Las ruedas
Ardientes
Del
Sol
Incendiaron
Mi
Horizonte
De
Ayer.
Su
Calor
Lo
Mato.
Nieves.
Simone de Beauvoir, en el Segundo Sexo, describe como, después de tener relaciones sexuales, el hombre siente que el cuerpo de la mujer esta plano y flácido y la mujer siente, en paralelo, que el cuerpo del hombre es generalmente poco atractivo, por no decir ligeramente ridículo. Algo que con cierta frecuencia la farsa teatral usa para hacernos reír... ¿pero, es eso a lo que por ultimo queda reducida la relación sexual?
En el momento en que todos hablaban de relaciones sexuales, Jacques Lacan respondió diciendo que realmente no existe tal cosa. En el sexo, cada individuo esta en gran medida solo. Naturalmente, el cuerpo del otro tiene que ser mediado, pero al final, el placer siempre será tu placer. El sexo separa, no une. El abrazo sexual es una representación imaginaria. Lo que es real es el placer que te aleja del otro. Lo real es narcisismo, lo que une es imaginario. Por tanto no hay relación sexual. Pero agrega... si no hay relación sexual en la sexualidad, el amor es lo que llena la ausencia de relación sexual.
No hay que confundir esto, sin embargo, con quienes proclaman que el amor es solo un disfraz de las relaciones sexuales, un lienzo imaginario pintado sobre la realidad del sexo. El amor, si precisamos las cosas, es solo el camuflaje del deseo, algo que la imaginación construye para dar un barniz al deseo sexual. Este es realmente lo único que existe. Por tanto olvídate de todo eso y simplemente hazlo. Para Lacan, por el contrario, el amor es el intento de acercarse al ser del otro. En el amor el individuo va mas allá de si mismo, mas allá del narcicismo. En el sexo, uno esta en relación consigo mismo a través de la mediación del otro. El otro le ayuda a descubrir la realidad del placer. En el amor la mediación del otro es suficiente en si misma. Tal es la naturaleza del encuentro amoroso. Uno va a tomar al otro, a hacerlo existir uno, tal como es. El amor no puede ser, y de hecho no es, un mero manto para el deseo sexual o una estrategia química sofisticada para asegurar la supervivencia de la especie que, por ultimo, no vale la pena que exista, como decía Schopenhauer.
A primera vista, entonces, pareciera ser que el amor es lo que la imaginación emplea para llenar el vacío creado por el sexo. El sexo por esplendido que sea, y ciertamente lo es, termina en un cierto vacío. De ahí que requiera de una constante repetición. Hay que empezar una y otra vez. Pero luego el amor descubre de que algo existe en ese vacío, de que los amantes están unidos por algo mas aparte de esa relación que no existe. El deseo, primero, se centra en el otro, de una manera un tanto fetichista, en objetos particulares del cuerpo de la pareja. El amor, en cambio, se centra en el ser mismo del otro, en el otro tal como ha irrumpido en nuestra vida. Una irrupción que completamente trastoca nuestra existencia. Y por eso no es extraño que Zizek diga que el amor es una catástrofe, una enfermedad loca que arruina la vida, pero que en algún sentido descubre el verdadero ser que hace que la vida valga la pena de ser vivida. Es la clásica imagen de Eros disparando la flecha de Cupido que, cuando uno menos lo espera, cuando uno va tranquilamente viviendo la vida día a día, el disparo del amor llega justo en medio del corazón. La idea aquí es que uno no encuentra el amor sino que el amor nos encuentra de súbito, cuando uno no siente su necesidad. Y es por eso que aparece como un desastre porque de pronto rompe y trastoca completamente el equilibrio de nuestra vida. Cuando uno esta enamorado las cosas que solían dar alegría ahora dejan de tener el mismo atractivo porque la atención esta constantemente dirigida hacia esa otra persona. Es algo así como pasar de estar bien a no estar bien, a menos que uno este con esa persona. Es lo que comúnmente llamamos infatuación o amor ciego, que todavía no entra necesariamente en el ámbito del amor. La diferencia es que la infatuación es relativamente segura, no tienes que actuar sobre ella, algo que permite mantener el amor alejado, como cuando, por ejemplo, alguien se enamora de una celebridad o de una persona que mantiene a distancia. Aquí uno puede disfrutar la idea del amor sin tener necesariamente que actuar sobre el y correr la posibilidad de ser rechazado. El amor, en cambio, es lo que interrumpe la unidad y seguridad de la infatuación al revolucionar fundamentalmente la manera en que uno estructura la vida interior. Llevábamos, por ejemplo, una vida en la que las coordinadas que nos guiaban nos aparecían claramente, sabíamos lo que teníamos que hacer, sabíamos que era lo correcto y que no lo era y sabíamos como gobernarnos. Y de pronto esta revolución interna coloca todo de patas arriba y empezamos a vivir entre ese nebuloso estado en el que ya no somos y aun no sabemos que vamos a ser.
