Sunday, September 15, 2024

La encrucijada humana

 

El historiador ingles Arnold Toynbee advirtió en el siglo pasado que la humanidad se enfrentara a una crisis existencial que pondrá a prueba  nuestra capacidad de sobrevivencia. En la era atómica, dice, tendremos que elegir entre la unificación política o el suicidio en masa. La persistencia en los hábitos de “sentimientos de división” es el mayor obstáculo para lograr la “unificación mundial”. Pero, dice, así como adoptamos nuevos hábitos, también podemos modificar o abandonar los viejos, incluso los mas arraigados y reemplazarlos por uno de acción común a escala mundial mediante la creación de alguna forma de Estado o Autoridad Mundial limitada que estaría facultada para actuar en el interés común con el poder para controlar la energía atómica y administrar la producción y distribución de alimentos. En este siglo podríamos nosotros podriamos agregar el cambio climático.

 

Las circunstancias globales que creamos con los avances tecnológicos eventualmente nos obligaran a someternos a esta Autoridad Mundial como la única esperanza de salvación frente a la amenaza de extinción. Los temores y reacciones instintivas en contra de una Autoridad Mundial, que podría convertirse en una burocracia centralizada draconiana, pueden aminorarse al establecer limites claramente definidos a su autoridad que solo podría ejercer en aquellas áreas estrictamente necesarias para la auto conservación humana. Aquí, el consentimiento y la cooperación mutua serian clave. Cualquier intento de imponer la unidad política por la fuerza seria ineficaz y solo conduciría al resurgimiento del nacionalismo. Toynbee creía que este Estado Mundial seria probablemente federal en la que unidades anteriormente independientes se unirían voluntariamente, pero preservando su identidad y autonomía para actuar localmente. Su logro dependería en gran medida en algún tipo de acuerdo sobre que constituye el bien y el mal o, dicho de otra manera, de la adopción de un conjunto compartido de valores morales que sirvieran para armonizar  las distintas herencias sociales y culturales que han evolucionado independientemente a lo largo de la historia. Sin ello, seria bien difícil lograr la integración humana.

 

Dada la obvia diversidad moral del mundo contemporáneo... ¿cuál seria, entonces, la base para lograr un acuerdo sobre valores humanos elementales?

 

Sartre, en su ética existencialista, especialmente en su ultimo periodo, propone la base para una ética humanista. El intento, dice, es evitar el dilema entre una ética que es el resultado de subestructuras particulares que adolece totalmente de principios morales generales  y otra tan general y carente de contenido que solo ofrece un esbozo universal abstracto de un ser humano ideal que, en el fondo, es irrelevante para seres humanos reales que existen en circunstancias concretas. Para ello lo mejor para evitar este dilema es centrarse en “la estructura ontológica común” presente en toda experiencia moral.

 

Toda norma, imperativo o valor se experimenta como una obligación, sin importar las circunstancias o condiciones en que se da, lo que significa que la persona tiene el “poder interior” para determinar y crear su comportamiento futuro y, por tanto, ser libre del dominio de los factores externos. La verdadera meta o imperativo de los oprimidos, de la historia y de toda la praxis humana es la humanidad integral, porque hay algo profundo dentro de la estructura de los seres humanos que hace que así sea. Es en la profundidad mas profunda de la realidad humana, digamos en su animalidad o carácter biológico, donde encontramos las raíces de su condición ético-históricas. Las necesidades obviamente exigen ser satisfechas, lo que implica que  nuestro futuro normativo es la realización del organismo humano, un fin que no seleccionamos libremente, sino que esta “inscrito” en nuestras necesidades. Y son las necesidades las que revelan mi dependencia de otros seres humanos y sus praxis y la fuente del carácter incondicional de las normas morales. No importa cuan variable sea su contenido particular, todo sistema moral posee un carácter normativo incondicional, no porque este arraigado en algún absoluto eterno sobrehumano, sino porque concretamente esta arraigado en las necesidades humanas presentes en todo tipo de condiciones, por diferente que la cultura o la sociedad sean. Una moral radical solo puede provenir de  ellas. Esta es la “condición humana universal”, miembros de la misma especie, cuyo objetivo ultimo es el cumplimiento, no solo  de los requerimientos corporales básicos, sino también la necesidad de amor, conocimiento y vida cultural para llegar a ser plenamente humano. La humanidad integral

solo podría lograrse cuando los seres humanos se unan para controlar y proteger las condiciones naturales y sociales que hacen posible satisfacer universalmente estas necesidades comunes. Este es el criterio que permite distinguir entre moralidades verdaderas y alienadas.     

 

En realidad, este llamado a la unidad o integración humana no es nuevo. Lo hemos venido escuchando desde la antigüedad con el Buda y Jesucristo, siguiendo con Marx, Martin Luther King y Mandela, entre muchos otros y nada ha ocurrido, a pesar de la rápida desintegración de países y sociedades debido a la polarización que empieza a desgarrar el tejido de la sociedad global, cuya expresión mas extrema la encontramos en el genocidio de los grupos étnicos mas vulnerables... ¿por qué, en lugar de construir la hermandad humana, continuamos discriminándonos, demonizándonos y destruyéndonos unos a otros? 

