Wednesday, July 20, 2016

Circo




El malabarista
camina
en
el circo
del
tiempo
equilibrando
la alba
y el crepusculo.
Lo espero
en
el mio..
Nieves

Sunday, July 3, 2016

La búsqueda de la felicidad.


Hemos recorrido un largo camino desde la época de la caza y recolección hasta la revolución del combustible fósil.  Pero…¿Todo lo que ha ocurrido a lo largo de  este camino como el desarrollo de la agricultura,  la ciudad,  la religión,  la escritura, el dinero,  la ciencia,  la industria,  la democracia, el capitalismo  y las Naciones Unidas,  entre muchas otras cosas, han traído mas felicidad?  La pregunta raramente  aparece en los manuales de historia, de política o de economía.

Según el  lugar común  el progreso histórico alivia las miserias  y cumple nuestras aspiraciones en comparación con las  épocas  mas primitivas. Hoy somos mas felices que en el medioevo y ellos mas felices que las tribus de cazadores y recolectores… ¿Cómo sabemos que ellos eran menos felices que nosotros?  Nuevas capacidades,  nuevas tecnologías y  nuevas conductas  no nos hacen necesariamente mas felices  ni crean una vida mejor. La revolución agrícola  aumento nuestro poder colectivo para controlar el medio ambiente, pero la vida se hizo mas dura comparada con la vida de la caza y recolección.  Lo que trajo fueron mas horas de trabajo, menos variedad de alimentos y mayor exposición a las enfermedades  y  la explotación. La época de los imperios aumento el poder humano al expandir el comercio, las ideas y las  tecnologías, pero para  millones de indígenas del mundo esto fue la ruina de sus culturas y el cambio de la libertad por el sometimiento colonial.  La revolución industrial abrió posibilidades nunca antes  soñadas como el triunfo de la medicina moderna, los derechos humanos, la disminución de las hambrunas  y mecanismos para resolver conflictos internacionales.  Al mismo tiempo, condeno a  la clase trabajadora  a una vida de pobreza, sudor  y sacrificio.  La época de prosperidad de la segunda mitad de siglo, aplicable solo a algunos  países ricos del  mundo occidental,  ha servido  de parámetro de progreso. La cosa, sin embargo, es esta…  ¿podemos hablar de progreso  cuando  sus efectos son  la causa  de  disturbios ecológicos capaces de destruir los fundamentos mismos de la sociedad industrial y la orgia consumista?

¿Qué nos hace felices? ¿Dinero, bienes materiales, familia, comunidad, amor, placeres, ideales?  La idea mas común que tenemos de la felicidad es la de bienestar interior.  Contentamiento con la forma en que la vida se nos da. El desafío con esta definición para los  sicólogos, científicos sociales  y biólogos  es como cuantificar desde el exterior un sentimiento interior.  La solución la encontraron en cuestionarios que la gente llena y luego ellos  cuantifican.  Los sociólogos, por ejemplo, pasan cuestionarios que correlacionan el bienestar con  factores socio económicos tales como riqueza y libertad política. Los biólogos, con factores químicos y genéticos. La sorpresa con que  se encontraron es que la felicidad depende, mayormente, de la bioquímica genética.

Al igual que  los otros estados mentales el bienestar interior esta gobernado por mecanismos bioquímicos resultado de millones de años de evolución.  No depende de parámetros externos como riquezas, poder social, consumo, sino por un complejo sistema de nervios, neuronas, sinapsis y sustancias químicas como serotonina, dopamina y oxitocina. El sistema bioquímico interno pareciera estar programado para mantener un nivel de felicidad relativamente constante.  Cambios momentáneos nos hacen mas  o menos felices,  pero siempre volvemos  aun punto fijo.  El sistema difiere de persona a persona.  En una escala de 1 a 10  algunos nacen con una disposición  alegre y su sistema bioquímico  oscila entre 6 y 10 con un punto estabilizador de 8, no importa cuan mala o buena sea la oscilación.  Esa persona frente a la experiencia de la adversidad, por ejemplo, recuperara su nivel de felicidad después de un tiempo. Otros con menos suerte nacen con  una bioquímica  que oscila entre 3 y 7, con un punto estable de 5.  Estas personas pueden ganar la lotería y sentir gran excitación en ese momento, pero luego retornan a su estado melancólico. Es la bioquímica cerebral la que explica porque, a pesar de haber obtenido el trabajo soñado,  ganado el concurso literario, tener un departamento en el centro y los conservadores haber perdido la elección,  no somos, después de corto tiempo,  mas ni menos felices que antes. Todo esto no cambia nuestro sistema cerebral.

