El amor,
Volantin de mariposas,
Se
Encumbra
Con
El cordel
Del
Deseo
Que
Se esconde
Debajo
de
Las alas
Ardientes
Del
viento
Huracanado.
Nieves.
El amor,
Volantin de mariposas,
Se
Encumbra
Con
El cordel
Del
Deseo
Que
Se esconde
Debajo
de
Las alas
Ardientes
Del
viento
Huracanado.
Nieves.
En uno de los episodios de Star Trek, “De este Lado del Paraíso”, la tripulación es infectada por esporas que producen una felicidad incalculable y hacen que abandonen el Enterprise, a excepción del capitán Kirk. Las esporas que habían salvado a los colonos de la radiación de Berthol, en Omicron Ceti III, también proporcionaron salud y felicidad perfecta. En lugar de estar muertos, los granjeros trabajaban alegremente la tierra para producir los alimentos que necesitaban y vivían maravillosamente bien. La respuesta de Kirk es interesante... “No estamos destinados a esto. Ninguno de nosotros. El humano se estanca si no tiene ambición ni ganas de ser mas de lo que es. Elías Sandoval, el líder de la colonia, afirma que tienen todo lo que necesitan. “Excepto un desafío”, responde Kirk, así que adiós a las esporas. Tal vez no estamos destinados al paraíso. Tal vez estamos destinados a abrirnos paso luchando, arañando nuestro camino hacia arriba, arañando cada centímetro del camino. Una vez libres de las esporas, incluso Sandoval estuvo de acuerdo... “aquí no hemos hecho nada. Sin logros, sin progreso. Tres años desperdiciados”.
La cosa, entonces, es que vivir en un mundo sin dificultades no es una opción, porque solo luchando podemos progresar y vivir a la altura de nuestro potencial... ¿cierto?
Cierto. El avance en tecnologías, conocimientos, economías y desarrollos sociales han permitido transformar la vida humana a una escala en que solo algunos miles de años atrás era totalmente inimaginable. Los desafíos y dificultades de la vida han producido como respuesta la creación de mundos distintos, surgidos de la pura imaginación, dando a luz algo que nunca antes había existido. Aprendimos a usar el fuego, cruzamos los océanos, construimos pirámides, creamos dioses, descubrimos la ley de la gravitación, desciframos el code genético y ahora la mecánica cuántica penetra los misterios del átomo. Y que mas increíble que el viaje a la luna y mañana a las estrellas. Y esto es solo el comienzo... Que animal mas fantástico.
Tan fantástico que ahora los transhumanistas, mas radicales que Nietzsche, han empezado a promover un movimiento de lo humano a lo non-humano. Sus especulaciones acerca del futuro son como para dejarnos sin aliento. Consideremos solo lo siguiente... actualmente existen diversas prótesis como miembros artificiales, corazones, ojos, en forma de sensores comunicativos, y oídos. Y ahora imaginamos extremidades artificiales capaces de responder a los impulsos del sistema nervioso central en la misma forma en que lo hacen las extremidades estándares. Órganos principales como el corazón, los pulmones e hígado pueden ser igualmente artificiales. Tal humano imaginario esta a un paso de distancia de posibilidad biológica actual. La sangre aun corre por las venas de este futuro ser, su cerebro todavía funciona de la misma manera, ingiere alimentos similares a los que hoy ingerimos y tiene los mismos impulsos... pero ¿en que punto este animal fantástico deja de ser humano?
La manipulación y control de la naturaleza es un negocio temible. Como nada es gratuito en este mundo, el progreso humano paradójicamente también trae destrucción de sistemas ecológicos, cambios climáticos, extinción nuclear y, como si esto no fuera poco, la posibilidad de una IA fuera de control, entre otros desastres que ya están en la sala de espera. Estos escenarios catastróficos, naturales o causados por el humano, pueden resultar en una devolución radical e, incluso, la eliminación total de nuestra especie. Hemos llegado al punto en que un sistema global, un omnipresente pan capitalismo que abarca todos los continentes y todos los ámbitos de la vida social, esta creando cada vez mas un intenso conflicto con los ritmos mas profundos de la biosfera y la atmosfera. Todo este sistema, junto con su estructura aparentemente irreversible, hoy esta en juego.