 

La  psicología social puede proyectar alguna luz aquí. En 1960 el psicólogo polaco Henri Tajfel condujo una serie de experimentos que dividían a las personas en dos grupos completamente arbitrarios. En uno de ellos cada individuo estimo la cantidad de puntos en una pagina. Independientemente de sus estimaciones, a la mitad se les dijo que habían sobreestimado el numero de puntos y se les incluyo en un grupo de “sobre estimadores”. La otra mitad fue enviada al grupo de los “sub estimadores”. A continuación, se le pidió a los sujetos que distribuyeran dinero a todos los participantes de ambos grupos. El resultado fue que, no importa cuan triviales o mínimas fueran las distinciones entre grupos, la gente siempre tendía a distribuir mas dinero a favor de los miembros de su grupo. 

 

Posteriormente, aprovechando el surgimiento de las nuevas tecnologías, el neurocientífico David Eagleman utilizo imágenes de resonancia magnética para examinar el cerebro de las personas que miraban videos de las manos de otras personas pinchadas con una aguja. Cuando la mano pinchada con la aguja fue etiquetada con la religión del participante, el área del cerebro del observador mostro un aumento mayor de actividad comparada con la mano que tenia una etiqueta con una religión diferente. Incluso, cuando grupos arbitrarios fueron creados, como en el experimento anterior, los resultados fueron similares. No gran sorpresa... ¿cierto? Algo que indica, como ya sospechábamos, que la mente humana esta preparad para el tribalismo.

 

A finales del siglo XIX y comienzos del XX el sociólogo francés Emile Durkheim planteo la idea de que los grupos y comunidades eran similares a organismos. Las entidades sociales, dice, poseen la necesidad crónica de mejorar su cohesión interna y su sentido compartido de orden moral y, en este sentido, el  ser humano es un ser doble o, como el dice, “homo dúplex”. Como individuos, en nuestra vida ordinaria o “profana” perseguimos objetivos cotidianos. Pero también tenemos la capacidad de acceder temporalmente a un plano colectivo superior o “sagrado” que experimentamos como ‘efervescencia colectiva” o “electricidad” social que se genera cuando un grupo se reúne y logra un estado de unión o fusión colectiva. A lo largo de  los días las personas transitan entre estos dos niveles. La función de los rituales religiosos, los festivales colectivos y las marchas militares, al estilo de Hitler, es la de atraer a la gente al nivel colectivo superior y vincular al grupo para luego devolverlo a la vida diaria con su identidad grupal y lealtad fortalecida. Los rituales en donde se baila y canta al unísono son particularmente poderosos.

 

Esta teoría Durkheimiana ayuda a entender en cierta medida los repentinos estallidos de violencia moralista, religiosa, ética  o racial que tanto nos desconciertan. Ya sea el Reino del Terror durante la Revolución Francesa, los juicios estalinistas, la exterminación de los judíos y gitanos en la Alemania de Hitler, la persecución política de McCarthy en Estados Unidos, la Revolución Cultural China de Mao Tse Tung, el genocidio de la minoría Tutsi perpetrado por el grupo étnico Hutu o la persecución de los inmigrantes que hoy vemos, entre tantas otras, el fenómeno es el mismo. La comunidad se moviliza intensamente para deshacerse del enemigo interno.

 

No solo los individuos compiten unos con otros dentro de cada grupo, sino que también los grupos compiten con otros grupos y, con frecuencia, violentamente. El tribalismo es nuestra herencia evolutiva que hizo posible la cohesión social. Fusionarse con el grupo es algo profundamente placentero. Así nos unimos estrechamente y defendemos nuestra identidad simbólica y dejamos atrás el  pensar por nosotros mismos. Su moral colectiva nos ata y ciega y nos prepara para la batalla de “nosotros “en contra de “ellos”. Un estado tribal que  impide ver los argumentos que desafían la narrativa grupal. Narrativa que ciertamente ha imperado a través de toda la historia y continua en nuestros dias con la misma o mayor energía  letal.   

 

El reconocer la fuerza cohesiva del tribalismo no significa que tenemos que vivir de manera tribal. Siempre podemos hacer algo mas de lo que hemos hecho y no estamos obligados a continuar reproduciendo las estructuras mentales que nos impiden lograr la unión humana. Como humanos siempre tenemos la capacidad de elegir algo diferente, de trascender nuestra situación y proyectarnos hacia el futuro, rasgo que nos distingue del resto de la creación.  

 

Y, sin embargo, hasta el momento nada nos ha hecho cambiar. Si la creciente cascada de crisis globales que incluyen guerras intratables, atrocidades masivas contra los derechos humanos, la proliferación nuclear, el cambio climático, la degradación ambiental, la creciente desigualdad entre ricos y pobres, los episodios recurrentes de inestabilidad financiera global y los crecientes riesgos de epidemias no nos han obligado a elegir un rumbo diferente... ¿qué lo hará?

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

 

 

 


Sunday, September 8, 2024

Disputando una estrella olvidada


Caminando

Por

El viento

Me encontré

En

Medio

De

Una disputa

De

l.a madrugada

Con

el atardecer

que

peleaban

por

una estrella

que

se

olvido

apagar

la noche. 

 

Nieves.


