Sunday, July 26, 2020

El Poeta ladrón


Se
Robo
El Poeta ladrón
Las letras
Del alfabeto
Para
Crear palabras
De
Odio-Amor
Egoismo-Solidaridad
Fealdad-Belleza
Para
Inscribirlas
En
El
Diccionario
De
La vida.

Nieves

Sunday, July 19, 2020

La maldad humana


“El hombre produce el mal como la abeja produce la miel”, le escribe el escritor William Golden a su Editor, idea que ya había  inspirado su best seller  “El Señor de las Moscas” cuya premisa es la de que cuando a los seres humanos se les deja solos se comportan como bestias.

 El lado obscuro del ser humano siempre ha ejercido una enorme atracción, como en este caso, y es uno de los secretos del éxito literario y tema recurrente en el pensamiento occidental.

¿Es nuestra inclinación como seres humanos hacia el bien o hacia el mal? Teólogos, filósofos y lideres religiosos le han dado vueltas a esta cuestión por siglos y siglos y todavía hoy, después de todo este tiempo, seguimos argumentando.

Desde hace un tiempo un profesor de sociología  social le ha venido haciendo a sus alumnos la misma pregunta... Imaginemos, dice, que un avión de pasajeros  al hacer un aterrizaje de emergencia se rompe en tres partes. A medida que la cabina empieza a llenarse de humo la gente se da cuenta que tienen que salir rápidamente de ahí ¿Qué pasa durante el escape?

Supongamos los dos siguientes escenarios... En el Planeta A, los pasajeros le preguntan a sus vecinos si están bien. Los que necesitan asistencia son ayudados y hasta arriesgan sus vidas para salvar a quienes ni siquiera conocen. En el Planeta B, cada uno se defiende a si mismo. El pánico se apodera de todos y los viejos, los niños y los incapacitados son apartados del camino y dejados a su propia suerte.

¿En que planeta vivimos? Aproximadamente el 97%  elige el Planeta B. No importa a quien se le pregunte. De derecha a izquierda, de ricos a pobres la gran mayoría responde en la misma forma. Es la creencia de que en el fondo todos somos egoístas, agresivos y fácil de caer en el pánico y que la civilización no es nada mas que un delgado barniz que se descascara con la menor provocación. Diferentes versiones de esta creencia la podemos encontrar desde el inicio del pensamiento occidental comenzando con Tucidides y siguiendo con Agustín, Macchiavello, Hobbes, Lutero, Bentham, Nietzsche, Freud y muchos otros.

De todos ellos el que mayor influencia ha ejercido es Thomas Hobbes. Según el, la vida humana en estado natural era solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta. La razón es porque los humanos se guían por el miedo al otro y a la muerte lo que obliga a la incesante persecución del poder para mitigar sus miedos. El resultado es la guerra de todos en contra de todos. La única forma de domesticar la anarquía y establecer la paz es renunciar a nuestra libertad y colocarnos en las manos de un soberano solitario al que le llama Leviatán. Esta es la racionalidad filosófica básica que los directores, jefes de policía, dictadores, gobernantes y lideres políticos repiten incansablemente.

En contra de Hobbes se coloca Jean-Jacques Rousseau... El ser humano, dice, es naturalmente bueno y son las instituciones sociales las que lo corrompen. El primer hombre que cerco un pedazo de tierra  y dijo esto es mío es lo que inicia la cadena de crímenes, asesinatos y guerras, olvidando que los frutos de la tierra pertenecen a todos y la tierra a nadie. Es este mensaje el que repiten los anarquistas, los activistas sociales, los socialistas y los comunistas.  Y, sin embargo, es el mensaje de Hobbes el que ha predominado.

¿Es el ser humano, en realidad, innatamente malvado?