Para muchos críticos, el tema crucial es el desarrollo o progreso tecnológico, que lo ven como un proceso que se ha vuelto autónomo, alienado y cosificado. Otros en cambio ponen el énfasis, no tanto en el daño que la sociedad industrial inflige a los trabajadores, como notaba Marx, sino en la contradicción entre el potencial liberador de la tecnología, especialmente debido a la automatización, y su actual forma destructiva.
Y esta es la ruta que siguen los ecologistas. El productivismo, la producción por si misma, la acumulación infinita e irracional de mercancías independiente de las autenticas necesidades sociales, constituye el pecado original de la modernidad industrial y es la causa del daño catastrófico causado al equilibrio de la naturaleza. Desastres ecológicos modernos como el agotamiento de la capa de ozono, la contaminación del aire y el agua, la acumulación de productos de desecho, la destrucción de bosques, la exterminación de especies biológicas y botánicas, no son accidentes o errores, sino que siguen necesariamente la pseudoracionalidad del productivismo. Hay una contradicción irreducible entre la lógica moderna de la inmediata rentabilidad y el interés general y a largo plazo de la especie humana, entre la ley del lucro y la salvaguardia del medio ambiente, entre las reglas del mercado y la supervivencia de la naturaleza y el animal humano.
Como algunos autores han notado, todos estos análisis a menudo regresan a los temas favoritos de la tradición romántica, pero dándoles un nuevo significado en relación a las realidades especificas de finales del siglo XX. A menudo todo el conjunto de estructuras sociales pre-modernas y pre-capitalistas sirven como puntos de referencia o ejemplos de un modo alternativo de vida que ponen el énfasis en un universo comunitario regido por valores cualitativos, en contraste con las calamidades del presente. De ahí el interés, especialmente por parte de los antropólogos, por las llamadas culturas primitivas, las mas alejadas de la modernidad en el tiempo o en el espacio, como las civilizaciones prehistóricas o los pueblos “salvajes” que aun viven en la actualidad y que recuerdan una sensibilidad rousseauniana.
¿Por qué estas culturas arcaicas atraen tanto a los adversario de las sociedades burguesas modernas? Uno podría decir que en tanto mas la modernidad progresa tecnológicamente y desarrolla su propia lógica implacable mas suscita como reacción la búsqueda apasionada de un modelo social que este en el polo opuesto de la civilización contemporánea. Como notaba el antropólogo Pierre Clastres, los seres humanos en las sociedades primitivas siempre han sido tomados como el lugar de diferencia absoluta en relación con las sociedades occidentales... un mundo sin jerarquías, gente que no obedece a nadie, indiferentes a la posesión de riqueza, lideres que no lideran, culturas sin moral porque desconocen el pecado, sociedades sin clase, sin explotación y sin patria.
¿No es todo esto el redescubrimiento del viejo sueño de la “Edad de Oro” en los albores de la historia humana? Como escribe el sociólogo francés Alain Caillé, la imagen del paraíso perdido o la del dorado tal vez no sea exclusivamente mítica como generalmente se supone. Todos los estudios etnográficos coinciden en mostrar que en las sociedades primitivas el promedio de tiempo de trabajo no excedía mas allá de cuatro horas al día. La mayor parte del tiempo se dedicaba a dormir, jugar, conversar o celebrar ritos. Capaces de limitar sus necesidades, estas sociedades no tenían interés en acumular y en lugar de aumentar su producción, prolongaban el tiempo dedicado al ocio.
Y es el escritor belga Raoul Vaneigem, ex líder de los situacionistas, el que lleva esta narrativa hasta sus ultimas consecuencias. Es solo en la civilización paleolítica, dice, que encontramos una simbiosis perfecta entre los seres humanos y la naturaleza. Una harmonía de las pasiones, fuente de la solidaridad y el disfrute de uno mismo y de los demás.