Sunday, September 1, 2024

Lo extraño

 

El Gobernador de Minnesota Tim Walz, candidato demócrata a la vicepresidencia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, se refirió a sus oponentes republicanos como “gente rara” y, desde entonces, el apodo se ha mantenido vigente y transformado en parte de la campaña publicitaria. Trump respondió... “Ellos son los extraños. Nadie nunca me ha llamado extraño. Puedo ser muchas cosas, pero raro no soy”. Y el candidato a la presidencia en las primarias del partido republicano, Vivek Ramaswamy, escribió en X que los insultos extraños “son un poco irónicos viniendo del partido que predica diversidad e inclusión”.

 

Todos presumimos que el termino tiene una connotación bien  peyorativa y nadie quiere ser tildado de “raro” o “extraño”. Desde un punto de vista estrictamente  político podemos entender porque ha adquirido un cierto valor estratégico en la campana democrática, pero aun así su uso es bien regresivo. Cuando ambos lados tratan de evitar la calificación, lo “raro”, “extraño” o “diferente” merece cierta consideración, a pesar de su mala fama.

 

Si no recordamos mal es principalmente en la literatura especulativa  en donde reside todo lo extraño, fantástico, amenazante  e inusual. Según el escritor H.P. Lovecraft el horror sobrenatural en la literatura  es un tipo de relato que desafía nuestra comprensión, que damos por sentada, de cómo funciona el mundo. Y lo hace a través de “una suspensión o derrota maligna y particular de esas leyes fijas de la Naturaleza que son nuestras únicas salvaguardas contra los asaltos del caos y los demonios del espacio inexplorado”. El extraño relato en esta forma literaria es algo completamente opuesto a las pretensiones humanas de grandeza llamando la atención, en cambio, acerca de todo lo que desconocemos sobre el universo y cuan precaria realmente es nuestra situación en el mundo. La verdad es que sin esos artistas, científicos y pensadores que traen ideas “extrañas” y nuevas formas de ver el mundo, nuestra comprensión de la realidad seria mucho mas pobre y limitada de lo que ya es. Sin exageración se podría decir que todo el progreso que el humano ha logrado es parte de una historia extraña producida por visionarios incomprendidos por su época. Los “raros” son los que introducen grietas en el edificio del statu quo, liberando posibilidades para futuras formas de expresión como las subculturas, las identidades de genero, los disidentes, los inadaptados o las formas inusuales de autoexpresión entre tantas otras que el mundo ve negativamente como desviaciones de la norma. Por supuesto, no todos los bichos extraños cambian las cosas, ni mucho menos Trump y sus seguidores ultra convencionales, que son lo opuesto a toda posible diferencia.

 

En las capas mas profundas de nuestra psique se esconde el temor  a lo extraño o lo que es diferente y, a pesar de todos nuestros intentos por privilegiar la normalidad y fijar la identidad, la diferencia es la que siempre reina.

 

Si tratáramos de hacer un poco de filosofía la historia iría mas o menos así. Frente a la caótica multiplicidad de cosas que encontramos suponemos que hay un ser por debajo de ellas... Dios, la Sustancia, la Idea, la Materia o la Naturaleza que seria el significante trascendental del que dependen todos los otros, digamos, el eje que liga y mueve todo lo que hay. La ultima realidad. Y es de esta identidad de lo que la ontología ha venido hablando por mas de dos mil años... “desde Parménides  hasta Heidegger, la ontología ha mantenido la idea de que todos los seres expresan su ser con una sola voz, un solo Océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los seres”. Por tanto, el ser, en buenas cuentas, es univoco... ¿cierto?

 

Cierto... el ser es univoco. Pero la univocidad no implica en ningún sentido uniformidad. Al contrario, la univocidad se afirma como basa de una diferenciación primordial e ilimitada. Para que algo sea, es necesario que este involucrado en un proceso por el cual se convierta en algo diferente o nuevo. Ser es siempre alteración. Según Deleuze no hay ningún concepto mas primordial debajo de la diferencia. El único absoluto es la diferencia misma que esta detrás de todo y nada detrás de ella. La diferencia es lo que hay y lo que crea lo nuevo, lo que posibilita la multiplicidad, la causa inmanente de la que emana la existencia.

 

Si dejamos de lado las nociones de sustancia, esencia, identidad o realidad ultima, con lo que nos quedamos es con la diferencia positiva sin otra base que si misma, constantemente  creando y  nunca igual a si misma. No solo la diferencia entre un ente y otro sino la diferencia dentro del ente mismo. No es que haya una vida indiferenciada que luego necesita ser estructurada por la diferencia.

 

Las diferencias genéticas, por ejemplo, crean diferencias en cada mutación. No es el caso que tengamos un mundo que luego diferenciamos. La vida misma es diferencia y esta diferencia en cada caso es diferente... diferencias genéticas, diferencias químicas, diferencias animales, diferencias lingüísticas, diferencias imperceptibles y diferencias tecnológicas que causan interacciones ajenas a las intenciones humanas.  Si no hay un ser absoluto que se ubica mas allá de toda diferencia, con lo que terminamos es con una “pura inmanencia en donde ninguna diferencia es privilegiada, centro o fundamento de otra”. En otras palabras, para poder realmente pensar y afrontar la vida, necesitamos dejar atrás la tendencia a verla en términos fijos e inmóviles. El problema es que pensar la diferencia en términos positivos no es tarea fácil porque va en contra del sentido común y, por eso, la diferencia es un eterno desafío. Cada vez que aparece tendemos a etiquetarla y subordinarla a lo mismo. Grupos, instituciones, sindicatos, gobiernos y partidos políticos en poco tiempo se vuelven escleróticos y apartan y persiguen a cualquiera que desafíe la ortodoxia reinante.