Por supuesto, la bioquímica cerebral no es el  determinante exclusivo. Los factores sicológicos y sociológicos también juegan su papel. El sistema tiene cierta libertad de movimiento dentro de sus limites predeterminados. No podemos exceder los limites emocionales superiores o inferiores, pero  no significa que el incendio de nuestra casa o la perdida del trabajo  no tengan  un impacto entre estos dos  limites.  Alguien con un nivel  5 de felicidad puede disfrutar un nivel 7 de tiempo en tiempo si las cosas van viento en popa y, así,  evitar el nivel 3 lo mas posible.

Si  todo esto es así, como dicen los  biólogos, entonces la historia no tiene mucho impacto en la felicidad ya que la mayor parte de los  eventos históricos  no han cambiado la química cerebral. Pueden cambiar los estímulos externos  que causan la secreción de serotonina,  pero no cambian  los niveles de la serotonina, lo que significa que ellos  no nos hacen mas felices… ¿Para que, entonces, nos preocupamos con reformas políticas y revoluciones cuando la solución esta en la manipulación de la química cerebral?   ¿No seria mejor que todo el dinero que gastamos en revoluciones y guerras   lo usáramos en  la comprensión de los procesos cerebrales y el desarrollo de tratamientos que  puedan hacernos mas felices? Prozac o marihuana es el camino a la felicidad.

Esta no es la única opción.  Según el historiador Harari hay datos que muestran que la felicidad consiste en ver la vida en su totalidad como algo valioso y lleno de sentido. Si uno ha encontrado para que vivir, uno puede soportar cualquier cosa. El significado del “para que vivir” varia ampliamente de época a época. La gente en el medioevo tuvo una vida bien dura. Pero, la creencia en la promesa de una vida eterna en el paraíso, la lectura de las escrituras y la construcción de catedrales  les daba sentido a sus vidas y, seguramente, no eran menos felices que nosotros.  La felicidad la encontraban en la ilusión colectiva  de una  vida trascendente.  La cosa con esto  es que, desde un punto de vista racional o científico, la vida humana no tiene ningún sentido. Somos el producto de un proceso evolucionario ciego que opera sin un fin o propósito. No somos parte de un plan divino y si mañana desaparecemos, aquí no ha pasado nada. El resto del universo continuara tranquilamente su curso.

 Para nuestra época secular el significado colectivo se puede encontrar en el nacionalismo, el humanismo moderno, el capitalismo,  el progreso del conocimiento humano, la creación de empresas, el arte, etc. El asunto es que creer que el sentido trascendente de la vida puede encontrarse  en uno de estos fines no es menos ilusorio que la creencia en el mundo sobrenatural.

 La felicidad, según esta opción, es  la sincronización de nuestras ilusiones personales del sentido de la vida con las  ilusiones colectivas.  Si esto nos da felicidad, entonces, mientras mas ilusiones transcendentes, mitos, fantasías  o creencias religiosas  tengamos mas felices seremos. Al diablo con los hechos si  contradice nuestra fe.

La idea  común en todo esto es  que la felicidad  es un estado subjetivo placentero, ya sea  debido a la química cerebral o a la creencia en el sentido de la vida. Esto no es sorprendente  si consideramos que  en nuestros días el liberalismo es la ideología dominante. Los sentimientos interiores son la fuente suprema de autoridad. Lo que es bueno o malo, feo o hermoso, lo que debe o no debe ser  esta determinado por lo que sentimos… “Si siento que es bueno, es bueno. Si siento que es feo, es feo”.

