Thursday, December 11, 2014

Alma nomadica


Dejarse envolver en este Lunes...
y todos los Lunes... y todos los días
... por ese silencio de las notas musicales
que explotan en tu alma de nómada... que
se enredan como una bufanda de cachemira
suavemente tibia... y hacerlas tuyas... y no sentir
el odio que va bebiendo las otras almas sedentariamente
secas... repitiendo copias de copias... una y otra vez... y construir
las fantasías de una nueva narrativa... en mi, animal humano... con
fuerzas de energías claras y "distintas"... y ser como los viejísimos

dioses del Olimpo... pero de "carne y hueso"... capaz de crear una imaginación social que se gesta en la ronda de un tú y un yo... entretejida de tus... no solo de yos... escuchemos este Lunes... y todos los Lunes... y todos los días... el "himno de la alegría”!!!

Nieves

Monday, December 8, 2014

La historia que somos.


Tú muestras una foto de cuando eras pequeño y con cierto orgullo dices “ese soy yo”… ¿Realmente?  ¿Y cómo sabes que el  pequeño y tu son la misma persona?
 Por supuesto que somos la misma persona. No faltaba más.
 Bueno, si así lo crees  ¿Qué es, entonces, lo que hace que la figura de la foto  sea el mismo adulto que hoy la mira? ¿Que es lo que persiste en el y tu a través del tiempo?

Una de nuestras  respuestas más comunes con la que siempre nos topamos es la creencia de que cada uno es un sujeto individual único y diferente de los otros gracias a la posesión de una identidad propia que se mantiene en el tiempo a pesar de todos los cambios que experimentamos. La evidencia que las instituciones sociales usan para determinar la identidad,  por ejemplo, son las huellas digitales. Pero, si pierdo mis manos  ¿pierdo mi identidad? La investigación y desarrollo tecnológico nos provee con una nueva evidencia… el ADN. Ahora el neuro- biólogo nos muestra una formula genómica y dice… “esto eres tu”. Y es aquí donde me encuentro a mi mismo objetivamente. Observando mi propia  objetividad. El problema, teóricamente hablando, es… ¿Quién es ese que observa objetivamente eso que  yo soy?

Esta es la pregunta por el sentido de  la si mismidad. Clásicamente se ha mantenido que la existencia del sujeto  depende de su habilidad racional  para autodeterminarse y distinguirse de los otros. Nos gusta pensar que lo que nos define es nuestra si mismidad dotada de  cualidades intrínsecas que nos hace ser lo que somos.  Es el núcleo intangible que origina nuestras acciones, nuestra libertad, nuestra singularidad  y nuestra  independencia. Nuestra identidad esencial. El conocimiento del mundo, dice Descartes, tiene que esperar hasta  que  nuestro  ego se asegure filosóficamente. Según  Rousseau, si solo fuéramos capaces de liberar nuestra verdadera naturaleza recuperaríamos nuestra individualidad y estaríamos libres del sufrimiento que hoy tenemos que soportar. Para toda esta tradición occidental dentro de nosotros mismos, en la profundidad de nuestra subjetividad, se encuentra la unidad  de nuestro ser (Yo, Razón, Espíritu, Alma, Persona) Allí esta nuestra vocación y autenticidad que las presiones sociales sofocan. Vivir auténticamente es vivir de acuerdo a este núcleo esencial que yo soy.

¿Pero,  esta herencia Iluminista,  no es, después de todo, una ilusión?  Nos auto convencemos que la conciencia siempre esta en control y que  la si mismidad  es  nuestra libertad, nuestra verdad  y nuestra posesión mas preciosa, virgen de influencias culturales. Y, sin embargo, en la realidad social en la que vivimos  esta ilusión funciona como un conjunto de prácticas, disciplinas  y rutinas  que nos aprisionan y determinan. Fijémonos solo en la tremenda influencia determinante que tienen la escuela, la iglesia, el Estado, los medios de difusión, la oficina  o  el ejército en la formación de lo que somos. Pensamos que  la unidad de nuestro ser se encuentra dentro de nosotros y lo que allí descubrimos, en cambio, es  una interioridad fracturada presa de impulsos irracionales que constantemente amenazan el orden social. Junto a la conciencia siempre encontramos al inconsciente. Junto a la razón, la irracionalidad amenazando con consumirla. Junto al amor, el odio. La  verdad es que la unidad del sujeto es una ilusión que precariamente  encubre su división interior.   

 ¿Cómo, entonces, podríamos sentirnos  absolutamente seguro de nuestra  identidad cuando esta  marcada por la descentralización, desintegración y dispersión? ¿Como, a pesar de ello, nos  arreglamos para  componer un sentido de la existencia  a través del tiempo que  continuamente  percibimos como propio? ¿Cómo hacemos esto?