De todas las especies que existen o han existido solo el animal humano ha conquistado el planeta... ¿por qué? En realidad no porque  somos los mas fuertes, los mas inteligentes o los mas astutos.  La razón, dice el investigador y  escritor holandés Rutger Bregman en su libro “Humankind”, podemos buscarla en la domesticación del animal. Según las investigaciones del zoólogo Dmitri Belyaev y su ayudante Lyudmila Trut, que se iniciaron en la universidad de Moscú en 1958, indican que es posible transformar un depredador feroz como un zorro salvaje, en una mascota amigable. De generación en generación los fueron seleccionando de acuerdo a su amistosidad. En 1964 después de la cuarta generación literalmente los zorros rogaban por atención. En 1978 Dmitri, en el Congreso de Genética realizado en Moscú, da a conocer que los cambios tienen que ver con las hormonas. Mientras mas amigables los zorros se volvían menos hormonas del estrés producían  y mas serotonina, la hormona de la “felicidad”, junto con oxitocina, “la hormona del amor”. Al terminar su exposición curiosamente agrega... Y la teoría, por supuesto, también puede aplicarse a los seres humanos.

Según Dmitri los humanos somos simios domesticados. Por decenas de miles de años los humanos mas amigables tuvieron  mas descendientes. Y es esta amistosidad la que hizo posible la sociabilidad. Si los humanos construyen museos en tanto que el Neanderthal, a pesar de su mayor dimensión craneana, termina en el museo es debido al aprendizaje social, la habilidad de aprender de los otros, cooperar y trabajar juntos. Es la domesticación de la agresividad y el egoísmo. Es aquí, según el avance de las ciencias y la antropología, donde radica la ventaja humana, mas que la fuerza o la dimensión craneana. Si la lucha y la competencia son un factor en la evolución de la vida, la cooperación social, sin embargo, es mucho mas critica.

Luego, si estamos programados hacia la amistad y sociabilidad, mas que hacia el egoísmo... ¿de donde viene, entonces, nuestro lado obscuro?

De acuerdo con los biólogos la oxitocina juega un papel clave en el parto y la lactancia y es instrumental en el romance. Pero, la hormona no solo aumenta el afecto por los amigos, sino también puede intensificar la aversión a los extraños. La oxitocina no alimenta la fraternidad universal, sino que coloca los sentimientos de “mi gente primero”, como en la versión de Trump... “EU primero”. Tal vez Hobbes tenia razón, después de todo. Nuestra prehistoria fue, en realidad, el estado de “la guerra de todos en contra de todos”. No intra-grupo, sino extra- grupo. Las investigaciones arqueológicas parecen indicar que así fue... ¿cuan violento fueron, en realidad, los primeros humanos?

La antropología moderna puede ofrecernos una buena pista. Cuando examinamos sociedades nomaditas, sin contaminación con el mundo “civilizado”, el antropólogo Douglas Fry, basado en una lista de tribus representativas, concluye  que los cazadores-recolectores nómades evitan la violencia  (Science 2013). Los nomaditas prefieren discutir sus diferencias o simplemente trasladarse a otro valle. Pero, si esto no es muy convincente, la mejor evidencia se puede encontrar en las excavaciones arqueológicas. Si nuestro estado natural fue la guerra de todos en contra de todos... ¿por que en los miles de pinturas de las cavernas no encontramos ninguna representación de ellas? ¿cuánta evidencia arqueológica hay de guerras antes de la invención de la agricultura y de la vida en sociedades sedentarias? La respuesta es casi ninguna después del análisis de tres mil esqueletos de Homo sapiens provenientes de cuatrocientos diferentes sitios, según los científicos que los examinaron. 

Si este es el caso... ¿cuándo las guerras, las masacres, las torturas, la limpieza étnica,  el comercio de esclavos, el imperialismo, la explotación y jerarquía clasista y todo el resto de las crueldades humanas empezaron a ser parte sistemática en la sociedad?

 Las investigaciones arqueológicas indican que las cosas empezaron a cambiar al fin de la ultima edad de hielo, aproximadamente 15 000 años atrás. El cambio de clima trajo tierras fértiles transformando el área entre el rio Nilo y el Tigris en la tierra de la leche y la miel. La abundancia de alimentos dio la posibilidad de quedarse en el lugar. Se construyeron chozas y templos, se formaron pueblos y aldeas y la población creció. Pero, junto con ello, también crecieron las posesiones. Y con la practica de la propiedad y la herencia, las desigualdades también aumentaron. Lo interesante es que al final de la edad del hielo las primeras guerra estallan. Las excavaciones arqueológicas indican que es en esta época cuando aparecen las fortificaciones militares, las legiones de esqueletos con trazas de lesiones violentas y las pinturas de las cavernas representando arqueros. 
 
