Friday, April 15, 2016

Soy yo.


Soy yo,
el inconsciente,
que viene disfrazado
de amaneceres anaranjados
y
al mismo tiempo
de noche!!!

Soy yo,
el inconsciente,
que
te construyo
el tejido
enredado
de
tu vida!!!

Soy yo,
el inconsciente,
escondido
detrás
de
una máscara.,
que
ataca

tus albas!!!

Nieves

Sunday, April 10, 2016

La identidad posthumana.


 “Juan Cristóbal”,  “Corazón”,  “Así se Templo el Acero”, “Hijo de Ladrón” y tantas otras lecturas que fueron parte de la tradición narrativa contaban historias acerca de nuestro crecimiento  interior. Historias acerca de las transformaciones con las que cada uno de nosotros podíamos relacionarnos y que llenaron los últimos dos o tres siglos. A diferencia de los cuentos folklóricos, de las historias para niños, de las leyendas o los textos sagrados el interés de este relato literario era el del crecimiento esencial del  individuo humano dejando bien poco espacio para caracteres no humanos o agentes ambientales.

  Implicita en ellas estaba  la idea  humanista de moldear al individuo a través de la experiencia social para desplegar su esencia  y lograr la madurez. El gótico, la novela de detectives y la de ciencia ficción son la contrapartida de este género literario. En el gótico presenciamos la herencia podrida que se encuentra debajo de la superficie del mundo burgués. La perversión de los chupadores de sangre, la corrupción eclesiástica o los restos supernaturales del viejo mundo.  La historia de detectives, enmarcada en el orgullo burgués del progreso y la racionalidad, apunta hacia el corazón corrompido de la ciudad que, aunque oculto y omnipresente, existe en las ciudades modernas. Y las historias de la ciencia ficción  rompen con la promesa del mundo burgués para abrirse a una multitud de mundos utópicos o diatópicos posibles. Los tres géneros llaman la atención a las tres fuentes temporales posibles de corrupción. El pasado, el presente y el futuro. Sus mecanismos son lo supernatural, lo cotidiano y lo tecnológico.  Lo común, además de la condena de la sociedad moderna, es el rechazo al modelo de la identidad  contenido en la novela humanista.

 En una visión post humana el individuo ya no se ve como la expresión de una si mismidad coherente y es la coherencia misma la que  pasa a ser  el problema central de la historia. Aquí no se trata del triunfo de la voluntad sobre los  obstáculos externos, sino que la voluntad misma se forma gracias a los efectos de las fuerzas exteriores. Ellas pueden mantener los relatos de educación y crecimiento, pero su fin es tratar de estabilizar al sujeto y construir una representación  del yo que sea consistente con las  expectativas de la circunstancia social. El protagonista del  nuevo  relato posthumano, Segun Davin Heckman, conserva las nociones modernistas de la comprensión del sujeto y también cuentan historias de cómo el individuo se  transforma en una persona completa de acuerdo al consenso social. Pero, difieren de manera significativa en los medios y fines de  llegar a la madurez.

Cuando Susan Boyle se presento al concurso de televisión inglesa “Britain’s Got Talent” se transformo, después de su primera canción, en una celebridad mundial instantánea. 200 millones de espectadores  escucharon su voz y desde ese momento la tranquila  vida de solterona que disfrutaba en la compañía de su gato se transformó en un torbellino incontrolable ¿No es este un índice de la tremenda  popularidad  que los programas de “reality television” han alcanzado hoy en todos los grupos demográficos? Junto a los temas  centrados en el auto mejoramiento, los logros personales, la vida profesional, las citas amorosas, la autodisciplina o las prácticas de consumo, la cocina es posible notar operando en todos ellos  un principio más básico. Los individuos que producen “la realidad”  son sujetos que  supuestamente están viviendo en frente de las cámaras el momento tal y como  se da. Y es  aquí donde radica su atracción ( En la TV inglesa Super Nany, Big Brothers, American Idol, Extreme Makeover, Fear Factor, Survivor, que luego se copian en el resto del mundo) Pero, si miramos con más atención pronto  notamos que sus subjetividades son, inevitablemente, construidas enteramente por contextos, montajes y consumismo. Caracteres desarrollados por un editor y un sofisticado aparato sociocultural. El hecho de que  “Reality TV” juegue un papel crucial  en la audiencia contemporáneo al proporcionar instrucciones que antes eran dadas por  la literatura tradicional  indica que a través de la popularidad del medio televisivo  entramos en contacto con nuevas técnicas de dominación que ejercemos en nosotros mismos y en otros para lograr una integración más completa en los sistemas de poder vigentes. “Reality TV”, en lugar de ofrecer una representación naturalistica del mundo tal como se presenta a nuestros sentidos, educa al espectador en  la construcción de la una identidad compatible con la cultura de consumo.