Es en este sentido en el que el amor es un desastre, pero un bello desastre que abre la puerta hacia un mundo diferente. Un mundo que se vive desde el punto de vista de dos y no de uno. Como dice Badiou, un mundo que se vive, se desarrolla y se siente desde el punto de vista de la diferencia y no de la identidad. Un proyecto que incluye no solo el sexo, pero mil cosas mas. Digamos, la construcción de un mundo desde un punto de vista descentrado y distinto al de mi mero impulso de sobrevivir o reafirmar mi propia identidad. Dos figuras, dos posturas interpretativas diferentes que inicialmente separa y disloca. El amor siempre implica Dos, escena que interrumpe lo Mismo a favor de lo Otro. Y esta es una riesgosa y nueva manera de experimentar y ver la vida. En la concepción romántica del amor, el amor se enciende, consuma y consume simultáneamente en el encuentro, en ese momento mágico que se siente como si estuviéramos fuera del mundo tal como realmente es. Algo así como un milagro o intensidad existencial que nos saca de nuestro lugar. Cuando las cosas suceden de esta manera, sin embargo, no estamos presenciando la “escena de Dos”, sino la “escena de Uno”. Una interpretación artísticamente hermosa, pero que existencialmente es bien deficiente. Un mito artístico poderoso, ciertamente, pero no una genuina filosofía del amor. No podemos reducir este solo al encuentro y relación introspectiva de dos personas porque el amor es una construcción a través del tiempo. Después de todo el amor ocurre en el mundo. Lo notable no es el éxtasis del comienzo, por muy maravilloso que sea, sino su tenacidad. Renunciar ante el primer obstáculo, el primer desacuerdo serio, la primera pelea es solo distorsionar el amor. La experiencia amorosa verdadera es la que triunfa duraderamente, a veces dolorosa y trágicamente, sobre los obstáculos erigidos por el tiempo. De lo que surgió como una mera casualidad se extrae algo que perdura y persiste. En breve, un compromiso, una fidelidad, algo que el filosofo francés André Gorz, editor de “Les Temps Modernes”, resume maravillosamente en la carta a su esposa Dorine... “Pronto tendrás ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, pesas solo cuarenta y cinco kilos y, sin embargo, estas bella, graciosa y deseable como siempre. Ya llevamos cincuenta y ocho años viviendo juntos y te amo mas que nunca. En el hueco de mi pecho puedo sentir de nuevo ese vacío devastador que solo puede ser llenado por el calor de tu cuerpo contra el mío”. Frente a esto las historias románticas guardan silencio.
Pero, después de todo... ¿no será que esta experiencia radical que la tradición histórica reconoce esta amenazada o, incluso, muerta, en un mundo en donde prevalece el individualismo egoísta narcisista y los valores del mercado? Esto es lo que justamente el filosofo coreano Byung-Chul Han teme. Hoy día, dice, el amor se esta convirtiendo en sexualidad y, por la misma razón, se lo esta sometiendo a un mandamiento de actuación. El sexo significa logro y rendimiento. Y la sensualidad representa un capital que se debe incrementar. El cuerpo, con su valor de exhibición, se ha convertido en una mercancía. Y cuando el Otro se percibe como un objeto sexual, la “distancia primordial” se erosiona. El Otro como objeto sexual ya no es un “Tu”. Es imposible tener una relación con el y la habilidad de experimentar al Otro en términos de su alteridad se pierde. El amor, en estas circunstancias, se convierte entonces solo en una formula para el disfrute y la generación de sentimientos placenteros. Ya no representa una trama, una narración o un drama, sino solo una emoción y una excitación intrascendente, incompatible con el alejamiento y la demora del Otro.