Es de aquí, podríamos decir, de donde proviene la memoria colectiva de una felicidad original, la nostalgia de una comunidad armoniosa que hoy sigue siendo fuente de inspiración en una sociedad donde las leyes del intercambio mercantil transforman la vida en una rutina miserable. La idealización de esta fantasía arcaica obviamente esta sujeta a critica. Pero el hecho es que estas comunidades primitivas, este desvío a través del pasado, es una herramienta poderosa y subversiva para criticar la civilización occidental moderna. Si bien no son una solución a las catástrofes de la modernidad y su obsesión por el progreso, constituyen sin embargo una fuente de auténticos valores humanos que no han perdido su atracción.
En la mitología occidental Adam y Eva vivían en el Edén, libres de necesidades, enfermedades y de la muerte. Pero, al transgredir la orden divina y cometer el pecado de comer el fruto del árbol prohibido provocan la caída del ser humano al ser expulsados del idílico jardín. El fruto prohibido simboliza la consciencia que destruye la unidad original. Es el fruto del conocimiento de los opuestos que marca la transición del eterno estado inconsciente propio de la modorra animal al ámbito de la vida consciente marcada por el tiempo y el espacio. Es sacrificar el pasivo confort por los peligros que implica el arriesgarse en los laberintos misteriosos del mundo y luego, del universo. Desde el punto evolutivo esto puede verse como un avance y crecimiento. En todo caso este fue un pecado que trajo el nacimiento del ego y su caída en el sufrimiento, el conflicto y la incertidumbre. En esta teleología cristiana, la ultima destinación es el Paraíso, si actúas de acuerdo con las reglas del Libro, en donde nos espera la felicidad y la vida eterna.
No del todo mal... ¿cierto?... Cierto, excepto por una cosa... Al comienzo y al final de la historia tenemos el buen vivir y la felicidad. Entremedio el dolor y sudor de nuestra frente para ganarnos el pan de cada día. Estas calamidades, sin embargo, han agudizado nuestra mente y obligado a caminar mas allá de nuestros limites y crear nuevos senderos y mundos fantásticos, a pesar de que, paradójicamente, también nos pueden llevar a la extinción.
¿Ha valido la pena todo este esfuerzo? ¿Es la historia, solo la historia de nuestra miseria? ¿O es la historia del descubrimiento y apertura de nuevos horizontes? La cosa es esta... al comienzo tenemos el Edén y al final el Paraíso. El problema es que en ellos nada pasa.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Me cance
De
soñar palabras
Y
Me dormi
En
Las sabanas blancas
De
Un diccionario.
Nieves.
El incendio ocurrió en los bastidores del teatro. El payaso salió a informar al publico. Pensaron que era una broma y aplaudieron. Repitió su advertencia. Y gritaron y rieron aun mas fuerte.
“Así creo que el mundo llegara a su fin, en medio del aplauso general de todos los ingeniosos que creen que es una broma”... advirtió hace algún tiempo Soren Kierkegaard, el mas irónico de todos los teólogos.
Los ambientalistas a menudo se han sentido como ese payaso. Pero, a medida que el humo y el calor empiezan a llenar el espacio las risas comienzan a desvanecerse. Pero no las fuerzas que reinan en la economía impulsadas por las emisiones de carbono, negando toda responsabilidad por el cambio climático. Nunca se había hecho tanto daño a tantos por tan pocos.
¿Es la hora de apretar el “botón del pánico? ¿o, por el contrario, mantener un tono positivo y optimista para evitar el nihilismo del fin del mundo? ¿o ninguna? ¿o ambas?
En cada nueva ronda de incendios, cada nueva estación de inundaciones, cada nueva sequia, cada nueva hambruna, cada nuevo estallido de violencia, cada nueva injusticia de clase y cada nueva ola masiva de migraciones encontramos nuestro apocalipsis, justo ahí donde esperábamos evitarlo. La retorica del apocalipsis, irónica o amenazante, esta con nosotros y se quedara por el futuro a venir, ya sea en el discurso religioso o secular.
Según la teóloga feminista Catherine Keller las energías conducidas por la figuración antigua del Apocalipsis siguen siendo implacables, contradictorias, eficaces. Para bien o para mal. El circuito de retroalimentación entre la profecía arcaica y la historia futura circula subterráneamente a través del presente y rehúsa desaparecer. La inquietante sincronicidad de la fantasía antigua con la historia contemporánea nos invita a detenernos por un momento y tratar de meditar sobre lo que esta pasando.
