Los pintores
Ambulantes
Dejan
Tras
De
Si
Sus murales,
Bicicletas
Eclepticas
Y
Disidencias
Estéticas
Pintadas
En
Cunetas
De
Pueblos
Fantasmales.
Nieves.
Los pintores
Ambulantes
Dejan
Tras
De
Si
Sus murales,
Bicicletas
Eclepticas
Y
Disidencias
Estéticas
Pintadas
En
Cunetas
De
Pueblos
Fantasmales.
Nieves.
La filosofía ha venido perdiendo el lugar privilegiado que hasta no hace mucho tuvo. No mas en la enseñanza secundaria, ausente en la discusión publica y con un lugar cada vez mas pequeño en la academia. Después de todo, para que queremos mas palabras, mas abstracciones sin conexión con el sentido común y lo que la gente hace. Lo que necesitamos, se dice, es acción practica, no mas conceptos... ¿se acabo la filosofía? La respuesta de los científicos contemporáneos es que la filosofía llego a su fin. Los problemas filosóficos gradualmente se han venido convirtiendo en problemas científicos... cuestiones ontológicas ultimas como ¿el universo tiene limites en el espacio y el tiempo? ¿esta preso del determinismo o hay espacio para la contingencia? son cuestiones que hoy trata la cosmología cuántica. Las ultimas cuestiones antropológicas... ¿existe el libre albedrio? ¿hay agencia humana? ahora son cosas discutidas por la ciencia evolutiva del cerebro. Incluso la teología tiene su lugar en la ciencias del cerebro que intentan traducir las experiencias espirituales y místicas en procesos neuronales... ¿que le queda, entonces, a la filosofía? Solo algunas reflexiones epistemológicas acerca de los descubrimientos científicos.
¿Por qué, entonces, algunos todavía se toman el trabajo de ocuparse de ella? Y... ¿qué perderíamos si omitimos las preguntas que la filosofía plantea?
Es bien difícil dar una definición de filosofía que no sea controversial. Para salir del paso el filosofo ingles Bertrand Russel una vez dijo que la filosofía es aquello que se enseña en las universidades en los departamentos de filosofía... ¿y que es lo que supuestamente estos departamentos enseñan? Según el lugar común ellos tratan con esas preguntas tremebundas como... ¿cual es el sentido de la vida, de donde venimos o cual es el fin de todo lo que hay?... cuestiones vagamente inquietantes que tienen que ver con el mundo y nosotros y que, por muy ocupados que estemos, nos siguen intrigando. Pero, por muy común que sea esta creencia, habría que decir que esta es una descripción bastante vaga de lo que la filosofía es.
Todos tenemos ideas y opiniones acerca de la naturaleza, la sociedad y el mundo en que vivimos. Lo que distingue a las ideas filosóficas es que ellas no están confinadas a la rutina familiar y a los patrones habituales de pensamiento. Ordinariamente procedemos de acuerdo a ciertas presuposiciones, conceptos, principios, estándares y creencias fundamentales que justifican nuestras acciones y, en ultima instancia, nuestra vida. Es el suelo que nos sostiene, el trasfondo desde el cual pensamos y actuamos y que ordinariamente no cuestionamos porque lo damos por sentado. Pero, en uno de esos raros momentos, podemos tomar cierta distancia de las ideas dominantes y pensar y evaluar críticamente las creencias, principios y presuposiciones en los cuales basamos nuestros razonamientos. Podemos preguntar, por ejemplo, si las creencias que tenemos acerca del mundo son confiables, si lo que vemos, sentimos o escuchamos es realmente como nuestros sentidos dicen que son. Es aquí cuando, en lugar de movernos dentro de los marcos de pensamientos familiares, los empezamos a cuestionar... y esta seria una forma de entender que es lo que distingue la reflexión filosófica. Una reflexión que trata de clarificar y evaluar críticamente los términos mas elementales en base a los cuales pensamos y actuamos y de la que resultan nuevas visiones, teorías y marcos conceptuales acerca del mundo que serán, a su vez, el foco de nuevos cuestionamientos. La filosofía a través del tiempo ha sido una continua serie de críticas, disputas y argumentos que dura mas dos mil quinientos años sin una respuesta final.