 

Por mucho que Trump produzca nausea y Kamala Harris cierta simpatía, la verdad es que la política sigue siendo la política de la elite del poder que maneja los hilos detrás de la cortina. Los manifestantes contra la guerra y el genocidio palestino seguirán siendo vigilados y arrestados, los banqueros y corporaciones cosechando sus ganancias y la maquinaria de guerra nos acercara cada vez mas a la catástrofe nuclear. Los inmigrantes del Sur seguirán siendo maltratados y la policía continuara disparando a personas negras con el mismo ritmo desproporcionado de siempre, mientras los pobres llenan las cárceles. Esta es la política interna de Estados Unidos y es cosa de ellos. Otra cosa es la política exterior. Esa es algo que a todos nos concierne. El imperialismo es esencial para la política y el poder de Estados Unidos. Cualquiera diferencia real o imaginaria entre los dos partidos en su política exterior es una fachada que se lleva a cabo con el entendimiento común de mantener y expandir su hegemonía. Harris en su discurso concluyo con los mismos clichés habituales asociados a la política de seguridad nacional. Subrayo que “garantizara que Estados Unidos siempre tenga la fuerza de combate mas fuerte y letal del mundo y que tomara todas las medidas necesarias para defender  los intereses  de nuestra nación”. En el fondo sabemos que esos intereses son los intereses de las Corporaciones. Y el ex secretario de defensa, León Panetta y el senador y astronauta Mark Kelly subrayaron el belicismo nacionalista al afirmar que el ejercito de Estados Unidos seguirá siendo la policía del mundo. La política de lo mismo en oposición a una política diferente.

 

Pero, como dice Deleuze, si la diferencia siempre reina... ¿por qué, entonces, nos encontramos siempre con la misma política capitalista? La verdad es que, si ponemos atención, las apariencias del capital son siempre cambiantes... capitalismo mercantil, capitalismo monopolista, capitalismo neoliberal y el actual que contiene cierta ambigüedad y no esta muy claro como llamarlo...capitalismo de plataforma, capitalismo cognitivo, capitalismo bio político  o capitalismo neurotardio, entre otros, que trae diferentes formas de explotación y desigualdad encima de las que ya teníamos. Lo que hoy padecemos puede que ya no sea capitalismo, sino algo mas siniestro. Un numero creciente de trabajadores se pasan sentados frente una computadora, mirando el teléfono o asistiendo a reuniones. Una forma diferente de extraer ventaja en beneficio de otro. Si en la época industrial el vampiro era el símbolo de la explotación, hoy es el enchufe que chupa el cerebro del cliente.

 

La clase dominante de nuestro tiempo ya no mantiene su dominio a través de la propiedad de los medios de producción, ni de la propiedad de la tierra. Todavía el capitalista los posee, pero lo que ha empezado a perder es su posición dominante dentro del sistema para ser reemplazado por los que ahora poseen y controlan la información. Y esta no es solo una variación del capitalismo sino algo diferente.

 

Por supuesto que la explotación agrícola e industrial, e incluso la esclavitud, todavía existen. Pero, como la historia muestra, los modos de producción coexisten e interactúan. La cosa es que uno adicional y diferente ha surgido con una nueva forma de explotación, no a través del control de los medios de producción, que ni siquiera necesitan poseerlos, sino a través de la extracción de la información excedente de los trabajadores y consumidores individuales. La mercantilización ya no significa solo la aparición de un mundo de cosas sino la aparición de un mundo de información sobre las cosas. Quienes controlan las plataformas constituyen la nueva clase dominante que posee y controla las patentes que preservan el monopolio de estas tecnologías. Es la clase que produce un mundo por sobre y en contra de nosotros y que trata de subordinar a los capitalistas, como estos subordinaron a la clase terrateniente en el pasado. Ciertamente la información siempre ha sido una fuerza de producción. La diferencia  es que ahora la información se ha transformado en la fuerza dominante en el proceso de producción.

 

Como vemos, la diferencia la encontramos  por todos lados,  pero no necesariamente para mejor.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.


Sunday, August 25, 2024

La pasion del trueno


Escribo

En

Un cuaderno

Con

Líneas

De

Lluvia,

Con

El lápiz

Del

Rayo

Y

Con

La pasión

Del

Trueno. 

 

Nieves.


Sunday, August 18, 2024

El enigma de la Nada

 

Leonardo da Vinci, en algún momento, se sintió impulsado a exclamar que “entre todas las grandes cosas que se encuentran entre nosotros, la existencia de la Nada es la mas grande.”

 

Bueno... tal vez. Pero, si es la mas grande... ¿por qué no prevaleció sobre el Ser? 

