Hasta no hace mucho acostumbrábamos a ir al Café de nuestro barrio en donde conocimos a un montón de gente de aquí y de allá con los que conversábamos de esto y aquello. Un espacios público que, junto con otros, lentamente empiezan a desaparecer, lo que es una lastima. Si mal no recordamos fue el filosofo alemán Jurgen Habermas el que primero ve a las cafeterías, junto con los salones y sociedades literarias del siglo XVIII, como el lugar en donde originalmente se empieza a formar la esfera publica. Sitios políticos en donde impera una lógica igualitaria. Si bien viola esta promesa al excluir a muchas personas y darle mayor peso a las opiniones de ciertas voces privilegiadas, la esfera publica promete acceso universal e igual peso a todas las ideas que en ella se expresan.
El ideal de la esfera publica, continua Habermas, tiene un efecto igualitario a pesar de no estar a la altura del estándar que se impone a si mismo. Al entrar en estos espacios se conserva la propia identidad privada, a la vez que se dirige hacia lo publico. Las personas privadas forman un publico al promover sus propias opiniones en un espacio donde, idealmente, todas las opiniones tienen el mismo peso. Y sin embargo, hay que reconocer que es un ámbito que hoy empieza a desaparecer en gran medida con el dominio del mercado capitalista.
En “La Transformación Estructural de la Esfera Publica” Habermas dice que cuando las leyes del mercado, que son las que rigen la esfera del intercambio de mercancías y del trabajo social, impregnan la esfera reservada para la vida publica, el debate racional y critico tiende a ser reemplazado por el consumo. La lógica de la mercancía dispersa la esfera publica en actos individuales aislados que dejan de unir a las personas en un mundo basado en ideales igualitarios. La cultura burguesa es la que genero la esfera publica como espacio de disputa y debate y, paradójicamente, luego la destruye a medida que el alcance de la mercantilización se extiende por todas partes dejándonos solo con las conversaciones vacías de las redes sociales.
Afirmar el derecho de lo publico sobre el de la comunidad exclusiva es fundamental para la creación de cualquier proyecto democrático. La sociedad capitalista constantemente pone en peligro este proyecto creando vastas extensiones de propiedad privada que amenazan con avasallar lo publico, confinándolo solo a parques, bibliotecas, carreteras, calles y reservas naturales. El espacio privado predomina por todas partes y el espacio publico que da cabida al debate y al intercambio político se restringe cada vez mas y mas al ser reemplazado por foros de participación política privados. El problema de restringir el espacio publico es que empobrece la relación del individuo con el colectivo. La sombra de la privacidad aparece así como el estado normal de las cosas, en tanto que la apertura de lo publico se presenta como una excepción. La comunidad privada empieza a predominar sobre la comunidad publica. Lo que aquí no estaría mal recordar es que la privacidad nos engaña al aislarnos de nuestra dependencia de lo ajeno. Considerarse un ser publico es confrontar lo que uno no es como parte integral de lo que uno es. Es ahí cuando uno descubre que la singularidad de la subjetividad depende de la base colectiva que la diversidad del ámbito publico proporciona.
Según el historiador Yuval Harari algo profundo esta sucediendo en nuestra sociedad, algo que impulsa a los pensadores mas lucidos a buscar refugio lejos del ruido colectivo que llamamos civilización contemporánea. Por cierto esta no es la primera vez que presenciamos este fenómeno. Después de la caída del imperio romano, recuerda Harari, a medida que las estructuras sociales se derrumbaban y la barbarie parecía dominar las calles, muchos de los grandes pensadores se retiraron a monasterios y bibliotecas remotas. No para huir de la responsabilidad, sino para preservar la llama del conocimiento en tiempos de obscuridad intelectual. El filosofo estoico Seneca, por ejemplo, escribió sus obras mas profundas precisamente cuando se distancio de la política de Roma y Agustín hallo sus verdades mas elevadas cuando abandono la vida mundana y se dedico a la contemplación. Lo que hoy presenciamos es algo parecido, pero amplificado por la tecnología. Esta es una era en donde la información se ha vuelto parloteo constante y la reflexión profunda es reemplazada por reacciones instantáneas. Las redes sociales han creado un entorno donde el pensamiento superficial se recompensa con un “me gusta”, en tanto que las ideas complejas y los matices se ignoran o atacan. Es por esto que no es raro que las mentes mas despiertas empiecen a hacer lo que siempre han hecho en tiempos de crisis... aislarse para preservar su cordura y su capacidad de pensar con claridad. Pero, como dice Harari, hay una diferencia fundamental entre el aislamiento de los intelectuales del pasado y los de hoy. Anteriormente este aislamiento era temporal y una pausa necesaria antes de regresar con una nueva perspectiva para contribuir socialmente. Hoy, en cambio, muchos de nuestros pensadores mas