¿Podemos confiar siempre  en los sentimientos interiores? La idea que los sentimientos no son confiables tiene una larga historia que va desde el Templo de Apolo en Delphis, San Agustín en el medioevo, Darwin en la época moderna y Dawkins en el presente. Pero, sobre todo, ha sido el Budismo el que ha desarrollado una  posición bastante singular.  Nuestros sentimientos son solo vibraciones fugaces, estados momentáneos en constante cambio. Si quiero  tener sentimientos placenteros tengo que perseguirlos y cuando los tenemos se evaporan rápidamente, lo que nos obliga a perseguirlos otra vez … ¿Vale la pena tanto esfuerzo por algo tan pasajero? La raíz del sufrimiento no es el dolor, la tristeza, ni siquiera el sin sentido de la vida. Es la inútil persecución de estos sentimientos fugaces que nos colocan en un estado de permanente tensión, frustración  y  descontento. La liberación del sufrimiento se produce cuando tomamos conciencia de la naturaleza impermanente  de los sentimientos y los deseos y renunciamos a su persecución.  Es  en ese instante cuando la mente se relaja.  El movimiento New Age  no entendió esto porque traslado el descubrimiento budista  a un marco liberal… “La felicidad no depende de factores externos. Depende de lo que sentimos interiormente y en lugar de perseguir riquezas y estatus debiéramos conectarnos con nuestros sentimientos”.  La visión budista es lo opuesto. La felicidad es independiente de nuestros sentimientos internos. El camino budista no solo deja de perseguir  riquezas y fama, sino mas importante,  abandona  el deseo y los sentimientos interiores.  El camino es llegar a  la verdad  de uno mismo…  ¿No es esta también la visión del oráculo de Delphis… “Conócete  a ti mismo”?  Freud no estuvo muy lejos de esta visión.

El problema con  la extinción budista de los deseos y los sentimientos que los acompañan es que se basa   en una noción negativa del deseo.  Desde la antigüedad hasta nuestros días  se ha pensado que es la carencia de algo en el sujeto lo que origina el deseo.  Para Sócrates  el amor solo existe en relación a un objeto ausente y Lacan, en nuestros tiempos, afirmaba que el deseo es el signo de una “menesterosidad ontológica”… ¿Que tal si se rompe con la tradición y se ve esto desde otra perspectiva? El deseo, dice Deleuze, es productivo, crea su objeto y, en lugar de implicar una relación determinada por la carencia, el deseo abre nuevas posibilidades. En el amor, por ejemplo, el deseo abre nuevas e infinitas oportunidades en un mundo  que
aparentemente se presentaba como algo cerrado. El deseo no se produce por el encuentro  fugaz con un objeto.  El deseo es una fuerza o flujo universal  que existe antes  de la distinción entre objeto y sujeto.  Cuando se libera de los prejuicios de la tradición,  la domesticación del Estado y la maquina consumista, se reconecta con nuevas aspiraciones que revitalizan el cuerpo y la mente y volvemos a sentir el flujo vital en toda su fuerza. Y esta es la fuerza  que el Poder  teme.

La afirmación de la vida es la fuente del goce y del sufrimiento, de la compasión y del amor, del miedo y del odio. Este es el doble vinculo al que estamos sujetos.


Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, June 26, 2016

La cita



Desperté al dia
con
el reloj
del tiempo.
Se había
quedado dormido
a
su cita .
El amanecer
lo esperaba
en la esquina izquierda
del
universo.

Nieves

Monday, June 20, 2016

El limite del capital


 En  el  tercer libro del “Capital”  se dice  que el límite histórico lógico del  Capital es el mismo  Capital. Con esto, Marx  aseguraba  que  la historia estaba de parte de la revolucion. 

Según la interpretación histórica evolutiva estándar  esta formula se ha leído de acuerdo al modelo de la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Uno podría entender  este modelo según la metáfora de la niñez  que de tiempo en tiempo tiene que  deshacerse  de su vestido porque le empezó a quedar demasiado apretado.

 El argumento va más o menos así… la fuerza básica del desarrollo social, su constante natural es el incesante crecimiento de las fuerzas productivas que, como norma general, son reducidas al desarrollo técnico. Este ímpetu creciente, sin embargo, es siempre seguido por una mayor o menor inercia de las fuerzas sociales que cambian con mucha mas lentitud  operando como un factor retardatario. Hay épocas en las cuales las relaciones de producción corresponden con las fuerzas productivas y otras en que se transforman en un obstáculo al desarrollo futuro hasta el momento en que la revolución social las coordina nuevamente  reemplazando el viejo orden por otro que corresponde a un nuevo estado de cosas. Es decir… si el Capital contiene  su propio limite, entonces, desde un punto de vista  evolucionista,  las relaciones capitalistas de producción  que hicieron posible el rápido desarrollo tecnológico, se trasformaran, eventualmente,  en un obstáculo. En breve,  las fuerzas productivas sobrepasaran las relaciones capitalista abriendo un periodo revolucionario que  determinara nuevas formas de relaciones sociales.