 

Uno podría decir, de partida, porque la idea de la Nada Absoluta es tan contradictoria como la idea de un circulo cuadrado. Algo que el viejo y misterioso Parménides ya había notado... de la tautología “El ser es y el no ser no es” se puede derivar que el ser no puede surgir del no ser, porque el no ser no es. Luego, el ser es infinito. Si fuera finito tendría que estar limitado por algo que es no ser. Pero, el no ser no es. Por tanto, el ser no tiene principio ni fin. En otras palabras, la ausencia total de todo lo que existe es imposible. Y el Buda concuerda. El universo no tuvo principio. La nada nunca podría dar paso al ser, porque se define en oposición a lo que existe. Mil millones de causas no podrían hacer que un universo surgiera de lo que no existe.

 

Simplemente no hay alternativa al ser. Podemos imaginar, por ejemplo, la aniquilación universal, la ausencia de todo lo que hay, pero inevitablemente, por mucho que tratemos, siempre  queda al final el yo interior o la consciencia que imagina. Obviamente la idea es auto contradictoria porque la mera posibilidad implica la existencia de un observador que imagine ese escenario. Y, si  recurrimos a un argumento que proceda a lo largo de líneas mas objetivas, lo que queda, además de la consciencia, es el entorno abstracto que las cosas habitaban. La configuración puede estar vacía, pero no es nada. Un contenedor sin contenido, sigue siendo un contenedor. Digamos, el espacio en si mismo.

 

Este ultimo argumento, sin embargo, es un tanto discutible porque no es tan claro lo que el espacio es. Según Newton el espacio es de hecho una cosa real, con su propia geometría intrínseca, que continuaría existiendo, incluso si todos sus contenidos desaparecieran. Para Leibniz, en cambio, el espacio no es una cosa en si misma, sino una red de relaciones entre cosas. El espacio no podría existir sin ellas. Ultimamente la teoría de la relatividad, en la que el espacio-tiempo afecta el comportamiento de la materia, ha inclinado un poco la balanza a favor de Newton.

 

Anular la realidad en nuestra mente es una cosa puramente imaginativo. Otra, en cambio, es intentarlo en el laboratorio, a pesar de la ortodoxia aristotélica que proclama que “la naturaleza aborrece el vacío”. Torricelli, el discípulo de Galileo, tuvo la idea de verter mercurio en un tubo de ensayo y, con el dedo sobre el extremo abierto puso el tubo verticalmente boca abajo creando un pequeño vacío sin aire encima de la columna de mercurio. Con ello, por primera vez, se logro producir un poquito de nada. O, a lo menos, así pareció. Hoy sabemos que el tipo de espacio sin aire que el creo esta lejos de estar completamente vacío. El vacío mas perfecto todavía contiene algo. En física, la noción de “algo” se cuantifica mediante energía. Un espacio esta vacío cuando carece de energía. Supongamos que tratamos de eliminar toda la energía de una región del espacio hasta llegar a lo que se denomina “estado de vacío”. En cierto punto en este proceso de drenaje de energía, algo contrario a la intuición ocurre. Espontáneamente surge una entidad  que los físicos llaman “campo de Higgs”, que, por mucho que tratemos, no se puede eliminar. Y este campo es “algo” que contiene menos energía que una “nada” y va acompañado de un aluvión de “partículas virtuales” que parpadean incesantemente dentro y fuera de la existencia. El espacio en estado de vacío absoluto finalmente  resulta estar bien ocupado. No es fácil pasar de Algo a Nada. Siempre queda algún resto del Ser. Por muy infinitesimal que sea.

 

¿Realmente, entonces, la nada es imposible? En verdad, esa seria la forma de realidad mas simple. Según filósofos y científicos, las teorías mas simples tienen mas probabilidades de ser ciertas. Pero esto no tiene nada que ver con el mundo objetivo. Basta mirar la química. La teoría basada en un solo elemento, el agua, según Tales de Mileto es mucho mas simple que la de Mendeleyev basada en toda una tabla de elementos y, sin embargo, es esta la que coincide con la realidad.

 

Todo esto de que la nada no existe suena bastante bien. Pero... ¿no vemos todo tipo de seres y objetos dejar de existir constantemente?¿donde se van?

 

Cierto. Todo tipo de seres aparecen y desaparecen constantemente. Cuando nos movemos de los entes al universo, sin embargo, la cosa es diferente. Nunca hemos observado su inexistencia. Las cosas pueden desaparecer, por supuesto, pero la cantidad de energía permanece constante, a pesar de todos los cambios que puedan ocurrir en el universo.  

 

Aquí la objeción obvia que rápidamente alguien podría plantear es el hecho de que si hemos observado la inexistencia del universo. Basta recordar la teoría del “Big Bang” que dice que el universo surgió hace solo 14 mil millones de años... ¿dónde estaba antes de la singularidad? ¿Podríamos decir que antes de ella no había nada?

 

La lección del modelo del BigBang, respondería un físico, es que antes del estado inicial no hubo tiempo. El propio modelo dice que la singularidad inicial marca un limite temporal. Si el modelo es verdadero, entonces ahí comienza el tiempo. No hubo un antes. Aquí uno podría decir, con cierto grado de escepticismo, que esta noción del tiempo relativo, en contraposición a uno absoluto es, en verdad, controversial y, al igual que la del espacio, no definitiva.