¿Como se llego a esto? Porque, como la historia indica, ahora se tienen pertenencias por las cuales luchar y acumular, empezando con la tierra y porque la vida sedentaria hace desconfiar mas de los extraños. Los nómades recolectores de alimento se cruzaban  con otras gentes todo el tiempo, sin mayores problemas. Los aldeanos, en cambio, se enfocaban en su propia comunidad y posesiones. Una nueva época comienzo en la historia humana. Es el inicio del egoísmo y la opresión de la mayoría por la minoría. Los lideres se transforman en comandantes y generales y los jefes en reyes. Las aldeas, las ciudades y los países mas poderosos dominan y explotan a los mas débiles. Es el fin de los días de la libertad, la igualdad y la fraternidad y su reemplazo por los poderes jerárquicos basados en la concentración del poder economico. Las tribus que rehusaron inclinarse frente al déspota  fueron eliminadas. En la cúspide el rey, en la base los esclavos. En la cúspide los jefes ejecutivos de corporaciones, en la base los trabajadores con sueldo mínimo... ¿como mantienen su poder? Con los aparatos ideológicos y las fuerzas represivas del ejercito y la policía.

No es que la sociedad en general corrompa al ser humano, como decía Rousseau. El problema es la sociedad jerárquica basada en la posesión y concentración del poder que desencadenan las guerras de conquista y dominación. 

La vida nómade ha quedado en el pasado y no podemos y no queremos volver a ella. La población mundial ya ha crecido demasiado y acumulado conocimientos y tecnologías que convierten en obsoleta la vida primitiva. Lo que nos queda es reinventar la sociedad.

Nieves y Miro Fuenzalida.

Ottawa, Julio del 2020.

Sunday, July 12, 2020

El ombligo del Buda



Sembre
Una margarita
Amarilla
En
El ombligo
Del
Buda.
El mio
No
Tiene
Tierra.

Nieves.

Sunday, July 5, 2020

La soledad de la Tierra


¿Somos los humanos la única especie tecnológica  que ha existido en el universo?  ¿con que frecuencia en la historia del cosmos la vida ha evolucionado a estados técnicamente avanzados? ¿cuántas civilizaciones extra terrestre hay en las profundidades del espacio? O, por el contrario... ¿estamos solos?

Filósofos y científicos han venido argumentando por cientos de años acerca de la existencia de vida en otros mundos. Pero, es solo en la mitad de la ultima centuria cuando la investigación empezó a revelar algo remarcable. A medida que nuevos planetas  se han ido agregando a la lista de los ya conocidos se ha hecho mas claro que los humanos no somos los únicos en el espacio sideral, a menos que el universo este  en contra de la vida y la inteligencia. A pesar de que la pregunta por la existencia de la vida en otros mundos permanece abierta e indecisa, es posible decir que lo más probable es que haya habido vida antes que nosotros. Y que, en algunos de ellos, haya habido una vida capaz de pensar, razonar e, incluso, crear sus propios proyectos de civilización. Aquí hay una nueva gran historia que contar, una que nos pone de vuelta en la vida del planeta.

Y, sin embargo, la pregunta permanece... si es probable que las civilizaciones extra terrestre existen o han existido... ¿por qué todavía no tenemos ninguna evidencia de su existencia, ya sea a través de medios directos o indirectos? ¿porqué  las estrella guardan  silencio? ¿será que la inteligencia tecnológica sea el Gran Filtro?

Frank Drake es uno de aquellos científicos que mas ha ayudado a definir la ciencia moderna acerca de las civilizaciones extra terrestre. Siguiendo la idea de que una serie de preguntas bien planteadas  aclara el camino hacia la reunión de datos que puedan  proporcionar  respuestas, Drake delinea un programa de investigación con preguntas bien especificas... si queremos saber cuantas civilizaciones extraterrestres existen en la Galaxia necesitamos saber cuantos planetas hay y para ello tenemos que averiguar con cuantas estrellas contamos. El paso siguiente es  determinar la fracción de planetas  en la zona habitable, aquella en donde el surgimiento de la vida es posible, para luego calcular en cuantos de ellos ha sido posible el surgimiento y duración de una inteligencia tecnológica capaz de enviar signos radiales.