En la visión bíblica de Juan de Patmos el caballo verde pálido lleva al cuarto jinete del Apocalipsis, liberando la fuerza inhumana de la “pestilencia”. Las plagas no son nada nuevo en el mundo y han galopado con frecuencia aterradora a través de nuestra historia. El caballo verde, dice Juan, es seguido después de una pausa dramática, por la apertura del séptimo sello, advirtiendo sobre la destrucción de los bosques, los océanos y las aguas dulces. En esta metáfora, nota Keller, Juan no esta prediciendo hechos futuros, sino que, tal vez, este revelando patrones fatales. Profecía no es ver el futuro. Solo se puede ver lo que ya existe. Y el futuro es lo que aun no existe. Pero, existen patrones profundos en el presente que pueden persistir por mucho tiempo. El profeta leyó un patrón potente en su civilización, uno que aun puede, en alguna extraña y trágica forma, repetirse en el presente con consecuencias interhumanas, interespecies y planetarias. En su sentido original griego, usado en el Nuevo Testamento, apokalypsis no significa “el fin del mundo”, el cierre del tiempo o la desaparición de la luz. Por el contrario, significa des/cerrar, revelar o abrir lo que de otro modo esta cerrado.
El enfrentamiento con el Apocalipsis sugiere, dice Keller, que en nuestro tiempo no habrá escapatoria honesta de la profecía que contiene y su significado. Pase lo que pase social, política, pandémica y económicamente, el calentamiento global mantendrá su meta fuerza. No porque el texto antiguo se esta “haciendo realidad” o porque sea verdadero en todo tiempo y en todo lugar para toda la gente. La verdad no esta fijada de antemano, ciertamente, pero invita al cuestionamiento y a la búsqueda de lo que actualmente es posible. Mundos han existido y terminado una y otra vez... en conquistas y en esclavitud, en genocidios humanos, en extinciones no humanas y en guerras auto destructivas... pero, también en cambios radicales y, tal vez ahora, finales para nuestra civilización. La única tierra que alberga todos estos diversos mundos esta en retroceso. Su capacidad para sostenernos, para darle a la especie otra oportunidad se esta desvaneciendo. Podemos cometer todo tipo de atrocidades en nombre de nuestro propio mundo, patria, Dios o proyecto político. Pero, por lo menos, dábamos por sentado que el planeta seguía siendo humanamente habitable. Esta suposición parece estar llegando a su fin. El desastre climático inminente nos lleva por ahora, no al Fin del Tiempo, sino a un tiempo de múltiples y ultimas oportunidades... “la urgencia apocalíptica pulsa de una nueva manera través del espectro de las luchas humanas”. Poner nuestro tiempo en contacto con este extraño sueño surrealista del antiguo Apocalipsis es porque ya esta funcionando en la historia actual y porque su lectura podría despertar una posibilidad colectiva, aunque dudosa, que no encontramos en la normalidad cotidiana.
Todo esto es bien diferente del uso religioso y secular en donde apocalipsis significa terminación catastrófica final, como en los literalistas cristianos, por ejemplo, que esperan el fin del mundo como transición a la recompensa celestial certificada para ellos mismos. Contrariamente a esta presunción fundamentalista, Juan literalmente no anuncia “el fin del mundo”. Según Keller, el representa una espiral de catástrofes simbólicamente sobrecargada que amplifica vívidamente la destrucción de un mundo en particular... una civilización global especifica y su ecología planetaria. Pero, ni el libro ni su mundo acaban ahí. El libro Revelación concluye diciendo que “se construirá una elaborada arquitectura de ensueño y renovación urbana y terrestre radical”. Es por esto que por bastante tiempo, afirmándose en esa conclusión, el milenarismo cristiano, esa corriente religiosa mas progresista de la Iglesia, ha desplegado la Revelación para exigir una transformación radical y la justicia profética para el oprimido. Una diferente lectura del apocalipsis que resiste tanto el negacionismo optimista como el nihilismo pesimista al recoger el mensaje de que, “en el resplandor escatológico del Cordero no violento, lo bueno que es improbable se aleja de lo meramente imposible”. Dentro del cristianismo esta corriente impulsa un espectro de teologías de la liberación y ecológicas y se alía fácilmente con movimientos seculares para la transformación social.