 

Según los escenarios cosmológicos actuales, basados en las observaciones astronómicas, el universo esta destinado a desaparecer abruptamente en un “Big Crunch” dentro de algunos eones, o desaparecer gradualmente en una nada obscura y fría. Su existencia, según esto, pareciera ser insegura y contingente. Un mundo con un solido fundamento ontológico no se comportaría así. Un mundo eterno tendría necesariamente un aura de autosuficiencia.  

  

Al parecer no hay teoría científica que pueda salvar el abismo entre la nada absoluta y la realidad del universo. Lo mejor, entonces, seria deshacerse de la nada. Así como una partícula y su anti partícula pueden surgir espontáneamente del vacío, también puede surgir la semilla de un universo entero. 

 

 ¿Qué pasaría si nuestro mundo, contrariamente a este pensamiento cosmológico actual, efectivamente resultara ser eterno?

 

Algunos cosmólogos, entre ellos Hermann Bondi y Fred Hoyle  propusieron, a finales de 1940, un modelo teórico llamado “Universo en Estado Estacionario”, que es expansivo y eterno al mismo tiempo. En este modelo el espacio vacío que dejan las galaxias en constante retroceso se llena continuamente con nuevas partículas de materia que surgen espontáneamente gracias a un “campo de creación”. A pesar de la expansión, se mantiene una densidad de materia constante.

 

Otro modelo cósmico eterno es el “Universo Oscilante” propuesto por el matemático ruso Alexander Friedmann en la década de 1920. El universo que se origino hace unos 14 mil millones de años con el Big Bang surgió del colapso de un universo anterior. Y, como ese universo anterior, el nuestro eventualmente dejara de expandirse y colapsara  sobre si mismo. Cuando eso suceda un nuevo universo surgirá  de la implosión. Y así sucesivamente hasta el infinito.

 

En ambos modelos el problema del origen cósmico desaparece. Hoy día, los cosmólogos ya no toman en serio el modelo de “Estado Estacionario” debido a la detección, en 1965, de la radiación de fondo sobrante del Big Bang que proporciona evidencia decisiva de que el universo tuvo un comienzo. Al modelo oscilante le ha ido mejor, pero esta plagado de lagunas teóricas al no poder explicar exactamente que tipo de fuerza repulsiva podría superar la atracción de la gravedad en el ultimo momento del colapso y hacer que el universo “rebote” en lugar de desaparecer definitivamente en un “Big Crunch”.

 

Si ambas teorías son problemáticas, una mas que la otra, todavía queda otra posibilidad... ¿qué pasaría, por ejemplo, si el universo no es todo lo que hay, sino que es parte de un conjunto mayor? La historia de la ciencia muestra que la realidad siempre resulta ser mas abarcadora de lo que se imaginaba. Apenas hace un poco mas de cien años se pensaba que el universo estaba formado únicamente por la Vía Láctea situada en un espacio finito. Desde entonces hemos descubierto que la Vía Láctea es simplemente una entre mil millones de galaxias similares. Y eso sólo en el universo observable. Hoy día, una mejor explicación del Big Bang es la “nueva cosmología inflacionaria” que predice que las explosiones que generan el universo, como el Big Bang, son un hecho bastante rutinario. Este universo, en lugar de ser toda la realidad, es solo una infinitesimal parte de un “Multiverso” en constante reproducción. Aunque cada uno de los universos en este Multiverso tiene un comienzo definido en el tiempo, todo el conjunto auto replicante puede ser infinitamente antiguo.

 

 Así, la eternidad, que parecía haberse perdido con el Big Bang, se recupera. En todos estos modelos, no existe un “momento de creación” inexplicable. Aquí no hay ningún papel para una “primera causa”.

 

Ninguna de estas teoría cosmológicas han pasado la prueba experimental y mientras no lo hagan permanecerán en el ámbito mítico. Y, por ultimo, aunque finalmente probáramos que el mundo es eterno, que es lo mas probable, todavía nos quedaríamos con el misterio de la existencia del mundo.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.

Sunday, August 11, 2024

Borracho de agua

 

 

En

La esquina

Del

Aire

Un policía

Del

Clima

Detuvo

Al

Viento

Que

Venia

Demasiado

Rápido.

Le

Paso

Un parte

Porque

Conducia

Borracho

De

Agua.

 

Nieves.


Sunday, August 4, 2024

Olvídate de Sartre


A pesar de crecer políticamente como marxistas en los 60’s el existencialismo siempre tuvo una enorme atracción  porque no giraba entorno a cuestiones abstractas sino que se dirigía a algo que nos tocaba directamente. Como no escuchar, por ejemplo, a Heidegger cuando decía que los filósofos a través de toda la historia han perdido el tiempo en cuestiones secundarias, mientras olvidaban plantear lo que es mas importa, la pregunta por el Ser ¿Qué quiere decir que una cosa es? ¿Qué significa decir que tu mismo eres? Hasta que no preguntes por esto, nunca lograras saberlo. Y, según Sartre, es posible ser autentico y libre, siempre y cuando uno siga esforzándose. Comparado con el marxismo, que nos dejaba bien poco espacio para la subjetividad individual, Sartre ofrecía la posibilidad de que uno pudiera encontrarse a si mismo. Esta insistencia en la libertad y la autenticidad dio impulso a los levantamiento de estudiantes y trabajadores de 1968, en Paris y otros lugares, y muchos de los temas pintados en las paredes de la ciudad hacían eco de temas existencialistas. Cuando el 29 de Mayo del 68 Sartre hablo en el auditorio de la Sorbona siete mil estudiantes llenaron el lugar, junto a otros miles en el patio exterior que no pudieron entrar. Mas de lo que cualquier líder político pudiera soñar.