Ver la filosofía solo como doctrinas para aprender o repetir pierde lo que en ella es mas importante.... la posibilidad de pensar diferentemente. La reflexión critica pregunta si tenemos buenas razones para mantener una creencia, si estas razones son adecuadas o relevantes, o si hay otras consideraciones que ponen en duda la creencia. Un ejercicio intelectual que permite evaluar argumentos y teorías para ver si vale la pena mantenerlos. Pero, lo cierto es que no es tan fácil cuestionar nuestras creencias a la luz de nuevas experiencias, ya que son justamente estas creencias las que proveen el marco de referencia que permite evaluar las nuevas experiencias.
Esta es la cosa... si proveemos razones y argumentos para justificar una creencia en particular, cada una de esas razones provienen de premisas que en si mismas no han sido argumentadas y no pueden ser argumentadas sin caer en un circulo vicioso. Es cierto que ellas pueden ser justificadas en otra parte, pero, al final, no es posible justificar racionalmente cada uno de nuestros pensamientos... ¿en base a que podríamos hacerlo? La única forma seria ubicarnos fuera de nuestras creencias y principios en base a los cuales procedemos. Pero, si fuéramos capaces de hacerlo, no tendríamos principios ni creencias con que proceder, lo que significa que en nuestro pensamiento siempre habrá un trasfondo de creencias y principios en los cuales nos basamos para razonar y argumentar que permanecen fuera del alcance de la justificación racional.
Algunos filósofos argumentan que la razón en si misma es la base que provee los primeros principios que permiten organizar nuestro pensamiento y críticamente evaluar y justificar todas nuestras creencias excluyendo aquellas que no tienen fundamento racional. Esta racionalidad vista como ultimo punto de apoyo es, por supuesto, mas compleja que la noción de razón como una secuencia silogística. De lo que aquí estamos hablando es de la razón elevada a principio absoluto al que todo lo otro tiene que ajustarse. El problema con esto es que este principio racional al ubicarse mas allá de cualquier cuestionamiento se transforma en un pensamiento dogmático. El énfasis en la razón como la única base legitima del conocimiento ha sido, a través de la historia de la filosofía, objeto permanente de criticismo al ignorar o devaluar otros factores como los sentidos, los sentimiento, las emociones o los deseos. Las recientes criticas a la visión modernista de una sociedad racional no están dirigidas a la racionalidad en su sentido mínimo, no cuestionan los principios lógicos, sino las nociones mas complejas de la racionalidad del Siglo de las Luces que solo acepta lo que conforma con su estándar y es intolerante de todo aquello que cae fuera de el. Para la escuela de Frankfurt, por ejemplo, la critica esta dirigida a la racionalidad tecnológica que considera la eficiencia como el único criterio para organizar las practicas sociales y para Foucault el foco es la visión de una organización social racional que impone nociones de conductas normales y define un amplio rango de conductas como anormales o pervertidas. En ambos casos el objetivo de la critica es liberarnos de una forma de pensar que nos aprisiona para tratar algo distinto.
Hegel hacia notar algo similar al afirmar que la historia del pensamiento y la cultura aparece como un diseño cambiante de magnificas ideas liberadoras que luego, inevitablemente, se transforman en una camisa de fuerza que crean su propia destrucción al originar nuevas ideas emancipadoras que, paradójicamente, nos vuelven a esclavizar... ¿cuándo exactamente la filosofía de Badiou o Deleuze va a dejar de ser vibrante para devenir en el nuevo dogma que, a su vez, tiene que ser reemplazado?