El filosofo humanista y sacerdote católico Marsilio Ficino, durante el Renacimiento italiano expreso que el amor es la “enfermedad erótica mas grave de todas”, un cambio que “quita al hombre lo que es suyo y lo transforma en la naturaleza de otro”. Bueno, don Marsilio, en realidad hoy no tenemos que preocuparnos mucho de eso. Gracias a los sitios de citas Meetic se puede conseguir “El amor sin azar” o, mejor aun, “El amor perfecto sin sufrir”. Nada de éxtasis, solo “Enamórate sin enamorarte”. Y los consejeros y entrenadores del amor ofrecen test de compatibilidad para evitar todo tipo de peligros. La elección de la pareja cuidadosamente buscada en el Internet con una foto, detalles de sus gustos, fecha de nacimiento y signo del horóscopo, toda una mezcla que ofrece una opción sin riesgo.
La herida y transformación que constituyen la negatividad del amor, hoy, a través de su creciente positivización y domesticación, esta desapareciendo por completo y en su lugar solo se busca la confirmación de si mismo en el Otro.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Las palabras
De
Mis versos
Se
Descuelgan
De
Mi cuaderno
Como
Saltisbanquis
Del
Circo
Vital.
Quieren
Bailar
Tangos
Apasionados
Con
Los lápices
Y
Tomar
Un café
Con
Sus amigas
Las comas
Y
Sus amigos
Los puntos suspensivos
En
El gimnasio
De
La lirica
de
la imaginación.
Nieves.
La verdad no es que haya desaparecido, sino que, al parecer, todavía no ha aparecido. Si crees que tu existencia depende de tu habilidad de verte a ti mismo como único, auto suficiente, distinto de los demás y como poseedor de tus propias decisiones, pensamientos y autocontrol y libre de las estructuras es, según los nuevos magos teóricos del posmodernismo, una creencia ilusoria, una pura fantasía de la ideología liberal y humanista.
Esto no debiera sorprendernos demasiado porque ya a principios del siglo pasado Freud y luego el psicoanálisis describieron como los sujetos habitan precariamente una gama de posiciones, adoptando a veces roles particulares debido a su historia personal o a la acción de otros, lo que muestra que no estamos completamente en control. Foucault fue un paso mas allá, al considerar que el sujeto, digamos tu y yo, somos un simple efecto de poder. La tendencia en general en el posestructuralismo es la de ver al sujeto como el efecto de una estructura en lugar de verlo cómo su fuente u origen. El sujeto no habla y no es el origen del sentido, sino quien habla es la Ley y la Cultura. La deconstrucción posmoderna de las grandes narrativas no dejo intacta la mas grandiosa de todas ellas, la del Sujeto mismo. Si las pretensiones de verdad objetiva son una narrativa que debe ser disipada, igualmente la subjetividad es un mito. Si se cuestiona el fundamento objetivo y singular, también debe cuestionarse el Sujeto singular y unificado.
Algo parecido encontramos también en el análisis ideológico marxista del siglo pasado al restarle importancia al sujeto al enfocar su interés primordialmente en grupos o clases de individuos y por su interés en la construcción de la subjetividad individual a través de las acciones de instituciones como el estado. Sin embargo, a pesar de ello, el análisis ideológico todavía conserva la noción de sujeto individual capaz de resistir las presiones ideológicas y controlar sus acciones. La teoría del discurso, en cambio, tiene mucho mas dificultad para localizar, describir y dar cuenta del sujeto individual que resiste al poder. Si el sujeto es solo el efecto de discursos dominantes... ¿de donde, entonces, podría venir la resistencia al poder? ¿Será esta la razón de que las revoluciones fallan?
Si consideramos que el individuo no existe antes que la sociedad y que esta no es un contrato entre individuos plenamente constituidos, entonces la idea de que el Sujeto debe su existencia enteramente al orden social, de que es un efecto social contingente, entonces la idea de que la subjetividad es parcial, en lugar de ser universal, se nos aparece mucho mas probable. Aquellos que la sociedad se digna ennoblecer como “Sujetos” resultan ser una casta estrecha y particular de individuos que excluye otros sectores como las clases bajas, las mujeres, los no europeos, los pueblos originarios y otros. Que el sujeto esta históricamente y socialmente limitado es incuestionablemente cierto.