 

En los ochenta, sin embargo, el existencialismo paso de moda y una  nueva generación de estructuralistas, posestructuralistas, decontruccionistas y posmodernistas tomo su lugar reemplazando las preocupaciones por el sujeto con la investigación de signos, símbolos y significados. Este fue el momento de “la muerte del sujeto”, junto con la libertad, la angustia y la nausea existencial. Una nueva generación intelectualmente estimulante, por cierto, pero que nos devolvió a un paisaje despojado de los seres activos, apasionados y comprometidos de la era existencialista.

 

¿Qué paso aquí? Según la historia va el existencialismo sartriano fue el blanco principal de la revolución posestructuralista que enmarco su filosofía y su concepción del sujeto en la tradición Cartesiana de la filosofía moderna que ya no tiene cabida en nuestra era.

 

Según Sartre el hombre no existe primero para ser libre después.  “Estamos condenados a ser libres”. Es parte de nuestra facticidad al igual que el cuerpo que soy, la situación en la que me toca vivir, la clase social en la que estoy inmerso o el color de piel que me tiñe... ¿por que somos libres, a pesar de esta facticidad? Porque el ser humano no tiene esencia, porque “la existencia preside la esencia”. No estoy determinado por ninguna cosa. No hay un orden trascendente que me determine. No Dios, no formas platónicas, no estructuras históricas. Si somos determinados por ellas es solo porque nosotros dejamos que ellas lo hagan. Igualmente soy libre de cualquier determinación social. Puedo hacer lo que quiera con ella, no para satisfacer cualquier deseo que me venga, sino en el sentido de que yo soy capaz de darle significado a mi situación. Esto es lo que distingue a un “ser para si” de un ser “en si”. El “ser para si” puede tener control de su existencia y usar su pensamiento consciente para dirigirla, en tanto que el ser “en si”  puede ser solo lo que es. El individuo es siempre un proyecto capaz de transcender su situación, proyectándose hacia el futuro. Si el esclavo, por ejemplo, elige rebelarse, la esclavitud, lejos de ser un obstáculo a la revuelta, adquiere su significado a partir de la revuelta. Las circunstancias y condiciones objetivas que influyen en su consciencia no disuelven su libertad sino que forman las base de su libertad. Estas son precondiciones, mas que limites a la libertad. La libertad consiste en trascender lo “dado”. La facticidad nos invade solo en la medida en que la integramos en nuestro proyecto personal. Siempre soy capaz de “desvincularme del mundo” en el que he estado comprometido.

 

Esta lógica cartesiana que sustenta la concepción de libertad absoluta en Sartre es la que impulso a Claude Levi-Strauss a decir que el sujeto sartreano es esencialmente “el prisionero del Cogito”. Impermeable y totalmente autónomo el ser para si secreta una resina cartesiana que actúa para aislarlo del mundo exterior como un capullo en los rincones internos del cogito individual en donde construye sus propios significados y realidad.

 

El blanco de la critica posmodernista es la concepción modernista del sujeto que lo concibe como racional, autónomo, unificado y fundacional. El estructuralismo se embarco en la critica del humanismo y antropocentrismo, invirtiendo las premisas humanistas al priorizar las estructuras sobre el sujeto, el inconsciente sobre el consciente y los análisis objetivos de las leyes científicas sobre las epistemología basadas en el ego. La nueva ola posestructuralista, siguiendo la misma línea, desubjetiviso o descentro el yo para pasar a  ser visto esencialmente como una construcción sintética en donde la cultura y los significados lingüísticos se cruzan. En Lacan, por ejemplo, “el hombre, desde su nacimiento y hasta mas allá de su muerte es cogido por la cadena simbólica... un peón en el juego de los significantes”. El objeto de estudio ya no es la naturaleza humana ya existente sino las formas en que el yo se vuelve humano aprendiendo a verse a si mismo como un tipo particular de sujeto.

 

Si Lacan y Althusser se inspiraron en cierta lectura de Freud y Marx, Foucault, Derrida, Deleuze y Lyotard recurrieron a Nietzsche para quien no hay ningún “ser” detrás del hacer. El hacedor es solo una ficción gramatical añadida a la acción. La acción es el todo. Haciéndose eco de Nietzsche, Deleuze, en “Diferencia y Repetición”, sostiene que la consciencia de los sujetos humanos no es mas que un producto simulado del lenguaje. El “yo” expresado en el lenguaje es simplemente un “marcador sintáctico”. Y Foucault muestra en “Disciplina y Castigo” como la constitución de la psique, la subjetividad, la personalidad y la consciencia es el resultado de “métodos definidos de castigo, supervisión y restricción.” Para Baudrillard la falta de unidad del sujeto culmina en ultima instancia en una clara falta de agencia, totalmente dispersa en los códigos lingüísticos, semióticos y culturales que lo constituyen y determinan. Así, según los posmodernistas en general, el sujeto como lugar de agencia positiva es inherentemente objetable como construcción ideológica de la modernidad y fuente de una inaceptable dicotomía sujeto-objeto donde se supone que el primero tiene un papel dominante y opresivo.