En el género cinematográfico, dice Heckman,  hay también una corriente en la que  encontramos la misma idea  de “reality TV” al jugar con la idea del supuesto carácter real, no prefigurado de  “reality TV”, pero invertida. Aunque no  exactamente acerca de “reality TV” las historias se nutren del mismo método. Vigilancia, montaje e imágenes ocupan un papel prominente en el desarrollo del personaje. En las novela de detectives que acostumbrábamos a leer el protagonista navegaba  a través de diferentes narraciones que competían entre ellas para ocupar el lugar de la verdad. En esta nueva corriente cinematográfica, en cambio, el protagonista debe descubrir su identidad a través del curso de la narración. (“Memento’s Leonard”, “Minority Report”, “Paycheck”, “A Scanner Darkly”, “Blade runner”, “Total Recall”) La idea común a todas ellas  es que la identidad puede ser codificada, borrada y re escrita nuevamente con las imágenes, objetos e informaciones que la rodean.

 En “Memento”, debido a una herida cerebral, el personaje central no puede recordar nada de su pasado y  cada día se le presenta como un misterio. Para descubrir quien es el y como su mujer fue asesinada  se ayuda con “mementos”, pequeñas claves en la forma de fotografías, tattoos, instrucciones, notas. A través de ellas construye una autobiografía para recordarse a si mismo quien es. En “Blade Runner”,  la versión cinematográfica de una novela del legendario autor Philip K. Dick, se  describe un mundo diatópico en el  año 2019 en Los Angeles. Unos seres genéticamente manufacturados  y visualmente indistinguibles de los humanos llamados replicantes, se sublevan  obligando a la fuerza policial especializada conocida como “blade runner”  a cazarlos y eliminarlos. Rick Deckard, un blade runner semi retirado, es llamado para ayudar en la mision  que  acepta  a regañadientes. Para su sorpresa, al final descubre que el mismo estaba implicado desde el comienzo en el objeto de su aventura al conocer que el también era un replicante que erróneamente se percibía a si mismo como ser humano inconsciente de su verdadero estatus. La implicación con la que nos topamos en el universo de Blade Runner va más allá de la mera idea de que el ser humano es un replicante que no sabe que lo es. La tesis, en verdad, es la de  que cada contenido sustancial positivo, incluyendo nuestras mas intimas fantasías y recuerdos no son nuestros, sino implantados. En este mundo la recuperación de la memoria designa algo incomparablemente más radical que la perdida total de la identidad simbólica del héroe. En ultima instancia este se ve forzado a reconocer que el no es lo que pensaba que era. Si algún consuelo nos queda  es el hecho de que a pesar de que las memorias mas intimas son implantadas los replicantes se subjetivizan a si mismos combinando estas memorias en un mito individual, una narrativa que les permite construir su lugar en el mundo. Lo que es propiamente de ellos es la forma única en que cada uno las subjetiviza, como las integra en el universo social.

¿No son también nuestras memorias humanas implantadas en el sentido de que todos tomamos prestado los elementos de nuestros mitos individuales del ambito cultural? Los medios de comunicación están concientes de que nuestra percepción de la realidad, incluso de la realidad de nuestras experiencias mas intimas, depende de ficciones simbólicas.  En la revista Time un articulo afirmaba que las historias son  preciosas e indispensables. Cada uno debe tener su historia. Uno no sabe quien es hasta que uno posee una versión imaginativa de si mismo. Sin ella uno solo existe a medias.