El problema con este enfoque de la formula de Marx es este… ¿como definimos exactamente el momento – incluso en términos ideales – en que las relación capitalistas de producción se transforman en un obstáculo continuo al desarrollo de las fuerzas productivas? O la situación opuesta…  ¿cuando podemos decir que hay acuerdo entre unas y otras en el modo capitalista?  La respuesta, después de cualquier análisis estricto, es… nunca.

Es esta situación la que hace diferir al capitalismo de cualquier otro modo de producción conocido hasta ahora.  En todos ellos podemos hablar de momentos en que hay acuerdo entre los procesos de producción social y reproducción, periodos de tranquilidad y movimiento circular, mientras que en otros, hay instantes de intranquilidad y desorden, cuando la contradicción entre fuerzas y relaciones de producción se agudiza.  En el capitalismo, en cambio, es la contradicción, el desacuerdo entre fuerzas productivas   y relaciones de producción la que esta contenida en su concepto mismo, contradicción entre  la  producción que es  social y la apropiación que  es  privada. Es esta contradicción interna la que empuja al capitalismo a extender la reproducción permanentemente, al desarrollo incesante de sus propias condiciones de producción a diferencia de los otros modos en donde, a lo menos en su estado “normal”, la producción y reproducción se dan a través de un movimiento circular.

Si aceptamos que este  es el caso, como la historia parece indicar, entonces la interpretación evolucionista del Capital como conteniendo su propio limite es inadecuada. El filosofo Zizek llama la atención al hecho de que no se trata de que en cierto momento de su desarrollo el marco de relaciones de producción empieza a constreñir el continuo desarrollo de las fuerzas productivas.  La paradoja es que este mismo limite inmanente, esta contradicción interna es la que justamente empuja el desarrollo del sistema, lo que hace que su estado normal sea el de revolucionar constantemente sus condiciones de existencia.  Desde el comienzo mismo el capitalismo esta marcado por la discordia, la contradicción y el deseo inmanente de balance.  Y esta es  la razón de su cambio incesante.  La transformación constante es la única forma de vivir y resolver una y otra vez su propio imbalance constitutivo, su contradicción fundamental.  Lejos de restringirlo tendríamos que decir que su límite es la fuerza misma de su desarrollo. Esta es  la paradoja típica del capitalismo… su impotencia es la fuente de su poder  que le permite transformar sus limites.  En tanto mas se agudicen sus contradicciones, tanto mas necesita revolucionarse a si mismo para sobrevivir. El salvavidas es “R&D” (Investigación y Desarrollo). Crear nuevos productos para tener nuevos consumidores.

La revolución informática de los últimos decenios es  un buen ejemplo. Marx distingue dos momentos en la continua auto-expansión del capitalismo. En un primer instante, una onda de nuevos y más productivos capitales sociales transforman los aparatos existentes de producción y consumo. Es esta continua revolución de los medios de producción, dice Deleuze, la que caracteriza la “deterritorializacion” del capital y el trabajo con el objeto de dedicarlos a nuevas formas de producción y consumo que  desencadena  todo tipo de procesos de  tranfomacion  a través de la sociedad. Pero, en un segundo instante, este movimiento progresivo es rápidamente detenido y todo es “re-territorializado” nuevamente. La “deterritorializacion” libera todo tipo de energías creativas –tanto de consumo como de producción- y  revoluciona y socializa las fuerzas productivas. La “re-territorializacion”, en cambio, interviene ligando las relaciones de producción y consumo al peso muerto de la apropiación privada de la plusvalía restableciendo el  poder del capitalismo,  fuerza retrograda que  impide el gasto de la plusvalía en propósitos que no estén exclusivamente orientados a la re-inversión productiva de ganancias privadas

 Es solo el primer momento, el de la “deterritorializacion” del componente económico, el que representa la revolución constante de los medios de producción, el que genera cambios y libera las energías de producción y consumo de los objetos y limitaciones existentes. Esta distinción, por supuesto, entre dos momentos de un proceso singular, es meramente analítica, pero es crucial en tanto expone la diferencia entre poder y economía como dos momentos en conflicto o como dos componentes del capitalismo… ¿No es  esto lo que  estamos presenciando con la actual revolución informática? En su periodo inicial estaba llena de promesas de liberación y participación democrática.  Lo que hoy vemos es  su captura por el peso muerto de la propiedad privada, el Estado de vigilancia absoluta  y la orientación exclusiva hacia la ganancia.