¿Pero, se sigue de esto que el sujeto es meramente una ilusión o que el estatus de la subjetividad debe ser abolida? Si recordamos bien, Marx criticó al Sujeto burgués por sus limitaciones, pero no pretendía abolir por completo al Sujeto histórico. El reemplazo la vieja pareja individuo/esencia humana en la teoría de la historia por nuevos y apropiadamente impersonales conceptos como fuerzas de producción, relaciones de producción, infra estructura, súper estructura, etc. pero sin la intención de borrar la agencia humana, sino resaltar las barreras para su plena realización.
Es esta creencia de una agencia humana reprimida por el sistema la que esta en cuestión. Si consideramos que el Sujeto no existe antes que la sociedad... ¿como entonces nos convertimos en sujetos? Si tengo ciertas opiniones políticas, si me comporto de cierta manera, si tengo ciertas preferencia de comida y un numero de prejuicios ¿como llego a tener esas opiniones, comportamientos y preferencias?
Althusser, desprendiéndose del lado humanista de Marx, enfatiza la idea de que la creación del Sujeto es producto de una imposición desde fuera, de instituciones como la familia, la iglesia, la escuela, el estado, los medios de comunicación e, incluso, de parte de uno mismo que inscriben en uno una identidad dada, idea que retoma Foucault en su relato histórico de la formación del Sujeto moderno modelado por la prisión, las escuelas y los hospitales que disciplinan los cuerpos a través de técnicas de vigilancia y entrevistas. Una institución educativa, por ejemplo, constituye un bloque de capacidad, comunicación y poder. La actividad que asegura el aprendizaje y la adquisición de aptitudes o formas de comportamiento se desarrolla por medio un conjunto de comunicaciones reguladas por lecciones, preguntas y respuestas, ordenes, exhortaciones, signos codificados de obediencia, marcas de diferenciación del valor de cada persona y de los niveles de conocimiento, además de toda una serie de procesos de poder tales como encierro, vigilancia, premio y castigo y jerarquía piramidal. El poder, según esto, produce realidad, dominios de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento se producen a través de el. A nivel operativo la maquinaria del poder es operada por personas que actúan consciente e intencionalmente. Pero, a nivel estructural, es la maquinaria la que dicta las reglas, las técnicas, la racionalidad, los fundamentos y los objetivos del poder, sin respeto por la autonomía de las subjetividades o individualidades. En este nuevo siglo las tecnologías digitales, por ejemplo, tienen el potencial de despojar a los humanos de su autoridad y traspasarla a la inteligencia artificial. La voluntad humana, que se supone nos define, impulsa a desarrollar tecnologías que pueden controlar y rediseñar la voluntad. Una vez que tengamos ese control, la voluntad pasaría a ser solo otro producto diseñado. En ese momento... ¿podríamos decir que la voluntad y experiencia humana son la fuente suprema de autoridad y significado?
Judith Butler, igualmente, escribe que el poder se nos impone y, debilitados por su fuerza, llegamos a internalizar o aceptar sus términos. El poder, que primero aparece como externo, presionado sobre el sujeto, empujando al sujeto a la subordinación, asume una forma psíquica que constituye la identidad propia del sujeto. Es la internalización del discurso del poder lo que crea el Sujeto. La sujeción consiste precisamente en esta dependencia fundamental de un discurso particular.
La creencia modernista de que somos los autores de la historia, capaces de colocarnos por encima de los eventos corrientes y racionalmente dirigir nuestras conductas hacia el futuro se aparece como una ficción bastante dudosa, especialmente si miramos como hoy la historia se orienta directamente hacia el abismo, fuera de control y de que, incluso, carecemos del deseo de desviarla hacia rutas mas seguras.
La critica de la subjetividad, como vemos, al comienzo se mueve tentativamente. Pero luego, al ver que hay poca resistencia, se precipita hacia delante, empujando mucho mas fuerte, hasta que la débil perspectiva de ayer se convierte en la perspectiva establecida de hoy. Así llegamos a la idea de que puesto que no hay nada pre determinado o natural sobre el yo, cualquiera de sus decisiones o características podrían ser fabricación de las estructuras, las tecnologías o los aparatos del poder.
El dilema de si es realmente el yo quien decide no carece de sentido. El tener una plena comprensión de las fuerzas que nos dan forma nos permite colocarlas bajo la luz del pensamiento critico. Lo que nos revela, sin embargo, puede percibirse como un peligro nihilista al descubrir que si no somos la fuente del yo, que es lo que hace que la vida valga la pena, podemos perder la adherencia a los principios y valores fundamentales que nos dan sentido, porque ahora los percibiremos como algo impuesto desde fuera.
