Sunday, October 2, 2016

La raza no existe... o tal vez si.


 ¿Realmente sabemos lo que la raza es? Para un creciente número de seres humanos la raza aparece como una ficción biológica  de la que hay que  deshacerse lo más rápido posible. Los grupos afectados por la discriminación racial han venido exigiendo que el concepto sea abandonado, eliminado del discurso público y expulsado de la medicina y la ciencia.   Y, sin embargo, a pesar de todas las promesas del Iluminismo humanista, obstinadamente la ficción de la raza continúa operando con toda su fuerza bruta persiguiendo, insultando, agrediendo, explotando y  oponiéndose al progreso en contra de  la discriminación. Uno podría preguntarse… si la raza es una ficción…  ¿por que es una constante preocupación para tantos  millones de seres humanos?  

 En las dos últimas décadas las discusiones se han concentrado en mostrar que  la raza no es una realidad biológica, de  que carece de características reales y objetivas y, en el fondo, es solo el producto de  una construcción social. Pero, paralela a esta discusión, también ha venido creciendo la idea de que la raza tiene un significado científico que, en una nueva dirección, distinta a la acostumbrada, contiene inesperadas  consecuencias practicas, farmacológicas, morales, económicas y políticas. Así por ejemplo, Richard A. Jones (Howard University) dice que si las enfermedades tienen diferentes etiologías en diferentes razas y si esta diferencia etiológica determina un énfasis racial diferencial en los actuales protocolos de investigación, entonces, hay razones importantes para que la raza no sea eliminada. Seria un error, dice, deshacerse de la noción de raza  solo porque las categorías raciales no calzan exactamente con procesos biológicos. Obviamente, también seria un error aceptar acriticamente las viejas clasificaciones raciales cuando desarrollamos  tratamientos médicos. La cuestión es  determinar como el significado social de raza puede afectar resultados biológicos tales como promedios de enfermedades cardiacas y neurológicas entre otras.  Enterrar el concepto de raza parecería ser la decisión correcta a corto plazo. En términos puramente pragmáticos la cosa pareciera ser diferente.

La mejor forma de entender las palabras es por el trabajo que realizan. Si una definición falla en lograr su propósito debiéramos  redefinirla.  En el esencialismo que corre de Aristóteles al Siglo de las Luces el mundo es dividido en cosas que se distinguen por la posesión de diferentes propiedades.  La diferencia esencial, según la mayoría de las tradiciones culturales hasta hace poco, ha sido la idea de que la propiedad esencial de la raza se encuentra en el color de la piel, a pesar de lo anti científica que esta definición pueda ser.  Por otro lado, si nos fijamos en su  sentido intensional, las palabras tienen diferentes significados de acuerdo a diferentes perspectivas. Para el sociólogo la raza puede ser un signo de como la sociedad esta organizada. El antropólogo puede interpretarla como formas de vida cultural y para el politólogo la raza puede aparecer como una relación jerárquica de poder y dominación. Si  el universalismo esencialista es extremo, el perpectivismo relativista amenaza la definición misma de raza. Entre uno y otro extremo perdemos la eficacia que el concepto pudiera tener. En el contexto de las luchas raciales, según los lideres progresistas,  la palabra raza no es neutra y su función debería ser  la de reforzar  el aparato  político conceptual para servir a  la aspiración de sociedades y comunidades  en el  logro de  un mundo democráticamente pluralista.  


Es cierto que, como resultado de las prácticas coloniales del modernismo y las políticas eugenesicas del siglo XX, el término raza ha adquirido hoy día tantas  connotaciones negativas que  ha perdido toda eficacia para denotar cualquier cosa. Los geneticistas y la mayoría de etnólogos y filósofos concuerdan que la raza carece de determinaciones biológicas fijas… ¿Por qué, entonces, alguien quisiera retener el concepto? Porque, según argumenta Richard  Jones, su reconceptualizacion  lo puede transformar en un instrumento de cambio.