Hablar del apocalipsis no requiere ser un experto en el Libro de la Revelación. Tampoco se trata de ser este o aquel tipo de cristiano o de ser religioso. El punto es que tal vez, si dejamos de lado su moralismo agresivo, sus imágenes de ensueño surgidas de los pliegues del inconsciente humano podrían ayudar a comprender un poco mas lo que tememos. Después de todo las sombras de la degradación humana que pinta todavía nos persiguen... “ hechiceros, homicidas e idolatras, junto con todos aquellos que aman y practican la falsedad” continúan rodeándonos, invirtiendo en un mercado global de competencia despiadada, confabulando, no en la salud colectiva, sino en la enfermedad mental. Las sombras de la degradación humana no se han ido. Es por eso que el texto apocalíptico con su resentimiento repetitivo pertenece mas bien al problema de nuestra civilización mas que a su solución.
Nubes negras llenas de incertidumbre, dice Keller, continúan cubriéndonos, anunciando una revelación de doble filo... la destrucción planetaria de nuestra civilización o la posibilidad, si juntos luchamos y nos enfurecemos creativamente por la justicia social, económica y ecológica, de una renovación terrenal común. Y eso depende de todos nosotros. La alternativa es nuestra auto extinción... no por una vejez digna en cientos de miles de años o por causas naturales como la colisión con un asteroide, sino simplemente manteniendo el actual rumbo hacia la catástrofe climática o haciendo estallar la bomba atómica. Economía, violencia, pandemia, ecología son nuestros cuatro jinetes del Apocalipsis. Viviendo de la destrucción evitable morimos por la destrucción.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió el 12 de Septiembre que “los impactos del cambio climático se dirigen hacia territorios desconocidos de destrucción”, a propósito del informe científico liderado por la Organización meteorológica Mundial que indica que el mundo va en la dirección equivocada respecto al cambio climático. Los gases de efecto invernadero siguen aumentando en la atmosfera y los lideres mundiales no adoptan estrategias para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 C. Los datos preliminares revelan que las emisiones globales de dióxido de carbono en la primera mitad de este año fueron un 1,2% mas altas que durante el mismo periodo de 2019. Al ritmo actual, indica el informe, ya son posibles 5 puntos clave de inflexión climática. La temperatura media global ya se ha calentado 1,1C por encima del promedio pre industrial y este promedio puede estar entre 1,1C y 1,7C mas cálido en el 2026 lo que significa que existe la posibilidad de que podemos superar el umbral de calentamiento de 1,5C en los próximos cuatro años. Para finales de siglo, sin una acción climática agresiva, se estima que el calentamiento global alcanzara los 2,8 C. A esa temperatura lo mas probable es que la extinción humana sea prácticamente inevitable. Ni siquiera la posibilidad de volver a las cavernas. En el Paleolítico o el Neolítico los humanos vivían en un hábitat que todavía no habían arruinado.
¿Se volverá el mundo lo suficientemente honesto como para cambiar de rumbo... pero solo cuando ya sea demasiado tarde?
Nieves y Miro Fuenzalida.
Me disfrace
De
Abeja
Para
Oler
Tu perfume
De
Flor
Y
De
Gaviota
Para
Ver
Tu sonrisa
De
Mar.
Nieves.
A fines de diciembre del 2022 el papa Francisco les señalo a los burócratas del Vaticano que tuvieran cuidado con el diablo que acecha entre ellos, advirtiéndoles que es un “demonio elegante que trabaja en personas que tienen una forma rígida y santa de vivir la fe católica. Al vivir en el corazón de la Iglesia Católica, dijo, podemos caer fácilmente en la tentación de pensar que estamos seguros, mejores que los demás, y que ya no necesitamos conversión. Sin embargo, estamos en mayor peligro que todos los demás, porque estamos acosados por el “demonio elegante”, que no hace una entrada ruidosa, sino que viene con flores en la mano.