Hacer filosofía, dice el escritor australiano Christopher Falzon, es por sobre todo filosofar, tomar cierta distancia y pensar críticamente acerca de las cosas en lugar de simplemente aceptarlas. Cuestionar nuestros pensamientos que con el tiempo se transforman en artículos de fe, mostrar sus limites y su incapacidad para tratar con ciertos hechos, consideraciones o dogmas y así abrir otros senderos para pensar diferentemente. Reflexión critica es evaluar racionalmente ideas y posiciones recibidas y determinar si hay suficientes evidencias para mantenerlas... ¿por que esto es importante?... porque en lugar de ser productos pasivos de nuestro ambiente nos permite defendernos en contra de la manipulación y control mental de la publicidad, de los medios de comunicación masiva, de la presión política y cultural de la propaganda, de los mensajes seductivos de los gurúes y demagogos. Es decir, permite desarrollar cierta independencia intelectual y abrirnos al hecho de que no hay respuestas definitivas.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Mi
Amigo,
El diccionario,
Me invito
A
Recorrer
Sus calles
Silenciosas
De
Palabras
Que
Dormían
En
Sus camas
Académicas
Oficiales.
A
Las disidentes
No
Las admiten.
Nieves.
Según el pensamiento de Albert Camus hay verdaderamente un solo problema filosófico serio, y este es el suicidio.
¿No es bien enigmático el hecho de que el mayor rival en contra de uno es uno mismo? ¿de que inconscientemente perseguimos nuestra propia destrucción? Desde esos pequeñas actos que nos crean problemas personales hasta las crueldades colectivas mas inimaginables el impulso destructivo siempre ha estado presente en la historia humana como si fuera una característica esencial de nuestro ser, según diría un metafísico clásico. Y, a pesar de su permanencia, todavía se nos presenta como un misterio sujeto a interminables controversias.... ¿hay, en realidad, algo así como un instinto de muerte?
Sigmund Freud pensaba que si. Inicialmente el concibió el aparato psíquico como un sistema homeostático dotado de cantidades de energía regulado por la búsqueda del placer y la evitación del dolor. Operando según el “principio del placer”, el objetivo básico del sistema es la liberación de la tensión de las excitaciones acumuladas para mantener el equilibrio de las energías psíquicas. El “principio de la realidad”, bajo cuya operación las tensiones podrían tolerarse durante un tiempo para ser descargadas posteriormente, condiciona el funcionamiento del principio del placer, pero en ningún caso se aparta de su lógica básica. Posteriormente, sin embargo, la suposición del principio del placer y lo que se derivaba de el ya no explicaban satisfactoriamente las observaciones realizadas en la practica clínica. En ocasiones el sistema psíquico parecía comportarse precisamente en contra de lo esperado, reintroduciendo e incrementando deliberadamente las tensiones energéticas, como en los sueños, los recuerdos traumáticos recurrentes, el masoquismo, la compulsión repetitiva y la tendencia de los pacientes a obstruir el tratamiento al recrear las perdidas y decepciones mas dolorosas que son algo contrario al placer... ¿Por qué, entonces, si el placer es el objetivo de la vida psíquica, deberían repetirse experiencias específicamente dolorosas y traumatizantes? ¿No será que junto al principio del placer existe un segundo principio básico, una fuerza desestabilizadora y disruptiva que no tiende al equilibrio y la armonía, sino al conflicto y la desintegración? ¿Una pulsión primordial hacia la muerte? Son estas cuestiones las que luego llevaron a Freud a postular una teoría que instala la contradicción en el corazón mismo del proceso psíquico. Toda agresión y destructividad en los seres humanos, proclamo, es autodestructiva. No una reacción de defensa, no una disposición innatamente brutal, sino la expresión de una pugna interna del humano consigo mismo. Esta extraña y radical hipótesis del impulso a la muerte, de una pulsión que va mas allá del principio del placer, equivale a afirmar que el verdadero objetivo de la vida es morir y que el ciclo vital de todos los organismos es solo una ruta indirecta a la muerte. Una tendencia a regresar a un estado inorgánico para reducir las tensiones hasta alcanzar un estado mínimo absoluto.