¿Es este un proceso sin fin?  No, realmente. Si  recordamos  que no hay  realidad empírica que sea eterna, entonces todavía es posible  introducir una nota de optimismo. La resistencia al poder ya es una  indicación  que este no es absoluto.  Dada la contingencia de toda realidad  uno podría  imaginar una posible liberación de la compulsión  capitalista que iría más o menos así.

En la etapa  de “deterritorializacion” capitalista “todo lo que es sólido se disuelve en el aire”. La tradición, las costumbres, los ritos, los valores, las comunidades y  las creencias se dislocan, destruyen, transforman  o desaparecen. Y, a pesar de las consecuencias negativas que esto trae, el proceso  abre nuevas posibilidades de acción histórica. La aceleración temporal de las transformaciones sociales  que  causa    permite tomar  una conciencia más clara de la impermanencia  constitutiva de los  discursos sociales, de su naturaleza puramente histórica.

La consecuencia, dice Laclau, es que la dislocación, desarticulación o inestabilidad de  la estructura social  abre un campo de indecisión e indeterminación que  obliga a recomponer  y re-articular las estructuras sociales  a  niveles  mas profundos, aumentando la responsabilidad de los sujetos y haciendo la historia menos repetitiva. La clave aquí, por supuesto, es que en  esta estructura dislocada  el centro se debilita o desaparece. Esta dislocación social, a diferencia del desajuste y falta de funcionamiento de las  partes  de una maquina, tenemos que verla como el desajuste que se produce debido a la presencia de fuerzas antagónicas que tratan de  construir o tomar  los  centros de poder.

¿Qué es lo que hemos ganado con todo este análisis…?  Una  nueva  visión social que ahora aparece constituida por  diferentes  centros de poder, cada uno con diferentes capacidades de acción  y estructuración. Descentralización no significa solo la ausencia de un centro. Significa, también, la práctica de descentrar a través del antagonismo, de la lucha que originan las contradicciones sociales.  Lo que ahora tenemos  es un  mundo que se presenta, no como algo dado o regido por la mano invisible de las leyes históricas, sino como algo que constantemente tiene que ser construido por la gente  que, en el proceso,  también se auto construye.

El pensamiento mas común que hoy encontramos en la gente que protesta  en las calles es la creencia de que la posibilidad de transformar la sociedad capitalista no depende de la simplificación de la estructura social, ni de  la emergencia de una sola clase privilegiada guiada por su  partido, sino  de la proliferación de nuevos y diferentes grupos sociales,  de la multiplicación de los antagonismos y el aumento de las  dislocaciones.

El problema es…  ¿Cómo esta pluralidad de grupos y demandas  se transforman en una  singularidad, en una  identidad popular? Laclau dice que si una equivalencia se va a establecer entre ellas algún tipo de denominador común tiene que encontrarse dentro de la multiplicidad de grupos  para encarnar  su totalidad  y este denominador no  puede ser otro que una demanda individual que por razones circunstanciales adquiere un papel  central al pasar a significar el conjunto de las demandas,  permaneciendo sin embargo como demanda particular.  La imagen de la Solidaridad en Polonia y  en el resto  de Europa oriental al final de los 80’s, el mercado paso a significar mucho mas que un arreglo económico… abarcaba el fin del poder burocrático, libertades cívicas, ponerse a la par con occidente, etc. etc.  La paradoja de esto es que mientras más general sea la demanda representativa más fácil será su adopción. Pero…  en tanto mas general sea más débil será su capacidad para articular la multiplicidad, lo que eventualmente  lleva a la desintegración de la cadena.

 Los momentos eminentemente históricos, auténticamente  revolucionarios  son aquellos marcados por grandes choques  en donde formas enteras  de vida  son amenazadas  y  las normas  sociales y culturales  destruidas al ser incapaces de   siquiera garantizar un mínimo de estabilidad y cohesión. De este vacío una nueva forma de vida tiene que ser inventada. Todavía no estamos ahí… 

Desde el momento que no hay una ciencia política capaz de predecir el curso de los eventos futuros aun es muy temprano para decir lo que pasara y la incógnita  con los nuevos movimientos de insurgencia es que… no hay nada en ellos que nos indique si estos nuevos sujetos políticos necesariamente cambiaran el capitalismo o solo conquistaran un lugar dentro de el.


 Nieves y Miro  Fuenzalida