Sabemos según  las observaciones del telescopio Kepler que deben haber en el universo, por lo menos, diez billones de trillones de planetas en la zona habitable.  El gran tamaño de estos números es suficiente  para pensar en la probabilidad de que nosotros no somos realmente la única especie que la naturaleza haya creado capaz de construir una civilización. Pero, solo porque la probabilidad de que no somos la única civilización en la historia cósmica es baja (10-22) no constituye prueba de que civilizaciones extra terrestre hayan existido antes que nosotros. No hay duda acerca de la existencia de vida en otros planetas después del descubrimiento de moléculas necesarias para su formación en el polvo cósmico. El desarrollo de inteligencia, sin embargo, es otra cosa. Como hace ya un tiempo el biólogo alemán Ernst Mayr noto que al mirar la historia solo una, entre cincuenta billones de especies que han existido en este planeta, ha logrado el tipo de inteligencia necesaria para crear una civilización. Y solo una entre veinte o mas civilizaciones que han surgido en los últimos diez mil años ha alcanzado el nivel tecnológico que les permita recibir o enviar señales al espacio. 

A partir de estas declaraciones, dice el astrónomo Adam Frank, es posible estimar cuales son las probabilidades biotécnicas en el universo. La probabilidad de que una especie desarrolle inteligencia es de una en cincuenta billones. De que esta cree una civilización con alta tecnología es de una en veinte. Para estar en el lado seguro, dice Frank, digamos 1 en 100 (10-2). Si juntamos todo esto el valor de la probabilidad biotécnica es alrededor de una en mil trillones (10-15). En la galaxia hay solo cien billones de estrellas, lo que significa que estamos solos.

Pero, estar solos en la galaxia y ser la única civilización que el universo haya producido son dos cosas bien diferentes, especialmente si tomamos en cuenta  que hay un gran contraste entre “una en mil trillones” y “una en diez billones de trillones”. Luego, si corremos los modelos matemáticos, nos quedamos con la existencia  de diez millones  de civilizaciones altamente tecnológicas a través del espacio y el tiempo. Diez millones de diferentes civilizaciones que perduran o, por el contrario, colapsan bajo el peso de sus propias elecciones. La conclusión, teoréticamente hablando, es que no somos los primeros en experimentar con la construcción de una civilización y que muchas otras ya han existido antes que nosotros.

La cosa, entonces, es esta... si no estamos solos ¿dónde están los otros? ¿por qué nunca hemos recibido una señal de su existencia?

Tal vez la razón sea que el universo no crea versiones sostenibles de civilizaciones como la nuestra. Tal vez cada civilización con alta tecnología haya sido solo un destello en la noche, iluminando el espacio por algunos siglos para luego volver a la obscuridad. Y, tal vez, lo que hoy vivimos explique el Gran Silencio del cosmos.

Manteniéndonos dentro de las leyes planetarias, dice Frank, podemos preguntarnos con que frecuencia las exo civilizaciones desencadenan  cambios climáticos fatales en sus planetas. Dado su pequeño numero no es difícil imaginar que mil civilizaciones ya han seguido su curso.

Todo el proceso de construir una civilización tecno, que es la que nos interesa aquí, es realmente un ejercicio de recolección intensa de la energía del planeta que necesariamente tiene un impacto. De acuerdo a la Segunda Ley de la Termodinámica la energía no puede convertirse perfectamente en trabajo útil. Siempre hay una perdida. Así, cualquier uso de energía intensiva va a producir residuo. Y a medida que el desperdicio aumente,  en la misma medida empieza a retroalimentar los sistemas planetarios. El CO2 proveniente de la energía fosilizada, por ejemplo, es el residuo que deja nuestra civilización. Este residuo puede tomar diferentes formas, pero todas ellas necesariamente afectan el planeta. Se podría decir que una civilización inmensamente mas avanzada que la nuestra  podría encontrar la manera de evitar la Segunda Ley. No de acuerdo a los físicos. La Segunda Ley es parte de la estructura del universo. Escapar a ella es muy poco probable.