Según Kristeva, gracias a nuestra habilidad para construir y contar historias que encapsulan el sentido de nuestra  vida. La habilidad de contar la propia vida es lo que distancia  a los seres humanos de los animales. Es la narrativa la que le da un  propósito a la acción política al inscribirla  en la experiencia y memoria de la comunidad. Una acción, por muy heroica que sea, solo se completa cuando es recordada, escuchada y, luego, recontada por otros. Por eso, una historia no puede ser solo lo que un sujeto se cuenta  a si mismo. Su función esencial es identificar  al ser humano como agente  de la acción narrada y encontrar en su acción una significancia   con la ayuda, la comprensión e interpretación de los que escuchan la historia.  En esta forma de vernos, en lugar de preguntar  ¿Qué soy yo? preguntamos  por nuestra  relacion con los otros. Por nuestra convivencia. Sin los otros no hay historias para contar. La relacion que establecemos con ellos a través de las historias que contamos no es, por tanto, una cuestión opcional ni accidental en nuestras vidas, sino que es  la verdadera condición de la existencia humana como tal. El reconocimiento de la importancia que ellas tienen en la constitución de nuestra identidad significa nada menos que   el desplazamiento de la búsqueda de características  universales y esenciales por  características particulares y especificas. No es lo mismo nacer en Afganistán o en Paraguay,  rico o pobre o nacer hoy o en  el siglo V DC.

Las historias que heredamos de la cultura en la que vivimos  nos ayudan a ser lo que somos. Son la condición de inteligibilidad  y coherencia de nuestras vidas y el vehículo que permite que  nuestras experiencias  puedan ser contadas a otros. No podemos explicar la unidad de nuestras vidas  en términos puramente sicológicos. Solamente podemos hacerlo  en tanto nuestra  vida pueda ser narrada, en tanto podamos dar cuenta de nosotros mismos a otros.   Aunque no podemos identificar  totalmente la narración con la experiencia vivida, es solo  a través de ella que esas experiencias adquieren significado y pueden hacerse públicas. Es por eso que la existencia es siempre una existencia contada. Cuando alguien expresa  que su vida no tiene sentido es tal vez porque la narrativa de su vida se ha hecho ininteligible para el o para ella, que ha perdido toda dirección hacia un clímax o fin.    

Roquentin, el protagonista de la Nausea, dice que tenemos que elegir entre… “vivir o contar”. La sugestión es que las historias falsifican la experiencia y deben ser descartadas como inservibles. Pero, la historia de Roquentin  ¿no es ya una historia? Nuestras vidas tal como las vivimos  son ya historias o, a lo menos, parte de una posible historia. Y como tales, a pesar de que las historias pueden ser impredictibles, inevitablemente tienen un cierto carácter teleológico. Las historias son nuestro medio natural. Vivimos en ellas y ellas viven en nosotros.

El asunto, sin embargo, no es tan simple como parece, porque la  forma, significado y posibilidad  de las historias nunca pueden darse por sentadas. Siempre podemos imaginar un estado en donde el sujeto no puede reconocer o construir el significado de su propia narrativa, en donde su vida aparece solo como una sucesión de eventos, como una secuencia de momentos que no vienen de ninguna parte y no se dirigen a ningún lugar. ¿Hay alguien que en algún instante de su vida no haya sentido algo así?

Es aquí en donde el psicoanálisis puede ser de alguna ayuda al proveer una teoría y un protocolo para que nuevas  historias surjan a partir de la materia informe de la experiencia. La pregunta clave que Freud planteo es como el inconsciente puede ser conocido, ya que si este es ajeno e inaccesible  a la conciencia todo el proceso de adquisición de significado queda en suspenso. Según el, el  lenguaje, al ubicarse  al borde de la conciencia y el inconsciente,  en su forma de  libre asociación, desbloquea la represión  traumática y permite el acceso a lo desconocido. La terapia alienta la búsqueda de una narrativa que le de sentido a lo que hay detrás de los síntomas, a  transformar lo irrepresentable en representación a través de la mediación de la palabra. A poner en una narrativa  los fantasmas y los impulsos sadomasoquistas. Es en el orden simbólico en donde el significado, la representación y las historias son posibles. Pero  estas historias debemos considerarlas con una actitud cognitiva diferente. Ellas no pueden tomarse como verdaderas o falsas. Ellas no buscan significados profundos, permanentes o absolutos y siempre otras historias son posibles. Su efectividad  real  no se mide porque nos entregan un conocimiento objetivo de cómo las cosas verdaderamente son, sino por su capacidad para  tender un puente entre el trauma y la  representación y para facilitar entre nosotros el intercambio de significados. Solo cuando el sujeto empieza a contar su historia, cuando empieza a aceptarla  como un proyecto es cuando podemos verla como un indicio hacia la posibilidad del sentido y  relación. En otras palabras, como un lenguaje para comunicar sus sufrimientos y decir algo significativo a otros. Así, historias se intercambian y las vidas adquieren valor. Es  a través de la restauración de la relacion social cuando una vida carente de significado puede recrear el sentido de su existencia.