 

En contraste con las visiones mas extremas del posmodernismo donde la agencia política  desaparece en un mundo privatizado y atomista, que evita la afiliación comunitaria y la responsabilidad colectiva, como dice Baudrillard, el sujeto sartreano no es solo un pensamiento y consciencia racionalizadora que da sentido a las cosas, sino también un ser comprometido, un actor inmerso en el mundo de las cosas. Es en este sentido en el que Sartre conecta la libertad y la necesidad, la transcendencia y la facticidad. El para-si que los críticos posestructuralistas vieron como una repetición del modelo cartesiano ignora otros énfasis de la obra de Sartre que coloca al sujeto existencial a distancia del Sujeto cartesiano desconectado e inmaterial. Al igual que en las teorías posestructuralistas Sartre argumenta extensamente en el Ser y la Nada  contra la idea de una autentica o “profunda” si mismidad pre-dada u original. En el “Idiota de la Familia” el yo es teorizado como una construcción imaginaria en lugar de una fuente original, no muy diferente a la ética de Foucault. Ambos giran en torno a la idea de que el yo debe ser creado a través de la acción y la auto interpretación en lugar de descubrirlo por medio de la introspección como en Descarte. Aunque ciertos elementos del sujeto sartreano se pueden ajustar a la critica posestructuralista, esto se compensa, como dice  Nik Farrell Fox en “El Nuevo Sartre”, con el surgimiento  y crecimiento constante de un sujeto sartreano mucho mas opaco que, como el sujeto posestructuralista, no surge de un sujeto trascendental, sino que es, en cambio, un sujeto no esencial, no idéntico, histórico, descentrado, impermanente y contingente. No es, como a menudo se ha retratado, autosuficiente y autónomo, sino dividido, no egoico y nunca idéntico a si mismo y, como tal, podría considerarse que prefigura “el sujeto descentrado” del posestructuralismo. Según su famosa descripción en el Ser y la Nada... “la consciencia es lo que no es y no lo que es”. La naturaleza de la consciencia, dice, implica que se proyecte al frente de si misma en el futuro. Uno puede entender lo que es solo a través de lo que será. Su ser actual esta determinado por sus propias posibilidades. Y sin embargo, dice, la consciencia es incapaz de fijar esta totalidad futura que la define. Esta totalidad que la consciencia busca es algo irrealizable. Nunca la lograra ya que ello implicaría la síntesis imposible del “ser para si” y el “ser en si.” La conciencia es y no es la totalidad de las consciencias futuras a través de la cual se define y sufre la ausencia de totalidad como “falta” de su propio ser. Una falta que siempre permanece insatisfecha. La totalidad solo puede cerrarse cuando la consciencia deja de ser intencional y trascendente.

 

Y las posibilidades futuras siempre implican  elección... ¿qué debo hacer? Es la cuestión, por ejemplo, con la que un estudiante durante la ocupación nazi se vio enfrentado... Su hermano murió en batalla y su padre se convirtió en colaborador y abandono a la familia, convirtiéndolo a el en el único apoyo de su madre. Pero lo que el ansiaba era unirse a las fuerzas de la resistencia y vengar a su hermano, desafiar a su padre y ayudar a liberar a su país. El problema, si es que esto elige, es que dejaría a su madre sola y en peligro en un momento en el que le era difícil incluso llevar comida a la mesa. Entonces... ¿debería hacer lo correcto y quedarse con su madre? ¿o debería arriesgarse y unirse a la lucha en contra del nazismo?

 

En medio de la cacofonía de voces interiores y consejos convencionales, y sin saber que hacer, el joven recurre a Sartre, su profesor, sabiendo que el le dará una respuesta diferente. Y diferente fue... “Tu eres libre, por lo tanto elige, es decir, inventa. Ninguna de las autoridades puede aliviarnos del peso de la libertad. Puedes sopesar las consideraciones morales o practicas tan cuidadosamente como quieras, pero en ultima instancia debes dar el paso y hacer algo y depende de ti cual es ese algo.” Sartre no dice si esto fue de ayuda. El punto es que, a pesar de que muchos factores pueden jugar un papel importante, ellos son solo parte de la situación en la que uno debe actuar. Al final soy solo yo el que tiene que decidir que hacer,  tanto en mente como en acción, por insoportable y angustioso que sea, y en decidir, decidimos que seremos. Es posible ser libre y autentico si hacemos el esfuerzo y evitamos la “mala fe.”

 

En este caso...¿qué le diría el posmodernista que afirma que el sujeto es solo “ un peón en el juego de los significantes”  y  “no hay nadie detrás del hacer”?

 

Los movimientos de moda que eliminaron el existencialismo han envejecido y entrado en su propio declive. Los problemas y preocupaciones del siglo XXI ya no son los mismos que los de finales del siglo XX. Tal vez necesitamos algo diferente en la filosofía de nuestros días, algo mas que el juego de significantes y la fragmentación social. Revisitar el existencialismo, es revisitar las preguntas existenciales que siempre nos persiguen.

 

Nieves y Miro Fuenzalida.