Una civilización embarcada en un proyecto tecnológico tiene un limitado numero de fuentes energéticas. Las leyes de la física, la química y la evolución planetaria indican que los recursos disponibles para tal proyecto son la combustión, el agua, el viento y las  mareas, la geotérmica, la solar y la nuclear. Las condiciones especificas de cada planeta determinan últimamente la mezcla de energía  disponible para cada civilización. A partir de ella es posible calcular el impacto planetario de su uso. Ya sabemos cual es el impacto de una civilización basada en la combustión de la energía fósil, como la nuestra. Pero... ¿cual será el impacto de otras fuentes de energía? Según el Instituto Max Planck de Alemania todas estas otras fuentes alternativas, sin excepción, tienen un costo planetaria, aunque menor que la combustión. La física y la química  proporcionan una profunda comprensión de las fuentes energéticas  que hace mas  fácil calcular su costo en otros planetas y con la ayuda de las computadoras modernas ahora es posible correr decenas de miles de modelos.

¿Y que dicen los modelos? Que hay tres distintas trayectorias... La primera es la extinción. A medida que la civilización usa con mas intensidad sus recursos aleja al planeta de su estado inicial causando el colapso de la civilización. La segunda es la del “aterrizaje suave”. Cuando el planeta se vuelve mortalmente hostil debido al empuje energético la civilización cambia de una energía de alto impacto a una de mas bajo. Eventualmente la civilización logra un cierto equilibrio con el planeta. Y la ultima trayectoria es la del colapso y la completa extinción.

El promedio de vida de una civilización altamente tecnológica, según los modelos, es de alrededor de 200 años y esta podría ser la razón del silencio de las estrellas. La implicación, si esto es así, es que civilizaciones como la nuestra no funcionan bien a escala planetaria y, eventualmente, desaparecen.

Es cierto que los modelos matemáticos y la realidad son dos cosas bien diferentes. El primero es una simplificación, algo así como un esqueleto sin carne ni piel. Pero el esqueleto, como argumenta Frank, nos dice un montón de cosas acerca del animal. En la misma forma los modelos matemáticos permiten ir mas allá de la ficción. Apoyándose en las leyes  de los planetas,  ellos capturan aspectos claves de la realidad. En lugar de ser una mera opinión, el modelo muestra como el universo podría comportarse y las restricciones realistas que ellos imprimen  en sus historias les dan un valor científico basado en el reino de lo posible.    

¿Por que preguntarnos por la vida extra terrestre si ya tenemos bastantes problemas aquí que requieren nuestra atención? Uno podría decir porque es parte de las “Grandes Preguntas”, especialmente aquellas que se refieren a nuestro futuro ecológico, que se ve bastante obscuro. Nos permitiría ver lo que viene y con esa visión profundizar  nuestra comprensión de las elecciones que encaramos. La perspectiva astrobiológica nos obligaría a dejar de ver a civilizaciones como la nuestra como algo separado del mundo que les dio a luz.  


Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, June 28, 2020

Tintas secas



Los libros
Tejen
Sus bufandas
De
Palabras
Con
Los palillos
De
La imaginación
Y
Con
Las lanas
De
Tintas
Secas
De
Un lápiz.

Nieves.

Sunday, June 21, 2020

Las paradojas del vegetarianismo


La pandemia trae de vuelta el interés por el vegetarianismo a la luz de los contagios provenientes de los mercados de animales salvajes y las factorías de la carne.

Así, por ejemplo, un comercial con el retrato de una vaca pastando  dice que “ahora tu puedes mirarla directamente  a los ojos”… mas abajo hay una hamburguesa de soya. El mensaje implícito es que ahora  tu puedes  comer sin que nadie tenga que morir ¿No es esto una buena nueva?  Bueno…  podría serlo… excepto, por un pequeño detalle. No importa lo que hagamos, siempre  alguien muere para que alguien viva.  

