Monday, November 16, 2015

Lluvia y misiles.


Princesa-Ardilla mía,
no te puedo prometer
un mundo nuevo,
solo este,
marcado
por la lluvia
y

por misiles.

Nieves

Friday, November 13, 2015

La ecologia del miedo.


 El cuadro que el Apocalipsis ecológico nos  pinta  es el de un mundo  sin  agua, tempestades y huracanes monstruosos, sequías, inundaciones, disminución de los hielos polares, perdida  de la biodiversidad, enfermedades, guerras por recursos naturales, temperaturas extremas, emigraciones masivas, etc. etc. etec.Independientemente de los diferentes puntos de vista que cada uno tenga acerca de la Naturaleza el consenso empieza a surgir acerca de la gravedad de las condiciones ambientales y la precariedad del equilibrio  socio ecológico. Muy pocos son los que hoy niegan que el calentamiento del planeta producido por  los cambios en la composición  atmosférica que acompañan el aumento del CO2 y otros gases atmosféricos es en gran medida causado por  la actividad  humana. El uso de energía fosilizada (petróleo, gas, carbón) y la desaparición de los bosques y las selvas tropicales  que capturan el CO2 son cuestiones de hecho. Compañías de petróleo, eco activistas, políticos de diferentes colores, científicos, líderes de negocios  y, junto con ellos, las Naciones Unidas se unen en la cruzada para salvar el planeta y la especie humana. Y en esta cruzada,  las cuestiones de hecho rápidamente se traducen en una narrativa ecológica en la que el miedo despertado por el espectro de la devastación y aniquilación ecológica  se transforma en el punto nodal con  que ella se teje.
    
¿Cuál es el problema con este discurso ambientalista que ha sido incapaz de transformarse en un movimiento masivo y auténticamente renovador? Según el profesor Erik Swyngedouw la imaginación apocalíptica  es extraordinariamente poderosa en desplazar o encubrir los conflictos y contradicciones sociales y en evitar la movilización política. En esta visión el cambio climático se presenta como una causa humanitaria global, cuidadosamente despolitizada, carente de trayectorias alternativas, de articulaciones de programas políticos específicos o de proyectos ecológicos revolucionarios. Es la movilización sin cuestionamiento político. Solo hay  que  asegurarse que las transformaciones  tecnológicas y socio culturales que se necesitan para recalibrar el clima se den dentro del horizonte del orden capitalista que se ubica mas allá de toda discusión.  Tenemos que cambiar radicalmente, pero dentro de los límites del sistema  para que  nada cambie. El peligro de dimensiones épicas que enfrentamos afecta no solo  a unos pocos sino a todos por igual por lo que se requiere de una acción humana global, de una colaboración y cooperación mutua.  

 La noción de la humanidad, la de un sujeto humano global es una ficción porque nos presenta  actores políticos sin tensiones, contradicciones o conflictos  internos que niega la heterogeneidad y el antagonismo radical que configura a todo sujeto político real. Es esta contradicción interna,  el reconocimiento de campos sociales con deseos e intereses  sociales, políticos, económicos  y ecológicos  opuestos  lo que justamente constituye el ambito politico democrático.  Su desconocimiento evita cuestionar a la clase dirigente y el papel de la llamada humanidad  queda reducido, no a la transformación del orden socio ecológico existente, sino solo a pedirles a los líderes que implementen acciones para que básicamente la vida pueda continuar como antes. En el fondo, el movimiento ambientalista  es reaccionario, apolítico y  apartidista. Los lideres políticos responden al llamado de la humanidad y les asegura que el capitalismo puede resolver el problema climático corrigiendo el que ha producido en los últimos doscientos anos con el desarrollo de una serie de invenciones tecno ecológicas y medidas  administrativas extraordinarias.  El problema ambiental, dentro de este marco, no crea una nueva visión. Solo crea la ilusión de que nos movemos para luego quedarnos en el mismo lugar. El supuesto es que el clima y el capital se pueden  salvar cancelando la  emisión de CO2  con la ayuda de la energía nuclear  y el desarrollo de nuevas tecnologías ¿Podríamos decir, honestamente, que este proyecto es capaz de elevar nuestras expectativas por una sociedad  ecológicamente mejor?