Si el yo es un artefacto del poder, incluso cuando creía que resistía con éxito al poder... ¿quiere decir entonces que somos conejillos de india humanos en el gran laboratorio social en el que los poderes facticos experimentan con juegos, medios, lenguaje y herramientas de represión fascista?
Esta es la paradoja... la subjetividad parece mas o menos establecida hasta que ella se detiene a si misma para preguntarse como puede ser que el sujeto, tomado como condición e instrumento de la agencia, sea al mismo tiempo el efecto de la subordinación, entendida como la privación de la agencia. La pregunta obvia que esto plantea es ... ¿desde donde, entonces, habla el critico? Por supuesto, no desde una posición libre de las ideas, practicas y presiones institucionales que esta analizando. El critico, según Foucault, no pretende hablar desde una posición de “verdad”. Es perfectamente consciente del hecho de que el mismo, como sujeto, solo puede hablar dentro de los limites impuestos por los entramados discursivos que circulan en su época. Pero esto no quiere decir que no sea posible ser critico. Solo quiere decir que hay límites para lo que se pueda pensar y, en particular, que hay limites para lo que se pueda clasificar como “cognoscible”.
El hecho es que, a pesar de que nuestro destino colectivo no contiene ninguna promesa de liberación de los efectos de los aparatos de poder, la gente se rebela, siendo así como la subjetividad entra en la historia... las mujeres arriesgan su seguridad luchando en contra del poder patriarcal, el homosexual en contra de la humillación y discriminación, el convicto arriesga su vida para protestar del castigo injusto y uno que otro pueblo rechazan el régimen que los oprime. Sin embargo, esto no asegura el mañana prometido.
Lo que esta narrativa posmodernista sugiere es que la persona es el punto en donde distintos discursos convergen, en lugar de ser la expresión de una esencia o centro interno. La identidad personal, mas que ninguna otra cosa, es una interpretación basada en una subjetividad culturalmente construida. Esta noción nos libera del esencialismo. Pero... también nos libera de nuestra propia autonomía.
Nieves y Miro Fuenzalida.
En
Un estacionamiento
Clandestino
De
La imaginación
Guardo
Mi bicicleta
Que
Pedalea
Buscando
Palabras
Para
Escribirlas
En
Cuadernos
De
Lluvias
Con
Paraguas
De
Lápices
Azules.
Nieves.
La muerte acecha, siempre a la espera, quitando y destruyendo todo lo que mas amomos, dejando en su lugar una permanente secuela de sufrimiento y amargura. Y, sin embargo, por mucho que queramos que nuestra vida y la de quienes amamos siga, no solo en el próximo futuro sino por siempre, tenemos la trágica sospecha de que esto no es posible y que la inmortalidad no seria una buena cosa, después de todo.
No es raro encontrar en los escritos y comentarios teóricos la idea de que la búsqueda de la inmortalidad es el “fundamento del logro humano, la fuente de la religión, la filosofía, la arquitectura de las ciudades y el impulso detrás del arte. Una idea enraizada en nuestra naturaleza y su resultado es lo que llamamos civilización”. Al parecer, por lo que podemos observar, ninguna civilización ha sobrevivido sin una narrativa de inmortalidad, cualquiera que esta sea. Y hay varias.
Por debajo de la aparente diversidad de historias acerca de cómo podemos lograr la inmortalidad el filosofo ingles Stephen Cave describe cuatro creencias básicas que la especie humana ha seguido a través del tiempo y cada uno de nosotros, lo sepamos o no, acepta una u otra o una mezcla de ellas.