A pesar de sus ocasionales dudas y vacilaciones, Freud se convenció cada vez mas del valor fundamental de la hipótesis del instinto de muerte que paso a ser parte crucial en su construcción teórica. Sin embargo, el concepto no fue bien recibido por sus críticos y discípulos. Ernest Becker, por ejemplo, expreso lo que puede ser considerado la opinión mayoritaria dentro y fuera de la comunidad analítica... “Las tortuosas formulaciones de Freud sobre el instinto de muerte pueden ahora relegarse con seguridad al basurero de la historia”... Pero no para Lacan que no solo enfatiza la noción del impulso a la muerte sino que la reinstala en el centro mismo de la teoría analítica, aunque no exactamente igual, al vincular la muerte con el deseo.
Según una cita de Marx... “cuando Pedro desarrolla una actitud hacia Pablo similar a la que tiene hacia si mismo ¿empieza a ser consciente de si mismo?”. Segun Richard Boothby, en su concepción de la “fase del espejo” Lacan traslada de la etología animal a los seres humanos la importancia de la imago perceptual del otro miembro de la especie. Es durante esta fase, entre los seis y dieciocho meses, cuando la formación psíquica del bebe humano se establece en los registros perceptuales. La función de la imago, tan decisiva para el comportamiento animal, adquiere aun una mayor importancia en los humanos debido a que los primeros meses de vida se caracterizan por un estado de incoordinación motora radical que evidencia una prematuridad especifica que causa el retraso de la mayoría de las funciones corporales que perduran durante los dos primeros años. Es a través de la imagen de otra persona que el bebe adquiere el primer indicio de su integridad corporal y el primer grado de control y coordinación sobre sus propios movimientos. Es la imagen del otro lo que le permite al recién nacido relacionarse con una unidad ideal y organizar la confusión interna. La imagen, entonces, podría considerarse la forma mas fundamental de representación instintiva al movilizar vectores de impulso desde el caos de excitaciones del cuerpo infantil. Y, aunque esta capacidad coordinadora depende de la imagen de un ser externo, el jubilo de la fase del espejo consiste en que el infante comienza a comprenderse a si mismo como agente.
El hecho fundamental que este análisis revela es que las imágenes primitivas de la fase del espejo forman la base de la “identificación primaria”, y el ego, que surge a partir de esta identificación es, por tanto, esencialmente una formación imaginaria. Y como imaginario el yo primitivo exhibe las mismas características de permanencia e identidad que poseen las cosas del mundo. Identidad que mantiene intacta a lo largo de las diversas transformaciones evolutivas. Lo que me permite decir, por ejemplo, que yo soy ese pequeño que aparece en esa foto de mi lejana infancia.
Pero aquí hay un problema. El núcleo de nuestro ser no coincide con el ego. El sujeto y el yo no son lo mismo. Y la agresividad tiene su origen en el conflicto interno entre el sujeto y su propio yo y nada que ver con la violencia animal cuyos intentos se ven frustrados por circunstancias externas, ni tampoco con una estrategia defensiva utilizada cuando la unidad del yo se ve amenazada. Por el contrario. La agresividad es un impulso en contra de las restricciones que la forma imaginaria del cuerpo impone en la energía vital. Por eso no es extraño que la agresividad se vincule específicamente con fantasías de desmembramiento que violan la integridad corporal. Lo que Freud llamo instinto de muerte se relaciona entonces, según Lacan, con la estructura alienante del yo imaginario que nos transforma en individuos que viven fuera de si mismos.