El discurso del consenso, y el cambio climático estructurado en torno a la ecología del miedo es parte de este discurso,  niega la acción política como tal  y la reemplaza  por  una logica administrativa en donde las decisiones, cada vez más, son consideradas una cuestión de expertos que se ubican  fuera del ambito político. El confrontamiento ideológico,  la divergencia y la lucha de clases son reemplazados por  una planificación tecno administrativa que desplaza los conflictos  y el desacuerdo al ambito del manejo consensual de los problemas. Las elecciones políticas, la confrontación de visiones opuestas o los proyectos de un orden social diferente se anulan como objetivos democráticos  y son reemplazados por la administración de lo posible que se da dentro de las relaciones mercantiles existentes.  La característica clave del consenso es la anulación del disentimiento, en otras palabras, el acuerdo sin separar o dividir. El resultado es un mundo que elude o reprime la elección, la confrontación pública y la libertad que no es parte del consenso. Un arreglo en donde las organizaciones, los sindicatos, los partidos populares, la juntas de vecinos, las federaciones de estudiantes son disminuidos o reemplazadas por instituciones estatales, expertos, NGOs, grupos de intereses y organizaciones de caridad que operan como fuerzas responsables que respetan y sostienen el capitalismo neoliberal. Las discusiones  y disputas son reconocidas como derechos democráticos siempre y cuando no cuestionen el marco vigente.  El desacuerdo  radical, la crítica revolucionaria y los conflictos de clase  han sido erradicados de la arena política y relegados al ambito del terrorismo, la criminalidad  y la violencia ilegal.

Es la aceptación de este contexto lo que explica que el movimiento ambientalista en la última década haya reemplazado la política de la acción organizada, del desacuerdo radical y de las  visiones sociales alternativas por su participación en la negociación de políticas ambientales.  Alguien podría preguntar…Bueno… ¿Y que hay de malo en ello? La negociación del consenso descansa en la idea de que los problemas sociales y ecológicos que hoy vivimos son efectos colaterales externos y no algo inherente a  relaciones económicas capitalistas. La humanidad y la naturaleza  se elevan al nivel de lo universal cerrando el espacio que permitiría el reclamo a la universalización de grupos, clases y ambientes particulares. El enemigo o el obstáculo que continuamente nos amenaza es innombrable, vacío, difuso y externo y solo puede ser manejado por el dialogo consensual despolitizado dentro de un orden socio ecológico para el cual no hay alternativa real.

El movimiento ambientalista se ha transformado en un movimiento radicalmente reaccionario que le ha dado vuelta la espalda a otras posibilidades socio ambientales o a otros  ensamblajes humanos alternativos.  La idea de retornar a una naturaleza harmónica  sin modificar el orden capitalista es un proyecto  neoliberal que solo constituye una ficción particular.  Necesitamos diferentes historias y ficciones capaces de comprometer y movilizar a los pueblos para su realización. El debate del clima es la oportunidad que tenemos para  transformarlo en un debate acerca de la democracia y su significado. Esta debe recuperarse como el terreno en que se expresan las contradicciones, los conflictos y desacuerdos desde los  cuales puedan surgir otros mundos.


Nieves y Miro Fuenzalida.

Monday, November 9, 2015

La palabra


Yo construyo palacios
habitados por palabras
que me dan piezas llenas
de sol-amor...
o nubes cargadas
de llanto azul.

Si no habito las palabras
... existo?

Nieves

  

Wednesday, November 4, 2015

Nosotros y los otros.


En 1550 Juan Ginés de Sepúlveda, un filosofo aristotélico, y el sacerdote Dominicano Bartolomé de Las Casas, debatieron en Valladolid  la cuestión de como los Amerindios se diferencian de los Europeos. Los grupos humanos, según Sepúlveda, están definidos jerárquicamente. Los indios viven desnudos, sacrifican victimas humanas, no poseen   caballos ni asnos y desconocen el dinero y el Cristianismo. A pesar de vivir en el mismo tiempo indios y europeos están en diferentes estados de civilización, en donde diferente significa inferior.  Los europeos viven en la civilización, los otros en la barbarie y su subyugación es una responsabilidad pedagógica.  La visión de Las Casas es bien diferente. Ve las civilizaciones como fundamentalmente similares y defiende los derechos Amerindios y los ve como semejantes a los europeos. El cristianismo no reconoce diferencias de  piel  ni de raza. El indígena es modesto, respeta las normas interpersonales, los valores familiares y, al igual que muchas otras naciones, están preparados para recibir la palabra de Dios. En nombre del universalismo Cristiano Las Casas  argumento por la disolución de las diferencias. Todos los humanos son humanos.