brillantes se están retirando permanentemente, no porque hayan elegido un camino de contemplación espiritual, sino porque se han dado cuenta de que nuestra sociedad se ha vuelto fundamentalmente hostil al pensamiento profundo y la sabiduría genuina. El Internet que se suponía un medio destinado a democratizar el conocimiento y elevar el nivel del discurso publico ha terminado haciendo lo contrario. Cualquier opinión, independientemente de su base fáctica o profundidad analítica, tiene el mismo peso que décadas de estudio y experiencia. Un simple tuit de una decena de palabras tiene mas impacto en la opinión publica que años de investigación académica. Los verdaderos expertos y pensadores ven que sus voces no solo son ignoradas, sino que a menudo son atacadas por turbas virtuales que confunden conocimiento con arrogancia y experiencia con elitismo. Como ya sabemos el algoritmo de las plataformas digitales, diseñadas para maximizar la interacción, favorece sistemáticamente el contenido que provoca reacciones emocionales inmediatas sobre el contenido que invita a la reflexión. Las declaraciones controvertidas y las simplificaciones burdas generan mas clics que el análisis cuidadoso. El resultado es que el espacio publico digital se convierte en un entorno donde la sabiduría no solo desaparece sino que se desalienta. Ante esta realidad intelectuales, artistas y científicos han tomado la decisión racional de retirarse. Participar en este circo digital, según Harari, no solo desperdicia su tiempo y energía sino que también compromete su integridad intelectual... ¿como mantener la profundidad de pensamiento necesaria para una visión genuina cuando se esta constantemente reaccionando a la actualidad, respondiendo a criticas desinformadas o intentando explicar ideas complejas en formatos diseñados para el puro entretenimiento?
Lo inquietante en todo esto, dice Harari, es que este retraimiento no es solo un problema individual. Es un fenómeno colectivo que esta privando a la sociedad de sus mentes mas valiosas precisamente cuando mas se necesitan. Justamente en tiempos de cambios tecnológicos acelerados, crisis ambientales y profundos cambios sociales, empezamos a perder a quienes mejor podrían ayudarnos a afrontar estos desafíos. Esos que podrían ofrecer perspectivas históricas, análisis sistemáticos y soluciones creativas.
La cosa es que todo esto es una paradoja rayana en lo trágico. Solo nota esto... cuando mas complejos se vuelven los problemas, se premian las respuestas sencillas. Como comenta Harari, cuando mas sofisticación necesitamos se celebra la simplicidad y cuando mas sabiduría requerimos, mas hostilidad encuentran quienes la poseen. Es como si estuviéramos creando las condiciones para nuestra propia ignorancia colectiva, algo así como una especie de selección natural inversa en donde la curiosidad, la capacidad de reflexión profunda y la búsqueda de la verdad que nos hicieron exitosos como especie están siendo sistemáticamente desalentados en favor de rasgos que promueven el consumo inmediato y la gratificación instantánea. Basta con mirar como en las ultimas décadas las universidades, que han sido los santuarios del libre pensamiento y la investigación rigurosa, se han convertido cada vez mas en fabricas de conformidad ideológica y formación profesional. La necesidad de financiación las obliga a adaptar la investigación a los intereses de corporaciones o gobiernos, lo que obliga a muchos de los investigadores mas talentosos a abandonar el mundo académico, no porque hayan perdido interés en el conocimiento, sino porque se han dado cuenta que las instituciones que se supone deben fomentar ese interés se han convertido en un obstáculo para su búsqueda. Cuando los sabios se retiran se llevan no solo sus descubrimientos y perspectivas, sino, mas importante, su capacidad de enseñar e inspirar a otros, porque la sabiduría, a diferencia de la información, no se puede transmitir simplemente mediante textos y videos. Lo que perdemos no es solo conocimiento sino la capacidad de generar conocimiento futuro. Su salida de la esfera publica deja un vacío que rápidamente se llena con voces menos calificadas que degradan la calidad del discurso publico, creando así un circulo vicioso donde la sabiduría se vuelve aun mas alienada e irrelevante.
¿Y no será esto lo que ciertos grupos de poder desean? Una población informada y reflexiva es mas difícil de manipular que una multitud ignorante. Un ciudadano armado con un pensamiento critico es mas propenso a cuestionar las narrativas convenientes y menos controlable que quienes reaccionan instintivamente a las noticias sensacionalistas. El aislamiento de los sabios, dice Harari, no es solo un fenómeno cultural emergente sino una característica del sistema que estamos construyendo... es privilegiar el consumo sobre la contemplación, la reacción sobre la reflexión y la conformidad sobre la creatividad.
Así como vamos pareciera que la sabiduría de nuestra especie ha empezado a refugiarse en las sombras de la historia.
Nieves y Miro Fuenzalida.
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