La mas elemental, por supuesto, es mantenernos vivos. Todo lo que un ser vivo hace, desde el mas simple al mas complejo, esta dirigido hacia este objetivo. Es el requisito previo de todo lo demás. La roca pasivamente se erosiona con el paso del tiempo. Los organismos en cambio luchan con todo su ser en contra de los elementos, los depredadores y el desorden que caracteriza al universo. La “voluntad de vivir” es su esencia, el deseo de continuar indefinidamente. Y esto, en gran medida, explica lo que hacemos con eso que llamamos civilización, producto de nuestro poderoso intelecto que nos separa del resto. Pero es este mismo intelecto el que inexorablemente nos lleva a la fatal conclusión de que, al igual que todos los otros seres, debemos morir eventualmente. Estamos condenados a perder y sabemos que la segadora nos cortara la vida, no importa lo que hagamos. Y sin embargo, a pesar de ello, no podemos imaginar ese estado de no existencia. Paradójicamente sabemos que estamos condenados a desaparecer y, sin embargo, no podemos imaginar que realmente no existamos. Podemos visualizar nuestro propio funeral o, tal vez, el vacío obscuro en el cual vamos a caer, pero todavía estamos allí, observando, con un ojo que visualiza. El mismo acto de imaginar convoca a algo así como a un ser virtual. No es posible que el que activamente esta imaginando, imagine la ausencia del que esta imaginando. Cada vez que tratamos percibimos que en realidad todavía estamos presentes. Curiosamente, la muerte se nos presenta, entonces, como inevitable e imposible. Esta es, según Cave, la Paradoja de la Mortalidad y su resolución es lo que da forma a las narrativas de la inmortalidad y, por tanto, a la civilización.
Esta contradicción que esta en el centro de la condición humana, por su mayor parte, no nos paraliza porque nos contamos historias que nos ayudan a darle sentido a nuestra realidad existencial y nos protegen o distraen del terror de la finalidad prometiéndonos inmortalidad. Mantenerse vivo indefinidamente es la continuación de mantenerse vivo aquí y ahora, una lucha constante por la sobrevivencia que se prolonga sin fin, comenzado con el alimento, el albergue y la defensa y continuando con la búsqueda del elixir mágico que nos liberara de nuestro miedo mortal. Con el advenimiento de la Ilustración, la fe en la razón y el método científico la esperanza de vida dio un salto significativo alcanzando un promedio de 80 años en la mayoría de los países de Occidente. Uno de los grupos mas prominentes en la versión contemporánea de la narrativa de Mantenerse Vivo es el de los transhumanistas que creen que estamos entrando en una etapa de transición, evolucionando de simples humanos a seres pos humanos inmortales. Aunque la tecnología esta todavía en su infancia, particularmente la genética, la nano medicina, la nano tecnología y la habilidad de remodelar nuestra materia gris, eventualmente, según los futuristas, vamos a llegar a un punto en donde los humanos y su tecnología se volverán efectivamente indistinguibles y súper inteligentes. Si duplicamos la esperanza de vida una vez, dicen, podemos hacerlo una y otra vez. Pero esto no es tan sencillo como parece. No se trata tanto de vivir mas sino de morir mas lentamente. El envejecimiento no tiene una solución fácil.
Si morimos, a pesar de toda esta tecnología futurista, tal vez la opción que nos queda es la de poder resucitar... ¿cierto? Tal vez hay una segunda vez y en esta segunda vez nos transformamos en algo eterno. Y es esta creencia la que por miles de años ha dado esperanza a innumerables personas. Para los resurreccionistas la muerte es solo el comienzo y un día podremos resucitar para vivir de nuevo. Paul, en el nuevo testamento afirma que Jesús al morir en la cruz y resucitar en el tercer día y ascender al cielo ha vencido a la muerte, no solo para el, sino para toda la humanidad. En su segunda venida resucitaremos con cuerpos físicos reales, esos mismos que conocemos ahora, pero mejorados e imperecederos. La resurrección, a diferencia de otras creencias, esta centrada enteramente en el cuerpo y es la expresión central de la fe cristiana. La mitad de la población mundial oficialmente la suscribe, aunque en la realidad la cifra es mucho menor, porque a pesar de su atracción inicial, la idea de una resurrección física es bien problemática. Si los mismos átomos fueran parte de dos seres humanos en diferentes momentos, como en el canibalismo o trasplante de órganos, por ejemplo, ¿como volver a ensamblarlos? Si el cuerpo resucitado esta ensamblado y hecho de las mismas partes que el anterior, puede que este sea viejo, marchito y senil. Si recibimos un cuerpo glorioso e incorruptible, como promete Pablo, este seria diferente y, por tanto, mas un reemplazo que una resurrección. Y por si esto no fuera suficiente tenemos el problema de la duplicación. Reemplazamos aproximadamente el 98% de nuestros átomos cada año lo que implica que Dios podría recomponer no solo el tu actual, si ahora mueres, sino también el tuyo de cinco años, con lo que terminamos con dos diferentes versiones de ti. O con dos copias de ti.