¿Por qué alienante? Porque el efecto que surge de la imago en el humano divide al sujeto. Es en el otro con lo que el sujeto se identifica y se afirma por primera vez, donde cede una parte de si mismo a otro. Lo que es alienante no es la relación del ego con otro ego, sino la alienación de uno mismo con uno mismo. En la visión de Lacan la agresividad narcisista es, ante todo, una respuesta, no tanto a un conflicto social, sino a uno interno. La agresividad original esta dirigida a uno mismo. Y es por esto que, como comenta Richard Boothby, el yo se manifiesta como defensa, como rechazo y es este rechazo lo que origina el inconsciente, como ya lo había indicado Freud... el inconsciente esta esencialmente constituido, no por lo que puede evocar, extender, localizar, sacar a luz de lo subliminal, sino por aquello que es rechazado. La exclusión, entonces, es la fuerza primordial del yo. Pero no la única. La imagen del yo representa solo una fracción de las energías vitales del organismo. Su función unificadora siempre deja algo afuera. Y es este sobrante, esta parte de uno que se ha vuelto ajena, la que nos crea problemas porque su regreso se experimenta como una amenaza a la integridad de la identidad. Según Julia Kristeva lo que se rechaza y se deja como residuo en la constitución del ego asume los aspectos de opacidad absoluta, de otredad misteriosa e impensable.
Desde una perspectiva lacaniana, segun boothby, lo que Freud llama instinto de muerte se ubica, entonces, en la tensión entre “lo real del cuerpo y lo imaginario de su esquema mental”. La presión hacia la expresión y liberación de energías somáticas alienadas por la identificación imaginaria constituye una fuerza de muerte en la medida en que amenaza no tanto al organismo biológico como a la forma alienante de la unidad del yo que responde con mayor represión. El resultado inevitable es la proyección hacia el exterior del instinto de muerte que se expresa en la violencia, la agresión, el desmembramiento y la destrucción.
Esta hipótesis de Freud en realidad no surge del vacío sino que entronca con una larga trayectoria en el pensamiento filosófico, como comenta Boothby. Para no ir mas lejos en la dialéctica hegeliana encontramos la idea de que el carácter esencial de toda determinación del ser contiene implícitamente en si la sombra de su contrario. Todo ser para si esta condicionado por una relación interna con una alteridad que permanece implícita. Toda positividad se mantiene por una fuerza de negación interna. Como el Id freudiano, igualmente la voluntad de Schopenhauer se presenta como una fuente de fuerza pura que motiva los proyectos de consciencia, pero que en ultima instancia opera fuera del horizonte de la consciencia. Y, como el mismo Freud reconoció, el termino Id, y algo muy parecido al concepto de instinto de muerte, también es posible notar en Nietzsche cuando el se refiere a la tensión entre el mundo de las formas apolínicas y la fuerza infernal y amenazante del exceso dionisiaco que se vislumbra en el fondo de la existencia. Así como el psicoanálisis reconoce en la pulsión de muerte la necesaria deconstrucción de la forma alienante del ego, Nietzsche propone que el efecto catártico de la tragedia consiste en la forma en que se desmorona la identidad del individuo. Y, podríamos agregar, la inautenticidad heideggeriana es paralela al concepto lacaniana de alienación imaginaria. El “ser para la muerte” de Heidegger y el “impulso a la muerte de Lacan” no deben tomarse simplemente como el punto final de la vida, sino que mas bien se refieren a una transformación estructural de la existencia del sujeto.
Siguiendo a Lacan Deleuze y Guattari reconfiguran radicalmente la identidad personal a través de una política del deseo que resuena con la visión lacaniana. El cuerpo, dominio de las energías inconscientes, se caracteriza como un campo de fuerzas que no puede definirse sin considerar su multiplicidad. “No es el inconsciente el que ejerce presión sobre la conciencia, sino es la agencia represiva de la consciencia y el ego las que aplican presiones y camisas de fuerza al inconsciente para impedir su escape”. El rechazo de sus funciones normalizantes abre el camino a una reconstrucción esquizoide de las identidades modernas que liberan el movimiento del deseo, alejándolo de la imposición de las formas jerárquicas y las política paranoides y fascistas... ¿no es esto la reiteración del lema básico de Lacan... “Se fiel a tu propio deseo”?