No es la primera vez que el Papa habla del diablo, alias Satanás, el Acusador, el Maligno, el Tentador, el Seductor, el Enemigo o, simplemente, el Demonio. Sus tweeds sobre el Malo son legiones. Este es un jesuita inteligente que se sumerge en aguas teológicas profundas, lugar donde muy pocos clérigos católicos modernos quieren ir. Y con razón... aparte de la cuestión de si el diablo es un ente real o una metáfora, el problema del mal constituye el obstáculo intelectual mas grande en la creencia religiosa, una trampa teológica de la que no es muy fácil escapar. Ya se presente como una dificultad lógica o como una de evidencia, el problema surge del conflicto entre la creencia en un Dios omnipotente y benevolente, creador del mundo y la existencia del sufrimiento y el mal existente en la vida.
Si Dios es perfecto... ¿dónde, entonces, ubicamos el mal en el orden de las cosas? ¿como explicamos los horrores de la historia humana, especialmente los del siglo XX, como el holocausto? Si Dios es todo poderoso... ¿por qué no interviene para impedirlos? Lactantius y Epicuro ya argumentaban que el problema del mal ha servido para negar la existencia de Dios. En la mas popular versión clásica de Pierre Bayle...
“Dios desea eliminar el Mal y no puede.
O el puede o no quiere hacerlo.
O el no quiere y no puede.
O el quiere y no puede”.
Si el no quiere y no puede, es débil... luego no es Dios.
Pero, si el quiere y puede... que es la naturaleza de Dios... ¿de donde, entonces, proviene el Mal? Aquí hay tres proposiciones que no pueden coexistir simultáneamente... El Mal existe. Dios es benevolente. Dios es omnipotente. De cualquier forma que las ordenemos, es imposible mantenerlas unidas. Una tiene que desaparecer. Pero, si desaparece, terminamos con una herejía.
Los filósofos medioevales, a excepción de San Agustín, consideraban que este era un tema menos urgente y en su mayoría creían que no había sufrimiento sin sentido. Según Aquinas, por ejemplo, existe una conexión directa entre la cantidad de sufrimiento que uno lleva en la vida y el grado de gloria que uno disfrutara en el mas allá, lo que en el modernismo no causo mucho entusiasmo. Es en el Renacimiento en que la crueldad, especialmente la física, surge como una preocupación dominante en los tratados morales. En la tradición teológica occidental el foco, introducido por San Agustín, ha sido en la defensa del libre albedrio, del acto no coercionado, intencional, voluntario y autónomo otorgado a los humanos, y su mal uso, algo que lógicamente Dios no puede prevenir, pero que es, de todas maneras, una perfecta expresión de su benevolencia. La fuente de todo mal esta en el pecado de alejarse de Dios, iniciado por Satanás y luego seguido por Adán y Eva. Dios puede crear criaturas libres, pero no puede causarlas ni determinarlas a hacer solo lo que es correcto. Si El lo hace, entonces no son significativamente libres.
Esta defensa proporciona ampliamente un adecuado argumento teológico y ciertamente ninguna de los otras defensas que se han desarrollado se acercan ni remotamente a la coherencia y fuerza lógica del libre albedrio.
Y, sin embargo, según algunos críticos, esta defensa es invalida. Los actos de libre albedrio, argumentan, no son sin causa, sino productos del carácter del agente. La cadena de causas conduce a una volición determinada por algún impulso o inclinación basada en el carácter del sujeto que ha sido moldeado por el entrenamiento, el condicionamiento, la educación o el inconsciente. Como Freud demostró, no siempre estamos en conocimiento de las fuentes mas profundas de nuestras propias acciones. Es bien difícil, por no decir imposible, tener en cuenta todos los factores que legítimamente podrían tener una influencia causal sobre cualquier evento particular. El determinista no afirma que puede, de hecho, demostrar que el evento x fue causado por tal o cual cadena compleja y virtualmente infinita de eventos previos, sino solo que en principio, si supiéramos todos los eventos de la cadena, podríamos haber predicho X.