 Desde que carecemos de un centro esencial las  historias que nos contamos a nosotros mismos nunca son completamente nuestras. Son hechas de pedazos de recuerdos y de lo que los otros nos dicen acerca de nosotros. Esta es una de las razones de que muchos rechazan el valor de las historias porque falsamente unifican el individuo. Por supuesto. Quien busque una relacion última dentro del sujeto o entre el sujeto y los otros no la va a encontrar en las historias que nos contamos. Ellas  participan de nuestra ambigüedad humana y la relación y unidad que crean  puede desintegrarse en cualquier momento.

Las historias, relatos y autobiografías que creamos nos dan la posibilidad de darle significado al sin sentido,  de nombrar nuestra experiencia fundamental de lo que significa ser humano  y de crear un lenguaje publico que nos libera del solipsismo, lenguaje que, sin embargo, nunca logramos articular completamente.  Siempre algo queda más allá de el.











Friday, December 5, 2014

Un suave murmullo



Abrí mi puerta azul... un quejido tenue... como un murmullo suave... se deslizaba debajo de ella... era una hoja amarilla que pedía que la pusieran en la tierra  ya que el viento la había lanzado... sin querer...
a las tablas de mi rampa... equivocando la senda donde ya todas sus hermanas  que crecieron juntas en el mismo árbol... se acomodaban para dormir... por primera vez... en la tierra que vieron desde sus ramas... y que era la tierra de sus padres.

Nieves

Sunday, November 30, 2014

Del conflicto al consenso.


Desde hace un par de décadas la acción política empezó a favorecer  la aproximación hacia el centro y a reducir la lucha social solo al intercambio de argumentos y negociaciones de compromisos en donde los intereses de cada uno son reconciliados.   El ciclo de la política confrontacional  que domino al Occidente desde la Revolución Francesa  no se ve con simpatia y la bi-polaridad izquierda-derecha que la sustentaba, según se dice,  necesita ser transcendida por la democracia "dialogica". La confrontación de clase debe dar paso a la negociación de intereses, la búsqueda de consensos y la unanimidad social ¿Como lograr esto?

El filosofo alemán Kant fue uno de los primeros pensadores que intento proporcionarle a las instituciones democráticas   un fundamento racional universal.  Según Habermas el modernismo, a pesar de los  esfuerzos de sus mejores teoricos,  no  fue capaz  de  lograr este objetivo porque la investigación se movió dentro de la tradición de la filosofía del sujeto y no porque el objetivo fuera inalcanzable. Lo que necesitamos hacer, dice, si queremos evitar el relativismo político, es salir del círculo de la subjetividad  y enfocarnos en las relaciones inter subjetivas. Dentro de estas relaciones la comunicación racional es la fuerza argumentativa unificadora, creadora  de consensos con la que  los miembros de la comunidad  pueden  lograr superar sus estrechos intereses personales y adoptar acuerdos racionales sin la amenaza de la coerción. La comunicación racional es una experiencia humana central y un mecanismo de coordinación social clave en la vida de la especie.  Un proceso cooperativo en busca de la comprensión mutua.  En  un  intercambio democrático ideal, en donde las relaciones de poder han sido neutralizadas, la única fuerza activa  en el debate público debe ser la  fuerza del mejor argumento ¿Cómo logramos este estado democrático ideal?  A través de un procedimiento  normativa ultimo que permita la expresión de diferentes proyectos políticos. Racionalidad, en este contexto, no es la racionalidad sustantiva clásica, sino la racionalidad de los procedimientos que posibilitan el dialogo. Es la que establece normas basadas en presuposiciones  capaces de garantizar  la imparcialidad de los juicios y acuerdos. Dicho de otra manera, lo que es correcto y verdadero en un proceso comunicativo depende de los que participan en el según reglas determinadas  de antemano.

Este es un discurso netamente “jurídico-discursivo” al ligar la formación de la voluntad política racional a  la institucionalidad  judicial. La autorización del poder por la ley y la aprobación  de la ley por el poder constituyen un solo acto. El marco democrático ideal se define por procesos legislativos, desarrollos institucionales y  procedimientos de planificación. Esta es una visión optimista de progreso  social y de  fortalecimiento de la sociedad civil que se basa en la creación de constituciones  y en el desarrollo y reforma de instituciones que le permitan a  una sociedad pluralista  crear la unidad ciudadana y cambiar gobiernos en una dirección cada vez mas democrática y efectiva.