Como Spinoza dijo... “ aun no sabemos lo que el cuerpo pueda hacer”.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Los ponchos
Amarillos
De
Los Otoños
Del
Norte
Vuelan
Solidariamente
Con
Los volantines
Bordados
De
Azul
de
Las Primaveras
Del
Sur.
Nieves.
Caminando en un claro del bosque disfruto de la hierba salpicada de arboles y rocas, de las mariposas, la brisa y el canto de los pájaros que rompen el silencio. De pronto, el susurro de las hojas a mi espalda indica la presencia de otra persona. Todos los objetos quedan inmediatamente relegados a un segundo plano. Mi atención ahora se dirige exclusivamente a esta nueva aparición. Su inesperada irrupción me provoca una cierta inquietud, una ligera sensación de ansiedad. Lo que capto con el crujir de las hojas no es solo que hay alguien detrás de mi, sino que soy vulnerable.... ¿cuál es su intención? ¿qué esta tramando? ¿qué quiere?
¿No indica esta experiencia que en algún nivel elemental hay en mi semejante algo que despierta mi ansiedad? ¿algo desconocido e inquietante? Según el escritor Richard Boothby nuestras relaciones cuotidianas con los demás, reducidas a pequeñas conversaciones, no solo son engañosamente superficiales, sino que en el fondo funcionan para ocultar una confrontación abismal con algo extraño y enigmático. Lacan, siguiendo a Freud, teoriza este algo con su concepto de das Ding, “la Cosa”, el eje primordial alrededor del cual giran los efectos del inconsciente, la causa motriz inaccesible mas elemental de la conducta y deseos humanos. Y, podríamos agregar, la fuente incomparable de la ansiedad. Es Sartre quien ya hizo notar que ese estado especial se anuncia con una mayor intensidad por la forma en que el otro me ve. Prácticamente no hay cultura en la que el cruce de mirada no este rodeado de poderosas prohibiciones no escritas. En la mayoría de las situaciones el contacto visual no debe mantenerse por mas de dos segundos. Si se prolonga, inevitablemente plantea preguntas inquietantes... ¿por qué me mira? ¿qué es lo que busca? El encuentro de miradas plantea el espectro del das Ding, ese abismo insondable que habita en el otro. Y esa “Cosa”, ese vacío enigmático, es esa parte de nuestra vida mas intima que proyectamos fuera de nosotros. En la confrontación con “la Cosa” lo que esta en juego en ultima instancia es el propio devenir del sujeto. Lo cuestionable en el Otro es, en buenas cuentas, lo cuestionable en uno.
El punto clave aquí, en todo caso, es no ceder a la tentación de reificar o sustancializar “la Cosa”. Esta, en verdad, no es una cosa en absoluto. Como dice Lacan, “La Cosa es también la No-Cosa”. Algo que no tiene existencia objetiva alguna. Mas bien un lugar de pura falta, una zona de algo desconocido. En otras palabras, el marco vacío de la fantasía que ruega ser llenado con contenido, paro que nunca puede ser satisfecho.
Y esta “Cosa” de alguna manera esta íntimamente conectada con la religión. Según Lacan “la verdadera formula del ateísmo es que Dios es inconsciente”. El asombro ante lo divino, dice, surge nada menos que de esta “Cosa”. La religión, incluso considerando su vertiginosa gama de expresiones culturales, simbólicas, morales y sociales, con toda sus complejidades y diferencias es, en el fondo, una formación sintomática centrada en la relación con lo desconocido en el Otro. La sensibilidad religiosa, al igual que para Rudolf Otto, se orienta hacia un “mysterium tremendum”, con la salvedad crucial de que el misterio en cuestión tiene menos que ver con los orbes celestiales que giran sobre nuestras cabezas que con nuestras tensas relaciones con el Otro humano que encuentro junto a mi. Y donde finalmente vemos esto con toda claridad es, nada menos, que en el cristianismo... ¿como así?