El  cultivo de la soya, como hace notar la escritora y activista ecológica Lierre Keith, es una faena agrícola y la agricultura es la practica  mas destructiva  que el humano pueda ejercer en contra del planeta. Si la selva tropical es destruida en beneficio de la cría de ganado, el mono cultivo destruye la corteza orgánica  de la tierra. Una vez Norte América estuvo cubierta de forestas tan tupidas que una ardilla podía teóricamente viajar de Maine a Texas sin tocar el suelo. Hoy día  el panorama es bien diferente. El 98% de las praderas de Norte América han desaparecido junto con el 99%  del humus original de Canadá. Todo en beneficio del grano.

Los textos históricos cuentan que la civilización se origino  cuando el hombre descubrió como crecer su alimento. De allí emanaron  nuevos  flujos que cuidamos y  destruimos, admiramos y  despreciamos. El arte, la mitología, la religión, la filosofía, la retorica, la ciencia. También la esclavitud, el militarismo, el patriarcalismo, la división de clases, el imperialismo, el hambre, la destrucción  de otras criaturas y la devastación del sistema de soporte vital del planeta. El daño que la agricultura ha producido es social y político. El excedente, que en la cultura de la caza y la recolección no existía,  es el objetivo principal del cultivo de la tierra. El almacenamiento de este superávit  requiere  de tecnología y materiales para construir depósitos,  ejércitos para custodiarlo y organizaciones jerárquicas para decidir como ser distribuido. Con la agricultura el poder empieza a concentrarse en pequeños grupos. Quien controla el excedente  controla el resto. 80% de la población mundial eran esclavos o siervos  hasta el año 1800. Si hoy día no hay esclavos, a lo menos oficialmente, el abismo que separa a los ricos de los pobres  es cada vez mas grande.  La historia humana es el registro de las marcas que este animal fantástico, intoxicado de sueños sublimes  y pesadillas toxicas, ha ido dejando a través del tiempo.

Mesopotamia, la tierra de los  dos ríos, un día no tan lejano estuvo llena de frutas y orquídeas.  La explotación  agrícola la transformo en un basto  terreno estéril donde solo quedan los remanentes de los canales de riego.  La civilización de los valles del rio hindú encontró el mismo destino. Si India, Paquistán, Rusia, Australia,  América o el sub Sahara de África todavía no sufren la misma suerte es solo cuestión de tiempo.  Los que vivimos en centros  urbanos no tenemos idea lo que la agricultura es y no vemos la destrucción que causa. Una cucharada de tierra contiene mas de un millón de organismos vivos y cada uno de ellos come. Un metro cuadrado de tierra fértil contiene miles de diferentes especies de animales. Los botánicos dicen que allí se pueden encontrar hasta 120 millones de nematodos, 100 000  ácaros, 45 000  colémbolos, 20 000  gusanos enchytraeid  y 10 000  moluscos. Mientras mas cavamos mas vida encontramos. Los ácidos húmicos descomponen la planta  y la almacenan en su interior. Cuando reciben la señal del sistema ecológico  la liberan en forma de nutrientes que mantienen  la  fertilidad del suelo. Comer, excretar, comunicar, intercambiar es lo que mantiene el planeta vivo. La foresta, las praderas y los humedales  están cubiertos con una multitud de plantas trabajando junto con la micro fauna y los animales pequeños y grandes. La vida sostenida por billones de criaturas microscópicas produciendo oxigeno y biomasa. A esto se le llama  polyculture perenne y es la forma como la naturaleza  se construye, protege  y reproduce.

La agricultura, como dice Keith, toma un pedazo de tierra y la despeja  de todo ser viviente  hasta la bacteria con el fin de  replantarla con solo un puñado de especies o con una sola planta como trigo, maíz, soya  o arroz. Toda otra especie nativa es maleza que debe ser eliminada  y los animales son muertos o desaparecen porque no hay donde ir. El grano mata los bosques, seca  los humedales y  destruye la fertilidad del suelo. Esto es lo opuesto a la polyculture. Es el reemplazo de un eco sistema natural por uno artificial. El resultado es la  deterioración de la tierra. Los arboles, el pasto, los pájaros y los animales desaparecen y con ellos la riqueza natural. La agricultura es carnívora y lo que come son los ecosistemas. El arado expone el suelo al sol, la lluvia y el viento y la irrigación  seca los ríos y saliniza  la tierra que termina consumiendo todas sus reservas.  25 millones de acres de tierra arable se pierden cada año a través del mundo que obliga a encontrar otros suelos fértiles  o aplicar fertilizantes que provienen de energía fosilizada.