Según Ulrich Beck hay cierta semejanza entre este debate y la discusión contemporánea ejemplificada por  “El Choque de Civilizaciones” de Samuel Huntington  y “El Fin de la Historia” de Francis Fukuyama.

Los conflictos actuales, dice Huntington, están definidos por antagonismos culturales. La cultura, la identidad y la fe religiosa, que hasta no hace mucho estaban subordinadas a estrategias militares y políticas, ahora definen las prioridades en la agenda política internacional. Es la invasión de la cultura en la política. Los valores democráticos del Occidente y los valores pre modernos del islamismo  se oponen unos a otros con una creciente agresividad, no solo entre naciones, sino también entre  regiones.  Para Fukuyama el derrumbe  del sistema soviético deja como única alternativa el modelo occidental de la democracia liberal y la economía de mercado al estilo norteamericano. El Capitalismo democrático es el genuino núcleo del modernismo y debido a su propia lógica interna debe expandirse y  rehacer el mundo para dar origen a una civilización universal  que será el fin de la historia.

Sepúlveda y Huntington representan el universalismo de la diferencia y Las Casas y Fukuyama, el universalismo de lo mismo. Jerarquía, por un lado, similitud por el otro.  La jerarquía vertical le niega al otro la igualdad y lo coloca en una situación de subordinación  e inferioridad. Para la lógica de lo mismo el otro solo puede  salir de la barbarie adoptando los valores cristianos o el capitalismo democrático. El sentido de superioridad de Sepúlveda, sin embargo, da paso hoy día al sentido apocalíptico de Huntington que anuncia la inevitabilidad de la decadencia del oeste a menos que las fuerzas se unan en contra de la amenaza islámica.

Para el universalismo cristiano de Las Casas y el capitalismo democrático de Fukuyama no es la diferencia, sino la igualdad la que define la relación con el otro y nosotros. En cualquier tipo de universalismo los seres humanos  se ubican  en un solo orden en donde las diferencias culturales se excluyen o transcienden. En este sentido, dice Ulrich Beck,  el universalismo es hegemónico. Los otros tienen entrada solo si  los otros se presentan como nosotros,  como la confirmación de uno  o como  el dialogo de lo mismo. Como  cristianos o como capitalista democrático.  Las Casas y Fukuyama representan la desaparición de la diversidad en el proceso civilizador. En el primero, a través del bautismo, en el otro, gracias  a la supuesta superioridad de los valores occidentales.

Europa y Estados Unidos, el auto proclamado mundo civilizado, viven en la proximidad de la diferencia. El miedo que esto produce  nunca han podido ser eliminado y la asimilación, la compulsión al conformismo,  continua siendo una de las políticas de contención preferida. El universalismo occidental, la idea de una humanidad común,  la afirmación global de la libertad y la igualdad,  ha servido, desde la época de la conquista hasta hoy, para limitar el peligro que el otro presenta. Lo curioso es que el impulso democrático de este universalismo inevitablemente tiene que  negar el particularismo étnico… ¿No es esto una  paradoja?… No es posible proclamar la universalidad de los derechos humanos y tener, al mismo tiempo,  una Carta de Derechos musulmana, cristiana,  judía, indígena o asiática.  Para respetar al otro y su historia es imperativo que lo consideremos  miembro de una misma humanidad y no de otra humanidad de segundo o tercer orden. Los derechos humanos infringen los derechos locales, el derecho a aislar la cultura particular de las presiones externas.

 En otras palabras,  si no respetamos la universalidad de los derechos humanos  no  respetamos a las victimas cuyos derechos son violados por la tradición de la cultura local.  Pero,  por otro lado,  si ejercitamos  la responsabilidad global bajo el nombre de intervención humanitaria, entonces,  fácilmente  llegamos a la política neocolonialista… ¿Qué hacer?  Porque la cosa  es esta… enfrentados con los beneficios y riesgos de un mundo globalizado ¿ podemos decir  que los asuntos de los otros son responsabilidad exclusiva de los otros? ¿El genocidio de Ruanda, por ejemplo,  es  solo cuestión de los Ruandaneses o  es una cuestión  que nos concierne? ¿Estamos obligados a elegir entre universalismo y relativismo? ¿Entre remover las protecciones culturales del otro o construir e imponer nuevas protecciones?