Una de las razones de que la religión ha persistido y continuara persistiendo a través de la historia es su tremenda capacidad de segregar significado. Puede dar sentido a absolutamente cualquier cosa y en especial a la vida humana. Este es su poder y este es el poder que encontramos especialmente en el Cristianismo. Como nota Boothby el Cristo crucificado es, sin duda, el Dios mas improbable jamás concebido. Un profeta fracasado, un Dios mendigante y perdedor. Un Dios moribundo que tras de ser escupido y golpeado, es ejecutado de la manera mas atroz e ignominiosa imaginable. No es extraño que sus seguidores quedaran traumatizados por su crucifixión. Su reacción inicial, tras la promesa de la llegada inminente del reino, fue de una desilusión devastadora. Su divinidad fue declarada definitivamente solo en retrospectiva. Y la paradoja final es que su muerte horriblemente degradante ha sido el evento que planteo una inversión extrema de la lógica del poder divino. La solución del apóstol Paulo fue concebir la crucifixión como un sacrificio redentor. La muerte voluntaria de Jesús se convierte en el medio por el cual los pecados de la humanidad serán perdonados. Aquí el contraste con el judaísmo y todas las otras religiones y tradiciones paganas no puede ser mas evidente. En todas ellas son los mortales los que ofrecen sacrificios a Dios. En el cristianismo, la dirección del sacrificio se invierte. Es Dios quien se sacrifica por los humanos. Y, a pesar de lo increíblemente distintivo de este evento, el rasgo definitivo que últimamente distingue a Jesús de todos los demás es su simple y radical mensaje de amor, diferente al que se encuentra en Torah... “Ama a tu prójimo como a ti mismo” porque “El reino de Dios esta dentro de vosotros”. Habéis oído que se dijo “Amaras a tu prójimo y odiaras a tu enemigo” Pero yo os digo “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen...”
Jesús renuncia a apelar a un Dios trascendente en favor de uno totalmente inmanente. Desde una perspectiva lacaniana, según Boothby, el acontecimiento innovador de la enseñanza de Jesús consiste en localizar lo divino directamente y sin reservas en el abrazo del prójimo. Es la invitación a abandonar toda postura defensiva o angustiante hacia lo desconocido a favor de una apertura radical, de una aceptación sin vacilaciones del Otro, incluso si parece amenazante, ajeno y angustiante. Un amor que solo puede ocurrir contra lo mismo y que rompe el tribalismo comunal. La clave del verdadero significado radica al final de la frase “... como a ti mismo”. La apelación a uno mismo indica que una apertura hacia el Otro esta inevitablemente ligada a una apertura a lo ajeno y amenazante en uno mismo. Psicoanalíticamente significa una apertura al inconsciente. Lo extraño en el prójimo evoca lo que hemos reprimido, lo que amenaza la estabilidad del propio ego. Lo desconocido en el prójimo se presenta, por tanto, teñido de maldad cuya perspectiva mas temible es su correspondencia con el “mal” no reconocido que yace en uno mismo y al que uno no se atreve a acercarse.
Cuando Nietzsche anuncio la muerte de Dios esta era ya una vieja noticia. Prácticamente dos siglos antes el cristianismo ya había anunciado la muerte del mito de un ser divino que se supone habita en un mas allá inaccesible y trascendente. La crucifixión comunica la entrada de Dios en lo humano y con ello niega la trascendencia. Lo que distingue al cristianismo, dice Hegel, es su aceptación radical de la abdicación de Dios. Con el giro ateo del cristianismo se derrumba la triangulación religiosa pagana y judaica al excluir a Dios como intermediario. Según Zizek, la perdida de un Dios trascendente que garantiza el sentido del universo, del Maestro oculto que mueve los hilos y nos vigila, nos deja solos con la terrible carga de la libertad y la responsabilidad por el destino de la creación y de nosotros mismos. Las consecuencias de esta perdida asusta por lo cual no es extraño que los cristianos prefieran quedarse con la cómoda imagen de un Dios sentado allá arriba, velando benevolentemente por nuestras vidas.