El Proyecto del Genoma Humano ha problematizado la pretensión de encontrar el fundamento biológico para diferenciar las razas al revelar que  el 99.9% del DNA  de cada individuo que habita el planeta es idéntico. Las variaciones en altura, color de la piel o cualquiera otra característica están determinadas por una ínfima fracción del genoma y la variaciones genéticas dentro de grupos raciales son mayores que la que existen entre diferentes grupos. Compartimos el 98.4% de nuestros genes con los chimpancés, 95% con los perros y 74% con gusanos microscópicos. Lo que estos números indican es que  lo significativo no son los porcentajes de genes compartidos, sino como un ínfimo porcentaje de ellos  puede ejercer  tremendas diferencias funcionales. Muchos de los que trabajan en el desarrollo de drogas farmacéuticas argumentan que las investigaciones genómicas confirman diferencias significativas entre los diferentes grupos de la población humana. Ciertas encimas con menor actividad, por ejemplo, son mas frecuentes en la población china que en la población caucásica. Si los datos indican que ciertos grupos de la población humana difieren potencialmente en mayor o menor capacidad para responder bien, mal o no responder del todo a ciertas drogas, entonces es posible predecir estas  respuestas.  El enfoque aquí, en lugar de ser acerca de la raza, es acerca de la creencia de que comunidades en particular poseen necesidades específicas de salud que tienen relacion con una base genética cuya investigación puede ser crucial en su tratamiento.

Ciertos teoricos negros sostienen la idea de que los argumentos ontológicos acerca de la raza debieran dar paso a los argumentos éticos y prácticos, a la cuestión de si es mas  peligroso que no, mas obscurantista que no,  hablar de raza. Otros, en cambio, sostienen que mientras transitan el terreno racial de esta nueva centuria nunca han podido pensar en términos que no estuvieran racializados. Nuestra epistemología, metafísica o axiología, dicen, están altamente coloreadas. No importa cuantas veces nos digamos a nosotros mismos  que la raza ya no es una categoría biológica no podemos eliminarla de nuestra realidad. La cuestión es como mantener una definición de ella que este sujeta a una constante revisión para que sea materialmente eficaz en la eliminación de la subordinación racial. En lugar de imaginar la raza como un concepto fijo, dicen, debiéramos imaginarla como uno que se va modificando al igual que los de la ciencia experimental moderna.

Las definiciones de raza han variado en los últimos cuarenta años. En 1975 era común, según los diccionarios de la época, ver a la raza como una población geográfica local o una población global humana que se distingue, en mayor o menor medida, por características físicas genéticamente transmitidas. En 1987, en el “Webster Dictionary”,  se ve a la raza, en cambio, como cualquier división biológica mayor de la especie humana basada en el color y textura del cabello, color de la piel y los ojos y proporciones corporales, entre otras, para luego agregar que el termino ha adquirido connotaciones anticientíficas y seria mejor reemplazarlo en las descripciones por grupo o etnia.  Según Francois Ravenau hay siete factores que contribuyen a la definición de una minoría racial… biogenético, territorial, lingüístico, cultural, religioso, económico y político.  Si seguimos la dirección del último al primero los factores son cambiantes y asimilativos. Si seguimos la dirección inversa, del primero al último, los factores son resistentes al cambio y a la influencia de factores externos. La tensión entre ambas direcciones, entre cambio y permanencia es lo que alternativamente describe lo que el racismo, o  la raza en si misma, es o no es. Lo que Ravenau posibilita con esto es una visión racial  más pragmática. Es una invitación a ver las definiciones, los juicios, incluyendo los metafísicos,  como hipótesis que surgen en el contexto de situaciones específicas y que deben ser evaluadas según su eficacia para responder a estas situaciones. Cada juicio hipotético esta valoricamente teñido y, más frecuente que no, estos valores son políticos. Los supuestos acerca de lo que la raza es siempre  están pragmáticamente teñidos y esta  es una razón suficiente para someterlos a una constante revisión autocrítica capaz de disociar lo habitual de lo emergente.   