En este genero no somos sujetos definidos  por  una autenticidad esencial que la voluntad actualiza  en lucha con los obstáculos del mundo material. La intención  no es  descubrir nada mas  autentico o profundo, sino permanecer en la superficie del proceso. En lugar de la búsqueda de aquello que se oculta debajo de la superficie,  los personajes se componen con  elementos externos y  ensamblajes de signos exteriores más que  por estados interiores. Un género radicalmente diferente.  Si antes era  una cuestión acerca de lo bueno y lo malo, ahora es  una batalla acerca de la existencia misma de la identidad del yo. Si alguien todavía presupone la existencia de un conocimiento capaz de revelar una realidad  inherentemente interna, de una humanidad enajenada que necesitamos recuperar, estos nuevos caracteres  parecieran no saber de su existencia o no tener conciencia  de ella.

 Ortega y Gasset afirmaba que el ser humano no tenía naturaleza, sino historia. Pero, a pesar de ello,  trato de salvar un  centro interior al afirmar que solo  tenemos una relacion intima con una sola cosa. Esta cosa es nuestra individualidad, nuestra vida. La intimidad es el verdadero ser de cada cosa, lo único suficiente. El yo autentico es un proyecto, una pretensión, un programa vital, un personaje novelesco. Pero, un personaje novelesco que no se elige gratuitamente. Nos sentimos llamados a ser alguien, a cumplir nuestra  vocación y destino que no es impuesto, sino propuesto. Uno no elige su destino, por eso es destino. Pero, uno elige entre serle fiel o no, entre aceptarlo o rechazarlo. El ser autentico es el ser que quiere su destino, el que adhiere a si mismo.

 Lo que encontramos en la narrativa post humana es algo diferente. En ella, los protagonistas desarrollan una personalidad libre de la historia, de la interioridad o de un ser  esencial que confirma y  da forma a la idea posthumanista que sugiere  que la persona es el punto en donde distintos discursos convergen en lugar de ser la expresión de un estado inmutable o eterno. La identidad personal es, más que ninguna otra cosa, una interpretación basada en una subjetividad culturalmente construida. Esta noción libera al ser humano  del  esencialismo…  Pero, también lo  libera  de su propia autonomía.


Nieves y Miro  Fuenzalida.

Thursday, April 7, 2016

Soledad


Eres,
lo que yo siempre fui,
complicación absurda
de una existencia solitaria.

Nieves.



Saturday, April 2, 2016

La amenaza comunista


La idea del comunismo, y el mismo termino, fueron profundamente comprometidos en el siglo pasado  por los desastrosos y sangrientos excesos de la dictadura  estalinista a tal punto que  hoy pocos se atreven a pronunciar su nombre. Muchos en la izquierda rechazan el comunismo y prefieren reemplazarlo por el “pos-capitalismo”.  Con frecuencia capitalistas, conservadores y neoliberales se refieren al comunismo como un horizonte perdido. Todos saben, dicen,  y la historia muestra,  que el comunismo no funciona. Pudo haber sido un hermoso ideal, pero en la practica siempre lleva a la violencia y al exceso dictatorial del poder.  Una peligro que debe ser suprimido antes que su fuerza se desate.

El referente mas común del comunismo es la ex Unión Soviética,  sinónimo de estalinismo, autoritarismo, opresión, campos de concentración, ejecuciones políticas  y supresión de cualquier criticismo. La narrativa que el “mundo libre” ha logrado imponer exitosamente es  la de que el comunismo es igual a Soviets, que es igual a estalinismo, que es igual a fracaso.  La experiencia muestra que el proyecto comunista no tiene salida.  El comunismo es uno y este es igual a la Unión Soviética. Es esta cadena  la que establece los parámetros históricos para eliminar y reprimir cualquier  alternativa comunista. Si hay Lenin, luego Stalin. Si hay revolución, luego gulag. Si hay partido, luego purgas. Esta serie de hechos históricos niega la posibilidad comunista y su  negación  establece  el espacio y las condiciones de la democracia.