El cerco cultural que defiende la tradición étnica tiene como  base  el principio de inconmensurabilidad. Si todo es relativo, entonces todos son de esta manera o de esta otra y no hay puente que las una. Cada uno es como es  y punto.   Universalismo y hegemonía, según esta perspectiva, son dos aspectos del mismo fenómeno que debe rechazarse. La presunción de inconmensurabilidad  justifica el acuerdo de no intervención entre culturas. El problema es que cualquier acuerdo de no intervención eventualmente termina en violencia cuando es imposible no intervenir. Un relativismo estricto es históricamente indefensible, porque no reconoce o distorsiona  las interpenetraciones  históricas de la supuesta inconmensurabilidad cultural. Las fronteras culturales, que el relativismo cosifica, son siempre el proyecto de un tiempo y un lugar particular.

La interpenetración histórica es la norma. La interdependencia global transforma  hoy  día en una  fantasía la idea de mundos separados y  la no intervención en una imposibilidad.  La contrapartida a la inconmensurabilidad es que no hay mundos  separados. Nuestras diferencias se dan en un mismo mundo singular. El contexto global, dice Ulrich Beck,  es variado,  mixto y confuso y la interferencia mutua y el dialogo, por problemático y difícil que sea, son inevitables.  La inconmensurabilidad no lleva a ninguna parte. El debate debiera ser, no si hay,  pero como procedemos con la interferencia,  la mezcla y la confrontación.

Una dosis de relativismo podría servir  aquí de antídoto a la idea de universalismo absoluto que ordena las diferencias jerárquicamente o las disuelve en la política de lo mismo. Que no haya verdad absoluta, no significa que no haya verdad. Significa que la verdad requiere  de  una continua definición contextual.  El relativismo y el pensamiento contextual pueden servir para agudizar nuestro respeto por la diferencia  y hacer que diferentes grupos culturales encuentren atractivo y necesario cambiar perspectivas que  los lleven a incluir y afirmar al otro como diferente y como lo  mismo. Hay hoy día una creciente conciencia en el mundo de que ha llegado el momento de dejar atrás el anacronismo racista y el universalismo ethnocentrico del occidente.  

Si se quiere evitar el particularismo,  no se puede abandonar el universalismo. La cosa es … ¿como  afirmar normas universales  y, al mismo tiempo, evitar el imperialismo político y el triunfalismo religioso? Según Beck,  el contextualismo  puede servir como freno a la cancelación universalista de la diferencia y el universalismo  como freno a la creencia contextualista de la incomparabilidad de perspectivas.  El resultado es una doble negación.  Niega la negación de la diferencia étnica y niega el esencialismo étnico.

En la historia del ser humano  la mezcla de culturas no es una excepción,  sino la norma. La separación de mundos que establece el nacionalismo territorial y el etnicismo son, históricamente hablando, artificiales. Si miramos las grandes migraciones del  amanecer  de la historia tendríamos que decir, en sentido estricto, que  no hay pueblos indígenas. Cada nativo empieza como un extranjero que siempre viene de otra parte.  Lo que no es la norma  es la idea de la homogeneidad nacional, cultural o religiosa  que  pretende mantener la idea como algo eterno.  Llevada a su extremo esta creencia  termina en la pureza racial  o cultural cuya sombra es el genocidio… ¿No será hora de romper con el principio de soberanía nacional,  de considerar que el genocidio  no es una cuestión interna  de la nación, sino un crimen en contra de la humanidad  cuya prevención no es responsabilidad de Estados individuales?

La fuga migratoria que hoy  atraviesa los continentes ha ayudado a desarrollar una nueva auto comprensión que empieza a  desplazar  la biografía centrada étnicamente.  Nómades, diáspora, híbridos, mezcla cultural son  ahora términos que salen de la obscuridad y reclaman su lugar en el ámbito humano.  La pregunta … ¿quién soy? ya no requiere  ir ni a orígenes, ni a tradiciones sagradas,  ni a esencias.

Nieves y Miro Fuenzalida.