Después de un siglo de legislaciones, de interminables discusiones y  conferencias y miles de escritos nadie ha conseguido llegar a la sociedad pos racial. El término es difícil de eliminar y continuara formando parte de nuestra vida  por largo tiempo, tanto como el efecto opresivo de la realidad histórica política permanezca. Dada esta realidad el énfasis no debiera ser el de determinar el estatus  metafísico u ontológico del termino, sino el de  investigar las relaciones de subordinación y dominio a las que las razas están sujetas. Si aceptáramos, dice R. Jones, que la raza no existe, que es una ficción posmoderna… ¿Cómo podríamos oponernos a sus efectos opresivos?


Friday, September 23, 2016

Los zapatos de la noche.


La noche

lustro

sus zapatos

con

la pomada
del

universo.

Las estrellas

brillaron mas.

Nieves.

Monday, September 12, 2016

El mal en el discurso politico.

                                    
El concepto del mal  que entro en el discurso político norteamericano tiene raíces cristianas, no importa cuanto se secularice. Desde su origen mismo el cristianismo ha afirmado la existencia de poderosas fuerzas demoníacas independientes que funcionan tanto  en el mundo natural como en el mundo político. Históricamente  la mezcla de la religión con la política siempre ha sido problemática al considerar al oponente no solo equivocado, sino  diabólico. El argumento contiene un doble filo… puede ser tremendamente poderoso en motivar y movilizar a la gente para la acción y, también, puede ser extremadamente  corrosivo al socavar la posibilidad de una oposición política. La doctrina Bush, declarada la filosofía oficial de la política norteamericana internacional y que Obama ha seguido se basa en la logica paranoica del control total sobre posibles amenazas futuras que justifica ataques preventivos en contra del terrorismo fundamentalista. El problema con  esta logica es presuponer que el peligro futuro se puede tratar como algo que ya ha ocurrido. Y al final del día, en lugar de encontrar la seguridad prometida, nos encontramos con un estado de alerta permanente en donde todos somos sospechosos.

 Desde un punto de vista empírico el Mal no proviene de fuerzas cósmicas, sino de causas históricas específicas. Osama bin Laden, por ejemplo, fue creado por los Estados Unidos como parte de la guerra en contra del comunismo. Durante la Guerra del Golfo, bin Laden le ofreció a Arabia Saudita sus servicios para pelear en contra de Irak.  

 Después del holocausto, esa dramática explosión del mal que ocurrió en los campos de concentración  nazistas en la segunda guerra mundial, el Mal se escurre en los pliegues de la democracia liberal  al legitimar un orden social cuya logica burocrática anónima, lo que Hannah Arendt llamaba la banalidad del Mal,  genera campos de concentración y masacres. El ataque a N. York, el 11 de Septiembre del 2001, rompe la banalidad del Mal. Una organización fanática planea un ataque terrorista cuya intención fue  matar  a miles  de civiles, victimas inocentes elegidas al azahar ¿Qué tipo de Mal es este? Comúnmente, al hablar de  los diferentes modos en que el mal se presenta, se menciona el mal idealista totalitario, el terror revolucionario que se despliega con las mejores intenciones. El mal autoritario, cuyo objetivo es la simple corrupción y el poder sin ningún fin superior. El mal banal causado por las estructuras burocráticas anónimas. Y el mal terrorista fundamentalista que busca el daño masivo destinado a causar miedo y pánico.