 Uno podría preguntar…  ¿ es,  en realidad,  la Unión Soviética   un referente estable del comunismo?... En esta narrativa el comunismo aparece como un objeto imaginario inmutable, un estricto proceso linear con un fin determinado… ¿no es aquí donde la historia pierde su propia historicidad?  En esta formación, dice Jodi Dean, la historia funciona como un estructura y una constante incapaz de cambiar,  impenetrable  a las fuerzas externas. A diferencia  de la revolución permanente del capitalismo, el comunismo histórico aparece como un fenómeno estático. Solo suponiendo un comunismo invariable se puede apelar a la historia y transformar una instancia singular en un ejemplo del peligro y fracaso del experimento comunista. El problema es que al hacerlo desconecta el comunismo de la misma historia a la que la critica capitalista apela y borra el comunismo  como  autocritica y espejo del capitalismo. Extrayendo el comunismo de su historia como lucha de clases dentro del capitalismo, como critica y revolución  a la cual el capitalismo da lugar, esta historia sin historicidad, es la que les permite proclamar al capitalismo como un sistema sin alternativas.

Y, sin embargo… a pesar de todos los esfuerzos de la narrativa del “mundo libre”, el comunismo espectralmentemente  persiste en los intersticios del sistema como idea, como movimiento, como hipótesis, como programa o como el nombre de un posible futuro  emancipado.   No es extraño que el comunismo empiece a aparecer como discurso y lenguaje para la expresión  de los ideales revolucionarios  de universalidad  e igualdad en el momento en que la dominación capitalista neoliberal va acompañada de extrema desigualdad, desempleo, crisis económicas, austeridad, agresión bélica internacional  y racismo. La fantasía de que la democracia occidental es una fuerza  de justicia económica se ha desintegrado al traspasar trillones de dólares a los bancos de EEUU y Europa mientras elimina los programas sociales para mantenerse a flote. Y la izquierda, o lo que alguna vez fue izquierda, ha fracasado en la defensa de un mundo mejor. En su lugar, se ha acomodado al capital y actúa como si  no existieran alternativas a las leyes del mercado y las finanzas. No hay razón para seguirla,  atrapada en las crisis financieras cíclicas, en la política de la identidad, en la defensa del estatus quo, en su miedo a la violencia revolucionaria  y en su carencia de cualquier visión futura.  Con la declinación de los sindicatos y  una izquierda castrada, las corporaciones y el sector financiero absorben, apropian y explotan todo lo que pueden.  Dentro de esta atmosfera múltiples conferencias (Paris, Berlín, Nueva York)  y publicaciones   sobre el ideal comunista empiezan a aparecer continuando las discusiones y trabajos teóricos de las décadas anteriores (Negri, Badiou, Balibar, Bosteels, Hallward, Michael Hardt, Ranciere, Bensaid, Toscano, Zizek, etc.)

La clase dirigente, a través de sus aparatos ideológicos, ha logrado establecer la idea  de que los cambios radicales son imposibles y  que el capitalismo no se puede abolir… ¿con que se va a reemplazar, si no hay ningún sistema que lo haga mejor?...  Y es cierto. Por ahora, no se ve ninguno con la misma o mejor capacidad productiva que el capitalismo.  Pero… esta es la cuestión  ¿continuara existiendo con esta misma capacidad productiva en el próximo futuro? Desde la crisis del 2008 todavía no ha sido posible volver a su crecimiento normal.   Según David Harvey  la posibilidad de un crecimiento económico del 3% anual, que es el crecimiento mínimo para reproducirse, es bien pequeña debido,  en gran parte, a la dificultad de reabsorber el capital excedente. Para el 2030 será necesario encontrar oportunidades de inversión para tres trillones de dólares, aproximadamente el doble  de lo que se necesito en el 2010. Según esto el futuro del capitalismo es bastante incierto.  Y es aquí donde el peligro comunista vuelve a amenazar al sistema.  