Cien años atrás los científicos descubrieron que el nitrógeno era un factor esencialmente limitante  en el crecimiento humano y que sin el el mundo seria afectado por el hambre.  Alrededor de 1947 la tierra arable  estaba agotando su fertilizante natural. Quien salvo el momento fue Fritz Haber  el inventor del proceso que une el nitrógeno y el hidrogeno, base de la revolución verde. Ahora somos mas de 6 billones de humanos. Sin la industrialización  de la agricultura basada en la energía fosilizada y la explosión de grano barato esto no hubiera sido posible. La cosa paradójica, desde un punto de vista ecológico,  es que ahora  la producción de un acre de maíz requiere 50 galones de  petróleo. Desde que se acabo la tierra arable “nuestra comida es petróleo”. Fertilizante, pesticida  y energía para la maquinaria  necesaria para plantar, cosechar, procesar y transportar el grano. Esta es la trama de la economía del petróleo. Los campesinos del mundo, al no poder costear  y competir con toda esta maquinaria,  son  desplazados de sus tierras y la comunidad,  al perder la autosuficiencia, cae en  la miseria. La agricultura es una pirámide. En la punta, las corporaciones del grano. En la base, los campesinos y sus comunidades.

En lugar de sostenernos dentro de una compleja red de relaciones, las  destruimos y tomamos la tierra solo para nosotros. ¿Qué  ocurrirá con la  industria agrícola  y las factorías de la carne cuando la producción de petróleo empiece a disminuir? ¿O, mas grave aun, cuando se agote?

La hamburguesa de soya  no escapa a la dialéctica  de la vida y la muerte…  Pero esta dialéctica fatal no justifica la explotación sádica  de la industria de la carne  que es una negación  ética, ecológica y nutricional. Una industria que  solo puede describirse  como una cámara de tortura en beneficio del lucro. La defensa del animal  y los ecosistemas se basa en la ética de una vida compartida. Los otros seres me importan porque son la condición de mi existencia y yo soy la condición de su existencia. Comemos y somos comidos. Todos somos predadores  y presas, incluyendo los herbívoros.  Según el orden del tiempo, a todos nos llega el turno. Es esta conexión metabólica la que establece nuestra continuidad y cercanía con la planta y el animal.  No podemos pretender  ubicarnos fuera del sistema natural. Por lo menos, no todavía. Nuestra animalidad no es el residuo de un  pasado  primitivo. Es el constituyente clave de nuestro ser que se cambia a si mismo con el tiempo.  Si no fuera  por los millones de diferentes criaturas, la mayor parte invisibles al ojo humano, que producen o degradan lo que nosotros no podemos, no estaríamos aquí.

La vida ha evolucionado con la cooperación de dos micro organismos que al unirse   permanentemente inauguran nuevos niveles de complejidad. Las nuevas especies que aparecen compiten por el alimento. Cooperación y competencia… ¿Qué modelo elegimos? ¿Uno  igualitario o uno jerárquico? Tenemos la elección de la muerte que destruye la vida o la muerte que es parte de la vida. Ser cruel o agradecido. Dominar o cooperar. Si alguien muere cada vez que comemos podemos elegir que lo que muera sea un individuo y no una especie. Elegir seguir asaltando la tierra o ser parte de lo que la protege. Elegir la destrucción y crueldad que causan la industria agrícola y animal o reconocer que toda cosa viviente merece nuestro respeto y que, de acuerdo con  el orden del tiempo, a todos nos llega  el turno. El tamaño de nuestro cerebro nos da la posibilidad de elección.  

¿Qué hacer, entonces? Lo mas obvia seria  el desmantelamiento de toda la red de ordenes jerárquicos y sistemas de poder que hacen imposible un mundo sustentable. El problema es que por mas de 10 mil años  las masas explotadas no han sido capaces de cambiarlo.


Nieves y Miro Fuenzalida.