Los que ya no esperan la segunda venida y la resurrección han echado mano a la creencia en la eternidad del alma. Como dice Cabe, el alma cierra la brecha entre este mundo y el próximo y mantiene una parte esencial de nosotros fuera de la tumba, incluso cuando nuestros cuerpos fallan. Una esencia espiritual inmortal que funciona independientemente de su marco carnal. Una hipótesis intelectual y emocionalmente satisfactoria en todo el mundo, incluyendo el secular y científico, capaz de proveer al creyente con una importancia cósmica individual, a pesar de que ha estado bajo constante asalto por parte de biólogos, psicoanalistas, decontruccionistas, conductistas y neurocientíficos. La fantasía de que somos parte ángeles y parte brutos llego a su fin con la revolución darwiniana que concluye que no somos parte ángeles y parte brutos, solo brutos. El alma se supone ser inmaterial, pero es un misterio cómo esta alma inmaterial puede relacionarse con un cuerpo material. La comprensión biológica moderna de cómo funciona la vida, desde los organismos a los órganos que lo componen, desde las células mas diminutas hasta el ADN, no dejan lugar para sustancias inmateriales. Y cada vez mas la evidencia neurológica sugiere que todos los aspectos de la mente y la personalidad dependen del cerebro. Las técnicas conocidas como neuroimagenes, por ejemplo, permiten estudiar de cerca las correlaciones entre el pensamiento y la materia física y ellas muestran que cada proceso mental va acompañado de un proceso cerebral. La idea de que la consciencia, la mente o el alma pueden sobrevivir la muerte del cuerpo es difícil de sostener si pensamos que si algo nos golpea la cabeza con suficiente fuerza nos deja inconscientes... si es algo completamente inmaterial ¿por qué no sobrevive a un simple golpe en la cabeza?
Pero si no es el alma la que sobrevive puede que sea, entonces, algo diferente, algo así como la impresión que dejamos en el mundo, nuestro legado cultural o biológico que no requiere la sobrevivencia del individuo para lograr la inmortalidad. Su influencia la encontramos por todas partes ya sea en el arte, la política, la ciencia, el deporte o la cultura popular. Si las otras narrativas de la inmortalidad son callejones sin salida esto es lo mejor a lo que podemos aspirar. Y quienes siguen este camino valoran mas la fama que la felicidad, el amor, la riqueza e, incluso, la vida misma porque creen que les abre la vía a una existencia que va mas allá de la carne.
Compartimos el mundo natural con todos los otros seres, pero el mundo simbólico es único, algo que nosotros creamos y en el que podemos lograr la permanencia que anhelamos. Y si esto no esta al alcance de todos nos queda siempre el consuelo de que podemos seguir viviendo en nuestros hijos y perpetuarnos a nosotros mismos en el futuro. La creencia de que estamos conectados de una manera profunda nos convierte, en un sentido crucial, en el mismo ser. Una rama o alargamiento del padre y la madre. Pero esto no es lo mismo que la continuación de nuestra consciencia. Seguimos siendo seres conscientes separados. Y eso tiene poco que ver con el intento de vivir para siempre.
¿Podemos vivir sin una narrativa de la inmortalidad, sin el confort de sus imágenes positivas acerca del mas allá? Vivir sin la promesa de la inmortalidad, dice Cave, se nos presenta como una terrible fe y un peligro para el vigor y supervivencia de la nación y la civilización. Pero no tiene que ser así. Hay cierta correlación entre el foco obsesivo en la vida eterna y la voluntad de aceptar la injusticia que reina en el mundo. El cristianismo medioeval, por ejemplo, enseño a sus súbditos explotados a apartar la vista de la miseria de sus vidas y soñar en su lugar en el paraíso futuro, lo que Nietzsche llamo la “moral de esclavo”. La alternativa al mas allá siempre ha sido, desde los albores de la civilización, la creencia de que la finitud le da valor a la vida, aunque venga con el miedo a la muerte. La sabiduría es encontrar la forma de aceptar y de vivir con el hecho de la mortalidad. Todo lo que podemos conocer es la vida y al aceptar que es finita, también podemos saber apreciarla.
Nunca experimentamos la propia muerte porque ya no estamos ahí para sentirla. Solo nos golpea cuando nos roba aquello que mas amamos y frente a ello no hay consuelo.
Nieves y Miro Fuenzalida.
Los libros
Tejen
Sus bufandas
De
Palabras
Con
Los palillos
De
La imaginación
Y
Con
Las lanas
De
Tintas
Secas
De
Un lápiz.
Nieves.