 La llamada muerte del comunismo fue demasiado prematura. Su reciente vitalidad aflora en el deseo de justica e igualdad de las multitudes que  encontramos en “Ocupar Wall Street”, el movimiento ambientalista, indigenista, feminista, anti globalización, “Podemos”, los indignados etc. etc.  Comunismo, si algo significa, es acción, determinación y voluntad colectiva.  No el deseo de un sujeto individual. Es el deseo de un sujeto colectivo, de un “nosotros”.  Es la activa lucha colectiva la que cambia y remodela el deseo individual en un deseo común.  El individuo puede sentir que algo no funciona en la sociedad, que el sistema es profundamente injusto, que algo falta y trata de hacer algo… firma peticiones, vota en las elecciones, escribe protestas en su blog, tweets, abre una pagina en Facebook, una protesta en YouTube,  etc. etc.  Pero todo esto lo hace individualmente. El deseo de la multitud, por el contrario, subordina el yo al objetivo colectivo y esta subordinación requiere disciplina, trabajo y organización.  Y es de esta organización de donde  viene el temido peligro  que puede  transformar el estatus quo y  desmantelar el viejo orden para hacer surgir uno nuevo. Cuando los explotados, la clase baja, la parte que no es parte, la multitud, la masa, los plebeyos ya no quiere vivir  bajo el viejo régimen, y la clase alta, el uno por ciento, ya no puede  mantener la eficacia del sistema es cuando el peligro revolucionario  puede irrumpir incontrolablemente.

Obviamente no todas las luchas políticas  pasadas o presentes son comunistas. El problema  con  subsumir  todas los movimientos actuales de protesta en la multitud es que  niega la oposición que pueda haber entre ellos y como estas contradicciones  pueden ser manipuladas por el capital. Hay que alejarse del positivismo histórico que postula que la combinación comunista de emancipación e igualdad  es única. Esta  combinación esta compuesta por múltiples luchas (revolución burguesa, revolución proletaria, lucha por derechos civiles, por la conservación del ambiente, por los derechos indígenas, etc.) Por eso, el comunismo, en lugar de ser un modelo fijo, se configura, remodela y transforma a  partir de sus propios fracasos, errores y contradicciones.  Hay historias y luchas cuyos éxitos y fracasos inspiran e invitan a mirar el presente de manera diferente.    

Cuando hoy se habla de “nosotros, el 99%”,  este 99% no es el nombre de una identidad. Es, dice Jodi Dean, el número que pone de relieve la división y brecha que existe entre  la parte superior de la sociedad , el 1%,  y el resto de nosotros.  Moviliza la disparidad entre el uno por ciento que es dueña de la mitad de la riqueza del país y el  99% del resto de la población  y  afirma una colectividad  y comunión. No unifica en base a una identidad sustancial como la raza, la etnicidad, la nacionalidad o la religión. Lo que afirma es el “nosotros” de un pueblo dividido entre expropiadores y expropiados, entre los que tienen y controlan los bienes comunes y los que no. Es el nombre de una falla  en la sociedad, de la brecha que se transforma en el vehículo para la expresión del deseo comunista.  Es la voz del deseo colectivo  por la igualdad y justicia, por el cambio de las condiciones que permiten  que la ínfima minoría controle y posea, solo para ella, la mayor parte de lo que es común.  “Somos el 99%” borra la multiplicidad de  intereses individuales y parciales que dividen y fragmentan el pueblo y afirma, en su lugar, su fuerza  común y la incompatibilidad entre el capitalismo y el pueblo. Es el reconocimiento de que la división de clases es la contradicción  social principal.

Esta es la cosa…  el comunismo es el deseo de reemplazar la explotación por la igualdad, la justicia y la ausencia de opresión… “a cada uno según su necesidad, a cada uno según su capacidad”. El problema con esta utopía  es que siempre queda corta… ¿que pasa, por ejemplo,  con el patriarcalismo,  el racismo, el narcicismo, el matonaje, las jerarquías sociales, la intolerancia, el egoísmo? No es difícil criticar la utopía comunista como imposible.  Pero, “la imposibilidad del deseo comunista no es lo mismo que su causa”. El objeto o la causa del deseo comunista,  como dice Jodi Dean,  es el pueblo y el pueblo no es el nombre de un todo social, sino el nombre  de los explotados.  Es esta desconexión, esta división  la que le importa al comunismo. Comunismo no es solo una asociación para gobernar. Por sobre todo, es  una organización de producción y movilización que nunca logra completitud… llamamos comunismo, dicen Marx y Engels, al movimiento real que elimina el presente estado de cosas.

 No hay leyes históricas que provean una guía de cómo esto pueda ocurrir, de cómo obtener una cierta transformación sin volver  a lo mismo. Lo menos que se puede decir es que los  cambios son siempre  impredecibles.


Nieves y Miro Fuenzalida.