Frente a esto el apologista cristiano tradicional no puede buscar consuelo en la noción de que las elecciones humanas que exhiben libre albedrio son, en principio, impredecibles, ya que si Dios al estar fuera del espacio y el tiempo puede, no solo predecir, sino que saber de antemano todo lo que sucede y todo lo que sucederá en el mundo, incluyendo los actos contingentes. Por tanto, este mundo cristiano esta totalmente predeterminado.... ¿como, entonces, podríamos atribuirle libre albedrio al humano? Aquí la cosa se vuelve bien turbia. Según Tomas Aquinas la voluntad de Dios es “la causa universal de todas las cosas y no puede sino lograr su efecto”. El insiste, sin embargo, que ni la providencia de Dios ni su actividad predestinadora impone la necesidad sobre todas las cosas. Algunas suceden por necesidad y otras por libre elección de agentes racionales. Si Dios quiere una cosa, tiene que ser. Pero no se sigue que las cosas elegidas por libre albedrio son elegidas por necesidad, porque Dios quiere que estas cosas surjan de forma contingente.
Y cuando consideramos los males naturales, aquellos que no son atribuibles al abuso humano del libre albedrio, y que son de una enorme amplitud, las teodiceas ortodoxas tradicionales muestran aun una mayor debilidad, considerando la afirmación de San Agustín de que antes de Adán y Eva no habían males. Pero, para negar que hubieron males antes de la llegada de los humanos habría que repudiar los trabajos y hallazgos de la geología moderna, la arqueología y la biología, algo que la teodicea no puede hacer, si quiere mantenerse como una disciplina racional.
El problema en este debate, en todo caso, es que tanto defensores y críticos suponen que el libre albedrio no puede definirse excepto en referencia a la cuestión del determinismo versus indeterminismo y, dado que este es un tema indecidible, es bien difícil determinar cualquier conclusión.
Lo que la crítica del libre albedrio ilustra, entonces, es que su refutación no puede llevarse a cabo si continua defendiendo el tipo de nociones tradicionales de omnipotencia y providencia divina, de que Dios, como único creador de todo lo que existe, puede determinar por su propio poder y voluntad todos los hechos que en el acontecen, lo que lo transforma inevitablemente en el ultimo responsable de los males del mundo.
Dado esto no es sorpresa, entonces, que varios pensadores hayan introducido en la tradición cristiana la noción de un Dios limitado, limite que el mismo Dios impone libremente a su propio poder para hacer posible el libre albedrio y la responsabilidad moral. El precio a pagar es que Dios deja de ser omnipotente. Para elegir moralmente, según el argumento va, el mundo debe incluir necesariamente los males morales y naturales. No hay elección moralmente significativa si no hubieran malas consecuencias como el dolor o la muerte. Por tanto debemos vivir en un mundo donde el mal existe. Desde el momento que las opciones son libres, lógicamente nadie, ni siquiera Dios, puede impedir la inmoralidad y maldad. A pesar de que estos surgirán, Dios considero bueno crear tal mundo porque en el existe la posibilidad de la redención. Un mundo en el que Dios garantice que no habrá mal, seria un mundo sin libre albedrio, la vida de un autómata incapaz de sufrir, pero también incapaz de amar. Para elegir racional y autónomamente lo que es moralmente significativo debemos experimentar el mal y sus consecuencias, como también lo que es bueno y sus consecuencias para entrar finalmente en el Reino de Dios. La segunda ley de la termodinámica, sin embargo, sugiere que finalmente la historia humana y el cosmos no van hacia la satisfacción, sino hacia la muerte.
El problema con un Dios limitado, un Dios que no es Omnipotente, según la mayoría de los teólogos, es una herejía y una desviación totalmente inaceptable de la fe cristiana. Si Dios no es Omnipotente, entonces, es solo un semi Dios y... en tal caso... ¿quién quiere un Dios de segundo orden?
Nieves y Miro Fuenzalida.
Las palabras
Se cobijan
En
Mis celulas mentales
Como
montañas
Psicodelicas
Que
Pintan
Adiccion.
Nieves.