Como nota Boothby, la historia del cristianismo es la historia del alejamiento de la confrontación abismal que la crucifixión plantea. La tarea ha consistido en una reversión defensiva del mensaje radical y prácticamente imposible de lograr del profeta Nazareno y su reemplazo por el recurso defensivo del dogma que genera una variedad de creencias canónicas que representan, en ultima instancia, una defensa reactiva contra el núcleo mismo del cristianismo. El cristianismo organizado y teológicamente articulado por la Iglesia funciona casi inevitablemente como su propio Judas. El impacto traumatizante del mensaje de Jesús muy pronto provoco la intensa necesidad de restabilización. El punto mas obvio a destacar es el intenso esfuerzo de la teología cristiana por restablecer la trascendencia de Dios apoyándose en la metafísica griega platónica centrada entre la realidad finita y material y la pureza ontológica de lo suprasensible. En la versión paulina del evangelio, el abrazo del Otro queda relegado a segundo plano. La sublime enseñanza cristiana del don gratuito del amor se reduce a una especie de pago hipotecario de una recompensa de otro mundo. El amor desinteresado se convierte en un auto servicio piadosamente justificado. El reino de Dios entre nosotros queda relegado al mas allá.
Pero, mas importante que cualquiera doctrina en particular es la apelación cristiana a la fe personal. Lo que siempre permanece intacto en las discrepancias teológicas es el hecho novedoso de la introducción del Credo Niceno “... Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios... Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida... Creo en la santa y apostólica Iglesia católica...etc.” Para el cristiano el contenido particular de la creencia es menos importante que la dedicación al acto mismo de creer. El hilo conductor es que los fieles se comprometen con un credo. La posesión de algún tipo de creencia no es, por supuesto, exclusiva del cristianismo. Pero es aquí, como comenta Boothby, donde la dedicación a la creencia adquiere un nuevo desarrollo. Los griegos paganos creían en la existencia de algo parecido a los dioses. Los judíos creen en la existencia de un pacto con Yahveh. Pero tales creencias solo proporcionan un marco para la realidad central, tanto pagana como judía, que se centran menos en la creencia que en la acción. Ritos sacrificiales para unos y la obediencia consciente a las leyes halajicas que rigen la vida cuotidiana, para los otros. Con el auge del cristianismo, en cambio, la pertenencia se convierte por primera vez en una cuestión de mera creencia... ¿cuántos de los que realmente recitan el Credo de Nicea, por ejemplo, entienden lo que dicen? Muy pocos. Pero no importa. La creencia es menos un modo de conocimiento que un medio psicológica para compensar la falta de el. Lejos de reemplazar la ignorancia por el conocimiento, la creencia encubre y defiende su desconocimiento básico... “Donde no entiendo, decido creer”. Y quienes creen introducen una línea implícita de división en el cuerpo social, separándose de los que carecen de ella. Los que no tienen fe se transforman en infieles. La inversión cristiana en la creencia se convierte en el medio por el cual la Iglesia traiciona la enseñanza original de Jesús.
El obscuro lado del legado cristiano se refleja en la larga y sangrienta historia de tortura y asesinato sistemático que la Iglesia ha llevado a cabo en nombre del amor. La paradoja es que los horrores perpetrados en nombre de la cruz surgen precisamente en respuesta a la exigencia del amor a Jesús. No sin razón Nietzsche proclamo bombásticamente que “ha habido solo un cristiano y este murió en la cruz”.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Me
Dio
Un garrotazo
Troglodita
El garrote
Tierno
De
Tu
Mirada.
Hasta
Hoy
Guardo
El
Cototo
Que
Me
Dejo
En
Un bolsillo
De
Mi corazón.
Nieves.