los seres humanos de los animales. Es la narrativa la que le da un  propósito a la acción política al inscribirla  en la experiencia y memoria de la comunidad. Una acción, por muy heroica que sea, solo se completa cuando es recordada, escuchada y, luego, recontada por otros. Por eso, una historia no puede ser solo lo que un sujeto se cuenta  a si mismo. Su función esencial es identificar  al ser humano como agente  de la acción narrada y encontrar en su acción una significancia   con la ayuda, la comprensión e interpretación de los que escuchan la historia.  En esta forma de vernos, en lugar de preguntar  ¿Qué soy yo? preguntamos  por nuestra  relacion con los otros. Por nuestra convivencia. Sin los otros no hay historias para contar. La relacion que establecemos con ellos a través de las historias que contamos no es, por tanto, una cuestión opcional ni accidental en nuestras vidas, sino que es  la verdadera condición de la existencia humana como tal. El reconocimiento de la importancia que ellas tienen en la constitución de nuestra identidad significa nada menos que   el desplazamiento de la búsqueda de características  universales y esenciales por  características particulares y especificas. No es lo mismo nacer en Afganistán o en Paraguay,  rico o pobre o nacer hoy o en  el siglo V DC.

Las historias que heredamos de la cultura en la que vivimos  nos ayudan a ser lo que somos. Son la condición de inteligibilidad  y coherencia de nuestras vidas y el vehículo que permite que  nuestras experiencias  puedan ser contadas a otros. No podemos explicar la unidad de nuestras vidas  en términos puramente sicológicos. Solamente podemos hacerlo  en tanto nuestra  vida pueda ser narrada, en tanto podamos dar cuenta de nosotros mismos a otros.   Aunque no podemos identificar  totalmente la narración con la experiencia vivida, es solo  a través de ella que esas experiencias adquieren significado y pueden hacerse públicas. Es por eso que la existencia es siempre una existencia contada. Cuando alguien expresa  que su vida no tiene sentido es tal vez porque la narrativa de su vida se ha hecho ininteligible para el o para ella, que ha perdido toda dirección hacia un clímax o fin.    

Roquentin, el protagonista de la Nausea, dice que tenemos que elegir entre… “vivir o contar”. La sugestión es que las historias falsifican la experiencia y deben ser descartadas como inservibles. Pero, la historia de Roquentin  ¿no es ya una historia? Nuestras vidas tal como las vivimos  son ya historias o, a lo menos, parte de una posible historia. Y como tales, a pesar de que las historias pueden ser impredictibles, inevitablemente tienen un cierto carácter teleológico. Las historias son nuestro medio natural. Vivimos en ellas y ellas viven en nosotros.

El asunto, sin embargo, no es tan simple como parece, porque la  forma, significado y posibilidad  de las historias nunca pueden darse por sentadas. Siempre podemos imaginar un estado en donde el sujeto no puede reconocer o construir el significado de su propia narrativa, en donde su vida aparece solo como una sucesión de eventos, como una secuencia de momentos que no vienen de ninguna parte y no se dirigen a ningún lugar. ¿Hay alguien que en algún instante de su vida no haya sentido algo así?

Es aquí en donde el psicoanálisis puede ser de alguna ayuda al proveer una teoría y un protocolo para que nuevas  historias surjan a partir de la materia informe de la experiencia. La pregunta clave que Freud planteo es como el inconsciente puede ser conocido, ya que si este es ajeno e inaccesible  a la conciencia todo el proceso de adquisición de significado queda en suspenso. Según el, el  lenguaje, al ubicarse  al borde de la conciencia y el inconsciente,  en su forma de  libre asociación, desbloquea la represión  traumática y permite el acceso a lo desconocido. La terapia alienta la búsqueda de una narrativa que le de sentido a lo que hay detrás de los síntomas, a  transformar lo irrepresentable en representación a través de la mediación de la palabra. A poner en una narrativa  los fantasmas y los impulsos sadomasoquistas. Es en el orden simbólico en donde el significado, la representación y las historias son posibles. Pero  estas historias debemos considerarlas con una actitud cognitiva diferente. Ellas no pueden tomarse como verdaderas o falsas. Ellas no buscan significados profundos, permanentes o absolutos y siempre otras historias son posibles. Su efectividad  real  no se mide porque nos entregan un conocimiento objetivo de cómo las cosas verdaderamente son, sino por su capacidad para  tender un puente entre el trauma y la  representación y para facilitar entre nosotros el intercambio de significados. Solo cuando el sujeto empieza a contar su historia, cuando empieza a aceptarla  como un proyecto es cuando podemos verla como un indicio hacia la posibilidad del sentido y  relación. En otras palabras, como un lenguaje para comunicar sus sufrimientos y decir algo significativo a otros. Así, historias se intercambian y las vidas adquieren valor. Es  a través de la restauración de la relacion social cuando una vida carente de significado puede recrear el sentido de su existencia.

 Desde que carecemos de un centro esencial las  historias que nos contamos a nosotros mismos nunca son completamente nuestras. Son hechas de pedazos de recuerdos y de lo que los otros nos dicen acerca de nosotros. Esta es una de las razones de que muchos rechazan el valor de las historias porque falsamente unifican el individuo. Por supuesto. Quien busque una relacion última dentro del sujeto o entre el sujeto y los otros no la va a encontrar en las historias que nos contamos. Ellas  participan de nuestra ambigüedad humana y la relación y unidad que crean  puede desintegrarse en cualquier momento.

Las historias, relatos y autobiografías que creamos nos dan la posibilidad de darle significado al sin sentido,  de nombrar nuestra experiencia fundamental de lo que significa ser humano  y de crear un lenguaje publico que nos libera del solipsismo, lenguaje que, sin embargo, nunca logramos articular completamente.  Siempre algo queda más allá de el.











Friday, December 5, 2014

Un suave murmullo



Abrí mi puerta azul... un quejido tenue... como un murmullo suave... se deslizaba debajo de ella... era una hoja amarilla que pedía que la pusieran en la tierra  ya que el viento la había lanzado... sin querer...
a las tablas de mi rampa... equivocando la senda donde ya todas sus hermanas  que crecieron juntas en el mismo árbol... se acomodaban para dormir... por primera vez... en la tierra que vieron desde sus ramas... y que era la tierra de sus padres.

Nieves