 Esye es   un excelente proyecto que funciona maravillosamente bien en condiciones ideales,  igual que la sociedad sin clases de la utopía marxista. El problema es que  el proyecto nunca coincide con la porfiada realidad. Doscientos años  de escritos constitucionales lo demuestra. La utopía del consenso y la unidad es una cosa. Como llegar a ella es otra. La falta de socialización y de instituciones adecuadas, la pobreza, el abuso, la explotación, la discriminacion  y la degradación son los porfiados  obstáculos que impiden la democracia dialogica. Sin una comprensión de las relaciones de poder que atraviesan el campo social es bien difícil lograr cambios democráticos.

Si hay alguna generalización que  sea difícil de negar es la que describe al ser humano como desagradecido, inconsistente, mentiroso, egoísta y engañador. Si prestamos  atención a la forma en que la comunicación se lleva a cabo, especialmente en los medios de comunicación,  notamos que se caracteriza mayormente por la retórica irracional y la defensa de intereses particulares. La validez de los juicios en cualquier campaña política o controversia ideológica, por ejemplo, se logra a través de la elocuencia, de los controles ocultos, racionalizaciones, carisma o relaciones de dependencia, más que por argumentos racionales que transforma el proceso comunicativo en un ejercicio de dominación y poder. No se trata de dejar de lado o renunciar al intento de identificar y evaluar los argumentos y  los procedimientos normativos. Pero, lo que ndebemos olvidar es que hay  conflictos que no tienen solución argumentativa. En la sociedad civil real, opuesta a la ideal, son justamentos estos  los que atraen la atención y los que producen cambios que amplían la democracia.    

En el mundo real existen grupos que tienen diferentes visiones del mundo y diferentes intereses y no hay un principio general, incluyendo la fuerza del mejor argumento, con el que las diferencias puedan ser  resueltas. La autorización del poder por la ley, como dice  Foucault, es completamente incongruente con los nuevos métodos del poder que se emplean en niveles y formas que sobrepasan el estado y sus aparatos. La ley y las instituciones y programas estatales no garantizan la libertad, la igualdad o la democracia. Incluso el sistema institucional completo no puede asegurar la libertad que justamente es su propósito. La tarea política es desenmascarar la seudo neutralidad e independencia   de las instituciones sociales y mostrar la violencia política que siempre han ejercido con el fin de resistirla. El problema no es el de eliminar las relaciones de poder, sino reducir a un mínimo la dominación de las normas legales y las técnicas administrativas. Es la resistencia y la lucha, el activismo y el poder político, a  diferencia de la política del consenso, la ruta más sólida en la consecución de mayor  libertad y cambio social como muestran las batallas populares del siglo XX.


La idea de que los procedimientos y normas existentes en los países democráticos pueden proveer el marco racional para lograr consensos y  armonía entre los diferentes grupos y clases sociales en conflicto no pasa la prueba empírico-históricas.  Generalmente la democracia surge, no porque la gente quiere esta forma de gobierno o porque han logrado un consenso mayoritario, sino porque finalmente entre los diferentes  grupos en lucha unos pierden y otros ganan. Es cierto que las Cortes de Justicia  resuelven conflictos y que argumentos, racionales o no, se emplean para este propósito. Pero, sus resultados no dependen del acuerdo entre las partes. Una vez que los argumentos han sido escuchados y el juez ha entregado su veredicto, las partes tienen que aceptarlo, les guste o no.  Y si no lo  respetan el sistema esta respaldado por un complejo aparato de sanciones,  policías  y  cárceles. El poder necesita limitar el poder.   No hay manera de eludir el conflicto por lo que el análisis de las estrategias y tácticas en la lucha por el poder es clave para entender las cuestiones de inclusión y exclusión.  La política del consenso pareciera ignorar o tener bien poca comprensión de cómo el poder funciona. Es fácil apoyarse en la constitución y en el desarrollo institucional como solución. Otra muy distinta es lograr la implementación de cambios institucionales o constitucionales específicos.

Los partidarios de la política del consenso tienen razón cuando dicen que  los conflictos, por su mayor parte, son  irrupciones sociales peligrosas que amenazan el orden social y necesitan ser contenidos o reprimidos. Sin embargo, a pesar de este peligro, hay bastantes evidencias en la historia reciente  de que los conflictos sociales han ayudado a manter vivas a las democracias modernas al proveerles la fuerza y cohesión que ellas necesitan. Los gobiernos que suprimen los conflictos siempre terminan mal. Solo miremos el siglo pasado.  En la vida política y social real el conflicto de  intereses, el egoísmo, la explotación y la exclusión  no van a desaparecer solo porque adoptamos el ideal de la unidad y la armonía social. El consenso político nunca va a neutralizar la contradicción social. Al final, lo que siempre permanece es el conflicto, el poder y el partidismo.