 ¿En lugar de hablar del mal, no seria preferible hablar de lo negativo? Tradicionalmente el mal se ha ubicado en el ambito de la moral, del sufrimiento, la imperfección y el pecado. Lo negativo, en cambio, se ubica en el ambito de la funcionalidad, de lo que tiene relacion con el curso del mundo, de como este opera. El mal supone una dualidad cuyos dos términos se conciben como mutuamente externos (el mal y el bien). Es por esto que todavía  podemos imaginar el reino del Bien una vez que el mal se elimine. Cualquier forma que el Mal adopte siempre se presenta como un  punto de resistencia, un bloqueo que no tiene lugar en la coherencia del sistema social  y que  debe ser erradicado por un acto de la voluntad. Lo negativo, en cambio, es una polaridad cuya diferencia es interna al sistema. Lo positivo siempre implica algo negativo y es inconcebible sin el.

 La globalización ha cambiado las condiciones de lo negativo. Comúnmente este designaba lo otro. El sistema mundial durante la guerra fría se dividía en dos áreas que se contraponían mutuamente. El otro era el bloque soviético para unos o el capitalismo occidental para  otros. Desde el momento en que la globalización ha hecho desaparecer  la exterioridad  que permitía canalizar lo negativo este se ha internalizado y reprimido. Ya no funciona abiertamente, sino en secreto. Su nombre, ahora, es terrorismo o violencia urbana, que son otros nombres para la internalizacion y diseminación de lo negativo.

Si las viejas estrategias hoy ya no funcionan… ¿no será  debido al hecho de que el terrorismo y la violencia  no pueden ser interpretadas solamente en términos morales o  principios sociológicos, ni tampoco pueden ser reducidos a cuestiones puramente ideológicas o tratados simplemente como fenómenos secundarios y transitorios?  Si este es el caso tendríamos, entonces,  que pensar en nuevas salidas para lo negativo.  Si hay algo claro en las democracias  occidentales es que son disfuncionales, inoperantes e incapaces de comprometer al pueblo. El consenso centrista, ese lugar común que la larga cadena de lideres occidentales ha venido persiguiendo silencia la política de los opuestos  desembocando en actitudes   superficiales que no dejan  ninguna posibilidad de cambio real. Lo que este consenso ignora es que el poder y el antagonismo son constitutivos de todo ser  y, por tanto,  inerradicables. Con lo que nos encontramos eternamente es con procesos de constitución y descontitucion social en donde las fronteras de lo social siempre están sujetas a negociaciones y fluctuaciones.   

Lo negativo contiene una cierta fecundidad que  obliga a repensar su destino y distinguir entre aquella negatividad que destruye y nada produce  y aquella  negatividad  que podría ser capaz de generar tensión, de elevar, de innovar e intensificar. Tenemos que distinguir los diferentes senderos en el nuevo contexto mundial en donde lo negativo, en lugar de ser eliminado, puede servir para activar y poner en movimiento algo nuevo, extraer nuevas perspectivas desde las cuales lo que aparece como malo pueda revelar potenciales inimaginados. Con la institucionalización centrista de la izquierda-derecha  y el abandono de la política antagónica de los partidos socialistas la división entre izquierda y derecha se hace borrosa  al ser incapaz de expresar la dicotomía social. Pareciera que solo el populismo de derecha en Europa  o el izquierdismo de  Morales en Bolivia fueran los únicos capaces de reconocer los conflictos básicos que definen lo social. En lugar de la búsqueda del consenso  que deja la homogeneidad básica del sistema capitalista mundial intacta deberíamos afirmar la disensión. Existe un abismo entre la  administración de las “cuestiones sociales” que siempre permanece dentro del marco de lo ya existente y un acto político renovador. Este no es simplemente algo que funciona dentro del “sistema”. Es un acto cuyo objetivo es cambiar el verdadero marco que determina como las cosas funcionan… la cuestión es… ¿Cómo organizamos la disensión?

Sunday, September 4, 2016

Dos estrellas


Dos estrellas

Préstame
una de tus dos
estrellas
que tienes
guardadas
en
tu bolsillo
para
alumbrar
mi noche
Te 
la devuelvo mañana
al alba
con
una gota
de 
rocío.


Nieves